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El Catoblepas, número 138, agosto 2013
  El Catoblepasnúmero 138 • agosto 2013 • página 1
Artículos

José Laín Entralgo y la Historia de la Filosofía marxista leninista en español

Gustavo Bueno Sánchez

Desde el Madrid del franquismo el dirigente comunista José Laín Entralgo tradujo al español la Historia de la Filosofía de Dynnik y la de Iovchuk

José Laín Entralgo 1910-1972Iovchuk, Oizerman, Shchipanov, Compendio de Historia de la Filosofía, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo 1969

El 4 de octubre de 1957 la Unión Soviética lanza el Sputnik 1. Tras diez años de constante activismo anticomunista y de generosos presupuestos para mantener en todo su ardor la Guerra Fría, algo no encajaba con la propaganda que venía moldeando felizmente al mundo libre. Y si la filocomunista Conferencia Cultural y Científica por la Paz Mundial (Nueva York, 25-27 de marzo de 1949) determinó que la CIA tuviera que impulsar al año siguiente el Congreso por la Libertad de la Cultura (el director del Departamento de Filosofía de la Universidad de Nueva York, Sidney Hook, marxista fiel a la Komintern hasta 1933, recibió el encargo de la CIA de organizar el boicot a la Conferencia del Waldorf Astoria de 1949 y fue luego el principal ideólogo de la puesta en marcha de la institución que surgió del Kongress für kulturelle Freiheit de Berlín en 1950), los pitiditos que no cesaban de emitir los Sputnik en su orbitar, que en su cruda realidad significaban bastante más que meras propagandas y maniobras ideológicas, determinaron un sinfín de actuaciones y medidas que, es bien sabido, habían de señalar una nueva etapa en ese periodo de entreguerras: se organiza la NASA en 1958, se impulsa cuanto tenga que ver con la información científica (Eugene Garfield, creador de los Current Contents, puede fundar en 1960 el Institute for Scientific Information), los ordenadores (el código ASCII es de 1963), la información bibliográfica (el formato MARC se inicia en 1964), &c.

Como se constató que los soviéticos estaban más al tanto de las publicaciones científicas, técnicas y doctrinales de los capitalistas burgueses occidentales, que la viceversa, desde muy finales de los cincuenta se financiaron sin límite las traducciones «cover-to-cover» de revistas soviéticas, vertiendo del ruso al inglés desde la primera letra de la portada hasta la última de la contraportada, sin dejarse nada, por si acaso… Se tradujeron sistemáticamente revistas técnicas, científicas y hasta doctrinales. Y si el macarthismo pre-sputnik había procurado prescindir de todo texto filosófico y político soviético, y de cuanto oliera a comunista, la nueva realidad produjo una situación bien pintoresca: fueron los propios norteamericanos quienes decidieron, a partir de 1962, la publicación de Soviet Studies in Philosophy, una revista que vertía trimestralmente al inglés una selección de los artículos filosóficos recién publicados en ruso: la Unión Soviética ya no tenía que preocuparse por traducir al inglés sus doctrinas y dedicar recursos a su expansión, que ya se encargaban ellos de hacerlo e incluso les pagaban algo por derechos de autor. (Otro modo de ver esta realidad: las traducciones de artículos doctrinales soviéticos, que se supone venían haciendo para uso interno los discretos servicios de inteligencia del Imperio, pasaban también a incorporarse al mercado, asumiendo bibliotecas y universidades esos gastos –por cierto, los precios de las suscripciones a esas revistas traducidas cover-to-cover eran elevadísimos–.)

Fue otro profesor de filosofía de Nueva York, John Somerville (1905-1994), vinculado al Hunter College (CUNY) desde 1939 a 1967, tres años más joven que Sidney Hook, y que también había estado en la Unión Soviética, donde vivió de 1935 a 1937 con su esposa, la socióloga Rose Maurer Somerville (1908), autor de Soviet Philosophy. A Study of Theory and Practice (Philosophical Library, Nueva York 1946) y The Communist trials and the American tradition (Cameron Associates, Nueva York 1956), quien asumió el papel de editor responsable de Soviet Studies in Philosophy desde 1962 a 1988. Después de la crisis de los misiles, fue incluso Somerville quien facilitó un primer encuentro académico entre filósofos soviéticos y norteamericanos (en el marco del XIII Congreso Mundial de Filosofía, México, agosto 1963), concurrente con los diálogos que se traían marxistas con cristianos y viceversa, más europeos (el Affaire Pax, &c.) e hispanoamericanos (por ejemplo, la polémica tras la entrevista de 1962 con Eggers Lan, «Cristianismo y marxismo»).

La difusión de los textos filosóficos del marxismo leninismo en lengua española fue especialmente cuidada por la Unión Soviética, directa e indirectamente, y en lo que respecta a los manuales de Historia de la Filosofía, reajustados tras el proceso desestalinizador, le cupo un protagonismo particular a un español, José Laín Entralgo, quien, tras vivir veinte años en la Unión Soviética y aprender el ruso durante la Gran Guerra Patria, pudo volver a España, el año del Sputnik, gracias a las gestiones de su hermano Pedro Laín Entralgo, ideólogo falangista, Consejero Nacional del Movimiento, Diputado de las Cortes Españolas y hasta pocos meses antes rector de la Universidad de Madrid. Y se dio la circunstancia de que mientras Pedro Laín Entralgo se comprometía en Lourmarin 1959 con el anticomunista Congreso por la Libertad de la Cultura, de cuyo Comité español fue durante años principal mentor, el comunista José Laín Entralgo se dedicaba en Madrid a traducir, en pleno franquismo, los manuales soviéticos de Historia de la Filosofía que, sin ocultar su nombre como traductor, se iban publicando en México, Uruguay y Cuba, difundiéndose por toda la hispanidad… Es un hecho que la personalidad de José Laín Entralgo y su protagonismo como traductor de manuales filosóficos del marxismo leninismo se ha mantenido hasta ahora prácticamente en el olvido. En este artículo se ofrecen materiales que permitirán seguir avanzando en la reconstrucción de la historia reciente de la filosofía en español en esos territorios.

En efecto, el dirigente comunista José Laín Entralgo vivió veinte años en la Unión Soviética (1934-1936, 1939-1956) y vertió a la lengua importantes obras de filosofía marxista-leninista, como la Historia de la Filosofía (История философии, seis volúmenes, 1957-1961) dirigida por Miguel Alejandro Dynnik (Михаил Александрович Дынник, 1896-1971) después del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética PCUS (febrero 1956), y editada en español por Grijalbo (Historia de la Filosofía, desde la antigüedad hasta nuestros días, México 1960-1962, 7 volúmenes), en versión que firmó junto con Adolfo Sánchez Vázquez, y el Compendio de Historia de la Filosofía (Краткий очерк истории философии, dirigido por Miguel Trifonovich Iovchuk en 1960), a partir de la segunda edición, Moscú 1967 (que publicó Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo 1969, 2 tomos).

Краткий очерк истории философии 1960El Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS había dispuesto en 1960 un compendio de esa Historia colectiva (Краткий очерк истории философии, Breve resumen de la historia de la filosofía, Соцэкгиз, Москва 1960, Sotsekgiz, Moscú 1960, 815 páginas, 100.000 ejemplares), bajo la dirección de Miguel Trifonovich Iovchuk (Михаил Трифонович Иовчук, 1908-1990), Teodoro Ilich Oizerman (Теодор Ильич Ойзерман, 1914) e Ivan Yakovlevich Schipanov (Иван Яковлевич Щипанов, 1904-1983), donde «se demuestra que el surgimiento y desarrollo del materialismo dialéctico e histórico, desarrollado de manera creativa por el Partido Comunista de la Unión Soviética y otros partidos marxistas-leninistas, representa la superioridad de la filosofía marxista sobre todas las filosofías anteriores, y se ofrece la crítica a las tendencias actuales de la filosofía burguesa reaccionaria.»

En 1967 apareció la segunda edición moscovita de esta obra: Краткий очерк истории философии, Breve resumen de la historia de la filosofía, Под ред. М. Т. Иовчука (и др.), bajo la dirección de M. T. Iovchuk (y otros), 2-е изд., перераб., 2ª edición, revisada, Издательство «Мысль», Москва 1967, Editorial «Pensamiento», Moscú 1967, 790 páginas, 30.000 ejemplares. El inicio del prefacio de esta segunda edición rusa viene a decir: «La presente segunda edición de Breve resumen de la historia de la filosofía difiere de la anterior: los autores, teniendo en cuenta las sugerencias y comentarios de las críticas, publicadas en la prensa, y la discusión de la primera edición en los departamentos de las instituciones de educación superior, han ampliado en algo algunas secciones del libro y realizado pequeñas reducciones en otras. El libro se completa con un breve análisis de la evolución del pensamiento filosófico marxista en la URSS y en los países extranjeros tras la primera edición, durante los pasados siete años (1960-1967), y ofrece una crítica de las concepciones filosóficas burguesas modernas. Además, los autores han tratado de tener en cuenta algunas sugerencias de carácter metodológico, y han eliminado algunas inexactitudes y afirmaciones erróneas.»

Compendio de Historia de la Filosofía, La Habana 1983La edición uruguaya del Compendio de Historia de la Filosofía de Iovchuk, Oizerman y Shchipanova, dispuesta por Laín Entralgo y publicada en 1969, fue ya reproducida en La Habana al menos en 1977 [cita en Orlando Albornoz, Los vértices de la meritocracia, Caracas 2002, p. 103]. Después, el texto de la traducción de José Laín Entralgo sirvió para sucesivas ediciones y reediciones, con algunos ajustes alguna de ellas, firmadas por la habanera Editorial Pueblo y Educación: La Habana 1979, 406 págs.; 1980, 2ª reimpresión; 1983, 795 págs.; 1988, 795 págs.; &c.

No deja de ser sorprendente que un erudito lainiano como José Antonio García Fernández (Oviedo 1962), profesor de literatura en el IES Avempace de Zaragoza (y de 2001 a 2008 profesor en el IES Pedro Laín Entralgo de Híjar), al dedicar un artículo monográfico, en su advocación de Antonio Villanueva, a «José Laín Entralgo, traductor del ruso» (publicado en Rujiar, Centro de Estudios Bajo Martín, Híjar 2011, nº 12, págs. 1033-1056), glose sus trabajos sobre clásicos rusos: «Babel, Bulgakov, Bunin, Tólstoi, Dostoievski, Chejov, Gógol, Shójolov, Pushkin, Maximov y otros, en versiones divulgativas que pusieron al alcance del público a los grandes autores esteparios», se entretenga durante páginas en su labor con Dostoievski, Tolstói, Gógol…, pero tenga el desparpajo de atreverse a ignorar por completo las traducciones que realizó de manuales clásicos del marxismo-leninismo. En su atrevimiento (¿o será un ejercicio de memoria histórica?) el tal Antonio Villanueva afirma con rotundidad que «José dejó el comunismo y su militancia política…». ¿Antes o después de traducir, desde Madrid, los siete tomos de la Historia de la Filosofía de Dynnik, publicada por Grijalbo en México de 1960 a 1962? ¿Antes o después de traducir en 1968 el Compendio de Historia de la Filosofía dirigido por Iovchuk, publicado en Montevideo en diciembre de 1969, veinticinco meses antes de su muerte?

Y no menos sorprende que ese mismo olvido desvergonzado lo cometa también Pilar Martino Alba, profesora titular de la Universidad Rey Juan Carlos, en su advocación de colaboradora del Grupo de investigación HISTRAD, que desde la Universidad de Alicante se entretiene en «investigar en el ámbito hispanohablante la historia de la traducción». En su biografía de José Laín Entralgo como traductor (fechada en 2011 y publicada en enero de 2012) afirma que: «Su mayor dedicación a la actividad traductora y producción traductográfica es literaria, aunque también se encuentran en su haber algunas traducciones de obras médicas y políticas», citando su versión de El desarrollo del capitalismo en Rusia de Lenin, y Acotaciones a la correspondencia entre Marx y Engels 1844-1883… Pero prefieren también ignorar estos historiadores de la traducción alicantinos las versiones que José Laín Entralgo dispuso de los ya mencionados manuales de filosofía marxista-leninista dirigidos por Dynnik e Iovchuk.

Nace José Laín Entralgo en 1910 en Urrea de Gaén (Teruel), un pueblo entonces de poco más de mil habitantes, donde su padre, Pedro Laín Lacasa, era el médico, hijo a su vez de otro médico rural (nacido en Escarrilla, Huesca). Su madre, Concepción Entralgo Montejo, había nacido en Cuba, hija de militar (procedente de La Bastida, Rioja alavesa), teniente coronel en Santa Clara; de joven había sido institutriz en Zaragoza, en casa del médico y catedrático Ricardo Royo Villanova (hermano del catedrático, periodista y político Antonio Royo Villanova). Tenía dos hermanos mayores: Pedro (1908-2001) y Concepción Laín Entralgo (1909-1985). Los tres hermanos estudian en la escuela de Urrea de Gaén y, en su momento, se van incorporando a los institutos en los que ejercía como profesor de francés su tío Ricardo Pradel, con el que vivían durante el curso: Pedro había comenzado sus estudios en el Instituto de Soria en 1917, y los siguió en Teruel en 1919; ya los tres hermanos juntos estudian en Zaragoza desde 1921, donde vivían con su tía Emilia, y después en Pamplona, donde José Laín termina el bachillerato y estudia Comercio. Pasaban las vacaciones con sus padres, en Urrea de Gaén.

«Octubre de 1930. Concluso el servicio militar, acabada mi licenciatura en Medicina, a Madrid. […] Redescubrí Madrid desde el minúsculo y modestísimo pisito de la calle de Meléndez Valdés frontero a la fachada posterior de la Casa de las Flores, en construcción entonces. Haciendo un considerable esfuerzo económico, mis padres lo alquilaron para que mis dos hermanos y yo, asistidos por el trabajo y el cariño de mi tía Emilia, en Madrid pudiéramos continuar nuestros estudios.» (Pedro Laín Entralgo, Descargo de conciencia, Barcelona 1976, págs. 72 y 77.)

«La sublevación militar de Jaca [12 diciembre 1930] acaeció cuando yo pasaba en mi pueblo las vacaciones de Navidad. […] Con tensa gravedad seguimos en mi casa la entusiasta aventura y el pronto fusilamiento de Galán y García Hernández. Fermín Galán: para mi padre y mi hermano, un héroe y un mártir; para mí, un hombre admirable, en cuanto que capaz de sacrificarse limpia y valientemente por su ilusión y su esperanza, aunque éstas no fuesen las mías; en definitiva, un motivo más de penosa perplejidad íntima. Mi madre callaba, temerosa; y con ella, mi tía y mi hermana.» (Pedro Laín Entralgo, Descargo de conciencia, Barcelona 1976, pág. 93.)

En Madrid comienza José Laín a estudiar Derecho, carrera que no llega a terminar. El 25 de marzo de 1931 interviene en los sucesos de San Carlos («puericultura de la revolución», según Enrique Suñer).

«Entre enero y abril de 1931, dos sucesos habían de afectarme muy de cerca: la revuelta de San Carlos y el cierre de la Universidad. De aquélla fui mero espectador, no actor. ¿Por cobardía? Más bien, pienso, por honesta e invencible perplejidad. Actor de él, entre tantos, fue mi hermano, que sin pistola, puedo jurarlo, anduvo a gatas tras el marmóreo Esculapio que corona la fachada del caserón. Un guardia civil muerto. Muchos más, estudiantes o no, heridos en el interior del edificio por balas disparadas desde la calle.» (Pedro Laín Entralgo, Descargo de conciencia, Barcelona 1976, págs. 93-94.)

«Al día siguiente –lunes, 13– dije a Eduardo Peñuelas: “¿Por qué no vamos mañana a ver el relevo de la guardia del Palacio Real? Acaso sea el último.” Así lo hicimos. […] Así lo creía, estoy seguro, la pequeña y enardecida multitud que del modo más espontáneo e informal proclamó la República, la noche del 13 al 14, en el Café de María Cristina. A él fuimos después de cenar mi hermano y yo, tanto para escuchar al conjunto de Rafael Martínez, como para ventear lo que desde aquel observatorio fuera venteable. Lleno absoluto.» (Pedro Laín Entralgo, Descargo de conciencia, Barcelona 1976, pág. 97.)

«Estudiante de Derecho en Madrid, mi hermano, urgido por la sed de una reforma justiciera de nuestras inveteradas injusticias económicas, ingresó en las Juventudes Socialistas y fue haciéndose entusiasta militante de ésta.» (Pedro Laín Entralgo, Descargo de conciencia, Barcelona 1976, pág. 140.)

En 1932 ya milita en las Juventudes Socialistas, ingresa en la Agrupación Socialista de Madrid y publica en Renovación. Órgano de la Federación de Juventudes Socialistas de España y en ¡Adelante! Semanario Socialista de Teruel. [En el Cuarto Congreso ordinario de la Federación Nacional de Juventudes Socialistas de España (inaugurado el 11 de febrero de 1932 en la Casa del Pueblo de Madrid), Santiago Carrillo (cinco años más joven que Laín), logra entrar, con Juan Simeón Vidarte y Carlos Hernández Zancajo, en la Comisión ejecutiva, que venía siendo de tendencia besteirista y, además, con diecisiete años se hace con el control de Renovación.] No figura aún en el consejo de redacción, pero sus colaboraciones se van haciendo frecuentes en Renovación, donde publica más de diez artículos ese año y, en el último número de 1932, se le concede la primera página y en letra negrita: «Bernstein y el revisionismo».

«Vuelve a oírse de nuevo el galope de los apocalípticos corceles. Por una vez más se escucha dentro de los compartimientos estancos que son las naciones la canción del imperialismo, del racismo, de todos los ismos particularistas y egocéntricos que en la rápida descomposición del sistema capitalista pretenden lanzar por la borda a los compañeros de travesía, sin tener en cuenta que el buque es demasiado grande y su dirección en exceso complicada para dejarse maniobrar por los supervivientes, que a su agotamiento físico y moral unirán la escasez del número.» (José Laín, «La guerra futura», Renovación, Madrid, 2 de julio de 1932, nº 53, pág. 2.)

«Hay que rechazar el revisionismo. Hay que destacar al primer plano el fin que el Socialismo se propone, que no es otro sino la toma del Poder por la clase proletaria, para llegar, por medio de un periodo de imperio suyo absoluto –dictadura proletaria–, a la abolición de las clases, liberando a los ahora oprimidos económicamente por medio de la socialización de los medios de producción y cambio.» (José Laín, «Bernstein y el revisionismo», Renovación, 73:1, 31 diciembre 1932.)

«José Laín, estudiante de derecho, se unió también a nosotros muy pronto. Era hijo de un médico republicano aragonés. Militaba en la FUE y era muy activo en todos los conflictos con los estudiantes derechistas de la universidad. Entre nosotros era el más experto en cuestiones militares y a veces le llamábamos el General: era el único que había hecho el servicio militar y seguía interesándose por el tema previendo que habríamos de encontrarnos ante situaciones en que esos conocimientos serían necesarios. José Laín nos hablaba con frecuencia de su hermano Pedro, por el que sentía gran cariño, pese a que quien avanzada la dictadura había de destacarse en la oposición liberal, militaba entonces en las filas de Falange y hasta pasaba por ser uno de sus teóricos.» (Santiago Carrillo, Memorias, Planeta, Barcelona 1993, págs. 66-68.)

En 1933 aparecen cinco artículos suyos en Renovación entre enero y marzo, pero después desaparece del órgano juvenil hasta septiembre (también escasean, de abril a agosto, las firmas de Serrano Poncela o de Carrillo), en que también publica en Vida Nueva. Organo de la Unión General de Trabajadores y del Partido Socialista Obrero, de Zaragoza. En dos artículos distintos, en septiembre y octubre, frente a la traición republicana, insiste en la misma idea: Todo el poder al Partido Socialista. El número de Renovación del 11 de noviembre destaca en grandes titulares: «¡Jóvenes intelectuales y manuales, en pie! Todo el Poder para el Partido Socialista», y su última página la firman Santiago Carrillo y José Laín: «En el XVI aniversario de la revolución rusa, el proletariado español reafirma su posición revolucionaria por la conquista del Poder íntegro para el Partido Socialista Obrero».

«No es así como debían de haber luchado contra Hitler, sino mediante la huelga general revolucionaria y el terror rojo, que siempre es preferible, al menos para mí, al terror negro o pardo. […] Lo repetimos. Todo lo anterior no conduce a nada práctico. El fascismo triunfará; la guerra será declarada, de aplicar únicamente las medidas preconizadas por la Internacional. ¿Por qué? Sencillamente. Porque el redactor de la resolución, Otto Bauer, ha dudado cuidadosamente el utilizar algo que Marx y Engels dibujaron tan bien y que juzgaban imprescindible para llegar a la democracia socialista: la dictadura revolucionaria del proletariado.» (José Laín, «La conferencia socialista de París», Vida Nueva, 9 septiembre 1933, nº 164, pág. 4.)

«Representa hoy en día el Partido Socialista la única garantía de continuidad de la revolución española, cobardemente traicionada por el resto de los grupos y de las personas. […] El ciclo revolucionario no puede quebrarse. La revolución ha de seguir su marcha. No puede detenerse, porque tiene su origen en la entraña económica de nuestro país. Ha de llegar, por el contrario, a su culminación. Ha de saltar de la revolución democrática a la revolución económica; de la revolución política a la revolución socialista. Y esto solamente puede hacerlo el único partido que ha demostrado en el curso de los acontecimientos su capacitación material e intelectual para la empresa. El Partido Socialista debe hacerse cargo del Poder íntegramente, en toda su amplitud, para continuar la labor revolucionaria. Todo el Poder debe ir a parar al Partido Socialista. […] Los grupos pequeñoburgueses vuelven grupas y abandonan los objetivos que tanto prometieron. Ocupemos nosotros su lugar, impidiendo que por segunda vez nos traicionen. Dirijamos nuestra proa a la revolución socialista. ¡todo el poder al partido socialista!» (José Laín, «Todo el Poder al Partido Socialista», Renovación 111:3, 30 septiembre.)

«El Partido Socialista es la encarnización del espíritu revolucionario. Es la única garantía de su continuidad. Por esto debe ser él exclusivamente, quien empuñe las riendas del Estado. Todos los trabajadores han de manifestarse unánimemente en este sentido. Todo el Poder debe ir a parar a manos del Partido Socialista.» (José Laín, «Todo el poder al Partido Socialista», Vida Nueva 170:4, 21 octubre.)

En febrero de 1934 ya figura como redactor de Renovación: «La Redacción de Renovación está formada por Santiago Carrillo, director; Serrano Poncela, José Laín, Alfredo Cabello, Rafael Cuadrado, Leoncio Pérez, Cándido Pedrosa, Ángel de la Fuente, Federico Melchor e Isidro R. Mendieta, redactores» (129:3). A medida que van avanzando en estos meses los planes firmes para un levantamiento revolucionario contra la República burguesa, Renovación va prescindiendo de las firmas individuales en sus artículos y comentarios, que se convierten así en editoriales del combativo semanario juvenil.

Y en abril de 1934, en el quinto Congreso de las Juventudes Socialistas de España, consolida su protagonismo como ideólogo teórico de la organización, encargado de redactar y defender la Posición política de las Juventudes y la Misión de las Juventudes Socialistas en un Estado socialista. De hecho, se convierte en el tercer cargo orgánico de las Juventudes Socialistas de España, como Vicesecretario del Comité Nacional de la Federación de Juventudes Socialistas (aunque las diferencias en los votos prueban que no todos los 144 delegados al Congreso estaban conformes, pues mientras que Carlos Hernández fue ratificado como presidente por 16.283 votos, y Santiago Carrillo obtuvo 16.200 votos como Secretario, sólo 11.271 votos ratificaron el nombramiento de José Laín como Vicesecretario).

1934 «Un Congreso. Las Juventudes Socialistas de España. Sesión inaugural. Ayer, a las diez de la mañana, en el salón grande de la Casa del Pueblo, dio comienzo sus tareas el quinto Congreso de las Juventudes socialistas de España. Abre la sesión Felipe García […]. “Al constituirse el quinto Congreso de Juventudes socialistas de España, acuerda dirigir telegramas de protesta ante la actitud de los Gobiernos europeos por el camarada Trotski, al Gobierno francés, a Le Populaire y un saludo al camarada Trotski.” […] Ponencias. A continuación se designan las siguientes Ponencias: Estatutos. Ramón Sánchez, de Puertollano; Carrasco, de Sevilla, y Federico Melchor, de Madrid. Cuentas. José Aparicio, de Campo de Criptana; Leoncio Pérez, de Madrid, y Francisco Gómez, de Sevilla. Varios. Morán, de Asturias; Morales, de Barcelona, y Tomás Rodríguez, de Valladolid. Propaganda oral y escrita. Serrano Poncela, de Madrid; Leoncio Peña, de Bilbao; Parrado, de Ceuta; Uribe, de Granada, y Crespo, de Elda. Posición de las Juventudes y su misión en un Estado socialista. José Laín, de Madrid; Tudea, de Navarra; Pinto, del Puente de Vallecas; Ureña, de la Provincial de Madrid, y Matías Olivares, de la Provincial de Ciudad Real.» (La Libertad, Madrid 19 de abril de 1934, pág. 6.)

«Designación de Ponencias. Es repartido el trabajo de ponencias entre los diversos compañeros delegados al Congreso. Las Ponencias nombradas y los delegados que concurren a su elaboración son las siguientes: Estatutos, Federico Melchor, Ramón San Juan y Carrasco. Cuentas, José Aparicio, Leoncio Pérez y Francisco Gómez. Varios, Morán, Tomás Rodriguez y Morales. Propaganda oral y escrita, Segundo Serrano Poncela, Leoncio Peña, Parrado, Crespo y Uribe. Posición política de las Juventudes y su misión en el Estado socialista, José Laín, David Tudea, Pedro Pintó, Ureña y Matías Olivares. A continuación levantóse la primera sesión, a fin de que la Comisión de Credenciales pueda realizar su labor.» («En la Casa del Pueblo. Ayer dieron comienzo las tareas del V Congreso nacional de la Federación de Juventudes Socialistas», El Socialista, Madrid, jueves 19 de abril de 1934, pág. 4.)

«Ponencia: “Posición política de las Juventudes”, planteada por José Laín. Concluída la aprobación de la ponencia anterior, los compañeros José Laín, Pedro Pintó, Ezequiel Ureña, David Tudea y Matías Olivares presentan la siguiente ponencia, que el compañero José Laín plantea y defiende:
«En la época presente se enfrentan las Juventudes Socialistas con un problema de trascendental importancia para la táctica a seguir por todos los partidos revolucionarios: el agotamiento del régimen democrático burgués como forma de Gobierno. Las fórmulas liberales van perdiendo rápidamente su contenido realizador. El liberalismo económico conduce al desequilibrio de la producción con su consecuencia del paro forzoso en gran escala. El liberalismo político lleva, en definitiva, al fascismo. Es por esta causa por lo que, aun dentro de un régimen burgués, se pretende esta superación como medio de defensa de los intereses imperialistas del capitalismo moderno.
Consecuencia de este debilitamiento de las posibilidades democráticas es la polarización de las fuerzas sociales alrededor de consignas que permitan el imperio claro y decidido de una clase sobre otra. Agudizada enormemente la lucha, si la burguesía triunfa instaura su dictadura fascista. Si es la clase trabajadora la que vence, habrá de recurrir inexorablemente a gobernar en régimen de dictadura del proletariado, si quiere mantenerse en su posición dominante.
Considerando por otra parte al Partido Socialista como el más genuino representante de la clase trabajadora de nuestro país, el V Congreso de Juventudes Socialistas expresa:
1.º Su adhesión más entusiasta a los principios y a la táctica del Partido Socialista Obrero Español, tanto más cuanto que su actual posición revolucionaria es vivamente compartida por la totalidad de los jóvenes socialistas.
2.º Su firme creencia en los principios de la revolución proletaria y en que los momentos actuales no permiten otra salida que la insurrección armada de la clase trabajadora para adueñarse del Poder político íntegramente, instaurando la dictadura del proletariado.
3.º Su propósito de que en el plazo más breve posible se llegue a una inteligencia con las organizaciones obreras políticas de clase sobre la base de la acción conjunta para este movimiento insurreccional.
El V Congreso de la Federación de Juventudes Socialistas de España expresa su criterio de que, salvo razones de peso que él desconoce, la minoría parlamentaria socialista ha cumplido su misión en las actuales Cortes, y de que es más útil para los intereses de la Revolución social la retirada urgente del Parlamento, a fin de dedicarse con plenitud a los trabajos revolucionarios.»
Misión de las Juventudes Socialistas en un Estado socialista
Entienden los integrantes de la Ponencia que ésta ha de referirse a un Estado socialista en construcción, es decir, bajo un régimen de dictadura del proletariado.
Como misión primordial y casi única de las Juventudes Socialistas está la defensa de la Revolución. Por todos los medios y en todos los terrenos han de constituir el baluarte más firme para la protección del régimen de gobierno de los trabajadores. Pero además de esta labor de defensa tienen los jóvenes socialistas otro punto concreto de trabajo: deben ser el fermento revolucionario que haga avanzar al Partido Socialista lo más rápidamente posible en la construcción del Socialismo. En todos los órdenes de la vida tiene estas dos obligaciones estrictas, que pueden resumirse así: defensa de la Revolución por medio del avance acelerado de la edificación socialista. Salvo casos muy justificados, las Juventudes Socialistas no defenderán en este período la más mínima concesión hacia el pequeño capitalismo industrial, comercial o agrícola.
Concretando en unos cuantos puntos fundamentales de la vida económico-política de nuestro régimen de Gobierno, entiende el V Congreso de las Juventudes Socialistas de España que esta labor revolucionaria se puede desenvolver de la forma siguiente:
En el aspecto político las Juventudes Socialistas defenderán en todo momento la táctica del Partido Socialista, con más entusiasmo si cabe porque en estos momentos estará afrontando la enorme responsabilidad de la transformación del régimen económico.
Sin embargo, los jóvenes socialistas no abandonarán, salvo casos excepcionales, su derecho y obligación a la crítica razonada, siendo al mismo tiempo los más exquisitos vigilantes de la moralidad y eficiencia revolucionaria de todos los organismos de gobierno.
En relación con el problema militar las Juventudes Socialistas habrán de abarcar un criterio totalitario. En primer lugar deberán militarizar sus cuadros, dotándolos de una rígida disciplina, tanto más severa por cuanto nace del propio convencimiento y no de una imposición externa. Fuera del ejército serán las Juventudes Socialistas la base militar de la actuación del Partido en el orden civil. Dentro del ejército constituirán el núcleo civil y cultural del Partido para sus tareas de instrucción integral y de propaganda dentro de los cuarteles.
Respecto de su misión cultural, los jóvenes socialistas trabajarán por una completa socialización de la cultura, haciéndola accesible a las masas laboriosas en todos sus grados y órdenes. La orientación en un sentido integral, evitando la división actual de los trabajadores en intelectuales y manuales.
Otra tarea fundamental que corresponde a los jóvenes socialistas en gran parte es la de reducción del “lumpen-proletariado” juvenil, reintegrando plenamente al ciclo de producción.
Por último, dentro de los Sindicatos y fábricas lucharán las Juventudes Socialistas por mantenerlos bajo el control directo del Estado socialista, contra el que no se tolerará ninguna manifestación, por lo mismo que esta forma de gobierno es la única que puede redimir plenamente a la clase trabajadora. Los jóvenes socialistas serán las fuerzas de choque que en los talleres y fábricas den pruebas de abnegación y sacrificio, intensificando el ritmo de la producción con su esfuerzo y con su ejemplo.
Resumiendo: Las Juventudes Socialistas han de constituir la garantía más firme del avance continuo del proletariado erigido en clase dominante hacia la implantación total y plena del Socialismo.»
El Congreso, después de algunas intervenciones que la aclaran, aprueban la Ponencia. […]
La nueva ejecutiva. En la sesión de la tarde eligióse nueva Comisión ejecutiva, que quedó integrada del siguiente modo:
Presidente, Carlos Hernández, con 16.283 votos.
Secretario, Santiago Carrillo, con 16.200 votos.
Vicesecretario, José Laín, con 11.271.
Contador, Federico Melchor, con 11.114.
Vocal 1.º, José Cazorla, con 15.388.
Vocal 2.º, Segundo Serrano Poncela, con 13.826.
Vocal 3.º, Leoncio Pérez, con 11.235.
Vocal 4.º, Juan Pablo García, con 11.039.
Para ocupar el cargo de vicepresidente fue elegido el compañero Enrique Puente, con 14.781 votos; pero a raíz de conocer el resultado del escrutinio presentó su dimisión con carácter irrevocable. En la misma sesión fue elegido para ocupar el cargo, por mayoría de Votos de las Secciones, el compañero Rodolfo Obregón.» («En la Casa del Pueblo. El Congreso Juvenil Socialista terminó ayer sus tareas», El Socialista, Madrid, sábado 21 de abril de 1934, pág. 4.)

«El equipo de izquierda que se nucleó en torno a Renovación toma en sus manos la dirección de la Federación, mientras que los partidarios de Besteiro, que habían sido mayoría, se dispersan. […] En abril de 1934, al reunirse el Congreso de la Federación, la victoria de las posiciones de izquierda es total. Significativo del desplazamiento ideológico de los jóvenes socialistas en ese congreso es el abandono de la Internacional Socialista de la Juventud, que no va acompañado de la adhesión a otra Internacional. […] Pero aunque nuestras posiciones ideológicas se acercaban al leninismo no estábamos aún convencidos de ingresar en la III Internacional y menos aún en la IV de los trotskistas; pese a que manteníamos alguna relación con los dirigentes de la Juventud del POUM y no los discriminábamos […]. Yo hice el informe político ante aquel congreso que me nombró secretario general por el voto unánime de los delegados y en general la nueva ejecutiva fue votada por abrumadora mayoría. Se trataba del equipo formado a partir de 1932 en torno a la redacción del semanario Renovación. Estaban en él Carlos Hernández Zancajo, que a los 30 años era el veterano en nuestro equipo y que no nos sigue en 1936 en nuestro paso al PCE; pero hasta ese momento asume las posiciones radicales del conjunto. Otro de los componentes era José Cazorla, que sí ingresó en el PCE, donde llegó a ser miembro del CC. José Laín Entralgo –hermano de Pedro Laín–, abogado, dirigente estudiantil, gran aficionado a las cuestiones militares, forma también parte del equipo y también vendrá al PCE. Federico Melchor es también miembro de la ejecutiva; excelente orador, lleno de iniciativas; posteriormente será miembro del CE del Partido y director de Mundo Obrero.» (Santiago Carrillo, Memorias, Planeta, Barcelona 1993, págs. 88-89.)

«Fue precisamente a raíz de nuestro congreso de abril de 1934, cuando tuvimos la primera oportunidad de un contacto directo con la Juventud Comunista y con la III Internacional. La Juventud Comunista nos había enviado una carta proponiéndonos conversaciones para la unidad de acción. […] En dichas conversaciones participaron, por la JC Trifón, Medrano, Segis Álvarez y Fernando Claudín; por la JS Melchor, Serrano Poncela, Laín y yo. En aquel debate ganamos por puntos, si puede hablarse así, los representantes de la JS. Ante una juventud de izquierdas muy radicalizada, como la de entonces, los jóvenes socialistas aparecíamos defendiendo la preparación de la revolución mientras que los jóvenes comunistas centraban su discurso en la preparación de las luchas parciales.» (Santiago Carrillo, Memorias, Planeta, Barcelona 1993, pág. 90.)

«Acta de la primera sesión, celebrada el día 26 de julio de 1934. Asisten como delegados los camaradas siguientes: Jesús Rosado Díez, Fernando Claudín y Trifón Medrano, por el Comité Central de la Unión de Juventudes Comunistas; y Santiago Carrillo, Segundo Serrano Poncela y José Laín por la Comisión Ejecutiva de la Federación de Juventudes Socialistas.»

«Acta de la segunda sesión, celebrada el día 30 de julio de 1934, entre las delegaciones de la Comisión Ejecutiva de las Juventudes Socialistas y del Comité central de la Unión de Juventudes Comunistas. Da comienzo la reunión a las once de la noche, en la Casa del Pueblo, con asistencia de Santiago Carrillo, José Laín y Segundo Serrano Poncela, por la Ejecutiva de las Juventudes Socialistas, y Jesús Rosado Díaz, Trifón Medrano y Agustín Zapiráin, por el Comité central de las Juventudes Comunistas. El compañero Laín, como cuestión previa, plantea la necesidad de que las actas se ajusten realmente a las intervenciones, sin que quepa introducir en ellas posteriores modificaciones. […]» (Renovación, 141:3, 4 agosto).

«Las Juventudes Socialistas. Se reúne la Comisión ejecutiva. En su domicilio social ha celebrado una reunión reglamentaria la Comisión ejecutiva de la Federación de Juventudes Socialistas, con asistencia de Carlos Hernández, que presidió; José Cazorla, Federico Melchor, Segundo Serrano Poncela, Santiago Carrillo y Leoncio Pérez. Se excusa José Laín.» (La Libertad, Madrid 1 de septiembre de 1934, pág. 6.)

Tras la democrática victoria de la CEDA (José María Gil-Robles, Confederación Española de Derechas Autónomas, 115 escaños) y el PRR (Alejandro Lerroux, Partido Republicano Radical, 102 escaños) sobre el PSOE (de Francisco Largo Caballero, 59 escaños) en las segundas elecciones generales (19 de noviembre de 1933) celebradas por la República burguesa nacida en 1931, un Comité Revolucionario Nacional venía preparando meticulosamente el violento golpe de estado revolucionario que debía arrancar el poder a la burguesía y ponerlo en manos del proletariado. Las consignas de Renovación agitan en 1934 la insurrección: «¡¡Estamos en pie de guerra!! Por la insurrección armada! Los jóvenes socialistas deben prepararse para ser las fuerzas de choque de la revolución» (132:1, 3 marzo), «¡Basta ya de batallas parciales! ¡Preparaos para la lucha definitiva! Somos marxistas, seremos marxistas, y únicamente podemos dejar de serlo cuando muramos. Estamos conformes con Largo Caballero: No hay nada que hacer con los republicanos.» (134, 18 marzo), «¡No hay más que un camino: ¡La revolución!» (137:1, 7 julio), «¡Por el mantenimiento inflexible de la posición revolucionaria de clase! ¡Por la dictadura del proletariado, por la insurreción armada, contra las desviaciones democráticas!» (137:4), «¡Preparad la insurrección!» (139:2, 21 julio), «¡En pie por Alianza Obrera! Nuestra posición: Alianza obrera para la conquista del Poder» (140, 28 julio), «Las Juventudes Socialistas solamente obedecen hoy una consigna: ¡Por la conquista del Poder!» (141:1, 4 agosto), «A los diecisiete años de la huelga general de agosto, las Juventudes Socialistas mantienen su confianza en el triunfo próximo de la insurrección.» (142:4, 11 agosto), «Un saludo cordial a todos los compañeros presos aquí y en Asturias por contrabando y tenencia de armas. No les faltará el apoyo moral de Renovación.» (148:1, 22 septiembre), «Las Juventudes Socialistas, ahora más que nunca, por la revolución!» (148:4)…

«La organización de las milicias juveniles estaba en marcha. En Madrid había organizados en cinco sectores varios millares de jóvenes. Al mando de cada uno de dichos sectores figuraban José Laín Entralgo, Fernando de la Rosa, Victoriano Marcos, Menoyo y Francisco Coello. Dos oficiales del Ejército participaban en su instrucción, los tenientes Castillo, del Cuerpo de Asalto, y Gabriel Vidal, de Artillería. La rapidez de los acontecimientos y las dificultades de la conspiración hicieron que al estallar el movimiento las milicias carecieran todavía de la preparación indispensable y del armamento que hubiera sido necesario para una actuación militar. […] Y por otra parte, de los cinco jefes de sector, tres, José Laín, Fernando de Rosa y Coello tenían una relación cotidiana conmigo. Con Marcos y Menoyo mi relación personal no era tan estrecha.» (Santiago Carrillo, Memorias, Planeta, Barcelona 1993, pág. 100 y 106.)

Fracasa la huelga general convocada para el 8 de septiembre de 1934, y el 3 de octubre Lerroux decide nombrar un nuevo gobierno con ministros de la CEDA: inmediatamente el Comité Revolucionario, reunido en Carranza 20, sede de la ejecutiva del PSOE, cursa la orden de iniciar el movimiento…

«La noche del 3 al 4 nos concentramos en el estudio de Quintanilla no sólo los miembros del comité, sino algunos de los futuros “ministros”. Recuerdo la presencia allí de Julián Zugazagoitia, y Juan Negrín; creo que también estaban Álvarez del Vayo y Luis Araquistain. A la mañana siguiente los “ministros” abandonaron el estudio y ya no volvieron a aparecer por allí. […] En Madrid la huelga general era total, pero el intento de fuerza tenía todos los visos de haber fracasado. […] Yo me entrevisté ese día con Laín y con Melchor, quienes me confirmaron la imposibilidad de dar a la lucha armada otro carácter que el de acciones esporádicas para asegurar la huelga y mantener una atmósfera de inseguridad. En efecto, de día y de noche se oían tiroteos que mantenían una situación de alarma. […] Al segundo día del movimiento ya tuvimos noticias de Asturias y de Cataluña y aunque en Madrid seguíamos limitados a la huelga general y a las acciones de guerrilla ciudadana, de hostigamiento, volvió a renacer la esperanza. Ese día, además de mis contactos con Laín, Melchor y Cazorla, me entrevisté con Largo Caballero en casa de Prieto, en presencia de éste. La entrevista fue breve. Quedamos en que había que sostener la huelga en Madrid y mantener la tensión.» (Santiago Carrillo, Memorias, Planeta, Barcelona 1993, págs. 108-109.)

Y fracasa también el golpe de estado, aunque en Asturias la revolución se prolonga unos días, pues la intentona del PSOE concurre con la revolución libertaria que promueven CNT y FAI. Como la cosa ya no podía quedar en unas simples multas, José Laín decide huir a Francia y después a la Unión Soviética, mientras Santiago Carrillo y otros dirigentes del frustrado movimiento son encarcelados y procesados.

«Como consecuencia de la pasada huelga se imponen numerosas multas. Sigue la imposición de multas a las organizaciones socialistas y sindicalistas de Madrid por la huelga del día 9 [de septiembre]. La Federación Nacional de Juventudes Socialistas, en consecuencia, ha sido multada con 30.000 pesetas repartidas a razón de 5.000 pesetas entre los señores Santiago Carrillo, Leoncio Pérez, José Laín, Federico Melchor, José Cazorla y Segundo Serrano Poncela.» (La Voz de Menorca, Mahón, lunes 8 de octubre de 1934.)

«Llegada del Sr. Laín Entralgo a París. Ha llegado a París D. José Laín Entralgo, a quien se ha señalado como jefe de las milicias socialistas en el pasado movimiento revolucionario.» (La Libertad, Madrid, 7 noviembre de 1934, pág. 4.)

«Con qué dolorosa claridad iba a hacerse patente en la vida de mi madre este secreto, guadiánico drama de nuestra vida nacional. Como miembro de las Juventudes Socialistas, mi hermano tomó parte activa en la revuelta de Madrid, y pocos días después se vio obligado a pasar clandestinamente la frontera. Pues bien: apenas afectada hasta entonces por la leve hipertensión arterial que padecía, mi madre comenzó a derrumbarse rápidamente. Pensar día y noche que su hijo, de cuya calidad moral no podía dudar nadie, sería perseguido por la policía si por error o por impaciencia volvía a España, le destrozaba a la vez el alma y el cuerpo. Ni sombra de lo que meses antes había sido era ya en diciembre, el día de mi boda. Cómo sentí yo esta penosa realidad cuando a su lado atravesé el Patio de los Naranjos de la Catedral de Sevilla, y cuando la abracé luego –sin saber que nos despedíamos para siempre– en la puerta del Hotel de Inglaterra. Aquél fue, en efecto, nuestro último abrazo. Pocas semanas después [enero 1935] recibía yo en Valencia, juntos, dos telegramas de mi padre: uno me decía que mi madre había sufrido una grave hemorragia cerebral; el otro me traía la noticia de su muerte. A través de su hipertensión arterial, la historia de España la había matado. Sin sombra de melodramatismo, con toda la escueta objetividad de un certificado médico escribo ahora estas palabras. […] De todos nosotros, sólo tres, mi padre, mi mujer y yo, podíamos juntar allí el gran dolor de haberla perdido: mi hermano, en el exilio; mi hermana, gravemente enferma en Madrid; mi tía Emilia, asistiéndola… Un cuerpo muerto; a su lado, parte de una familia unida por el vínculo de la afección y dispersa por el viento del destino; en torno a él, un pedazo de pueblo sencillo y rural, unos hombres tan capaces de querer, sufrir y compadecer, entonces lo estaban haciendo, como de matarse ferozmente entre sí, pronto lo harían de nuevo. Una suerte de premonición del drama hacia el cual todos, sin saberlo, íbamos entonces, estoy viendo ahora en aquella escena funeral.» (Pedro Laín Entralgo, Descargo de conciencia, Barcelona 1976, págs. 142-144.)

1935 «En la calle de la Palma. Un hallazgo de armas y municiones. Anoche facilitaron a los periodistas en la Dirección general de Seguridad la siguiente nota: “La Policía de Madrid ha practicado un minucioso registro en la casa número 74 de la calle de la Palma, edificio que era visitadísimo antes del mes de Octubre por el jefe de la organización revolucionaria en el sector número 1, distrito Palacio-Universidad, José Laín, y de donde solía salir éste llevando paquetes voluminosos. En la buhardilla de la finca, y envueltos en la harpillera y metidos en un saco fueron encontradas cinco armas largas, y en un barreño de cinc 450 cápsulas para ametralladora, más 580 proyectiles de diferentes calibres. Conocida la existencia de un pozo que hay en la casa, la Policía supuso que en el fondo del mismo muy bien pudieran también ocultar otros útiles para manejos revolucionarios. Requerido el parque de bomberos, éste hizo un minucioso reconocimiento, no encontrando armas; pero sí comprobando que en el fondo del mismo existía una gran cantidad de escombros que debieron ser arrojados en fecha reciente. La Policía interrogó al portero de la casa, Antonio López Bretaño, el que se limitó a declarar que no sabía si en el pozo de referencia se ocultaban armas, y sobre los cascotes dijo que éstos habían sido arrojados hace unos meses, procedentes de unas obras realizadas en el inmueble. Estas manifestaciones de ignorancia del portero no lograron convencer a la Policía, la que, firme en su deseo de conocer lo que en el pozo pudiera guardarse, ha requerido a una cuadrilla de la Sección de Alcantarillado, y este personal, después de activo trabajo, ha logrado extraer, envueltos entre considerable cantidad de escombros, quince kilos de cápsulas de diferentes calibres y dos rifles, uno de ellos cargado con once proyectiles.» (La Libertad, Madrid, 25 de junio de 1935, pág. 6.)

El historiador ruso A. V. Elpátievsky ha publicado varias listas de los españoles refugiados en la Unión Soviética tras el fracaso de octubre de 1934. En una relación de 68 españoles elaborada en agosto de 1935, figura José Laín, nacido en 1910, estudiante, socialista, como destinado en la ciudad ucraniana de Lugansk (La emigración española en la URSS, Madrid 2008, pág. 69). Ese mismo mes de agosto de 1935 asistió José Laín en Moscú al VII Congreso Mundial de la Internacional Comunista, de la Komintern, el concilio que decidió la táctica de los Frentes Populares, contra el fascismo.

«En el verano de 1935 se reunió el VII Congreso de la Internacional Comunista, que tuvo una gran repercusión internacional y ejerció gran influencia en el fortalecimiento de nuestro Partido, así como en la lucha de las masas obreras y populares de España contra el fascismo.» («El VII Congreso de la Internacional Comunista», Historia del Partido Comunista de España, París 1960.)

«Estando en la cárcel tuvo lugar en Moscú el VII Congreso de la Internacional Comunista, que representa un cambio en profundidad de toda la estrategia comunista. […] Los dirigentes juveniles que estábamos presos y los que se hallaban en libertad habíamos seguido con gran atención ese Congreso. José Laín que se hallaba exiliado en Moscú nos había escrito informándonos de su desarrollo y en La Correspondencia Internacional habíamos leído los informes fundamentales de Dimítrov, Ercoli (Togliatti) y Manuilsky.» (Santiago Carrillo, Memorias, Planeta, Barcelona 1993, págs. 133-134.)

«José Laín Entralgo, delegado de la FJS en el congreso de la Comintern, informó con entusiasmo de que la unión comunista, la Confederación General de Trabajo Unitaria, se incorporaría a la UGT. También afirmó que el cambio de táctica significaba que Moscú había devuelto la soberanía a los diversos partidos nacionales y que, por tanto, ya no había motivo para que la FJS no debiera unirse a la Comintern. {33. Claridad, 27 de agosto, 12 y 19 de octubre de 1935.}» (Paul Preston, El zorro rojo. La vida de Santiago Carrillo, Debate, Barcelona 2013.)

«La Federación de Juventudes Socialistas a sus militantes, a los del partido y los Sindicatos y a la clase obrera en general. Con este título se puso ayer en circulación el siguiente manifiesto: “¡Camaradas! La Federación de Juventudes Socialistas, consciente de su responsabilidad histórica […] Se ha dado un golpe de Estado en el partido socialista y nosotros cumplimos nuestro deber de socialistas, de leales al partido, no a órganos ilegítimos, condenados a desaparecer bajo el peso de una responsabilidad histórica tremenda […] La Federación de Juventudes Socialistas, por lo que a ella concierne, se considera libre de toda obligación para con los actuales poderes del partido. No iniciamos escisión ninguna, no se nos venga luego con el espantajo de la de 1921. Porque se da la circunstancia curiosa de que algunos de los que entonces llevaron a la Federación de Juventudes Socialistas a la escisión se sientan hoy en el Comité nacional del partido que ha eliminado a Largo Caballero. […] ¡Dimisión! ¡Dimisión! ¡Dimisión! ¡Viva la unidad proletaria! ¡Viva el socialismo revolucionario! ¡Viva el partido socialista depurado! La Comisión ejecutiva de la Federación de Juventudes Socialistas, Carlos Hernández, Santiago Carrillo, José Laín, Federico Melchor, Leoncio Pérez, José Cazorla, Segundo Serrano Poncela.”» (La Libertad, Madrid, 24 de diciembre de 1935, págs. 3-4.)

1936 «Liquidación de las responsabilidades por los sucesos revolucionarios de octubre de 1934. Ayer empezó el Consejo de guerra para juzgar a los directores de las milicias socialistas. El fiscal solicita dos reclusiones perpetuas y penas que oscilan entre quince y tres años de prisión. […] Se encuentran en rebeldía, entre otros, José Laín Menayo [sic] y José Marcos.» (ABC, Madrid, sábado 4 de enero de 1936, pág. 34.)

«Del pasado movimiento revolucionario. Comparecen treinta procesados. Para dos encartados, que son militares, se piden penas de reclusión perpetua. […] Se encuentran declarados en rebeldía, entre otros, José Laín Menoyo [sic] y José Marcos.» (La Vanguardia, Barcelona, sábado 4 de enero de 1936, pág. 24.)

«[…] José Muñoz Rodríguez. Jefe de la cuarta compañía del primer distrito. Fué detenido en Pamplona después de los sucesos. Se proponía ganar la frontera francesa. Le nombró para ese cargo José Laín y recibió de éste orden para que el día 5 asaltase con su gente los cuarteles de Saboya y de la Montaña. […] José María Puig Guardiola. Jefe de la quinta compañía del primer distrito. En su declaración ante el Juzgado instructor reconoció haber recibido un aviso para presentarse en el local de las Juventudes Socialistas, travesía de San Mateo, donde se encontraba José Laín, quien le hizo saber que se le había nombrado jefe de compañía. En el café de Platerías, Laín, que estaba acompañado de otros individuos, le afirmó que iban a entrar en el Gobierno los de la Ceda y que se trataba de expulsar al señor Largo Caballero de la jefatura del Partido. Antes de que ocurra esto –añadió Laín– es preciso hacer algo. Por habérsele citado acudió junto a la estatua de Argüelles el día 4 de octubre, a las once de la noche. Allí le hicieron saber que a las doce se apagarían las luces y saldrían los soldados de los cuarteles dando vivas a la revolución, indicándole la conveniencia de unirse a ellos. Como a las doce y cuarto sonaran algunos disparos y viera que no ocurría nada de lo que se le había anunciado, marchó a su casa.» (Consejo de Guerra por los sucesos de octubre, El Socialista, Madrid, 4 de enero de 1936, pág. 4.)

«Toulouse y Moscú. 'Neutralidad'. Con el título “Radio: atención, camaradas. Habla Moscú”, viene publicando El Socialista los días y horas en que hablarán desde aquella emisora de radio Margarita Nelken, Virgilio Llanos, José Laín y otros “camaradas” que, en bien probado heroísmo, huyeron en cuanto sonaron los primeros tiros de Octubre y se internaron en la Rusia soviética, donde viven con el dinero que para estos altos menesteres, se descuenta de su sueldo a los pobres obreros esclavos de la dictadura roja. Está bien claro que esa prohibición decretada ilegalmente por el Gobierno sobre la propaganda electoral radiada, es únicamente para las derechas. No reza para los revolucionarios. Estos, como atravesaron velozmente las fronteras después de lanzar a sus compañeros a la muerte, pueden ahora permitirse el lujo de arengar a sus masas desde Moscú.» (Miróbriga, Ciudad Rodrigo, 9 de febrero de 1936, nº 707, pág. 1.)

El 16 de febrero de 1936 se celebraron las terceras elecciones generales de la Segunda República, en las que el Frente Popular había de obtener el 60% de los diputados, sin alcanzar el 50% de los votos:

«Esa noche nos acostamos sin conocer todavía los resultados; pero algunos de los oídos en la radio, parciales aún, nos llevaban a pensar que ganaríamos. A la mañana siguiente por la prensa y lo que vinieron a decirnos los abogados se confirmó la victoria. […] A media mañana comenzamos a escuchar desde el patio el rumor de una masiva manifestación popular que avanzaba por la calle de la Princesa hasta la cárcel reclamando la libertad de los presos. […] En la noche del 17 de febrero, a todos los que no estábamos condenados nos pusieron en libertad. La despedida con los que aún quedaban esperando una ley de amnistía no fue triste porque estaba claro que esa ley vendría rápidamente. Esa noche, después de abrazar a mi familia, fui a cenar con Federico Melchor, José Cazorla y José Laín. Hasta tarde estuvimos planeando la actividad de los días siguientes y efectivamente el 18 por la mañana estaba hablando ya desde el techo de un taxi a los manifestantes que reclamaban la amnistía. […] El 21 de febrero la Diputación permanente de las Cortes aprobaba un Decreto-Ley de amnistía, sin esperar a la constitución de las Cortes elegidas el 16. Así cinco días después del 16 salían en libertad los presos que aún permanecían en las cárceles. Es verdad que en Oviedo, el día 17, habían sido liberados ya los presos de octubre cuando Pasionaria, que acababa de ser elegida diputada por aquella circunscripción, fue a abrirles las puertas de la cárcel. […] A estas alturas de mi vida, recién cumplidos los 21 años, mi opción ideológica en lo fundamental estaba hecha. Entre los dos grandes movimientos de masas de la época, fascismo y comunismo, yo me alineaba con éste, considerándolo un desarrollo lógico de mis orígenes socialistas. Pero el 17 de febrero, cenando con Melchor, Laín y Cazorla todavía creíamos poder dar ese paso con la mayoría del Partido Socialista.» (Santiago Carrillo, Memorias, Planeta, Barcelona 1993, págs. 140-142.)

¿Estuvo en realidad José Laín en Madrid al día siguiente de las elecciones de 1936? ¿No habrá confundido Carrillo la fecha de esa cena del 17 de febrero a la que se refiere dos veces? Se supone que José Laín estaba entonces en Moscú, de donde no podía volver hasta ser amnistiado: de hecho, la prensa recoge su llegada triunfal a Madrid, desde la Unión Soviética, un mes después, a finales de marzo, junto con Juan Ambou. Sucede, además, que Carrillo viajó a Moscú precisamente a principios de marzo (su primera salida de España), junto con Federico Melchor por la JJSS, y Trifón Medrano y Felipe M. Arconada por las JJCC, para tratar de la unidad orgánica de ambas juventudes españolas con la Internacional Juvenil Comunista. Y en sus Memorias, encima, recuerda haber visto allí a Ambou: «En Moscú tuvimos una acogida fraternal; nos esperaban los dirigentes de la IJC y del Komsomol soviético y algunos exiliados españoles, entre los que recuerdo al asturiano Ambou.» (pág. 149).

En marzo de 1936, antes de retornar a España, setenta y nueve de los españoles exilados en la Unión Soviética después de octubre de 1934, encabezados por José Laín, firmaron una carta de agradecimiento dirigida a Stalin.

«Llegada de dos jóvenes camaradas. Esta noche, a las ocho y media, por la estación del Norte, llegarán a Madrid los jóvenes José Laín y Juan Ambou, destacados combatientes en el movimiento de octubre, pertenecientes a las Juventudes Socialista y Comunista, que regresan de la Unión Soviética. La Comisión Nacional de Unificación recomienda a todos los jóvenes trabajadores de Madrid acudan a recibir a tan preciados camaradas. La Comisión Nacional.» (El Socialista, Madrid, sábado 28 de marzo de 1936, pág. 3.)

«Llegan a Madrid dos dirigentes marxistas. Esta noche han llegado a Madrid los destacados militantes de las juventudes socialista y comunista, José Laín y Juan Ambou, que emigraron a raíz de la revolución de octubre y han permanecido refugiados en la Unión Soviética. En la estación se congregaron los jóvenes comunistas y socialistas en gran número, y recibieron a los emigrados con muestras de entusiasmo y saludados con el puño en alto.» (La Vanguardia, Barcelona, domingo 29 de marzo de 1936.)

«Volvíamos con un gran éxito en el bolsillo. España era el primer país donde jóvenes socialistas y comunistas se unían en una sola organización: la JSU. […] La publicación del acuerdo de unificación suscitó enorme entusiasmo entre los trabajadores. […] Así es que cuando a principios de abril presentamos en la plaza Monumental de Madrid, abarrotada hasta los topes, a la nueva JSU invitamos a participar en el acto a la ejecutiva del PSOE, que se abstuvo de hacerlo sin dar ninguna explicación.» (Santiago Carrillo, Memorias, Planeta, Barcelona 1993, pág. 156.)

«Ante la Unificación. El día 5 de abril se celebrarán siete concentraciones de jóvenes comunistas y socialistas. La Comisión nacional de Unificación celebró ayer su primera reunión, tomando, entre otros, los siguientes acuerdos. Primero. El envío de una comunicación a las organizaciones de ambas Juventudes, dándoles las instrucciones concretas para dar comienzo a la unificación de sus fuerzas. Segundo. Celebrar siete grandes concentraciones juveniles para el día 5 de Abril, en las cuales públicamente se dará cuenta de los resultados de las gestiones realizadas en relación directa con la unificación. Estas concentraciones tendrán lugar en los siguientes sitios: Madrid, con la intervención del camarada Santiago Carrillo. Asturias, en la que hablará el camarada Trifón Medrano. Vasconia, participando el camarada Federico Melchor. Cataluña, tomando parte el camarada Juan Ambou. Valencia, con José Laín. Jaén, con Felipe Muñoz Arconada; y Sevilla, con la participación de Manuel Vidal. En cada una de estas localidades, el sábado día 4 tendrá lugar una conferencia a cargo de los camaradas arriba citados, en la cual explicarán el contenido y desenvolvimiento de la futura organización juvenil.» (La Libertad, Madrid, 28 de marzo de 1936.)

«País Valenciano. Mitin obrerista. Valencia, 6. Organizado por la Alianza Obrera Antifascista, se celebró el domingo, por la mañana, en la plaza de toros, un mitin obrerista. […] Dolores Ibarruri, “Pasionaria”, diputada comunista por Oviedo, dijo que llevaba un saludo de los mineros asturianos. Defendió la unidad obrera, diciendo que deben ser acusados de traidores los que no la defiendan. […] Por la tarde se celebró en la Lonja una asamblea de Juventudes marxistas. Hablaron un socialista y un comunista. Finalmente, lo hizo don José Laín, que dio una conferencia sobre temas sociales.» (La Vanguardia, Barcelona, martes 7 de abril de 1936.)

«Mitines de afirmación marxista. Bilbao 20. Con gran concurrencia se celebró ayer en el frontón Euskalduna el mitin organizado por el Comité Juvenil de Frente Unico de Euskadi. Presidió Antonio Bueno, e hicieron uso de la palabra José Laín, que hizo una exposición de la situación de Rusia, de donde acaba de regresar. El diputado a Cortes Sr. Alvarez del Vayo excusó su asistencia por obligaciones ineludibles. Habló luego el Sr. Somonte, que se mostró partidario del frente único, como baluarte para las conquistas del proletariado, y se ocupó del Estatuto vasco, diciendo que merced al triunfo del 16 de Febrero las Vascongadas van a tener su autonomía. En último lugar habló el diputado comunista Dolores Ibarruri, que expuso elocuentemente la significación del frente único y las ventajas que con él podrán conseguirse. Terminó recomendando a todos los obreros marxistas que se agrupen para la defensa de las libertades y para la conquista de sus legítimas aspiraciones. Todos los oradores fueron muy aplaudidos.» (La Libertad, Madrid, 21 abril 1936.)

«Grupo Alpino de Salud y Cultura. Para conmemorar la fundación de estos Grupos […] Día 21. En el teatro de la Casa del Pueblo, una velada artística cultural, donde el compañero José Laín disertará sobre “La Unión Soviética”.» (La Libertad, Madrid, 13 de mayo de 1936.)

«En el Cine Variedades. Festival pro Casa de la Juventud. La Juventud unificada del Puente de Segovia celebrará hoy, a las nueve y media, en el cine Variedades, un festival pro Casa de la Juventud. El programa es el siguiente: La gran revista soviética “Los Soviets deportivos”. Disertará sobre “La nueva organización de la Juventud unificada” Manuel Vidal. Disertará sobre “La Juventud de la U.R.S.S.” José Laín, y la película rusa “El acorazado 'Potenkin'”.» (La Libertad, Madrid, 15 de mayo de 1936.)

«Sobre el acto de hoy. Lo que dice el diputado señor Castro Molina. El día de ayer nos dijo el diputado a Cortes del Frente Popular por Córdoba, señor Castro Molina, que de los dos actos que se iban a celebrar en el día de hoy, se había acordado que se llevara a efecto solamente el de la mañana, dejando de celebrarse, por lo tanto, el de la tarde. En el citado mitin harán uso de la palabra José Laín, del Comité Nacional de las juventudes marxistas; José Guerreiro, comunista, del Comité provincial de unificación, y el diputado a Cortes socialista don Manuel Castro Molina.» (Guión, año I, nº 90, Córdoba, domingo 17 de mayo de 1936, pág. 1.)

«En el mitin de ayer se habló de revolución y de violencia dentro del mayor orden. El desfile marxista de ayer. La masa en pie de guerra contra el hombre de Occidente. La reacción de la barbarie contra el hombre occidental. Esta es la interpretación filosófica del desfile marxista de ayer. […]. El mitin de ayer de las milicias marxistas. En el Stadium España (extraña paradoja) se reunieron ayer los amigos de Rusia para celebrar el acto de unificación de las juventudes socialistas y comunistas. […] Después habló una niña de Alcázar Viejo, llamada Encarnación Bernal, que dijo que había que transformar cuanto antes la sociedad. Luego hablaron los oradores siguientes: Manuel Otero, de Sama de Langreo; Ramón Guerreiro; Manuel Castro, diputado socialista por Córdoba, y José Laín. Cerró los discursos Francisco M. Dutor. Otero saludó a los marxistas de Córdoba en nombre de los asturianos y dijo que había que demostrar al mundo que en un momento determinado se termine con el régimen burgués y capitalista. […] Laín pronunció un extenso discurso, explicando lo que era la unificación y lo que la misma representaba, manifestando que el que se opusiera a dicha unificación era un traidor del proletariado. Finalmente, cerró los discursos Francisco Dutor, quien explicó lo que hicieron los revolucionarios de Asturias en el mes de Octubre para apoderarse de las escopetas, pistolas y cañones de las fábricas. Manifestó que siendo inminente la ruptura del Frente Popular, había que rebasar el Gobierno republicano e implantar el Gobierno socialista.» (Guión, año I, nº 91, Córdoba, martes 19 de mayo de 1936, pág. 1.)

«Una conferencia de la Sección juvenil Avanti. Mañana, a las diez de la noche, y organizada por la Sección juvenil Avanti, se celebrará en la calle de Cartagena, 137, una conferencia a cargo de José Laín, que disertará sobre “El Congreso mundial de los jóvenes por la paz”. El poeta Alberti recitará poesías.» (La Libertad, Madrid, 12 de junio de 1936.)

«Elección del Comité de las Juventudes marxistas. En el congreso celebrado por las Juventudes marxistas, ha sido designado el siguiente comité: Felipe Muñoz Arconada, secretario general; Eugenio Mesón, de organización; Emigdio García, Prensa y propaganda; José María Torbellinos, sindical; Adolfo Golber, cultural; Agustín Nieto, deportivo; Antonio Blas, finanzas; José Renales, pioneros; Antonia Sánchez, femenino; Justo Galán, frente de la Juventud; relaciones, José Laín, y vocales Fernando de Rosa y Miguel Navarro.» (La Vanguardia, Barcelona, 1 de julio de 1936.)

«El Congreso provincial de unificación juvenil. Ayer, en la sala de fiestas del Gran Metropolitano, comenzó, con extraordinario entusiasmo, el Congreso provincial de unificación juvenil. Están representados cerca de 10.000 trabajadores, campesinos en su mayoría. […] Fue elegida la siguiente presidencia: José Laín, Máximo Martín, Adolfo Jolbar, Libertad Gómez, de Chamartín; Alonso, de Pinto; Juan Viso y Segismundo Martínez. Para la presidencia de honor fueron designados: Stalin, Dimitrof, Máximo Gorki, Raymond Guyot, Kosarco, Pablo Iglesias, Tomás Meabe, Largo Caballero, José Díaz, Angel Sanjuán, Joaquín de Grado y Juanita Rico.» (La Libertad, Madrid, 3 de julio de 1936.)

«El Congreso de la Solidaridad. ¡A todos los antifascistas y amigos de la Humanidad! El Congreso nacional de la Solidaridad, que, convocado por el Socorro Rojo Internacional, fue aplazado en Mayo, se celebrará en Asturias los días 30 y 31 de Agosto y 1 de Septiembre, coincidiendo con el cálido homenaje que el pueblo español rendirá a la memoria de los caídos en aras del progreso y la libertad en Octubre. […]. Madrid, 25 de Junio de 1936. Javier Bueno, presidente; Margarita Nelken, secretaria; Roberto Castrovido, Julio Alvarez del Vayo, Luis de Tapia, doctor José Barreiro, Isaac Pacheco, viuda de Sirval, Julia Alvarez Resano, Gustavo Lafuente, Dolores Ibarruri, María Teresa León, Francisco M. Dutor, José Laín, Trifón Medrano, Florentino Prieto, Emiliano Barral, Severino Chacón, Ramón J. Sender, viuda de fusilado José Guerra, Ricardo Baeza, Matías Suárez Fierro, Rafael Alberti, María Martínez Sierra, Isabel de Palencia, Eduardo Zamacois, Horacio Argüelles y los 118 emigrados regresados de la Unión Soviética.» (La Libertad, Madrid, 11 de julio de 1936.)

«Congreso nacional de Solidaridad. El día 19 de los corrientes, a las diez de la mañana, se celebrará la reunión preparatoria del Congreso nacional de Solidaridad, en el salón del Sindicato de Banca y Bolsa, Carretas, 4. El Patronato del Congreso, que preside Javier Bueno y del cual es secretaria Margarita Nelken, nos envía la convocatoria con el siguiente orden del día: 1º “Homenaje a Asturias”. Informante, Enrique de Francisco, presidente del Comité nacional de homenaje. 2º “Conferencia internacional por el derecho de asilo”. Informante, José Laín, de las Juventudes unificadas, delegado de la Conferencia de París. 3º “La ayuda a las víctimas del fascismo y la unificación de la solidaridad”. Informante, Severino Chacón, presidente del Comité central de Ayuda. 4º “Preparación del Congreso de la Solidaridad”. Informante, Margarita Nelken, secretaria del Patronato.» (La Libertad, Madrid, 14 de julio de 1936.)

«Congreso nacional de Solidaridad. Convocada por el Patronato del Congreso de la Solidaridad se celebrará el domingo 19, a las diez de la mañana, en el local del Sindicato de Banca y Bolsa, Carretas, 4, principal, una reunión preparatoria del Congreso, cuyo orden del día será el siguiente: 1º Homenaje a Asturias. Informante, Enrique de Francisco, presidente del Comité nacional de homenaje. 2º Conferencia internacional por el derecho de asilo. Informante, José Laín, de las Juventudes unificadas, delegado de la Conferencia de París. 3º La ayuda a las víctimas del fascismo y la unificación de la solidaridad. Informante, Severino Chacón, presidente del Comité central de Ayuda. 4º Preparación del Congreso de la Solidaridad. Informante, Margarita Nelken, secretaria del Patronato. Presidirán Javier Bueno, que viene de Oviedo para asistir a la reunión, e Isidoro Acevedo. Están invitados a enviar delegaciones los partidos y organizaciones antifascistas. Por el Patronato, La secretaria.» (La Libertad, Madrid, 17 de julio de 1936.)

Aunque aquella reunión del 19 de julio de 1936 fue repetidamente convocada en la prensa, no llegó a realizarse, pues antes se produjo el alzamiento militar que muchos ya estaban esperando. De hecho ni siquiera José Laín estaba en Madrid, pues el Komsomol había citado en París a los dirigentes juveniles:

«En vísperas del alzamiento los dirigentes del Komsomol soviético, Kosarev y Chemodanov, nos habían convocado en París a Trifón, Medrano y a mí; ante la gravedad de la situación estuvimos dudando en hacer, o no, el viaje. Por fin, pensando que en el peor de los casos estaríamos de vuelta en Madrid en unas horas, en la dirección de la Juventud decidimos hacer el viaje. Propuse que nos acompañara también José Laín porque en ese momento las intrigas de Carmen, la delegada del KIM en Madrid –la misma que había conocido en el 34 en el parque del Oeste–, habían creado disgusto en algunos camaradas dirigentes de la Juventud Socialista –Laín incluido– que interpretaban la actitud de esta mujer no tanto como producto de su germánico sectarismo, sino como una intriga que alcanzaba a otras esferas del Partido o de la IC. Algunos camaradas podían pensar que yo no era bastante enérgico frente a tales intrigas y por eso quise que en esta entrevista Laín fuese testigo de mi posición. La unidad estaba todavía muy tierna y aún surgían problemas de entendimiento y de desconfianza entre unos y otros.
El mismo día que desembarcamos en París llegó la noticia de la sublevación en África; ya no hubo reunión con Kosarev y Chemodanov. Sólo nos vimos con ellos un momento para decirles que esa misma noche tomábamos el tren para Madrid. Y así fue. En el tren nos encontramos con Luis Araquistain y Rodolfo Llopis que habían salido al extranjero no recuerdo con qué motivo e hicimos el viaje de vuelta con ellos. El tren no pasó de Hendaya y de aquí tomamos un taxi hasta Irún, donde estaba interrumpido el tráfico ferroviario con Madrid. En Irún supimos que en ese momento se luchaba en San Sebastián en torno a un hotel donde se había refugiado un grupo de facciosos. En otro taxi nos trasladamos a San Sebastián, llegando cuando éstos acababan de ser reducidos.
Caminando por San Sebastián Medrano, Laín y yo con algunos camaradas vascos, Pepe se separó rogando que le esperásemos un momento y se acercó a hablar con un hombre joven, bien vestido que caminaba solo. Aunque no le conocía personalmente, por su aspecto y por fotos que me había enseñado Laín, me di cuenta que era su hermano Pedro, entonces teórico y jerarca de Falange. Después de un rato de conversación Pepe se separó de él y volvió a reunirse con nosotros, confirmándonos que era su hermano, que estaba en espera de que le ayudasen a pasar a Francia para unirse a sus correligionarios. En aquel momento y lugar la vida de Pedro Laín estaba en peligro. Le vimos marchar y hoy es el día en que todavía me alegro de que a ninguno de nosotros se nos ocurriera impedírselo, cosa que habría sido sumamente fácil. Pedro Laín pasó a Salamanca y sólo bastante después tuvo una evolución liberal. Él hizo uso de su influencia para que Pepe, tras largos años de exilio, pudiera regresar a España donde murió todavía relativamente joven, sin abdicar de sus ideas.
Aquel día, era el 18 de julio, no teníamos ni idea del alcance de la sublevación. Nuestra obsesión consistía en llegar como fuese a Madrid y nos dedicamos a buscar con un coche caminos que nos permitieran cruzar Castilla primero desde el País Vasco y luego desde Cantabria. No caímos en manos de los sublevados de milagro. Buscando tales caminos, pasamos un mal rato, cuando transitábamos a la altura de Gallarta y fuimos “controlados” por un piquete de militantes del PNV que custodiaban la carretera. Si en el curso de la guerra civil hubo siempre cierto desbarajuste en los controles de carreteras, al comienzo el caos era todavía mayor. Cada partido u organización sindical tenía sus propios controles que respetaban mayormente los salvoconductos otorgados por ellos mismos. En esta ocasión ni Araquistain, Llopis, Medrano, Laín ni yo llevábamos ningún salvoconducto: pensábamos que nos iba a bastar con el pasaporte y nuestros nombres. Pero los militantes nacionalistas del control de Gallarta no lo entendieron así; o no habían oído hablar de nosotros o no se fiaban de que fuéramos quienes decíamos. Lo cierto es que decidieron alinearnos contra un talud en la carretera, con intenciones que no tuvimos ocasión de verificar pero que se anunciaban bastante inquietantes. Si ellos dudaban de nosotros, también les correspondíamos con la misma moneda pues el PNV no pertenecía al Frente Popular y su decisión de situarse contra la sublevación sobrevino cuando ésta había empezado. Por fortuna el apuro no duró mucho; cuando acababan de alinearnos ante el talud, llegó un autobús cargado de milicianos de la zona y entre ellos venía uno que habiendo estado exiliado en Moscú con Laín, tras octubre, le reconoció en seguida y consiguió que se nos liberara de toda sospecha y se nos proveyera de un salvoconducto.» (Santiago Carrillo, Memorias, Planeta, Barcelona 1993, págs. 169-170.)

Este recuerdo de Santiago Carrillo sobre el encuentro y despedida en San Sebastián, el 18 de julio de 1936, de los hermanos Laín Entralgo, no se compadece con el recuerdo de Pedro Laín Entralgo, que sitúa tal despedida en Santander a fines de julio de 1936. Recuerda Pedro Laín que había llegado la noche del 15 de julio al Hotel México de Santander, para iniciar el día 16 no los cursos de la Universidad Internacional de La Magdalena, sino los Cursos de Verano organizados por la Junta Central de Acción Católica en el Colegio Cántabro, que se desarrollaron con normalidad hasta el día 19, en que suspendieron sus actividades. En Santander, controlado por el Frente Popular, hubo de quedarse un mes antes de poder pasarse a la «zona nacional»:

«Por razones no del todo inconexas con el silencioso remate de ese diálogo, no menos punzante fue el encuentro que días antes tuve yo. Yendo por no sé qué calle, topé de sopetón, quién podía sospecharlo, con mi hermano. Corría la última decena del mes de julio. Yo iba con Barcia; él con dos camaradas suyos. Había vuelto a España después de la victoria del Frente Popular en las elecciones del pasado febrero. El alzamiento militar les había sorprendido en París, donde por entonces se estaba celebrando una reunión socialista. Naturalmente, se apresuraron a regresar a España, con el propósito de llegar cuanto antes a Madrid. Entraron por Irún y trataron de seguir por carretera hacia la capital; vano empeño, porque el camino se hallaba interrumpido por los “fascistas”. Vuelta a San Sebastián, y nuevo intento por Bilbao y Orduña. Igual fracaso. Regreso a Bilbao, y tercera tentativa, ahora por Santander y el Puerto del Escudo, con el mismo negativo resultado. Volverían, pues, a Francia, para tomar la larga vía de Port-Bou, Barcelona y Valencia. Nos abrazamos y conversamos unos minutos, apartados de nuestros respectivos acompañantes. Muchas cosas nos separaban; otras muchas nos unían; entre ellas la muerte de nuestra madre, la vida de nuestro padre y un cariño fraternal que, pese a todo, nunca había de romperse. Rápidamente me contó las vicisitudes que acabo de relatar, me expuso sus planes inmediatos y me declaró su total fe en un triunfo inmediato de la República. También yo le hice saber mis propósitos; mis deseos, más bien. Ambos con los ojos húmedos, nos miramos mutuamente durante algunos segundos; luego nos abrazamos con fuerza. Ríos de sangre iban a separarnos hasta que veintiún años después volviéramos a reunirnos. ¿Seguiríamos siendo los mismos? Sí, pero de otro modo. De nuevo, ahora en plural, la vieja e inmutable fórmula: iidem, sed aliter; los mismos, sí, pero de otro modo. ¿Cómo? Luego lo veremos.» (Pedro Laín Entralgo, Descargo de conciencia, Barral, Barcelona 1976, págs. 165-166.)

Las circunstancias determinaron que durante esos primeros días de la guerra civil, julio y agosto de 1936, Santiago Carrillo Solares (1915), Trifón Medrano Elurba (¿1912?-1937) y José Laín Entralgo (1910) se convirtiesen en compañeros de armas que reciben juntos su bautismo de fuego, de forma azarosa y desorganizada, casi de aventureros. En su voluntad de llegar a Madrid, tras el susto en el control de militantes del PNV en Gallarta, van a Torrelavega, donde se unen a una columna improvisada que pretendía conquistar Aguilar de Campoo:

«Los obreros metalúrgicos habían blindado dos camiones y la columna estaba compuesta por ellos y por marineros de la flota. Cromáticamente aquello era un espectáculo exaltante; nos parecía estar viviendo un episodio de la revolución de octubre en Rusia, con Kronstadt y blindados comprendidos. Laín, Medrano y yo no buscamos más; decidimos unirnos a la columna que mandaban dos oficiales republicanos, con la esperanza de que nos abriera la ruta de Madrid.
Yo iba en uno de los blindados y en el reparto de armas me había tocado una tercerola, arma que no había tenido nunca en mis manos; en ese momento yo ni siquiera había hecho el servicio militar ni había tenido nunca lo que se dice una vocación militar.
La primera fase de aproximación a Aguilar de Campoo transcurrió sin novedad, pero cuando estuvimos al alcance de las armas de sus ocupantes hicimos un desagradable descubrimiento, el blindaje de nuestros camiones se dejaba atravesar muy fácilmente por las balas enemigas. Al darse cuenta, el conductor del nuestro se desvió hacia una cuneta buscando protección y volcó. Tuvimos que abandonarlo y seguimos la aproximación hasta llegar a las murallas desplegados. Allí comprobamos que no había medio fácil de penetrar en el pueblo porque una ametralladora emplazada en la torre de la iglesia barría la puerta de la muralla; el primero que intentó entrar cayó muerto y los oficiales nos ordenaron permanecer pegados a la pared que nos protegía del fuego enemigo. En éstas se hizo de noche y los oficiales planearon un ataque por sorpresa a la iglesia donde parecía estar el centro de resistencia fascista, penetrando por una calle que estaba al lado opuesto del pueblo y que llevaba hasta el pie de la santa casa. Se trataba de una operación típica de comando, diez voluntarios debían llegar en silencio hasta la iglesia y atacar a sus defensores por sorpresa. Teóricamente estaba muy bien pero de los diez voluntarios que nos presentamos –entre ellos naturalmente, Medrano, Laín y yo– ninguno tenía entrenamiento, carecíamos de bombas de mano y de bayonetas necesarias en un combate de ese género, e ignorábamos qué fuerzas tenía el enemigo en el pueblo y concretamente en la iglesia. Es decir íbamos a ciegas y participábamos por primera vez en una operación militar. Sólo un milagro podía permitir que las cosas salieran bien.
Y en efecto no salieron. Para empezar no llevábamos un jefe militar. Sin embargo comenzamos a caminar en la oscuridad, arrimados a las casas por ambos lados de la calle, animados por la mejor voluntad revolucionaria. La consigna era hacer la aproximación en silencio pero de repente entre el grupo sonó un tiro de fusil, y los franquistas alertados comenzaron a barrer la calle con ráfagas de ametralladora y tiros de fusil, lo que nos obligó a poner pies en polvorosa buscando la salida del pueblo donde nos esperaban los jefes y el resto de la tropa. Se puso en claro que un muchacho de Torrelavega nervioso había tropezado y se le había disparado el fusil, acabando con el efecto sorpresa.
Mi primera experiencia en la guerra no fue pues nada gloriosa. Los jefes profesionales, como era ya de noche, nos ordenaron replegarnos, montar en los camiones y regresar a Torrelavega, siguiendo las experiencias de Marruecos. Tengo entendido que posteriormente, mientras duró la guerra en el Norte, las fuerzas republicanas no llegaron a tomar nunca Aguilar de Campoo.
En Torrelavega, convencidos de que no era fácil llegar a Madrid, decidimos volver a Bilbao pensando que desde allí, por lo menos, podríamos comunicarnos con la dirección de la Federación y ver qué debíamos hacer. Pero la JSU de Euskadi estaba incomunicada con Madrid. El problema de Laín y mío era que allí en la dirección del PSOE estaban los prietistas y era dudoso que pudieran facilitarnos hablar con la Federación. Cambiamos impresiones con Medrano y decidimos presentarnos todos en la dirección del PC de Euskadi, pensando que sería más propicia a nuestros propósitos. Mas el secretario vasco del PC era Astigarrabía, muy enfrentado con el Comité Central, del que Medrano formaba parte; quien no nos recibió con excesiva simpatía y no pudo facilitarnos el contacto buscado. La dirección de la JSU vasca sí pudo darnos un cuadro de la situación militar. Resultaba que para llegar a Madrid no había otra ruta que volver a Francia y entrar de nuevo en España por Cataluña. Salir a Francia en plena guerra no nos parecía bien si no recibíamos orden de Madrid y entonces decidimos unirnos a las fuerzas que peleaban en Euskadi. Consultamos con Astigarrabía y nos comentó que en Ochandiano hacían falta combatientes porque tras un bombardeo de la aviación fascista en esa zona se había producido una grave desbandada y nuestras líneas habían quedado muy desguarnecidas. No recuerdo qué gestiones hizo Astigarrabía pero el caso es que ese mismo día un coche nos llevó a Ochandiano y de allí a los montes de Ubidea donde estaba la primera línea.
Al llegar a este lugar, de una gran belleza natural, nos integraron en el batallón mandado por Fulgencio Mateos, miembro del Comité de la Agrupación Socialista Bilbaína, a quien había visto un mes antes cuando habíamos tenido un choque en un mitin juvenil con los prietistas, de los que él era uno de los líderes conocidos. El comienzo de la guerra había sumergido las contiendas internas y fuimos acogidos cordialmente. Uno de los ayudantes de Mateos era el joven Lascurain, cabeza de quienes se oponían a la unidad en la JS vizcaína. En el mes que pasé en Ubidea tuve ocasión de ahondar mi relación con él y pese a los enfrentamientos anteriores fue sumamente cordial. El hecho de que pudiendo volver a Madrid por Francia, tres dirigentes nacionales hubiéramos optado por combatir allí y precisamente tras una peligrosa desbandada, nos daba un prestigio que ayudaba a borrar momentáneamente las diferencias.
La vida en aquel frente en las semanas que permanecimos allí fue más bien monótona. El batallón subía al amanecer al monte, donde había una línea de trincheras que ocupábamos durante el día y, anochecido, descendíamos a la carretera que conducía a Vitoria, ciudad que veíamos nítidamente desde nuestras posiciones los días de buen tiempo. En aquel batallón convivían fraternalmente los socialistas prietistas y un grupo de militantes comunistas, de origen minero, muy conocidos por su combatividad y por sus motes –recuerdo al Petaca que se levantaba todas la mañanas muy temprano, llamándonos a gritos “al combate por la revolución social”, y al “ojotaba” que debía esta denominación a un defecto en el ojo–. También había algún afiliado a la CNT. Andaba por allí un joven comunista portugués, a quien conocíamos por Texeira, que había sido instructor de las JJ.CC. en Vizcaya, y que actuaba como una especie de comisario político, visitándonos con frecuencia.
Nuestro rango político no influyó para nada en nuestra situación militar. Como Medrano y Laín habían hecho el servicio militar, lo que en aquella situación era valioso, fueron nombrados cabos; yo, que no había entrado aún en filas, me quedé de soldado raso, a las órdenes de un cabo que estaba afiliado a la CNT. Personalmente esto no era nada molesto; yo tenía que hacer las horas de guardia y de trinchera que hacía todo el mundo y por lo demás el trato era de gran camaradería, sin que las diferencias de rango militar tuvieran importancia.
En el tiempo que permanecimos allí no hubo combates en tierra; sólo varios ataques de aviación con pocas bajas. Éstos eran más peligrosos si estabas abajo, de descanso, que si te tocaba servicio en la trinchera, porque al lado de la casa en que dormíamos estaba emplazado un camión con varias toneladas de dinamita que habían traído los mineros y del que se suministraban los comandos que iban a la retaguardia enemiga a hacer voladuras.
Durante nuestra estancia hubo una de estas incursiones a la que pedimos sumarnos, pero Fulgencio Mateos no nos lo permitió; la hizo él mismo, con el Petaca y algunos otros. Mateos, que demostró ser muy valiente y que murió más tarde en combate, razonó su negativa en que nosotros no conocíamos aquel terreno, pero en realidad lo que quería era protegernos de los peligros de la operación. […]
El mayor motivo de inquietud que teníamos Laín, Medrano, yo y otros componentes del batallón era que detrás de nuestra línea de trincheras había otra ocupada por una unidad de guardias civiles. La mandaba el coronel Ibarrola, que tuvo un comportamiento dignísimo durante toda la guerra. Pero en aquellos primeros días la desconfianza en el cuerpo, por la forma en que históricamente había sido utilizado para la represión contra el movimiento obrero, estaba generalizada en todos los que éramos de izquierda. Desde la trinchera mirábamos tanto adelante como hacia atrás; no acabábamos de fiarnos. Fuera de las trincheras no nos frecuentábamos; ellos estaban acampados unos kilómetros a nuestra retaguardia y no había ocasión de encontrarse.
A la semana de estar en los montes de Ubidea Fulgencio Mateos nos comunicó que se habían recibido instrucciones de Madrid para que nos trasladáramos allí pasando por Francia. Recibimos la noticia con alegría por un lado pues en Madrid estaban nuestras funciones, con pesar por otro porque dejábamos en aquellos montes amigos y camaradas que habíamos terminado por estimar entrañablemente.
De todos modos durante el tiempo que permanecimos en el Norte nunca dejamos de maldecir la convocatoria de Kosarev y Chemodanov en París y la ilusión de que si pasaba algo durante nuestra ausencia podríamos volver en unas horas a Madrid; las horas se alargaron a bastantes días en que permanecimos alejados del centro de los acontecimientos. Al hacer el viaje a París nosotros mismos subestimamos el alcance que podía tener la sublevación, corno lo había probado nuestro intento de atravesar Castilla, ocupada desde el primer momento por el enemigo.
Salimos del Norte hacia Francia por la carretera de San Sebastián a Irún, en algunos de cuyos tramos había que acelerar el coche porque caían ya las bombas de la artillería de Mola. Entramos en España por Puigcerdá a mediados de agosto sin detenernos para nada en territorio francés y nos encontramos con una Cataluña vestida de rojo y negro, bajo el signo de la FAI. Para nosotros era algo así como un espectáculo surrealista que nos cambiaba muchísimo de lo que habíamos vivido en el País Vasco. Imperaban por todas partes las llamadas “patrullas de control” anarcosindicalistas. En medio de aquel mare mágnum, en Barcelona nos dieron la primera buena noticia: cuatro partidos, entre ellos el PSOE y el PC, se habían unificado y formaban ya el PSUC, que participaba en el Gobierno de la Generalitat. Para nosotros el acontecimiento confirmaba la tendencia hacia la unificación política del proletariado. Estábamos en la buena vía. Otra sorpresa agradable fue ver que la JSU se había instalado en el hotel Colón de Barcelona y funcionaba activamente. Nos reunimos con Martí Salvat, entonces secretario general, con Wenceslao Colomer, Margarita Abril, Teresa Pàmies y otros camaradas. Las tensiones con la FAI, que entonces constituía un doble poder, más influyente en muchos casos que el de la Generalitat, eran muy agudas. Esquerra de Cataluña daba la impresión de ser impotente; una parte importante de su base electoral eran precisamente los confederales. No nos entretuvimos en Barcelona más que lo indispensable para ver a la dirección del nuevo PSUC, que encabezaba Juan Comorera y que en aquella situación era una promesa de reequilibrio de la situación política catalana. […] En Madrid encontramos también grandes cambios. Para empezar, la dirección de la JSU ya no estaba en la calle Barquillo; se había instalado en la de Fuencarral en el edificio que ahora ocupa el Tribunal de Cuentas. En las calles había frecuentes puestos de control, ejercido por milicianos que paraban los coches cuando les parecía y exigían la documentación sobre todo de noche; demasiados milicianos de retaguardia, aunque no todos con los colores rojinegros; demasiados policías autopromocionados, que obraban por su cuenta.» (Santiago Carrillo, Memorias, Planeta, Barcelona 1993, págs. 171-177.)

Carrillo, Trifón y Laín, más compenetrados tras haber compartido un mes en el frente, se reconfirman como los principales dirigentes de la Federación de Juventudes Socialistas Unificadas, ya bien distanciados del PSOE y a punto de integrarse orgánicamente en el PCE.

«Un manifiesto de la Juventud Unificada. Se nos remite el siguiente manifiesto: “Camaradas. La unidad de la juventud, lograda plena y satisfactoriamente a lo largo de la guerra civil, ha tenido su cristalización en la creación de una dirección única de la Federación de Juventudes Socialistas Unificadas. […] La Comisión ejecutiva, Santiago Carrillo, secretario general y político; Trifón Medrano, secretario primero de organización; José Laín, secretario segundo de organización; Fernando Claudín, director del periódico; Segundo Serrano Poncela, secretario de agi-pro., Federico Melchor, secretario de milicias; Segismundo Alvarez y José Cazorla, inspectores de milicias; Lina Odena, secretario del Frente de la Juventud; Alfredo Cabello, secretario de Relaciones Exteriores; Luis Fernández Cuesta, secretario administrativo; Aurora Arnáiz, secretario femenino; Manuel Vidal, secretario sindical; Justo Rodríguez, secretario deportivo; J. José Renales, secretario infantil.”» (La Libertad, Madrid, 22 de septiembre de 1936.)

«Durante los días que precedieron al 7 de noviembre se produjo un acercamiento mayor entre nosotros y la dirección del PCE. Sin ser miembro del partido yo asistía en esos días a las frecuentes reuniones del Buró Político en las que se discutían los preparativos para la defensa de la ciudad. Me encontraba en perfecta sintonía con los que dirigían el Partido: Díaz, Dolores, Checa, Mije, Uribe, Diéguez, Giorla; los veía tan entregados, entusiastas y decididos como lo estábamos en la JSU: Cazorla, Melchor, Medrano, Claudín, Laín, Poncela, Cabello, Cuesta, Arconada, Mesón y otros. […] Hacia el 5 de noviembre me reuní con Melchor, Cazorla, Laín, Poncela y Cuesta, ya tarde en la noche. Vivíamos entonces en un edificio requisado, donde había instalado sus oficinas la Federación de la JSU, en la calle del general Oraa. Estuvimos cambiando impresiones sobre la situación y llegado un momento les dije: “Quiero informaros de una decisión personal que todavía no he consultado ni comunicado a nadie. Mañana pienso pedir el ingreso en el Partido Comunista […]”. Podía haberles propuesto dar ese paso juntos, pues conocía lo profunda que era nuestra compenetración y tenía la casi seguridad de que pensaban como yo. Pero no quería colocarlos en ningún compromiso, ni hacer ninguna movida colectiva: se trataba de decisiones que cada uno debía tomar individualmente… […] Al final coincidimos en notificar al día siguiente a Pepe Díaz nuestra voluntad de ingresar en el PCE, sin hacerlo público en aquellos momentos para no crear problemas entre ambos partidos en situación tan crítica. […] El 6, Cazorla, Melchor, Laín, Poncela, Cuesta y yo comunicamos a José Díaz y a Pedro Checa nuestra decisión, añadiendo que mantendríamos el contacto personal con los caballeristas para seguir laborando por la unificación de los dos partidos.» (Santiago Carrillo, Memorias, Planeta, Barcelona 1993, págs. 185-187.)

1937 «La Conferencia Nacional de Juventudes. Sesión de clausura. Valencia 17, 11 noche. Valencia 17, 11 noche. Prosigue la Conferencia a las cuatro de la tarde. Se aplaude la presencia del comisario general de Guerra, Francisco Bastos, y se leen varios telegramas de adhesión. Intervienen seguidamente Onrrubia, el dirigente de las juventudes comunistas francesas, Atarge; el italiano Camell; Ibet, por la juventud femenina francesa; Milco Arrede, secretario provincial de Madrid de la Juventud Unificada; Cardier, joven comunista belga, y Arconada, que propone, en nombre de la ponencia, los compañeros que formarán la Ejecutiva y el Comité Nacional. La Ejecutiva queda integrada por Santiago Carrillo, como secretario general; Trifón Medrano, de la organización, y, como vocales, Claudín, Cabello, Vidal, Laín, Melchor, Segismundo, Alvarez Serrano, Poncela, Cazorla y Cuesta. […] Santiago Carrillo hace el resumen de la Conferencia, cuya importancia destaca, para terminar diciendo que la juventud, española ha encontrado por primera vez en la Historia su destino, el camino de su libertad. Unidos, como un solo hombre, dispuestos a morir en el camino, si ello es preciso para triunfar. (Muchos, aplausos.) […] Se dan por terminadas las tareas de la Conferencia en medio de grandes aplausos y aclamaciones, con vivas a la unidad española, a la unidad de la juventud de todo el mundo, a Rusia y a Méjico, vítores que son coreados con entusiasmo y cantando La Joven Guardia y Bandera Roja. Acto seguido los delegados fueron obsequiados con un lunch por la Juventud de Valencia. Por la noche se celebró una velada cultural, en el Gran Teatro, organizada por el ministerio de Instrucción pública. Febus.» (ABC, Madrid, martes 19 de enero de 1937, págs. 13-14.)

«El mitin del Apolo era también la preparación política del Congreso Nacional de la JSU, que debía culminar la unificación, previsto en el acuerdo de abril entre las Juventudes Socialista y Comunista para agosto del 36 y aplazado por causa de la sublevación. El congreso lo habíamos convocado para los días del 15 al 17 de enero de 1937 en el salón de actos del Ayuntamiento de Valencia; posteriormente a su celebración el evento fue conocido popularmente como la Conferencia Nacional de la Juventud, por la amplia participación de las otras organizaciones juveniles y de las personalidades de la República. […] El informe político y el discurso de conclusión corrieron a mi cargo. Trifón Medrano hizo el informe de organización que introducía importantes novedades en la estructura y el funcionamiento abierto de la organización; teníamos en ese momento 250.000 militantes de los cuales 170.000 en las fuerzas armadas. Intervenciones sectoriales importantes corrieron a cargo de Federico Melchor, Fernando Claudín, José Laín, Serrano Poncela, Felipe M. Arconada, Segis Álvarez.» (Santiago Carrillo, Memorias, Planeta, Barcelona 1993, págs. 228-229.)

«Largo Caballero comenzó a mirar con sospecha, más que como un aliado como un rival peligroso, al Partido Comunista. Creo que uno de los hechos que en ese período le molestaron más fue la entrada de la dirección de las Juventudes en el Partido Comunista. No recuerdo si fue en enero o en febrero de 1937, cuando ya podía trascender nuestra nueva afiliación, decidimos informarle de ella directamente, por deber de lealtad. Fuimos a visitarle en grupo a su despacho Cazorla, Melchor, Laín, Poncela y yo; en nombre de todos le expliqué lo que habíamos hecho, que en ese momento aún no nos parecía una ruptura con sus posiciones sino una especie de anticipación. Su reacción no fue, como en otros momentos, airada y cortante. Se echó para atrás en el sillón donde estaba sentado y con lágrimas en los ojos –la primera vez que le veíamos afectado a tal extremo– nos dijo: “¡Ahora sí que he perdido la confianza en el éxito de la revolución española!” Nosotros mismos estábamos muy impresionados por estas palabras. Esperábamos otra cosa; algo así como el comentario que había hecho mi padre cuando se lo conté, poco antes: “¡ya podíais haber esperado a que lo hiciéramos todos!”, pero en el tono que cabía esperar del temperamento y el carácter de Largo Caballero, menos amistoso, más airado y cortante.» (Santiago Carrillo, Memorias, Planeta, Barcelona 1993, págs. 239.)

1938 «El pleno del Comité Central del Partido Comunista. Madrid, 25. — A las cuatro de la tarde comenzó la sesión del pleno del Comité Central del Partido Comunista. Se procedió, en primer lugar, a la intervención de Bolívar, y habló después Ormazábal, secretario de Partido en Euzkadi, quien trató especialmente del problema de los refugiados de guerra. Después de intervenir Zapico y Escrich lo hizo el representante del Partido en el Gobierno, Vicente Uribe. Comenzó ensalzando la importancia del programa aprobado por el Gobierno. […] Habló después José Laín, y a continuación lo hizo José Silva, que se refirió a la unidad en el campo y a la incorporación de la mujer al trabajo. […] Con un resumen de toda la discusión, hecho por “Pasionaria”), se dio por finalizado el pleno, en medio de grandes aplausos y vítores al Gobierno y a la unidad.» (La Vanguardia, Barcelona, viernes 27 de mayo de 1938.)

«La nueva Ejecutiva de la J.S.U. Después del último pleno ampliado del Comité nacional de la J.S.U., la Comisión ejecutiva ha quedado constituida por los siguientes camaradas: Santiago Carrillo, Segis Alvarez, Federico Melchor, Fernando Claudín, Manuel Vidal, Segundo Serrano Poncela, José Cazorla, José Laín, comisario C. E.; Alfredo Cabello, Ignacio Gallego, Justo Rodríguez, Trinidad Torrijos, Isidro R. Mendieta, José Serrán, Manuel Tagueña, Agustín Nieto, Víctor Velasco, Josefina López, José Lacomba, Antonio Ruiz Hidalgo, Tomás Huete, comisario de la 49 división; José Manuel Jiménez, Pascual Sánchez, Ezequiel Ureña y Eloísa Villalba.» (La Libertad, Madrid, 8 de diciembre de 1938.)

Durante la guerra civil española, José Laín Entralgo fue comisario político del ejército de la República. Abandonó España en el último momento, en marzo, poco antes de la derrota/triunfo del 1º de abril de 1939. De Cartagena pasó a África, siendo internado durante unas semanas en un campo de concentración en Orán, aunque pronto logró llegar a la Unión Soviética por Odessa.

«Otra vez, aunque de otro modo, el drama de mi familia. En mi casa estaban mi tía Emilia, mi hermana, con su hija de cuatro años, y mi cuñada, con la suya de pocos meses. Mi hermano, por lo que ellas sabían, pudo a última hora evadirse desde Alicante. Menos afortunado que él fue mi cuñado, a quien como a otros muchos hicieron prisionero sobre el muelle alicantino, en espera de un barco que no llegó a tiempo; debía de estar, creían ellas, en el campo de concentración de Albatera. Allí fui a buscarle. Llegué de noche, y en los desvanes de mi memoria queda la confusa imagen de aquellos cientos o miles de hombres, vagando como sombras en una oscuridad sólo a trechos iluminada bajo las palmeras del inmenso recinto. Me presenté al oficial de guardia, le dije que entre los detenidos tenía un pariente, y amablemente accedió a que me lo llevara, tras la no fácil faena de encontrarle en el seno de la abigarrada multitud. Quedó luego oculto en mi casa, precaución no inútil, porque había sido comisario político de alguna unidad militar, y en mi casa quedó hasta que pude conseguirle un salvoconducto con nombre falso para Bilbao; en casa de mis tíos podría esperar más seguro lo que acerca de él se decidiera. A la vez, lejos su marido y desvalidos sus padres y hermanos –todos socialistas madrileños, muy devotos de Pablo Iglesias–, mi cuñada y su hijita enferma se acogían a nuestra débil ayuda burgalesa.» (Pedro Laín Entralgo, Descargo de conciencia, Barcelona 1976, pág. 259.)

Allí fue incorporado, junto con otros cientos de exilados, a las necesidades de la patria de los soviets en los umbrales de la Segunda Guerra Mundial. Así figura en una «Lista de maestros enviados a disposición del Comisariado Popular de Educación de la RFSSR», elaborada en 1939 y que incluye a 16 personas: «15. José Laín Entrami (correctamente, Entralgo, A. E.), 28 años, miembro del Partido Comunista. Estudiante de la Facultad de Derecho. Estudió 4 años, antiguo comisario de cuerpo (de ejército). Candidato a miembro del CC del Partido Comunista de España.» (A. V. Elpátievsky, La emigración española en la URSS, Madrid 2008, págs. 224-226).

Carmen González y Carmen Laín González (nacida en 1937) quedaron en España en difícil situación, pero, gracias a la intervención de Pedro Laín, pudieron llegar a la Unión Soviética para reencontrarse con José Laín, poco antes de que se desencadenase la nueva y terrible guerra que se avecinaba.

«Mientras tanto, seguía su curso mi vida familiar. En ocasiones, mostrándome de nuevo mi conflictiva y penosa situación dentro de la contienda española. Poco después de conclusa la guerra civil, mi hermana, que tenía a su marido en Francia, y la mujer de mi hermano, de cuya llegada a Moscú ya se tenía noticia, decidieron por su cuenta huir clandestinamente de España atravesando el Pirineo gerundense. Tomaron consigo los pocos objetos de valor que poseían, y cada una con su respectiva hija al brazo se lanzaron a la aventura. Su fracaso fue total: las fuerzas de vigilancia de la frontera las descubrieron en pleno campo y, luego de despojarlas de sus pequeñas joyas, las condujeron a la prisión de Gerona. Menos mal que todavía era Lorente Sanz subsecretario de Gobernación, y por su bienhechora mediación pude yo conseguir que ambas, aunque esquilmadas, volviesen sin demora a Madrid. Mejor éxito tuvo mi gestión para que mi cuñada lograra reunirse en Moscú con mi hermano. Por mediación de Serrano Suñer logré que a ella y a su hija les diesen pasaporte para Berlín; y, una vez allí, el todavía vigente convenio germano-ruso les permitió entrar en la Unión Soviética, no sin larga y difícil tramitación previa. Conste aquí el agradecimiento de ellas y el mío al sacerdote vasco Patxi Echevarría, que con tan cariñosa diligencia las atendió durante su impaciente estancia en la capital del Tercer Reich.» (Pedro Laín Entralgo, Descargo de conciencia, Barcelona 1976, pág. 362.)

Tras las penurias propias de la Gran Guerra Patria y una vez dominada la lengua rusa, José Laín, miembro del Comité Central del Partido Comunista de España y del Comité Nacional de las J.S.U., pudo rehacer su vida en la Unión Soviética, destacándose pronto como traductor.

1945 «Felicitación del Comité Central del Partido Comunista de España a Dolores Ibarruri. En el cincuenta aniversario de vida ejemplar de combatiente revolucionaria, de guía y jefe de la clase obrera y de las masas antifascistas de nuestro País, recibe nuestro ardiente saludo de lucha, expresión de gran amor, respeto y adhesión que sentimos hacia ti. En este día celebramos también el 25 aniversario de tu ingreso en el Partido Comunista de España, cuya historia gloriosa de combate y sacrificio por la causa de la clase obrera y del pueblo está íntimamente ligada a tu propia vida de militante. […] Estamos unidos, como lo está todo nuestro Partido, en torno a tí y nada conseguirá romper nuestra unidad de granito. Te deseamos con todo el Partido, con millones de hombres y mujeres amantes de la libertad de nuestra Patria y el mundo entero, largos años de vida para bien de España, de la democracia y del progreso de la gran causa del Comunismo. Vicente Uribe, Antonio Mije, Francisco Antón, Santiago Carrillo, Juan Comorera, Rafael Vidiella, José Antonio Uribes, Juan Modesto, Luis Cabo Giorla, Enrique Lister, Isidoro Acevedo, Fernando Claudín, Ángel Álvarez, Julio Mateu, Manuel Delicado, Nemesio Pozuelo, Ángel Escobio, Antonio Pretel, Felipe M. Arconada, Juan José Manso, Félix Montiel, Juan Ambou, Wenceslao Roces, José Silva, Miguel Valdés, Esteban Vega, José Laín, Pedro Martínez, Carmen Manzana, Esperanza Macías, Jaime Nieto, Domingo Cepeda. Daniel Anguiano, José Moix, Luis Fernández, Ramón Ormazábal, Ignacio Gallego, Leandro Carro, Ricardo Castellote, José Planelles, Hidalgo de Cisneros, Emilia Elías, Luis Zapirain, Luis Delage, Ramón Soliva, Federico Melchor, Manuel Cristóbal, Manuel Sánchez Arcas, Carlos Rebellón, Segis Álvarez, Pedro Prado, José Bonifaci, Manuel Hurtado, Antonio Guardiola, Eduardo Sánchez. Y los miembros de la Delegación del C.C. en el interior del País, Julio, Darío, Sandalio, Alfredo.» (España Popular, México, viernes 28 de diciembre de 1945, págs. 1-2.)

1946 «Saludo de los miembros del Comité Nacional. “Dirigentes J.S.U. emigrados U.R.S.S. saludan Conferencia deseando éxito deliberaciones orientadas refuerzo potencia J.S.U. y unidad toda joven generación antifranquista que lucha por libertad patria. Rogamos saludar en nuestro nombre los valientes militantes del país que mantienen mejores tradiciones patrióticas J.S.U.” Firman: Segis Alvarez, José Laín, Trini Torrijo, Isidro R. Mendieta, José Serrán, Manuel Tagüeña, Víctor Velasco, Josefina López, Máximo Huete, Luis Abollado, Eugenio Sierra, Angel Aguilera, Esperanza González Moncho, Joaquín de Diego, Artemio Precioso, Federico Pita, Antonio Freire, Pedro Felipe, Obdulia Imbert, Alfonso Olid, Eduardo García, Luis Galán, Francisco Fernández, Felisa Melendo, Gregoria Velasco, Francisco Fernández.» (Ahora. Boletín interior de la JSU en Francia, 16 de enero de 1946.)

En Moscú José Laín y Carmen González fueron especialmente amigos de Arnaldo Azzati y Alejandra Soler. Las circunstancias propias de la Gran Guerra Patria habían sellado lazos inquebrantables entre muchos españoles involucrados en la crudeza de la retaguardia: así, en agosto de 1944 regresaron juntos a Moscú, tras permanecer evacuados en la aldea Yazykovo del distrito de Blagovarski de la RASS de Bashkiria, Alejandra Soler, maestra, Arnaldo Azzati, educador, Carmen González, educadora, Carmen Laín, hija… (A. V. Elpátievsky, La emigración española en la URSS, Madrid 2008, pág. 232).

En abril de 1954 el Semíramis desembarcó en Barcelona a más de doscientos soldados de la División Azul, hasta entonces prisioneros de guerra en la Unión Soviética, abriéndose así la posibilidad de retorno a España de niños de la guerra y exiliados políticos. Merced a las gestiones de Joaquín Ruiz Giménez y de Pedro Laín Entralgo, España aceptó pronto la vuelta de José Laín Entralgo y su familia, que viajó en el Crimea y desembarcó en el puerto de Castellón en enero de 1957.

«Sobre las dos últimas expediciones en enero y mayo de 1957 no tengo datos de cifras, pero, según datos generales, los cuales están compuestos por diferentes expediciones, en ellas debieron repatriarse aproximadamente 250 españoles. En la expedición de enero estaba José Laín Entralgo con su esposa y sus hijos. José Laín fue maestro en una casa infantil de Odessa, profesor de lengua española y traductor de la Editorial en Lenguas Extranjeras, así como también importante consejero de Stalin en cuestiones relacionadas con Hispanoamérica. Su repatriación, al igual que la de otras cuantas personas relacionadas directamente con el régimen de Stalin, no era deseable desde el punto de las autoridades españolas, pero le fue permitido regresar, teniendo en cuenta que su hermano Pedro era un digno miembro de la Falange y fue no mucho tiempo antes de esto Rector de la Universidad de Madrid en el grupo ministerial de Joaquín Ruiz Giménez…» (A. V. Elpátievsky, La emigración española en la URSS, Madrid 2008, pág. 425.)

«Siempre conforme al designio central de estas páginas, escogeré los eventos más significativos. Ante todo, uno de carácter familiar. Para morir en ella tres lustros más tarde, en enero de 1957 regresó a España mi hermano, con su mujer y su hija. Venía de Moscú, donde había residido desde el término de nuestra guerra civil; una iniciativa de la Cruz Roja se lo permitió. No dejó voluntariamente la Unión Soviética porque “eligiera la libertad”, como ha sido tópico decir –puesto a elegir la libertad, ¿habría venido a su propia patria, tal como ésta era entonces?–, ni porque en el fondo de su corazón hubiese abjurado del marxismo, su viejo ideal. Aun cuando, movidos los dos por un mutuo respeto, apenas quisimos hablar de estos temas, firmemente me constaba que así era. Vino porque su experiencia del estalinismo había herido su modo noble y generoso de entender ese ideal histórico, y porque en ese fondo de su corazón latía creciente la nostalgia de su patria: la España subpolítica o transpolítica que para nuestro gozo o nuestro dolor a todos nos encandila. No nos habíamos visto desde que a fines de julio de 1936 nos despedimos en Santander. ¿Habíamos cambiado los dos? Yo, desde luego; él, acaso. Pero nos encontramos de nuevo sabiendo sin palabras que nada en su vida y nada en la mía podía empañar nuestro mutuo afecto fraterno.» (Pedro Laín Entralgo, Descargo de conciencia (1930-1960), Barral, Barcelona 1976, págs. 453-454.)

Asentado de nuevo en Madrid, pudo inmediatamente reorganizar su vida como traductor del ruso. Un informe de la policía de agosto de 1957 ya supone que la presión familiar determinará que no se dedique a actividades ilícitas: «No obstante sigue siendo un comunista convencido»:

«Actualmente trabaja en la Editorial Aguilar como traductor y al propio tiempo con idénticas funciones en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, devengando más de 5.000 pesetas. Es evidente que este repatriado se ha situado magníficamente por sus propios medios, merced a la influencia del apellido y a la protección de sus familiares y no es de esperar que a pesar de su relieve político en otros tiempos se dedique a actividades ilícitas que puedan suponer un contratiempo porque son todos los Laín Entralgo muy hermanados entre sí y sacrificará cualquier voluntario deseo en aras de la tranquilidad propia y de sus allegados (…) No obstante sigue siendo un comunista convencido (…) y es necesario considerarlo totalmente desafecto a las actuales instituciones del país.»

«José Laín Entralgo. Sujeto “peligroso”. En el Informe Especial de 31 de enero de 1957 los policías de la División de Investigación Social ofrecen todo tipo de detalles de la V expedición que había llegado al puerto de Castellón abordo del Crimea, con 412 personas, de las que 126 son hijos de repatriados y 45 mujeres rusas, casadas con españoles. “La clasificación de los repatriados, interrogatorio y operaciones de identificación –decadactilar y fotográfica– se llevaron a cabo en el Preventorio Argentina, perteneciente a la Sección Femenina y de las JONS, sito en el término de Benicasim (…). Terminadas dichas operaciones y agrupados los expedicionarios por regiones, fueron evacuados a los puntos donde fijan su residencia, según se especifica en informe especial, sobre Recepción, clasificación y evacuación que se adjunta”. El funcionario valora el conjunto de la expedición y concluye que “al contrario que en las últimas, que registraron un mejoramiento paulatino y gradual de las gentes, hay un retroceso absoluto en cuanto a moral y formación psicológica de los que la componen, excepción hecha de un escaso número, a los que cabe considerar personas normales, aunque sin olvidar su formación comunista. El resto del contingente está caracterizado por gran número de ex presidiarios o delincuentes comunes en potencia, o beodos, matrimonios de 'última hora' y prostitutas”. Entre los “elementos peligrosos” se destaca a José Laín Entralgo “traductor” –de Tolstoy y Dostoyeski entre otros–, repatriado junto a su esposa Carmen González y una hija de 18 años. Se reseña: “Durante la Guerra de Liberación fue comisario político de la 107 Brigada Roja, VI División y XVII cuerpo de Ejército. Salió de España en marzo de 1939 por Cartagena. Llegó a Orán y estuvo dos o tres meses en un campo de concentración (…) En la Unión Soviética ha gozado siempre de la confianza del Partido, trabajando en el Instituto de Lenguas Extranjeras y Misiones de Enseñanza del Español a diversos agentes que preparaban los de servicios de espionaje soviético. Se halla completamente en la línea del comunismo español y últimamente ha realizado trabajos en lo que respecta a la cuestión estudiantil, habiendo estado en relación con organizaciones internacionales de este tipo. Su influencia determinó la salida de los niños de las casas donde se hallaban estudiando para incorporarlos a las Escuelas de Aprendizaje y Fábricas en general. En 1934 ya estuvo en la Unión Soviética en misión oficial del Partido Español (…) Su esposa quedó en España tras la Guerra de Liberación, y enviada a Rusia, por gestión de su hermano político, Pedro, ex-rector de la Universidad Central (…)”. Sólo un mes después, el matrimonio volvería a ser objeto de otra “atención” por parte de la División de Investigación Social en su informe del 7 de febrero, donde ambos vuelven a engrosar bajo el epígrafe “Incorporación a la vida española” la categoría de “sospechosos de peligrosidad”. En el informe del 16 de agosto Laín ya es protagonista. En el capítulo de “Historiales” se escribe “hoy estamos en situación de poder ofrecer en el presente número la historia, vicisitudes y relieve político de tan destacada personalidad en el campo del Comunismo Internacional”: exactamente siete páginas mecanografiadas a un espacio donde se recoge con pelos y señales su biografía declarada. Al final, el policía escribe de él: “Actualmente trabaja en la Editorial Aguilar como traductor y al propio tiempo con idénticas funciones en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, devengando más de 5.000 pesetas. Es evidente que este repatriado se ha situado magníficamente por sus propios medios, merced a la influencia del apellido y a la protección de sus familiares y no es de esperar que a pesar de su relieve político en otros tiempos se dedique a actividades ilícitas que puedan suponer un contratiempo porque son todos los Laín Entralgo muy hermanados entre sí y sacrificará cualquier voluntario deseo en aras de la tranquilidad propia y de sus allegados (…) No obstante sigue siendo un comunista convencido (…) y es necesario considerarlo totalmente desafecto a las actuales instituciones del país”.» (Virginia Ródenas, «Así se interrogó a los españoles repatriados de la URSS», ABC, Madrid, 6 diciembre 2009.)

«—¿Y el hermano de don Pedro, José Laín Entralgo, abogado y fundador con Santiago Carrillo de la Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), quien participó en la revolución de Asturias, se exilió a Rusia, volvió como Comisario Político de una Brigada mixta durante la Guerra Civil y tuvo que exiliarse de nuevo en Moscú?
—Mi tío José, a quien conocí, pudo volver a España gracias a la ayuda de mi padre y de Ruiz-Giménez, en 1957. Los dos hermanos no se habían visto desde 1936. Vino con su mujer y su hija. Los primeros años vivió extremadamente vigilado. Se dedicó a la traducción de los grandes autores rusos para dar de comer a su familia, hasta morir prematuramente en 1972. Fue un hombre bueno. Los dos se querían mucho.» («Pedro Laín Martínez habla de su padre», “Boletín Lainiano” nº 5; en Rujiar, Centro de Estudios Bajo Martín, Híjar 2007, nº 8, págs. 1061-1070.)

Para la mexicana Editorial Grijalbo tradujo los siete volúmenes de la Historia de la Filosofía de Dynnik (México 1960-1962), que en ruso habían ido apareciendo entre 1957 y 1961, mientras el traductor ya estaba en España. Firma esa traducción también Adolfo Sánchez Vázquez (1915-2011), quien, como en 1939 pudo emigrar a México, obviamente no sabía ruso.

1963 «Clásicos Planeta. Por primera vez en España una colección de clásicos comparable, y aún superior en muchos aspectos, a las grandes series que desde hace años tienen en sus catálogos las más importantes editoriales europeas. […] La dirección de esta importantísima serie está encomendada a los Catedráticos de la Universidad de Barcelona, doctores D. Martín de Riquer, D. José Manuel Blecua y D. José M.ª Valverde. Con ellos colaboran, entre otros, los señores D. Juan Vernet, Catedrático de Árabe; D. José M.ª Martínez Cachero, Catedrático de Literatura; D. Carlos Seco, Catedrático de Historia de España; D. Augusto Vidal, de la Universidad de Moscú; D. Justo Molina, Profesor de la Universidad de Innsbruck; D. Ildefonso Manuel Gil, Catedrático de la Universidad de Rutgers (USA); D. Eugenio Frutos, Catedrático de Filosofía; D. Alonso Zamora, Catedrático de Literatura; D. Evaristo Correa Calderón, Catedrático de Literatura; D. Carlos Pujol, Ex-Profesor de la Universidad de Aberdeen (Escocia) y Profesor de Literatura Inglesa; D. Eduardo Vázquez, Catedrático de Inglés; doña Carmen Castro de Zubiri, Catedrático de Literatura Española; D. Manuel Criado de Val, Catedrático de Literatura; Rvdo. P. D. Custodio Vega, de la Universidad “María Cristina” de El Escorial; y D. José Laín Entralgo.» (Anuncio a página completa en ABC, Madrid, 10 noviembre 1963.)

Como ya quedó dicho arriba, en 1968 recibió el encargo de traducir el Compendio de Historia de la Filosofía dirigido por Iovchuk, como resumen del Dynnik destinado a difundir en español con mayor profusión la ortodoxia marxista-leninista aplicada a la historia de la filosofía. La traducción va firmada con su nombre y se terminó de imprimir en diciembre de 1969 en Montevideo, por Ediciones Pueblos Unidos, en dos tomos. El régimen franquista no hubiera autorizado entonces su impresión en España (sí muy poco después, durante el tardofranquismo), y simplemente prefería ignorar que su traductor viviese en Madrid, resaltando en todo caso sus importantes traducciones de clásicos de la literatura.

«Pues bien, como digo, al cabo de una semana de asiduas visitas a la Embajada de España en París, el día 16 de febrero de 1971 en un vuelo regular de Iberia llegamos a Barajas, los tres: Arnaldo, Carmen y yo, tremendamente emocionados. Llegábamos al fin a nuestra tierra ¿qué iba a pasarnos? Ante nosotros se abría lo desconocido, a pesar de sernos tan entrañable… Lo primero que vi al bajar por la escalerilla del avión que me encogió el corazón y me llenó los ojos de lágrimas fue a todos nuestros queridísimos amigos. Allí estaban todos: José Laín Entralgo con Carmen su mujer, su hija Carmenchu con su marido Mirco y los dos hijos de estos; Concha Bello con su marido Andrés Fierro y sus dos hijas Carmen y Maribel, que se habían convertido en dos muchachas espléndidas. Cuando las despedimos en Moscú tenían Carmenchu dos años y Maribel unos meses. Nos abrazamos con una inmensa emoción y de pronto me sentí en casa, entre los míos se disiparon como por encanto mis dudas y mis temores. […] Nuestros amigos se habían preocupado de solucionarnos los problemas más acuciantes que se nos presentaban: Andrés nos había facilitado una casa donde vivir, que era propiedad de un buen amigo suyo y estaba desalquilada. Allí vivimos casi un mes los tres, hasta que pudimos comprar un piso y trasladarnos. Pepe Laín nos empadronó a los tres en su casa, y Augusto Vidal, que vivía en Barcelona, había dado a la editorial Planeta el nombre de Arnaldo para traducir la novela Ante el espejo del escritor ruso Benjamin Kaverin.» (Alejandra Soler: 119-120.)

No habían transcurrido aún doce meses desde la vuelta de Arnaldo Azzati y Alejandra Soler, cuando se produjo su prematura desaparición en Madrid, «donde murió todavía relativamente joven, sin abdicar de sus ideas.» (Carrillo, Memorias, pág. 170.)

José Laín Entralgo murió el 17 de enero de 1972. Su familia publicó en el diario ABC (Madrid, miércoles 19 de enero de 1972, página 96) una sencilla y pequeña esquela, sin cruz. Fue enterrado en el Cementerio Civil de Madrid.

Esquela de José Laín Entralgo, ABC, 19 enero 1972, página 96«josé laín entralgo falleció el 17 de enero. Su esposa, Carmen González; hijos, Carmen y Andrés; hijo político, Mirko Dundov; hermanos, Pedro y Concepción; hermanos políticos, Milagro, Fausto, Elisa, Juliana y Andrés, y sobrinos, tienen el sentimiento de comunicar a sus amigos tan dolorosa pérdida.»
 
 

En 1971 se publicó en Moscú la segunda edición revisada en ruso del Compendio de Historia de la Filosofía (en la editorial Pensamiento, tercera de la obra en realidad): 2-е, перераб. изд, 2ª edición revisada, Издательство «Мысль», Editorial «Pensamiento», Москва 1971, Moscú 1971, 790 páginas, 60.000 ejemplares. En 1975 la que se dice tercera edición: 3-е изд, 3ª ed., Мысль, Москва 1975, Pensamiento, Moscú 1975, 798 páginas, 50.000 ejemplares. Y en 1981 la que se dice cuarta (que es quinta, última que sepamos): 4-е изд, 4ª ed., Мысль, Москва 1981, Pensamiento, Moscú 1981, 927 páginas, 70.000 ejemplares.

Con el título Historia de la Filosofía fue vertido de nuevo este libro al español, e impreso directamente en la URSS (Editorial Progreso, Moscú 1978, 2 tomos, 511+456 páginas; disponible en pdf desde junio de 2009 en el Proyecto Filosofía en español): «Traducido del ruso por Arnaldo Azzati. © Traducción al español Editorial Progreso, 1978. Impreso en la URSS.» No se dice qué edición del original ruso se ha seguido. Respecto de la anterior edición en español, Montevideo 1979, la principal diferencia externa consiste en que la edición uruguaya prosigue la numeración de capítulos y paginas en sus dos tomos (21 capítulos, 815 páginas) y dos secciones (el tomo II contiene: “Sección segunda. Historia de la filosofía marxista-leninista y de su lucha con la filosofía burguesa”, capítulos XII-XXI, páginas 425-795), mientras que la edición en español de 1978 renumera capítulos y páginas de cada tomo (el segundo es ahora: “Tomo II. Historia de la filosofía marxista-leninista y su lucha contra la filosofía burguesa”, capítulos I-X, páginas 5-452). Además, la edición moscovita no incluye al final el “Índice de nombres” (que ocupa en la edición uruguaya las páginas 797 a 807), aunque sí que está anunciado en su índice general (tomo II, páginas 453-455). Un cambio menor, pero que viene bien para diferenciar citas: la transcripción del apellido del tercer autor, Щипанов, es Shchipanov en Montevideo 1969 y Schipanov en Moscú 1978.

En los nueve años transcurridos entre las dos ediciones en español de esa obra, de 1969 a 1978, las cosas ya habían cambiado lo suficiente como para que los ideólogos soviéticos tuviesen por prudente eliminar algunas párrafos. En el Proyecto Filosofía en español están disponibles, a doble columna, los textos de la Conclusión de la obra en ambas ediciones. Allí puede verse cómo Azzati ya no tuvo que traducir estos dos párrafos finales, que José Laín Entralgo dejó así puestos en español:

Глубокое изучение истории философии вооруж ает трудящ ихся непоколебимойуверенностью в торж естве учения марксизма-ленинизма, в неизбеж ности победы коммунизма. «Силы коммунизма неисчислимы, на его стороне –правда ж изни…– говорится в Тезисах ЦК КПСС к 50-летию Октябрьской революц ии. –Идеи Октября, идеи коммунизма– ведущ ие идеи нашего времени, великая творческая сила современной истории».

 

El profundo estudio de la historia de la filosofía proporciona a los trabajadores la seguridad inquebrantable en el triunfo de la doctrina del marxismo-leninismo, en la victoria inevitable del comunismo. «Las fuerzas del comunismo son incalculables, a su lado está la verdad de la vida… –se dice en las Tesis del C.C. del P.C.U.S. con motivo del 50 aniversario de la Revolución de Octubre–. Las ideas de Octubre, las ideas del comunismo son las ideas rectoras de nuestro tiempo, la gran fuerza creadora de la historia contemporánea.»

«Грядущ ие годы принесут новые победы учению Маркса, Энгельса, Ленина, делу коммунизма.»

 

«Los años venideros traerán nuevas victorias a la doctrina de Marx, Engels y Lenin, a la causa del comunismo.»

 

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