David Stoll, Rigoberta Menchú y la historia de todos los guatemaltecos pobres
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Capítulo 19

Rigoberta abandona el movimiento guerrillero

«El camino a la reconciliación enfrentará muchos retos difíciles. Será difícil olvidar a los que han muerto y a los que cometieron los asesinatos. Pero tenemos que hacerlo. Menchú habló con cautela del proceso de reconciliación porque hay tantas verdades –las familias de los soldados que han sido asesinados, las familias de los que lucharon con las fuerzas guerrilleras... todos tienen sentimientos fuertes, Menchú enfatizó– que es importante que ningún bando manipule estos sentimientos para inspirar venganza y prolongar la lucha.» –Rigoberta durante una visita a los Estados Unidos, 1995.{1}

Después de la muerte de sus padres, Rigoberta renunció al matrimonio y a la maternidad.{2} Pero tras tres años de ajetreo como premio Nobel, empezó a aparecer en público con un bulto en los brazos. Entre las cobijas se asomaba el pequeño Mash Nawalja', un bebé adoptado cuyo nombre significa Tomás Espíritu de Agua. Poco tiempo después, Rigoberta se casó con un miembro de su personal llamado Angel Francisco Canil Grave, un compañero k'iche' que, al igual que ella, había buscado refugio en México.{3} Luego, durante otra ocasión familiar, ocurrió lo que se temía desde hacía tiempo. El 4 de noviembre de 1995, una de las sobrinas de Rigoberta, la única hija sobreviviente de Víctor Menchú, se casaba en la Ciudad de Guatemala. De pronto las festividades se interrumpieron a causa de terribles noticias. Otra de las sobrinas de Rigoberta estaba bajando de una camioneta cuando le arrebataron a su hijo de los brazos. Unos hombres armados huyeron con el niño en un carro de vidrios polarizados.

Puesto que Rigoberta estaba investigando una masacre del ejército, era lógico suponer que esto sería una reacción si no del alto mando, de los oficiales a los que eran extrañamente incapaces de contener. «El propósito era secuestrar a mi hijo», declaró Rigoberta.{4} «Si no fue el Estado, que me demuestre lo contrario».{5} Muchos personajes, incluyendo al secretario general de la ONU, condenaron el secuestro. Las fuerzas de seguridad establecieron controles en las carreteras para buscar al pequeño Juan Carlos Velásquez Menchú.

Tres días más tarde, Rigoberta pidió a las autoridades que investigaran al padre del muchachito. Miguel Velásquez Lobos no era uno de sus cuñados preferidos. Conocido por su afición a la bebida y sus ausencias prolongadas, ahora se negaba a contestar las llamadas telefónicas de un secuestrador que exigía medio millón de dólares con acento maya. «Si el niño no aparece», respondía Miguel a los interrogatorios de Rigoberta, «usted será la culpable». El sexto día de angustia, él dispuso la reaparición de su hijo. Con la complicidad de su esposa, la sobrina de Rigoberta, había dejado al bebé bajo el cuidado de sus padres en Santa Cruz del Quiché. La laureada se había negado a prestarle US$ 6.000 para la expansión de su negocio de relojes, grabadoras y cassettes de contrabando.

El regreso del niño estuvo acompañado de una serie de acusaciones mutuas. Justificado por una vez, el ejército se limitó a pedirle a Rigoberta que se disculpara. El presidente Ramiro de León Carpio la acusó de irresponsabilidad.{6} Un editorialista del gobierno la acusó de haber planeado el engaño. Afortunadamente, Rigoberta había sido la primera en identificar al padre del niño como sospechoso. Avergonzada e irritada, exigió una investigación para ver si agentes del ejército no habían metido a sus familiares en una conspiración tan chapucera.{7}

Mientras tanto, la premio Nobel empezaba a mostrar cierta independencia de la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca. En México Rigoberta nunca había sido totalmente aceptada por los revolucionarios exiliados. Era una recién llegada, además del miembro del movimiento más famoso internacionalmente, de modo que la consideraban una advenediza. También era mujer e indígena en un liderazgo dominado por ladinos y varones. Pero ella y los líderes de la URNG se necesitaban demasiado entre sí como para separar sus caminos. Incluso después de que el Nobel le concediera la base para la independencia, los comandantes y ella sabían demasiado unos de otros para airear en público sus diferencias. A principios de los 90, se decía que Rigoberta estaba distanciándose de la URNG, pero para los escépticos esto no era más que retórica. Ella nunca había criticado públicamente al movimiento que lanzó su carrera. Por eso me impresionó cuando se unió al movimiento maya para acusar a ambos bandos, la URNG y el gobierno, de marginar a su pueblo en las negociaciones de paz. «Cómo es posible», preguntó en octubre de 1994, «que la guerrilla y el gobierno estén discutiendo el tema de la identidad y los derechos de los indígenas sin tomar en cuenta a los afectados, permitiendo que nos marginen los mismos ejércitos que reprimieron a los indígenas»{8}

En enero de 1995, cuando murió en México Mario Payeras, el disidente más destacado del movimiento guerrillero, la URNG guardó silencio. Seguía ofendida por su conclusión de que el movimiento guerrillero en el altiplano estaba «en relación de desfase con la lucha y el movimiento real de las masas».{9} Pero Rigoberta se unió a los homenajes al mejor escritor guatemalteco de su generación.{10} También quitó el nombre de su padre a su organización y la llamó Fundación Rigoberta Menchú. Dijo que muchos partidarios le habían pedido que le diera su nombre. Otra explicación fue que quería distanciarse del Comité de Unidad Campesina y del Ejército Guerrillero de los Pobres.{11}

Rigoberta ya no era miembro del CUC. Tras ganar el Nobel, tenía muy poco tiempo para la organización que la había acreditado como líder indígena. Ya antes, la apretada agenda de Rigoberta y su amplitud de horizontes eran difíciles de coordinar con un liderazgo colectivo que seguía emparejado con la URNG y cuyas opciones eran bastante limitadas. Después del premio, su ausencia era tan notoria que se planteó en la asamblea del CUC de 1993, en la que ella aceptó dejar la dirección e incorporarse a una junta honoraria que le exigía menos dedicación. Aún entonces no asistía a las reuniones, no estaba accesible y no respondía a las propuestas de financiamiento, de modo que su antigua organización decidió proseguir sin ella. «Quedó totalmente desconectada», me dijo Rosario Pu, directora del CUC. «Nunca llegó, no hubo ninguna convocatoria. Hasta ahora no existe ninguna vinculación».{12}

La laureada se reposiciona en el proceso de paz

«A través de este acompañamiento [con los comités cívicos de los pueblos mayas], fuimos entendiendo que, en realidad, en Guatemala hay una cara distinta: es decir, no la Guatemala destruida, no la Guatemala sumisa, no solamente un país reprimido y deprimido, sino un país con muchas iniciativas que expresan liderazgos indígenas a nivel local, a nivel regional, [con] mucho deseo de las comunidades por volver a reconstruir la confianza ...también a definir su participación política en estas elecciones.» –Rigoberta Menchú, 1995.{13}

Rigoberta seguía colmada de honores internacionales. Ya en 1996 había recibido su decimocuarto doctorado honorario, había sido condecorada con la Legión de Honor por el presidente de Francia, Jacques Chirac, y había sido nombrada embajadora de buena voluntad de la UNESCO. Incluso formaba parte de un comité de asesoramiento del Consejo de Relaciones Exteriores de Nueva York. Pero la esfera más crítica para su futuro ya no era internacional. A medida que se alejaba de la guerrilla, un cambio importante en la actitud de la izquierda hacia las elecciones le dio la oportunidad de tener un rol más activo en la vida política. Hasta este momento, la URNG y las organizaciones populares que seguían su línea aconsejaban a los guatemaltecos que se abstuvieran de votar. Luego de décadas de intimidación, gran parte de sus partidarios no estaban empadronados. Entre los que sí lo estaban, muchos temían votar por la izquierda, cuyos candidatos carecían de un programa electoral. Unos resultados electorales pobres desmentirían al movimiento revolucionario que decía representar al pueblo guatemalteco.

En este momento ciertos progresos en el proceso de paz abrían un nuevo panorama. En 1994 la URNG había interrumpido las conversaciones de paz después de aceptar una comisión de la verdad débil que alienaba a las organizaciones populares. Al año siguiente la carga de frenar el proceso de paz recayó en el ejército, dada su reticencia ante los casos de derechos humanos. Bajo presión internacional, el gobierno aceptó un acuerdo radical en cuanto a los derechos indígenas, que por fin proporcionaba al movimiento revolucionario algo que ofrecer a los votantes mayas. Mientras tanto, la llegada de cientos de observadores de las Naciones Unidas garantizaba toda la protección que se podía esperar.

El espectro de Ríos Montt fue más decisivo aún en el cambio de actitud de la izquierda hacia las elecciones. El «carnicero evangélico» de 1982-1983, famoso por predicar el evangelio mientras que su ejército masacraba a los campesinos, estaba a punto de regresar al poder. Peor aún, lo haría legítimamente, ya que su reputación de ley y orden lo convertía en el candidato más popular para la presidencia. En la elección de 1994, el partido de Ríos Montt ganó el control del congreso nacional. Durante casi todo el próximo año, parecía que iba a ser el ganador de la siguiente campaña presidencial. Incluso después de que sus oponentes lograran descalificarlo apoyándose en la Constitución, su partido quedó a dos puntos de ganar la segunda vuelta de enero de 1996.

Enfrentados a la pesadilla de otra administración de Ríos Montt, la guerrilla y sus aliados se dieron cuenta de que ya no podían permitirse el lujo de eludir su participación en las elecciones. Puesto que estaba presente Naciones Unidas, era hora de organizar una campaña electoral. Era hora de que sus partidarios superaran sus temores. El resultante Frente Democrático Nueva Guatemala (FDNG) no era tan amplio como se esperaba; muchos socialdemócratas se retiraron cuando vieron que estaba dirigido por la URNG. Las dimisiones incluyeron la de Rigoberta. Entre otras cosas, rechazaba al candidato presidencial, que había sido escogido en México por los comandantes.{14} Sin embargo ahora que la candidatura de la izquierda era legal, se abrió una nueva misión para la laureada: empadronar a su gente para que votara. Los columnistas hostiles la acusaban de hacer campaña a favor del subversivo FDNG, que a su vez la acusaba de apoyar al candidato ganador, Alvaro Arzú, y su Partido de Avanzada Nacional. La izquierda también le recriminaba que se negara a denunciar a los ríosmonttistas.

En cuanto a Rigoberta, decía que estaba promoviendo a los candidatos indígenas, independientemente de cuál fuera su afiliación política. Incluía visitas imprevistas a pueblos mayas, que no habían sido concertadas a través de las organizaciones populares afines a la URNG, para conocer a un círculo más amplio de gente. También hizo campaña a través de la radio, en cuatro lenguas mayas además de en castellano. En vez de pronunciar discursos sobre los derechos humanos, que ya empezaban a sonar como una letanía de quejas acerca de todo, enfatizaba la necesidad de que los guatemaltecos asumieran la responsabilidad de su gobierno ejerciendo sus derechos políticos. «Vota en contra del miedo», era su lema.

Si su campaña de empadronamiento electoral colocó nuevamente a Rigoberta en los altares, también lo hizo una nueva masacre del ejército. Xamán era un asentamiento bien organizado de refugiados que habían retornado de México. Un día apareció por allí una patrulla del ejército, violando un acuerdo que prohibía la entrada a Xamán de cualquiera de los dos bandos. Los soldados fueron rodeados por cientos de campesinos, algunos exigieron a la tropa que depusiera sus armas. Creció la histeria. Es posible que una anciana despojara de su arma a un soldado. Algunos de sus compañeros de armas abrieron fuego de ametralladora sobre la multitud, dejando once muertos y treinta heridos. Puesto que Rigoberta había ayudado a financiar Xamán, se trasladó inmediatamente al lugar e inició una campaña para enjuiciar a los soldados.

Tuvo el descuido de solicitar para ellos la pena capital (pena de muerte), cosa que viniendo de labios de una Nobel de la Paz sorprendió a muchos, especialmente tratándose de soldados mayas que se habían dejado dominar por el pánico. Lo que quiso decir, según su retractación, fue la máxima sentencia de cárcel. Lo que dejó una impresión más profunda fue la habilidad de Rigoberta y sus abogados para utilizar el nuevo código jurídico. A pesar de la oposición del ejército, establecieron el precedente de juzgar a los soldados en una corte civil. Al igual que otras mujeres con las que se había organizado la comunidad guatemalteca de derechos humanos, Rigoberta estaba invirtiendo su energía política en la lucha contra la impunidad, es decir, la inmunidad del ejército ante su responsabilidad por las violaciones a los derechos humanos.

Rigoberta siguió distanciándose de las organizaciones populares que habían sido sus más leales partidarios. Esto a pesar del éxito del FDNG en las votaciones de noviembre de 1995, en la que resultaron elegidos seis diputados al congreso, tres de ellos mayas. Aunque no fuera una muestra espectacular, resultaba creíble dada la rapidez con que se había formado el FDNG y la intimidación que existía todavía. En El Quiché, sus partidarios ocultaron sus preferencias en los comicios, luego eligieron al líder del CERJ Amílcar Méndez. Pero Rigoberta declinó unirse a una nueva coalición indígena que apoyaba al FDNG llamada Nukuj Ajpop. También se opuso a una propuesta del FDNG para la creación de un nuevo ministerio de asuntos indígenas. Alegó que segregaría a los mayas en un pequeño rincón del aparato estatal, cuando deberían estar expandiéndose por todo el mismo.

«En el pasado, trabajé en concierto con otros grupos de la oposición, los compañeros más militantes, pero llega un momento en que la población está tan fragmentada que lo más inteligente es adoptar un rol unificador», declaró para una publicación estadounidense a principios de 1996. «Nadie representa a todo el pueblo». Cuando le preguntaron si ya no se consideraba parte de la izquierda, su respuesta fue: «Es que no sé que se entiende por izquierda. Para mí, desde hace mucho tiempo, estas viejas etiquetas han sido muy problemáticas».{15}

Después de tantos años de haber sido criticada como defensora de la guerrilla, Rigoberta estaba dejando claro que trabajaría con quien quisiera. Antes de la elección, era obvio que estaba cultivando una relación con el principal candidato presidencial, Alvaro Arzú. Después de que resultó elegido, sostuvieron conversaciones regularmente. El nuevo presidente dirigía un partido de empresarios neoliberales. Pese a pertenecer a una de las familias más ricas de Guatemala, tenía credibilidad como buen gobernante reformista. Ello incluyó mejorar la recaudación de impuestos de los ricos y la privatización de empresas estatales deficitarias. Arzú también se comprometió a firmar los acuerdos de paz con la URNG para finales de 1996, lo que requería mucho equilibrio: Necesitaba convencer a los rebeldes y a sus partidarios de que estaban recibiendo concesiones importantes, y al mismo tiempo tenía que convencer a los empresarios y el ejército de que no les estaba traicionando.

La actitud ecuménica de Rigoberta frente al tema ladino-indígena fue de gran ayuda. Los comentaristas ladinos estaban preocupados por el movimiento maya, su repercusión para los ladinos y la posibilidad del separatismo racial. Se sintieron gratificados cuando la laureada invocó una nacionalidad guatemalteca en la que convivieran ladinos y mayas.{16} A Rigoberta, esta asociación con una nueva administración creíble la legitimaba ante los medios de difusión y las clases altas de un modo que no había gozado desde su luna de miel como Nobel. El gobierno de Arzú también le daba la oportunidad de participar seriamente en el proceso de paz. Se estaban firmando acuerdos complejos que el estado tendría que llevar a cabo, entre ellos un acuerdo sobre los derechos indígenas. Al igual que otros líderes mayas, Rigoberta estaba harta de hacer una denuncia tras otra; ahora podía institucionalizar un nuevo nivel de participación en el estado de Guatemala.

Con este fin se unió a K'amal B'e (El Camino), un grupo de discusión formado por mayas influyentes de tendencias izquierdistas, indigenistas y neoliberales que buscaban la misma visión.{17} La Fundación Menchú también colaboraba con otros grupos nuevos, tales como el Consejo para la Educación Maya, para asegurarse de que el estado cumplía sus nuevos compromisos con los derechos indígenas. La fundación también subsidiaba Fundamaya, una nueva organización para impulsar el creciente número de municipalidades dirigidas por comités cívicos de mayoría maya.

Esto no quiere decir que todo fuera un camino de rosas para Rigoberta. Apoyando al estado durante el proceso de paz desilusionó a sus partidarios más leales, los líderes de las organizaciones populares afines a la URNG. Paradójicamente, esto la volvió a situar en el mismo barco que los comandantes, cuyos compromisos en las conversaciones de paz también habían decepcionado a las organizaciones populares. La firma del acuerdo socioeconómico en 1996, previa al acuerdo final de paz a finales del año, no fue la primera vez que los partidarios de la URNG se sintieron abandonados por sus líderes, pero ahora el estigma se extendía a Rigoberta. La URNG renunció a la reforma agraria porque las poderosas camarillas de finqueros nunca la hubieran permitido. En la firma ceremonial, donde se renunció a una de las demandas más básicas de la izquierda, Rigoberta bailó con un sonriente comandante. El espectáculo no cayó muy bien entre las organizaciones populares. «Se ha alienado de su ser indígena», fue uno de los comentarios que escuché. Lo que políticos y diplomáticos consideraban madurez, para gran parte de la izquierda era una traición

A medida que Rigoberta se alejaba de la URNG y participaba con la administración Arzú, su fundación empezó a verse envuelta en luchas partidistas con sus antiguos aliados. En Ixcán, Huehuetenango y Sololá, los representantes de Rigoberta y sus oponentes trataban de sacarse unos a otros de los comités que administraban las donaciones internacionales para la paz. Las rupturas son inevitables cuando un movimiento guerrillero sale de la clandestinidad. Al ser muy centralizadas, las organizaciones clandestinas, que consideran traidores a los disidentes y tienen sus propias leyes, deben aprender a actuar como si funcionaran democráticamente. Puesto que entre el personal de la Fundación Menchú había varios ex miembros del EGP, podía considerarse que era una escisión de esta organización. El tema más complicado era a quién echar las culpas de los asesinatos descubiertos por las exhumaciones y las comisiones de la verdad. En 1998, el director de la fundación de Rigoberta, Gustavo Meoño, que había abandonado el EGP cinco años atrás porque se oponía a la manipulación de las organizaciones de base en el Ixcán, fue uno de los personajes acusados de ser responsables de la muerte de tres miembros del grupo en 1982.{18}

A Rigoberta le han dicho muchas veces que podía ser elegida presidenta de Guatemala y se ve a sí misma en ese papel. Como premio Nobel, símbolo nacional y mujer, se la supone un paradigma de virtudes. Sin embargo, la vida pública en Guatemala ofrece muchas oportunidades para perder a los amigos y acostarse con los enemigos. Ya en 1998, el último ejemplo de ello fue la sorprendente decisión tomada por Rigoberta de aliarse con los finqueros y los ríosmonttistas en contra de la administración Arzú y de la izquierda, oponiéndose a un nuevo impuesto sobre la renta que exigían los acuerdos de paz. Supuestamente, el impuesto obligaba a las clases altas a asumir una parte importante de la carga fiscal, pero algunos campesinos temían que les afectara también a ellos.{19}

«No es fácil dejar de ser una víctima», le dijo Rigoberta a una audiencia de los Estados Unidos dos años antes. «De un modo u otro tenemos que mantener nuestra memoria histórica y adaptarla al futuro». El episodio de Xamán demostró que se deben resolver los conflictos en los juzgados y a través del proceso político, dijo. El conflicto armado sólo trae desgracias, reiteró. Cuando le preguntaron por el papel de los Estados Unidos en las masacres de principios de los 80, respondió que aunque era necesario seguir investigando a la CIA, agradecía el análisis balístico con el que la embajada de los Estados Unidos había colaborado en su investigación del caso Xamán. Sobre el tema de los rebeldes zapatistas en Chiapas, negó cualquier afiliación, afirmó el derecho de los zapatistas a organizarse en pos de una vida mejor, describió los paralelismos con Guatemala y concluyó: «No creo que la lucha armada resuelva nada, creo que la única solución para los conflictos es la negociación. El conflicto armado destruye a las comunidades. Provoca conflicto y división entre la gente».{20} Al final, miembros del público la abordaron y le pidieron que les firmara ejemplares de Me llamo Rigoberta Menchú.

Notas

{1} Extracto de una entrevista con Steve Scher, para KUOW-Seattle, citado en «Rigoberta Menchú en Seattle», Guatemala Update (Seattle: Guatemala Solidarity Committee), Winter 1995, págs. 1, 4-4.

{2} Burgos-Debray 1984:88, 220-226.

{3} «Rigoberta contrae matrimonio», Prensa Libre, 27 de marzo de 1995, pág. 4.

{4} «Menchú: El propósito era secuestrar a mi hijo,» Diario El Gráfico, 6 de noviembre de 1995, pág. 3.

{5} Fernández García 1995:9

{6} «Irresponsable la versión sobre el secuestro de sobrino de la Menchú», Diario El Gráfico, 13 de noviembre de 1995, págs. 10.

{7} «No es con calumnias y campañas negras como se construirá la paz, la reconciliación y el estado de derecho en Guatemala», comunicado de prensa, Fundación Rigoberta Menchú, 24 de noviembre de 1995.

{8} Noticias de Guatemala, 24 de octubre de 1994, en «Guatemalan News Update: Indigenous Demand to Be Taken Into Account in Peace Talks», Anthopology Newsletter, enero de 1995, pág. 24. Cuando los dos bandos terminaron de negociar el acuerdo de derechos indígenas, Rigoberta no quiso ratificarlo (Bastos y Camus 1995:75).

{9} Payeras 1991:109.

{10} Rigoberta Menchú Tum, «Recordatorio de Mario Payeras», en Jaguar-Venado 1995:19.

{11} Paul Jeffrey, «Menchú's Grassroots Battle», Latinamerica Press, 5 de octubre de 1995, pág. 15.

{12} Entrevista del autor con Rosario Pu, Ciudad de Guatemala, 5 de julio de 1996.

{13} Sally Burch, «Rigoberta Menchú promueve participación ciudadana», Agencia Latinoamericana de Información, Quito, Ecuador, 1995.

{14} «Cambio de Rumbo», Crónica, 15 de septiembre de 1995, pág. 11.

{15} Informe NACLA sobre las Américas, 1996:7-8.

{16} Incluso llegó a negar el resentimiento indígena hacia los ladinos, que había sido un rasgo evidente de su historia de 1982: «Objetivamente, en Guatemala no existe una actitud anti-ladina, como la que he encontrado en otros países», como por ejemplo, entre los sioux de Estados Unidos (Gustavo Berganza, «Rigoberta Menchú Tum: 'Nos guste o no, Guatemala es un país multiétnico'», Crónica, 19 de abril de 1996, págs. 31-32).

{17} Para un análisis acerca de cómo el movimiento maya está tratando de cambiar el estado guatemalteco, véase Ekern 1997 y Nelson 1996.

{18} «Dos crímenes en la agenda del EGP», Crónica, 27 de marzo de 1998, pág. 28. De estos casos, el peor fue la masacre de más de cien campesinos de la aldea de Chacalté, Chajul, el 13 de junio de 1982. Las víctimas se habían juntado a las patrullas civiles del ejército. La responsabilidad del EGP fue verificada por una exhumación llevada a cabo por la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado (Ana Lucía González, «La venganza del EGP», Revista [Prensa Libre], 31 agosto 1997, págs. 8-10).

{19} Pablo Rodas Martini, «Rigoberta Menchú: miembro honorario del CACIF», El Periódico, 27 de febrero de 1998, pág. 10.

{20} De las notas de un colega que asistió al discurso en la Columbia University de New York City el 28 de febrero de 1996.

 

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