David Stoll, ¿Pescadores de hombres o fundadores de Imperio?, El Instituto Lingüístico de Verano en América Latina
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El santuario de Playa Palma

Ya que los planes del ILV requerían que Dayuma regresara donde los Huaorani, su hijo tenía que ir con ella. A mediados de 1959, con unos [447] ocho años, y a continuación de su transferencia de la hacienda de Sevilla a Estados Unidos y de ahí de regreso al Ecuador, Sam Padilla fue introducido a la vida Huao. Aunque Ethel Wallis pinta una adaptación feliz, aparentemente no aprendió el idioma{98}. Raquel Saint quería que él se quedara en Tigüeno con su madre, pero Dayuma se negó a que su hijo creciera como un «Auca» (salvaje) y exigió una educación escolar. Desde aproximadamente 1961 hasta 1968 Saint arregló para que Sam asistiera a la escuela en Quito y regresara a Tigüeno para vacaciones. Después de 1968 aprendió el idioma pero continuó viviendo y vistiendo como el foráneo que era, rehusándose a cantar canciones Huao o bailar bailes Huao.

En 1971 un periodista preguntó a Sam si él se sentía Auca. «Mitad y mitad», contestó Sam. «Porque mi padre era de afuera. Así que estoy en medio, ¿sabes? Mi vida ha sido casi de todo. He estado más en el mundo de afuera... No me molesta [la vida Auca], me da lo mismo, pero preferiría estar afuera, porque hay más cosas para hacer y ver, ¿sabes? Tengo que trabajar para ganarme la vida. Tendré que quedarme en las ciudades. Voy [a Tigüeno] por una semana, dos semanas, algo así cuando tengo tiempo». Él pensaba que Raquel Saint estaba haciendo un gran trabajo. Había sido como una madre para él desde pequeño. Los misioneros estaban tratando de ayudar a los Aucas para que no fueran como antes{99}.

Más temprano ese año, como agente de publicidad de mítines con la actuación de Saint, Gikita, Kimo y Dawa en veintisiete ciudades norteamericanas, Sam se enteró de primera mano cómo Wycliffe explotaba a los Aucas y su imagen. De regreso en el Ecuador, cayó en lo que el ILV consideraba mala compañía, es decir Erwin Patzelt. Sam era un socio tan valioso en las expediciones de Patzelt que Saint lo envió a Estados Unidos nuevamente, esta vez a un instituto Bíblico. Pero antes que Sam se fuera, le estaba vendiendo las fotos de Huaorani desnudos de Patzelt como si fueran suyas. En Estados Unidos logró escapar de una desagradable y rígida institución fundamentalista a la Universidad Bíblica de Florida, instalada en un antiguo hotel de veraneo cerca de Miami{100}.

Después de varios años de entrenamiento con muchachas norteamericanas, estéreos y boutiques, Sam fue a trabajar para Metropolitan Tours de Quito en su «Flotel» –una improbable propiedad flotante y [448] semi-navegable de 180 toneladas que prometía a los turistas con recursos la Amazonía «no tocada, no explorada y no descubierta». Su puerto de origen era el muelle petrolero de Coca. Como guía turístico a través de pueblos Quichua y de Limoncocha, Sam era tal vez el único éxito del Flotel. Él era publicitado como el hombre que había hecho la transición de la Edad de Piedra a la Era Espacial. Hizo contactos con norteamericanos y ecuatorianos ricos, arrancándose ocasionalmente a mitad del tour con selectos y aburridos clientes para un vuelo particular a los Huaorani del este.

Como un supuesto miembro de una tribu famosamente salvaje, Sam ahora se daba cuenta de que tenía un futuro prometedor en el Oriente. Pero esto no era, como más tarde él se auto-elegiría, como la tribuna de su pueblo. Cierto que él tenía buenas relaciones con algunos Huaorani y era un intermediario hábil para compañías petroleras. Tenía influencia contra los misioneros; acceso al gobierno, la prensa y los universitarios si quisiera; y estaba bien situado para manejar los conflictos entre los Huaorani y los Quichua. Con todo, cuando yo conocí a Sam en 1976 durante sus días del Flotel, el tema del bienestar Huao estaba ausente. Parecía estar motivado por 1) sus quejas contra Raquel Saint y el ILV y 2) su búsqueda de la buena vida en Quito a costa de los Huaorani, al comercializarlos y gastarse el dinero confiado a él para el beneficio de su gente en lujos personales. En Tigüeno él era su propia gloria, para los confundidos muchachos mirándose en espejos lo máximo de sofisticación con sus anteojos oscuros y reloj, que ellos trataban de imitar en medio de la selva. Según los misioneros, él incluso traía dinamita para volar los peces del agua.

Para principios de 1976, Sam y Dayuma tenían un plan. Según Sam, era idea de su madre, pero según el ILV era de Sam. Era mudar Tigüeno a Playa Palma, abrir una pista de aterrizaje, y construir un santuario donde los mártires están enterrados de modo que los visitantes pudieran presentar sus respetos. Debido a las reformas del ILV, Dayuma estaba quedándose más y más atrás de sus rivales Zoila y Olga en la competencia por las mercancías. Con su hijo como un promotor imbatible, el turismo repararía esta injusticia. De manera conveniente, Tigüeno había estado planeando mudarse hacia el río Curacay para tierras más productivas y mejor caza.

En noviembre de 1976, Sam esbozó sus planes y demostró su superioridad sobre el Flotel, el cual describió como costoso y aburrido. El rasgo superior del tour de Sam serían los Aucas. «Pequeños grupos –quince o veinte turistas– serían llevados por aire de Quito a Shell Mera y a Primavera, una hacienda del río Napo donde el Flotel acodaba después de sus cortos deslizamientos río abajo. Aquí el propietario estaba construyendo [449] media docena de cabañas turísticas. Los clientes visitarían la cercana base del ILV y, tras cuatro o cinco días, serían transportado en avionetas a «Aldea Playa Palma».

Sam enfatizó que, mientras el Flotel hacía que todos dieran la vuelta en grupo, él ofrecería a sus clientes numerosas alternativas. «Si tú eres un botánico» me dijo, «yo sé dónde puedes encontrar las flores y plantas más fantásticas del mundo. Si lo tuyo son insectos –no me creerías las cosas en que algunos de éstos andan metidos– yo te enseñaré eso. Si tu interés es la antropología, entonces te llevaré a donde puedas observar a los indígenas y ver cómo viven».

Cualquiera fueran sus intereses, explicó Sam, en la Aldea Playa Palma sus clientes podían satisfacerlos: cazar, atrapar mariposas, o sólo dar vueltas por la aldea «mirando a los nativos y cómo pasan su vida diaria». Para cada turista sería asignado un Huao. «Si un caballero quiere pescar, bien», continuó Sam. «Conozco un lugar fantástico para pescar, aquí está un nativo que lo llevará consigo y, hombre, el turista está excitado, consigue lo que quiere. Regresa, les cuenta a los otros todo. Ha pasado los mejores momentos de su vida». Sam también llevaría a sus clientes en canoa a la Playa Palma, donde el lamentable incidente sería contado con algunos de los que participaron» a la mano para explicar su parte.

Al día siguiente Sam llevaría en avioneta a sus aficionados a antropología, a mariposas, &c., a una pista petrolera en desuso en el río Cononaco. Aquí, por fin, podrían fotografiar y charlar con auténticos Aucas desnudos, una de las dos pequeñas agrupaciones del este todavía sobrevivientes aparte de los fugitivos de río abajo. Como Sam explicó con cierta firmeza, sólo se les permitiría a sus clientes quedarse tres horas, no más, para evitar malograr a los nativos. Pero si algunos quisieran regresar, estaría feliz de arreglar un vuelo particular{101}.

Según se informa, Raquel Saint tuvo un ataque cuando Dayuma hizo conocer la noticia del Santuario de Playa Palma. Pero como era el caso cada vez más, ella tuvo que acomodarse a hacer las cosas al modo de Dayuma o no hacerlas. Aunque Saint no quería hablar de ello, estaba visiblemente preocupada. Si la mudanza al Curaray era motivada por alguna ambición financiera, dijo Saint, ella no era Huao sino de los foráneos, gente que había vivido afuera. Sam no había sido el mismo desde que se fue a trabajar al Flotel. No era realmente él sino sus financieros. Dayuma [450] siempre había tenido un lugar especial en su corazón por Playa Palma, y todo eso. Mientras Saint se preparaba para el exilio a principios de 1977, Dayuma y su hijo la estaban urgiendo a abandonar el ILV y venir a vivir a la Aldea Playa Palma. Si quiere ver a la misionera más famosa del mundo, podría decir Sam a sus clientes, yo sé dónde puede encontrarla.

En el este, los dos últimos grupos de Huaorani orientales estaban listos de nuevo a matar. El que estaba al norte estaba hostilizando a los equipos petroleros, lo que impulsó a la misión capuchina a interponerse, con la bendición del ILV{102}. El grupo al sur estaba en guerra con los fugitivos de río abajo, quienes en 1977 mataron a tres trabajadores petroleros más. Erwin Patzelt y Karl Dieter Gartelmann encontraron un helipuerto lleno de estacas. Desde el aire vieron a hombres antes amistosos corriendo por sus lanzas mientras las mujeres y niños huían al monte{103}.

Cuando James Yost visitó al grupo oriental del sur a mediados de 1976, dijeron que iban a la pista del Cononaco a pedido de Sam. En agosto Yost los encontró en la pista. Dijeron que habían llegado puntualmente, pero pasaba el tiempo y no estaba Sam. Ya que no tenían chacras en el área y nadie más estaba por ahí, habían tenido un tiempo difícil. Cuando pregunté a Sam por qué habían ido los Huaorani a la pista del Cononaco, respondió, «tienen un mejor arreglo yendo».

Incluso si Sam convenciera a esa gente a quitarse sus nuevas camisetas y cinturones de helicópteros para sus clientes, él tenía un problema más grave. El ILV estaba a punto de ceder a las demandas de su propia madre y de Saint llevando al mismo grupo a la Zona de Protección. Cada vez que Yost visitaba el este, algunos muchachos le suplicaban ir a Tigüeno porque no había más parejas en sus reducidos grupos. Afortunadamente para Sam, los coroneles y generales que él estaba ahora contactando podían ver la conveniencia de dejar a los remanentes del este en su sitio. Estaban impresionados por un joven Auca que se había convertido en un exponente de la civilización. Su mensaje era que los Huaorani del este eran un patrimonio nacional, que debían ser conservadores y podrían ayudar a cuidar la frontera.

Si los miembros del ILV se oponían a sus planes, amenazó Sam, haría que los echen del país. Para Raquel Saint, quien estaba todavía [451] prediciendo un escándalo en Estados Unidos por la traición de la filial a su misión, Sam tenía una oferta. Si ella regresaba al Ecuador como una misionera independiente, él y su madre aconsejarían al gobierno expulsar al ILV porque no estaba haciendo nada por los Huaorani. Según Saint, su hijo putativo era «diez centavos»: la filial estaba usándolo simplemente como una excusa para no traer a la gente del este. Pero Sam sí estaba atando a la filial de pies y manos. No hacía mucho tiempo, su jefe en Metropolitan Tours y probable financiador, Eduardo Proaño, había superado la aversión del ILV a los tours semanales del Flotel por Limoncocha. El simplemente hizo notar que estaba introduciendo a influyentes ecuatorianos al Oriente. Podrían sorprenderse, molestarse y hasta enojarse al enterarse que misteriosos norteamericanos habían declinado dejarlos visitar sus instalaciones. A Sam el SSAR le dejó en claro que, si iba a seguir trayendo a más 'amigos' a donde los Huaorani, no sería con SSAR. Sam acudió al Ministro de Defensa y le ofreció llevar a oficiales al este en el Día del Oriente de 1977, en su aerolínea usual. Reticente, el SSAR reservó una avioneta: Sam llevó a su partida militar desde Coca en helicóptero.

Notas

{98} Bledsoe 1972: 152.

{99} Ibid p. 154.

{100} Kingsland 1980. 132-6.

{101} Entrevista del autor, Quito, 5 de noviembre 1976.

{102} Santos Ortiz 1980: 79-159.

{103} Gartelmann 1977: 189-90.

 

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