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El Catoblepas, número 42, agosto 2005
El Catoblepasnúmero 42 • agosto 2005 • página 22
Libros

Las falacias de Carlos Blanco Escolá

Francisco Alamán Castro

A propósito del libro Las falacias de la guerra civil de Carlos Blanco Escolá

El personaje

Carlos Blanco Escolá He leído un curioso libro, Las falacias de la guerra civil, escrito por un no menos curioso historiador: don Carlos Blanco Escolá. Este, coronel de Caballería retirado, estuvo destinado muchos años en la unidad del Ejercito más querida y mimada de Franco: la Legión Española. Sin embargo en la actualidad cuenta de aquel Ejército, que era: «fascistoide», «canallesco», «inicuo», «atropellador», «mantenedor a raya de la población», «tercermundista», «tramposo», «irresponsable», «defensor de privilegios e intereses particulares», «pavoroso», «vil», «asesino», «traidor», «cutre», «ominoso», «opuesto manifiestamente a la instauración de la democracia», «despreciable», «miserable», «rastrero», «ridículo», «desastroso», «corrupto» «carente de inquietudes culturales», «inoperante», «injusto», «de cerebro embotellado», «bárbaro», «gendarme, del ilegítimo gobierno franquista». Seguro que se me escapa alguna lindeza más, soy bastante calamidad.

De ello se dio cuenta ya cuando era cadete y un capitán fascista le hizo repetir curso, de manera injusta naturalmente. Sus compañeros de promoción aseguran que, aunque el capitán tenía bastante mala baba, por aquel asunto no repitió nadie. Que sí repitieron dos por que no alcanzaron el nivel de estudios suficiente, curiosamente no habían intervenido en el hecho, que fue un asunto de los primeros de la promoción, de los que tan lejos, en notas naturalmente, estaba el actual historiador. Así me lo afirman personalmente los números, de su promoción de ingreso (XIV), 5 (L. AV.) y 16 (M. R. S.) que luego saldría definitivamente de teniente con el nº 5. Seguramente porque era fascista, aunque mucho más bruto que nuestro coronel, lo colocaron delante. También se diplomó en Estado Mayor, tiene numerosos cursos profesionales, nuestro coronel no tiene ninguno voluntario, e hizo, hace poco, la carrera civil de Historia con bastantes mejores calificaciones que él. Lo que hubiese logrado nuestro coronel, mucho más listo que el resto de su promoción, si no hubiese sido antifascista no se puede ni soñar.

También sería interesante que nos contase por qué fue postergado otra promoción más, una vez salido de la academia, toda vez que en la escalilla del año 1979 figura el penúltimo de la promoción XVI, habiendo salido en penúltimo de la XV. Todos los casos que conozco, aunque no tengo experiencia en la materia, son por algo feo o muy feo. Si el Ejercito normal al que pertenecíamos los demás era así. No quiero ni pensar, ni siquiera me atrevo, lo que opinará nuestro legionario de su Legión. Menos mal que la conozco, sigue siendo, como siempre una magnifica unidad.

Finaliza este librito con otra dos nobles joyas: «Persuadidos de su pertenencia a un vulgar ejercito gendarme (pág. 273) ... en el que se valoraba más la lealtad política que la competencia profesional... mientras tanto los últimos y minúsculos restos coloniales... se perdían totalmente... que tanta sangre y dinero había costado». Describe la guerra del Rif (pág. 274): «expertos... en las luchas desarrolladas en Marruecos, caracterizadas por el salvajismo, el asesinato o mutilación de los prisioneros, las razias, los saqueos, las destrucciones, las violaciones, las matanzas.»

Curiosamente, el que esto afirma, perteneció durante la dictadura de Franco, y se manifestaba esta muy encantado con ello, a la Legión, que si fuera cierto lo que asegura, era la primera experta en: salvajismo, asesinatos mutilaciones, &c., de la que casualmente se fue un poco antes de que se perdiese el último y minúsculo resto colonial, el Sahara. Es de esperar que, durante su permanencia en ese destino, no siguiese las tradicionales y habituales practicas de sus mayores, a los que tanto ensalzaba en sus charlas a los caballeros legionarios.

Presionado, contaba en otra ocasión, que había pertenecido al la Policía Nacional. Posteriormente se descubrió que no era la Policía Nacional, que era la Policía Armada. En ella estuvo destinado a partir del año 67. Época de muy buena añada en la represión según sus conmilitones actuales nos cuentan tan a menudo. El coronel aseguraba que sus jefes estaban muy satisfechos con su actuación. Y afirmaba orgulloso que los Grises: «ha constituido sin duda el destino más gratificante de toda mi vida militar» (El Catoblepas, nº 36, febrero 2005).

En el librito que tratamos, nos describe a la policía de Franco más contundentemente que nos definía al Ejercito.

Se retrata bien el mismo coronel, antiguo teniente de los «Grises», cuando dice (pág. 81), comparando el asesinato de Calvo Sotelo con el del teniente de Asalto Castillo: «Crimen tan vil, por supuesto, como el del teniente Castillo». Pues no coronel. El primero lo hicieron unos civiles militantes de un partido por su cuenta y riesgo, y el segundo lo hicieron agentes de la autoridad, vestidos de uniforme, con armas y medios del Gobierno, sin ningún riesgo por su carácter oficial, consentido por sus superiores, en ocasiones aplaudido por los mismos, y nunca perseguidos por ello. Aunque al coronel, y no me extraña, le parezca lo mismo, no lo es rotundamente.

De la connivencia con el crimen de las autoridades unas puntadas: 13-7-36, el diputado del PSOE, ministro de Gobernación, Ángel Galarza, que dos semanas antes del crimen había justificado, en las Cortes, cualquier violencia contra Calvo, en septiembre decía: «A mí... el asesinato de Calvo Sotelo me produjo un sentimiento... el sentimiento de no haber participado en su ejecución». J. M. Gil Robles, No fue posible la paz, Planeta, Barcelona 1998, pág. 675. Santiago Garcés, miembro de las JJSS y confidente de Prieto, que había participado en el asesinato de Calvo Sotelo. Luego sería jefe del SIM. Prieto era Ministro de Defensa y de él dependía el SIM. J. Peirats, La CNT en la Revolución Española, Toulouse 1952-53, V. III, págs. 280 y 288. El SIM (Servicio de Información Militar) fue la policía más sanguinaria de nuestra historia. Terror de azules y sobre todo de rojos. Así lo afirman Azaña y Prieto (M. Azaña, Obras Completas, Oasis, México 1966-68, vol. IV, págs. 835 y 878; I. Prieto, Convulsiones de España, México 1976-79, vol. II, pág. 56-57).

El anarquista José Peirats lo definía: «Las mazmorras del SIM.... eran tenebrosas instaladas en antiguas casas y conventos. El régimen de torturas que se aplicaba era el procedimiento brutal: palizas con vergajos de caucho, seguidas de duchas muy frías, simulacros de fusilamiento y otros tormentos horrorosos y sangrientos. Los consejeros rusos modernizaron esta vieja técnica. Las celdas eran más reducidas, pintadas de colores muy vivos y pavimentadas con aristas de ladrillo muy salientes. Los detenidos tenían que permanecer en pie continuamente, bajo una potente iluminación roja o verde.

Otras eran estrechos sepulcros de suelo desnivelado, en declive. Los recalcitrantes eran encerrados en la "cámara frigorífica" o en la "caja de los ruidos" o atados a la silla eléctrica. La primera era una celda de dos metros de altura, en forma redondeada; al preso se la sumergía allí en agua helada, horas y horas, hasta que tuviese a bien declarar lo que se deseaba. La "caja de los ruidos" era una especie de armario, dentro del cual se oía batahola de timbres y campanas. La "silla eléctrica" variaba de la empleada en las penitenciarías norteamericanas en que no mataba físicamente». Peirats, La CNT en la revolución española, Ruedo Ibérico, París 1971.

Tras estos hechos pudo haber estado Prieto (asesinato de Calvo Sotelo). El asesino pertenecía a la guardia personal de Prieto, Condés (capitán de la Guardia Civil que mandaba a los asesinos) era prietista. La pintura de Prieto sobre la actitud de Condés, arrepentido y queriéndose suicidar no casa con la época, lejos de denunciarlo le escondió. No menos sospechoso fue el robo a mano armada del sumario, el 25-7-36, por milicianos socialistas. En enero del 37 hubo una amnistía de los delitos anteriores al 15 de julio del 36. (I. Prieto, Convulsiones de España, Vol. I, México, Oasis 1976, págs. 157 y ss.; I. Gibson, La noche que mataron a Calvo Sotelo, Plaza y Janés, Barcelona 1986, págs. 228 y ss.; Zugazagoitia, Guerra y vicisitudes de los españoles, Vol. I, Librería Española, París 1968, pág. 41).

Pienso que, los que tienen la mucha paciencia de leerme, ya se habrán hecho una idea del personaje.

¿No les recuerda a aquel leal franquista, ahora leal antifranquista, denunciador antes de antifranquistas y ahora de franquistas, Eduardo Haro Tecglen? Compañero, a veces, en El País de nuestro también más que leal coronel, que otrora nos contaba: «Se nos murió el Capitán, pero el Dios misericordioso nos dejó otro. Y hoy, ante la tumba de José Antonio, hemos visto la figura egregia del Caudillo Franco». Informaciones, 21-11-43. Cierto que se le olvidó lo del Invicto Caudillo que tanto gusta al coronel. Vayamos con el librito.

Es un puro panfleto, no le falta ningún lugar común a los buenos y los malos. Los malos eran, naturalmente, los del Invicto Caudillo y los buenos los de don Manuel, al que con tanta familiaridad trata, es de suponer que sea Azaña. De todas maneras éste no daba esas confianzas a toda la gente, sólo a Josefina Carabias y a otros de cierta categoría. Pienso yo, y no soy mal pensado por naturaleza, si no será una recopilación de los panfletos tan generosamente repartidos, en la Universidad de los años sesenta, por el PCE, y tan recogidos con esmero, incluso dando porrazos, eso sí los suyos antifascistas, si era preciso, por el entonces eficiente teniente de los Grises, orgullo de sus superiores como él mismo nos cuenta.

La tesis, el fondo y la forma son los mismos. En este probable caso creo que debería repartir los derechos de autor con Santiago Carrillo.

Ya en la introducción asegura: «La historia de la guerra civil fue cubierta con... mentiras... durante todo el siglo XX». Le recuerdo al fiel coronel que Franco murió, en la cama, en el 75, que las colas, todos fascistas naturalmente, para despedirle fueron de kilómetros, ¿estaría el coronel allí? Y que en éste cuarto de siglo que quedaba, todos los Tuñones de Lara que en el mundo han sido se han hinchado de ponerle verde. Los más nobles, como el coronel, después de su muerte y los otros desde mucho antes. Yo, que soy un aficionado, tengo libros publicados en España: Azaña en 1976; B. Bolloten 1970; S. Casado 1968; M. de Coca 1975; G. Jackson 1978; F. Largo Caballero 1979; E. Lister 1976; E. Malefakis 1971; H. Thomas 1976; M. Tuñón de Lara 1974; J. Tussel 1971; P. Preston 1994. y así hasta donde quiera el veraz coronel. Él, que sabe más que yo, seguro me puede citar unos cientos.

De todas maneras no he oído quejarse a ningún progre, ni siquiera al coronel, que el historiador que más libros vende sobre el asunto, Pío Moa, sea ocultado con tanto cuidados por los medios que a ellos tanto les exhiben. Ha vendido Pío Moa, el año pasado de un solo libro, más de los que podrá vender en toda su vida el historiador-coronel. Éste sale en los medios de Polanco, que son prácticamente todos, y Moa en ninguno. De eso es, la censura, de lo que acusa a Franco con tanta frecuencia. Y cierto que la había. Para mí que Moa tiene más razón que un santo, de ahí el miedo. El serio problema que tiene la progresía patria es que Moa, basándose en los textos de Largo, Azaña y otros ínclitos demócratas de la época, y sin citar para nada a ninguno de los hagiógrafos del franquismo, nos hace llegar a todos, a ellos y a nosotros, a las mismas conclusiones que llegábamos leyendo a Arrarás, La Cierva y demás fervorosos franquistas que, a la vista de lo visto, decían verdades como puños.

Y eso tiene que ser muy triste para ellos. Tenían instalado su chiringuito, qué era llamativo, rentable, estaba de moda, pensaban que eterno por los siglos de los siglos. Y ¡qué le vamos a hacer! ¡Paciencia! No me voy a quedar con las ganas de citar a un experto en historiadores progres: S. G. Payne: «se ha alegado a menudo que Moa tendría que ser ignorado porque «no es profesor». Con ello, parece sobreentenderse que sólo los «profesores» son capaces de tener un pensamiento serio o de escribir convenientemente sobre historia. En primer lugar, ello resulta risible, dado que es fácilmente demostrable que no fueron profesores la inmensa mayoría de los hombres y mujeres más sabios de la humanidad. Semejante noción sería particularmente grotesca en países como Inglaterra o Estados Unidos, donde la mayoría de las mejores y más leídas obras de historia no son escritas por profesores. Todo lo que ello pone una vez más de manifiesto es el carácter estrecho, semicerrado, corporativista y endogámico del mundo universitario español a comienzos del siglo XXI».

He de reconocer, que las entrevistas en Canal Plus del coronel, a mí me resultan la mar de divertidas, por lo que le quedo muy agradecido. Me da la impresión que a los presentadores también.

Nos cuenta de un severo hundimiento de la economía nacional producido por los sublevados. Oculta el severo hundimiento que ya había producido la República. Nos escribe H. Thomas, La guerra civil española, Grijalbo, Barcelona 1976, pág. 1.030:

Producciones: 31-12-30 a 31-12-35:
Lana: 37,6 (1.000 tm.) -29.9 Seda: 83 (1.000 tm.) -34
Sal: 1.027 (1.000 tm) -726 Coque: 768 (1.000 tm) -486
Manganeso: 17,9 (1.000 tm) -1,3 Piritas: 3.876 (1.000 tm) - 2.286
Plomo: 143 (1.000 tm) -63 Zinc: 145 (1.000 tm) -83
Hierro: 6.559 (1.000 tm) -2.633 Acero: 925 (1.000 tm) -580
Cobre: 28,5 (1.000 tm) -10,8 Barcos botados: 37 -3
Importación: 7.131 tm. -5.048 Exportación: 11.533 -6.364
Valor pts en 1929, 100 -en 1936, 55,3% Acciones: 100pts.-63,1%
Producción, industrial: 100 -86,9%.

A la simple inspección del cuadro se nota que a nuestra próspera II República, tan sabiamente dirigida por don Manuel, la economía le iba como un tiro. En la nuca ¡claro!

En apenas cinco años había retrocedido a los anteriores al 23, fuera de una guerra no se conoce nada parecido en la historia de España. En toda la historia anterior del país, no había habido un solo Jefe de Gobierno que ganase tanto como don Manuel.

República de los intelectuales

Nos descubre lo de la «república de los intelectuales». Que fue cierto pero duró un cuarto de hora escaso: El 11-1-31, en plena Monarquía, se crea, por Ortega, Marañón y Pérez de Ayala, la Agrupación al servicio de la República. Firman el Manifiesto de los intelectuales que apadrinó a la II República. Padres espirituales de la República se les llamaba a los firmantes. Mientras tanto el bravo don Manuel estaba escondido, muerto de miedo sin que nadie le buscase, el último escondite fue su casa, el anterior la casa de su suegro. Cuenta Alcalá-Zamora primer Presidente de la República: Azaña se ocultó en varios sitios, aunque pronto acabó haciéndolo en su casa y aunque los conspiradores intentaron ponerse en contacto con él, no lo consiguieron hasta muy entrado el 31. Rompió él con sus camaradas, se ocupó de seguir cobrando su nómina de funcionario, solicitó una licencia temporal por enfermedad, había logrado «que entre la firma de trámite pasara la concesión, de una licencia por seis meses, por mediación de su compañero en la Dirección de Registros, don Jerónimo González. Éste, nada republicano, que durante la Dictadura había sido agregado por Primo de Rivera para asesorar en la formación del partido único UP (Unión Patriótica), fue recompensado al triunfar la República, pasando a presidir la sala primera de lo civil del Tribunal Supremo». N. Alcalá-Zamora, Memorias, Planeta, Barcelona 1998, págs. 177 y 180.

Nos lo cuentan muy bien sus fans más entusiastas: Maura, ministro con él en el primer Gobierno de la República, fue uno de los que más le visitaban en Francia antes de su muerte: Azaña «no nos había dado la menor señal de vida el día 13 (abril, 31), a pesar de los sucesos»; él había sido el encargado de buscarle y fue «tarea no fácil». Estaba en casa de su cuñado. «Allí estaba, pálido, con palidez marmórea. Le hice presente el objeto de mi visita (hacerse cargo del Gobierno provisional de la República) y le conminé para que me acompañase. Se negó rotundamente, alegando que... un simple guardia, podía detenerle y encarcelarle. Ya me disponía a dejarle encerrado, cuando apareció su cuñado. Por fin Azaña, de muy mala gana, se decidió a seguirme, de un humor de perros. Hombre de una inteligencia extraordinaria. estaba aquejado de un miedo físico insuperable. Más de una vez, en lo sucesivo, pude comprobarlo». Maura, Así cayó Alfonso XIII, Ariel, Barcelona 1995, pág. 167.

Su cuñado, ferviente admirador y amante, como con toda falsedad decía la propaganda de guerra nos dice: Azaña comentando las palabras de Maura, «¡Qué disparate! ¡Con que el Rey se va ir al día siguiente de las elecciones! Al gobierno, cualquiera que sea, le costará muy poco el sentarnos la mano para mucho tiempo. Por que ten en cuenta que, eso si, el rey sabe lo que le va en ello. Y un asalto a Palacio no se hace así como así. Para defenderse. le bastaría contra nosotros con los alabarderos. Miguel (Maura) es un así no se va a ninguna parte». Rivas Cherif, Retrato de un desconocido, Grijalbo, Barcelona 1980, pág. 179.

Si nuestro coronel quiere más citas similares tengo hasta veinte, seguro que él que es docto historiador me podrá dar a mi doscientas, ¡o más!

Enseguida (14-4-31, la noche) daba Azaña muestras de su gran nobleza de corazón: El canalla de su cuñado cuenta con fruición la canallada de don Manuel: «El Ministro de la Guerra llevaba un cuarto de hora con el Capitán General de Madrid, Federico Berenguer, que en posición de firme ante él, no obtenía la venia de su nuevo jefe superior para ponerse cómodamente en su lugar. Sus recentísimos ayudantes secretarios contemplaban regocijados la escena con los circunstantes, a que se iban uniendo curiosos». Qué pena, haberse perdido la escena, –¡verdad coronel!– en la que un veterano y valiente militar era humillado por un pobre chulo, soberbio, resentido, envidioso, cobarde y feo, que había intentado tener dos novias en Alcalá, las cuales, muy inteligentemente, se casaron con sendos militares. C. Rivas Cherif, Retrato de un desconocido, Grijalbo, Barcelona 1979, págs. 46 y 186.

Federico Berenguer, hermano de Dámaso, era el que tenía que haber detenido a Azaña, por ser uno de los organizadores del sangriento golpe militar de Jaca de diciembre del 30 y procesarle sumariamente con todas las posibilidades de ser condenado a muerte. Como posteriormente hizo don Manuel con el general Sanjurjo, cuando éste dio el golpe del 32 con muchos menos muertos y daños que el de Jaca. No lo hizo. Don Manuel sí detuvo, vistió con el uniforme a rallas de los presos comunes, procesó sumariamente y condenó a muerte al general, sentencia que no se cumplió...

En el golpe de Jaca hubo 24 muertos, oficiales, guardias civiles y paisanos y hasta un general (Las Heras). En esa ciudad la guarnición se sublevó tomando el Ayuntamiento, del que se hizo cargo Pío Díaz, militante del partido de Azaña. Izó la bandera tricolor y pegó por todas las calles de Jaca el bando que decía: «Como Delegado del Comité Revolucionario Nacional, a todos los habitantes de esta ciudad... hago saber: Articulo único: Todo aquel que se oponga de palabra o por escrito, que conspire o haga armas contra la República naciente, será fusilado sin formación de sumario». ¡Y a fe que lo cumplió! No se sabe de ninguna protesta de don Manuel.

Sí se sabe de las amargas quejas, por parte de nuestro coronel, de un bando similar dado en Sevilla por Queipo de Llano. Hay que aclarar que éste no negaba la formación de sumario, aunque al futuro finado no le preocupase mucho ser fusilado con o sin sumario.

Sigamos con los intelectuales republicanos y veamos que decían al cuarto de hora de implantarse la República Ortega (15-6-31): «Gentes con almas no mayores que las usadas por los coleópteros han conseguido en menos de dos meses encanijarnos esta República. Toda esa botaratería que pretende hacer de la República su propiedad privada y se atribuye, tan arbitraría como audazmente, la representación auténtica del pueblo. Mentes arcaicas. solo saben recaer el tópicos del pasado y se empeñan en que nuestra naciente democracia sea como la de hace cien años y cometen, sin renunciar a ninguna, todas las insensateces y todas las torpezas en que aquellas se desnucaron». Ricardo de la Cierva, La historia se confiesa, Tomo I, Planeta, Barcelona 1976, pág. 185.

Marañón escribe a Ortega (28-6-31): «no me deja el pensamiento de que hemos de decir algo al país, en estos momentos. Hemos sido una fuerza grande para traer la república. Ahora se hunde, precisamente, ese sentido de la dignidad. Las pequeñas e inofensivas sandeces de los monárquicos sirven de pretexto para justificar la plebeyez de mala ley de los que nunca supieron hacer nada por el progreso de España ni por la república; y ahora quieren que esa sea un instrumento de su exclusiva pertenencia. Perdone pero estoy muy inquieto viendo tanta sandez». «Carta» del archivo de la Fundación José Ortega y Gasset, en Marino Gómez Santos, Españoles sin fronteras, Planeta, Barcelona 1983, pág. 118.

Unamuno decía en el Ahora (10-12-32): «no me acostumbro a la bandera republicana con un tercer color, impuro, mestizo». El 28-11-32 había dicho en una conferencia en el Ateneo: «Yo no soy político sino español. Me parece mal la quema de conventos, la disolución de la compañía de Jesús y la confiscación de los bienes por el subterfugio del cuarto voto; todas estas cosas son represalias, y este modo de producirse concluye siempre en hechos sangrientos», «La desdichada ley de Defensa de la República resume toda la arbitrariedad de un Gobierno revolucionario que está en el poder con corruptelas. Perduran todos los males del antiguo régimen». Azaña decía al respecto: «Ayer en el Ateneo, pronunció Unamuno su anunciada conferencia. Ha sido lastimosa,. Una estupidez o una mala acción». Rivas Cherif comenta en La Voz: Unamuno «gorrón, sacamuelas provinciano, hombre de rebotica y de chamelo».

Pío Baroja en Villena (5-2-32) dice: «Hay mucha gente que se asombra de que la mayoría de los españoles independientes seamos más enemigos de la Monarquía que entusiastas de la República... como institución para producir entusiasmo. es una fórmula un poco usada y manoseada. Es como la novia a la que espera su prometido años y años y llega pasada, sin el aire de la juventud y frescura de otros tiempos. El Congreso, en este momento, no representa la masa social española, es mediocre, una creación artificiosa y falsa. Está hecho con la idea preconcebida de dar una impresión de que España es un país en su mayor parte socialista, lo que es falso. El Parlamento español no solo no representa la masa social, sino que, además de esto, no interesa a la mayoría nos deja indiferentes. Con la Constitución. pasa lo mismo. Nadie cree en ella, no influirá en la vida. Todas esas son reformas en el papel, pero no en la realidad. Nuestros republicanos, unidos a los socialistas, han amenazado y no han dado; han dicho que van a hacer y no han hecho nada, con lo cual han conseguido que los capitalistas estén asustados y los obreros exasperados. Respecto a represiones y violencias, los meses que llevamos de República han producido más muertos en las calles de la ciudades que cuarenta años de Monarquía».

En el Crisol Ortega escribe (9-9-31) un articulo titulado «Un aldabonazo», decía: que no fuese falsificada la República. Recordaba la inexistencia de vencedores ni vencidos, «por la sencilla razón de que no hubo lucha», le parecía grotesco «el aire triunfal de algunas gentes cuando pretenden fundar la ejecutividad de sus propósitos en la revolución. Nada más ridículo que querer cobrar cómodamente una revolución que no nos ha hecho padecer ni nos ha costado duros y largos esfuerzos. Llamar revolución al cambio de régimen acontecido en España es la tergiversación más grave y desorientadora que puede cometerse. Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron en el advenimiento de la República con su acción, con su voto o con lo que es más eficaz que todo esto, con su esperanza, se dicen ahora entre desasosegados y descontentos: ¡No es esto, no es esto! La República es una cosa. El «radicalismo" es otra. Si no, al tiempo».

Y pasó el tiempo.

Los Intelectuales y el 18 de Julio

Y llegó el 18 de Julio de 1936. Veamos el entusiasmo de los intelectuales de pata negra, no los Sabina de siempre, de aquella «república de los intelectuales» de nuestro bromista coronel: Le aclaraba Claridad (30-7-36), diario socialista: «Proporciona esta seguridad el conocimiento de la condición moral de tipos como Unamuno, Baroja, Madariaga, &c. Cada uno lleva un traidor dentro. O una complacencia de meretriz, a elegir». En este &c. estaban: Nos lo aseguraba Marañón (5-2-37) ante una asamblea de intelectuales en Francia que le pedían precisiones sobre la España roja: «No hay que esforzarse mucho, amigos míos; escuchen ustedes este argumento: el 88% del profesorado de Madrid, Valencia y Barcelona ha tenido que huir al extranjero, abandonar España, escapar a quien más pueda. ¿Y saben ustedes por qué? Sencillamente porque temían ser asesinados por los rojos, a pesar de que muchos de los intelectuales amenazados eran tenidos por hombres de izquierda. ¿Comprenden ustedes ahora, queridos amigos? Están en el extranjero, fugitivos de la España roja: D. Ramón Menéndez Pidal. D. José Ortega y Gasset. D. Gregorio Marañón; D. Manuel García Morente, decano de la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid; Pérez de Ayala. Hernando, catedrático de la Facultad de Medicina de Madrid. honra de la medicina europea; los doctores José e Isidoro Covisa, igualmente catedráticos de Madrid, afiliados a la política de Azaña; Sánchez Román, gran abogado, profesor de la Universidad de Madrid; Flores de Lemus, catedrático de economía política de la misma universidad; Pittalauga, catedrático de parasitología; Blas Cabrera, ex decano de la Universidad Central. Xirau, decano de la Universidad de Barcelona; Pi y Suñer, médico catalán de renombre internacional; Puig y Cadafalch, ex presidente de la mancomunidad de Cataluña y uno de los primeros arquitectos; Posada (D. Adolfo), catedrático de derecho político de la Central; Baroja, Azorín.; Alberto Insúa; Agustín Calvet, director de La Vanguardia de Barcelona. Carlos Soldevila, el intelectual de Cataluña; Eugenio d'Ors.; José María de Sagarra, el poeta de Barcelona; Pedro Salinas, profesor y poeta; Salvador de Madariaga. Juan Ramón Jiménez. Jiménez Díaz, catedrático de la Facultad de medicina de Madrid; Del Río Ortega, compañero de claustro del anterior; Américo Castro, que con Ramón Gómez de la Serna y otros intelectuales, comparte en Buenos Aires, las nostalgias de la expatriación; el catedrático de ciencias químicas señor García Banús; el especialista doctor Blanco Soler; otro especialista, el doctor Madinaveitia, catedrático; Antonio Marichalar el joven y fino escritor; D. Rafael Altamira, profesor de historia; D. José Castillejo, catedrático de derecho romano en Madrid; Estelrich, el intelectual joven de la minoría parlamentaria catalana; el doctor Manuel Tapia, especial en la investigación de enfermedades infecciosas; Sebastián Miranda, escultor; Zuazo, el arquitecto; Zaragüeta, el profesor de filosofía experimental; el catedrático arabista D. Miguel Asín Palacios; el doctor Lafora, que no sé si después de su primer intento frustrado habrá conseguido ponerse a salvo. ¿Qué sé yo? Podría seguir llenando cuartillas entre los incompatibles con la España roja figura un presidente de la república, D. Niceto Alcalá Zamora; un presidente de las Cortes republicanas, D. Santiago Alba; tres presidentes del Consejo de Ministros de la república; D. Joaquín Chapaprieta, D. Ricardo Samper y D. Manuel Portela Valladares; catorce ministros de la república, Viñuales (de Hacienda), Zulueta (de Estado), Maura (de Gobernación), Álvarez Mendizábal (de agricultura), Prieto Bances (de Instrucción Pública), Gabriel Franco (de Hacienda), Feced (de Agricultura), Amós Salvador (de Gobernación), Sánchez Albornoz (de Estado), Ventura Gassol (de Cultura en la Generalidad), Enrique Ramos (de Hacienda), Antonio Lara (de Hacienda y Obras Públicas), Lluhí Vallescá (de Trabajo), la flor y nata de los ex ministros y personajes de la Lliga Regionalista (Cambó, Ventosa, Rodés, Bertrán y Musitú) se encuentran fuera de la patria. podría doblar la cifra de fugitivos». Diario de la Marina, La Habana, Febrero 1937, en Marino Gómez Santos, Españoles sin fronteras, Planeta, Barcelona 1983, pág. 13.

Y hasta don Manuel que, a partir de ser nombrado Presidente de la República, no se enteraba de nada, a no ser de la altura de los morriones de su escolta que le tenían muy preocupado fuesen menos altos que los del Rey, como nos cuenta la señora Carabias, que también le llamaba don Manuel como el coronel, aunque parece con más motivo, nos asegura le decía a Sánchez de Albornoz que era uno de los huidos: 17-6-37. «han desaparecido republicanos (muchos, por desgracia) señalados y hasta eminentes. ¿Por qué? Lo ignoro. Todos se han ido sin mi anuencia, sin mi consejo, y algunos (se los nombré), engañándome. Todos tenían con la República la obligación de servirla hasta última hora, y conmigo la de acompañarme mientras estuviese en pie». M. Azaña, Memorias políticas y de guerra, Crítica, Barcelona 1978, tomo II, págs. 81-82. Un oficial lee en la Plaza Mayor de Salamanca el Bando de Guerra (18-7-36). Unamuno en la puerta del Casino se quita el sombrero y grita: «¡Viva España soldados! Y ahora, ¡a por el faraón del Pardo!". Se constituye el nuevo Ayuntamiento del que Unamuno es concejal y manifiesta: "Hay que salvar la civilización occidental, la civilización cristiana. Bien de manifiesto está mi posición en los últimos tiempos, en que los pueblos estaban regidos por los peores, como si buscaran los licenciados de presidio para mandar los pueblos». Manuel Rubio Cabeza, Los intelectuales españoles y el 18 de julio, 1975, Ediciones Acervo, pág. 63.

Escribía Pío Baroja (10-5-38). «En este momento en que blancos y rojos luchan con una rabia desesperada en España no parece que pueda haber solución intermedia. O dictadura roja dictadura blanca. No hay otra alternativa. Yo no soy un reaccionario ni un conservados. A pesar de todo, creo que una dictadura blanca es hoy por hoy preferible para España.» Ayer y hoy, pág. 137.

Marañón escribe a José Pijoan (conocido republicano) y este remite la carta a Menéndez Pidal (20-3-37): «Todo lo que usted dice es perfecto. Menos que yo esté muy a la derecha. Estoy donde siempre. Pero mi posición no justifica que este al lado de aquella caterva de asesinos. Yo he estado cinco meses en Madrid en, contacto con ellos, y le aseguro que toda la intransigencia y la pequeñez de espíritu de todos los obispos del mundo, es poca cosa comparada con la suya. Cuando durante cinco meses he tenido que firmar, pistola al pecho, lo que querían cuatro acólitos de don Fernanditísimo [Fernando de los Ríos, ideólogo del PSOE]; cuando he tenido que decir por la radio lo que querían, a las 12 de la noche, entre fusiles, comprenderá usted que todo lo de los otros me parece una broma. Me acuerdo de aquel Primo de Ribera, dictador, que me encarceló [Por cierto a Azaña ni siquiera le riñó], como de Santa Teresita.... Todos precisan lo mismo, desde el santón que se limpiaba los fondos con los edecanes de tanda, hasta Azaña. Por donde voy. recibo las adhesiones de los hombres de bien y los insultos de los «liberales"». «Carta» del archivo de R. Menéndez Pidal. Marino Gómez Santos, Españoles sin fronteras, Planeta, Barcelona 1983, pág. 94. Marañón le escribe a Ayala (2-1-38): «Yo tengo tal fe en que la causa nacionalista es la causa de España, que la mantendría, con todas sus consecuencias». «Carta» del archivo de G. Marañón. Marino Gómez Santos, Españoles sin fronteras, Planeta, Barcelona 1983, pág. 161.

Escribía Marañón refiriéndose al Frente Popular: «en todas partes se recogía la hostilidad de los españoles no marxistas ante la táctica... de aquellas agitaciones prerrevolucionarias, que jamás tuvieron la sanción de los Gobiernos. Pero a partir del tercer año de la República empezó a cambiar de orientación de un modo tan rápido que por los días de las elecciones del Frente Popular, un profesor socialista que pocos días antes era el ídolo de los estudiantes daba ahora sus lecciones –y no siempre podía darlas– entre la hostilidad del auditorio; y me confesó que el noventa por ciento de sus alumnos era fascista. Cualquiera de los profesores españoles pudimos comprobar este mismo hecho. Hoy la mayoría de nuestros estudiantes luchan como soldados voluntarios en las filas nacionalistas». G. Marañón, Liberalismo y Comunismo, Buenos Aires 1938.

Qué poco se parece a lo que nos cuenta el coronel de la excelentísima marcha que llevaba la República, mar de todos los bienes sin mal alguno. Que pena que tantos españoles, entre ellos todos los intelectuales serios, no los Victormanueles, opinasen lo contrario.

Marañón en carta (12-9-38) a Pérez de Ayala dice «¿Qué te parece la chulapería de Negrín? ¡Qué gentes! Todo es en ellos latrocinio, locura y estupidez»; un mes más tarde le escribe: «Esta gentuza tan inmunda ¡qué asco! Tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales, y aún no habremos acabado. ¿Cómo poner peros, aunque los haya, a los del otro lado? Con todos sus defectos me parece y nos deben parecer arcángeles y no de los de d'Ors, sino de los de verdad. Veo en estos días a muchos de los que han salido de Barcelona. Todos dicen ahora que no estaban conformes y que estaban allí a la fuerza y que Negrín es un bandolero. Pero ¿ahora? Horroriza pensar que esta cuadrilla hubiera podido hacerse dueña de España. Sin quererlo siento que estoy lleno de resquicios por donde me entra el odio, que nunca conocí, y aún es mayor mi dolor por haber sido amigo de tales escarabajos; y por haber creído en ellos ¡no merecemos que nos perdonen!». «Carta» del archivo de Pérez de Ayala. Ayala (17-3-39) contesta a Marañón: «Cuanto se diga de los desalmados mentecatos que engendraron y luego nutrieron a los pechos nuestra gran tragedia, todo me parecerá poco. Inspecciono mi ficha histórica y, en puridad, no hallo ocasión para el remordimiento de haber creído jamás en ellos. Siempre los tuve por tontos de babero y brutos estructurales. Pero en un principio yo presumía, o me hacía la ilusión, de que percibían una vaga vislumbre de su bobería innata y brutalidad incorregible, por donde se mostrarían dóciles, relativamente, al buen proceder de los demás entendidos. No tardé en desengañarme. Lo que nunca pude concebir es que hubiesen sido capaces de tanto crimen, cobardía y bajeza. Hago una excepción. Me figuré un tiempo que Azaña era de diferente textura y tejido más noble. No podía contar yo con que la ausencia de la hormona testicular estragase hasta tal punto una buena inteligencia natural. En octubre del 34 tuve la primera premonición de lo que verdaderamente era Azaña. Leyendo luego sus memorias del barco de guerra –tan ruines y afeminadas– me confirmé. Cuando le vi y hablé siendo ya presidente de la República, me entró un escalofrío de terror al observar su espantosa degeneración mental, en el breve espacio de dos años, y adiviné que todo estaba perdido para España, con aquella gente. De suerte que ya puedes calcular si todo lo demás me parecerá y me parecía óptimo, no ya desde el principio sino con antelación a él. Por ejemplo, nunca admití que Prieto tuviera inteligencia; sí, solo pillería cazurra, que es su mimetismo. Prieto es brutísimo». «Carta» del archivo de G. Marañón, en J. Palacios, La España totalitaria, Planeta, Barcelona 1999, págs. 83,125 y 126.

Marañón describía así lo que debía haber sido la II República y no fue ni por asomo: «La que se acepta como un deber por un grupo de hombres que se saben de antemano lo suficientemente preparados y cultos para que la democracia no sea ninguna de estas tres cosas profundamente antidemocráticas: ni imposición a quien no se siente demócrata; ni narcótico para que los esclavos se crean libres; ni antifaz para que algunos disfracen de liberalismo su ansia de mandar». Gregorio Marañón, Discurso en el Rotary Club de Lima, Perú, 31-8-39. Justo las tres cosas que le faltaron a Azaña.

Menéndez Pidal escribe a Marañón (20-4-37) después de huir de la zona republicana en un destructor inglés Active: «Estrada me propone ir a México, pero allí hay solo españoles del Frente Popular». Regresa a España (1-7-39) para ocupar la Dirección de la Real Academia Española, de la que había sido expulsado por Azaña. Cartas del archivo de Marañón, en Marino Gómez Santos, Españoles sin fronteras, Planeta, Barcelona 1983, págs. 92,99 y 111. Por aquella época los destructores ingleses no daban abasto acarreando intelectuales españoles.

Ortega escribe el «Epílogo para ingleses» (10-12-37) que se publica en la revista The Nineteenth Century: «Mientras en Madrid los comunistas y sus afines obligaban, bajo las más graves amenazas, a escritores y profesores a firmar manifiestos, a hablar por radio, &c., cómodamente sentados en sus despachos o en sus clubs, exentos de toda presión, algunos de los principales escritores ingleses firmaban otro manifiesto donde se garantizaba que esos comunistas y sus afines eran los defensores de la libertad. Evitemos los aspavientos y las frases, pero déjeseme invitar al lector inglés a que imagine cuál pudo ser mi primer movimiento ante este hecho semejante, que oscila entre lo grotesco y lo trágico. Porque no es fácil encontrarse con mayor incongruencia. Hace unos días, Albert Einstein se ha creído con «derecho» a opinar sobre la guerra civil española y tomar posición ante ella. Ahora bien, Albert Einstein usufructúa una ignorancia radical sobre lo que ha pasado en España ahora, hace siglos y siempre. El espíritu que le lleva a esta insolente intervención es el mismo que desde hace mucho tiempo viene causando el desprestigio universal del hombre intelectual, el cual, a su vez, hace que hoy vaya el mundo a la deriva, falto de pouvoir spirituel». J. Ortega y Gasset, «Epílogo para ingleses», en La rebelión de las masas, Madrid, Ediciones de la Revista de Occidente, Colección el Arquero 1960, págs. 308-309. Este había huido en un barco francés, el Corte II, los destructores ingleses estaban muy atareados.

Con motivo de la entrada de los nacionales en Madrid, Ortega escribe a Marañón: «Querido Gregorio, anteayer, al conocer la noticia de la entrada en Madrid pusimos a ustedes un telegrama de alborozo y felicitación». Portimäo, Portugal, 30-3-39. Carta del Archivo de Marañón, en Marino Gómez Santos, Españoles sin fronteras, Planeta, Barcelona 1983, pág. 139.

Ortega reinaugura el Ateneo de Madrid (5-5-46), hacía 7 años que había terminado la guerra. Acude a la conferencia lo más florido del Régimen: Serrano Suñer, Sánchez Mazas, Lequerica, Pemán, &c., intelectuales: Marañón, Azorín, d'Ors, Luca de Tena, &c. Es aplaudido fuertemente cuando dice: «Mientras otros pueblos están enfermos, casi todos, el pueblo español, lleno de defectos y de hábitos torpes, ha salido con una sorprendente salud». La conferencia es transmitida por radio a toda España y se publica en el Arriba de 6-5-46.

Ayala, después de huir de la zona republicana en el destructor inglés Douglas, publica una carta (10-6-38), en el The Times de Londres, sobre un posible armisticio en la guerra, que titula «El futuro de España. La causa Nacionalista»: «Estoy enteramente de acuerdo con las declaraciones del general Franco. Por mi parte, la idea del armisticio me parece decididamente inconcebible. Siempre lo ha sido. Ahora, más que nunca. El respeto y el amor por la verdad moral me empujan a confesar que la República Española ha constituido un fracaso trágico. Sus hijos son reos de matricidio. No es menos cierto que ya no hay republicanos en uno u otro lado. Desde el comienzo del movimiento nacionalista, he asentido a él explícitamente y he profesado al general Franco mi adhesión, tan invariable como indefectible. Me enorgullece y honra tener mis dos hijos sirviendo como simples soldados [Todos los hijos de Ortega, 2 de Pérez de Ayala y 2 de Marañón peleaban voluntarios en el bando nacional; con el consejo y entusiasmo de sus padres se habían incorporado desde el extranjero] en la primera línea del ejército nacional. Por su fe, sentido del deber y espíritu de sacrificio, la juventud nacionalista está haciendo España y el mundo vivideros para el porvenir». La firma como antiguo embajador de la República en Londres. R. Pérez de Ayala, Tributo a Inglaterra, Aguilar, Madrid 1963, pág. 262; Vicente Marrero, La guerra española y el trust de los cerebros, Ediciones Punta Europa, Madrid 1961.

Blanco Escolá acusa a Franco de depurar a numerosos y prestigiosos profesores. Es verdad que depuró a bastantes, a la mayoría no tuvo necesidad pues ya los había depurado Azaña hacía tiempo. 5-1-38. Claudio Sánchez de Albornoz: «Horas crueles las del destierro. Al llegar a Cuba, para ganarme el pan y mantener a mis viejos padres, a mis hijos y a mi hermano, todos exilados, el encargado de Negocios del Gobierno de la República fue a comunicarme mi destitución como catedrático de la Universidad de Madrid. Eran los primeros días de enero de 1938. En la misma fecha habían destituido a Ortega y Gasset, a Américo Castro, a Pittaluga, a Marañón y a alguien más de nuestras ideas y de nuestra talla. Empezaba la barrida de los republicanos liberales. Estaba a mil años luz de los de los enemigos de la democracia y de la libertad del campo fascista, pero tampoco me podía sentir identificado con quienes, en el republicano, habrían instaurado el comunismo, muy fuerte ya en Valencia en 1937». Claudio Sánchez de Albornoz, Anecdotario político, Planeta, Barcelona 1976, pág. 239.

El Gobierno de la República destituye de todos los cargos a Unamuno. «El Gobierno ha visto con dolor que don Miguel de Unamuno no haya respondido a la lealtad a la que estaba obligado, sumándose de modo público a la facción en armas. Vengo a decretar: Queda derogado por el que se nombraba rector vitalicio de la Universidad de Salamanca». Gaceta de Madrid (antiguo BOE), 23-8-36, nº 236. Lo firma Azaña. Franco le repone en el cargo.

Azaña huye a Francia finalizada la guerra y el periódico Le Matin (25-2-39), informa, con gran enfado de Azaña y mayor acierto histórico: «El Presidente de la República Española, luego de quemar sus bellas iglesias, se recrea en la contemplación de la nuestra de St. Denis». C. Rivas Cherif, Retrato de un desconocido, Grijalbo, Barcelona 1979, pág. 432.

El liberalismo del demócrata don Manuel

Es el coronel muy optimista en el asunto del liberalismo de don Manuel y su República. No lo es menos en su respeto por la libertad en general y en particular por la de cultos y conciencia. Éste había empezado su carrera política con uno de los primeros personajes de derecha muertos en Madrid, Melquíades Álvarez, por cierto asesinado en una cárcel del Gobierno de don Manuel sin que, su antiguo subordinado, moviera un dedo para salvarlo.

En las elecciones del año 23, con Melquíades Álvarez, Azaña, compra votos a duro, manda romper urnas, pegar a los componentes de las mesas. C. Rivas Cherif, Retrato de un desconocido, Grijalbo, Barcelona 1979, págs. 118 y ss. También había militado a las órdenes del conde de Romanones, no se sabe de ningún cacique menos liberal en la historia de España. Y así nos cuentan: en 1913 fue nombrado secretario del Ateneo de Madrid por la candidatura de Romanones. C. Rivas Cherif, Retrato de un desconocido, Grijalbo, Barcelona 1979, pág. 226. Decía Azaña: La República debía servir «para toda la nación... los elementos de la CEDA no tienen títulos políticos para ocupar el Poder, aunque tengan numero en el Parlamento para sostenerse... Una cosa es ingresar en la República, y otra gobernar la República». L'humanitat, 12-1-34. La CEDA, 115 diputados, Azaña, 5. Como se ve su respeto al voto popular era de lo más serio.

No había pasado un mes de la instauración de la República (10-5-31) nos narra el mismo don Manuel: La multitud apaleaba a algunos supuestos derechistas, y a uno «ya caído en el suelo se le acercó un sujeto y le descerrajó un tiro [Una de las clásicas provocaciones de la astuta derecha que nos contará el coronel más adelante. Él estaba en Gobernación a muy pocos metros, con toda la fuerza necesaria para impedirlo o detener a los asesinos. Lo cuenta como una gracieta.]. El agresor se retiró tranquilamente». Azaña, Memorias políticas y de guerra, Afrodisio Aguado, Madrid, págs. 374-375. «Mucho más intolerable se le hizo el voto a la mujer. Era profundamente antifeminista. Estaba siempre en contra de la intervención de la mujer en la vida pública» (1-10-31). C. Rivas Cherif, Retrato de un desconocido, Grijalbo, Barcelona 1979, pág. 210. «Si la pedante Campoamor no se hubiera creído en el caso de romper una caña en pro del voto femenino». M. Azaña, Los cuadernos robados, Crítica, Barcelona 1997, pág. 115. Azaña (13-10-31): «España ha dejado de ser católica... Tenemos de una parte, la obligación de respetar la libertad de conciencia. pero tenemos también, de otra parte, el deber de poner a salvo la República y el Estado. Borrar todas las obligaciones que tenemos con esa libertad de conciencia. Una reacción explicable y natural. No me vengan a decir que esto es contrario a la libertad, porque esto es una cuestión de salud pública». Si esto lo hubiese dicho la derecha. ¿Qué nos contaría el coronel? ¿Habría palabras?

Pocas veces en un parlamento se habrán pronunciado frases menos democráticas invocando a la libertad. Vulneraba la libertad de conciencia, de asociación y expresión, el derecho de los ciudadanos a elegir su instrucción religiosa. En nombre de la cultura amenazaba la educación de millares de niños y la continuidad de instituciones de enseñanza, alguna muy acreditadas. Concebía el estado como una entidad exclusivamente izquierdista en la tradición jacobina, hostil a la religión mayoritaria.

Martínez Barrio, anticlerical y gran maestre de la masonería manifiesta: «estupor y, luego la indignación. ¿Dónde las pruebas, siquiera los síntomas? Todas las clases sociales aceptaban complacidas los derechos de portazgo, y nadie dejaba de bautizar a sus hijos, ni de casar canónicamente, ni, llegada la hora final, prescindía de enterrarlos en cementerios católicos. Tan solo una minoría, insignificante cuantitativamente, habíamos pasado el Rubicón y colocado nuestra conciencia individual fuera de la Iglesia. ¿Acaso el oscurecimiento de la cultura católica? Era obligado reconocer que el clero regular realizaba una intensa labor seudo científica y pulidamente literaria. Tampoco las evocaciones históricas del señor Azaña tenían poder de convicción. Fueron palabras imprudente, innecesarias y divorciadas de la realidad (refiriéndose a la Constitución), de un manotazo rompía con el propósito de ensayar cualquier política de transacción y de acomodo, y se declaraba por el imperio estricto de las mayorías. Pero nunca ha sido lícita en los Parlamentos la aplicación rigurosa de tales principios». Martínez Barrio, Memorias, Barcelona 1983, págs. 74 y ss.

Durante la República estuvieron siempre en vigor La Ley de Defensa de la República o posteriormente la Ley de Vagos y Maleantes, que tan bien le vino a Franco, sin añadir, ni quitar una coma. Éstas leyes permitían cerrar un periódico por tiempo indefinido: un mes, un año, un siglo, en tanto que estuviese en vigor, que lo estuvieron durante toda la República, a capricho del ministro de Gobernación y con un único recurso ante el mismo ministro. No se podía recurrir, en ningún caso, ante los tribunales de justicia. Naturalmente, como no podía ser menos en el régimen de libertades que era la II República, también se podían incautar las rotativas y desterrar al Sahara al director, a su santa esposa, a un vecino o a quien se le antojase al señor ministro, durante, un mes, un año o un siglo.

Azaña nos lo cuenta muy bien: «29-11-32. Hemos acordado autorizar la reaparición del ABC. Domingo torció el gesto y no debía reaparecer aún; lo mismo Fernando, tengo muy en crisis el concepto político de libertad de imprenta, explico un día; Albornoz, que sentaría mal a los republicanos; Largo también se mostró inclinado a negar la autorización. propuse que se retrasara la autorización. los Luca de Tena están divididos. opinando los más que el periódico debería de cambiar de tono con respecto al Gobierno en contra de Juan Ignacio, director del periódico, que está muy furioso y dispuesto a arruinarse antes de ceder. Los Luca de Tena, sin Juan Ignacio, fueron a ver a Casares, hablaron de la interpelación que tenía anunciada el Partido Radical sobre ello.Casares repuso que acaso el procedimiento fuese malo. Se quedaron espantados, e inmediatamente hicieron que Lerroux desistiera. en este asunto de suspensión de periódicos yo creía que no era útil afrontar un debate más, en el que tendríamos que limitarnos a decir que el ABC no sale porque no queremos que salga. Que esta actitud no es para tomada en la Cortes todos los días, y que ya es bastante con haberlo hecho la semana pasada. Insistir desgasta al Gobierno y puede desgastarme a mí. Mañana saldrá ABC. Veremos lo que hace. Dijo Luca de Tena y se lo repitió a Guzmán (director de periódico amigo de Azaña) que tenía preparado un articulo elogioso para mi discurso de Santander, diciendo que nunca se había tratado en España de esa manera tales cuestiones». M. Azaña, Los cuadernos robados, Crítica, Barcelona 1997, págs. 73-75. Habían cerrado cientos de periódicos y posteriormente cerrarían muchos más. 19-2-32. Unamuno, Royo Villanova y varios diputados más, viendo la persecución a los periódicos no gubernamentales, piden en la Cortes que se aplique la ley de Policía e Imprenta de 28-7-83 (Restauración). En diez meses de República había habido más cierres de periódicos que en 60 años de Restauración. (Ver Diario de sesiones de Las Cortes ). Como los periódicos continuaban cerrados, Unamuno, Lerroux, Melquíades Álvarez, Maura, entre otros, el 9-3-32 insisten sin que se les haga el menor caso (Ver Diario de sesiones).

¡Ah! Se me olvidaba, y también podía encerrar y deportar, por un mes, un año, &c. a cualquier súbdito español, todo dependería de lo marchoso que ese día estuviese el ministro. Eso sí sin decirle motivo, lo que indudablemente le daba más emoción democrática y liberal al asunto. «Viene a presentarse el general Goded (10-12-32), que anoche salió de prisiones militares. Entrevista penosa. Está más flaco y de mal color... El 10 de agosto estaba tranquilamente en su casa. le detuvieron, cosa que no le extrañó ni enojó. podían sospechar por su amistad con Sanjurjo. En efecto el juez le dejó libre (según Goded a los tres días), pero el ministro de la Gobernación le ha tenido preso cuatro meses, sin decirle por qué. Está quejoso, porque yo no le he amparado. Se le han causado perjuicios morales y materiales irreparables (me abstengo de decirle que, gracias a mí, no lo han llevado a Villa Cisneros) [Este Azaña era una madre, ¡qué corazón! Y mira que Goded no agradecérselo. ¡Cría hijos!]». M. Azaña, Los cuadernos robados, Crítica, Barcelona, pág. 98.

La policía detiene en Madrid (13-4-32) a un individuo llamado Manuel Lahoz, con mil pesetas y una pistola, después de interrogado es entregado al juez Luis Amado acusado de querer atentar contra Azaña, lo ingresa en la cárcel y al cumplir las setenta y dos horas reglamentarias, lo procesa y lo deja en libertad provisional, al no presentar ninguna prueba la policía y no tener antecedentes penales. El Ministro de la Gobernación le aplica, al juez, la Ley de Defensa de la República, lo arresta dos meses Tuvo suerte pues lo podía haber llevado seis meses al Sahara, ese de día estaba de buenas el ministro.

Recurre el juez al Consejo de Ministros que le deniega el recurso el 26-4-32. Protesta la Unión Nacional de Abogados, el Colegio de Abogados de Madrid, la oposición pide en Congreso que no se pueda castigar a un juez sin formación de causa. En los centros académicos, antes reductos republicanos, la protesta es notoria. El Colegio de Abogados es hostil al Gobierno, la Academia de Jurisprudencia, el Colegio Oficial de Médicos, eligen directivas opuestas al Gobierno. En los Ateneos de Madrid, Sevilla, Alicante, Málaga y Cuenca lo mismo.

El Times de Londres publicaba un artículo (19-4-32) sobre la política que estaba llevando a cabo Azaña. Decía así: «Desde que está en el poder el señor Azaña, no sólo ha hablado claramente, sino que ha obrado con resolución. El secreto de su éxito reside en el hecho de que es en la práctica, aunque no en teoría, casi un dictador. Actuando bajo la Ley de Defensa de la República, puede hacer lo que le plazca... Arresta arbitrariamente a personas que considera peligrosas y suprime periódicos hostiles». En las Cortes (23-11-32) le echan en cara los constantes desafueros cometidos al amparo de la ley de Defensa de la República: Cesantías, expropiaciones, detenciones y deportaciones y le acusan de no respetar la independencia de Poder Judicial. Azaña aclara: «Se pone en peligro la independencia del poder judicial. No ¿Por qué? En primer lugar, yo no sé qué es el poder judicial... pues yo no creo en la independencia del poder judicial... ni el poder judicial, ni el legislativo, ni el ejecutivo pueden ser independientes del. Estado (El señor Alba: Eso lo dijo ya Primo de Rivera). Muy bien pues alguna vez tenía que acertar Primo de Rivera». Pide Gil Robles que se traigan los expedientes de los sancionados. Contesta Azaña: «¡Qué más quisiera Su Señoría que vinieran!». M. Azaña, Obras Completas, Giner, Madrid 1990, V.II, págs. 487,489. Se dirá el coronel muy razonablemente admirado. ¡Puede haber mayor prueba de liberalidad!

Orden público, naturalmente alterado por la derecha.

Veamos cómo iba el orden público en la República, naturalmente la culpa, como nos asegura con toda certeza el coronel Blanco Escolá, era de la perversa y astuta derecha.

Lo de Casas Viejas (13-1-33) lo salda el coronel, como «un lamentable suceso, convenientemente explotado por la oposición», ¡vamos! Una pijada, con perdón. El lamentable suceso consistió en que, la policía de don Manuel, asesinó a sangre fría, por la noche a 14 campesinos que tenían prisioneros desde el amanecer, muchos de los cuales no habían pegado un solo tiro. Hay quien dice, con cierta razón, que don Manuel animó bastante a sus guardias. 28-2-33: «los capitanes de los guardias de asalto de Madrid han suscrito un acta, en la que afirman que sus jefes les dieron orden de no hacer heridos ni prisioneros en la represión del movimiento del 8 de enero». M. Azaña, Los cuadernos robados, Crítica, Barcelona 1997, pág. 192.

La Comisión parlamentaria sobre Casas Viejas, que Azaña no había autorizado, presenta las declaraciones de los oficiales implicados y el examen de los telegramas existentes en las Comisarías de los distritos que confirmaban el carácter draconiano de las órdenes: «A todos los que hicieran resistencia a la fuerza pública o se les encontrasen bombas o armas, se disparará contra ellos, sin entregar heridos ni prisioneros» (Declaración del teniente Rivas Artal). «Que matásemos sin compasión a los que hiciesen frente a la fuerza pública, llevasen armas, bombas o explosivos y que no debía haber heridos ni detenidos». Órdenes del coronel Panguas al teniente Álvarez Urruela.«Que de orden del Excmo. Sr. Director general se prevenga a la fuerza que preste servicio en los registros de luz y electricidad que si arrojan alguna bomba y no se detiene al autor y autores o se les da muerte por el que preste el servicio, será declarado cesante en el acto» (Libro de registro del Cuerpo de Seguridad de Madrid, segundo grupo, séptima compañía, 15 enero de 1933).

Manifestó la Comisión que dos oficiales del Ejército estaban dispuestos a deponer para informar sobre las órdenes recibidas. El capitán Bartolomé Barba, que desempeñaba funciones de confianza del mando, había recibido órdenes directamente del ministro de la Guerra (Azaña) y para deponer debía de ser relevado del secreto de su misión. Solicitado al ministro el permiso por vía reglamentaria. Azaña contestó: «que él no autorizaba ni desautorizaba nada, y el capitán vería la responsabilidad que contraía». El capitán declaró: «Ni heridos, ni prisioneros. Los tiros a la barriga». Ver Libro de actas de Las Cortes.

El capitán Rojas fue el que ordenó los asesinatos. Era republicano de primera hora, cuñado del coronel Saravia, secretario personal e íntimo de Azaña, se fue al exilio con él y vivió en su casa de Francia, jefe del «Gabinete Negro», encargado de la reforma militar. Posiblemente era la persona más odiada por sus compañeros de armas, incluso más que el mismo Azaña. Rojas, aunque al principio coaccionado por Azaña, no firmó el acta; posteriormente si lo hizo. Don Manuel comenta el suceso, cita a su ministro Fernando de los Ríos que dice: «lo ocurrido en Casas Viejas es muy necesario, dada la situación del campo andaluz y los antecedentes anarquistas de la provincia de Cádiz. Por su parte (su otro ministro) Largo Caballero declara que mientras dura la refriega, el rigor es inexcusable». M. Azaña, Memorias Políticas, 1931-1933, Grijalbo, Barcelona 1977, págs. 136,139,140,141.

Por su parte dice Azaña en el Congreso (2-2-33): «En Casas Viejas no ha ocurrido, que sepamos, sino lo que tenía que ocurrir». M. Azaña, Obras Completas, II, Crítica, Barcelona, pág. 535. Previamente a los hechos la Fuerza Pública había sido instruida como don Manuel nos asegura: Azaña escribe (11-1-33) un día antes de los asesinatos: «Me llamó por Casares (Ministro de Gobernación). Se me quejó una vez más de que la fuerza pública no procede con bastante energía... no pegan duro. No cumplen las instrucciones que el ministro les ha dado para destruir por la fuerza a los revoltosos. Contemporizan, tantean aguantan los tiros. hablamos de las medidas que convenía tomar para dar ejemplo de severidad y firmeza. Se han mandado muchos guardias con órdenes muy recias. Espera acabarlo esta misma noche». M. Azaña, Obras Completas, Giner, Madrid 1990, Vol. IV, págs. 130 y ss. A lo que se ve los guardias cumplieron las recias órdenes aconsejadas por Azaña a su ministro. No era la primera vez que Azaña daba ordenes semejantes.

En la revuelta anarquista del 18-1-32 escribe el moderado de don Manuel: «Como Fernando me oyó decir que fusilaría al que cogiese con las armas en la mano, quiso disentir; pero no le dejé, y con mucha brusquedad le repliqué que no estaba dispuesto a que me comiesen la República. Todos los demás ministros aprobaron mi resolución». M. Azaña, Memorias políticas, Grijalbo, Barcelona 1978, pág. 384. El general Batet que mandaba la fuerza no cumplió la orden. Ahí empezaron los problemas de Batet con Azaña, qué fueron muchos. El honrado y heroico general africanista Batet sería fusilado por los nacionales, al oponerse con valor y sin ninguna posibilidad de éxito al Alzamiento en Burgos. Ni una sola cita en las memorias de don Manuel de la heroica muerte del general. Siempre que lo cita es para ponerle verde.

Reforma agraria

Nos pone la Reforma Agraria por las nubes el coronel. Pero la realidad era: 2-10-33. El Instituto de Reforma Agraria solo había instalado a 6.400 familias. E. Malefakis, Reforma Agraria y revolución campesina en la España del siglo XX, Ariel, Barcelona 1971, pág. 280. Como tantas otras veces antes y después, Azaña había asustado a la clase media sin satisfacer a los trabajadores. Había habido una mala administración en las importaciones de trigo. H. Thomas, La guerra civil española, Grijalbo, Barcelona 1976, pág. 130. De cómo iba la famosa reforma opina un experto, don Manuel, que diría el coronel, supongo que le considerará perito puesto en materia, él mismo se había arruinado en su juventud haciendo de agricultor, señorito agricultor ¡naturalmente!

El primer encargado de la Reforma Agraria fue Fernando de los Ríos, del que Azaña, que lo conocía bien opinaba: «He preguntado a Fernando de los Ríos a cuanto ascendía próximamente la extensión de los bienes de señorío. No se sabe. Esto me ha producido mal efecto, y me ha puesto de mal humor. Después de tantas comisiones, tantos peritos, y después de la actitud suficiente y doctoral. resulta que se ignora una de las bases de lo que vamos a hacer. Claro que también se ignora la cabida total o aproximada de la categoría de las fincas sometidas a expropiación. Me he permitido decirle, que tal como va el proyecto nos apoderaremos de una masa de tierras que no tendremos braceros a quien dárselas, ni dinero ni crédito para que las labren, ni organización administrativa ni técnica para hacer la distribución. Tengo una discusión bastante viva con Fernando, le digo que en Castilla un hombre con trescientas hectáreas dispersas, como suele suceder, no es un gran propietario rico, y que el quitarle una o dos tierras nada resuelve y representa una injusticia». Meses más tarde, conociendo más a su ministro, completaba su opinión: «Fernando había procedido como tonto que es, y que quizá no era todo tontería, sino maldad. M. Azaña, Obras Completas, Giner, Madrid 1990, IV, págs. 75,76,355. En todas sus memorias no para de ponerle verde, esto lo podrá ratificar el coronel que seguro que las ha leído con suma atención. ¿O no?

Ante el desastre le deja el testigo a otro genio de la agricultura, Marcelino Domingo, que venía de haber hecho el ridículo más tremendo en Educación, del que don Manuel queda encantado de la vida y le cuenta al veraz coronel: «un propósito de Domingo, manifiestamente absurdo, pero que lo retrata. Así es Domingo: ante la dificultad, salir huyendo; no dirigir, no gobernar; mantenerse al capricho de lo fácil, es decir de la inutilidad, del fracaso. ¡Y Domingo pretende realizar la Reforma Agraria, mil veces más difícil que el Estatuto! A estos señores le pasa lo que a Domingo, están desalentados». M. Azaña, Obras Completas, Giner, Madrid 1990, IV, págs. 437-438. «Con la indecisión de Domingo no se acaba nunca» (12-8-32) M. Azaña, Los cuadernos robados, Crítica, Barcelona 1997, pág. 26. «Es el resultado de la endeblez de carácter de Domingo, que con tal de quitarse momentáneamente de una dificultad». «Domingo se dejaba aturdir y no acertaba a encarrilar el asunto»; «por no echarle una escandalera a Domingo y abochornarlo delante de todos» (8-9-32). Se refería naturalmente a la reforma de marras. M. Azaña, Los cuadernos robados, Crítica, Barcelona 1997, págs. 61-62.

Se crea el Instituto de la Reforma Agraria, decía Azaña (23-10-32): «Ampliado por Domingo hasta 32 individuos, es ridículo y puede hacer fracasar la Reforma Agraria». M. Azaña, Los cuadernos robados, Crítica, Barcelona 1997, pág. 71. Llevaban año y medio de Reforma. Se presentan los presupuestos de Agricultura: Sorprendieron a todos, apenas se presupuestaba nada para la Reforma Agraria, que estaba paralizada, decía Domingo que no había tenido tiempo. Diario de sesiones, 14-12-32. «Marcelino Domingo. Su desconocimiento de las cosas del campo es total. No sabe ya lo que quiere (si lo ha sabido alguna vez), y está siendo víctima de su poca autoridad, de su timidez y de las intrigas. Desde el Consejo en que nos informó de la Reforma, estoy desconsolado. No harán nada útil, y habiendo producido inquietud y perturbación, ni Domingo ni sus huestes son capaces de hallar para la República la compensación necesaria, atrayéndose masas de campesinos a quienes se dé tierra [Ese era su verdadero y único fin]» (16-3-33). M. Azaña, Los cuadernos robados, Barcelona 1997, págs. 38 y ss; «lo despacio que va la Reforma Agraria. El asunto excede de las fuerzas de Domingo» (23-3-33). M. Azaña, Obras Completas, Giner, Madrid 1990, IV, pág. 475. «Marcelino. se empeña en conservar la cartera de Agricultura. Le imputan el fracaso de la reforma agraria. Debe de tener una gran confianza en el acierto, o una ceguedad absoluta, porque, en vez de aprovechar la primera ocasión para soltar el fardo, persiste en llevarlo» (6-6-33). M. Azaña, Los cuadernos robados, Crítica, Barcelona 1997, pág. 337. Ya llevaban más de dos años, mi coronel, y no parecía que la cosa marchaba tan bien como nos cuenta; «en que han gastado tantos meses. ¿Qué puede hacerse? Lo más inasequible del mundo es pedirle a Domingo precisión y detalles de alguna cosa. Su desconocimiento de las cosas del campo es total. Trabaja con una legión de técnicos, juristas, &c., que hasta ahora no han hecho sino escribir y viajar. Puesto en el disparadero me harté de decirle atrocidades, en las que salía mi experiencia de antiguo labrador. Se disponía a comprar ¡cuatro mil pares de mulas! Habiendo en España tantos yunteros que no saben qué hacer con sus yuntas, mi desastrosa impresión nacía de que el ministro no sabia» (6-7-33). M. Azaña, Los cuadernos robados, Crítica, Barcelona 1997, págs. 382-383; «estoy desconsolado. No hará nada útil, y habiendo producido inquietud y perturbación. La protesta contra los socialistas aumenta. El desquite de los obreros ha sido inevitable, y en los más de los casos, justo; pero se cometieron abusos. y además se disputan los huesos de una economía rural pobre. la opinión que protesta es muy fuerte. se lo achacan todo a la República. Peligro consiste en que, el día de las elecciones, muchos, por votar contra los socialistas, voten contra la República [Ese seguía siendo el problema y no la reforma que a Azaña nada importaba]». (28-7-33) M. Azaña, Los cuadernos robados, Crítica, Barcelona 1997, pág. 407.

La «Ley agraria, elaborada con lentitud que la invalidaba antes de nacida en el seno de las organizaciones socialistas, en los distritos campesinos prendió el morbo revolucionario. Hubo muertos y heridos». C. Rivas Cherif, Retrato de un desconocido, Grijalbo, Barcelona 1979, pág. 230.

24-5-34. Gobernaba el centro-derecha desde hacía cinco meses. Se espera la gran cosecha del siglo, la Federación Española de Trabajadores de la Tierra (PSOE) organiza una huelga a la que se une el PCE. Decía un manifiesto comunista: «No hay otra salida de la situación que la toma del revolucionaria del Poder por la lucha insurreccional victoriosa». Otro socialista: «hay que prender fuego a las cosechas de los más opulentos. Hay que quemar máquina y aperos. Si nos derrotan por vuestra torpeza, moriréis bocitos y los vuestros de hambre. Pues ya que vais a morir, peleando o no, ¿qué os importa matar a quien os va causar la muerte? ¿Qué os importa destrozar lo que no es hoy ni será nunca vuestro? Vamos a por la conquista de la jornada de 6 horas, incluido el tiempo para ir y venir de los tajos; por la prohibición del uso de las máquinas por la toma y reparto. Entre los obreros agrícolas de todas las tierras comarcales, del Estado, del señorío, de la Nobleza, de la Iglesia y de los ricos».

La huelga se declara ilegal el día 30, por su carácter revolucionario. Hay un acuerdo entre comunistas, CNT y UGT: «es de absoluta necesidad actuar con violencia desde el primer momento.debe incendiarse toda cosecha donde se trabaje, llegando a la agresión personal con los trabajadores, en caso de que estos fueran protegidos por la fuerza pública. cogerlos aisladamente después del trabajo para impedirles que vuelvan a trabajar más». R. Salazar Alonso, Bajo el signo de la revolución, San Martín, Madrid 1935, pág. 161.

El 5-6-34 empieza la huelga. Los diputados socialistas de cada provincia la dirigen. El Gobierno actúa con energía. Hubo desordenes e incendios de maquinaría y cosechas en pueblos de Badajoz, Sevilla, Jaén, Ciudad Real, Toledo, Murcia y Málaga. Margarita Nelken (PSOE) decía en las Cortes (7-6-34): «A los propietarios de Jaén o de Sevilla que se han atrevido a sacar las máquinas al campo les han sido quemadas las máquinas o sus propietarios han sido muertos. (un diputado: «asesinados») Muy bien: asesinados; como asesina también la Guardia Civil. hay muchos muertos. (el mismo diputado: «asesinados») Llámelos como SS. quiera. ¡Al fin y al cabo, a mi no me va a dar miedo!». A pesar de los socialistas la huelga declinó pronto, solo seguía en Badajoz y Jaén. Hay varios asesinatos, incendios de cortijos, maquinaria y cosechas, el Gobierno pretende declarar el «estado de guerra» a lo que se opone Alcalá Zamora. N. Alcalá Zamora, Memorias, Planeta, Barcelona 1998, 8-6-34.

El 9 finaliza la huelga en fracaso, así lo reconocen las JJSS en Octubre, Informe de la Comisión Ejecutiva de la Federación Nacional de JJSS, págs. 49-51. El fracaso de está huelga supuso el fracaso de otras en el futuro, al haber perdido los campesinos su fe en el PSOE. Pienso que está bastante claro el asunto de la Reforma Agraria, que nunca fue, en la que tampoco pusieron demasiado entusiasmo las derecha, aunque infinitamente más que la izquierda. Nada parecido a lo que el coronel nos quiere encajar con tanto empeño. De todas maneras nunca había sido Azaña un entusiasta de la Reforma, así el nada sospechoso de fascismo, Ramos Oliveira, nos cuenta 17-7-31: Solo en esa fecha habla Azaña de la reforma agraria y no es por su interés para la nación sino con la conexión que guarda con el orden público, la amenaza de hambre y la perturbación social. «En vano se buscará un discurso sobre la cuestión agraria en los tres voluminosos tomos de oraciones políticas de Azaña. El problema del campo no llegó nunca a constituir en la política republicana una aspiración nacional o preocupación primordial de todos los partidos del régimen». A. Ramos Oliveira, Historia de España, Compañía general de ediciones, México 1952, pág. 94.

Nos dice el coronel que la «legislación laboral y la reforma agraria fueron anuladas» durante el Gobierno de centro-derecha, «Bienio negro». Nada menos cierto y él sabe que miente o debería de saberlo. 18-1-34. La CEDA, llevaba menos de un mes apoyando al Gobierno, presenta una proposición de ley pidiendo la creación, con carácter obligatorio, del seguro de paro normal involuntario. Contribuirían al fondo los obreros con el 1,5% de su salario, los patronos con el 2% y el Estado con el 50% de las prestaciones de patronos y obreros. Se consignaría una partida de 100 millones de pesetas. en el próximo presupuesto, nunca se había hecho nada perecido en el bienio anterior, el excelente que dice el coronel. Se proponía también la creación de una Comisaría contra el paro en el Ministerio de Trabajo. Presento la proposición Fernández Ladreda (militar, asturiano y de la CEDA). La única ley derogada por el Gobierno (24-5-34) fue la de Términos Municipales por. Ésta absurda ley, redactada por Largo Caballero, impedía a los obreros de un término municipal trabajar en otro, aunque no hubiese obreros suficientes, lo cual era demencial.

Payne, Fusi, conocidos prorrepublicanos y otros, nos ilustran: En este «Bienio Negro» la renta per cápita subió de 1.022 a 1.055 pesetas, en los años anteriores bajo el mando de Azaña había descendido. Hasta el 33 la inversión privada descendió fuertemente, en este bienio se recupera la confianza, se fundan más empresas, crece la producción industrial y el comercio exterior. 1935 fue el mejor año de la República. Los sueldos no cayeron, en algunos casos crecieron. El número de fallecidos por hambre que en el 33 alcanzó su ápice con 260, duplicando las del 31, descendió en el 35 que hubo 239. La mortalidad general descendió (10.000 menos que en el 33). S. Payne, La primera democracia española, Paidós, Barcelona 1995, págs. 182-183 y 270; J. P. Fusi y J. Palafox, España, pág. 280; Movimiento natural de la población, 1931 a 1935.

Los presupuestos para la enseñanza aumentaron. El primer bienio 577 millones, este 685. El porcentaje en los presupuestos pasó de 6,6% en el 33 a 7,08% en el 34. La construcción de escuelas no varió, 5.000 en cada bienio. Se recuperó en parte la enseñanza religiosa. No se abolió la reforma agraria, mejorando el tamaño de las parcelas. Los presupuestos militares descendieron, 693 millones el 33, 596 en el 35. S. Payne, La primera democracia española, Paidós, Barcelona 1995, págs. 111-112; R. Salas Larrazabal, Los datos exactos de la guerra civil, Drácena, Madrid 1980, pág. 249. P. Preston, La destrucción de la democracia en España, Turner, Madrid 1978, pág. 260.

En orden público: primer bienio por razones políticas 203 muertos, bienio negro 72. En la mayor parte de los casos en disturbios organizados por la izquierda o atentados del mismo origen. S. Payne, La primera democracia española, Paidós, Barcelona 1995, pág. 404. En el bienio negro disminuyó el paro. El triunfo del Frente Popular en el 36 supuso la vuelta a la situación del 33. La bolsa bajó, disminuyó la producción, hasta en la agricultura, que en el 33 se había mantenido, aumentó el paro hasta los 800.000. H. Thomas [otro casposo fascista], La guerra civil española, Grijalbo, Barcelona 1976, págs. 213-214. Y por fin nos cuenta un republicano convencido: Al llegar Lerroux al poder triplicó, en 1934, los asentamientos de colonos del bienio anterior, aumentando el tamaño de las parcelas. E. Malefakis, Reforma Agraria y revolución campesina en la España del siglo XX, Ariel, Barcelona 1971, págs. 396-397.

Nos dice en muchas partes de su librito el coronel, que Azaña había hecho grandes cosas, una importantísima la reforma militar. El pobre Azaña lo único que hizo fue envidiar a todos los intelectuales de la época, insultar a todos sus amigos, sembrar el odio y el resentimiento en las almas de todos, como hace nuestro coronel, amigos y enemigos, y recoger una guerra civil, que esperemos que esta vez no se les logre.

Reforma militar

El concepto que del Ejercito tenía don Manuel, era conocido desde hacía tiempo, así, con gran satisfacción del coronel y con su total acuerdo, supongo, decía (15-10-18): «Acabado el Ejército permanente terminaría el régimen hospitalario de las Academias Militares, donde una clase media anémica asila a sus hijos y huérfanos en lugar de lanzarlos a la concurrencia social». M. Azaña, Obras Completas, Giner, Madrid 1990, vol. I, pág. 263. Es de suponer que nuestro coronel, procedente de una clase media anémica, se vea perfectamente reflejado en la definición de nuestro ferviente admirador, le felicito. Y tenga mucho que reprochar a su padre, me dicen oficial del Ejército franquista, por haberle asilado en lugar de lanzarle a la concurrencia social. «Se había rodeado el ministro de la Guerra... La República tenía en el ejército menos enemigos que Azaña, y éste a su vez bastantes menos que su funesto gabinete particular. fanáticos, sectarios o rencorosos y perseguidores que hicieron al régimen y al presidente del Gobierno un daño enorme». Así se expresa el primer Presidente de la República, N. Alcalá Zamora, Memorias, Planeta, Barcelona 1998, págs. 261-262. De la reforma decía el nada franquista Madariaga: Azaña impuso sus decisiones «en una serie de hechos y medidas que, a pesar de tocar la carne viva de sus intereses y privilegios, permanecían ocultos en el secreto, hasta que los militares se enteraban en la prensa. Así se fueron infringiendo una serie de heridas morales que le causaron quizá más resentimiento todavía que el perjuicio material que implicaba», S. Madariaga, España, Buenos Aires 1942, pág. 489.

Opinaban los militares más preparados como lo hacía Madariaga. Mola criticaba la reforma: Reconocía la mala organización del Ejército, como lo hacía la mayoría de los militares, y que ningún gobernante español contó con los medios y el ambiente de Azaña para solucionarlo. «Sin embargo nadie como Azaña hizo más para destruir lo bueno y acrecentar lo malo. En escaso tiempo destrozó el Ejército, dejándolo reducido a una piltrafa. en la tarea le ayudaron unos cuantos individuos que vestían el uniforme militar. Medidas encaminadas a separar del Ejercito a generales competentes, jefes dignos y oficiales pundonorosos por el solo hecho de haberse negado a colaborar con la revolución. Se creo el Gabinete Militar (Gabinete Negro) que creó los Comités de Destinos, en las guarniciones, casi todos ellos cayeron en manos de los más indeseables, llevando a cabo las más ruines venganzas. Se renovaron todos los mandos con notoria vejación por este gabinete». E. Mola, El pasado, Azaña y el porvenir, Santaren, Valladolid, cap. II y III. Vigón coincidía con Mola: «Trituró al Ejercito, su labor fue anárquica y de indisciplina, desprecio de los valores morales», «encumbramiento de indeseables», «tolerar con complacencia y hasta llegar a favorecer los ataques más denigrantes contra el cuerpo de oficiales, de la parcialidad y del favor que imperaron en la elección de personas para cargos y destinos; de estimular servicios inadecuados e inconfesables; de las vejaciones que se hizo a militares de todas las categorías por esbirros al servicio de los gobernantes; de anteponer al ideal nacional o puramente militar el partidista». J. Vigón, Milicia y Política. IEP, Madrid 1947.

De los resultados de la magnifica reforma militar nos cuenta el mismo coronel Blanco (pág. 153): «En el verano de 1936, las Fuerzas Armadas apenas contaban con municiones para un día de combate y carecían además de carros, cañones contracarro y antiaéreos, aviones modernos». Naturalmente la culpa la tenían reaccionarios generales africanistas, como muy bien nos explica. Casualmente era Azaña el que había gobernado y sido Ministro de la Guerra la mayor parte del tiempo en la República, según nos cuenta trabajando muy bien e incasablemente en la reforma militar, con el aplauso de toda la gente inteligente del país. De 64 meses que había durado nuestra lamentable II República, 26 habían gobernado el centro-derecha, la derecha sola nunca. No hay constancia que estos en esos meses se quemase material de guerra, ni se regalase. Quiere decir esto, que sí la cosa militar estaba como estaba, que lo estaba, la única culpa era el desastre de la reforma de Azaña y por tanto del mismo don Manuel.

Nos asegura el coronel que la República fue recibida con hostilidad por los militares, nada más falso. Casi nadie en España, y menos los militares, echaban en falta al Rey después de su comportamiento ruin con Primo de Rivera y su vergonzosa huída dejando a su mujer e hijos en Palacio haciendo las maletas. La Monarquía había caído, lo dijo José Antonio: como una cáscara vacía y sin que ni un pelotón de Alabarderos se prestase a defenderla. El mismo Azaña afirmaba en las Cortes (2-12-31): «La República es obedecida por todos y dentro del ejercito con mayor devoción y con mayor abnegación, porque quizás dentro del ejercito estén las personas que han tenido que mutilar más sentimientos íntimos y más obligaciones anteriores. Esto, lejos de ser una tacha para los que tal hacen, es un motivo de respeto. La mayor iniquidad que se puede cometer con una persona es motejarla ahora que sus deberes, en cierto sentido, han cambiado, por haber cumplido puntualmente los antiguos». M. Azaña, Obras Completas, Giner, Madrid 1990, Vol. II, pág. 96.

Pena es que se pasase todo esto por el forro de sus caprichos, liberales naturalmente, y persiguiese con saña a los militares de más prestigio, por haber cumplido sus deberes anteriores, siempre que no le adulasen con toda su alma. La hostilidad vendría mucho después y sus muchos motivos habría: Azaña además de colocar en los puestos principales del Ejército a sus conmilitones, aunque fuesen los de menos prestigio, hizo todo lo que pudo para humillar a los militares. Lo advertía Franco (23-6-36), que escribe a Casares Quiroga: Le exponía su preocupación por la división entre los militares, reflejo de la de la nación. Protestaba por el «favoritismo en los destinos, siempre a los menos preparados. Le advertía del peligro que esto suponía». JA. Ansaldo, ¿Para qué? (De Alfonso XIII a Juan III), Buenos Aires 1951, pág. 42. Decía Azaña: «desgraciadamente, salvo honrosas excepciones, entre los militares republicanos no hay más que botarates. Los inteligentes son todos de antecedentes monárquicos». J. S. Vidarte, El bienio negro, pág. 214. Azaña, Memorias. V. I, pág. 121. No obstante, todos los mandos importantes eran republicanos.

Se sanciona a los militares retirados (1-3-32). Se discute la ley por la que: «Art. 2º. Los generales y oficiales. podrán ser, mediante decreto del Gobierno, dados de baja [Por supuesto todo esto a capricho de Azaña, y sin posibilidad de recurrir a tribunal ninguno], temporal o perpetuamente, en las nóminas que acrediten sus haberes pasivos». Comentaba Azaña del artículo: «la República, que es pobre, no puede permitirse el lujo de costear la vida de sus enemigos. Esto puede que no sea una cosa jurídica [Su respeto a la ley era evidente], pero es de un sentido común tan fulgurante que me deslumbra». Antes Maura le había dicho de 5.000 familias que iban a vivir angustiadas por ese motivo, Azaña le responde: «¡Admirable! ¿Qué cosa mejor que la presión de esas familias sobre sus respectivos padres para que se estén quietos? [Ya supongo que estas cosas al coronel le parecerán de perlas, pero a los militares decentes de antes y de ahora no nos gustan nada, es de suponer que tampoco a los médicos decentes, ni a los fontaneros decentes, ni a las camareras decentes, &c., nada más que a gente como él. Ahora a eso se le llama terrorismo. Es lo que hace la ETA, pero con la ventaja moral para ésta, que no lo hace desde el Poder y corre riesgo al hacerlo.]». M. Azaña, Obras Completas, Giner, Madrid 1990, tomo II, págs. 173 y ss. «He tenido algunas cosas divertidas. vino a visitarme el Consorcio de la Banca privada. a pedirme que hiciera algunas declaraciones sobre el orden público... les dije que no me daba la gana hacer declaraciones sobre nada, y que debían dar cuarenta mil duros para los inundados de Sevilla, para impedir que quemaran algún banco. Se quedaron de piedra, y han soltado los 40.000 duritos. Con estas y otras mil cosas se divierte uno un poquito. Yo no digo nada, me rasco la barba». Carta de Azaña a Rivas Cherif (21-3-36) en C. Rivas Cherif, Retrato de un desconocido, Grijalbo, Barcelona 1979, págs. 668-670. Esto era lo que hacía Al Capone, pero con mayor fuerza moral, por las circunstancias antes dichas.

Era don Manuel muy aficionado a estas cosas, así el mismo nos cuentaba satisfecho: 14-4-33. Va de viaje y llega a Antequera: «El alcalde es radical. Cuando propaló. que iba a caer el Gobierno, el alcalde mandó preparar cohetes. Enterados los republicanos y socialistas. hicieron correr, en secreto, el rumor de que cuando sonase la música y se oyesen los cohetes sería señal de que don Manuel Azaña había dado permiso para que durante veinticuatro horas cada cual hiciese en el pueblo lo que le diese la gana. El rumor secreto no tardó en llegar al alcalde, y aterrado, mandó echar los cohetes en un charco». M. Azaña, Los cuadernos robados, Crítica, Barcelona 1997, pág. 234. Así funcionaba el orden público de don Manuel. Nadie dudaba que la situación podría darse.

Nos explicaba muy bien el coronel que los militares africanistas, esto es los reaccionarios (pág. 49), eran unas calamidades, y los otros, los suyos, un dechado de virtudes castrenses. Ya nos había ilustrado don Manuel de los botarates que eran los admirados militares del coronel. Nos cuenta de la ultraderechista UME, pero a ella pertenecía sus admirados militares Vicente Rojo y Miaja. 30-7-32 El Socialista, órgano oficial del PSOE escribe: «habíamos creído, hasta ahora, que eran los jefes y oficiales quienes más necesitaban de los psiquiatras. Pregonemos nuestro orgullo: tenemos médicos para los soldados y médicos para los jefes, cada uno de ellos especialmente capacitado para sus funciones respectivas. A veces, sin embargo, el médico de un capitán, especializado en capitanes y preparado para vigilar la salud de los capitanes, se ha visto en el caso de tener que asistir de parto a la señora de un capitán. ¡Terrible conflicto!, porque, por muy psiquiatra que el médico sea, no había previsto que los capitanes pudieran llegar a estos trances. En estos casos debería establecerse una competencia de jurisdicción entre el médico de los jefes y el médico de los soldados. En definitiva, tendría que intervenir este último, porque podría demostrarse que la culpa de todo era del asistente». Azaña que tantos periódicos cerró a éste ni siquiera le amonestó. Gracioso ¿verdad coronel?

Nos habla mucho, aburre un poco, de los «generales africanistas», los que no eran botarates según don Manuel, los que habían hecho su carrera en África. Generales africanistas en España eran todos, en el siglo XX fue la única guerra que había tenido España y los generales que no son cobardes van a las guerras, sobre todo antes de serlo. Aunque el coronel no sea partidario, Por cierto, todos los generales ingleses eran africanistas o asistas o las dos cosas a la vez, Churchil lo era mientras fue militar, Montgomery lo fue, sus guerras habían sido en África y en Asia. A los franceses les pasaba lo mismo y a todos los países con colonias. ¿Qué cosa más rara, no? De todas maneras oculta, con sumo cuidado el coronel, que fueron muy pocos los generales sublevados el 18 de Julio. De 24 generales de División, 20 fueron rojos, 4 nacionales.

De 116 generales de Brigada, 100 fueron rojos, 16 nacionales. Coroneles y Tte. coroneles, 2/3 fueron rojos, 1/3 nacionales. Comandantes, 1/2 rojos, 1/2 nacionales.

Oficiales y suboficiales (los más próximos al soldado, ¿pueblo?), la mayoría nacionales. Como se ve los que menos habían estado en la guerra del Rif, los menos africanistas, los más jóvenes, eran los que más se sublevaban con más ganas. Todos los jefes de División, máximo grado en el Ejército de la época, eran republicanos el 18 de Julio, solo Cabanellas, el general que más había conspirado para traer la República, en Zaragoza jefe de la 5ª División estaba con Mola. En general los altos mandos estaban con el Gobierno y los jóvenes con los conspiradores. H. Thomas, La guerra civil española, Grijalbo, Barcelona 1976, pág. 200. De todas maneras al coronel no se le puede hacer mucho caso.

Dice en su librito (pág. 60) que Mola para nada era republicano, en el mismo librito (pág. 63) avisa, arriesgándose a que estos no participasen en el Alzamiento, a monárquicos y requetés, el 5-6-36 que se compromete «durante su gestión a no cambiar el régimen republicano». No era republicano pero lo disimulaba la mar de bien. Escribe con toda falsedad que los católicos se opusieron también a la República. Lo único cierto es, que con el beneplácito de don Manuel que no hace nada por evitarlo, al mes escaso de la proclamación de la República se incendian más de quinientas iglesias en España. Los católicos, sólo protestan de forma muy moderada en sus periódicos y nunca en la calle de forma violenta.

Bienio Restaurador (Negro) fue un desastre

Nos habla del bienio Restaurador (Negro) que fue un desastre. Sin embargo Payne, Fusi y otros nos ilustran: En este «Bienio Negro» la renta per cápita subió de 1.022 a 1.055 pts, en los años anteriores bajo el mando de Azaña había descendido. Hasta el 33 la inversión privada descendió fuertemente, en este bienio se recupera la confianza, se fundan más empresas, crece la producción industrial y el comercio exterior. 1935 fue el mejor año de la República. Los sueldos no cayeron, en algunos casos crecieron. El número de fallecidos por hambre que en el 33 alcanzó su ápice con 260, duplicando las del 31, descendió en el 35 que hubo 239. La mortalidad general descendió (10.000 menos que en el 33). S. Payne, La primera democracia española, Paidós, Barcelona 1995, págs. 182-183, 270. J. P. Fusi y J. Palafox, España, pág. 280. Movimiento natural de la población, 1931 a 1935. Los presupuestos para la enseñanza aumentaron mucho. El primer bienio 577 millones, este 685. El porcentaje en los presupuestos pasó de 6.6% en el 33 a 7.08% en el 34. La construcción de escuelas no varió, 5.000 en cada bienio. Se recuperó en parte la enseñanza religiosa. No se abolió la reforma agraria. Se triplicó el número de asentamiento de colonos que en la era azañista, mejorando el tamaño de las parcelas. Los presupuestos militares descendieron, 693 millones el 33, 596 en el 35. S. Payne, La primera democracia española, Paidós, Barcelona 1995, págs. 111-112. R. Salas Larrazabal, Los datos exactos de la guerra civil, Drácena, Madrid 1980, pág. 249. P. Preston, La destrucción de la democracia en España, Turner, Madrid 1978, pág. 260. En orden público: primer bienio por razones políticas 203 muertos, bienio negro 72. En la mayor parte de los casos en disturbios organizados por la izquierda o atentados del mismo origen. S. Payne, La primera democracia española, Paidós, Barcelona 1995, pág. 404. «Y es cierto que una de las deficiencias de la Restauración había sido su escasa atención a la instrucción pública y que, en ese sentido, los republicanos hicieron un esfuerzo indudable. Los recursos dedicados a instrucción pública (577 millones de pesetas en el primer bienio), aunque mayores que antes, seguían siendo mediocres, manteniéndose proporcionalmente entre los más bajos de Europa, como señala S. Payne (se construyeron algo más de 5.000 escuelas no las 13.000 de la propaganda). Otro fallo fue la improvisación de miles de maestros mediante cursillos demasiado rápidos. Esos maestros eran a menudo menos expertos que politizados, y concebían su tarea como una especie de adoctrinamiento en sentido izquierdista. Un tercer error, producto del sectarismo, y que neutralizaba en buena medida los otros avances, fue la prohibición de la enseñanza a las órdenes religiosas, obstaculizando o cerrando centros de gran solera y prestigio, como el único centro español dedicado a la enseñanza de las ciencias económicas, en la universidad de Deusto. Con todo esto, está claro que la tan elogiada revolución cultural de la república no pasa de ser una entelequia. En cuanto al segundo bienio, de centro derecha, también tradicionalmente motejado de oscurantista, aumentó notablemente los presupuestos de enseñanza, que pasaron a 685 millones, y la construcción de escuelas continuó prácticamente al mismo ritmo». Pío Moa, «La izquierda y la cultura», en «Ideas», suplemento de Libertad Digital, 14-2-2003. Al llegar Lerroux al poder triplicó, en 1934, los asentamientos de colonos del bienio anterior. E. Malefakis, Reforma Agraria y revolución campesina en la España del siglo XX, Ariel, Barcelona 1971, págs. 396-7. En el bienio negro disminuyó el paro. El triunfo del Frente Popular en el 36 supuso la vuelta a la situación del 33. La bolsa bajó, disminuyó la producción, hasta en la agricultura, que en el 33 se había mantenido, aumentó el paro hasta los 800.000. H. Thomas, [otro casposo fascista] La guerra civil española, Grijalbo, Barcelona 1976, págs. 213-214.

Golpe de estado fascista de la CEDA

Asegura el coronel con evidente frescura (págs. 42-45) que las derechas «posiblemente aspiraban a derribar (la República) mediante un golpe de estado ejecutado desde el poder». Querían imitar lo sucedido en Alemania y Austria. Y «se negaban a reconocer la República». Lo segundo es evidente que estaban en su derecho, como los republicanos estaban en el suyo de no reconocer la Monarquía. ¿o no coronel? ¿Metieron a alguien en la cárcel por ello en Restauración o Dictadura? Y lo primero hay que tener cara para suponerlo. Ya lo decía gente seria.

Madariaga (antifranquista, exiliado en Inglaterra desde el 18 de Julio): «si Gil Robles hubiera tenido la menor intención de destruir la Constitución del 31 por la violencia, ¿qué mejor ocasión que la que le proporcionaron sus adversarios alzándose contra la misma Constitución en octubre del 34, precisamente cuando él, desde el poder, pudo como reacción haberse declarado en dictadura? Lejos de haber demostrado en los hechos apego al fascismo y desapego al parlamentarismo, Gil Robles salió de esta crisis convicto y confeso parlamentario». S. de Madariaga, España, Madrid, Espasa Calpe,1979, pág. 362. No fueron prohibidos los partidos rebeldes, ni siquiera momentáneamente, el estatuto catalán quedó suspendido, no abolido. Raros fascistas estos que además permitieron, un año después, elecciones libres que perdieron, y no aplastaron a los revolucionarios a pesar de tener el Ejército, la Policía y la razón a su favor. Extraños fascistas ¡Ciertamente!

Revolución 34 y represión en Asturias

Desde la pérdida de las elecciones en noviembre del 33, para ocultar el desastre que había sido su gobierno en todos los aspectos, sobre todo en el agrícola, donde en la Reforma Agraria de la que habían hecho muy poco y lo poco estaba paralizado, los partidos de izquierda organizan huelgas absurdas, pidiendo cosas inconcebibles, para llevar a la ruina a los patronos y así crear la pobreza y con ella situación necesaria para la revolución que ya preparaban fuese un éxito. En marzo del 34 El PSOE ya esta en la preparación de la revolución, las JJSS haciendo toda clase de huelgas, atentados, motines y toda clase de barbaridades. Besteiro intenta parar la locura, pero es rebasado por todas las partes y se retira.

Nos cuenta el Folleto «Octubre», Informe de C. Hernández Zancajo, presidente de la Comisión Ejecutiva de la Federación Nacional de JJSS, Editorial Renovación, Madrid 1938, pág. 84: Largo va a Barcelona a fines de febrero para organizar las «Alianzas Obreras» para la conquista del Poder. Compuesta por los socialistas, la UGT, Bloque Obrero y Campesino (comunistas trostkistas), sindicatos autónomos, rabassaires y la Unión Socialista de Cataluña (USC). Nos cuenta el coronel de lo poco partidario que era don Manuel de los golpes de estado Efectivamente de los golpes de estado que no tuviese ninguna posibilidad de ganar él, como sucedía, al principio, en el del 34.

Sin embargo don Manuel había participado en la organización del sangriento golpe de diciembre del 30. Y había seguido: La izquierda (entre ellos Azaña) no aceptó el resultado de las urnas (19-11-33), intrigó con Martínez Barrio para impedir la reunión de la nuevas Cortes, pretendiendo formar otro gobierno y convocar nuevos comicios.

Martínez Barrio, aunque de su cuerda, rechazó las propuestas de golpe de estado: «Yo sé que las inspiran altos móviles, pero, en puridad de verdad, no servirían para otra cosa que para acumular dificultades». D. Martínez Barrio, Memorias, Barcelona 1983, pág. 212. Carlos Seco Serrano, académico de la Historia: «Azaña llevó su intransigencia, a la hora de la verdad, hasta negar practícamele la democracia de la que él se creía máxima encarnación. Ocurrió esto en 1933, cuando, en unas elecciones efectuadas con absoluta pulcritud por Martínez Barrio, presidente entonces del Gobierno y hombre de intachable ideología izquierdista, triunfaron las formaciones de centro y derecha. La reacción de Azaña resulta inconcebible: se apresuró a entrevistarse con Martínez Barrio para exigirle nada menos que esto: dar por no celebradas las elecciones –disolver la nueva Cámara antes de que se reuniese–; formar un nuevo Gobierno de izquierdas rabiosas, que ofreciera garantías; y llevar a cabo un nuevo proceso electoral que debía restablecer la antigua mayoría. Se trataba de un pucherazo de tal magnitud que jamás lo hubiera intentado, con todas sus corruptelas electorales, el antiguo régimen. Martínez Barrio se negó». «El mito azañista», en El País, 21-4-97. Alcalá Zamora (19-11-33): «Nada menos que tres golpes de estado se me aconsejaron en 20 días. El primero a cargo de Botella (radical socialista), el ministro de Justicia, quién propuso la firma de un decreto anulando las elecciones hechas. Inmediatamente después propuso Gordón Ordás (radical socialista), ministro de Industria, que disolviese las nuevas Cortes... Pocos días más tarde Azaña, Casares y Marcelino Domingo». Alcalá Zamora, Memorias, págs. 260. 7-7-34. Alcalá Zamora escribe en su Dietario, como consecuencia de una visita de Martínez Barrio enviado por los conjurados, que pretendían de manera ilegal tirar al Gobierno Samper: «se presentó como embajador más que como socio de Azaña, Sánchez Román y Maura... Venían, nada menos, a que yo matase a las Cortes por la espalda, provocando una crisis a gusto de ellos... nada me pudo replicar cuando le pregunté el juicio que le merecería tal conducta, trocada la situación de los partidos... Al verme opuesto a lanzar fuera del régimen a la mitad larga de la Cámara y del país, me dijo que tenía razón en todos mis reparos y repulsas y que así se lo había dicho él a los otros señores que le enviaban pero que éstos le habían convencido con el argumento de que lo razonable y prudente no rige en las horas extraordinarias y catastróficas... habló de un golpe de Estado , con cuyo fantasma intentan asustarme... hace un mes... le he dicho que contra mi es difícil dar un golpe de Estado, y, conmigo, imposible, como lo evidencia la negativa a todo lo que me proponen estos señores, incluso hoy mismo... la entrevista de una hora y veinte minutos, terminó bien, rogándole encarecidamente, por la República y por España, que él y su partido... no se dejasen arrebatar por el apetito sin freno ni reparo en los medios de quien no saben o no pueden vivir en la oposición». Alcalá Zamora, Memorias, pág. 382.

Confirma el conocimiento del golpe por parte de Azaña, el comandante Pérez Salas partidario acérrimo suyo, que estuvo con Dencàs la noche del 6 de octubre, junto con Arturo Menéndez comandante, director general de Seguridad que ordenó la matanza de Casas Viejas en el gobierno de Azaña. Pérez dice en su libro Guerra en España que Azaña preparaba un golpe con base en Barcelona: «Se daría a conocer al pueblo el nuevo Gobierno, habría de estallar una huelga general, como adhesión al nuevo Gobierno». Sin embargo «no existió completo acuerdo entre os partidarios ni entre las personas que habían de formar el Gobierno por lo que Azaña desistió». Acta de la reunión conjunta de las ejecutivas del PSOE y la UGT del 2-7-34.. J. Pérez Salas, Guerra de España, México 1947, págs. 67-68. Azaña el 1-6-34 había dicho: «Cataluña es el único poder republicano que hay en pie en la península. vamos a situarnos en la misma situación de ánimo en que estábamos frente al régimen español el año 1931"». «Unas gotas de sangre generosa regaron el suelo de la República y la República fructificó. Antes que la República convertida en sayones del fascismo o del monarquismo... preferimos cualquier catástrofe, aunque nos toque perder». Parlamento, Diario de Sesiones, 5-5-36. Dencás, El 6 de octubre, pág. 45. Azaña, Mi rebelión en Barcelona, pág. 35, y M. Azaña, Memorias políticas y de guerra, Afrodisio Aguado, Madrid, tomo II, pág. 131. El socialista, 3-7-34. J. Pérez Salas (rojo), La Guerra de España, págs. 67-68. Largo Caballero, Escritos, págs. 111-116. 23-7.34. «A continuación vendrá lo de irse al cuerno. Nos reunimos el día 14, como te dije, tres insignes repúblicos, tres sociales (entre ellos Don Paco [Largo Caballero] y Lluí). Después de explicarles mis propósitos y de invitarles a la acción común, Don Paco nos dijo. que un comité (el del Partido y el de la UGT) habían acordado no colaborar con los republicanos, ni para la paz ni para la guerra, porque ellos van a hacer solos la revolución de las que solo es garantía su presencia exclusiva en el Poder. Lluí habló, ofreciendo todo apoyo para una acción común. No sirvió de nada. Largo nos dijo que su conversación con nosotros les perjudicaba moral y materialmente, si fuese conocida. De modo que por ese lado nada. El periódico de las juventudes socialistas dice en su último número que en cuanto hagan la revolución fusilaran a los republicanos de izquierda, que son el mayor peligro. El Socialista. deja ver el desacuerdo, y más aun la enemistad». Carta de Azaña a Rivas Cherif.

En el Cuaderno de la Pobleta refiere el haber hablado, en vano, con lideres socialistas y de Esquerra para «un acuerdo sobre un plan común». El acta de una reunión del PSOE y UGT, de 2-7-34, Azaña a través de Prieto pregunta si colaborarían en la acción (la suya). Prieto y otros defendieron un gobierno socialista-republicano, pero quedaron en minoría. Largo Caballero se lo comunicó a Azaña: «por cierto que a este no le agradó nada la contestación. Preguntó que si se constituía un Gobierno republicano, cual sería la conducta del PSOE; se le contestó que dependería de la conducta que observase el Gobierno». Largo Caballero, Escritos de la República, Madrid, Fundación Pablo Iglesias 1985, págs. 111-116. Hoy caben pocas dudas de la implicación de Azaña y otros republicanos, al menos hasta el mes de julio, en aquellos preparativos, como lo demuestra la documentación socialista, a cuyos dirigentes acudió aquél para pedir colaboración en un golpe de estado que impondría un gobierno de izquierdas desde Barcelona. El PSOE rechazó el plan, pues no pensaba en un golpe de tipo burgués, sino en una revolución proletaria. Alcalá Zamora nos cuenta (15-6-34): «Azaña habla de retirarse con Casares Quiroga y constituir en Cataluña un Gobierno provisional. Todo esto porque yo no me sometía a cambiar Cortes y Gobierno. Tanta demencia, aun en los más sensatos, aconseja estar prevenido. La amargura que producen esta gentes impulsa a marcharse». N. Alcalá-Zamora, Memorias, Planeta, Barcelona 1998, pág. 15.

A pesar de todo afirma el coronel (pág. 44), que no había ningún indicio del apoyo de Azaña al golpe y que después de una persecución tenaz con acusaciones falsas de las fuerzas reaccionarias fue puesto en libertad. La verdad es que fue juzgado por el Tribunal Supremo, un tribunal compuesto de siete magistrados de los que cinco los había nombrado él. Y naturalmente, dada la arbitrariedad de los nombramientos de Azaña, salió absuelto. Recordemos a don Jerónimo González: «su compañero en la Dirección de Registros, don Jerónimo González. Éste. nada republicano, que durante la Dictadura había sido agregado por Primo de Rivera para asesorar en la formación del partido único UP (Unión Patriótica), fue recompensado al triunfar la República, pasando a presidir la sala primera de lo civil del Tribunal Supremo». N. Alcalá-Zamora, Memorias, Planeta, Barcelona 1998, págs. 177-180. Todos sus méritos eran que había falsificado un documento, para que Azaña, a raíz del sangriento golpe de Jaca, pudiese seguir cobrando su paga de funcionario mientras estaba escondido. Nos cuenta que fue encarcelado en el barco prisión Ciudad de Cádiz no fue así. Lo fue en el Uruguay donde estuvo, tratado con toda consideración, consideración que él nunca tuvo con sus prisioneros más ilustres: Melquíades Álvarez, su antiguo jefe político, que sería asesinado; Sanjurjo, el general que trajo la Republica, que sería condenado a muerte en Consejo de Guerra sumarísimo estando España en paz, aunque indultado, la condena le obligó Azaña a cumplirla en una prisión normal y no en la militar como le correspondía, se le obligó a vestir el uniforma de rallas; el ex ministro de Gracia y Justicia Galo Ponte, había sido ministro de Azaña. A pesar de conocer los manejos subversivos de Azaña nunca le castigó y consintió que, mientras estaba cobardemente escondido por los sucesos de Jaca, cobrase su paga normal... En el momento de proclamarse la República tenía 10 pts. por todo capital, en la cárcel comía rancho por falta de dinero. Azaña decía: «está en la miseria. Come del rancho de los presos». Azaña nunca comió el rancho de los presos mientras estuvo preso por los sucesos del 34, sino la misma comida que el capitán del barco. M. Azaña, Obras Completas, Giner, Madrid 1990, T. I, pág. 116. Denunciaba Galo Ponte que llevaba varios meses en la cárcel sin saber porque estaba encerrado, ni ser interrogado. Azaña no le hizo ni caso.

Sigue el honrado Azaña exponiendo sus méritos: 6-10-34. Fracasa el golpe en Barcelona, Azaña es detenido y manda una carta a su cuñado: «nos instaba a que sacáramos lo que tenía en una caja del Banco. Consistía por modo principal, en una prueba fotográfica fehaciente de una cierta estafa, no muy antigua, de Alejandro Lerroux a un propietario extremeño». Carta de Azaña a su cuñado. C. Rivas Cherif, Retrato de un desconocido, Grijalbo, Barcelona 1979, pág. 297. Como vemos don Manuel seguía con sus practicas mafiosas, ahora el chantaje. ¡No fallaba ni a un palo!

7-10-34: «te has llevado de casa papeles. Ponlos en seguridad. puedes seguir sacando más, sobre todo los que están en unos sobres. tienen escrita esta indicación: «Cartas de políticos, escritores, &c"». Carta de Azaña a Rivas Cherif, pág. 649. E insistía. Azaña es trasladado (1-11-34) al destructor Alcalá Galiano. «Se dispuso para él la cámara del segundo Oficial. se esforzó el comandante en demostrarle su buena voluntad». Se le podía ver todos los días, El 28-12- 34 sale en libertad. C. Rivas Cherif, Retrato de un desconocido, Grijalbo, Barcelona 1979, págs. 301, 656-659.

Nos cuenta el coronel, sin ruborizarse, que el Gobierno de derechas, reaccionario naturalmente, casi estaba encantado del golpe del 34 y que estaban deseando que se diese, para así destrozar a las organizaciones obreras. Sigue dice más adelante (pág. 69) refiriéndose al 36: «los reaccionarios estaban preparando una trampa parecida a la que tendieron en 1934, que condujo al fracasado levantamiento de octubre». Una vez aclarado por el coronel que el octubre del 34 lo preparó la derecha, veamos que dice la gente entendida en el asunto. Ese día (19-11-33), el mismo día de las elecciones ganadas por goleada por la derecha, Largo Caballero insta a la Directiva del Partido a concretar «un movimiento revolucionario a fin de impedir un régimen fascista». Prieto y De los Ríos accedieron a «alzarse vigorosamente». Citas y reuniones, 19 y 26-XI-33, en S. Juliá, Los Socialistas en la política española, págs. 199-200. 25-11-33. Se reúnen otra vez las Ejecutivas (6 días después de las elecciones), Largo dice: «al producirse el hecho previsto que Lerroux ocupe la cartera de Guerra y el general Goded la Subsecretaría del mismo Ministerio debe de considerarse como el momento preciso para realizar el movimiento». Y Prieto señala: «estima que cuanto más tiempo pase será mucho más difícil realizar la acción y confiar en el triunfo». F. Largo Caballero, Escritos de la República, Editorial Pablo Iglesias, Madrid 1985, págs. 60-61 y 79. Decía Saborit (UGT): "No se trataba de defender la República ni de velar por la integridad de su Constitución, sino de conquistar el poder político para la clase obrera al mes siguiente de haberse verificado las segundas elecciones legislativas del nuevo régimen. ¿Era serio todo esto? Saborit, Julián Besteiro, pág. 246. Decide la Ejecutiva de la UGT la «inmediata y urgente organización de un movimiento de carácter nacional revolucionario para conquistar el poder íntegramente para la clase obrera», Archivo Histórico Nacional, expedientes reservados, n º 53.

Seguidamente hubo una entrevista entre Prieto y Besteiro. Este alegó: «Vais a llegar al Poder, si llegáis, empapados y tintos en sangre...» Prieto desplegó «el espléndido panorama de los recursos guerreros que poseían, y recitó una r