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El Catoblepas, número 12, febrero 2003
El Catoblepasnúmero 12 • febrero 2003 • página 15
Estudios

Aspectos bioéticos de la inmigración

Raquel Fernández García

Se abordan los aspectos bioéticos de la inmigración tomando como referencia principalmente el II Congreso Mundial de Bioética celebrado en octubre de 2002

I. Introducción. La eclosión de la Bioética, desde Potter hasta nuestros días

1.1. El problema de la indiferenciación entre ética y moral

En el marco del II Congreso Mundial de Bioética celebrado en Gijón en octubre del 2002, Jean Dausset, premio Nobel de Medicina, alertaba sobre las amenazas ecológicas que se ciernen sobre nuestro planeta e instaba a la comunidad científica y a los expertos bioeticistas a reaccionar para que las nuevas conquistas técnicas se pongan al servicio de una nueva civilización más humanista y solidaria en un entorno sostenible.

Esta tesis, estrechamente unida a la primera fase del pensamiento Potteriano, coincide plenamente con lo que el Profesor Gustavo Bueno{1} denomina Bioética Antrópica, es decir, aquella que pone el objeto práctico último de la Bioética en la vida humana. El fin sería, pues, delegar a las generaciones futuras un planeta gestionado eficazmente a través de un sistema ético universal. Semejante misión no plantea discusión entre los bioeticistas, pero sí los procedimientos para poner en práctica un código común, fruto de las ideologías subyacentes.

Para cumplir este fin, es obligado reconocer que los Derechos Humanos universales constituyen el mayor esfuerzo de consenso efectuado hasta la fecha para codificar una ética universal. La tarea adjudicada al Derecho, la de instrumento mediador entre ética y moral, no resulta tarea fácil, debido, en parte a que las propias normas jurídicas no están exentas de una axiología previa a su propia articulación. Si es cierto, no obstante, que son fruto de una dialéctica en la que todas las posturas y objeciones pueden manifestarse.

Reconocer el código de Derechos Humanos como principio y límite de la actuación bioética es absolutamente necesario para la evolución de la disciplina, aunque en sí misma no constituya, la medicina virtual con capacidad total para anular los conflictos doctrinales entre normas éticas y morales. Por este motivo, dice el profesor Bueno que no nos queda más remedio que tomar partido, (siempre y cuando nuestra elección no vulnere el código universal), optando bien por una ética civil laica; por una ética científica aséptica e indiferente a las discusiones ética/moral unificada en la aplicación de determinadas reglas prácticas; o por una moral confesional. Resulta cuando menos, ilustrativo en el desarrollo histórico de la Bioética, la rapidez con la que la moral religiosa entra a formar parte de la discusión bioeticista, justamente en la década de los setenta, tras las primeras manifestaciones del pensamiento Potteriano, con el fin de proteger y extender su visión teológica del mundo y de la vida a los presupuestos bioeticistas.

Donde se refugian y se perciben más claramente las distintas corrientes o escuelas bioéticas, confesionales unas, laicas las otras y neutrales (las científicas o filosóficas) es en la disciplina Bioética. El conflicto mediático subyacente entre las distintas escuelas de Bioética surge claramente de la indiferenciación entre normas éticas y morales. Para el profesor Bueno, desde una perspectiva materialista la diferencia entre ética y moral no se funda en el origen o en la fuerza de obligar de las normas, sino en el objetivo al cual estas normas se ordenan, es decir:

«Las normas éticas son aquellas que se ordenan a la preservación y promoción de las tres virtudes éticas fundamentales que, en la terminología de Espinosa se expresan como fortaleza, firmeza (la fortaleza aplicada a uno mismo) y generosidad (como preservación, promoción y gestión de la fortaleza de los demás. Las normas éticas son universales; la Declaración Universal de los Derechos del Hombre puede considerarse como una selección de normas éticas, y por ello mismo, abstractas». «Las normas morales se ordenan a la preservación, promoción y gestión de la vida de los grupos humanos (de sus mores o costumbres). Las normas morales no son universales, porque los grupos son distintos y muchas veces en conflicto mutuo (...). Tampoco son siempre compatibles las normas éticas con las normas morales, que en muchas ocasiones implican una transgresión de las normas éticas (como ocurre por ejemplo, con la norma de la vendetta).» Las normas jurídicas, por tanto, el Derecho, tendrían, entre otros objetivos fundamentales dar salida a los conflictos entre las normas éticas y las normas morales de una sociedad determinada.{2}

Para la teoría materialista, entender la Bioética exclusivamente como Etica o una rama de la Etica aplicada a la vida, tal y como es tratada por una parte de la medicina, es reduccionista, ya que son muchas las cuestiones que ocupan a la Bioética y no forman parte de la Ciencia Médica. Podemos citar varios ejemplos: cuestiones políticas tan importantes como el control y planificación de la natalidad y sus repercusiones en las sociedades emisoras y receptoras de inmigrantes, ecológicas (cuando afectan a la Biosfera) o biológicas (técnicas reproductivas, clonación).

Estamos de acuerdo en que la Bioética se nutre de la Ética, de la Biología, del Derecho, de la Política pero no exclusivamente de estas esferas. Siguiendo la línea discursiva de Bueno, la Bioética debería, por tanto, integrar en su campo nuevas problemáticas sociales, visionar otros horizontes de conflicto, tales como los problemas causados por el desarrollo demográfico, social y político de los Estados y sus efectos colaterales.

Por este motivo, nos parece absolutamente imprescindible y necesario integrar las migraciones y su desarrollo dentro de este código, ya que en los estudios sobre Bioética realizados por el Profesor Gustavo Bueno no se recogen las migraciones como objeto propio y particular de la disciplina Bioética. Pretendemos cubrir modestamente esta laguna y exponer nuestra visión particular de la cuestión, con plena consciencia de que iniciamos una tarea no efectuada hasta la fecha por los expertos en la materia. La necesidad de cubrir esta área viene siendo avalada por estadísticas recientes que ponen de relieve el importante e incuestionable incremento de los flujos migratorios a lo largo de la última década, inquietando con carácter general a los gobiernos occidentales. Entre las variables que afectan a estos flujos, conviene recordar desde una perspectiva amplia los problemas de reparto en el desarrollo científico y tecnológico y el agravio comparativo existente entre países desarrollados y en vías de desarrollo en la obtención de los nuevos recursos, pues se trata de cuestiones que también deberían formar parte del escenario bioeticista, y objeto asimismo de una reflexión directa no transversal.

El Profesor Alberto Hidalgo, en su libro ¿Qué es esa cosa llamada ética?{3} arroja un haz de luz sobre la cuestión filosófica más controvertida en el ideario bioeticista, la indiferenciación entre ética y moral. Vamos a señalar algunas de las notas más interesantes sobre esta cuestión. En primer lugar, clarifica de la siguiente forma las relaciones de vecindad entre ética y moral con la fuerza de sus argumentos:

«Si tomamos en serio la distinción entre ética y moral, tal y como resulta de su estudio etimológico, histórico y conceptual, debemos concluir que la lógica que rige las relaciones entre las distintas teorías éticas es distributiva. La razón principal para sostener esta tesis es que las teorías éticas dirigen sus argumentos a los individuos particulares. Contra ellos dirigen su artillería conceptual. Tratan de convencer al sujeto ético de su verdad, apelando a su razonamiento y a sus potencias intelectivas. Su campo de batalla, la conciencia individual, se toma como indivisa e indivisible por principio, pero dotada de una estructura uniforme y homologable que se reparte o distribuye por igual entre todos los miembros de la especie. Aunque todas las teorías éticas rivalizan entre sí y algunas se autoconciben como incompatibles respecto a sus alternativas teóricas, jamás utilizan otros instrumentos persuasorios que aquellos que se fundan en la naturaleza racional del hombre: mostrar evidencias, dialogar, razonar, discutir, demostrar. Ninguna teoría ética, en cuanto tal, trata de imponer sus evidencias a través de la fuerza, de las armas, de la coacción policial, de la inquisición o del potro de tortura. Dejaría automáticamente de ser una teoría ética para convertirse en una moral. Claro que eso no implica la renuncia a defenderse contra las coacciones.(....), la preservación de la autonomía que tratan de ganar para la conciencia corpórea se consigue muchas veces en el fuero interno con un arma irrenunciable: la crítica. Así pues, mientras las teorías morales incluso cuando se formulan y justifican doctrinalmente compiten entre sí para apoderarse del campo o del pastel social, las teorías éticas pelean entre sí para tener razón, para imponerse al juicio individual de las personas racionales.(...) Resulta así una situación paradójica en extremo. Por un lado, ninguna teoría ética puede existir sin enzarzarse a fondo con las demás, de manera que su propia existencia depende de la existencia de sus rivales. Por otro lado, el triunfo absoluto de una teoría ética, su realización perfecta, significaría su eliminación, pues ya no sería necesaria. Podemos comparar esta situación, que los filósofos suelen denominar dialéctica, a lo que sucede con la medicina. (...) La medicina nació para combatir las enfermedades y es esa lucha la que justifica su existencia. Pero en un mundo sin enfermedades, decaería su importancia social y humana. Tal es la condición de los asuntos humanos, y por eso la ética es una actividad humana, no divina.»

Tras la claridad expositiva de esta argumentación, conviene preguntarse qué clase de ética merece ser tratada en Bioética, una vez aceptado que la ética médica resulta insuficiente para afrontar la trascendencia de los nuevos problemas bioéticos.

Todo parece indicar que los nuevos escenarios a los que debe asomarse el bioeticismo exigirán en el futuro el desarrollo de una ética de reglas prácticas a la que debería sumarse la adopción de decisiones biojurídicas y biopolíticas susceptibles de encarar y resolver internamente los conflictos.

Reafirmando pues, la necesidad de una ética universal, conviene que ésta sea llevada a cabo a través de reglas operatorias prácticas y consensuadas, en la línea argumentativa mantenida por el Profesor Alberto Hidalgo en el II Congreso Mundial de Bioética, que recoge con acierto las relaciones entre los principios materialistas de autodeterminación (característica ontológica de la persona libre) y de grupalidad.

«La Bioética materialista presupone a la ética como referida precisamente a los sujetos corpóreos operatorios, en tanto desarrollan sus actividades autodeterminables junto con los otros sujetos constitutivos de los grupos».{4}

Admitidas las diferencias ontológicas y gnoseológicas entre ética y moral, aceptando el código universal de Derechos Humanos como basamento y límite de la investigación biológica, corresponde a la Bioética como disciplina extender su ámbito de investigación a otras realidades, procurando dar solución a las mismas a través de la reflexión ética y la operatividad práctica desde una ética humanista y personalista que tenga en cuenta al individuo como ser autónomo y grupal.

1.2. La supervivencia humana en su conjunto, idea esencial del pensamiento potteriano

No debería existir desacuerdo en Bioética acerca de los méritos atribuibles a Van Rensselaer Potter, padre del Bioeticismo. Desde una perspectiva humanista su labor más importante se manifiesta en el carácter visionario de su pensamiento con respecto a los riesgos y peligros de la actividad científica humana.

La teoría original de la Bioética, fue desarrollada por primera vez Potter en Bioethics: a bridge to the future, allá por el año 1971. Transcurridos más de treinta años desde las primeras reflexiones, conviene volver a los antecedentes y recordar en palabras del propio autor, la notable evolución de su pensamiento desde sus primeros argumentos correspondientes a la Bioética Puente, y sus posteriores desarrollos hacia la Bioética Global y la Bioética Profunda. Dice así:

«La Teoría General de la Bioética era la intuición que señalaba que la supervivencia de gran alcance de la especie humana, en una civilización decente y sustentable, requería del desarrollo y del mantenimiento de un sistema ético. Tal sistema es la Bioética Global, basada en intuiciones y razonamientos sustentados en el conocimiento empírico proveniente de todas las ciencias, pero en especial del conocimiento biológico. (...) En la actualidad, este sistema ético propuesto sigue siendo el núcleo de la Bioética Puente con su extensión a la Bioética Global, en la que la función de puente ha exigido la fusión de la ética médica y de la ética medioambiental en una escala de nivel mundial para preservar la supervivencia humana».{5}

Si bien inicialmente V. R. Potter concibe la Teoría general de la Bioética desde el binomio deontología /ética médica, en seguida advierte que este sistema corre paralelo a una Bioética Global de otra índole, así se expresa sobre esta cuestión:

«La ética médica siguió su curso con la Bioética, rotuló su caracterización en una estrategia de corto plazo, lo que viene a ser una ética clínica que se relaciona con los dilemas enfrentados por los médicos, sus pacientes y los que están a su cargo. La Bioética global insiste en que los eticistas médicos consideren el significado original de la Bioética y que extiendan sus pensamientos y actividades a las cuestiones de salud pública a nivel mundial».{6}

El primer pronunciamiento público de V.R. Potter acerca de lo que más tarde constituiría la misión bioeticista, tiene lugar en el año 1962 en la Universidad del Estado de Dakota del Sur, a cuya invitación responde acudiendo en calidad de ex-alumno. Decide que la ocasión exige algo más filosófico que la mera exposición de su trayectoria como oncólogo e investigador durante los últimos veintidós años. En el transcurso de su exposición, cuestiona por primera vez el concepto de progreso humano y los avances materialistas propios de la ciencia y la tecnología, dejando en el aire dos cuestiones esenciales, «¿qué tipo de futuro tenemos por delante?», «¿tenemos alguna opción?». Concluye la disertación argumentando que sólo el concepto científico/filosófico de progreso es el único tipo de progreso que puede llevar a la supervivencia.

Lo que probablemente desconocía Potter en aquellas primeras manifestaciones sobre la idea de «bioética», eran las profundas desviaciones, maniqueísmos y malas interpretaciones que surgirían con respecto a su teoría inicial. El propio autor toma postura con respecto a esta situación y expone su enfado tardío cuando dice:

«Subsecuentemente, el significado original de la palabra Bioética, fue explotado y redefinido por el público y por los médicos especialistas en ética; y ahora es visto ampliamente como ética clínica...».

La limitación reduccionista que se impuso sobre la Bioética (Bioética igual a ética médica) tiene mucho que ver con los problemas metodológicos y la configuración multidisciplinar de la materia, así como sobre la articulación de la misma como una nueva disciplina. Además, el hecho de que la reflexión inicial Potteriana concibiese la misma como un nuevo modus operandi biomédico susceptible de incorporar a su código deontológico determinados presupuestos éticos, desplazó a la larga algunas de las ideas esenciales del pensamiento Potteriano.

Lo cierto es que V.R. Potter, consciente de este reduccionismo (aceptado probablemente con resignación), reconoce en el final de su larga vida, las dificultades subyacentes a la construcción de una disciplina y praxis llamada Bioética desde su ontología particular. De esta forma lamentaba la situación:

«...nos encontramos bastante distantes de cualquier acuerdo de que, la disciplina de la Bioética, construyendo un puente entre el conocimiento biológico y la especialidad filosófica reformada de la ética, puede lograr fusionar las disciplinas y funcionar adecuadamente como un puente hacia el futuro.»

La lectura pesimista (o realista) de Potter, no deja de ser un llamamiento a continuar la tarea encomendada, sobre la que aún queda mucho o casi todo por hacer.

Pero lo cierto es que no todos los científicos de la época alienaron la teoría inicial. El propio Potter reconoció en su momento la existencia de algunas manifestaciones a favor de la extensión de la visión simplista oficialmente instaurada, tal es el caso del profesor George Kieffer que en su libro Bioethics, a text of Issues, en 1970 concordaba con Potter en el énfasis en el futuro señalando el estrecho nexo existente entre los conceptos de futuro y de ética precisando que:

«Las decisiones éticas son normalmente conclusiones para guiar acciones futuras en términos de consecuencias futuras.»

La reflexión con respecto a los dilemas éticos subyacentes entre las disciplinas éticas : ética médica, ética social, ética medioambiental, ética agrícola, ética religiosa (?) y ética capitalista (?) llevaron a Potter a concluir que la Bioética entendida y configurada como Ciencia para la supervivencia humana, tiene que establecer puentes para las ideas éticas y sociales existentes así como orientaciones anticipadas. Es decir, se trata de construir puentes hacia cada una de las especialidades y de puentes entre las especialidades. El problema que se revela en esta construcción es que la ética médica no se encuentra comprometida con la construcción de puentes. La solución a este dilema la propone Potter cuando dice:

«En la actualidad, los eticistas médicos, deberían ir más allá del monitoreo de los avances tecnológicos para los más privilegiados. Deberían colaborar con los eticistas sociales y deberían demandar medidas sanitarias para los no privilegiados en el propio país y en el mundo en vías de desarrollo, donde la pobreza se combina con el sida, la malaria, el parasitismo y la tuberculosis.»

La Bioética Global así entendida obliga a la programación de lo que el propio Potter califica como «ética de preocupación». Para ello, exige que:

«Una demanda por una salud humana a nivel mundial para todos los habitantes del globo, y no sólo para los escogidos, con tasas de mortalidad infantil reducidas y reproducción humana controladas a su voluntad, forma parte de la Bioética Global. La Etica Social debe ser vinculada con todas las otras especialidades éticas para tratar su conflicto básico.»

En este contexto, es encomiable la evolución que el pensamiento Potteriano manifiesta con respecto a la Bioética inicial, no obstante salen a relucir los problemas de sustanciación de la nueva disciplina: ¿Cómo contextualizar la Bioética Global en la práctica bioeticista centrada en la praxis ético-médica?, ¿Cómo debe operar la Bioética conciliando distintas sensibilidades y preocupaciones?, ¿Qué ideario social debe priorizarse con respecto a los nuevos problemas y desafíos mundiales? La interrelación e influencia de lo Global en lo particular y viceversa no parecen estar claramente delimitados en esta época.

Se observa además en el discurso Potteriano la misma confusión entre ética y moral a la que anteriormente aludíamos. Siguiendo el discurso del autor, el conflicto subyacente no se daría entre distintas éticas sino entre la ética médica, la ética medioambiental, la ética civil, e incluso, la ética agrícola con la moral religiosa y capitalista, al menos utilizando los términos ética-moral en el sentido explicado en el epígrafe primero.

La conexión entre Bioética Puente y Bioética Global (1988) es efectuada por Potter introduciendo las cuestiones medioambientales en el discurso inicial. Pero son los dilemas ético-morales planteados en los años noventa y su prologanción en la actualidad los que obligaron a Potter a profundizar y extender su teoría general hacia la llamada Bioética profunda. Se trata de un concepto que pide la reflexión sobre las cuestiones de la supervivencia humana a largo plazo en los términos de la naturaleza de la existencia humana, extendiéndose más allá del conocimiento empírico.

Así entendida, la Bioética profunda sería un estadio superior de la Bioética Global, la cual permitiría agregar determinados temas al código de reflexión bioético, tal es el caso de las migraciones. Además, si bien la salud humana constituye el eje axial del código bioeticista, previene Potter acerca de las problemáticas de trasfondo que sobreviven en dicho fundamento, modificando sustancialmente la percepción inicial de la cuestión a tratar. El origen de epidemias, enfermedades y sobrepoblación se encuentra íntimamente ligado a factores reales y fácilmente perceptibles, es decir, la pobreza, la exclusión social, la marginación, la desigualdad, &c.

Queremos concluir este epígrafe expresando nuestro agradecimiento al padre de la Bioética, V.R. Potter, no sólo por el «carácter visionario» con el que antes calificábamos su pensamiento, sino también la constante reflexión, trabajo, dedicación, entrega y capacidad de revisión de «su» obra particular, la Bioética. Es posible que su tarea no haya sido comprendida correctamente a causa del alto grado de especialización académica y práctica existente en la actualidad disolviendo los fundamentos originales. Somos conscientes de que el revisionismo exige volver a los antecedentes, a las primeras expresiones y creemos haber cumplido en líneas generales con el objetivo de este epígrafe.

1.3. Cultura y migración desde la perspectiva bioeticista

El diferente curso en el origen y fundamentación seguido por la bioética norteamericana y la bioética europea, desarrollado por Salvador Darío Bergel{7} en el II Congreso Mundial de Bioética, celebrado en Gijón (Asturias) entre los días 30 de agosto y 4 de septiembre de 2002, nos sirve de apoyatura inicial para relacionar las distintas esferas de actuación con respecto al sujeto migraciones en el marco bioeticista.

Las notas fundamentales y características particulares que distinguen a la bioética trasatlántica norteamericana con respecto a la europea, se extraen de la interacción entre cultura y bioética, y serían las siguientes. La Bioética norteamericana, asentada sobre los principios de autonomía, beneficiencia y justicia, (extraídos del Informe Belmont), a los que podemos adicionar el principio de no maleficencia (Childress y Beauchamps) actuarían según palabras literales del autor «como guías que dejan lugar al juicio particular en casos especiales, que ayudan explícitamente al desarrollo de reglas y líneas de acción más detalladas». Este enfoque describe una ética principalista, casuística, que privilegia la persona individual sobre los intereses de la colectividad y cuyo fin sería la eficiencia (tanto en el procedimiento a aplicar como en la toma de decisiones).

A sensu contrario, la Bioética europea se entiende desde una perspectiva multidisciplinar centrada en la dimensión social del hombre y las cuestiones que le afectan, «colocando mayor énfasis en el sentido de la justicia, de equidad en el beneficio de la acción, más que en los eventuales derechos que asisten a cada ciudadano». Para el autor, la bioética europea constituiría «una nueva disciplina filosófica de dimensión transdisciplinaria, la expresión de una nueva sabiduría entre las demás».

La relevancia de esta clasificación, amén de los diferencias ontológicas y gnoseológicas que se subrayan en cada perspectiva, radica en la esfera de actuación, o, mejor dicho, en la diferente percepción de los problemas bioéticos. La Bioética norteamericana focalizaría su atención en la individualidad corpórea de cada sujeto humano, mientras que la Bioética europea se fijaría en la dimensión relacional del «otro», sobre la base de principios plurales.

Tras fijarnos en esta distinción, nos parece interesante establecer una clasificación que nos permita en adelante ubicar con rigor los ámbitos académicos de actuación y reflexión bioéticas. Pensamos que una clasificación que distingue entre problemas «micro» y problemas «macro» podría sernos útil en esta tarea.

La problemática o dimensión «macro», estaría encargada del desarrollo y profundización (tanto en la teoría como en la práctica), del nacimiento de nuevas problemáticas sociales que deban ser objeto de reflexión bioética tales como la inmigración, explosión demográfica, alimentación en el mundo, la situación coyuntural específica de las bioéticas regionales, &c.; y en esta misma dimensión, quedarían incluidos los aspectos médicos y de salud ya conocidos y que afectan a las sociedades en general del primer y tercer mundo tales como enfermedades y epidemias en grave expansión, (sida, drogas, cáncer, alzheimer, parkinson, enfermedades medulares, a modo de ejemplo); y por último, se encargaría de los problemas éticos que acarrea el uso de determinadas técnicas de investigación (clonación) y de los riesgos generales de la biotecnología.

La otra dimensión, la problemática «micro» se ceñiría a la resolución de las cuestiones prácticas y operatorias, a la toma de decisiones en el seno de los comités de bioética por los especialistas en salud y eticistas sociales.

En una posición intermedia se situarían los aciertos y desaciertos de las investigaciones biológicas y tecnológicas, objeto de discusión tanto de la actuación micro como de la posición macro.

Haciendo uso de esta clasificación, las migraciones forzosas y voluntarias, y especialmente las graves circunstancias en que posicionan a los sujetos operantes de la movilidad, serían, desde una perspectiva macro, un «problema» más, por cuanto el flujo (¿o hecho migratorio?) produce graves perjuicios demográficos, políticos y sociales en la sociedad emisora, y al mismo tiempo, infiere demográficamente en el mercado laboral y en la asistencia biosanitaria y humanitaria de los países receptores, (sin olvidar los problemas de racismo y xenofobia que acompañan a dichos movimientos). Con referencia a esta cuestión, es preciso subrayar la diferencia sustancial existente entre migraciones voluntarias, y migraciones forzosas.

Las migraciones voluntarias son aquellas que nacen de una decisión libre y consentida por el sujeto con el objeto de cumplir finalidades heterogéneas y de diversa índole (cumplimiento de contratos laborales, ocio, fines privados...), y cuyo rasgo principal sería la ausencia inicial de atentados contra la libertad y la dignidad humana. Las migraciones forzosas (desplazados de la guerra y conflictos armados, refugiados de gobiernos dictatoriales en busca de asilo político, ciudadanos de países en desarrollo escapando de los desbastadores efectos de la guerra, tales como hambrunas y epidemias), se activarían fruto de la vulneración directa e indirecta de los derechos humanos fundamentales, específicamente la libertad y dignidad humanas, apoyándose la decisión de emigrar en situaciones forzosas y extremas; y en muchos casos, careciendo la decisión del consentimiento libre y personal del sujeto operante.

Esta clasificación, tiene por objeto contextualizar la migración desde una perspectiva bioética, pero existen otras clasificaciones que también pueden ser tenidas en cuenta en la discusión, y que marginamos por entender que no responden con exactitud al código bioeticista (migración legal/ilegal, «ilegal» referido al proceso, pero jamás a las personas); (migración típica/atípica); (asilo/inmigración), &c. Con respecto a esta última clasificación, las diferencias jurídicas entre asilo e inmigración están claramente delimitadas por los expertos en la materia y son objeto de una protección jurídica diferenciada. Haremos referencia a ellas con carácter genérico, desde una perspectiva causalista que reflexiona en los problemas presentes y en el devenir futuro de la cuestión. Los aspectos jurídicos de la migración se desarrollarán en el epígrafe referido a la fundamentación suprema de la bioética.

El objeto pues, de la presente exposición, es alertar a la disciplina bioética de la necesidad de incidir en este campo, también interdisciplinar, ya que en él confluyen aspectos económicos, políticos, sociales, biológicos, sociológicos, médicos, geográficos, históricos, y jurídicos, que recuerdan la esencia misma del objeto de investigación bioético y que está siendo obviado permanentemente y con carácter general en todas las discusiones bioéticas. Esta laguna académica e institucional no puede explicarse más que por el alto grado de especialización que ha alcanzado la bioética como disciplina.

Asimismo, es preciso recordar, que nuestras sociedades no son estáticas, nuestras sociedades se mueven, se movilizan, (no importa el área de migración, regional e internacional), se interculturalizan, se multiculturalizan. Al mismo tiempo, y como consecuencia de la actual interdependencia que genera el proceso de globalización sociedades tradicionalmente emisoras de flujos migratorios se convierten en sociedades receptoras y paradójicamente el proceso se reinvierte convirtiendo a los ciudadanos del primer mundo también en migrantes potenciales. Todos los seres humanos gozamos de esta potencialidad, la necesidad de emigrar puede presentarse en cualquier momento, inmigrar supone algo más que cruzar la frontera de un país, inevitablemente surgen conflictos de convivencia social, de asimilación e integración de los inmigrantes, problemas biosanitarios relacionados con los códigos culturales particulares de cada individuo, y desde esta perspectiva, la operatividad de la bioética micro se encuentra en la intervención que efectúa resolviendo los múltiples conflictos que se crean en este contexto.

Por otra parte, la bioética, desde la perspectiva macro tendrá que afrontar necesariamente la reflexión de estas cuestiones habida cuenta del progresivo incremento de los flujos migratorios en la última década. Se estima que en la actualidad la población migratoria en el mundo se sitúa en más de cien millones de personas, un 2,1% de la población total{8}, si bien, las estadísticas no constituyen verdades absolutas, especialmente cuando tratan de contabilizar los flujos de inmigración ilegal, inciertos para la mayoría de los Estados.

Desde esta óptica nos parece muy ilustrativa la proposición de Salvador Darío Bergel de construir una bioética latinoamericana desde la clasificación Berlingueriana que distingue ética de situaciones emergentes y ética de situaciones persistentes, esta última referida a la oportunidad de «llamar la atención sobre lo que esperamos o tememos de los descubrimientos y de las técnicas de la vida y lo que ya podemos hacer para mejorar la vida humana y los equilibrios ambientales», afrontando los desafíos relacionados con la pobreza, la marginación y la exclusión social, fruto de la carencia de recursos y bienes mínimos de subsistencia en todas las sociedades implicadas.

Sería deseable que para cumplir el fin Potteriano de la supervivencia, «las bioéticas polarizadas» se recondujesen mutuamente a través de acuerdos y consensos para ampliar las visiones y extrapolar las dimensiones a una nueva ética operativa o biopraxis, buscando el equilibrio en la interrelación micro-macro, y resolviendo las controversias y divergencias a través del diálogo.

Consideramos que la Bioética universal criticada por constituir tal y como expone Aquilino Iglesias, más que una realidad una aspiración o un deseo, no debe ser ignorada ya que la reprogramación de la Bioética exige sustentarse en el fin ético-universal con el objeto de cumplir los principios exigidos por el Potterianismo para el desarrollo de la bioética profunda. Lo que se pretende, pues, es que las distintas Bioéticas, operacionen, no desde los aspectos culturales que las originan y fundamentan, lo que supone clasificarlas del siguiente modo: Bioética católica o islámica; Bioética laica o secular; Bioética materialista o Bioética utilitarista, reproducidas en las distintas escuelas de Bioética que hoy reconocemos: Bioética Occidental, Bioética Asiática, Bioética latinoamericana, &c.; sino desde la convergencia de los mismos problemas y peligros en todos los Estados y para todas las sociedades, reconociendo gnoseológicamente los conflictos macro y operacionando también desde este conocimiento en los problemas micro.

Por otro lado, la mejor forma de expresar lo que se pretende decir con diálogo hace referencia a un cambio de postura positivo en la consecución del mismo. Una buena forma de expresar esta idea la recoge Cándido, famoso periodista asturiano de origen ovetense, recordando la brevedad y profundidad de las palabras de María Zambrano cuando manifestaba «seamos sensatos», habida cuenta de lo que está en juego para la humanidad, la supervivencia de la misma. Y apunta al diálogo como elemento previo al consenso, que exige para su existencia dos condiciones sine qua non: En primer lugar, «los interlocutores deben albergar alguna sombra de duda sobre su pretendida verdad, pues de no ser así, el diálogo no sería más que la disputa ciega de sendos dogmas topando como carneros", y en segundo lugar, tiene que haber algún punto de coincidencia inicial, por débil que sea. De no darse esas dos condiciones, el diálogo es imposible o inútil.» Y esta reflexión valga para las discusiones más acaloradas en bioética, ubicadas principalmente en los problemas macro en su doble manifestación ética de situaciones emergentes y persistentes. Corresponde a los expertos bioeticistas, particularmente a los filósofos mediar en este acercamiento que proponemos y que a todas luces, nos parece absolutamente necesario.

1.4. Posición del sujeto migraciones respecto de las distintas disciplinas bioéticas

Vale la pena exponer alguna de las líneas maestras y reflexiones manifestadas por el profesor Gustavo Bueno con respecto a la Ciencia o, mejor dicho, desde su genuina Teoría de la Ciencia. La bioética se nutre de diversas ciencias positivas que el Profesor define como:

«un conjunto muy heterogéneo constituido por los "materiales" más diversos: observaciones, definiciones, proposiciones, clasificaciones, registros gráficos, libros, revistas, congresos, aparatos, laboratorios y laborantes, científicos, sujetos operatorios. Todos estos cuerpos hay que suponerlos dados como partes o contenidos del cuerpo científico. El alcance filosófico que cabe asignar a esta circunstancia (la de que una ciencia no sólo se opone a otros saberes no científicos, sino también a otras ciencias) es muy grande: si un cuerpo científico no tuviera, fuera de su campo, a otros cuerpos científicos, sino sólo a otros campos o saberes no científicos, podría pensarse como virtualmente infinito, puesto que los campos de su entorno se le presentarán siempre como "espacios colonizables" en un futuro más o menos lejano. Pero cuando un cuerpo científico (...) reconoce, frente a él, la realidad de otros cuerpos científicos, es porque ha renunciado a reabsorberlos; este es el modo por el cual constatará su propia finitud, en tanto que admite la realidad de otros cuerpos científicos que se mantienen en el ámbito de una esfera categorial irreductible a la propia.»{9}

La esencia de esta idea, permite que definamos la Bioética, como una disciplina constituida por un conjunto de cuerpos científicos que (admitida su propia finitud) precisan interrelacionarse bajo una misma ética con el fin de dar solución a los problemas sociales relacionados con la vida y la extensión de la misma.

Para el cumplimiento de su fin último, la supervivencia humana y siguiendo el hilo discursivo y reflexivo de Bueno, la Bioética tendrá necesariamente que:

«incorporar la realidad misma de los objetos, en ciertas condiciones, a los campos de las ciencias, como constitutivos internos de las ciencias mismas, lo cual, sólo puede parecer una audacia cuando nos mantenemos en el campo abstracto de la representación. No lo es cuando pasamos al plano del "ejercicio". ¿Acaso la ciencia química no incluye internamente, más allá de los libros de Química, a los laboratorios, y en ellos, a los reactivos y a los elementos químicos estandarizados? (...)»{10}

Y nos preguntamos, ¿acaso los campos científicos de la Bioética pueden obviar la existencia en ellos mismos del sujeto migraciones, excluir el estudio de sus causas y efectos, y no sólo de éstos, sino ignorar la realidad misma de los sujetos corpóreos objeto de estudio y elemento constitutivo de la realidad científica? Desde nuestro punto de vista, evidentemente no. Y esta es la justificación y la posición que se debe otorgar al sujeto migraciones desde el punto de vista bioético, como un hecho más, un problema real y tangible que origina conflictos y cuyos efectos para la vida son sustanciales. Al nutrirse el sujeto migraciones de todos los campos científicos incorporados a la bioética, podría ser interesante sistematizarlo como un campo científico más, en permanente interacción con los demás elementos científicos y sociales.

II. Bioética y solidaridad

2.1. Reflexión ética sobre algunos conceptos previos

Un recorrido meridiano por los principios generales que informan el ideario bioeticista, nos obliga a detenernos en la apelación al respeto a la dignidad humana, principio bioético universalmente recogido en Pactos y Declaraciones internacionales y comúnmente aceptado por todas las sensibilidades bioéticas. La detención no es aleatoria, se trata de un principio que por su alto nivel de aceptación genera numerosas interpretaciones y es objeto de debate en cuanto a su conceptuación. ¿Qué es la dignidad? ¿Qué tipo de conexión podemos establecer desde la teoría de la causalidad entre este concepto y la solidaridad? ¿qué es la solidaridad? Procuraremos dar respuesta a estas preguntas, conscientes de que la dificultad de la tarea. Algunos presupuestos de la teoría materialista de la causalidad van a ser utilizados como instrumento de análisis con el objeto de extraer los datos y hechos más relevantes del II Congreso Mundial de Bioética, partiendo de las siguientes premisas, aproximándonos a la realidad o fenomenología de los conceptos. ¿Qué es la migración, una causa, una razón o un efecto?, ¿Qué son las cuatro problemáticas macro tratadas en el II Congreso Mundial de Bioética, causas o razones?

La teoría materialista de la causa no responde a la esencia o sustancia, ni al dónde ni al cuando, se mantiene dentro del campo de aplicación de la pregunta ¿por qué? La redefinición de la pregunta ¿por qué? exige determinar «racionalmente» las razones o las causas (metafóricamente hablando) de los datos flotantes en un sistema de referencia. Por dato flotante, entiéndase también dato problemático, dato (porque se nos hace presente en el sistema, hace referencia a la forma de una relación constatable entre términos propios del sistema) y problemático (pues no consta, o permanece oculta, su conexión con el sistema, en el que sin embargo, se configura desde «dentro»). Suponemos entonces, que la pregunta ¿por qué? es la pregunta que surge adecuadamente en el momento en el cual un sujeto operatorio constata un dato flotante en el sistema de referencia.{11}

Nuestro sistema de referencia es la disciplina y prácticas bioéticas y sus principios informadores. El dato problemático o datos flotantes lo constituyen metafóricamente las ideas, reflexiones, expresiones, manifestaciones y datos insertos en las ponencias y comunicaciones del II Congreso Mundial de Bioética. El dato resultante se puede reducir semánticamente al término de la solidaridad, pero materialmente no a cualquier tipo de solidaridad, respondiendo así a la cuestión ¿por qué la bioética debe ser solidaria?, o lo que es lo mismo ¿cuáles son las razones para la solidaridad en bioética? Los nexos intermedios entre el sistema de referencia y el dato o datos problemáticos /flotantes son las razones y las causas. Las razones de la solidaridad son a nuestro entender cuatro, así como cuatro son las causas de la indignidad.

Las cuatro causas de la indignidad se corresponderían las temáticas abordadas en el II Congreso Mundial de Bioética: VIH, Clonación, Bioética en Iberoamérica y Alimentación en el Mundo; las cuatro razones para la solidaridad inherentes a la esencia misma de las causas se corresponderían con la Salud física y mental; La salud política, jurídica, económica y social; La salud natural y La salud biotécnica.

A diferencia de las teorías formalistas de la causalidad, las teorías materialistas consideran que el modo más profundo para tratar la idea de causa es considerarla como una relación causal que no puede segregar la unidad correspondiente al contenido o materia constituida por los términos relacionados. Nos situamos para nuestro análisis en las regiones en que se desenvuelve la acción humana, excluyendo la posibilidad de toda restricción en cuanto a los contenidos y aceptando la con-causalidad como formato lógico, recordando una de las interpretaciones de la teoría de las cuatro causas de Aristóteles (cada tipo de causa concurre con las demás a la formación del efecto). El proceso causal que vamos a tratar no constituye un mero episodio ordinario del sistema objetivo, tampoco se trata de un resultado aleatorio, por este motivo, en el orden de los fenómenos operatorios, las causas apotéticas de la solidaridad en bioética la constituyen las razones para la indignidad, por eso, nos parece interesante recuperar para el sistema como una resultante, los análisis de las expresiones y reflexiones de las ponencias y enumerar los efectos entre los que ya previamente cabría citar el fenómeno migratorio.

2.1.A. Dignidad, Indignidad, Solidaridad y Justicia

¿Qué es la dignidad?

Desde un punto de vista semántico, existen varias acepciones que derivan de interpretaciones y significados diversos. Hemos seleccionado dos de estas acepciones por entender que cubren los significados más interesantes en esta materia: dignidad versus excelencia, realce o bien, cualidad por la que uno se siente especialmente afectado por una ofensa, deshonra, humillación, &c. El significado común de excelencia se entiende referido a la «superior calidad o bondad que constituye y hace digna de singular aprecio y estimación en su género una cosa». La segunda acepción de la excelencia hace referencia al honor, o predicamento del honor. Dice del honor Cándido que el honor es agresivo, la dignidad resignada. Que el honor no nace del sentido de la propia dignidad, pues la propia dignidad, para que desemboque en honor, tendría que ser reconocida por los demás generando el derecho a «un puesto en la jerarquía social». Cita una frase de Gurevic reveladora de este contexto, que dice «el honor no es tanto la conciencia interna de la propia dignidad, cuanto la gloria en un círculo social determinado». Si la dignidad fuese el honor, entonces todos los hombres no serían dignos, sólo unos pocos, privilegiados en el escalafón social. Esta tesis compartida por la filosofía antigua exige descartar el honor como elemento de la dignidad por eso entendemos que cuando una parte del bioeticismo alude a la dignidad como excelencia y realce, lo hace entendiendo la dignidad como la mayor estimación en su género a una cosa, es decir, la dignidad sería la mayor estimación otorgada a la especie humana, por el hecho mismo de ser especie, distinta, diferenciada del mundo animal por el uso de la razón y única en su género. Esta definición podría ser rechazada por esa parte del ecologismo que reconoce dignidad al mundo animal e igualmente un código de derechos y obligaciones para nuestra especie en la conservación de la naturaleza animal y sus componentes.

De otra parte, el significado atribuible a realce se inserta en los mismos presupuestos semánticos de la excelencia, lustre, esplendor, estimación, importancia.

Históricamente, la dignidad «de hominis dignitate» irrumpe con el Renacimiento y también fue asunto controvertido en la Edad Media. Conviven dos concepciones de la dignidad del hombre, ambas apoyadas en el universalismo y en estrecha unidad con elementos teológicos y divinos, tales como la inocencia, la culpa, hasta la llegada del humanismo y el subsiguiente proceso de secularización del concepto. Un recorrido por el proceso de deshumanización Kafkiano nos recuerda que la dignidad ha sido omitida e ignorada con carácter voluntario fruto de la corporeidad larvaria del ser humano y la renegación de la propia idea de dignidad. La idea contraria es la que subyace desde la perspectiva bioeticista, es decir, la corporeidad, la naturaleza humana, la dignidad intrínseca a la propia especie debe ser objeto de protección frente a los avances biotecnológicos que puedan poner en riesgo su existencia. Otra forma de la dignidad es la que dice del ser y del existir, la que entiende la dignidad como fruto de la individuación y al mismo tiempo de la diferencia, objeto mismo de los presupuestos Kantianos, «cada hombre es irrepetible, y jamás vuelve a nacer, y ese hecho único es el tejido mismo de su dignidad». Al reconocimiento de la genuina dignidad individual se añade la pertenencia biológica al ser vivo más desarrollado de la Tierra, inserto en la categoría de los seres vertebrados y mamíferos pero distinto a las criaturas no humanas para los filósofos de la antigüedad.

Los alegatos y argumentaciones continuos a la dignidad no impidieron, por ejemplo, su fácil neutralización por parte del nacionalsocialismo, Cándido nos recuerda, que «en el planeta hitleriano la dignidad de la persona fue suplantada por el orgullo de la nación alemana hasta los límites de la paranoia y la consecuencia del holocausto». Neutralizada o suplantada el caso es que tal desastre histórico de la especie exigió un alegato futurista en contra del posterior uso, abuso, neutralización o suplantación del término. Fruto de este complejo de especie es el primer reconocimiento jurídico a la dignidad en el preámbulo de la Carta de Naciones Unidas del 26 de Junio de 1945. La apelación a la dignidad del hombre es constantemente reproducida en multitud de instrumentos jurídicos nacionales e internacionales.

Las doctrinas y teorías de la dignidad desde el código bioeticista, es decir, desde la dignidad versus excelencia, realce; la dignidad como condición sine qua non de la especie humana; la dignidad como principio de individuación y autonomía del hombre; la dignidad en su correlato biológico; la dignidad como principio programático universalmente aceptado y reconocido jurídicamente en leyes y constituciones, exigen incorporar otros fundamentos, esencialmente de origen práctico. Los alegatos discursivos a favor de su reconocimiento ya se han hecho, el reto fundamental para este nuevo siglo, consiste en no redeclarar lo ya afirmado, sino en proteger y garantizar precisamente que la dignidad no muestre su cara más amarga, la de la propia indignidad de las acciones humanas, las cuales pervierten el concepto, absorben su contenido material y obligan al ser humano a humillarse y a aceptar su dignidad como residuo de si mismo fruto de la barbarie y la falta de conciencia de la especie. Esta interiorización salvaje y desmedida es recogida por Cándido espléndidamente al final de su libro, y dice así:

«No existe un prontuario de la dignidad ni hay un sitio en el que pueda colocarse, como el honor y la honra o la fama, que pertenecen a los ordenamientos sociales y cambian de asiento con los usos y costumbres. El honor, la honra, la fama, suelen ceder a la vanidad y a la soberbia, llevan al cuello un cascabel, mientras que la dignidad es silenciosa, hay siempre un poso de amargura en ella y depende de cada uno de nosotros. Cuando la razón es aplastada o ensordecida el perfume de la dignidad la sustituye. Es el último agarradero del ser humano cuando la razón es imposible y asegura contra toda esperanza y también contra todas las apariencias la difícil obra de hacerse persona. No hay en la dignidad ruido ni desgarramiento, sino humildad y pudor, como dejo escrito. Arrastra consigo la sensación de desamparo, Ennoblece el infortunio, atempera la fortuna, avergüenza a la afrenta, colma la soledad, es tu más alta aventura interior y en cada instante te dice qué uso debes hacer de ti mismo. Es frágil y sin embargo puede hacerte invencible. El asumir la dignidad que la razón te dicta a veces significa la huida, a veces una herida. Vive en lo más recóndito y callado de tu ser y aún si la traicionas dejará en ti huellas de su paso para que puedas seguirla».{12}

b) ¿Qué es la indignidad?

La indignidad viene del latín indignitas, presenta la misma raíz que la indignación, que proviene de la indignatio. La indignitas es definida como la «acción reprobable, impropia de las circunstancias del sujeto que la ejecuta o de la calidad de aquél con quién se trata». He aquí bien definida la indignidad de las acciones humanas. Lo cierto es que la indignidad de por sí es conductual, exige la reprobación de la conducta, pero no insta a la restitución de la situación de indignidad. Otra acepción de la indignitas nos remite semánticamente con letras mayúsculas a la Indignación. La indignatio, es definida como enojo, ira, enfado vehemente contra una persona o contra sus actos. La indignación es pues un enfado cuyo rasgo principal sería la vehemencia, es decir, se manifiesta con una menor intensidad. Es evidente que la indignación incorpora cierta dosis de ira y de enojo, pero es la intensidad menor antes citada su rasgo diferencial con respecto al enfado. El enfado puede ser violento, agresivo, la indignación aparece, sin embargo, mediatizada por el contexto real en el que se utiliza, por ejemplo, podemos hablar de alto grado de indignación y no se correspondería con un enfado mayúsculo. ¿Por qué? ¿es posible que la indignidad se interiorice y el enfado se exteriorice? Lo cierto es que cuando nos indignamos podemos muy bien optar por manifestarlo. Entonces, ¿por qué siempre decimos que nos enfadamos y nunca que nos indignamos? Bien es cierto que en la literatura se utilizan alternativamente ambas acepciones, pero no en el lenguaje mundano, del ciudadano de a pie. La respuesta podría estar en la situación o acción que despierta la indignación. Las personas se enfadan, las situaciones indignan. Si así fuere, la indignidad sería algo más que una conducta reprobable, sería también la percepción real de injusticia en una situación concreta. ¿Es deseable que las situaciones nos indignen o que nos produzcan un enfado? Si exclusivamente nos indignan, no sucumbiríamos al menos, ante las pasiones que se desatan en un enfado, y podríamos afrontar tranquilamente la subsanación y reparación de la consabida situación de indignidad. En este estadio de cosas, y desde la perspectiva macro que estamos atendiendo, las cuatro razones para la solidaridad no son más que la necesidad absoluta de soliviantar nuestra indignación o nuestro enfado, ante determinados hechos o prácticas que no deberían producirse. Aclarado este punto, es preciso reconocer, que la indignidad de las acciones humanas, nos va a remitir a la solidaridad, mejor dicho, a una nueva expresión de la solidaridad.

¿Qué es la solidaridad?

Ya hemos dicho que son cuatro las causas de indignidad que va a ser objeto de nuestra atención, y que hacemos coincidir con los bloques temáticos abordados a lo largo del II Congreso Mundial de Bioética (Clonación, Sida y drogas, Bioética en Iberoamérica y Alimentación en el mundo). Entiéndase, no obstante, que las acciones reprobables no se infieren del tema de cada bloque, son extraídas de los argumentos y fundamentaciones de los ponentes y comunicantes, así como de las intervenciones del público en general. Como esta cuestión se aborda después, vamos primeramente a hacer un breve recorrido sobre las distintas interpretaciones de la solidaridad.

Señala Alberto Hidalgo, que en el español actual la solidaridad ha pasado a significar «la adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros». Por este motivo se adhiere la solidaridad a las tareas de ONGs relacionadas con la acción humanitaria, la acción social ejercida sobre los más desfavorecidos de la sociedad y las tareas de cooperación al desarrollo. La solidaridad sería pues el fin sustantivo del voluntariado. Sobre la misma definición se pronuncia el bioeticismo pero para exigir desde la perspectiva de la dimensión relacional del hombre la apertura «al otro», específicamente en el plano ontológico. Es decir, si nuestra relación con otros seres humanos se funda en criterios ontológicos, todas las personas son merecedoras de comportamientos solidarios. El sujeto se entiende como fin en sí mismo pero para los demás, no para sí mismo. Desde esta óptica los dilemas bioéticos que se presentan desde la perspectiva macro exigen esta dimensión relacional, la apertura al otro y una solución a la vista de su dignidad. La solidaridad así concebida tiene su campo de acción en las problemáticas micro, pero sería insuficiente y demasiado reduccionista para actuar y profundizar en las problemáticas macro.

La historia del término solidaridad se nutre de cuatro puntos esenciales que se corresponden con diversas interpretaciones y usos del término: a) Jurídico; b) teológico; c) Sociológico y d) Político.

a) Jurídicamente, la solidaridad responde a un modo de Derecho en el que la asunción de obligaciones contractuales cuando existen pluralidad de acreedores y deudores presenta unas características precisas que la diferencian de la figura de la mancomunidad. La solidaridad puede darse tanto en la posición del acreedor como del deudor. En el primer caso, cualquiera de los acreedores puede reclamar del deudor (o de cualquiera de los deudores en su caso), la íntegra prestación objeto de la obligación, es lo que se conoce como solidaridad activa. En el caso de pluralidad de deudores (que es el supuesto más frecuente), todos y cada uno de ellos quedan obligados a cumplir íntegramente la obligación cuando el acreedor (o alguno de los acreedores) le compele a ello: solidaridad pasiva. En la solidaridad pasiva se da una especial relación que demuestra, tal y como dice Alberto Hidalgo la existencia de una cierta cohesión y concordia entre las personas con las que uno se compromete solidariamente, es decir, cada cual aportará todo su esfuerzo para la buena marcha de la empresa lo que implica asumir el riesgo de cargar con «la responsabilidad de lo que no hemos hecho». Esta relación especial se produce cuando el pago hecho por uno de los deudores extingue la obligación, siempre que la deuda se haya satisfecho por completo. Pero esta concordia se puede convertir en puro deseo pues depende de la buena fe en la actuación del solvens, ya que la extinción de la obligación solidaria por pago no conlleva, jurídicamente, la extinción interna de la obligación. El solvens tiene derecho a la satisfacción o abono de la parte correspondiente por parte de los restantes deudores solidarios. La ética de la asunción de responsabilidad actúa aquí interrelacionada con el principio de la buena fe. La solidaridad si no se da este presupuesto ético no variaría en sí misma pues la petición del abono por parte del solvens es jurídicamente aceptable. La cuestión de si esta regla es o no justa, no interesa al derecho, que se ciñe al cumplimiento de unos criterios positivos y objetivos.

b) La interpretación teológica, relaciona la solidaridad con la «caridad cristiana» debido al origen común y destino solidario de la especie humana. La antítesis de esta teoría corre en la época de la Ilustración a cargo del solidarismo filosófico.

c) La interpretación sociológica, de la mano de Durkheim, concibe la solidaridad como sinónimo de cohesión social y distingue entre solidaridad mecánica (del individuo indiferenciado a la sociedad segmentaria, sin intermediarios) y solidaridad orgánica (por medio de la dependencia funcional que presentan los individuos en una sociedad).

d) La perspectiva política es la más ambigua, va desde el principio totalitario de la solidaridad nacional, hasta el modelo Bismarck. La suplantación que hizo el nacionalsocialismo alemán del principio de dignidad junto con la clara manipulación que hizo del concepto de solidaridad, apelando a la «solidaridad del pueblo», pone de relieve los malos usos políticos que determinados conceptos han sufrido a lo largo de la historia.

Conviene no olvidar todos estos extremos a la hora de hablar de solidaridad, por eso es preciso definir qué clase de solidaridad queremos que la bioética practique desde la perspectiva macro. Para expresar nuestra idea es preciso relacionarla con el cuarto término, justicia.

Las causas de la indignidad por sí solas, no resuelven nada si no van acompañadas de una acción social solidaria. Por esta entendemos no estrictamente el cumplimiento altruista de un fin para los demás, o una adhesión circunstancial a la empresa de otros. Tampoco un reparto equitativo de las responsabilidades sería suficiente, y desde luego un destino solidario común resulta demasiado alejado para su sustentación, sin contar por supuesto los desvaríos de ciertas políticas con respecto a este término. Las finalidades antes expuestas, algunas de ellas merecedoras de reconocimiento – en concreto la solidaridad emprendida por las organizaciones no gubernamentales y la solidaridad del individuo comprometido con el «otro»– deben acompañarse de otra fundamentación. Pondré varios ejemplos:

El autor X del libro Y escribe un libro estrictamente académico que acompaña de la siguiente dedicatoria: «A mi hijo J en cariñosa compensación por nuestras horas perdidas».

Desconocemos todo en esta dedicatoria, el contexto familiar, la relación paternofilial, las demandas del hijo, su edad, los rasgos esenciales de su personalidad.., pero seguro que ya advierte el lector el motivo de esta cita, ¿piensa realmente este señor que su libro puede compensar cariñosamente las horas perdidas para estar con su hijo? El hijo puede entender la dificultad y laboriosidad que exigen la realización de ese libro, pero no nos engañemos, detrás del mismo no está exclusivamente una obligación laboral, sino el profundo conocimiento por parte del autor de que para cumplir con dicha obligación ha tenido que sacrificar otra que no permite reparación en la relación espacio-tiempo.

La práctica de la solidaridad individual no puede convertirse en un saco de compensaciones puntuales, exige una actitud vital, una fuerte convicción sobre lo que se debe hacer en cada momento y lugar. El fin de la solidaridad es reparar la indignidad, no compensarla, lo que la convertiría exclusivamente en un remedio parcial.

La solidaridad exige también una visión particular de la justicia, pongamos otro ejemplo. Stephen Hawking, escribe este párrafo en su libro «Historia del Tiempo» en el año 1988:

«Hasta ahora, la mayoría de los científicos han estado demasiado ocupados con el desarrollo de nuevas teorías que describen cómo es el universo para hacerse la pregunta de «por qué». Por otro lado, la gente cuya ocupación es preguntarse por qué, los filósofos, no han podido avanzar al paso de las teorías científicas. En el siglo XVIII, los filósofos consideraban todo el conocimiento humano, incluida la ciencia, como su campo, y discutían cuestiones como ¿tuvo el universo un principio? Sin embargo, en los siglos XIX y XX, la ciencia se hizo demasiado técnica y matemática para ellos, y para cualquiera, excepto unos pocos especialistas. Los filósofos redujeron tanto el ámbito de sus indagaciones que Wittgenstein, el filósofo más famoso de este siglo, dijo: «la única tarea que le queda a la filosofía es el análisis del lenguaje. ¡Qué distancia desde la gran tradición filosófica de Aristóteles a Kant! No obstante, si descubrimos una teoría completa, con el tiempo habrá de ser, en sus líneas maestras comprensible para todos y no únicamente para unos pocos científicos. Entonces todos, filósofos, científicos y la gente corriente, seremos capaces de tomar parte en la discusión de por qué existe el universo y por qué existimos nosotros. Si encontrásemos una respuesta a esto, sería el triunfo definitivo de la razón humana...»

La reflexión de Hawking, sobre el papel de la Filosofía, puede no gustar en algunos sectores filosóficos, pero refleja perfectamente el sentir de una parte importante del Bioeticismo que considera absolutamente necesaria la inmersión de los filósofos en el terreno bioético. Pero ésta cita, no es el objeto exclusivo de nuestra atención por Hawking, a ella hay que añadir la siguiente cuestión. Stephen Hawking, escribe en la lista de agradecimientos de su lo siguiente:

«Estoy muy agradecido a mis ayudantes, X, Y, y Z; a mis secretarias B, C, D y E; y a mi equipo de enfermeras. Nada de esto hubiera sido posible sin la ayuda económica, para mi investigación y los gastos médicos, recibida de F, G, y las fundaciones H, I, J y K. Mi sincera gratitud a todos ellos». (Dedica su libro especialmente a su hija Jane).

Varias cuestiones se presentan tras este enunciado, ¿se puede considerar análoga la dedicatoria del padre al hijo con la extensa lista de agradecimientos a sus financiadores, enfermeras y asistentes por parte de Stephen Hawking?, ¿cuál fue la reacción de su hija ante esta dedicatoria? ¿se puede considerar solidaria las aportaciones económicas de sus financiadores? Sin medios económicos y sanitarios para hacer frente a su enfermedad, ¿cómo podría haber transmitido a la sociedad este científico sus ideas e investigaciones? ¿Con qué balanza y qué peso medimos la justicia y la solidaridad en estos casos?

En primer lugar, S. Hawking, científico de reconocido prestigio, aquejado de una dolorosa enfermedad que le obliga a recibir un fuerte tratamiento y asistencia sanitaria permanente, ¿merece en principio este tratamiento diferenciado para poder llevar a cabo su tarea investigadora y escribir este y otros libros? He aquí la cuestión, si se relee atentamente su lista de agradecimientos, su salud estaba siendo supeditada a una obligación laboral. Es obligada la siguiente pregunta: ¿Qué sacrificó Hawking? Su dignidad. Sin enfermeras y sin tratamiento, habría estado apocado a la indiferencia, a una indiferencia mayúscula, fielmente reproducida en muchos hogares del tercer mundo. Si los gastos médicos hubiesen sido marginados del aspecto intelectual, probablemente Hawking no hubiese podido escribir este libro jamás. Si hubiese decidido firmemente dedicar este libro a otros menesteres altruistas, y marginar el objeto de la investigación cuántica, ni siquiera se le hubiera prestado atención. Es probable que su hija Jane se viese igual que el hijo del señor X afectada por la situación personal y laboral de su padre, pero está claro que S. Hawking, no podrá, igualmente, reparar las horas perdidas con su hija en la relación espacio-tiempo ya acontecida, pese a que éste fuese uno de los objetos fundamentales de sus investigaciones.

Luis Franco expone la necesidad de evitar algunas conductas aberrantes con respecto a la solidaridad a través del binomio simpatía / empatía dependiendo del grado de proximidad que tengamos con el ser humano objeto de esa solidaridad. Advierte en este sentido, que:

«La emancipación sin solidaridad, la propensión a la brutalidad, el fin de la moderación, el afán de lucro y el cálculo hedonista son síntomas de la irrupción del Interés como instancia rectora de la praxis humana»{13}.

El origen del universo puede descubrirse, y aún así, seguimos gozando del privilegio de ser la especie que menos se preocupa en aplicar la justicia. Antes de abordar el tema de la justicia que impulsa a la acción solidaria, es preciso reconocer que la interacción conceptual y material en el binomio solidaridad-justicia no siempre es recíproca, en el primer supuesto, se puede interpretar la ausencia de solidaridad individual del padre al hijo y se puede decir que la situación es una injusticia menor. En el segundo caso, la interacción entre solidaridad y justicia es más fuerte, la falsa solidaridad de los financiadores, externa y visible, provoca una situación de injusticia mayor porque se hace dueña de la máxima aristotélica,»trata igual a los iguales y desigual a los desiguales». No todas las actuaciones solidarias son justas, ni todas las injusticias son fruto de la insolidaridad. El grado de justicia o injusticia existente en una determinada situación es un buen medidor y activador de la solidaridad en términos generales. La solidaridad individual y colectiva aplicable en Bioética debe tener en cuenta lo siguiente:

1) La activación de la solidaridad en Bioética debe entenderse como la reparación total de la situación de indignidad subyacente, no la compensación parcial del daño producido.

2) Se exige asimismo una fuerte convicción en los sujetos operatorios de lo que se debe hacer en cada momento y lugar.

3) El grado de justicia aplicable o exigible dependerá en buena parte del grado de justicia o injusticia que se pueda extraer del contexto general y particular.

Es preciso preguntarse entonces, qué forma adquiere para nosotros la justicia en este contexto.

¿Qué es la justicia?

La redefinición del concepto de justicia formal que hace Ágnes Heller, nos es útil para iniciar la búsqueda del contenido material del concepto. El concepto de justicia formal significa:

«la aplicación consistente y continuada de las mismas normas y reglas a todos y cada uno de los miembros del grupo social al que se aplican las normas y reglas».{14}

Añade lo siguiente:

«Esta definición parece tautológica pero no lo es (como tampoco lo era la definición de Perelmann){15}. El concepto formal de justicia es la máxima de la justicia; la consecuencia de su inobservancia es una autocontradicción. Pero está lejos de ser fácil, actuar, juzgar y distribuir sin incurrir nosotros mismos en esta autocontradicción».

Durante el II Congreso Mundial de Bioética, se planteó una cuestión muy interesante que enlaza directamente con esta idea. Alberto Hidalgo, planteaba la siguiente fórmula para la resolución de dilemas éticos en Bioética, dar primacía a una ética de reglas sobre una ética de principios. Los principios no admiten excepciones, son absolutos, totalizadores, las reglas sí permiten que opere la excepcionalidad, el margen de actuación es más amplio y formalmente permiten cumplir el objetivo de la justicia. Esta teoría es válida para los procedimientos formales los cuales serán justos o injustos en la medida en que se aplica el concepto formal de justicia. Desde una perspectiva micro, esta teoría de la justicia resulta más que atractiva, pero ¿qué sucede cuando el procedimiento es justo o injusto? Heller afirma que las normas y reglas que constituyen un grupo social pueden ser declaradas injustas, también el propio procedimiento puede ser declarado injusto, incluso si se aplican coherentemente las normas y reglas a todos y cada uno de los miembros de un grupo social.

Otro de los problemas prácticos que plantea la justicia es que debe ser impersonal e imparcial, parece que el presupuesto de la justicia formal que categoriza a los grupos sociales en función de las normas y reglas que se les apliquen desvirtúa el carácter imparcial e impersonal exigible a la justicia. Heller lo tiene bastante claro en este sentido cuando dice que «la imparcialidad» se cumple desde la justicia formal aplicando las mismas normas y reglas de forma consistente independientemente del interés personal y de la participación emocional». Este presupuesto Helleriano podría muy bien responder a nuestras dudas y dar consistencia a la teoría de la justicia formal. La aplicación de reglas y sus excepciones resulta esencial en la bioética micro. Pero en los supuestos de la Bioética macro, asentada en los principios universales de los Derechos Humanos se exige, a nuestro modo de ver, una visión diferente de la justicia, transcultural, en la que la efectiva protección y ejercicio pleno y en condiciones de igualdad de los derechos por y para el individuo se realice sin reduccionismos ni la injerencia de intereses particulares, específicamente de los Estados. Nos alejamos, pues, de Heller, a nuestro pesar, no porque no nos parezca interesante su fundamentación centrada en de ir «más allá de la justicia», sino porque pensamos que la justicia macro que queremos en el Bioeticismo se mueve por otras lides, se conecta con una idea diferente, y nos lleva directamente al lugar en el que la justicia se desarrolla con más fuerza, en la práctica.

Decía Marx, que la justicia es «dar a cada uno según sus necesidades pidiendo a cada uno según sus capacidades». Esta definición hace surgir la pregunta: ¿Como superar las relaciones de dominación y manipulación entre el que tiene sus capacidades mermadas y se encuentra en una posición de vulnerabilidad y el que cuenta con todas las capacidades para su desarrollo? Si la justicia es dar a cada uno según sus necesidades, ¿como se pueden evitar las relaciones asimétricas y sus efectos? Consideramos que los Estados y organismos internacionales encargados de la defensa y protección de los derechos humanos deben ser los principales correctores en esta tarea, pero también es preciso, que el bioeticismo afronte una posición firme sobre las problemáticas macro, rescatando activamente del pensamiento Potteriano la idea de Bioética profunda y estableciendo un compromiso que tiene que ir más allá de las mera catalogación de las causas y entrar a conocer las razones, para evitar encontrarnos de nuevo ante una justicia y solidaridad meramente compensatorias. Todos los actores son importantes y esenciales, la sociedad civil particularmente representada por las tarea humanitarias y sociales de las ONGDS, los colectivos, asociaciones, instituciones académicas. Conviene no olvidarlo. La Bioética justa desde una perspectiva macro, debe cumplir el criterio de cubrir las necesidades humanas entendiendo por necesidades lo siguiente. La ardua discusión acerca de qué catalogamos como necesidades, ha suscitado numerosos debates y controversias. Los antropólogos lo tienen claro, consideran que la concreción y el modo de las mismas está medida culturalmente. De ahí la dificultad de crear una definición transcultural y global. Hemos encontrado una definición que bien puede hace las veces de carrito de la compra con respecto a las necesidades: «bienestar material básico, seguridad frente a la violencia, autonomía e identidad». Es curioso que casi todas las definiciones cubran estos componentes e ignoren uno que nos parece absolutamente esencial. Esta definición bien puede valer para una parte del mundo occidental, pero es inviable allí donde además de estas carencias, hay otras, que sí compartimos y nos afectan por igual a todos, LA SALUD. Y no sólo la salud física y mental del ser humano, sino también, la salud política, natural y bio-técnica del planeta. Este fue el desafío lanzado por Potter. La Bioética no puede escudarse en la bioética micro, en la ética médica e ignorar el curso real del mundo. No vale recordar programáticamente las causas de la indignidad, sin rescatar las razones para la solidaridad que bien podrían resumirse en las cuatro anteriormente mencionadas, (la salud física y mental, política, natural y bio-técnica del planeta), éstas son las razones para la solidaridad. Un análisis puramente metafórico de la teoría de la causalidad del Profesor Gustavo Bueno nos lleva al siguiente esquema de referencia que vamos a utilizar para el análisis de las ponencias y comunicaciones.

Sistema de referencia: principios y fundamentos en bioética
¿Por qué?
[causas de indignidad] [razones para la solidaridad]

causas apotéticas

Inseguridad biológica
Insolidaridad
Injusticia distributiva
Indignidad recurrente

Nexos intermedios

VIH y drogas
Alimentación en el mundo
Bioética en Latinoamerica
Clonación

Salud física y mental
Salud política, jurídica, económica y social
Salud bio-natural
Salud bio-técnica

Dato resultante • solidaridad • efecto: migraciones

* Cada variable es con-causa de las otras.
* Entendemos que la lista de variables no es cerrada, nos ceñimos a las opiniones e ideas vertidas en ponencias y comunicaciones durante el II Congreso Mundial de Bioética.

Las causas apotéticas de la indignidad en Bioética podrían resumirse en las siguientes: a) Inseguridad biológica, b) insolidaridad, c) injusticia distributiva e d) indignidad recurrente.

A través de la metodología expuesta, los datos flotantes o problemáticos, es decir, las ideas, expresiones y manifestaciones de las ponencias, comunicaciones e intervenciones del público en general en el II Congreso Mundial de Bioética nos sirven (metafóricamente hablando), para referenciar qué causas apotéticas de las señaladas tienen mayor reflejo en las causas de indignidad y nos sirven de apoyatura para reconstruir y redefinir el dato resultante.

2.2. Análisis de las ponencias y comunicaciones del II Congreso Mundial de Bioética

2.2.a. Las cuatro causas de la indignidad y las cuatro razones para la solidaridad

2.2.a.a. Sida y drogas

El sistema de referencia o sistema práctico-material bioético está dotado de una infraestructura singular, pues se desenvuelve irregularmente a lo largo del tiempo, es decir, aparentemente existe una discontinuidad en las cuestiones prácticas, en los aspectos tecnocientíficos (sustitución de unas técnicas de investigación por otras, revisión constante de los intereses en juego, heterogeneidad de situaciones de hecho, legislación cambiante...) lo que nos induce a pensar que estamos ante un sistema dinámico y complejo. En la actualidad, las cuatro causas de indignidad constituyen el objeto material bioético más importante y en torno al cual se desenvuelven la mayor parte de las discusiones.

Teniendo en cuenta el número de ponencias y comunicaciones presentadas a lo largo del Congreso, y con el objeto de evitar interrupciones innecesarias en nuestro análisis, no figurará en el propio texto las referencias a las ponencias y autores. Junto a las ideas, expresiones y manifestaciones seleccionadas figurarán numeradas de la siguiente forma, por ejemplo: idea X [1], y como referencia a pie de página el autor y título de la ponencia y comunicación.

Con respecto al sida y drogas, se detectaron en las razones, las siguientes anomalías:

Salud física y mental

1) Treinta y nueve millones de enfermos (ONUsida: noviembre 2002, cuarenta y dos millones) abocados a la muerte por carecer de los medios económicos necesarios para el tratamiento viven en los países del Sur (o en desarrollo). [1]{16}

2) La agencia de Naciones Unidas ONUsida ha estimado que sólo el 2% de las personas actualmente infectadas reciben la terapia antirretrovírica. [1]

3) La falta de acceso a medicamentos básicos no se limita al SIDA, también ocurre con otras enfermedades que arrastran a la muerte a millones de personas pobres cada año, como las infecciones respiratorias, la malaria y la tuberculosis. [1]{17}

4) En este contexto de patente desigualdad norte/sur, hay quien sostiene sin ningún recato moral que la parte de investigación que se podría deslocalizar hacia países en desarrollo son los ensayos clínicos, ya que las personas pobres cobran menos a cambio de que experimenten con ellas (The Economist, 29-1-2000, 83-4). [1]

5) Resolución 2001/21 de la Comisión de NU sobre derechos humanos: el acceso a los medicamentos es un elemento fundamental para la progresiva plena realización del derecho de todas las personas a disfrutar de los mayores niveles alcanzables de salud física y mental y requiere a los estados que aseguren que la aplicación de los acuerdos internacionales es compatible con la salud pública.

6) Manifestaciones de los enfermos de sida: –Sentimos haber llegado a un grado de saturación tal en lo que a la enfermedad respecta, que estamos siendo capaces de olvidar a los enfermos. –Hay quienes se han negado a ser participes de un mundo, donde la diferencia entre médicos y científicos dirimen la diferencia entre enfermos y enfermedad y han sido enviados al infierno del olvido y la incomprensión. –Mantenemos la convicción de que en nuestra pelea lo importante es el individuo, y no el número. –Porque, aun unidos por la enfermedad, queremos que se nos respete la autonomía de nuestro pensamiento, como algo único e improbable sin nuestra existencia. –Exigimos la oportunidad de morir en libertad, lejos de las rejas de las prisiones y de las alambradas que tiende una justicia que no entiende de asistencia social y sanitaria. –Nos sentimos valedores de unos valores y unos sentimientos que la macroeconomía y los desarrollos empresariales no contemplan. [2]{18}

7) Rápida reducción de la incidencia de sida, superior al 60% en los cuatro años siguientes (1998-2000) y una caída de la mortalidad del 67% en sólo dos años Se han producido descensos en todas las categorías de transmisión, aunque en menor medida en la transmisión heterosexual, especialmente en mujeres. Persisten algunas categorías de exposición, como los hombres homosexuales y las parejas de personas infectadas por el VIH, que tienen un curso menos positivo. [3]{19}

8) La evolución de la epidemia en los últimos años en España puede considerarse favorable ya que están reduciéndose las nuevas infecciones y ha caído marcadamente el número de casos de sida y de fallecimientos por esta causa. Sin embargo, esto no significa que la magnitud de la epidemia se esté reduciendo. Se siguen produciendo nuevas infecciones cada día y el número global de personas que viven con el VIH es mayor debido al aumento de la supervivencia En España se estiman en 120-150.000 las personas con infección por VIH, es decir, 3 de cada 1000 habitantes.[ 3]

Salud política, jurídica , económica y social
Política:

1) Los gobiernos intervienen activamente en los mercados farmacéuticos, regulando los aspectos sanitarios, los precios, &c. [1]

2) En Europa se expresa la preocupación porque EEUU está tomando la delantera como lugar para localizar la investigación. [1]

3) Necesaria adopción de medidas por parte del sector público, a nivel nacional e internacional. [1]

4) Beneficios extraordinarios Las empresas fijan en cada mercado el mayor precio posible al no contar con competencia. [1]

5) La OMC es la única organización económica de ámbito mundial con capacidad efectiva de sancionar, a través de su Órgano de Solución de Diferencias (OSD), a los países por el incumplimiento de sus normas. [1]

6) El problema de las represalias cruzadas: por ejemplo, una sanción comercial por violar el ADPIC.

7) EL ADPIC Acuerdo sobre aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (marco de la OMC) el ADPIC es fruto directo de la presión de las mismas empresas que se benefician de él. (Ver referencia a pie de página).{20} [1]

8) La IV Conferencia Ministerial de la OMC, celebrada en noviembre de 2001 en Doha{21}, dio lugar a una declaración sobre el ADPIC y el derecho a la salud. En ella se reconoce que el derecho de los países a tomar medidas para proteger la salud pública prevalece sobre la propiedad intelectual, pudiendo por tanto adoptar las cláusulas de salvaguardia (licencias obligatorias e importaciones paralelas) previstas por el ADPIC. Esto supone un espaldarazo a la producción de genéricos en el Sur, hasta ahora cuestionada por la industria farmacéutica del Norte. Queda pendiente aclarar en el seno de la OMC antes de fin de 2002 cómo podrán beneficiarse de esta declaración la mayoría de los países del Sur, que no cuentan con una industria farmacéutica local capaz de producir los medicamentos bajo una licencia obligatoria, ya que su importación podría entrar en conflicto con otras disposiciones del ADPIC. Las ONGDS han tenido un papel relevante en esta campaña.

9) Demandas y peticiones: [2] –nos atrevemos a exigir unos parámetros distintos, con los que medir la enfermedad, empezando por el reconocimiento y la acción comprometida, para evitar el desarrollo de la pandemia, como por una asistencia sanitaria y social sobre todos los afectados por el VIH/SIDA. –Nos hemos dado cuenta de que nuestro objetivo y nuestras funciones escapan ya del entorno que nos rodea. –Hemos de enfrentar el concepto de solidaridad contra el de justicia que nunca debimos olvidar. –Y queremos levantar frente a los Estados una bandera común donde tres palabras brillen con luz propia: Autonomía, Acción, Justicia. –Sentimos la obligación de exigir una difusión clara y concisa, a través de los distintos medios de comunicación, de la situación actual de la pandemia, y de recordarles que las medidas de prevención deben seguir siendo noticia mientras existan nuevos casos, y que de ningún modo podemos bajar la guardia. –Los medios deben ser conscientes del drama que aun hoy en día supone vivir con la enfermedad en todos sus aspectos el humano, él medico, el económico y el social. No querer ser reflejo de esas situaciones supone un grave delito contra la sociedad y una responsabilidad en la expansión del VIH. –Quedan lejos aquellas organizaciones ciudadanas que fueron capaces de levantar la bandera del respeto, la justicia y la tolerancia. –Reneguemos de cualquier gobierno, fuera cual fuere su signo, que pretenda lavar la cara de un problema que nos afecta a todos, olvidando al todo. Y reneguemos de sus cómplices, de algunos colectivos, que han sido capaces de vender su integridad por unos miles de euros. No hemos sido las ONGs quienes nos hayamos dado cuenta del producto de nuestro hacer: muertes sobre muertes, pobreza sobre pobreza, marginación sobre marginación e ignorancia sobre ignorancia.

10) El progreso de las medidas de prevención: lo que ha cambiado: En los últimos años se produce una respuesta consensuada, coordinada por la Secretaría del Plan Nacional sobre el Sida del Ministerio de Sanidad y Consumo. El Plan Multisectorial 1997-2000 se planteó con la finalidad de potenciar las acciones contra el sida, movilizar recursos y facilitar apoyo técnico y económico a los programas y actividades de prevención desarrollados por otras administraciones u organizaciones públicas o privadas. Se asentaba sobre dos grandes pilares: la prioridad otorgada a la prevención y la transversalidad como estrategia. Estos siguen siendo los ejes del nuevo Plan 2001-2005 que define los objetivos y la estrategia frente a la infección por VIH para los próximos 5 años, refuerza las líneas desarrolladas en el plan anterior y propone respuestas a las nuevas necesidades marcadas por la evolución de la epidemia. .[3]

Jurídica:

11) Las diferencias de regulación entre países (industria farmacéutica) hacen que la industria tenga una estructura multidoméstica. [1]

12) EL ADPIC (Acuerdo sobre aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio, marco de la OMC),

13) Las legislaciones laxas sobre patentes ha favorecido a la industria farmacéutica de algunos países del Sur, como Brasil o India, al igual que anteriormente a la de países como Japón, Francia, España o Suiza. Ejemplo, India. (Chang, 2001) [1]

14) Gran impulso legal desde 1997 al no ser ya necesario enumerar todos los efectos secundarios que puede tener el medicamento (The economist, 21-4-2001). [1]

Económica:

15) Patentes y precios de los medicamentos. Bajo unos principios comunes recogidos por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), cada país ha regulado los derechos de autor, marcas registradas y patentes en función de las prioridades de su desarrollo económico. Y en lo que se refiere a la industria farmacéutica, sin menospreciar la importancia de las marcas, que son una gran fuente de beneficios (Aspirina, por ejemplo), las patentes resultan decisivas para cubrir los gastos de investigación y desarrollo. [1]

16) Enorme desigualdad en la distribución de la renta que caracteriza al mundo actual, donde el 10% más rico de la población tiene una renta por habitante 27 veces mayor que la del 10% más pobre (PNUD, 2001). [1]

17) Con un número reducido de nuevos medicamentos exitosos las empresas tienen aseguradas unas grandes facturaciones y beneficios: blockbusters. Sin embargo, el número de estos grandes éxitos puede declinar en el futuro (O'Reilly, 2001). [1]

18) Efectos del ADPIC, previsiones: Keith Maskus (citado por Abbott, 2001, 9) «cabe esperar un incremento de los precios sin ninguna garantía de que aumente el acceso a nuevas medicinas para las enfermedades que prevalecen en los países del Sur económico, dada su escasa rentabilidad potencial con o sin patentes. Se trata por tanto de intereses encontrados: por un lado las empresas farmacéuticas del Norte, por otro los gobiernos del Sur que luchan activamente por generalizar los tratamientos existentes contra el SIDA. Y de hecho ya se han enfrentado en varias ocasiones, algunas muy conocidas» Ejemplo: el caso de las grandes multinacionales farmacéuticas contra el gobierno de Sudáfrica.{22} [1]

Social:

19) Además, hoy en día se enfrentan enfermedades que son de difícil resolución: el cáncer, la artritis, la esclerosis múltiple, &c. La I+D en productos nuevos es arriesgada para las empresas y algunas prefieren trabajar en alterar los productos viejos (Taggart, 1993, 13). [1]

20) La investigación farmacéutica no se orienta principalmente hacia las enfermedades de la mayoría de las personas, sino hacia los males característicos de las sociedades del Norte, donde se concentra su mercado y habita algo menos del 15% de la población mundial. [1]

21) Las enfermedades típicas de los pobres quedan así olvidadas, ya que su escaso poder adquisitivo implica poco negocio potencial (PNUD, 1999). [1] (A.2)

22) Factores específicos: a) el derecho a la salud Se trata de un derecho humano fundamental, b) Por otro lado, en muchos casos los medios existen, pero a precios prohibitivos, y en otros hay una flagrante falta de investigación y desarrollo de nuevos fármacos, dada la escasa capacidad adquisitiva del mercado potencial, c) Y en todo esto desempeñan un papel relevante la estructura del sector farmacéutico y la regulación internacional de las patentes. [1]

23) En el contexto del vigente sistema de patentes, el ya de por sí limitadísimo acceso a medicamentos básicos por parte de las personas pobres del Sur tiende a agravarse. [1]

24) Efectos campaña ADPIC: –La Organización Mundial de la Salud (OMS), incluye ahora el acceso a los medicamentos genéricos y las repercusiones del ADPIC entre sus prioridades, aunque haya quien considere que se decanta por la industria (Motchame, 2002). –Resoluciones tan interesantes como la de 2000/7 de la Subcomisión de Derechos Humanos de NNUU, que denuncia las 11 implicaciones negativas del ADPIC sobre los derechos a la alimentación y la salud, y afirma su primacía sobre los políticas económicas y la propiedad intelectual, sosteniendo que las patentes sobre productos farmacéuticos deben estar al servicio del bienestar social. –Resolución 2001/21 de la Comisión de NNUU sobre Derechos Humanos (ver en salud física y mental punto 5) –Una vez que el ADPIC entre plenamente en vigor al acabar los periodos transitorios, esta competencia de los genéricos va a desaparecer por lo que los precios de monopolio volverán a ser muy elevados. Y es que el caso de los tratamientos actuales del VIH-SIDA son una excepción debida a una potente campaña internacional.

Salud bio-técnica

1) La estructura del sector farmacéutico: [1] –Oferta crecientemente concentrada en empresas de los países industrializados del Norte, que suponen más del 90% de la producción mundial y el 97% de las actividades de investigación y desarrollo (EFPIA, 2000). –Existen tres tipos principales de medicamentos: los patentados, los genéricos (en principio, libres de patente) y los dispensados sin receta médica u OTC (Over The Counter). –Existen diferentes tipos de empresas farmacéuticas: a) Las innovadoras. Las realmente fabricantes de nuevos compuestos químicos farmacéuticos e investigadoras son unas 100 a nivel mundial. Suponen entre el 40 y 60% del mercado en los países avanzados. b) Las que concentran su actividad en la producción de genéricos o medicamentos sin receta.-Suelen ser compañías nacionales dedicadas a la manufactura y comercialización de productos farmacéuticos, pero no a la investigación (Gambardella et al., 2001, 2-3), c) Las nuevas empresas biotecnológicas. Surgieron en la década de 1980.

2) Industria liderada por las empresas innovadoras: [1]En su inmensa mayoría pertenecen a los países industrializados.Las fusiones y adquisiciones (desde la década de los ochenta) han sido particularmente intensas durante los últimos años, acompañado de una progresiva separación de las farmacéuticas respecto de las empresas químicas de las que antes eran una sección (UNCTAD, 2001, 96). –Concentración mucho más elevada en submercados terapéuticos específicos: determinados antibióticos, analgésicos concretos &c. (Taggart, 1993, 28; Duetsch, 1998, 105).

3) Comercio internacional: desigualdad norte-sur [1] –Sólo unos pocos países del Sur económico, los más avanzados entre ellos, han logrado desarrollar la industria farmacéutica, como la India, Tailandia, Indonesia, Sudáfrica o Brasil. –Los países industrializados son exportadores netos de medicinas, mientras que los países en vías de desarrollo son importadores netos, aunque hay excepciones como la India, que es exportador neto desde finales de la década de 1980.

4) Demanda centrada en el norte económico: [1] –El Consumo está muy concentrado en los países industrializados: En el año 2001, entre América del Norte (47,2%), Europa (23,7%) y Japón (12%) suponen el 83% del mercado mundial (EFPIA, 2002). a) Estados Unidos ha incrementado mucho su parte durante los últimos años, en detrimento de Europa y Japón. En ello han influido diversos factores: la reestructuración del sistema sanitario estadounidense, el mayor precio de los fármacos en EEUU, el impacto de la publicidad, &c. b) 2001: América del Norte (47,2%), Europa (23,7%) y Japón (12%) suponen el 83% del mercado mundial (EFPIA, 2002). c) África solo supone el 1% del mercado mundial de fármacos (Pfizer, 2000) mientras que la India, con mil millones de habitantes, gasta lo mismo en medicinas que siete millones de suizos (Gerster, 2000). (A.3)

5) El marketing, decisivo en el norte [1]. –El gasto en marketing es un elevado coste fijo que, al igual que la investigación, dificulta la entrada de nuevas empresas en el sector y facilita el monopolio. –Area de colaboración y alianzas estratégicas entre las empresas farmacéuticas. –Rasgos particulares: i) La decisión final de adquirirlos no la realiza el consumidor o paciente, salvo en los fármacos expedidos sin receta, sino el médico que prescribe la medicina. éste no se preocupa demasiado por su coste. ii) Utiliza en sus principales mercados un elevado número de visitadores médicos, que deben ser personal cualificado, para acceder a los médicos mediante entrevistas cara a cara y realizar auténticos ejercicios de persuasión.

6) La investigación, base del sector, olvida las enfermedades del sur. [1] –La biotecnología ha encarecido la investigación y ha hecho aumentar la importancia de la colaboración entre los distintos agentes investigadores tanto privados como públicos. –No todas las patentes farmacéuticas son obtenidas por las empresas privadas. La investigación en productos realizada por las empresas farmacéuticas privadas o biofarmacéuticas interactua con la investigación en problemas realizada por las universidades, hospitales y centros médicos (Duetsch, 1998, 102). [1]

7) Generalización del sistema de patentes a todos los campos de la tecnología con la consiguiente controversia sobre la patentabilidad de formas de vida, y con una duración mínima de 20 años del monopolio otorgado. Esto beneficia a las grandes empresas multinacionales radicadas en los países del Norte, que son propietarias de la inmensa mayoría de las patentes (PNUD, 1999). ). [1]

8) EL ADPIC (Acuerdo sobre aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio, marco de la OMC). [1]

9) A diferencia de Europa, la publicidad directa al consumidor es legal en EEUU desde 1985. [1] (A.3)

10) En 2000 las empresas farmacéuticas innovadoras de Estados Unidos empleaban un 81% más de personal en marketing que en investigación y desarrollo.[ 1]

11) Los ensayos clínicos: [1] a) Se efectúan en animales y en personas enfermas, normalmente varones. b) Las exigencias de los gobiernos han aumentado y estos ensayos clínicos se han encarecido mucho y produce cada vez menos resultados.

12) En Europa también preocupan los costes del sistema público de salud, debidos en parte al envejecimiento de la población, pero también a los precios de los fármacos, por eso se vigila cada vez más a las empresas farmacéuticas. [ 1]

13) Necesidad de intervención activa del sector público, limitando las patentes e impulsando la I+D sobre las enfermedades olvidadas [1]

14) Mercado insuficiente para satisfacer las necesidades sanitarias de la humanidad: los beneficios de la industria farmacéutica crecen hasta límites insospechados, pero la desatención de la mayoría de los seres humanos prevalece. [1]

15) Posibles soluciones: [1] –medidas tendentes a promocionar la investigación sobre las enfermedades olvidadas pasan por la transferencia de tecnología que posibilite la I+D y la producción local de remedios. –dadas las carencias tecnológicas de la mayoría de países del Sur, habría que empezar por los que poseen mayor desarrollo en su industria farmacéutica, permitiendo que estos suministren al resto a precios bajos. –La financiación de este tipo de iniciativas debe descansar prioritariamente en los gobiernos, tanto del Norte como del Sur, contando con la implicación de la investigación privada sin ánimo de lucro y la colaboración de organismos internacionales. –obligar a las empresas del Norte a dedicar una parte de las ganancias que obtienen gracias a las patentes a actividades de I+D relativas a las enfermedades olvidadas (Trouiller et al., 2002). –reconsideración del sistema de patentes, que no se olvide son una concesión estatal de un monopolio temporal, ya que el presunto arbitraje entre incentivo a la investigación y bienestar público se ha mostrado claramente escorado hacia el lado de las empresas.

16) Éxito de la transversalidad: Las comunidades autónomas, los Ministerios de Interior (Plan Nacional sobre Drogas, Instituciones Penitenciarias), de Educación, Cultura y Deporte, de Trabajo y Asuntos Sociales y de Defensa, los colegios profesionales de farmacéuticos y médicos, las sociedades científicas y las organizaciones no gubernamentales han trabajado conjunta y coordinadamente. Con las ONGs se planteó como objetivo potenciar su actividad, apoyándolas técnica y financieramente, pero sin delegar ni renunciar a aquellas responsabilidades que corresponden a la administración. Sin las asociaciones, su credibilidad y su enorme capacidad de trabajo, los servicios públicos no hubieran podido alcanzar a determinadas poblaciones marginales y de difícil acceso. Pero, sin dejar de reconocer el papel esencial que corresponde a las ONGs, tanto directamente como interviniendo como mediadoras, muchas de las actividades se deben orientar hacia la normalización e integración en la red sociosanitaria. [3]

[1] Esta primera ponencia conecta la enfermedad del VIH con la problemática macro siguiente: la situación de indignidad recurrente que supone la injusticia distributiva en el suministro de antirretrovirales por parte de las empresas multinacionales farmacéuticas a causa de la deficiente regulación y control político internacional del sistema de patentes. Si bien, en principio, esta idea se corresponde con el objeto de la ponencia, otra de las cuestiones de fondo hace referencia a los graves perjuicios que va a suponer en un futuro inmediato la indiferencia de los Estados y la avaricia de las multinacionales en el mantenimiento del actual sistema de patentes. Esta constante se manifiesta en la variable que explica la finalidad del ADPIC y las consecuencias futuras que tendrá sobre la creación de genéricos, sobre el coste de los medicamentos, la investigación y el acceso a los mismos para una parte de la humanidad.

A.1. Inseguridad biológica

Esta variable se conecta con los efectos del ADPIC transcurridos los períodos transitorios y con la ausencia de control político respecto al sistema de patentes, pues se prevé en un futuro inmediato un notable incremento de los precios de los medicamentos y el encarecimiento de los sistemas públicos de salud a nivel mundial.

Para entonces la precariedad de la situación de los países víctimas del sida y otras enfermedades epidémicas puede desbordarse si no se interviene a tiempo.

Las empresas multinacionales farmacéuticas justifican la ausencia de interés por las enfermedades propias de los países en desarrollo a causa del alto coste de producción e investigación de estas enfermedades y el escaso rendimiento económico que se obtiene en estos mercados.

«Seamos sensatos», a las empresas multinacionales del sector no les interesa ni las enfermedades comunes, ni las raras, ni las víricas, ni el tercer mundo. Se trata de una cuestión estrictamente económica y mercantil, los rendimientos en los mercados occidentales son muy altos y no conviene siquiera mirar de reojo hacia el sur. Esta es la cuestión central. La discriminación entre investigaciones preferentes y no preferentes tiende hacia el estudio de las enfermedades del mercado más rentable. Si el curso de los acontecimientos se sigue manifestando tal y como hasta ahora, con intervenciones mínimas y poco comprometidas con el 85% de población mundial que no tiene acceso a tratamientos específicos, podemos decir sin reparo alguno que se va a producir un exterminio masivo de población para finales de siglo. Los expertos en población aseguran que la sobrepoblación de estos países tiende a aumentar, que la incidencia de enfermedades es porcentualmente menor si los comparamos con los índices de crecimiento de la población, negando rotundamente la existencia de un riesgo de muerte generalizada. Esta idea la rechazamos absolutamente por un motivo técnico, estos expertos, no computan en sus análisis dos cuestiones esenciales, la incidencia de los flujos migratorios en el desarrollo de las enfermedades y los nacimientos problemáticos fruto de las enfermedades parentales. Es decir, la esperanza de vida, tenderá a reducirse espectacularmente como consecuencia de las anomalías y defectos biológicos manifestados por los nacidos en el tercer mundo hijos de padres enfermos. El aumento de los índices de mortalidad no es tan descabellado a la vista de los acontecimientos. Naciones Unidas calcula a fecha de cierre de este trabajo que el número de enfermos de Sida alcanza ya la cifra de cuarenta y dos millones de personas, y que el ritmo de infección se podría incrementar en un promedio de diez años en veintinueve millones de personas más.

Otra de las manifestaciones de inseguridad biológica que corre la especie humana hace referencia al despropósito de algunos científicos animando a la deslocalización de los estudios de ensayos clínicos en países del tercer mundo. Estamos ante una nueva forma de indignidad «latente» que plantea muchas interrogantes sobre su existencia actual. A lo largo del Congreso, se expresó la duda por parte de algunos médicos africanos con referencia a determinados medicamentos suministrados gratuitamente a algunas poblaciones africanas. Temían que se tratasen de ensayos clínicos para «coballas» y no de medicamentos stricto sensu generosamente donados por determinados países. La desinformación que cuentan las poblaciones con respecto a la diferencia entre genéricos y medicamentos patentados es total. Deberían promoverse campañas de información por parte de Naciones Unidas y la OMS para evitar que en un breve lapso de tiempo nos encontremos ante un nuevo tipo penal de violación sistemática de los derechos humanos. Pero la inseguridad biológica del tercer mundo no es la única que está en juego. La nueva regulación jurídica norteamericana ha dado un gran salto en el año 1997 a favor de las multinacionales farmacéuticas restringiendo la obligatoriedad de especificar los efectos secundarios de los medicamentos destinados al consumidor. Pero, ¿Cuál es la causa del incremento de este riesgo? El actual proceso de globalización a nivel mundial consiste en una partida de ajedrez sin fin, en el que se mueven las casillas sin respetar reglas de ningún tipo, y los riesgos de jaque mate a nivel mundial son cada vez más altos e insospechados. Pero no es la única, veamos algunas otras.

A.2. Insolidaridad

El derecho de acceso a los medicamentos en condiciones de igualdad para lograr el mayor nivel de salud física y mental constituye uno de los elementos esenciales del derecho a la salud, reconocidos jurídicamente por la Resolución 2001/21 de la Comisión de NNUU sobre Derechos Humanos. El acceso a los medicamentos en condiciones de igualdad precisa para la supervivencia del planeta un fuerte compromiso estatal; la promoción de la I+D en primer lugar a las pandemias y epidemias con mayor índice de presencia. Las estrategias nacionales e internacionales se centran en prevenir el contagio a través de campañas de información a los ciudadanos. Si bien es cierto que estas campañas operaron positivamente en Occidente, resultan insuficientes para contener las epidemias. En este punto, nos encontramos con un problema colateral a todas luces trascendental, las incertidumbres de la epidemiología actual. La epidemiología se encuentra dividida y en fase de construcción por divergencias metodológicas y disputas acerca de las variables y criterios utilizados en la obtención de resultados. La doble cara de la moneda parece presentar los mismos rasgos. Los intereses de las multinacionales farmacéuticas que dirigen sus investigaciones hacia el mercado más rentable y a las enfermedades cuyos tratamientos se puede producir a bajo coste, y por otro lado, la repetición y realización de estudios sin fundamento es el caos entre causas, objetivos y fines. Una parte de la epidemiología actual se aferra a la obtención de resultados sobre cuestiones tan interesantes como: «ser zurdo y necesidad de resucitación entre recién nacidos»; «defectos congénitos y mantas eléctricas»&c. No se entiende que estudios de este tipo sean aprobados por parte del Estado, pero varias son las causas de esta situación. Los principales síntomas de enfermedad que presenta la epidemiología actual serían los siguientes: a) Reduccionismo biofisiológico, b) Absorción por la biomedicina, c) Ausencia de una verdadera teoría sobre las causas, d) Pensamiento dicotómico sobre la enfermedad (cada persona está enferma o está sana), e) Amasijo de factores de riesgo, f) Confusión entre asociaciones, g) Dogmatismo sobre los diseños aceptables, h) Excesiva repetición de estudios.

En los estudios epidemiológicos se estudian las causas inmediatas (bomba), pero se olvidan permanentemente las causas distantes (bombardeo), es decir racismo, desigualdad, violencia, inseguridad ciudadana, stress, pobreza, adicciones, que hacen alusión a las cuatro causas apotéticas que metafóricamente encontramos en los temas del congreso: Situaciones de indignidad recurrente, de clara insolidaridad, problemas de injusticia distributiva e inseguridad biológica. La epidemiología tiene problemas también para definir qué es un factor de riesgo. Se plantean definiciones tan interesantes e innovadoras como la de Piédrola que entiende el factor de riesgo como el «factor endógeno o exógeno que puede ser controlado, precede al comienzo de la enfermedad, se encuentra asociado a un incremento de la probabilidad de incidencia en una enfermedad y tiene responsabilidad en su producción».El problema fundamental se plantea en al determinación de los factores que podrían incluirse en la misma. Una parte de la epidemiología admite las limitaciones de los estudios y se muestra interesada en modificar los parámetros de los mismos, pensando colectivamente. En el caso de los programas preventivos, éstos han tenido gran éxito con respecto al VIH, (es el caso de España), además precaven contra algunas prácticas o condiciones que se asocian a la esfera de la conducta (colesterol, tabaquismo, obesidad, &c.), males occidentales distintos de los que se suceden en otra parte del globo. En los países del tercer mundo las personas se mueren por hambrunas, sida, malaria, tuberculosis, hasta por una simple gripe, y en Occidente las personas se mueren por prácticas sedentarias y excesos. Se trata de dos líneas discontinuas y paralelas que jamás se encuentran pero que discurren en el mismo espacio sin fin. Es importante que la epidemiología reconstruya sus presupuestos ontológicos, produzca análisis multinivel integrando al sujeto como parte de un grupo particular con presencia en una comunidad determinada.

La falacia ecológica de centrar los análisis y estudios en el ámbito familiar debe superarse identificando los determinantes de la salud en una población y debe complementarse con recursos cuantitativos e históricos. Debe tenerse en cuenta que existen factores que son buenos predictores de los riesgos de contraer una enfermedad pero que no tienen ningún efecto causa. Nos parece oportuno que la epidemiología no se margine de la epidemiología infecciosa e incluso interactúe con la misma favoreciendo a otras sociedades que no sean las occidentales. Es exigible una visión comunitarista y colectiva de los problemas globales, los efectos positivos de la globalización deben estar al alcance de todos. Consideramos que la epidemiología así contextualizada constituye un ámbito nuevo desde el que operar para la resolución de los problemas desde la perspectiva macro.

Las manifestaciones de solidaridad, con respecto a la epidemia de VIH, han promovido una fuerte campaña internacional para la disminución de los precios de los antirretrovirales y facilitar la creación de genéricos a bajo coste con capacidad para incorporarse al mercado de las poblaciones afectadas y llegar a los enfermos lo más rápidamente posible. La tarea de distribución exige un fuerte voluntarismo tanto político como social en las sociedades receptoras. Esta necesidad es inmediata, la fuerte campaña internacional promovida en la lucha contra el VIH tiene que ver específicamente con el grado de indignidad que se plantea en esta situación. Hablamos de treinta y seis (ONUsida cifra el número de infectados ya en estas fechas a cuarenta y dos millones de personas) y sólo un 2% de los enfermos tiene acceso a los antirretrovirales y carecen de la atención médica adecuada. No sólo se viola el derecho humano a la salud, sino el principio de igualdad, equidad y dignidad, elementos esenciales del ideario bioeticista. Pensamos que está todo por hacer. Detrás del telón, indiferentes al genocidio se sitúan los actores de