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El Catoblepas, número 14, abril 2003
  El Catoblepasnúmero 14 • abril 2003 • página 8
Política

El síndrome antinorteamericano

Gustavo Bueno Sánchez

Hoy son antinorteamericanos muchos de quienes se oponen a cualquier forma de poder, casi todos los que apoyan a otros poderes enfrentados (el Islám, China, la Europa de Francia o Alemania) y entre nosotros, muy particularmente, quienes odian a España, desde la secesión o el autodesprecio

Monumento al Che Guevara en el Mausoleo de la Plaza de la Revolución de Santa Clara (Cuba) Hace treinta años mantenía pleno vigor el mensaje del Che Guevara a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental (abril 1967): «Crear dos, tres... muchos Vietnam, es la consigna» (una consigna por cierto bien poco pacifista, aunque muchos de quienes hoy se manifiestan por la Paz no dudan en lucir el mítico retrato popularizado por Korda-Feltrinelli). Se decía entonces que tomar una Coca Cola equivalía a financiar una bala contra Vietnam. Yankees go home. Era el antinorteamericanismo de las izquierdas revolucionarias, prosoviéticas o prochinas.

Entre nosotros, además, importantes sectores del franquismo y de la falange habían alimentado sin tapujos un antinorteamericanismo prohispánico bien eficaz: desde el patriótico recuerdo del 98 y de quienes hundieron el Maine hasta Bienvenido Mister Marshall (al margen del criptocomunismo de cineastas que no desarrollaban su actividad precisamente en la clandestinidad y de las crecientes relaciones con los Estados Unidos: Torrejón, Rota, Morón...).

Sólo unos extravagantes de origen yanki como los Testigos de Jehová se negaban entonces al servicio de armas, y por el contrario, muchos jóvenes esperaban poder adquirir en la mili suficiente instrucción que pudiera ponerse en su momento al servicio del ejército popular de liberación. Chile había caído porque Allende era un socialdemócrata blandito que no había armado al pueblo, y los síntomas de estancamiento de la Unión Soviética se atribuían a la contrapropaganda de la guerra fría. Además siempre quedaba la esperanza de China para lograr el triunfo de la revolución mundial, que permitiera acabar de una vez con el capitalismo explotador.

Pero hace quince años, cuando tras la perestroika (otra transición también hábilmente diseñada) quedó neutralizada la Patria del Proletariado, el equilibrio alcanzado tras la segunda gran guerra (la ONU de los cinco estados vencedores con derecho de veto) y mantenido durante la guerra fría quedó definitivamente descompensado. Momento para sacar ventaja y tomar posiciones en el tablero universal.

Maximiliano de México, emperador títere de Francia cuando Napoleón III, es fusilado en Querétaro el 19 de julio de 1867 (cuadro del compungido Eduardo Manet)Jean Bédel Bokassa, Emperador del Africa Central, en la ceremonia de su proclamación en 1977 según coreografía napoleónica: presidia la Francia el europeista Valéry Giscard d'Estaing, gran amigo de los diamantes que le regalaba este emperador títere y canibal, luego exiliado en París

Alemania y Francia decidieron jugar de nuevo la carta de Europa. Quienes habían perdido la guerra (tras el freno de sus ansias imperialistas y racistas) entendieron la unificación como el inicio del renacimiento de esa gran Alemania capaz de incorporar restos del imperio soviético; en alianza estratégica con Francia, otrora enemiga suya y aliada de Estados Unidos, pero también insaciable en sus ansias imperiales no satisfechas desde el fracasado Napoleón (a los franceses les gusta recurrir una y otra vez a emperadores títeres a su servicio: desde el Emperador Maximiliano en México, fusilado en 1867 frustrando el afrancesamiento antihispánico ideado por Napoleón III; al socialista Sadam Husein, candidato a liderar un mundo árabe del que ellos pueden obtener barriles de petróleo a seis dólares a cambio de tecnología nuclear y armamento; pasando por el ex sargento colonial francés elevado a Emperador Bokassa, gourmet caníbal idóneo para explotar las riquezas centroafricanas, fallecido todavía en 1996 tras su dorado exilio parisino).

En el continente hispánico también se produjo la correspondiente reorganización de fuerzas (superada la época de la «revolución latinoamericana», de los dictadores bananeros y de los teocráticos teólogos de la liberación), con las Cumbres Iberoamericanas desde 1991 como símbolo y realidad: Academias de la Lengua, Telefónica, Mapfre, Santillana, Iberdrola, Santander Central Hispano...

George Walker Bush (1946) 43 Presidente de los Estados Unidos de NorteaméricaColin Powell (1937) Secretario de Estado norteamericanoDonald Rumsfeld (1932) Secretario de Defensa norteamericanoCondoleezza Rice (1954) Asesora de Seguridad Nacional norteamericana

Por su parte el Imperio que mantiene la Pax Guasintoniana, precisamente desde otro Capitolio, tuvo también que adaptarse al nuevo papel de guardián único de la civilización. ¿Podrían imaginarse quienes inflamaban las revueltas racistas de los años sesenta en Alabama, que en 2003 de las cuatro personas con más poder en Estados Unidos, dos son negros (una de ellas mujer): Colin Powell y Condoleezza Rice? ¿Cabía imaginar desde el antinorteamericanismo hispánico decimonónico –común tanto al independentista Martí como a los españoles– que Hollywood iba a convertir al emeritense Máximo en el héroe de la película Gladiador, en el «Hispano» aclamado por el pueblo romano-norteamericano, incluidos los negros, colaborador imprescindible en la tarea de mantener el Imperio libre de los bárbaros?

Tras la caída de la Unión Soviética la mundialización promovida por el imperialismo de Estados Unidos se llama globalización. Muchos antiglobalizadores son por tanto antinorteamericanos (aunque viajen a sus reuniones en aviones del Imperio y se alimenten de hamburguesas, coca cola y películas yanquis). Y además de quienes desde el nihilismo o el anarquismo se oponen desde el idealismo más ingenuo a cualquier forma de poder, también son antinorteamericanos quienes mantienen su propia voluntad imperial: desde China, desde el Islám, desde quienes gustan identificarse con Europa... y entre nosotros, muy particularmente, quienes odian a España, desde la secesión o el autodesprecio.

Texto solicitado y publicado por El Comercio (Gijón),
el jueves 13 de marzo de 2003, página 34.

 

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