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El Catoblepas, número 28, junio 2004
  El Catoblepasnúmero 28 • junio 2004 • página 2
Rasguños

Propuesta de clasificación
de las disciplinas filosóficas

Gustavo Bueno

Adenda al artículo «El proyecto Symploké»
publicado en El Catoblepas, nº 23, enero 2004

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Criterios (vinculados al materialismo filosófico) para la clasificación de las disciplinas filosóficas

1. En el párrafo anterior hemos indicado las razones que nos llevan a transformar (por generalización) la cuestión tradicional de la división de la filosofía (de divisione philosophiae) en la cuestión de la clasificación de la filosofía, cuando ésta se entiende, no ya en su sentido subjetivo (el «filosofar») sino en el sentido objetivo del conjunto de las diversas concatenaciones de ideas institucionalizadas que permiten atribuir a la filosofía una sustantividad institucional tradicionalmente (históricamente) reconocible en el «todo complejo» de la «Cultura» (en el sentido de Tylor) y, a su vez, diversificada en disciplinas reconocidas como tales en el terreno académico, bibliográfico o léxico (tales como «Ontología», «Teología natural», «Epistemología», «Filosofía de la Naturaleza» o «Filosofía del Derecho»).

Subrayamos que la razón principal de esta generalización, orientada a sustituir el proyecto de la división de la filosofía por el proyecto de una clasificación de la filosofía, no es otra sino el común sobrentendido de la división (divisio, diairesis) como un determinado «género» de clasificación, a saber, el «género» que comprende a las dos «especies» descendentes de la clasificación, es decir, a la clasificación descendente de las totalidades distributivas (o interpretadas como tales) –a las clasificaciones taxonómicas– y a las clasificaciones descendentes de las totalidades atributivas (o interpretadas como tales) –a los desmembramientos o particiones, es decir a la clasificación como partitio o merismós.

La división, en la lógica escolástica, «cubría» tanto a las taxonomías como a los desmembramientos, es decir, a las clasificaciones descendentes; si bien los desmembramientos se mantenían más cerca del merismós, o partitio, de la lógica estoica.

Según esto, hablar de la «división de la filosofía» equivaldría de algún modo a presuponer que la filosofía, en su sentido objetivo, se nos ofrece dada como un todo, como un «sistema compacto o cerrado» –vinculado, de un modo u otro al monismo metafísico, al modo del sistema hegeliano, cuando se interpretan sus partes como entretejidas, según una estructura matricial, entre la Lógica, la Filosofía de la Naturaleza y la Filosofía del Espíritu– que, sin embargo, conviene descomponer, por vía «descendente», sin perjuicio del artificio de esta descomposición en las «disciplinas» constitutivas de la «Enciclopedia de las ciencias filosóficas».

Ahora bien, cuando presuponemos, desde la perspectiva del pluralismo inherente al materialismo filosófico, que no cabe tomar, como punto de partida, un sistema filosófico cerrado o compacto, como materia o totalidad atributiva correspondiente a la filosofía objetiva, sino que el punto de partida han de ser las diversas series o concatenaciones de Ideas, de algún modo ya institucionalizadas, entonces queda fuera de lugar la cuestión de la división, pero no la cuestión de la clasificación de esas diversas series o concatenaciones de ideas dadas, siempre que esa clasificación sea interpretada, en sentido ascendente, es decir, en el sentido de las clasificaciones por agrupamiento (si el conjunto de partes se interpreta como constituyendo un todo atributivo), sea en el sentido de una tipología (si el conjunto de partes se interpreta como un todo distributivo).

2. En cualquier caso, la distinción entre las clasificaciones descendentes (divisiones o desmembramientos) y las clasificaciones ascendentes (tipologías o agrupamientos) no ha de entenderse como una distinción disyuntiva («dicotómica»). La interpretación dicotómica o disyuntiva de estas distinciones de la clasificación se mantiene más bien en el terreno abstracto, es decir, cuando abstraemos la materia clasificada, y nos atenemos a la forma holótica de la clasificación. Es el terreno en el que hemos de mantenernos en las exposiciones, en forma de tablas gráficas, de las clases de clasificación, como puedan serlo las exposiciones que en otros lugares (TCC, Vol. 1, Introducción, §25; Symploké, 11.4.2) hemos desarrollado de modos parecidos al siguiente

Según el género holóticoSegún el sentido de la clasificación
Descendentes
[divisiones]
Ascendentes
[tipificaciones]
Totalidades distributivasTaxonomíasTipologías
Totalidades atributivasDesmembramientosAgrupamientos

Dejamos de lado la cuestión de la determinación de la «clase de clasificación» en la que habría que incluir la clasificación de clasificaciones representadas por la tabla. Habría razones para considerar como tipos de clasificación a cada uno de sus cuadros –tipo α, tipo β, tipo γ, tipo δ– como se hace en Symploké, en cuyo caso estaríamos interpretando la tabla como una tipología; habría también razones para interpretar esta clasificación de clasificaciones como una taxonomía, si atribuimos a la idea de clasificación, como modus sciendi, la condición de un «todo genérico» que dividimos en sus especies. En todo caso, esta cuestión está vinculada a la discusión acerca de si las oposiciones entre las especies de clasificación son disyuntas o no lo son.

Y esta discusión cobra otro sentido cuando mantenemos la perspectiva abstracta o formal, a la que nos hemos referido, y cuando mantenemos la perspectiva material, es decir, cuando la referimos a una materia determinada (como pudiera serlo el conjunto N de los números enteros, el conjunto de los elementos químicos, el conjunto de los organismos vivientes o el conjunto de las «especies» de la Idea de clasificación).

En efecto, consideradas las clases de clasificación como referidas a una materia determinada, las relaciones de disyunción dicotómica tal como aparecen en el plano abstracto, se neutralizan de muchas maneras. Por ejemplo, y ante todo, por la posibilidad de concatenar, en una clasificación determinada (por ejemplo, en la clasificación de los elementos químicos en el sistema periódico) diferentes especies o clases de clasificación. Pero, sobre todo, porque los sentidos descendentes y ascendentes de una clasificación, cuando va referida a una materia determinada pueden interpretarse como fases continuas de un mismo proceso circular, a saber, la fase del progressus (del todo hacia sus partes) y la fase del regressus (de las partes al todo). Y estas dos fases pueden considerarse o bien como confluyendo en una misma o idéntica clasificación material, o bien como no confluyendo exactamente (es decir, como si a la división del todo en sus partes se superpusiera sin identificarse materialmente con ella, y aun como siendo inconmensurable, una tipificación o agrupamiento, como ocurre acaso en la confluencia de las clasificaciones cristalográficas de índole geométrica y en las clasificaciones cristalográficas de índole química).

En cualquier caso, la continuidad circular de las divisiones (o clasificaciones descendentes) y de las tipificaciones (o clasificaciones ascendentes) pueden seguir rutas que designaremos (si mantenemos la referencia a la tabla gráfica), como rutas horizontales (de taxonomías a tipologías o recíprocamente y de agrupaciones a desmembramientos o recíprocamente) y como rutas diagonales (de desmembramientos a tipologías, o recíprocamente, y de taxonomías a agrupamientos, o recíprocamente). Por ejemplo, una taxonomía podría continuarse por un agrupamiento que fuera confluyente, por la materia, con aquella, si esta materia pudiera ser interpretada en un principio como una totalidad distributiva (el conjunto N de los números enteros n se dividiría taxonómicamente en dos subconjuntos, el de los números pares 2n y el de los impares 2(n+1)); y también como una totalidad atributiva, la constituida por el conjunto N considerado como una serie infinita de números susceptibles de ser agrupados en otros dos subconjuntos infinitos, el de los pares y el de los impares (si postulásemos que pueden coordinarse biunívocamente con el todo, nos encontraríamos con la llamada «paradoja de Galileo», que compromete el «principio de desigualdad», según el cual el todo es mayor que la parte).

Un triángulo equilátero puede ser desmembrado (o partido) en función de sus medianas, en tres triángulos equiláteros; la agrupación de estos tres triángulos rectángulos nos devuelve al todo originario.

Estas consideraciones sobre la neutralización de las oposiciones clasificatorias según la interpretación que pueda recibir la materia clasificada son necesarias para disolver aparentes disyuntivas que podrían confundir el análisis. Valga como ejemplo la «unidad disciplinar» (gnoseológica) que se designa tradicionalmente, desde Andrónico de Rodas como «Metafísica de Aristóteles». ¿Se trata de una unidad resultante de la división o clasificación descendente (taxonómica o partitiva) de un todo previamente dado (como pudiera serlo el «conjunto de los tres grados de abstracción») o bien se trata de una unidad resultante del agrupamiento de un conjunto de tratados independientes (sobre la idea de sustancia, sobre la idea de todo, sobre la idea de unidad...) pero que no eran fácilmente integrables en otras disciplinas ya establecidas o institucionalizadas (éticas, físicas...) pero que «venían después de los tratados físicos»?

Concluimos redundando en la tesis inicial: que no es irrelevante, como mero asunto de purismo terminológico, subrayar la diferencia entre divisiones y agrupamientos en el momento de proponernos la empresa de establecer una clasificación de disciplinas filosóficas, porque esta diferenciación formal está arraigada, en nuestro caso, en el mismo concepto implícito del sistema filosófico (monista o materialista) que se mantenga. Pero como la diferencia formal puede estar «neutralizada» por una correspondencia o superposición de clasificaciones materiales (las líneas de la clasificación de las disciplinas filosóficas según C. Wolff pueden ponerse, en gran medida, en correspondencia con las líneas de la clasificación de las disciplinas del materialismo filosófico) la consideración de las diferencias formales entre las diferentes clases de clasificación comienza a ser verdaderamente decisiva. Y ello es lo que justificaría nuestra insistencia en el hecho de que la clasificación de las disciplinas filosóficas que presentamos tiene el sentido de un agrupamiento y no el de una división.

3. Tal como venimos entendiendo el alcance de una clasificación de las «disciplinas filosóficas», a saber, como clasificación de la multiplicidad de agrupamientos de las Ideas que presuponemos van apareciendo en el proceso de confrontación de los conceptos tecnológicos o científicos (categoriales) –por tanto, sin perder jamás la referencia a los fenómenos– y de las propias ideas entre sí, es evidente que esta clasificación habrá de estar orientada necesariamente en función de criterios que tengan que ver con las mismas ideas concatenadas por los diferentes «sistemas de concatenación» (en nuestro caso, por el materialismo filosófico).

Por la misma razón, supondremos que una clasificación, históricamente decantada, de las disciplinas filosóficas (pongamos por caso: la clasificación de los peripatéticos, la de los estoicos, la de los escolásticos, la de los hegelianos, &c.) habrá de estar vinculada a criterios inmanentes al mismo sistema, sin perjuicio de que muchas veces estos criterios vayan confundidos unos con otros por la propia inercia de la confluencia de las corrientes históricas.

Dicho de otro modo: una enumeración clasificatoria de las disciplinas filosóficas no podría considerarse como exenta o previa a los contenidos (o concatenaciones de Ideas) que puedan ser asignados a tales disciplinas. Es evidente que la disciplina «Teología Natural», en cuanto parte integrante de una clasificación global de las «ciencias filosóficas», está concebida en función de criterios «ontoteológicos» que, al menos, habrán de contemplar la posibilidad de la existencia de Dios (sin perjuicio de que se asigne a la disciplina teológica, como su primera tarea, la demostración de esa existencia); lo que no quiere decir que, en el supuesto de la cuestión «an sit Deus?» recibiera una respuesta negativa (incluso en el sentido de negar la posibilidad misma del «sujeto» de tal ciencia), la Teología Natural hubiera de ser enteramente borrada del cuadro de las disciplinas filosóficas. Una filosofía atea tendrá que reconocer al menos como idea institucionalizada, la propia idea teológica; en consecuencia, el materialismo filosófico podrá reconocer una «disciplina temática» (en el sentido que más adelante se explicará) organizada en torno a la Idea de Dios (no ya en torno a Dios); una disciplina –«Teología temática»– que no tendrá por qué estar subordinada a las demás o enmarcada en otra, como pudiera serlo la filosofía de la religión, como pretendió Max Scheler, aun cuando sí interactuando con ella a través de las religiones terciarias. La Teología temática, en el materialismo perdería, eso sí, en el conjunto de la clasificación de las disciplinas, la primacía jerárquica que le corresponde en la ontoteología. Y esto ya lo advirtió como posibilidad, precisamente el fundador de la Teología Natural, Aristóteles: «Si las sustancias físicas fuesen las primeras entre todos los entes, entonces también la física sería la primera de las ciencias. Pero si hay otra naturaleza o sustancia separada o inmóvil, otra será también necesariamente la ciencia que la estudie, y anterior a la Física, y universal por ser anterior» (Metafísica, XI, 7, 1064b).

En el materialismo filosófico, la Teología temática deja de ser filosofía primera; pero puede ser reconocida como disciplina temática, al lado, por ejemplo, de la Cosmología pura (como filosofía del espacio-tiempo absoluto), o al lado de la Pneumatología pura (como filosofía de las formas separadas); y no porque estas «disciplinas temáticas puras» sólo puedan recibir una justificación histórica o doxográfica, como disciplinas centradas en torno a ideas «residuales», porque también podrían entenderse como análisis de los «mecanismos» de su posible reconstrucción, como Ideas, en el presente.

Los seis criterios fundamentales para una clasificación de las disciplinas filosóficas desde la perspectiva del materialismo filosófico

4. Buscamos explicitar los criterios que actúan en la clasificación de las disciplinas filosóficas (clasificación que figura en la introducción del Diccionario Filosófico de Pelayo García Sierra). Estos criterios habrán de dar cuenta de las agrupaciones de los diferentes órdenes en los que la clasificación va estructurada (los títulos, adjetivados ordinalmente; los grupos, numerados con romanos; las líneas, con árabes; las rúbricas irán designadas por letras mayúsculas).

Los criterios son presentados en forma dicotómica, pero no tanto porque pretendan separar clases materialmente positivas (como puedan serlo la clase de los pares y la clase de los impares en N, antes citado; suponemos que el «conjunto de los impares» no es meramente negativo o complementario del «conjunto de los pares», puesto que un «entero impar» podría ser interpretado, al modo pitagórico, como un conjunto de números primitivos, precisamente por su indivisibilidad por dos).

Criterio 1: Sistemático / temático

Se sitúa en una perspectiva sintáctica. Desde ella las Ideas, aun supuestas siempre «en sociedad» podrán considerarse desde las concatenaciones o series identificables de Ideas (cuyos términos son las Ideas), o bien desde las Ideas en torno a las cuales se establecen aquellas concatenaciones (el equivalente de esta distinción en Geometría plana puede ser la oposición entre rectas, constituidas por puntos, y puntos que determinan rectas).

En función de este criterio, distinguiremos disciplinas sistemáticas (organizadas en torno a series o concatenaciones, en número indefinido de Ideas) y disciplinas temáticas (centradas en torno a un número finito de Ideas, y, en el límite, a una sola Idea) –y sólo a su través de otras Ideas que la rodean. Por tanto, también consideraremos como disciplinas temáticas a aquellas que se centren sobre dos Ideas (por ejemplo, «Naturaleza / Cultura» o «Espacio / Tiempo») o incluso de tres ideas definidas («Ciencia / Tecnología / Sociedad»). Las disciplinas temáticas engloban a las que se incluyen en los títulos primero, segundo y tercero; las temáticas, en el título cuarto.

Criterio 2: Especial / general

La oposición especial / general. El criterio tiene una inspiración sintáctica pero distingue dos situaciones: la de aquellas disciplinas que pueden considerarse circunscritas a un círculo limitado de Ideas, y la de aquellas disciplinas que desbordan cualquier círculo y, en principio, se extienden virtualmente a todos ellos.

A las disciplinas incluidas en la primera situación las denominaremos filosofías especiales (o «centradas»); a las disciplinas que puedan ser incluidas en la segunda situación, las denominaremos filosofías generales (o «trascendentales», en sentido positivo).

Las filosofías especiales son, ante todo, las temáticas; pero también son especiales las filosofías sistemáticas especiales. Las filosofías generales son siempre sistemáticas (es decir, no temáticas).

Criterio 3: Ontológico / gnoseológico

Este criterio se aplica sobre todo a las disciplinas generales, que son aquellas que se ocupan de Ideas o concatenaciones de Ideas trascendentales que suponemos representadas principalmente por la Idea de Realidad y por la Idea de Verdad.

Según el criterio 3 distinguiremos las disciplinas ontológicas y las disciplinas gnoseológicas. Sin embargo esta distinción también se aplica a las disciplinas especiales o centradas.

Criterio 4: Cosmológico / antropológico

El cuarto criterio es semántico y distingue las disciplinas filosóficas en función de los campos de su referencia.

La oposición principal es aquí la que distingue el espacio cosmológico (a su vez subdividido en inorgánico y orgánico) y el espacio antropológico (a su vez subdividido según sus tres ejes en circular, angular y radial).

Estas subdivisiones, sobre todo las del espacio antropológico, han de considerarse como abstractas, puesto que los ejes del espacio antropológico no son separables, sino únicamente disociables. No cabe hablar de una filosofía antropológica que se atenga a un eje puro (la filosofía de la religión, por ejemplo, no solamente va referida al eje angular, sino también al eje circular y al radial). Por consiguiente, las clasificaciones semánticas, según los ejes del espacio antropológico, habrán de entenderse en el sentido del eje predominante, o considerado tal, en el momento de concatenación de las Ideas respectivas.

Criterio 5: Morfológico / lisológico

Nuestro quinto criterio tiene en cuenta la distinción entre dos «escalas» aplicables en el tratamiento de un mismo campo, la escala que denominamos morfológica (que se mantiene a una distancia del campo tal que sea posible el reconocimiento de las configuraciones propias de ese campo en el terreno fenoménico –por ejemplo, tejidos, huesos, células... en el organismo; estructuras cristalinas, en los seres inorgánicos; instituciones políticas, artísticas, &c., en los campos antropológicos–) y la escala que abstrae esas morfologías, sin por ello desbordar los contenidos propios del campo de referencia: hablaremos de escala lisológica (de lissós, e, on, liso, pelado, sin relieve), puesto que la denominación «escala abstracta» (respecto de las morfologías) resultaría muy vaga y genérica. Por ejemplo, en los campos orgánicos, la escala lisológica determina conceptos o ideas tales como «vida», «muerte», «teleología», «reproducción»...; en los campos inorgánicos la escala lisológica nos ofrece conceptos tales como «gravitación», «masa», «acción y reacción», «tiempo o espacio»; en los campos antropológicos, conceptos o Ideas tales como «libertad», o «normatividad», son lisológicas antes que morfológicas. Los conceptos termodinámicos tales como p, v, t (presión, volumen, temperatura), son lisológicos; los conceptos tecnológicos tales como «termostato», «máquina de vapor», &c. son morfológicos.

El concepto de una escala lisológica no es, en consecuencia, un concepto primitivo, sino que está dado en función del concepto de escala morfológica; el carácter lisológico de un concepto o Idea es relativo a una morfología dada que actua como parámetro, no es absoluto, porque también los conceptos o Ideas lisológicas contienen componentes «heterogéneos» (morfológicos en su terreno).

La dialéctica de la distinción entre la perspectiva morfológica y la perspectiva lisológica desde la cual podemos organizar un campo dado reside en que, aun siendo, de algún modo, cada una de ellas la negación de la otra, sin embargo se implican mutuamente, y precisamente como «negación» una de otra. La perspectiva morfológica no es únicamente aquella que nos permite penetrar en el interior (en el detalle) del campo de referencia, dejando atrás, en consecuencia, la perspectiva lisológica como vaga, inicial o inmatura. La perspectiva lisológica es, sin duda, insuficiente, pero no por ello es menos necesaria. Sin ella, el tratamiento morfológico del campo, aun técnicamente superior, podría resultar desorientado en relación con otros campos de conceptos o de Ideas. En este sentido, la oposición entre la perspectiva lisológica y la morfológica podría ponerse en correspondencia (correspondencia no es identidad) con la oposición tradicional entre la distinción y la claridad de los conceptos o de las Ideas. Un concepto o Idea es «distinto» (en diverso grado) cuando sus componentes internos o de dintorno están bien diferenciados, lo que permite establecer sus interacciones; un concepto o Idea distinto se opone, por tanto, a un concepto o Idea confuso. En cambio, una Idea o concepto es «claro» cuando aparece bien diferenciado de su entorno (ya posea o no un contorno mejor o peor definido); es «oscuro» cuando las diferencias con su entorno no están bien definidas, como ocurre con los llamados «conceptos borrosos». Una Idea o concepto dado a escala morfológica puede ser distinta pero oscura; una Idea dada a escala lisológica, puede ser confusa, pero en cambio ser clara. Las llamadas «cajas negras» (en el terreno gnoseológico) podrían redefinirse, en cuanto lisológicas, como conceptos confusos (morfológicamente); y, sin embargo, claros. Un automóvil, un receptor de televisión, el organismo de un molusco, un Parlamento democrático son «cajas negras» para quien no sea experto en mecánica, en electromagnetismo, en anatomía o en politología; sin embargo, caben conceptos lisológicos (no morfológicos) claros y aún operatorios para quienes no son expertos pero si usuarios de un automóvil, de un receptor de televisión, de un molusco o de un Parlamento. Recíprocamente, con frecuencia un experto en morfología de automóviles es acaso peor conductor, o ni siquiera sabe conducir la máquina. Y otro tanto se dirá de un gastrónomo que diferencia especies de moluscos, por sus caracteres organolépticos, sin saber fisiología.

La distinción entre una escala morfológica y una escala lisológica, en tanto afecta tanto a conceptos como a Ideas, tiene también aplicación a las disciplinas filosóficas, especiales o generales. Desde luego, a la ontología: la doctrina de los géneros de materialidad (M1, M2, M3) está formulada desde perspectiva lisológica; la doctrina de la Scala Naturae es morfológica (en la ontología escolástica las Ideas trascendentales tales como «ser», «unidad», «realidad», «bondad», o incluso «potencia», «acto» estaban dadas a escala lisológica; las Ideas metafísicas de entidades tales como «Dios», «formas separadas», «formas astrales», &c., estaban dadas a escala morfológica).

Y en gnoseología, la gnoseología especial (de la Matemática, de la Biología, de la Física...) se despliega a escala morfológica, respecto de la gnoseología general, que es lisológica.

La oposición entre la escala lisológica y la morfológica es de contrariedad, puesto que encontramos escalas intermedias y, por tanto, grados diversos en la morfología y en la lisología.

Criterio 6: Doctrinal / proemial

El sexto criterio tiene en cuenta la oposición entre el ejercicio y la representación de la actividad filosófica implícita en la construcción de las disciplinas filosóficas, y distingue entre unas disciplinas doctrinales (cuyos contenidos están determinados por los campos respectivos, que descansan en última instancia en los fenómenos) y unas disciplinas proemiales, cuyo campo está constituido él mismo por las propias disciplinas filosóficas. Las disciplinas filosóficas proemiales tiene por tanto como campo a la propia filosofía.

Si aplicamos a la filosofía proemial la distinción expuesta en el criterio 5, entre la escala lisológica y la escala morfológica nos encontraremos aproximadamente, respectivamente, con dos disciplinas filosóficas ya consolidadas institucionalmente, a saber, la Filosofía de la filosofía (a veces llamada «perifilosofía» o «metafilosofía») y la Historia (filosófica) de la filosofía (en cuanto contradistinta de la Historia filológica o doxográfica de la filosofía).

La clasificación de la «Filosofía de la filosofía» o de la «Historia filosófica de la filosofía» dentro de la filosofía proemial (lisológica o morfológica) constituye en rigor una redefinición de estas dos disciplinas, cuyo estatuto en la «Enciclopedia» de las disciplinas filosóficas es siempre muy ambiguo. Sin duda, la Filosofía de la filosofía, tiene mucho que ver con la gnoseología; pero la Historia filosófica de la filosofía ya no queda coordinada de modo tan sencillo. Ordinariamente, la Historia de la filosofía, se considera como el equivalente, en Filosofía, a la «parte histórica» de la «parte sistemático-doctrinal» de las ciencias categoriales. Pero mientras que la historia de las ciencias categoriales no forma parte del sistema de estas ciencias, la historia de la filosofía constituye un contenido interno de la filosofía y, por ello, no cabe, sin más, reducirla a la condición de un apéndice sobre «cuestiones de génesis» de una «estructura» previamente establecida.

En cambio, cuando interpretamos a la historia de la filosofía como filosofía proemial lo que estamos afirmando en realidad es que la historia de la filosofía es una re-flexión sobre la propia filosofía. Pero una re-flexión objetiva (la reflexión subjetiva, nos llevaría al infinito: «reflexión de la reflexión», «reflexión de la reflexión de la reflexión», &c.) sólo parece posible cuando la materia sobre la que se reflexiona sean las mismas Ideas o sistemas filosóficos, pero considerados desde la inmanencia de algunos de ellos, tomados como plataforma. No cabe una historia filosófica de la filosofía concebida desde una plataforma que no sea ella misma filosófica. Lo que quiere decir que la historia filosófica de la filosofía es siempre una historia reinterpretada desde un sistema de referencia (Aristóteles dio la pauta al reinterpretar a las escuelas presocráticas desde su doctrina de las cuatro causas).

De este modo podremos advertir cómo la historia filosófica de la filosofía constituye una reflexión objetiva sobre el propio sistema filosófico que tomamos como plataforma; una reflexión objetiva, puesto que implica la confrontación del propio sistema con los demás y con su orden. Y, por ello mismo, una reflexión morfológica, puesto que es la historia la que nos ofrece las formas características que ha ido tomando a lo largo del tiempo el pensamiento filosófico.

14

Propuesta de clasificación
de las disciplinas filosóficas

Título primero:
Disciplinas filosóficas (sistemáticas) especiales («centradas»)

A'. Rúbrica primera: disciplinas filosóficas centradas en torno al espacio cosmológico

Grupo 0. «Filosofía de la Naturaleza»
Indicación de contenidos: El mito de la Naturaleza, Scala Naturae

Línea 1: Filosofía de lo inorgánico

Grupo I. Disciplinas cosmológicas abstractas («lisológicas»)
Indicación de contenidos: Espacio, Tiempo, Duración, Causalidad, Determinismo, Indeterminismo, Finitud o Infinitud del Mundo, Principio antrópico, Teoría del Big-Bang, &c.

Grupo II. Disciplinas cosmológicas «morfológicas»
Indicación de contenidos: De orientación gnoseológica: teoría de las ciencias físicas y naturales. De orientación ontológica: procesos y estructuras inorgánicos (quarks, átomos, moléculas, componentes químicos, cristales, sistema astronómicos...)

Línea 2: Filosofía de los organismos vivientes (filosofía biológica)

Grupo III. Disciplinas abstractas («lisológicas»)
Indicación de contenidos: De orientación gnoseológica: teoría de la ciencias biológicas, taxonomías, clases linneanas y plotinianas, &c. De orientación ontológica: vida, organismo, teleología, conocimiento, &c.

Grupo IV. Disciplinas morfológicas
Indicación de contenidos: De orientación gnoseológica: análisis de conceptos de las ciencias biológicas y etológicas. De orientación ontológica: biogénesis, vida extraterrestre, teoría de la evolución, &c.

A''. Rúbrica segunda: disciplinas filosóficas centradas en torno al espacio antropológico

Línea 1: Disciplinas alineadas en el eje circular.

Grupo V. Disciplinas lisológicas: Antropología filosófica
Indicación de contenidos: Espacio antropológico, el mito de la cultura, instituciones culturales, individuo, persona, libertad, ética y moral, estructuras sociales (familias, grupos, naciones), filosofía política (Estados, Imperios, derecho internacional), guerra y paz, la idea de Progreso, &c.

Grupo VI. Disciplinas morfológicas
Indicación de contenidos: Filosofía de la historia, categorías historiológicas (edades, periodos, ...), &c.

Línea 2: Disciplinas alineadas en el eje angular

Grupo VII. Disciplinas lisológicas: Filosofía de la religión
Indicación de contenidos: Parte gnoseológica y parte ontológica. Los valores de lo sagrado.

Grupo VIII. Disciplinas morfológicas
Indicación de contenidos: Filosofía de la historia de las religiones. Religiones primarias, secundarias y terciarias. La cuestión de la verdad de las religiones.

Línea 3: Disciplinas alineadas en el eje radial.

Grupo IX. Disciplinas lisológicas
Indicación de contenidos: Tecnología, arte, economía, valores tecnológicos, estéticos, &c.

Grupo X. Disciplinas morfológicas
Indicación de contenidos: Historia y sistema de las técnicas y tecnologías. Filosofía del arte y sistema de las artes.

Título segundo:
Disciplinas filosóficas (temáticas) generales («trascendentales»)

B. Rúbrica tercera: Disciplinas filosóficas en torno a la Realidad

Grupo XI. Ontología
Indicación de contenidos: Ontología general y ontología especial. Género de materialidad, ego trascendental. Esencia / existencia / posibilidad / probabilidad. Categorías ontológicas básicas: sustancia, cantidad, calidad, relación. Todos y partes, causalidad.

Grupo XII. Disciplinas morfológicas
Indicación de contenidos: Plataformas gnoseológicas; Scala Naturae.

C. Rúbrica cuarta: Disciplinas filosóficas en torno a la Verdad: Gnoseología

Grupo XIII. Disciplinas lisológicas. Gnoseología general
Indicación de contenidos: Teoría general de la ciencia. Teoría de la dialéctica, teoría de la verdad científica.

Grupo XIV. Disciplinas morfológicas
Indicación de contenidos: gnoseologías especiales (de la matemática, de la Física, de la Biología, de las ciencias humanas). Historia filosófica de las ciencias.

Título tercero:
Disciplinas filosóficas proemiales

Grupo XV. Disciplinas lisológicas: filosofía de la filosofía

Línea 1: Teoría de teorías sobre la filosofía

Línea 2: Teoría de la filosofía del materialismo filosófico.

Grupo XVI. Disciplinas morfológicas: Historia filosófica de la filosofía

Línea 1: Teoría de teorías sobre la historia de la filosofía.

Línea 2: La teoría de la historia de la filosofía del materialismo filosófico. La división de tres épocas en función de las Ideas de M, Mi, y E.

Línea 3: Historia filosófica de la filosofía antigua.

Línea 4: Historia filosófica de la filosofía medieval. (Judía, cristiana y musulmana.)

Línea 5: Historia filosófica de la filosofía moderna: idealismo y materialismo.

Línea 6: La filosofía contemporánea

Título cuarto:
Disciplinas filosóficas temáticas

(En este título no se establecen grupos de disciplinas temáticas;
podrían en cambio agruparse en rúbricas.)

D. Rúbrica quinta: de temática cosmológica.
Indicación de contenidos: Filosofía del espacio, Filosofía del tiempo y de la duración, Filosofía del vacío, Filosofía del azar, Filosofía de la finalidad, Filosofía de la célula, &c.

E. Rúbrica sexta: de temática antropológica.
Indicación de contenidos: Filosofía de la técnica, de la ciencia y de la sociedad, Filosofía de la guerra y del terrorismo, Filosofía de la coquetería, Filosofía de la solidaridad, Filosofía de la locura, Filosofía del progreso, Bioética, &c.

F. Rúbrica séptima: de temática ontológica.
Indicación de contenidos: Teología natural (filosofía de la Idea de Dios), Pneumatología (Filosofía de las formas separadas y de los vivientes extraterrestres). Filosofía de la existencia, &c.

G. Rúbrica octava: de temática gnoseológica.
Indicación de contenidos: Filosofía de los números, Intuición y razonamiento, &c.

H. Rúbrica novena: de temática histórica.
Indicación de contenidos: La Física de Aristóteles, la doctrina de las inteligencias separadas en Suárez, el automatismo de las bestias en Gómez Pereira y Descartes, la Idea de Roma en Ortega, &c.

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