El CatoblepasSeparata de la revista El Catoblepas • ISSN 1579-3974
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El Catoblepas

El Catoblepas · número 189 · otoño 2019 · página 11
Artículos

Cardijn: apuntes para una biografía

Francisco Martínez Hoyos

Semblanza del prelado belga que trabajó por el compromiso social de la Iglesia

Joseph Cardijn

No es casual que Bélgica sea un país pionero de la Acción Católica, puesto que nos encontramos en una nación donde, por diversos motivos, la Iglesia católica acepta llegar a pactos con la modernidad, a diferencia de la postura intransigente que mantiene en otras latitudes. La constitución establece la separación de la Iglesia y el Estado, pero los obispos saben aprovechar esta circunstancia para defender, celosamente, su autonomía frente al poder político, al tiempo que se sirven de su red de escuelas y de movimientos de seglares para transmitir a la sociedad sus valores religiosos.{1}

En este contexto surgirá un interesante catolicismo demócrata y social, representado por la gran figura del abbéDaens, un cura preocupado por la defensa de los trabajadores. En su caso, a través de la política. El ChristeneVoklspartij deseaba conseguir voto obrero con una actividad independiente de los patronos católicos. Hasta entonces, se daba por sentado que los proletarios de los círculos obreros tenían que votar a los conservadores. Daens, con su apuesta por la democracia cristiana, plantea que las organizaciones de trabajadores cristianos no deben ser rehenes de la derecha. Por eso protagonizara un duro enfrentamiento con uno de sus principales líderes, Charles Woeste, presidente de la Federación de Círculos Católicos, de ideas ferozmente antisociales. Elegido diputado, sufrió las represalias del obispo de Gante, que le prohibió celebrar la Eucaristía. Desde una óptica reaccionaria, votar a su favor equivalía a ser compañero de viaje del infernal liberalismo, es decir, de los enemigos de Dios y de la Iglesia.{2}

Uno de sus simpatizantes fue Joseph Cardijn, el futuro fundador de la JOC (Juventud Obrera Cristiana). Cardijnnació en Schaerbeek, Bruselas, un 13 de noviembre de 1882. Su padre, Henri Cardyn, era jardinero en aquellos momentos. Más tarde se dedicó con éxito a dos negocios. Regentaba, por un lado, un café. Por otro, se dedicaba al comercio de carbón. Una leyenda piadosa lo presenta como un minero, pero este dato no es exacto{3}. Lo que sí es verdad es que tenía que trabajar duro y sus hijos le ayudaron en sus dos ocupaciones. Joseph, convertido ya en sacerdote, se presentaría ante el mundo como el hijo de un proletario. Su hermano Charles precisaría, por el contrario, que no era esta la adscripción social de su familia, aunque trabajaran, tal vez, tanto como cualquier obrero{4}. Tiene razón, pues, un historiador del jocismo cuando afirma que se han mitificado mucho los orígenes proletarios de Cardijn.{5}

La madre de Cardijn, Louise van Dalen, según leemos en una nota autobiográfica de nuestro protagonista, era una mujer piadosa que contaba a sus hijos los relatos de la historia sagrada. Antes de ir al colegio, el futuro sacerdote ya conocía tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento. Además, Louise hacía seguir a su progenie los hitos del año litúrgico: Adviento, Navidad, Epifanía, Cuaresma… “Vivíamos auténticamente la vida de la Iglesia en familia”, recordaría el fundador de la JOC, en lo que seguramente fue una idealización de su infancia. Es evidente, de todas formas, el fuerte influjo de su madre en la constitución de su personalidad. A ella le atribuye el fundamento de su educación en valores humanos y religiosos: sinceridad, honradez, generosidad con los más pobres.{6}

En la misma fuente se originaría su devoción por la Virgen María: “fue mi madre quién me enseñó a conocerla y amarla”. Para Cardijn, la figura de la madre de Jesús, “la pequeña obrera de Nazareth”, poseía una significación especial. Sin ella, ni el Redentor, ni la Iglesia, ni los sacerdotes, ni los sacramentos serían siquiera concebibles. Con todo, su interpretación está lastrada por los prejuicios de género de la época. Su aproximación a María se realizaba a través de las categorías de hija, madre y esposa. La Virgen poseía en grado sumo las virtudes de fidelidad y abnegación que se atribuían, de forma tradicional, a la condición femenina. Por eso era un punto de referencia para la vida conyugal de un matrimonio cristiano y la educación de sus hijos.{7}

La importancia de la madre no significa que el padre fuera superfluo en la educación en la fe del futuro cardenal. Este, hacia el final de su vida, evocó en un poema el momento en el que Henri Cardijn bendecía la mesa. El niño repetía sus palabras, “sagradas y venerables”, que se incrustaban en él como si fuesen diamantes. Además, existía otro momento ceremonial en el día. Cuando los hijos se iban a dormir, el cabeza de familia les bendecía en la frente. Si habían sido desobedientes, no lo recibían. Ese era el castigo más grande, tan grave que en ocasiones la madre tenía que interceder para que se la diera pese a todo. La figura masculina, como acabamos de ver, era quien detentaba la posición de autoridad.{8}

Recuperar a los obreros

El ambiente cristiano que se vivía en la familia explica que Cardijn encontrara apoyo cuando planteó el deseo de ser sacerdote a sus padres. Nunca olvidó que, sin ellos, sin su sacrificio para costearle los estudios, jamás habría llegado a ejercer su ministerio. Su formación iba a desarrollarse en un momento de efervescencia intelectual. En Lovaina, de la mano del sociólogo y economista Víctor Brants, aprende el método de encuesta de Le Play. La realidad social se conoce con investigaciones sobre el terreno, a través de visitas a fábricas. Por otra parte, su bagaje ideológico se enrique gracias al contacto con LéonHarmel, empresario y católico social francés, y sobre todo con Le Sillon, el pujante movimiento de laicos fundado en 1894 por el carismático Marc Sangnier. Su proyecto apuntaba a formar a los jóvenes para la participación en la democracia, entendida ésta en su dimensión política pero también económica. Según Sangnier, era contradictorio pretender tener una república en la sociedad si se tenía una monarquía en la fábrica.

Caridjn conoció el sillonismo en su época de seminarista y simpatizó enseguida con ese catolicismo joven y dinámico. Sintió, según confesión propia, una explosión de entusiasmo. En su biblioteca particular, hoy conservada en la Universidad de Lovaina, disponía de al menos ochenta libros de autores de esta tendencia, entre ellos algunos títulos de Sangnier. Stefan Gigacz, el historiador que mejor ha estudiado el asunto, considera que Le Sillon fue una especie de hermano mayor de la JOC, sobre la que influye con su metodología educativa a través de la acción.{9}

Pío X condenó tantas novedades en 1910. Sangnier, católico obediente, se sometió y disolvió el movimiento, en un gesto de lealtad que suscitó una aprobación prácticamente unánime en el interior de la Iglesia Entre sus admiradores, encontramos otros jocistas señalados como FernandTonnet, primer presidente la JOC belga, o Georges Guérin, fundador de la JOC francesa.Cardijn, apenas once años después de la interdicción vaticana, elogiará públicamente a Sangnier y definirá su movimiento como el mayor impulso de fe y de apostolado conocido en Francia desde 1789.

En 1911 conoce, en Inglaterra, el sindicalismo de Ben Tillett. Conecta enseguida con un modo de defender a los obreros que no implica anticlericalismo sino simpatía por la religión. Poco después se reunirá a su alrededor un primer grupo de jóvenes. Se colocaban así los cimientos de lo que será, a partir de 1919, la Juventud Sindicalista. Hay que vencer, entre tanto, las reticencias de la jerarquía eclesiástica. El cardenal Mercier no cree que sea buena idea formar un movimiento específicamente de obreros. Preferiría que estos convivieran, en la misma organización, con los jóvenes de la burguesía, de forma que así aprendieran a conocerse unos a otros. Lo contrario le parece fomentar la división y el enfrentamiento.{10}

La Juventud Sindicalista se transforma en la JOC, que celebrará, en 1925, su primer congreso nacional. Su aparición trata de dar respuesta a una inquietud común en todos los sacerdotes que iniciaron el movimiento: la clase obrera había dado la espalda a la Iglesia. Las raíces de esta separación había que buscarlas en la incapacidad de las estructuras eclesiásticas para acoger a la población que llegaba a las ciudades, empujada por la revolución industrial a la proletarización. No todo, sin embargo, se reduce al factor económico. Porque, como bien hizo notar Jean Lebrun, lasiglesias británicas supieron adaptarse mejor a una industrialización más peligrosa para ellas. {11}

Con el jocismo se ensaya un nuevo estilo de evangelización: los jóvenes obreros han de convertirse en los apóstoles de sus pares. Es más, ellos son los instrumentos de un proyecto mesiánico, los nuevos caballeros (chevaliersnouveaux) que han de acometer la gran cruzada en favor del reinado social de Jesucristo. Conseguirán la recristianización de la sociedad, con lo que pondrán fin a un mundo dominado por la decadencia y el paganismo. Una generación escéptica y corrompida dejará paso a otra capaz de vivir la auténtica doctrina cristiana en toda su integridad.{12}

Estos apóstoles deben formarse a través de la acción, no por medio de contenidos teóricos o librescos. Todo eso implica admitir a los proletarios tal como son, sin exigirles que cumplan de antemano ningún estándar de moralidad cristiana. Cardijn se propone tener en cuenta sus necesidades tomadas en conjunto, desde una convicción inequívoca de que los seres humanos son alma pero también cuerpo. Las almas desencarnadas no existen. De ahí que se preste muchísima atención a todo lo relacionado con las condiciones laborales. Hay que tener en cuenta, también, la situación sanitaria. Eso significa, por ejemplo, luchar contra la turberculosis. Respecto a las pensiones, la JOC denuncia la negligencia de los empresarios que no aportan las cotizaciones sociales que la ley establece.

La preocupación por las cuestiones morales ocupaba un lugar de privilegio. A Cardijn le inquieta que los jóvenes del proletario se sumerjan en una espiral de perdición a través de tentaciones como los cines, los cabarets, los juegos de azar o las malas lecturas. Los menores de edad asalariados necesitaban una eficaz tutela, a ejercer por los poderes públicos, los patronos y los adultos en general. A los empresarios, por ejemplo, correspondía la obligación de prevenir la promiscuidad y salvaguardar el pudor de los adolescentes.{13}

La JOC tiene tanto éxito, entre otras razones, porque proporciona a sus jóvenes obreros un motivo de orgullo y un sentido mesiánico. Ellos van a ser los misioneros de sus pares, los trabajadores fabriles. Vestirán mono azul y tendrán las manos sucias, pero su alma será blanca y radiante. El suyo es un anhelo de santidad. Que se manifiesta, en su caso, a través del trabajo en las fábricas, un espacio en el que también es posible la vivencia de lo sobrenatural. Así, frente a los lamentos típicos acerca de unos trabajadores hostiles a la Iglesia, Cardijn propone, ni más ni menos, convertir a los proletarios en apóstoles. Con una formación religiosa exigente que requiere, entre otros aspectos, la comunión cotidiana. Porque la religión no es algo que solo se aprenda. Ha de ser, por encima de todo, algo que se vive. {14}

El jocismo será la Universidad de estos militantes. Y pretenderá ser el cuerpo representativo que defienda sus intereses. Porque la JOC, como se repetirá una y mil veces, no debe confundirse con una asociación piadosa. Debe, por el contrario, implicarse a fondo en la lucha del movimiento obrero. Eso significara, entre otras cosas, entrar en contacto con las organizaciones anticlericales de la izquierda, compuestas por socialistas y comunistas. ¿Qué actitud mantener ante ellos?

La critica negativa del socialismo era, según Cardijn, insuficiente e ineficaz. Los obreros no iban a sentirse impresionados con una refutación puramente doctrinal porque la izquierda, sus florecientes organizaciones, había conseguido multitud de mejoras concretas. Frente a estos logros indiscutibles, los movimientos obreros cristianos debían reaccionar promoviendo el Reinado social de Jesucristo. Eso significaba más caridad y más justicia en el mundo. Para los jocistas, el amor a Dios y el amor a los hombres debían ser inseparables, de la misma forma que tampoco podía desvincularse la religión de la moral. Frente a una concepción de la fe estrecha e individualista, propia del siglo XIX, había que abogar por una teología en la que eternidad y vida cotidiana estuvieran unidas.{15}

Pero no debemos llevar nuestros razonamientos demasiado lejos e imaginar a la JOC de Cardijn con los parámetros propios del progresismo posterior al Vaticano II. Lo que muestra la documentación es un movimiento básicamente ambivalente. Su insistencia en el protagonismo de los laicos resulta novedosa, aunque también es cierto que se insiste en la obediencia de los jóvenes a la Santa Madre Iglesia, a la que deben obedecer con devoción filial. La jerarquía cuenta con sus representantes dentro de la estructura jocista, los consiliarios, sacerdotes encargados de que se progrese en la dirección deseada por el episcopado. Su cometido, pues, no es solo educativo. Son autoridad, aunque, al menos en teoría, no deben disminuir el papel de los dirigentes seglares. Se percibe, pues, una contradicción entre el supuesto protagonismo de los laicos y su sometimiento a las estructuras eclesiales. ¿De quién era, en definitiva, la JOC? ¿Pertenecía a los jóvenes obreros o a la Iglesia? El obispo de Tournai, en una carta a Cardijn, plantea con lucidez la cuestión: “Onvoitl’équivoque. Onaffirme que la J.O.C. a étéfondée par les T.C. (Trabajadores Cristianos) et leurappartient, tandisqu’enfait, elle a étéfondéesurtout par le clergé et appartient a l’Eglise”.{16}

En cuanto a la dimensión obrerista de la organización, hay que tener presente que se desarrolla dentro de un esquema de colaboración de clases, como corresponde al catolicismo del momento. Otra cosa resultaría inconcebible para la época. El sindicalismo socialista es, por definición, anatema porque, aunque consigue ventajas materiales, deduce a la dictadura del proletariado y se opone a la organización cristiana de la profesión.{17} Eso no impedirá que, dentro de la Iglesia, los detractores de Cardijn le acusen de comunista y de pretender romper la unidad de los católicos con un movimiento exclusivamente obrero.

La JOC quiere ser obrera sin oponerse por principio a los empresarios. Es más, pide que los patronos entiendan la necesidad de una organización que encuadre a los jóvenes asalariados. La Joven Guardia Socialista, en esos momentos, promueve una acción netamente anticapitalista, en términos políticos. El estilo jocista es otro, dejar el cuestionamiento del sistema, las enmiendas a la totalidad, para producir una mejora a partir de cambios parciales. Una vez más, el viejo dilema de reforma frente a revolución.

Las juventudes socialistas, inquietas ante la competencia que les viene del lado católico a la hora de encuadrar a los adolescentes, protagonizan una dura campaña contra el jocismo. En 1931, en Carnières, tiene lugar un debate público entre representantes de ambas organizaciones. Unas palabras de Louis Dereau, de la JOC, atizarán la polémica. Según informó la prensa socialista, Dereau reconoció que el socialismo había hecho un gran bien a la clase obrera, todo lo contrario que el partido católico, que no tendría en su haber ningún acto en favor de los trabajadores.

Director de Le Rappel, el periodista conservador Jean Valschaerts está indignado con estas palabras. Tras esperar un desmentido que nunca llega, toma la pluma y escribe una dura crítica contra la JOC, a la vez que defiende las realizaciones sociales de los católicos. Cardijn reacciona indignado. Acusa a Vaslschaerts de creer la palabra de unos enemigos desleales de la JOC como son los socialistas, convirtiéndose así en altavoz de una calumnia.

Nuestra protagonista actúa aquí de forma impulsiva y autoritaria. No sabe realmente lo que se ha dicho en Carnières pero está seguro de que existe una difamación. A Dereau le ordena que guarde silencio, para que su rectificación, sea por exceso o por defecto, no alimenten más aún el fuego de la controversia. Él se encargará de desmentir oficialmente, en un comunicado a La Libre Belgique, el controvertido elogio a la izquierda socialista.

La polémica demuestra el difícil equilibrio en el que vive la JOC. Como movimiento de Iglesia, ha de solidarizarse con otros católicos para garantizar los supremos intereses espirituales. Como movimiento obrero, ha de criticar la falta de solidaridad social de los patronos católicos. No obstante, esta situación también le permite esgrimir, frente a los medios eclesiásticos conservadores, su intensa labor de apostolado. Ante los socialistas, en cambio, saca a relucir su activismo en defensa de los trabajadores.{18}

A principios de los años treinta, en plena crisis económica, el movimiento de Cardijn impulsa una campaña contra el desempleo, con lo que viene a cubrir el vacío que dejan con su inacción los poderes públicos. Los militantes realizan encuestas sobre las condiciones de vida de los jóvenes parados y elabora un programa de reivindicaciones: reducir la jornada laboral, disminuir la edad de jubilación, prolongar la escolarización obligatoria, reglamentar del trabajo asalariado de la mujer casada… Como señala Paul Wynants, estas demandas se dan a conocer a las autoridades través de la multiplicación de gestiones con los ministerios y los parlamentarios. En 1935, incluso se envía una petición a la Conferencia Internacional de Trabajo. Mientras tanto, se realizan acciones concretas para paliar situaciones de urgencia. Hay que repartir dinero entre quienes más lo necesitan, alimentos, carbón, zapatos… Todo ello sin olvidar combatir, en la prensa jocista, los prejuicios conservadores que estigmatizan al desempleado.{19}

En 1936, una amplia oleada huelguística sacudió Bélgica y Francia. Los jocistas se presentaron como los auténticos expertos en los problemas de la clase trabajadora, que conocían de primera mano gracias a su método de encuesta. Su prensa defendió reformas en ámbitos como el salario o las vacaciones pagadas, siempre desde un prisma absolutamente contrario a la idea de revolución. Es más, la JOC se percibe a sí misma como el dique que ha de impedir que las protestas laborales subviertan el orden social. Porque eso es lo que habría ocurrido si sus militantes no hubieran tomado parte: los comunistas habrían tenido entonces todo el campo libre, con lo que se habrían cometido desórdenes y excesos.

Esto no significa que se cerrara la puerta en absoluto a la colaboración entre la cruz por un lado y la hoz y el martillo por otro, en la medida en que todos coincidieran alrededor de reivindicaciones concretas. Primaba, sin embargo, la desconfianza. Una metáfora militar nos revela las cautelas con la que el obrerismo cristiano recibía la política de mano tendida por parte del marxismo: jocistas y comunistas eran como dos ejércitos que combatían juntos si así lo reclamaban las circunstancias, pero no era cuestión de mezclar los regimientos. La JOC tenía que continuar siendo la JOC. En sus filas se aspiraba a mejorar la situación de los obreros, no a poner en cuestión el sistema capitalista ni la democracia representativa. A sus ojos, los comunistas prometían respetar la fe de los cristianos solo por cuestiones tácticas, porque a largo plazo el suyo era un proyecto totalitario que implicaba, entre otros aspectos, la rebelión contra Dios.{20}

La línea que sigue Cardijn, de recelo hacia el movimiento obrero de izquierda, provoca la disconformidad de antiguos jocistas. El más señalado de todos ellos, FernandTonnet, antiguo presidente del movimiento, escribe en 1936 una carta devastadora el fundador. Se queja amargamente de que, en esos momentos, la JOC ha perdido el carácter combativo de sus inicios. Sus secciones se dedican a los coros y danzas mientras, en los talleres, las condiciones de trabajo de los jóvenes son cada vez más nefastas. Los jocistas permanecen, con un comportamiento sectario, aislados del resto del movimiento obrero. No participan en sus iniciativas o lo hacen de manera muy tenue. Tonnet refleja una profunda decepción, un sentimiento de estafa. Se había convocado a los jóvenes para una cruzada, es decir, para una batalla, y lo único que se les ofrece es una procesión. La JOC ha degenerado hasta convertirse en una cofradía, entregada a las cuestiones morales y religiosas, de espaldas a las luchas de los trabajadores para cambiar el mundo.{21}

Tiempos de guerra

La Iglesia belga no simpatizó con el fascismo. No tenía motivos porque, gracias a las libertades de la democracia, consagradas en la constitución de 1831, había podido constituir una red asociativa que encuadraba a los católicos prácticamente desde la cuna a la tumba. Para los obispos, este aparato organizativo constituía un elemento esencial de su política evangelizadora. Por eso veían con recelo el avance del totalitarismo, representado en el país por el movimiento rexista. Los fascistas, como los viejos liberales, aspiraban a confinar a la religión en un ámbito puramente privado, desde el supuesto de que la sacristía era el único lugar donde el sacerdote podía desempeñar una labor legítima.

Desde esta óptica, se entiende que las autoridades eclesiásticas identificaran el fin de democracia con el fin de su privilegiada red de influencia, y de su derecho a hacer oír su voz en todas las cuestiones que afectaban a la vida social. Eso explica su condena del rexismo en 1936 y 1937, por más que este se originara en un medio católico como la ACJB (Asociación Católica de la Juventud Belga). Su líder, LéonDegrelle, había atacado al partido católico con gran virulencia. De ahí que el cardenal Van Zeeland llamara al electorado a votar en su contra. Su intervención no fue en vano: en apenas tres años, de 1936 a 1939, el partido de Degrelle se desplomó en las urnas. Pasó de veintiún diputados a solo cuatro.

Cuando se produzca la ocupación nazi, los obispos belgas actuarán con una prioridad clara: salvar a toda costa el entramado que les permitía llevar su mensaje a la sociedad: las escuelas católicas, las asociaciones juveniles… Aunque eso no significa que tuvieran el mismo interés por defender a todas sus entidades: el sindicalismo cristiano no estaba en el primer lugar de su agenda. Esta política, orientada a conservar áreas de poder, conducirá al episcopado a evitar el enfrentamiento declarado con las fuerzas de oposición. Los alemanes también procuraron evitar las tensiones porque necesitaban asegurar una situación de estabilidad, de forma que fuera más fácil explotar los recursos belgas para sostener el esfuerzo bélico del Tercer Reich.

Las fricciones, con todo, fueron inevitables. En 1943, el cardenal Van Roey protestó contra a instauración del trabajo obligatorio. No obstante, también es cierto que el primado belga, más que las grandes declaraciones públicas, prefería las gestiones oficiosas. Esta fue la vía que escogió para ayudar a los judíos, convencido de que una protesta abierta serviría para empeorar aún más la situación. Se ha señalado que tenía razón porque, en Holanda, la actitud más combativa de los obispos solo sirvió para que la persecución antisemita fuera aún más acentuada.{22}

Cardijn, en tanto consiliario general de la JOC, fue detenido el 11 de junio de 1942 por la Sicherheitspolizei, la policía de seguridad, encargada de delitos políticos. Los nazis también arrestaron al consiliario adjunto, Joseph Magnus, y a los presidentes de las ramas flamenca y valona de la JOC, Joseph Deschuyffelser y Victor Michel.

Preocupado por la situación, Charles Cardijn escribió a un abogado, el barón de Radzitsky, al que solicitó asistencia en la medida de lo posible. Afirmaba desconocer los cargos contra su hermano y manifestaba su sorpresa por lo que había sucedido. Porque el fundador de la JOC se había abstenido desde siempre de la acción política para centrarse, en exclusiva, en la educación religiosa, moral y social de la juventud, al tiempo que se dedicaba a una labor asistencial con las víctimas de la contienda. En esos momentos, su estado de salud era delicado. De ahí que pudiera temerse que su vida se viera en peligro si su encarcelamiento se alargaba en exceso.{23}

Su cautiverio, finalmente, se alargó poco más de tres meses. Salió en libertad el 21 de agosto de 1942, sin ser sometido a juicio. Pero sus problemas con los ocupantes no terminaron aquí. Poco antes de la liberación, la Gestapo estuvo a punto de detenerle cuando se dirigía al altar para celebrar la misa. Tuvo que saltar el muro de una casa vecina abandona y esconderse. Si lo hubieran cogido, el destino que le esperaba era el de la deportación.

A principios de los años cincuenta, Cardijn hizo las gestiones necesarias para ser reconocido como resistente civil. Consiguió así un carnet acreditativo. Entre la documentación que tuvo que presentar encontramos el testimonio de Víctor Michel, presidente de la JOC valona durante la contienda, como ya hemos visto. Michel certificaba que el fundador del movimiento había participado directamente, a lo largo del conflicto, en actividades contra los nazis por todo el territorio nacional. Había recorrido Bélgica para tomar la palabra en cientos de reuniones, en las que había animado a los jocistas y al público en general a resistir con total confianza a los invasores. Por otra parte, había sido uno de los impulsores más decididos de la oposición al servicio de trabajo en Alemania. Eso significaba impulsar diversas iniciativas. Para ayudar a los refractarios, es decir, a los que se ocultaban para no tener que servir al Tercer Reich, había que proporcionarles carnets de identidad falsos y facilitarles supuestos certificados de la Werbestelle, la oficina alemana de reclutamiento de trabajadores. Asimismo, era necesario buscar donde podían esconderse, tanto en la ciudad como en el campo. Los domicilios de particulares podían servir lo mismo que las casas de reposo para jóvenes trabajadores organizadas por la JOC. Eso implicaba, en la práctica, vencer ciertas dificultades logísticas. Porque los implicados necesitaban alimentos y ropa.

Según Michel, Cardijn reunió, con destino a estos fines, una gran cantidad de fondos. Y tomó parte activa en el Servicio Secreto Socrates. La colaboración con este organismo, destinado a socorrer a los refractarios y financiar a la Resistencia, fue también atestiguada por su jefe nacional, Raymond Scheyven, que confirmó la intensa actividad desplegada por el fundador de la JOC. Eso fue a principios de los cincuenta. Pero en noviembre de 1945, poco después del fin de la guerra, Scheyven pidió a Cardijn que oficiara una misa en honor de los miembros caídos del Servicio. Le consideraba uno de los principales artífices de la resistencia y de la ayuda a las familias que habían sufrido la dura prueba de la ocupación.{24}

En medio de la guerra fría

Derrotado Hitler,Bélgica pasó por un momento de efervescencia política. La JOC se pronunció, de forma inequívoca, contra la agitación revolucionaria. Había que desarmar a los resistentes.{25}

Ha llegado el momento de hacer memoria de los héroes. Desde Dachau, Cardijn recibió una carta de un sacerdote, el abbé Levallois, consiliario de la JOC, donde se elogiaba el trabajo realizado por el movimiento en toda Alemania y especialmente en el citado campo de concentración. Levallois también señalaba la necesidad de difundir todo el trabajo se había hecho. Nuestro protagonista estuvo de acuerdo: existía el deber urgente de dar a conocer el heroísmo de los jocistas al servicio de la patria. No podía permitirse que monopolizaran la resistencia aquellos que intentaban engañar al pueblo y llevar al país hacia la catástrofe. Por tanto, había que publicar las hazañas de la JOC como tal y las de individuos concretos, tanto consiliarios como militantes fusilados o prisioneros políticos. Había que evitar, pues, un silencio que sería criminal porque permitiría que otros adquieran un prestigio que emplearían en la peor de las causas posibles, la expansión del comunismo.{26}

La JOC belga dedicó un solemne homenaje a sus caídos por la patria. Entre ellos, FernandTonnet, su primer presidente, y Paul Garcet, su primer tesorero, muertos en el campo de concentración de Dachau, poco antes de la Liberación. Cardijn, en una intervención acogida con entusiasmo por la multitud, recordó que en pleno corazón de la Alemania nazi se habían creado más de seiscientas secciones clandestinas de la JOC. Todas con el fin de apoyar a los jóvenes, en los campos y las fábricas, a los jóvenes trabajadores que habían sufrido la deportación. Los jocistas tuvieron que ocultar las hostias consagradas con las que comulgaban los moribundos.{27}

Bélgica atravesaba entonces un momento de fuerte división interna alrededor de la denominada “cuestión real”. Por su actitud poco clara ante los nazis, Leopoldo III se convierte en una figura muy polémica y contestada, por lo que finalmente se verá obligado a abdicar. Cardijn, personalmente, se distingue por su lealtad hacia el rey. La JOC también está en el bando del soberano, pero se abstiene de tomar posición oficial porque conoce la fuerza del sentimiento antimonárquico entre los trabajadores valones. Argumenta que, como sus objetivos son de naturaleza social, moral y religiosa, sus estatutos le prohíben hacer política. Esta actitud diplomática solo conseguirá que el movimiento reciba críticas desde todas partes. Los jocistas, para la derecha, son demasiado tibios a la hora de defender al monarca. La izquierda les considera, por el contrario, una especie de leopoldistas disfrazados. La realidad es más matizada, como muestra el crecimiento del antileopoldismo en las dos ramas francófonas del movimiento, masculina y femenina, cuando Arnold Wynants y Jeanine Kemps llegan a la presidencia en 1948. Pero, poco después, cuando Balduino acceda al trono, sus relaciones con la JOC serán excelentes.{28}

Mientras Bélgica amenaza con escindirse, el mundo se divide en dos bloques bajo el liderazgo respectivo de Estados Unidos y la URSS. La retórica de Cardijn no será ajena a las tensiones de la guerra fría. En 1945, distingue entre dos grandes centros mundiales que rivalizan entre sí: Roma y Moscú. Ambas capitales simbolizan la lucha entre dos visiones opuestas de la vida, la del cristianismo y la del materialismo marxista. Él no se considera anticomunista porque no piensa que sea suficiente con refutar al comunismo de una manera verbal. Hay que ir más allá del mensaje negativo y ofrecer una alternativa, la que se encuentra en la doctrina social de la Iglesia. “El trabajo positivo se impone”, afirma. Se requieren, por tanto, hechos y no palabras para que sea la visión religiosa del mundo la que se imponga dentro de la clase obrera, de forma que los obreros comprendan y vivan el mensaje católico. Este objetivo solo se podrá conseguir gracias a la Acción Católica, el único instrumento eficaz para combatir el comunismo.{29}

Cuando la JOC celebra, en 1950, el XXV Aniversario de su primer congreso nacional, ya es un movimiento sólido extendido por los cinco continentes. Solo en Bélgica, según su fundador, existían más de medio millón de antiguos militantes que habían destacado como apóstoles y líderes en la industria, la administración y el movimiento obrero. Al ser el país la cuna del jocismo, eran belgas los que llevaban el peso de la estructura internacional. Existía una preocupación acentuada por garantizar que las estructuras creadas en otros países respondieran con fidelidad a las esencias originales, sin por eso dejar de realizar las adaptaciones necesarias a cada realidad local.

Para Cardijn, fuera de la JOC no existía nada que pudiera competir con el comunismo internacional en la lucha por ganar a la juventud trabajadora. El Congreso de las bodas de plata del movimiento, en aquel contexto de guerra fría, pretendía ser una réplica al Congresos de la juventud comunista que se había celebrado en Budapest.

Un acto internacional de amplio alcance exigía un fuerte desembolso económico. Y las finanzas jocistas no podían, por si solas, hacer frente al déficit. Sabemos que los dirigentes de la JOC solicitaron la colaboración de “un número muy limitado de personalidades y de instituciones que disponían de importantes recursos y aceptaban sostener la acción de la JOC con generosidad y discreción”.{30}La cuestión plantea, inevitablemente, algunos interrogantes. ¿Quién aportaba el dinero y por qué era necesaria esa “discreción”? ¿A qué motivaciones obedecía esos desembolsos?

Ya en los años treinta, ante unos perpetuos números rojos. Cardijn había recurrido a la colaboración de donantes, gente vinculada a los medios industriales y financieros. Según Paul Wynants, nuestro protagonista aceptaba el dinero pero procuraba mantener su independencia a la hora de hablar y actuar, libertad no siempre recibida por ciertos mecenas, que llegaron a acusarle de comunista. Estos asuntos, en cualquier caso, se llevaban en medio de una gran reserva. Wynants señaló, a finales de los años setenta, que no habían quedado rastros documentales en los archivos.{31}Precisamente porque estas cuestiones tenían gran importancia, el fundador del jocismo reaccionó con virulencia, como hemos visto, ante las críticas del periodista conservador Valschaerts. Temía, sobre todo, que el daño a la imagen de su movimiento le hiciera perder el apoyo económico de ciertos patrocinadores.{32}

En 1951, Cardijn visitó Estados Unidos. En el marco de este viaje tiene lugar su contacto, a la búsqueda de financiación, con la Fundación Rockefeller, una poderosa entidad filantrópica internacionalen manos de la célebre dinastía de multimillonarios. En plena guerra fría, la CIA la hacía servir, lo mismo que a otros organismos similares, para canalizar fondos que subvencionaran en secreto todo tipo de actividades anticomunistas, desde grupos juveniles a editoriales o universidades. De esta forma, la Fundación Rockefeller, al igual que, por ejemplo, la Fundación Ford, actuaba como un instrumento de la política exterior estadounidense. Formó, según Frances Stonor, “parte consustancial de la maquinaria de la guerra fría de los Estados Unidos”. Sus mismos empleados de alto nivel acostumbraban a estar en estrecho contacto con los servicios de inteligencia, si es que no formaban parte de los mismos.{33}

Para conseguir sus propósitos, Cardijn contabacon un avalista de primer orden. El ministro de exteriores belga, Paul van Zeeland, escribió a Laurance Rockefeller para manifestarle que conocía un movimiento más eficaz que la JOC a la hora de realizar un trabajo positivo contra el comunismo. Por esta razón, creía que su fundador era un hombre al que había que apoyar. De ahí que concluyera su carta con una petición explícita al norteamericano para que prestara especial atención a las solicitudes de Cardijn. A ojos del político europeo, este sería un gesto especialmente valioso que tenía intención de apreciar mucho.{34}

En el Archivo de la Fundación Rockefeller, además de documentos sobre los fundamentos doctrinales del jocismo y sus campos de actuación, encontramos papeles económicos. El presupuesto anual ordinario de la JOC Internacional no invitaba al optimismo puesto que los gastos superaban a los ingresos en una proporción de cinco a uno. El movimiento necesitaba 51.160 dólares, de los que solo podía reunir 10.100. De esta última cantidad, la mitad correspondía a la aportación de las organizaciones nacionales. El resto se englobaba bajo el ambiguo epígrafe de “donaciones” (gifts), sin especificar su origen. Solo sabemos que el dinero venía de “amigos” de la JOC.

La expansión a nivel internacional exigía fondos. Muchos fondos. Había que enviar cuadros jocistas a países lejanos para que formaran líderes locales. Pero existía un déficit de 40.000 dólares. Y se necesitaban otros 30.000 en concepto de gastos extraordinarios, de forma que se pudiera garantizar una labor educativa seria entre los jóvenes trabajadores. Esta sería una contribución a la paz mundial. Cardijn expuso estos proyectos a la Fundación Rockefeller y expresó el ardiente deseo de merecer su confianza y apoyo.{35}

La demanda de apoyo económico no quedó solo aquí. La JOC se dirigió, en similares términos, a la Fundación Ford.

Laurance Rockefeller decidió contribuir a la implantación del jocismo en el Tercer Mundo, en particular en el Congo Belga. Hizo una donación de 2.500 dólares, que entregó a través de la Sociedad para la Propagación de la Fe (entidad libre de impuestos, que todo se tenía que mirar).Mantuvo la ayuda en el anonimato porque recibía muchas peticiones de asistencia monetaria y no se encontraba en disposición de satisfacerlas todas.{36}Escogió el Congo como ámbito geográfico de su mecenazgo -inversión, más bien- por tratarse de un país en el que poseía intereses económicos, de naturaleza textil.

La situación económica de la JOC siguió siendo deficitaria. No había con qué financiar nuevos y urgentes proyectos, planes que no eran del todo misioneros porque respondían a un criterio geopolítico muy claro. Un documento titulado “presupuesto especial de 1953” define tres zonas prioritarias de actuación: América del Sur, Berlín y la India. ¿A qué respondía esta elección? Para la JOC trataba de neutralizar el incremento de la actividad comunista que había tenido lugar en esos territorios: “these are vital areaswhere, becauseofincreasedcommunisticaction and oftheirimportanceforthefuture, weconsideriturgenttodevelopouractionamongyoungworkers”.{37}

En consecuencia, la demanda de ayuda a los norteamericanos se repitió en 1953. El secretario internacional de la JOC, Patrick Keegan, exploró la posibilidad de que Laurence Rockefeller u otro miembro de la familia realizaran una contribución económica. En la Fundación le respondieron que presentara un proyecto con sus necesidades de financiación, con especial atención a Japón y al Congo Belga. ¿Una manera elegante de decirle que no y quitárselo de encima? Eso es lo que da a entender la documentación. El gesto de dos años antes tenía carácter puntual, sin que implicara interés por una labor continuada. No debía procederse a una nueva entrega de fondos a menos que el ministro de exteriores belga indicara otra cosa.

El problema de la paz

Para fortalecer la presencia cristiana en los medios obreros, Cardijn, con antiguos jocistas, contribuyó en 1950 a fundar el periódico La Cité, en el que colaboraría con numerosos editoriales. Detrás de esta iniciativa había un propósito pedagógico, de educación de la masa trabajadora, a la que político. Se trataba de reforzar a la democracia cristiana y la idea de que existía una solución “católica” para los problemas nacionales.

La educación era su inquietud fundamental. Tenía la convicción de que era en este ámbito donde el movimiento obrero tenía su talón de Aquiles, tanto nivel de jóvenes como de adultos. Este déficit se constataba en las organizaciones cristianas y aun más en las socialistas. Sobraba, a su juicio, demagogia. Faltaba, en cambio, una concepción del ser humano, de la familia, del trabajo, del dinero, de la sociedad. Todo ello se traducía en unas reivindicaciones de naturaleza exclusivamente material, con despreocupación por la búsqueda de la verdad y de la felicidad. Él, por el contrario, apostaba por juzgar cualquier realización humana desde el punto de vista de su valor formativo. De lo contrario, la auténtica liberación de los trabajadores sería imposible. El progreso, tal como él lo entendía, no debía convertirse en un fin en sí mismo sino cumplir un objetivo último de naturaleza religiosa: las mejoras tenían que ayudar a transformar la etapa terrestre en la vida de los hombres para conducirles con mayor seguridad a la etapa celeste. Precisamente por eso, los cristianos debían luchar contra las condiciones de explotación que sufrían los obreros y que podían tener consecuencias desastrosas sobre su futuro espiritual. Hacía falta, en consecuencia, que los obreros descubrieran el vínculo entre la existencia temporal. Para conseguirlo, Cardijn propugnaba una educación de carácter cristiano.{38}

En 1951 se inicia su correspondencia con Jan Van Lierde. Este objetor de conciencia le escribió desde la prisión de Lieja, después de haber sido sometido a un Consejo de guerra que le había condenado a nueve meses de prisión por desobediencia. Quería plantear al fundador de la JOC, movimiento al que había pertenecido, el “angustioso problema de la paz”.

Cardijn le respondió con notable empatía. Pensaba con frecuencia en su campaña antimilitarista e imaginaba cómo debían ser sus largas meditaciones en prisión, porque él mismo había estado en la cárcel, tanto en la Primera Guerra Mundial como en la Segunda. Le decía también que acaba de publicar un artículo en La Cité bajo el título “Paz moral o paz militar”. Esta última le parecía una monstruosidad, pero no veía el medio de evitarla porque la URSS ocultaba sus cartas y podía invadir y someter a un mundo desarmado. Era consciente de que los gastos desmesurados de la carrera armamentística impedían atender a las necesidades urgentes de la humanidad, pero le parecía demasiado arriesgada una apuesta unilateral por el desarme.

Entre el totalitarismo soviético y la democracia occidental, escogía la democracia por imperfecta que fuera, aunque estuviera “podrida” por el capitalismo”, puesto que garantizaba un cierto respeto a la persona y permitía que la gente se uniera para denunciar abusos. Valía la pena, por tanto, luchar para defender el sistema. Era un bien relativo, tal vez, pero en cualquier caso superior a la otra opción. Esta era la razón que no le permitía tomar su conciencia impulsar a los jóvenes trabajadores a rechazar la incorporación a filas. Consideraba que su obligación era la contraria: predicar la voluntad, el coraje y e incluso el heroísmo del servicio militar como instrumento para asegurar la paz. Si hacía falta, una persona debía morir con las armas en la mano con tal de proteger valores superiores como la vida, la conciencia, el alma o la religión.{39}

El fundador de la JOC no estaba de acuerdo, evidentemente, con Van Lierde, pero le respetaba. Estaba seguro de su rectitud y de su buena intención.

Tiempo de Concilio

Cuando Juan XXIII fue elegido Papa en 1958, Cardijn se propuso que la JOC “conquistara” al nuevo pontífice. Cierto que algunos colaboradores de Juan XXIII lo conocían, pero podían desaparecer. Por tanto, tenía que ser la más alta autoridad de la Iglesia quien, al igual que sus predecesores, conociera la interioridad del movimiento y renovara la confianza del Vaticano en el mismo. Este era un punto crucial. En una hoja mecanografiada donde se establecen las directrices para el primer contacto con el Santo Padre, leemos que, de otra forma, “algunos” pueden comprometer la misión de la JOC. Resultaba, por tanto, de la máxima importancia que AngeloRoncalli tuviera directamente informes de la actividad jocista que le impresionaran. No era cuestión de que estos informes se diluyeran entre la gran masa de papeles de múltiples procedencias que llegaban a Roma.

El Comité Internacional de la JOC debía ir a Roma al completo. Antes, el fundador debía tener una conversación personal con Juan XXIII.{40}

Fue un contacto fructífero. Cardijn se llevó una impresión muy positiva del pontífice: le pareció que era un hombre muy cercano al pueblo. Poco después, en marzo del año siguiente, le expuso la necesidad de publicar una encíclica de temática social, con ocasión del setenta aniversario de la RerumNovarum. La Iglesia tenía que abordar la problemática del trabajo teniendo presentes los cambios que se habían producido en un mundo más globalizado y con un desarrollo técnico impensable a finales del siglo XIX. El Papa Roncalli, receptivo a la idea, le pidió al consiliario general jocista que pusiera sus ideas por escrito y se las enviara.

Cardijn redactó una veintena de páginas, escritas de una sola vez, en las que insistió sobre todo en el aspecto internacional de un mundo, el de trabajo, que había experimentado profundas transformaciones desde la época de la RerumNovarum. La evolución hacia un mundo cada vez más tecnificado planteaba serios interrogantes porque el ser humano, con su creciente poder sobre la materia, se arriesgaba a ser dominado por ella. Podía pensarse que los cambios vertiginosos solo tenían lugar en algunos países occidentales, los más desarrollados, pero no había que menos preciar la legítima ambición de las nuevas naciones, conscientes de la necesidad de modernizarse a nivel científico, técnico, comercial y económico para tener peso internacional.

En medio de unas circunstancias cambiantes, que suscitaban tanto esperanzas como inquietudes, la Iglesia debía proclamar, siguiendo el mandato divino, las verdades que fundamentarían un régimen mundial de trabajo que fuera verdaderamente humano y auténticamente cristiano. Lejos de considerar el trabajo como el fruto del pecado original, Cardijn lo entendía como una colaboración del ser humano en la obra de la creación. Su objetivo era transformar la naturaleza al servicio de todos los hombres y a la gloria de Dios. En consecuencia, los obreros no eran los “condenados de la tierra”. El progreso científico, querido por la Iglesia, debía realizarse en su beneficio, no en el de una íntima minoría. Para conseguirlo, el individualismo propio del capitalismo liberal debía dejar paso a una planificación a escala mundial que asegurara el reparto equitativo de las riquezas entre todos los hombres.

Desde esta óptica, la Iglesia no tenía que ocuparse de crear los medios que transformaran el mundo, pero sí de propagar su doctrina social para que fuera el progreso el que estuviera al servicio de las personas y no las personas al servicio del progreso. Esto no sería posible sin la existencia de un laicado bien formado y bien organizado.{41}

En carta al Secretario de Estado, Monseñor dell’Acqua, el fundador de la JOC afirmaba que el suyo era un trabajo sim pretensiones, unas simples reflexiones a vuela pluma, en las que la doctrina social de la Iglesia no se exponía como hubiera sido preciso. Era necesario que un comité de estudio preparara un texto y aprovechara el momento propicio para provocar un choca psicológico a nivel mundial.{42}

En un principio, solo recibió el acuse de recibo de la Secretaría de Estado vaticana. Creyó entonces que su esfuerzo había sido inútil. ¡Otro documento más para guardar en un cajón! Se equivocaba. Porque el 15 de mayo de 1961 apareció la Mater et Magistra, una de las encíclicas más decisivas del siglo XX. El propio Juan XXIII, en una audiencia, en una audiencia privada al político italiano VittorinoVeronese, comentó, de una forma espontánea, que la idea se la había proporcionado Monseñor Cardijn.{43}

En línea con los nuevos tiempos, nuestro hombre muestra un espíritu ecuménico. Ha viajado por el mundo y desea que la JOC esté abierta a los jóvenes de otras religiones, como los musulmanes. Todos tienen en común una misma situación que gira alrededor de problemas como el salario o las condiciones laborales, de vivienda o de salud.

Buscador de Dios, Cardijn afirma haberlo encontrado en todas partes y en todos los seres humanos, incluso en los ateos. En su opinión, el problema mayor del mundo contemporáneo consistía en restablecer la unidad de todos los hombres, no por la fuerza sino a través del amor en la verdad. Solo así se podría asegurar la libertad en un marco de justicia y progreso. Esta unidad no debía limitarse a los cristianos sino a extenderse a todo tipo de gentes, fuera cual fuera su doctrina: musulmanes, budistas, marxistas, existencialistas…{44}

Las hagiografías del fundador del jocismo no han insistido lo suficiente en las paradojas de este anciano de ochenta y tantos años que pretende ser, todavía, una figura para la juventud. No se le puede negar un espíritu inquieto, una inagotable curiosidad, pero también es cierto que al mismo tiempo que protagoniza la renovación del Vaticano II experimenta una dificultad real para adaptarse a los cambios. Ahora ya no vive la realidad de la JOC al nivel de la base, donde tienen lugar transformaciones, por ejemplo, en las demandas de formación. En esos momentos se utiliza un lenguaje nuevo y la tradicional separación entre una rama masculina y otra femenina queda atrás. El movimiento pasa a tener un carácter mixto. No faltan algunas voces que piensan que la venerable figura de Cardijn empieza a quedarse anticuada, al no evolucionar todo lo rápido que exigen los tiempos.{45}

En 1965, nuestro protagonista será creado cardenal por Pablo VI. El reconocimiento, sin embargo, hace más evidente el aislamiento de la JOC dentro de la Iglesia. El movimiento había nacido con una vocación fronteriza, a caballo entre lo religioso y social, pero no había sabido dejar atrás el viejo clericalismo. Su fundador, cada vez más, había ceñido su actividad al interior de las estructuras eclesiásticas.{46}Presenciará la clausura del Vaticano II como Padre Conciliar.

Protesta contra Vietnam

Un año después lo encontramos inmerso en un compromiso contra la guerra. Sueña con que los gastos militares se destinen a las auténticas necesidades de los seres humanos en general y de los jóvenes en particular. Pero, cuando se adhiere a una manifestación en favor de la paz en Vietnam, en marzo de 1967, se desata la polémica. Él no considera que el suyo sea un gesto político, pero en medios anticomunistas se interpreta lo contrario.{47}

En medio de la crispación creciente, en Saigón lo declaran persona non grata.Se corean eslóganes contra los pacifistas y se dice que el fascismo de los comunistas es peor que el de los nazis. Cardijn, al prestarse a los manejos de los rojos, ha mandado sus manos con la sangre de los pacíficos vietnamitas.{48}

El arzobispo de la ciudad, Nguyen-Van-Binh, llega a escribirle para solicitarle que, al contrario de lo que tenía previsto, no visite Vietnam. Su presencia podría dar lugar a malentendidos entre las autoridades civiles y las de la Iglesia, con especial repercusión sobre la Acción Católica. Para el prelado, es evidente que el gesto del belga implica hacer el juego a los enemigos de su país. Por eso le explica sus compatriotas no son belicistas: desean la paz, pero siempre que esté basada en la justicia. La suya es una guerra defensiva contra el yugo rojo. Si las fuerzas de Estados Unidos están presentes, es solo porque los vietnamitas del sur no poseen los medios para combatir por sí mismos.{49}

En su respuesta, Cardijn precisó que la manifestación convocada era de carácter plural. Iban a participar gentes de todas las ideologías: católicos, comunistas, conservadores, liberales o demócratas. Habría políticos, pero también sindicalistas, intelectuales… Todos ellos representaban a una buena parte de la opinión pública belga, inquieta por la prolongación de la lucha en Vietnam, tanto por motivos humanitarios como por inquietud ante el peligro para la seguridad mundial. Él no había hablado nunca en público sobre la paz en Extremo Oriente y no pensaba hacerlo sin tener en cuenta la opinión de la Santa Sede.

Nuestro protagonista pidió al arzobispo que le enviara un telegrama urgente, en el que le indicara, finalmente, si debía ir o no a Vietnam. La visita, por deseo de la jerarquía vietnamita, fue suspendida.{50}

Los conservadores se dejaban manipular por el gobierno anticomunista de Saigón. Cardijn recibió telegramas durísimos, como uno firmado por “militantes católicos”, que se iniciaba con la expresión “vuestro pacifismo homicida e impío”. Su postura, supuestamente, contribuía a arrojar al país en manos del “lobo rojo antirreligioso”. Las masas estaban tan furiosas con él que, de ser posible, le hubieran despedazado.

Las quejas por el partidismo de la manifestación de Bruselas eran recurrentes. Dos telegramas sugerían, antes que un acto parcial, una campaña de oración. Por su parte, el periódico católico Thangtien se escandalizaba de que un prestigioso representante de la Acción Católica se encontrara entre las filas pacifistas y pedía que fuera equitativo: debía reclamar el fin inmediato de las infiltraciones de Vietnam del Norte y la retirada de sus tropas. A su vez, el Consejo de las Religiones de Vietnam acordó, por unanimidad, solicitar a Cardijn, en nombre de la libertad, que se hiciera eco de cuestiones como el fin de los asesinatos políticos y la táctica de tierra quemada. La invasión comunista de Vietnam del Sur debía detenerse al mismo tiempo que los bombardeos estadounidenses sobre Vietnam del Norte. El país necesitaba ayuda para luchar contra la dictadura roja, de la misma manera que Bélgica, en 1940, necesitó apoyo para enfrentarse al Tercer Reich.{51}

¿Representaban todas estas protestas a la opinión pública? Cardijn recibió una carta en la que un misionero, el Padre Parrel, le advertía que no sobreestimara la influencia de sus adversarios. Porque lo cierto era que la mayoría del país estaba harto de la guerra. Sin embargo, el general Nguyen Cao Ky, por entonces primer ministro de Vietnam del Sur, deseaba aprovechar la manifestación de Bruselas para que los católicos se movilizaran en una gran manifestación contra el cese de las hostilidades y la imposición de la paz en condiciones no deseadas. Se comprometía, para ello, a poner a su disposición los medios de transporte necesarios: camiones e incluso aviones.

Parrel animó a Cardijn a continuar con su apoyo a la manifestación pacifista. No debía tenerse en cuenta la opinión de un gobierno como el de Vietnam del Sur, a sueldo de Estados Unidos y sin base popular.{52}

La JOC vietnamita, por su parte, se distanciaba también de las posturas oficialistas. Sus militantes deploraban la prolongación de un conflicto fratricida que no hacía más que traer al país muerte, pobreza y subdesarrollo. Solo la paz, aspiración común de los jóvenes, podía permitir la resolución de “un cierto número de problemas en la actualidad insolubles”.

Las encuestas realizadas por el movimiento apuntaban a cuestiones como el servicio militar, la falta de formación profesional, o la situación moral de los chicos y chicas que estaban al servicio del ejército estadounidense. Los jocistas se hallaban en medio de una situación incierta, en la que no desconocían qué camino tomar. Ellos mismos confesaban que no sabían que hacer para contribuir al cese de las hostilidades. Da la impresión de que eran elementos moderados que deseaban mantenerse fieles a sus obispos. Aún así, su pronunciamiento en favor de una paz negociada y honorable, aun a costa de sacrificios, se convirtióen una fuente de problemas. La prensa católica dudaba de su sinceridad y lanzaba en su contra una campaña de desprestigio, al presentarlos como tontos útiles al servicio de los comunistas o sembrar dudas sobre la honestidad de sus motivaciones.{53}

Cardijn murió poco después, sin tiempo para ver que la crisis postconciliar que afecta a toda la Iglesia golpea también la JOC, que pasa por momentos de gran incertidumbre en todo el mundo. Tal vez no podía ser de otra manera. Porque Cardijn fue, a la vez, un precursor del Vaticano II y un hombre preconciliar. Uno de sus discípulos afirmó, en cierta ocasión, que fundó el último movimiento apostólico adaptado a los tiempos de cristiandad.{54} La apreciación era exacta. Porque el gran sacerdote belga se proponía conquistar a la juventud obrera para la Iglesia, en un mundo en el que aún no se asumían el carácter plural de la sociedad. Todo en medio de un espíritu proselitista y un triunfalismo que, a mediados de los sesenta, ya han quedado fuera de lugar. El choque de una vieja estructura como la Acción Católica con un universo cada vez más secularizado iba a suscitar poderosas tensiones.

Notas

{1} REMY, JEAN; VOYÉ, LILIANE; TIHON, ANDRÉ. “L’Eglisecatholique en Belgique et la transactionavec la modernité”, dentro de VOYÉ, LILIANE et al. La Belgique et sesdieux: églises, mouvementsreligieux et laïques. Lovaina. Cabay, 1985, pp. 11-29.

{2} NEUVILLE, J. “Il y a 50 ansmouraitl’abbéDaens”. Au Travail. Organe des SyndicatsChrétiens.Bruselas, 3 de agosto de 1957. El recorte de este artículo se encuentra en Archivo Nacional de Cataluña, Fondo Castaño, 1.1.3.10.

{3} Con motivo del fallecimiento de Cardijn, un artículo necrológico afirmaba que su padre había muerto “gastado por el duro trabajo de las minas de carbón”. Hoja parroquial nº 2077. Gerona, 20 de agosto de 1967.

{4} WALKIERS, MARC. Joseph Cardyjnjusqu’avant la fondation de la JOC. Disertación mecanografiada. Universidad Católica de Lovaina, 1981, p. 11-12.

{5} SANZ FERNÁNDEZ, FLORENTINO. “La Juventud Obrera Cristiana: Un movimiento educativo popular”. Historia de la educación: Revista interuniversitaria, nº 20, 2001, p. 99.

{6} “Ma mère”. Archives Générales du Royaume (Bruselas), FondsCardijn (FC) 15. Nota autobiográfica de Cardijn.

{7} “Marie”. FC 15. Reflexión mecanografiada del fundador de la JOC.

{8} Texto autobiográfico citado en VAN LEEUW, CLAIRE. Joseph Cardijn. Au nom des jeunesouvriers. Namur. Fidélité, 2017, p. 30-31.

{9} GIGACZ, STEFAN. “TheSillon and the YCW: Towardsanunderstandingoftheoriginsofthe IYCW”, septiembre de 1997, en http://www.sillon.net/the-sillon-and-the-ycw [consultado el 12 de noviembre de 2018]. Otra referencia a la presencia de autores sillonistas en la biblioteca de Cardijn en SANZ FERNÁNDEZ, “La Juventud Obrera Cristiana…”, p. 104.

{10} SANZ FERNÁNDEZ, “La Juventud Obrera Cristiana…”, p. 101.

{11} LEBRUN, JEAN. “L’Héritagecomplexe de la JOC”. Esprit, marzo de 1979, p. 67.

{12} Manuel de la JOC (2º edición belga). Les ÉditionsJocistes. Bruselas, 1930, p. 71.

{13} Manuel de la JOC, pp. 43-45.

{14} Manuel de la JOC, p. 69.

{15} Manuel de la JOC, pp. 64, 68.

{16} Gerard, Emmanuel. Eglise et mouvementouvrierchrétien en Belgique. Sourcesineditesrelatives à la direction des ouvres sociales, 1916-1936. Lovaina-París, 1990, p. 381.

{17} Manuel de la JOC, pp. 49, 326.

{18} WYNANTS, PAUL. “La controverseCardijn-Valschaerts (mars-avril 1931)”. Revuebelged’histoirecontemporaine, XV, 1984, 1-2, p. 103-136.

{19} WYNANTS, PAUL. “La JeunesseOuvrièreChrétiennefaceauchômage des jeunes (1931-1936)”. Revuebelged’Histoirecontemporaine, 1979, nº 3, pp. 461-482.

{20} Notes de pastoralejociste, nº 6, agosto de 1936.

{21} FernandTonnet a Cardijn, 27 de mayo de 1936, en http://www.fernandtonnet.com/lettre-a-cardijn [consultado el 16 de diciembre de 2018].

{22} DANTOING, ALAIN. “L’Église de Belgiquependant les annees 39-45”. Golias n º 29, 1992, pp. 156-58.

{23} Charles Cardijn al Baron de Radzitsky. Hal, 8 de julio de 1942. FC 489/1

{24} La documentación sobre el reconocimiento de Cardijn como resistente civil en FC 31/3. Carta de Baudouin de Grunne a Cardijn. Bruselas, 27 de noviembre de 1945. FC 31/1.

{25} TIHON, ANDRÉ. Christianisme et société. Approcheshistoriques. Publications des FacultésUniversitaires Saint-Louis. Bruselas, 2000, p.300.

{26} Levallois a Monsieur le Chanoine. Dachau, 11 de mayo de 1945. Un comentario de esta carta en la hoja mecanografiada bajo el título “Au service de la patrie”. FC 489.

{27} “Hommage de la J.O.C. à seshérosmortspour la Patrie”. La Libre Belgique, 18 de junio de 1945.

{28} GERARD, EMMANUEL; WYNANTS, PAUL (dirs.). Histoire du mouvementouvrierchrétien en Belgique. Tomo II. Lovaina. Leuven University Press, 1994, p. 471. VAN LEEUW, Joseph Cardijn, p. 231.

{29} BIDEGAIN, ANA MARÍA. “La JOC en América Latina. Apuntes para conocer su historia”. Texto mecanografiado, septiembre de 1997.

{30} “La JOC belge a la veille de son XXVeanniversaire”. FC 702/1

{31} WYNANTS, “La JeunesseOuvrièreChrétienne….”, p. 479.

{32} WYNANTS, “La controverseCardijn…”, op. cit.

{33} STONOR SAUNDERS, FRANCES. La CIA y la guerra fría cultural. Madrid. Debate, 2001, pp. 193, 205.

{34} Paul van Zeeland a Mr. Lawrence Rockefeller. Bruselas, 16 de mayo de 1951. Rockefeller Archive Center (RAC), ReligiosusOrganizations, Box 64, 497.

{35} Cardijn a Mr. Jones, 6 de agosto de 1951. RAC, 64, 497.

{36} Laurance Rockefeller a Paul van Zeeland, 17 de diciembre de 1951. RAC, 64, 497.

{37} RAC, 64, 497.

{38} “Mouvementouvrier et éducationouvrière”. Notas mecanografiadas, 15 de febrero de 1960. FC 1805.

{39} Cardijn a Van Lierde. Bruselas, 9 de marzo de 1951. FC 1741/1.

{40} “La JOC et Jean XXIII”. FC 702/1.

{41} El texto de Cardijn, con motivo del 70 aniversario de la RerumNovarum, en FC 1807.

{42} Cardijn a Monseñor dell’Acqua. Bruselas, 13 de abril de 1960. FC 1807.

{43} Carta de Roma, 25 de octubre de 1961 (Confidencial). FC 1809. VERHOEVEN, JOSEPH. Joseph Cardijn, prophète de notre temps. Bruselas. Labor, 1972, pp. 65-67.

{44} “Dieuavec les hommes”. Notas manuscritas. FC 1804/2

{45} FIÉVEZ, MARGUERITE; MEERT, JACQUES. Cardijn. Bruxelles. Vie Ouvrière, 1978, p. 220.

{46} LEBRUN, “L’Héritagecomplexe de la JOC”, p. 70.

{47} VERHOEVEN, Joseph Cardijn, p. 82.

{48} Pierre Truong Ba-Can, consiliario nacional de la JOC vietnamita, a Cardijn. Saigon, 20 de febrero de 1967. FC 1744/2.

{49} Nguyen-Van-Binh a Cardijn, 15 de febrero de 1967. FC 1744/1.

{50} Cardijn a Nguyen-Van-Binh, 17 de febrero de 1967. FC 1744/1.

{51} Telegramesreçus du Vietnam. FC 1746/1.

{52} El R.P. (Reverendo Padre) Parrel a Cardijn. Saigón, 23 de febrero de 1967. FC 1744/3.

{53} “La JOC Vietnamiennedevant le problème de la guerre et de la paixau Vietnam”. Anexo a la Carta del consiliario nacional de la JOC de Vietnam a Cardijn, 20 de febrero de 1967. FC 1744/2.

{54} GUELLUY, ROBERT. “Les pionniersbelges de l’Actioncatholique”, dentro de AA.VV. Jean-Paul II en Belgique. ÉditionSouvenir La Libre Belgique, mayo de 1985, p. 117.

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