El CatoblepasSeparata de la revista El Catoblepas • ISSN 1579-3974
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El Catoblepas · número 192 · verano 2020 · página 8
Artículos

Juan B. Bergua, Emilio Mola y la Falange

Jeroni Miquel Mas Rigo

Se expone la participación que tuvo el editor Juan B. Bergua en el proyecto de apartar a Franco de la dirección política y sustituirlo por el general Mola

Bergua
Fotografía del libro objeto de este artículo, que fue publicado con el seudónimo Juan Bautista España, sin que hasta la fecha nadie se haya referido a su autor real (Juan Bautista Bergua).

I. Resumen biográfico de Juan B. Bergua

Juan Bautista Bergua Olavarrieta (1892-1991) fue escritor, traductor (era políglota), editor y librero. Según Sigfrido Samet: «Su legado consta de 27 obras literarias y eruditas, 54 traducciones anotadas, 33 traducciones, estudios preliminares y anotaciones a las Obras Completas de Platón, 22 obras menores y 14 obras firmadas con seudónimo»{1} Es, sin duda alguna, un personaje que merecería que alguien le escribiera una biografía completa; pero ésta, por ahora, no existe. Por eso, resumiré la nota biográfica que él mismo escribió cuando tenía 86 años: «Noticia biográfica acerca del autor de este libro escrita por el mismo», insertada en su libro Historia de las religiones. El cristianismo, vol. I, pág. 683-687 y vol. II pág. 584-585 (Madrid 1977).

Por indicación de su padre, cursó la carrera de Derecho y a los dieciocho años ya era doctor. Terminados los estudios, se fue a París –con una beca para realizar una memoria sobre «Las bolsas de trabajo»–,{2} con la intención de aprender idiomas y preparar las oposiciones al cuerpo de letrados del Consejo de Estado. A los pocos meses, debido a una grave enfermedad de su progenitor, que moriría al cabo de un año, tuvo que regresar y todos sus planes y proyectos se vinieron abajo. Se tuvo que poner al frente de la librería, que tenían en el centro de Madrid, y que no sólo se dedicaba a libros nuevos, sino también a los de lance.

Una vez tuvo el negocio familiar encarrilado, se metió, con la ayuda de su hermano Pepe, en tareas editoriales.{3} Empezaron con la colección «Pequeña Enciclopedia Práctica», a la que siguió la «Biblioteca de Bolsillo», cuyos primeros tomos, El Corán y los Diálogos socráticos de Platón, tradujo. Esas dos colecciones fueron un éxito y en pocos años consiguieron levantar una editorial importante. Además, no tan solo se ocupaba de las tareas editoriales, sino que también escribió novelas: Mackena y Ojos claros, serenos. Y estrenó tres obras de teatro. Llegada la República, escribió un best seller, Los credos libertadores de 1931 (con 4 ediciones), y también La salvación roja de 1932, donde establecía las bases para la instauración de una República comunista en España. Estos libros le valdrían, más tarde, veintitrés años de destierro.

A pesar de haber fundado el Partido Comunista Libre Español (PCLE),{4} cuando llegó el 18 de julio de 1936, tuvo que presentarse en dos ocasiones en la checa madrileña del Círculo de Bellas Artes (después, debido al cambio de ubicación, llamada de Fomento, por el nombre de la calle), para prestar declaración. Posteriormente, a principios de noviembre del 36, al apoderarse los nacionales de Getafe, estuvo prisionero hasta junio del 37. Salvó la vida gracias a su amistad con el general Mola. Pero muerto éste,{5} a principios de junio de 1937, su jefe de Estado Mayor, el coronel Fernando Moreno Calderón, temiendo por la vida de Bergua y sabiendo el afecto y amistad que le unían al general, le facilitó los medios para pasar a Francia.

En el destierro, gracias a su amistad con Jean Sarrailh (que en aquel momento era rector de la Universidad de Grenoble), trabajó de lector de español hasta que, en 1960, debido a una grave enfermedad de su hermano Pepe, decidió regresar y ponerse al frente, de nuevo, de lo que quedaba de del negocio de la editorial. Poca cosa, pues la represalia al triunfar el nuevo régimen había sido terrible (mientras estaba encarcelado en Ávila, un sacerdote ordenó a dos soldados que quemasen los libros que la editorial tenía almacenados en Getafe). Con mucho trabajo, consiguió ir resucitando un negocio que poco a poco se moría.

Este resumen autobiográfico, lo podemos completar con los datos siguientes: Juan Bergua fue procesado por injurias a la Guardia Civil (Sumario 82/1932), como consecuencia del folleto que escribió titulado ¡Justicia! (El pueblo y la Guardia Civil). En 1934, se decretó el sobreseimiento de la causa con arreglo a la Ley de Amnistía de 24 de abril de 1934.

Después de la Guerra Civil, según el Tribunal de Responsabilidades Políticas: «Juan Begua Olavarrieta hasta el año 1936, en una empresa Editorial de Getafe de la que era propietario su hermano José, difundió obras de propaganda comunista entre ellos algunos de Carlos Marx y diversos libros y folletos escritos por el propio expedientado como “Catecismo Comunista”, “Los creadores libertarios  [sic, por Los credos libertadores] y “La salvación roja” y durante la denominación marxista en Getafe intervino en la requisa de un convento y casas particulares depositando los efectos de las mismas en su propio domicilio, donde también instaló un taller de confección de ropa para milicianos.» Por todo ello, fue condenado a 10 años de extrañamiento e inhabilitación absoluta para cargos públicos y una multa de 10.000 pesetas en 1944.

 Ana Martínez Rus nos informa de que: «También fue expedientado su hermano José al ser propietario de la firma con el pago de 2.000 pesetas y 3 años de inhabilitación absoluta, pero presentó un recurso de alzada donde alegaba que no tenía ninguna vinculación con los folletos y que incluso había colaborado en favor del “Glorioso Movimiento Nacional” en las organizaciones de Burguete, Navarra y Aranda del Duero.{6} Tras ello y al no tener constancia de que ninguno de los dos inculpados tenía bienes y atendiendo a la Ley de 19 de febrero de 1942, finalmente llegó una sentencia absolutoria en 1947 para José y el sobreseimiento de la causa para Juan. Debemos recordar que la citada Ley de 1942 eximía de sanción a los responsables políticos cuyo patrimonio no rebasase las 25.000 pesetas. Por último, en abril de 1959 los hermanos Bergua fueron indultados.»{7}

De la nota autobiográfica, hay dos cuestiones que, por lo menos a mí, me llaman la atención: una, que sin aportar ningún dato afirme que el general Emilio Mola fue asesinado; y otra, que solo haga referencia a las obras izquierdistas que escribió y silencie que también editó libros antimarxistas y antimasónicos, con gran éxito de ventas. Seguidamente, intentaremos aportar información sobre esas dos cuestiones.

II. La relación de Juan B. Bergua con el general Mola

Juan Bergua, aunque sin citarlo por su nombre, nos ha dejado este retrato de Emilio Mola: «Imaginaos un hombre sencillo, humilde, afable, de buen talento y de gran corazón. Un hombre honrado a carta cabal. Digno sin arrogancia, grave sin rigidez ni lentitud. Un hombre serio a cuyos ojos y a cuyos labios asoma con la debida frecuencia, no obstante, la sonrisa y la benevolencia. Impenetrable sin ser misterioso; de buen juicio, de clara pluma, de cabeza segura. ¿Sin defectos? ¡0h, no!, probablemente los tiene, pero en todo caso, de tan inquebrantable firmeza que cierto estoy que los suple con ventaja. Una de esas almas de hierro encerrada en un pecho enérgico, íntegro y humano, en fin, que sólo nuestro país produce.»{8}

Juan Bergua y Emilio Mola se habían conocido siendo jóvenes en Zaragoza. Luego, durante la dictablanda del general Berenguer, cuando Mola es director general de seguridad (la sede de la Dirección General estaba a cien metros de la Librería Bergua) el militar asiste a las tertulias que tenían lugar, a última hora de la tarde, en la librería. Cuando cesa como director general, le amenazan de muerte y se refugia en la casa de Bergua, Preciados, 25, donde permanece escondido casi tres meses. Cómo además tiene dificultades económicas por haber sido separado del Ejército, su amigo le sugiere que escriba las memorias de su paso por la Dirección General de Seguridad,{9} que son publicadas por Librería Bergua. Esta amistad con Mola, se dice que fue el motivo por el cual, a finales de septiembre de 1936, tuvo que visitar, como ja hemos dicho, la checa de Bellas Artes (después Fomento).{10}

Como ya hemos mencionado, cuando las tropas nacionales, a principios de noviembre de 1936, llegan a Getafe y detienen al editor, Mola envía inmediatamente un coche a recogerle para evitar que le fusilen. «De entonces a junio del 37, fueron varios meses pasados de cárcel en cárcel. Lo que en ellas vi, así como lo esencial de lo que asimismo fui testigo en Madrid, será conocido cuando publique un libro que se llamará Miniaturas de la Revolución, en el que se verá que si los «rojos» hicieron muchas cosas que no debían haber hecho, los «azules» no les fueron a la zaga.»{11}. A lo mejor en esas «miniaturas» hubiese explicado los motivos que le llevaron a afirmar que la Mola fue asesinado; pero, según me informa Ana, nieta de Juan Bergua, no existe constancia de que esa obra fuese escrita.

Como es sabido Mola, «El director» del golpe de estado contra el Gobierno del Frente Popular, falleció en accidente aéreo el 3 de junio de 1937. El avión en el que viajaba se estrelló contra una colina de la localidad de Alcocero (Burgos). La causa del accidente, según la versión oficial, fue consecuencia de la niebla existente en aquel momento. El motivo de viaje era, según la misma versión oficial, observar y supervisar in situ las operaciones militares que se desarrollaban en La Granja. Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo con esta versión. Así Juan Antonio Bravo, en el prólogo a las Obras Completas de Mola (Santander 1940), escribe: «No es posible concretar las verdaderas causas de la catástrofe, ni formar opinión autorizada sobre si hubo sabotaje o no, y si, por consiguiente, el general Mola falleció víctima de la fatalidad o de un atentado.»

Jaime Ignacio del Burgo, en la «Introducción» a la obra de B. Félix Maíz, Mola frente a Franco, recoge que en el “Diario” inédito del general José Solchaga, segundo de Mola, se dice lo siguiente: «Después de la muerte, se creyó que lo más ventajoso era dar la noticia como un accidente, sin tratar de hacer otras averiguaciones para evitar las dudas que en los frentes de batalla se podrían extender entre los combatientes. Por ello no se realizó ninguna autopsia, ni mandaron abrir diligencias, con lo cual no se puede probar nada. Lo más importante en aquellos momentos era ganar la guerra…».{12} Para Maíz, ayudante civil de Mola: «Desde luego no hubo niebla. Si hubiese habido niebla, el pastor no hubiese visto las evoluciones del aparato cuando volvía de la altura de La Brújula. ¿Por qué volvía? ¿Le atacaron a la altura de La Brújula?»{13} Maíz cree que el avión pudo ser derribado por el ataque de otro aparato. (¿Un avión alemán?). Según Isidro Gomá, cardenal Primado de España, en una carta enviada al cardenal Pacelli (futuro Papa Pio XII), el 25 de junio de 1937: «La muerte inesperada del general Mola –sobre la que no me atrevo a hacer por escrito insinuación ninguna– ha agravado la situación.»{14}

Conviene resaltar que Mola, que era el general más culto del Ejército, aceptaba el régimen republicano; así, al final de la instrucción reservada del 5 de junio de 1936, escribe: «El Directorio [el órgano militar que debía asumir, provisionalmente, el poder ejecutivo después del Golpe] se comprometerá, durante su gestión, a no cambiar en la nación el régimen republicano; a mantener en un todo las reivindicaciones obreras legalmente logradas». Según Ramón Serrano Suñer, Mola era «el General de mayor personalidad, verdadero jefe de la conspiración y el mejor preparado para la política no lograba idear una fórmula superior a la de una dictadura teñida por un socialismo humanista.»{15}

III. Obras antimarxistas y antimasónicas publicadas por la editorial Bergua

Durante la Segunda República, la editorial Bergua sacó a la venta obras que denunciaban una presunta confabulación judeo-masónica-comunista. Así tenemos, de Mauricio Karl (pseudónimo de Mauricio Carlavilla): El comunismo en España (1931, con cuatro ediciones). El enemigo (Marxismo, Anarquismo, Masonería) (1934, con cuatro ediciones) y Asesinos de España{16} (1935); y de F. Ferrari Billoch: La Masonería, al desnudo. Las logias desenmascaradas (1936). Creo conveniente dar unas pinceladas biográficas sobre esos personajes, pues en la actualidad son prácticamente desconocidos para el lector no especializado en esa temática.

Julián Mauricio Carlavilla del Barrio (1896-1982),{17} policía, escritor y editor. Como policía y siguiendo instrucciones de Mola, a la sazón director general de seguridad, estuvo infiltrado en el Partido Comunista de España. Su libro El comunismo en España es una ampliación del informe que elaboró para Mola (seguramente éste recomendó a Bergua la edición de la obra). Sería expulsado de la policía en 1935. En 1936, estuvo involucrado en un intento de asesinato de Manuel Azaña y, habiendo sido denunciado, tuvo que exiliarse en Portugal. En agosto de 1936, apareció en la zona nacional haciendo manifestaciones de falangismo; cuando, en realidad, era un agente secreto del Cuartel General de Franco y por eso, los falangistas del entorno de Hedilla, atentaron sin éxito contra él.{18} En su condición de agente de la Policía, fue el encargado de gestionar el fracasado intento de canje del fundador de la Falange con el hijo de Largo Caballero, que estaba preso en la zona nacional. Es muy curioso que este personaje, grafómano (escribió más de 20 libros, además de un buen número de prólogos y comentarios de libros ajenos) y tan dado al chismorreo, no explicase nunca el porqué del fracaso del canje.{19} En 1956, publico Sodomitas (que, en 1973, iba por la 12ª edición) y, en el prólogo, nos informa que: «Este libro fue proyectado para mostrar el peligro que es el sodomita para la Patria. Pero también lo es tan tremendo y más para la sociedad y, sobre todo, para la familia.»{20}

Francisco Ferrari Billoch (1901-1958), después de trabajar de periodista en Mallorca, se afincó en Madrid, en la redacción del diario derechista Informaciones (propiedad del financiero mallorquín Juan March, que también era propietario del diario La Libertad; si bien, éste defendía postulados de izquierdas). En 1935, se afilió al partido monárquico Renovación Española, liderado por Antonio Goicoecha, que prologó su libro, ya citado, La Masonería al desnudo. Este libro tuvo su continuación en Entre marxistas y masones que, aunque había sido escrito en 1936, no vería la luz hasta el año siguiente. Según explica su autor, el asesinato de José Calvo Sotelo impidió que éste prologase la obra. Como hasta el año 1934 había sido masón, después de la guerra fue denunciado al Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo y estuvo encarcelado. También es el autor de ¡Masones! Así es la secta. Las logias de Palma e Ibiza (1937) y del folleto La garra del capitalismo judío (1943).

El que una editorial que publicaba libros de autores comunistas (El capital. Manifiesto comunista. Precios, salarios y ganancias; El 18 Brumario. Revolución y contrarrevolución; Crítica de la Economía política. Miseria de la Filosofía; Crítica del programa de Gotha; Contra Duhring; VII Congreso de la Internacional Comunista, éste último con un epílogo del propio Bergua), antirreligiosos (La religión al alcance de todos; Jesucristo es un mito, traducido por Juan España, pseudónimo de Juan Bergua; Anales secretos de la Inquisición) y de contenido erótico (Los Kamasutra. El Ananga-Ranga. La flor lasciva. El libro de la voluptuosidad; Los Ragionamenti; El Amor, la Lujuria y el Vicio; El amor sáfico a través de los tiempos, traducidos por José Bruno, seguramente pseudónimo de Juan Bergua) sacase al mercado libros de la conspiración judeo-masónica-comunista resulta un tanto sorprendente. Al final del libro La Masonería al desnudo, hay una nota que da una explicación de un hecho tan inusual: «Los directores de la Editorial Bergua se ponen en un punto de vista y exclusivamente COMERCIAL, y que, por tanto, editarán, como vienen haciendo con toda imparcialidad, cuantas obras estimen que pueden reportar beneficio, sea cual sea su índole, roja o negra, de izquierda o de derecha, ya que, en principio, tienen el firme convencimiento de que NO HAY LIBRO MALO […]». [Las mayúsculas son del original]. Tan es así, que el diario ABC, correspondiente al día 22 de noviembre de 1935, y a toda plana, incluye publicidad de los tres libros de Mauricio Karl.

Dos serían, por tanto, las razones que explicarían que la editorial tuviese un catálogo tan diverso y dispar: la ausencia de sectarismo y el beneficio económico. Así y todo, no deja de ser curioso que un librepensador como Bergua publicase bodrios antisemitas y paranoias conspiratorias, aunque le proporcionasen grandes ventas.

IV. Nueva Aurora, el libro desconocido de Juan G. Bergua

Sería el mes de mayo de 1937, cuando apareció en las librerías de la «zona nacional» un libro intitulado Nueva Aurora, cuyo autor era un desconocido Juan Bautista España y que estaba impreso en Ávila por Senén Martin (antes de la República, los libros de la editorial Bergua se imprimían en esa imprenta). El subtítulo lo dice todo: Exégesis de la doctrina sobre la que resurge la verdadera España. Se trata de un libro de 274 páginas, que se vendía a 5 pesetas y que en la cubierta lleva, en tinta negra, un pequeño escudo: el haz y las flechas. En la contracubierta, un círculo rojo y negro con las flechas yugadas en rojo. Es decir, el escudo y la bandera de Falange Española de las JONS. El reverso de la contraportadilla lleva una nota, en tinta roja y con el rótulo «IMPORTANTE», del siguiente tenor: «Una más de las ya demasiadas tribulaciones que me están peritando en el conocimiento del régimen carcelario de la España liberada, me ha impedido corregir las pruebas de este libro. […]» La nota está datada el 27 de abril de 1937.

No existe ninguna duda de que el autor de esta obra, que no ha sido mencionado por ningún otro autor que sepamos, es Juan Bautista Bergua;{21} ya en otras ocasiones había traducido algunas obras con el pseudónimo de Juan España. El manuscrito, según las fechas que constan en el libro (pág. 61 y 258), tuvo que ser escrito entre finales de febrero y finales de marzo de 1937. Es decir, antes del Decreto de 19 de abril, que unificó la Falange y la Comunión Tradicionalista, y dio lugar al partido Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Al pie de la página 258, hay una nota que hace referencia a dicho Decreto, que sin duda fue incluida cuando la obra ya estaba maquetada.

Seguidamente, transcribiremos fragmentos de la obra que consideramos pueden ser de interés para el lector. Estos fragmentos serán objeto de comentario, para demostrar que Bergua no hace más que glosar la Norma Programática de FE de las JONS, que fue publicada en el diario de Madrid La Nación el 28 de noviembre de 1934. Pero antes tenemos que señalar que el libro lleva una «Dedicatoria al Excelentísimo Señor Don Emilio Mola Vidal»:

«Amigo: Si este libro llega a ser útil a España, será un nuevo favor que la Patria le deba, ya que, a no ser por usted, no hubiese alcanzado a escribirle. Hágame, pues, se lo ruego, un nuevo favor, el de aceptarle. Y recia con él todo el cariño y devoción que porque [sic] plenamente merece, le tiene SU AUTOR

Sabemos que el autor estaba encarcelado cuando escribió su ensayo, pero el régimen penitenciario debía ser bastante benévolo; pues, para poder escribir el libro, necesitó tener acceso a periódicos y libros. Obviamente, esas facilidades, en plena guerra civil, serían impensables sin el apoyo de su «amigo». En realidad, más que encarcelado estaba protegido en la prisión. De ahí que, cuando las cosas se ponían mal, lo mandasen a la cárcel de otra provincia.{22}

Antecedentes ideológicos

«Teóricamente, había militado siempre en los partidos de ideología más avanzada. Teórica, pues prácticamente jamás quise pertenecer a partido alguno ni tener con ellos ni con sus adeptos el menor roce y trato. Es más, en ideas (como personalmente), fui, en realidad, un solitario, ya que mis pensamientos siempre encontraron puntos de discrepancia profunda aun con las doctrinas que me eran más simpáticas y afines.» (pág. 9).

Como vemos, reconoce que, al menos teóricamente, había militado en partidos avanzados. Se trata de un eufemismo; ya que su ideología era comunista.{23} Si bien, muy heterodoxa: un comunismo libre. Tenía dos discrepancias con el comunismo soviético: una, el odio de los trabajadores manuales hacia los intelectuales; otra, la «manoseada cantinela de la igualdad». Sólo aceptaba la doctrina liberal de la igualdad ante la Ley el principio socialista de «a cada uno según su trabajo», pero no el principio comunista de «a cada uno según sus necesidades». Se podría decir que su ideología estaba más cercana del mutualismo de Proudhon, que no del marxismo-leninismo.

¿Por qué Bergua se hizo falangista?

«En estas circunstancias me cogió la Revolución, y cuando era llevado por su vorágine de un lado a otro como hoja que arrastra el viento, la casualidad puso en mis manos los discursos de los primeros apóstoles de la Falange. Y se hizo en mi la luz que me faltaba. […] Ahora, además de pensar firmemente, creo y estoy seguro. Creo en la FALANGE que condena en su ideología todo lo mejor de mi ideología de antes, y estoy seguro ahora de lo que antes no estuve nunca: de poder hacer una realidad de mis pensamientos y teorías.»  (pág. 9).

Según manifiesta, en la cárcel conoció los discursos de los líderes falangistas. En la Nueva Aurora se recogen fragmentos de discursos de José Antonio Primo de Rivera, Onésimo Redondo, Raimundo Fernández-Cuesta y Manuel Hedilla. Para consultar esos discursos hubo de tener a su disposición periódicos y semanarios. En aquellas fechas, sólo se había publicado un folleto con tres discursos de José Antonio, que había editado la Jefatura Nacional de Prensa y Propaganda de Falange y que no lleva fecha.{24}

¿Es posible que la lectura de los discursos de Primo de Rivera le influyeran tanto como para hacerse falangista? La respuesta nos la da Laín Entralgo: «Fui nominalmente falangista desde el día de mi inscripción en Falange, uno de la última decena de agosto de 1936; comencé a serlo real y cordialmente cuando leí y releí el folleto con tres discursos de José Antonio –en la portada su retrato sobre una bandera roja y negra– que poco más tarde me dieron. Si lo que se decía en esos discursos cobrara realidad política y social, además de tenerla oratoria y retórica, ¿no es cierto –me decía yo a mí mismo– que los cinco grandes problemas de la vida española, el religioso, el económico, el ideológico, el cultural y el regional, quedarían satisfactoriamente resueltos?»{25}

Propósito de la obra

«El objeto de este libro es fijar la ideología de FALANGE, esbozada con hermosa y rotunda gallardía en los discursos de sus paladines, principalmente en los de José Antonio, Onésimo Redondo y Raimundo Fernández Cuesta, y establecida sintéticamente en nuestros 27 puntos esenciales.» (pág. 11).

Es sorprenderte que un recién llegado y, para colmo, preso en la cárcel de Ávila por comunista, pretenda fijar la ideología de Falange. Todo ello, no lo olvidemos, en plena Guerra Civil. Es difícil de creer que la obra se escribiera sin contar con la previa aprobación del entorno de Hedilla, además de la del propio Mola, o que por lo menos, llegado el momento de la publicación, la obtendría.

Entre los teóricos del nacionalsindicalismo no menciona a Ramiro Ledesma Ramos, y es de lamentar; ya que sus planteamientos estaban más cerca del radicalismo de Ledesma que no del fundador de Falange, que era más moderado en todos los aspectos, políticos y sociales. Pero se explica: en aquellos momentos, Ledesma, a raíz de su separación de Falange, a principios de 1935, no estaba bien visto por los dirigentes del partido, y por ello sus artículos y sus libros no debían de ser de fácil acceso. Ledesma, después de su separación de FE, había publicado Discurso a las juventudes de España y ¿Fascismo en España?, que seguramente tuvieron una tirada muy reducida.

La referencia a los 27 puntos programáticos de FE es una demostración de que el libro se escribió antes de la Unificación; ya que el punto 27 («pactaremos muy poco») fue, lógicamente, suprimido.

Cuestión religiosa

«Es que nosotros, si volvemos los ojos a la cuestión religiosa, aun podremos contemplar con dolor un clero pobre e inculto, graves taras para aquellos cuya misión es, por muchos conceptos, docente, ya que pueden llevar como secuela la codicia y el fanatismo; y unas órdenes religiosas ricas, por el contrario, y en las cuales la ambición y el parasitismo enturbian algunas veces virtudes muy estimables.» (pág. 20).

Palabras muy fuertes para ser publicadas en la «zona nacional», aunque no exentas de verdad. Es posible que Bergua, que no era creyente, pecase en exceso de anticlericalismo; pero el clero, en aquella época y en las zonas rurales, era las dos cosas: pobre e inculto. Por otra parte, el clericalismo fue un mal endémico de la política española desde siempre.{26} Ahora bien, la Falange, que no fue nunca anticlerical,{27} era partidaria de la separación de la Iglesia y del Estado (punto 25 de su Norma Programática). Siendo esa una de las diferencias que separaban el falangismo de los partidos de la derecha.{28} Esa también era la posición de Mola. Así, en el discurso que pronunció el 29 de enero de 1937, dijo: «Entendemos que la Iglesia debe quedar separada del Estado, porque así conviene a aquella y a éste, pero entendemos, también, que esa separación no implica divorcio…».

Falange no es fascismo

Y, ¿qué pensará [el proletariado de izquierdas] y qué ocurrirá cuando sepa que Falange no solamente no es el «fascismo» en el sentido que sus demagogos han dado a esta palabra para ponerlos una venda en los ojos y lanzarlos a la lucha, sino que sintiendo como sentimos la misma necesidad de justicia social que ellos, la misma ansia de redención que ellos, por esa JUSTICIA y REDENCIÓN hemos combatido y seguimos combatiendo hasta conseguirlas? (pág. 13).

En cuanto a la Falange, si para su nacimiento pudo tomar en algunas cosas como modelo y ejemplo lo ocurrido en Italia, y si en algunos puntos va de acuerdo con el fascismo, en otros ¡y fundamentales!, se separa de él para acercarse al socialismo y aun al comunismo no marxista. ¿Saben entonces por qué luchan los que dicen, sin ser verdad, que luchan contra el fascismo?

En efecto, entre el «Fascismo» y «Falange» existen diferencias fundamentales. Diferencias sociales, diferencias políticas, diferencias internacionales y diferencias económicas.

Falange, socialmente, avanza mucho más que el «fascio» […]. Políticamente somos republicanos y el «fascio» es monárquico. Internacionalmente, el «fascio» es antipacifista y nosotros todo lo contrario. […] Económicamente, si bien tendemos, como el «fascio», a una fuerte organización sindical, el contenido de la nuestra es mucho más democrático, mucho más anticapitalista. (pág. 22).

¿Por qué entonces, se nos llama fascistas? (Y conste que no es que nos sintamos ofendidos por el calificativo, sino que defendemos la verdad: que no nos encaja bien) ¿Dónde está aquí el fascio? (pág. 23).

Es este un tema que, por la extensión que le dedica, debía preocuparle especialmente. Bergua conocía el fascismo italiano y de ahí su interés en aseverar que Falange no era el «fascismo». En la cuarta edición de los Credos libertadores, incluyó un largo apéndice dedicado al fascismo. En ese apéndice hace una dura crítica del movimiento fundado por Mussolini. He aquí una muestra: «[cuando el fascismo] hubo conquistado el Poder, ya no volvió a hablarse de la inspección obrera en las fábricas, ni de la conversión de los títulos al portador en nominativos, ni se pensó en perseguir los robos caracterizados de los proveedores del Ejército, quedando, en cambio, anuladas una porción de disposiciones de evidente necesidad y justicia social, cuales las tasas sobre las herencias, la que creaba la comisión investigadora de los gastos de la guerra o las tendencias a sancionar la ocupación de tierras baldías o insuficientemente cultivadas que ya habían adquirido carta legal.»{29}

Los fundadores del nacionalsindicalismo mantuvieron una postura ambivalente con relación al fascismo: si, por una parte, negaban que fuesen fascistas; por otra, no tenían inconveniente en adoptar la estética fascista y en asumir determinados postulados de la doctrina de Mussolini: el nacionalismo reactivo y el autoritarismo. Si bien es cierto que, en materia económica, el nacionalsindicalismo era más radical (nacionalización de la banca, sindicalización de los grandes servicios públicos, expropiación de la propiedad agraria sin indemnización) que los partidos fascistas.

Primo de Rivera, en la cárcel de Alicante, escribe unos apuntes y sobre el fascismo dice que es: «Falso además en lo económico, porque no se remueve la verdadera base: el capitalismo. Eso del sistema corporativo es una frase: conserva la dualidad: patrono-obrero, aunque agigantada en los sindicatos. Es decir, persiste el esquema bilateral de la relación de trabajo y, atenuada o no, la mecánica capitalista de la plus-valía{30} (La cursiva es del autor).

No es mi intención entrar en el debate de si el nacionalsindicalismo joseantoniano es una variante española del fascismo genérico; o si, por el contrario, sus peculiaridades tan acusadas (en especial, una concepción «personalista» frente al individualismo y el colectivismo) hacen que se asemeje más a un posfacismo, como lo fue el justicialismo peronista. Así, podemos mencionar que el argentino Enrique Pavón Pereyra, recopilador de los textos joseantonianos y también autor de una interesante biografía del líder falangista, fue secretario particular y biógrafo de Juan Perón. También podríamos encontrar similitudes con el personalismo comunitario de Manuel Mounier y el humanismo integral de Maritain. Hay que recordar, porque se suele olvidar, que Mounier asistió a uno de los dos Congresos que en Montreux celebraron los fascistas europeos.{31} Mounier, en aquellos años, formaba parte de los no conformistas franceses que, al igual que José Antonio, buscaban una tercera vía entre individualismo y colectivismo y entre capitalismo y socialismo. En este mismo sentido, se manifiesta el historiador francés Arnaud Imatz: «Se puede afirmar que la versión joseantoniana de la clásica síntesis derecha-izquierda se acerca mucho más al “nuevo humanismo cristiano” de los personalistas franceses de los años treinta que a cualquier otro modelo extranjero.»{32} No es de extrañar, pues, que este mismo autor opine que sobre el programa de Falange: «Se puede debatir el carácter reformista o revolucionario, realista o utópico, concreto o abstracto de este programa, pero no se puede decir que sea reaccionario ni que esté desprovisto de apertura espiritual, de valor y nobleza. ¿Era fascista? Algo está claro: no se corresponde en nada a la imagen que los medios dan hoy en día del fascismo, ni a la opinión que la gente se hace de él.»{33}

Anticapitalismo

¿Reconoce Falange que el proletariado español es víctima y lo ha sido aún mucho más, de grandes injusticias sociales, y que tiene derecho a todo cuanto pide menos a instaurarse en dictadura de clase?

¡Pues no lo ha de reconocer si se ha levantado, si ha nacido nuestro movimiento como una inaplazable y justísima reacción contra un estado de cosas ya intolerable! ¿Pero es que hay algo, ni el propio comunismo, más recta y conscientemente anticapitalista que Falange? ¿Pero es que desde el primer instante de su nacimiento no fueron estos los sentimientos y estas las palabras más ardientes de sus imparciales heraldos? (pág. 48).

Pero antes voy a copiar cuanto he podido reunir de lo que José Antonio ha dicho contra él [capitalismo], pues mi mayor interés es demostrar una y diez y cien veces a los equivocados proletarios de izquierda, que Falange no solamente es más revolucionaria y más anticapitalista que ellos, sino que en lo tocante a socializar y hacer justicia, está a una altura que ellos no han podido ni soñar. (pág. 215).

Bergua transcribe párrafos de los tres discursos que conocía de José Antonio (aquellos recogidos en el folleto antes mencionado).  Una vez más, tenemos que lamentar que no conociera el discurso que el líder falangista pronunció en el Cine Europa (en Madrid el 2 de febrero de 1936),{34} en vísperas de las elecciones del 16 de febrero, que ganarían por muy pocos votos «las izquierdas». En ese discurso, Primo de Rivera ataca el programa del Frente Popular por excesivamente moderado: «El manifiesto de las izquierdas –y esto convendría que los obreros lo supiesen– se mantiene en los términos del más cicatero conservatismo. Nada que se acerque a la nacionalización de la tierra, nada que se acerque a la nacionalización de la banca, nada que se acerque al control obrero, nada que sea avance en lo social.» Ese discurso es una muestra de la radicalidad anticapitalista creciente de José Antonio: «la situación desesperante y monstruosa de ser proletarios, es decir, hombres que ya vendieron su tierra y sus herramientas y su casa, que ya no tienen nada que vender, y como no tienen nada que vender, han de alquilar por unas horas las fuerzas de sus propios brazos, han de instalarse, como yo los he visto, en esas plazas de los pueblos de Andalucía, soportando el sol, a ver si pasa alguien que los tome por unas horas a cambio de un jornal, como se toman en los mercados de Abisinia los esclavos y los camellos.» Para el líder falangista, desmontar el capitalismo no era sólo una tarea económica; sino «una alta tarea moral».

La propiedad

Solución marxista: La propiedad privada debe ser abolida.

Falange opina y sostiene: Debe conservarse si es producto del trabajo. Si no daña al bienestar común. Si es útil y fecunda para el logro de empresas nacionales. De ser especulativa, ficticia, excesiva o injustificable (que no resista un examen y reivindicación justa), de no ser de algún modo útil al bien general, debe suprimirse. (pág. 57).

José Antonio admitía la propiedad privada de los productos obtenidos por el trabajo y por eso aceptaba «la propiedad artesana, la propiedad del pequeño productor, del pequeño comerciante». Lo que no aceptaba era el capitalismo financiero ni tampoco el capitalismo industrial de las empresas anónimas. «La Sociedad anónima es la verdadera titular de un acervo de derechos, y hasta tal punto se ha deshumanizado, hasta tal punto les es indiferente ya el titular humano de esos derechos, que el que se intercambien los titulares de las acciones no varía en nada la organización jurídica, el funcionamiento de la sociedad entera.»{35} Pero donde se manifiesta más radical es en el tema de la propiedad agraria: «En este momento la ciencia jurídica del mundo no se inclina con el mismo respeto de hace cien años ante la propiedad territorial. […] Pero es que, además de este fundamento jurídico de la necesidad de operar la reforma agraria revolucionariamente, hay un fundamento económico, que somos hipócritas si queremos ocultar. […] No se pueden emplear ciento sesenta años para hacer la reforma agraria; es preciso hacerla antes, más de prisa, urgentemente, apremiantemente, y por eso hay que hacerla, aunque el golpe les coja y sea un poco injusto, a los propietarios terratenientes actuales; hay que hacerla subestimando el valor económico, como se ha subestimado el valor jurídico.»{36}

Republicanismo

El bando que el general Fanjul tenía preparado para caso de triunfar, declarando el estado de guerra, bando que acababa con un vibrante ¡Viva la República! (pág. 35)

¿Es que vamos a desconocer que Falange debe precisamente su rapidísimo auge a la explosión de entusiasmo de las masas ante la segura esperanza de que vamos a través de un amplio programa de justicia social hacia la España Una, Grande, Libre y nueva dentro de moldes puramente republicanos? (pág. 173).

Ramiro Ledesma se manifestó siempre como antimonárquico: «La Monarquía, por otra parte, perdió toda vigencia, y hay que combatir como contrarrevolucionarias las tentativas que hoy se efectúen en favor suyo.»{37} José Antonio, una vez fundada Falange, abandonó su inicial sentimiento monárquico: «La alegría del 14 de abril, una vez más, era el reencuentro del pueblo español con la vieja nostalgia de su revolución pendiente. El pueblo español necesita su revolución y creyó que la había conseguido el 14 de abril de 1931 […]; pero nosotros, aunque nos pese, aunque se alcen dentro de algunos reservas sentimentales o nostalgias respetables, no podemos lanzar el ímpetu fresco de la juventud que nos sigue para el recobro de una institución que reputamos gloriosamente fenecida.»{38}

Socialismo y Falange

Hasta ahora, en el modo de enfocar la cuestión social, en el ser enemigos declarados y abiertos del capitalismo y en el propugnar por la extinción de las injusticias sociales, Falange y Comunismo han ido de acuerdo. Han discrepado en el propósito final: El comunismo marxista quiere la «dictadura del proletariado»; Falange, la «dictadura del mejor» en bien de todos. (pág. 56).

«Patria son –dice a su vez Hedilla–, los labriegos, los obreros, los empleados, los intelectuales, los industriales, los soldados.» (pág. 232).

Con que ya lo sabéis, socialistas, Falange es socialista también a su manera. Es socialista de ese buen socialismo que quiere atajar las libertades individuales injustas y crear un Estado fuerte que intervenga tanto en la producción como en las demás ramas de la actividad. (pág. 243).

A pesar de sus contradicciones, que no eran pocas, y de su indefinición en aspectos esenciales, tanto políticos como económicos –sería una excepción la reforma agraria–, la Falange representaba, a diferencia de la derecha radical (representada por los monárquicos y los tradicionalistas), un intento moderno, no reaccionario, de superación del liberalismo de aquella época y se incardina en el regeneracionismo, aunque desde un nacionalismo autoritario –si bien suavizado por el talante liberal y la formación católica de Primo de Rivera.

Comunión Tradicionalista

Siento la mayor admiración, el máximo respeto, la más sincera y franca simpatía hacia los boinas rojas. […] Pero con lo que no puedo estar conforme es con que fundamenten o traten de fundamentar el régimen social y político en los principios tradicionales de la religión católica y de la monarquía pura, ni con su propugnar por la unión del Estado con la Iglesia cuya esfera de acción es tan distinta y aun contraria en cierto modo, que entiendo que entre uno y otro debe haber distinción y separación absoluta. La pretensión del tradicionalismo como sistema político, de restablecer las instituciones antiguas en el régimen de la nación y en la organización social, paréceme también desacreditado y hasta pueril. Intentar poner barreras al tiempo es tan inútil como torpe. No menos inútil y vana empresa sería intentar oponerse a las modas o el progreso en general. Ahora, admitir con prudencia lo nuevo decantándolo y coordinándolo con lo bueno existente, cosa es ya distinta y muy recomendable. Pero tal cosa no es, por desdicha, el suyo. Fuera de esto, ni hacia ellos puedo sentir sino admiración, ni mi boca tener para ellos sino alabanzas. (Nota a pie de la pág. 259-260).

Según mi opinión, esta larga nota se introdujo cuando el libro ya debía estar maquetado y a punto de impresión. Como se puede ver, se trata de un durísimo ataque a la unificación que había decretado Franco, ya que considera que la ideología tradicionalista es del todo incompatible con los postulados revolucionarios de Falange. Por ello no sé cómo el libro pudo pasar la censura de los órganos estatales de control.

Programa de futuro

Pensando, y pensaremos la verdad, que la casi totalidad de los que nos hicieron frente, obraron engañados. Doblemente engañados, como ya he dicho, pues ni sabían lo que es y representa Falange, ni tan siquiera lo que eran y representaban para ellos y para España los extremismos por los que combatían. […] De este modo hay que obrar. Con clemencia que, en casos como este, tan próximo está a la justicia. Que nada hay que de peores frutos que el odio y que el espíritu de represalia. (pág. 262).

Hedilla levanta el siguiente programa: «Queremos fundir en una sola gran familia a todos los españoles, nivelar la riqueza de modo que el campesino hambriento y el trabajador urbano, confinados en chozas sin calor ni luz, tengan un hogar digno y nuevo. […] queremos que no haya clases, porque es la manera de que no haya lucha. Sólo debe haber españoles que se respeten, se ayuden y se exijan. […] En España se acabaron los convidados, que se acabaron la usura y la explotación de los más por los menos».{39} (pág. 264).

Bergua formula una propuesta de clemencia para los «rojos». Con anterioridad, Mola ya había expuesto su disgusto por la represión incontrolada; así, en su condición de jefe del Ejército del Norte, dictó la instrucción de 11 de agosto de 1936, que dice: «Ordenando a todas las agrupaciones militarizadas que luchan a nuestro lado por la causa de España que es necesario cesen los actos de violencia en las personas y cosas cometidos por iniciativas de individuos o pequeñas agrupaciones pertenecientes a estas instituciones, así como las detenciones sin causas justificadas, por estimar podrían ser causa de que nos comparasen en procedimiento a los bárbaros empleados por las hordas comunistas». En este mismo sentido se manifestaría el jefe de la Junta Provisional de Mando de Falange, Manuel Hedilla: «Todos sabemos que en muchos pueblos había –y acaso hay– derechistas que eran peores que los rojos. Quiero que cesen las detenciones de esta índole.»{40} Pero lo importante, para nuestra tesis, es que el libro acaba haciendo referencia al programa de Hedilla (que, recordemos, no era más que un primus inter pares en la Junta de Mando Provisional). Y este programa, que era de reconciliación y de justicia social, se formula sólo un mes antes del Decreto de Unificación. Es decir, cuando se hablaba de que Mola quería asumir la Presidencia del Gobierno, con Hedilla de ministro, y dejar a Franco la Jefatura del Estado y de las Fuerzas Armada.{41}

V. La prohibición de Nueva Aurora

Nueva Aurora tuvo un final triste. El Delegado Nacional de Prensa y Propaganda de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S., Fermín Yzurdiaga Lorca, dictó una circular, con fecha 24 de diciembre de 1937,{42} del siguiente tenor:

Habiendo recibido esta Delegación Nacional por diferentes conductos denuncias justificadas y concretas sobre el libro “Nueva Aurora” del autor Juan Bautista España, esta Delegación declara lo siguiente:

I. Que dicho libro “Nueva Aurora” fue escrito y publicado en Marzo o Abril de 1937, con anterioridad a la creación de esta Delegación de Prensa y Propaganda de Falange Española Tradicionalista y de las JONS que funciona desde el 8 de Mayo de 1937.

II. Que abierto el expediente sobre la doctrina moral y nacionalsindicalista de dicho libro por la Oficina de Control y Censura de esta Delegación Nacional, y por la Jefatura Provincial de Ávila ha dado una censura desfavorable por sus afirmaciones perniciosas para la Fe y moral católica, que son base del Movimiento, e inexactas para la pureza social y política del Nacionalsindicalismo.

III. A vista de lo cual, esta Delegación Nacional ordena a todos los Delegados Provinciales de Propaganda y suplica a los Jefes Provinciales Políticos del Movimiento ordenen inmediatamente la recogida de “Nueva Aurora” de todas las librerías y kioscos, procediéndose a su inutilización.

IV. Asimismo esta Delegación Nacional prohíbe a todos los organismos de prensa dependientes de la misma, la publicación de trabajos de este autor, bien con el pseudónimo de “Juan Bautista España”, bien con el nombre propio, que ha resultado ser el de “Juan Bautista Bergua”, propietario de la Editorial de su nombre en Madrid, editor y autor de obras naturistas, comunistas e inmorales.

V. La presente circular deberá publicarse durante tres días en las primeras planas de todos los periódicos dependientes de esta Delegación Nacional.

Conviene resaltar que el sacerdote Fermín Yzurdiaga (1903-1981), vieja guardia de la Falange de Navarra subordinaba la ideología falangista a la religión. De hecho, no se afilió a las JONS por su carácter «casi antirreligioso» y para ingresar en FE exigió pruebas de confesionalidad.{43} Sin duda, estaba más cerca, como miembro de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas (ACNdP), del nacionalcatolicismo franquista que del nacionalsindicalismo.{44} La prohibición y recogida del libro no nos pueden extrañar en absoluto, si tenemos en cuenta el contenido que hemos extractado. Es más, es increíble, como ja hemos dicho, que pasara el control de la censura, y todavía más, que tardasen ocho meses en decretar el nihil obstat

En relación con el libro de Bergua, queremos mencionar que, coincidiendo con la publicación de la circular de Fermín Yzurdiaga, se publicó en la zona gubernamental un folleto que llevaba por título: La traición de los Franco. ¡Arriba España! (Madrid, Imprenta de Sánchez, s.a., 28 páginas).{45} Como autor, figura Luis Pagés Guix, que sin duda alguna no es un nombre auténtico. Nunca se ha sabido quien se ocultaba debajo del seudónimo. Como el folleto es muy elogioso para Rafael Garcerán, pasante del bufete de José Antonio y con antecedentes de militancia socialista, se ha sugerido que este era el autor. Pero esta suposición es rechazada por Southworth con fundamento en el testimonio de Julian Zugazagoitia.{46} Según éste, que fue ministro de la Gobernación en el Gabinete de Negrín, Pagés era «un falangista que realizó el viaje desde el Japón, donde se encontraba al producirse la rebelión, para incorporarse a ella como soldado de filas»{47} Por su parte, el autor, que dice escribir el folleto en diciembre de 1937, se presenta como un falangista  que ha «salido de la España “salmantina” por espontánea voluntad propia, por libérrima decisión de mi espíritu. Allí están mis afectos y mis amistades y está todavía mi esperanza en el propio Fernández Cuesta.» En mi opinión, Luis Pagés Guix, que oculta su identidad bajo dos apellidos de origen catalán, pudo ser el falangista mallorquín Martí Pou Rosselló, casado con la filipina Luisa Valdés, y que fue comisionado, a principios de agosto de 1936, para la obtención de armamento italiano destinado a la defensa de Mallorca; en 1937, fue designado por el Servicio Exterior de FET jefe de la Falange en Filipinas; antes de marchar a su destino, tuvo contactos con los falangistas hedillistas exiliados en Biarritz; cuando regresó de Manila (a finales de 1938) fue expedientado y apartado de Falange, hasta tal punto que el Marqués de Zayas, primer jefe provincial de la Falange balear, no lo menciona en su libro Vieja Guardia de Baleares; pero dejo para otra ocasión profundizar en esta hipótesis.

El folleto empieza haciendo un elogio de la revolución: «Se ha dicho que la revolución es el recurso de las armas para derribar opresiones ilegítimas y reconstruir la sociedad sobre bases de economía sana y de moral elevada. Por esto el nacionalsindicalismo fue francamente revolucionario. Y por ello mismo se situó, desde el primer momento, fuera de la órbita y ajeno al populismo cedista y de la restauración monárquico-alfonsina.» Pero lo que nos interesa es lo que dice más adelante: «En su desconfianza de Queipo de Llano, Franco y Mola daban la impresión de haber cerrado un pacto: uno sería generalísimo y Jefe del Estado y el otro político y Presidente del Consejo de Ministros… Y comenzó la era de las conferencias por radio acerca de lo que sería el futuro Estado. Mola era el general ilustrado del triunvirato, había publicado famosas memorias, diz (sic) que poseía una cultura táctico-militar prodigiosa y además estaba dotado de la voz clásica del político español: grandes frases, períodos sonoros y falta de doctrina; sus tres intentos de gabinete hábilmente zurcidos en los salones del Cuartel General del Norte fracasaron. Su antifalangismo{48} le restó simpatías. Y Nicolás Franco le ganó de la mano en estrategia política. Cierto que recurrió al crimen, cosa que Mola no concebía siquiera, pero impuso a su familia.»

La tesis de «Luis Pagés» es que Nicolás Franco manipuló a Hedilla para provocar los incidentes entre falangistas,{49} en Salamanca, con el resultado de dos muertos (de ahí que hable de crimen), para que su hermano, el Generalísimo, se hiciera con el control de la Falange y del Requeté. Además, añadimos por nuestra parte, se impedía que Mola (que ya tenía el apoyo de los carlistas y seguramente el de Hedilla) se saliese con su pretensión de ser jefe del Gobierno. Por supuesto, el pacto entre Franco y Mola, que menciona el folleto, es pura imaginación del autor. Es más, «El director» no sólo contaba con el apoyo de las milicias (requetés i falangistas), sino que también tenía el del denominado «partido militar», integrado, además del propio Mola, por los generales Queipo de Llano, Cabanellas y Saliquet, a los cuales habría que añadir Varela, que era el general de los carlistas. Según relata Maíz: «Recuerdo tres ocasiones en que el general estuvo a punto de decidirse [es decir, a nombrar un Directorio militar que substituyera a Franco]. La primera, cuando Franco suspendió sus discursos. ¿Quién podía imponerle silencio en materia del Movimiento? La segunda, el 16 de marzo, en Valladolid, ante la llamada de tres compañeros que pesaban y medían el fracaso de Guadalajara, el famoso “quinto tropiezo”. ¿Vamos?, decía la llamada. La tercera en Vitoria el día 2 de junio, una vez colgado el aparato telefónico en su última conferencia con Franco: “Sí. Lo comprendo todo, pero yo “no paso por eso” ¿Qué podía suceder? ¿De qué se trataba? Nadie lo supo. Veinticuatro horas después ya no vivía. Aquello, lo que quiera que fuese, pasó por encima de su cadáver.»{50} Como veremos, más adelante, en esta tercera vez, si se decidió a dar el paso, pero no pudo terminarlo.

Como dice Serrano Suñer, Mola «estaba dispuesto a plantearle [a Franco] la desacumulación del Poder; de manera que siguiera Franco de Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos, y le cediera la Jefatura del Gobierno».{51}

Como es sabido, en el pliego de cargos que redactaron los miembros de la Junta de Mando Provisional para destituir a su presidente, Manuel Hedilla, el 16 de abril de 1937, se hacía referencia a los rumores que circularon de que iba a formarse un Gobierno presidido por Mola y en el que figuraba como ministro Manuel Hedilla, sin que éste lo hubiese comunicado a la Junta de Mando. Hedilla, tres días después, ante el Consejo Nacional, lo negó rotundamente. Pero lo cierto es que la Guardia Civil, en el registro realizado en el domicilio de Rafael Garcerán (el ideólogo de la conjura contra Hedilla), se había encontrado «otro escrito referente a la lista propuesta por el Señor Hedilla al General Mola de los cargos de Ministerios». Como señala el historiador de la Falange, Joan Maria Thomàs: «Se desconoce si este documento era auténtico o no, ya que ha desparecido del sumario. Pero, en todo caso, explica la acusación de los vocales de la Junta de Mando Provisional contra Hedilla. Por lo demás, hay que señalar que éste no estaba siendo del todo sincero ante el Consejo Nacional, ya que sabía por informes internos, de principios de marzo de 1937, de un nonato proyecto de gobierno del que hubiera formado parte. Que no se hubiera llevado a cabo, no significa que se no se hubiese planteado en algún momento.»{52}

VI. Emilio Mola y la Falange

¿Obedecía, pues, el libro de Bergua a promover y difundir un entendimiento entre Mola y Hedilla, con el objeto de apartar de la política a Franco?  El inicio de la redacción del libro coincidió con en el discurso de Mola, retransmitido por Radio Nacional el día  27 de febrero de 1937, en el que exponía las líneas fundamentales del nuevo régimen: «España es una unidad histórica que repudia el separatismo; […] reconocimiento de la personalidad histórica de España y puesto preeminente en el concierto de los pueblos libres; […] plena soberanía que excluye en forma terminante la mediatización extranjera  y aún el consejo egoísta; […] el Estado ha de ser un instrumento completamente totalitario al servicio exclusivo de la Patria; […] subordinación de todos los individuos al interés común; organización corporativa por ramas de la producción, con representación efectiva en el aparato económico para evitar la lucha de clases; […] respeto a la propiedad privada con títulos de legitimidad moral; protección del ciudadano contra la explotación del capital especulador; trabajo obligatorio y subsidio al que no lo encuentre; apoyo decidido a la agricultura; corporativismo en aquellas explotaciones agrícolas en las que no sea posible el desenvolvimiento individual; trabajo intensivo de las tierras, dedicando cada una, por razón de sus condiciones, a la producción más adecuada; regularización y nacionalización de las industrias; impuestos con arreglo a la situación de individuos y sociedades, con severísimas sanciones a los defraudadores y a quienes lo toleren; […] educación premilitar y creación de un Ejército, de una Marina y una flota aérea para asegurar con eficacia la integridad nacional y nuestro tráfico comercial.»

Se trata de un programa regeneracionista que coincide literalmente con la Norma Programática de Falange. En Nueva Aurora hay continuas referencias a la similitud de las directrices expuestas por Mola con el programa nacionalsindicalista. Mola añade el tema de la fiscalidad y omite los puntos más radicales de la Norma Programática (como, por ejemplo, la nacionalización del servicio de banca, la sindicalización de los grandes servicios públicos y la expropiación sin indemnización de las tierras cuya propiedad haya sido adquirida o disfrutada ilegítimamente).

En el discurso, hay una advertencia de Mola: «Si el día de mañana, una vez terminada la guerra, la masa española cree que no se lleva a cabo lo que soñó y pretendió conquistar a costa de buen precio de sangre, seguro estoy de que llamaría a engaño y se sublevaría con justa razón contra quienes creyera que le habían estafado. No cabe opción. Vox populi, vox Dei.»{53}

El programa expuesto por Mola, según Jaime Ignacio del Burgo, está «inspirado en la doctrina social de la Iglesia, capaz de sintonizar con las capas populares de la España nacional y que en modo alguno aventuraba la configuración de un Estado totalitario, dictatorial y fascista.»{54} Sería por ese motivo que no fue del agrado del Generalísimo. Según Félix Maíz, ayudante civil de Mola: «No gustó en Salamanca, repetimos, el discurso del general Mola. El claro y rotundo “Tú te callas” (así estaba escrito en el cuaderno) impuso el silencio definitivo en la tribuna del general. El tercer discurso preparado para el mes de marzo, no se puso en limpio.»{55}

En el tercer discurso, del cual desgraciadamente no se conserva ningún borrador, Mola pretendía tratar de la cuestión de la forma de gobierno: Monarquía o República. Félix Maíz nos informa que: «Durante el parón invernal de las operaciones, después de las batallas de Madrid y antes de las nuevas levas proyectadas, el general Mola quiso una vez más conocer opiniones sobre la tendencia política de la oficialidad. El resultado fue que un 70% aproximadamente de los oficiales del Ejército sublevado eran de opinión republicana, entre un 12% y un 15% se mostraban indiferentes y el resto era favorable a un régimen monárquico. La oficialidad propia de las milicias carlistas y falangistas no fue consultada.»{56} A pesar de su monarquismo, Franco no quería ni república ni monarquía, sino ser el Caudillo de un régimen dictatorial.

Según Serrano Suñer, a finales de mayo hubo un encuentro (en realidad, este tuvo lugar el 14 de mayo y fue el último que tuvieron) en Burgos entre Franco y Mola y, a la salida del despacho, éste le comento: «El Caudillo ya no escucha. Ese coro de aplaudidores le tiene cegado, pero yo ya estoy determinado. El próximo día que venga, pienso proponerle oficialmente que me deje asumir la jefatura de gobierno y que se quede con la del Ejército, el Estado y el partido.»{57} (La cursiva es mía).

Ahora bien, el hecho de que, inmediatamente después del accidente, los agentes de Franco se apoderasen (robasen, dice Maíz) la documentación que Mola guardaba en la Jefatura del Cuartel General del Norte, nos impide conocer con exactitud hasta dónde estaba dispuesto llegar “El director” en su enfrentamiento con Franco y hasta dónde estaba Hedilla involucrado en los planes de Mola. Seguramente, uno de los motivos de la incautación de los papeles tenía por objeto primordial apoderarse de la correspondencia de Primo de Rivera con Mola. Esas cartas nos hubiesen permitido conocer las condiciones que el jefe de Falange negoció para apoyar la insurrección militar. Según su hermano Miguel: «José Antonio tenía correspondencia frecuente con el General Mola, el cual le tenía al corriente de todo. Por cierto, que esta correspondencia interesantísima y de precioso valor nacional, hubimos de quemarla a los seis o siete días del movimiento, porque las cosas se ponían muy graves para nosotros y ocultarla era imposible. Yo espero que la viuda del ilustre militar conserve las cartas que su marido recibió de mi hermano. Me alegraré qué así sea y que se conozcan, porque su contenido aclarará algunos puntos todavía confusos.» (La cursiva es mía). ¿Por qué no se preocupó de preguntar a la viuda de si existían las cartas? Curiosamente, unas páginas más adelante, dice que: «Tenía José Antonio entre otras cosas las cartas que se cruzaron entre él y el General Mola […] Vacilaba José Antonio sobre el partido que debía tomar con esas cartas, pues le daba lástima –y tenía razón para ello– destruir aquellos interesantes documentos, en los que muchos detalles de la preparación del movimiento estaban escritos. Consultó conmigo […] y el paquete, con las cartas del General Mola y los borradores de José Antonio, fue enterrado en un pasillo de la cárcel de Alicante»{58}.  (La cursiva es mía) ¿Cómo quedamos, las cartas fueron quemadas o fueron enterradas? Porque si fueron enterradas, ¿por qué no se recuperaron una vez terminada la guerra? ¿Por qué, si eran interesantísimas y de precioso valor nacional y contenían muchos detalles de la preparación del movimiento, no nos dio un resumen, o por lo menos, algunos detalles importantes?{59}

En la última carta conservada de antes de la guerra (datada el 12 de julio), dirigida al escritor vanguardista i exfalangista Ernesto Giménez Caballero, José Antonio escribe: «Otra experiencia falsa que temo es la de la implantación por vía violenta de un falso fascismo conservador, sin valentía revolucionaria ni sangre joven. Claro que esto no puede conquistar el Poder; pero ¿y si se lo dan?»{60} Primo de Rivera se refiere a los monárquicos aglutinados en torno al Bloque Nacional de Calvo Sotelo, que, precisamente, sería asesinado por una patrulla de guardias de asalto (aunque el ejecutor material fue un pistolero socialista) el día siguiente de la misiva (la madrugada del 13 de julio de 1936). Según José María Gil Robles, líder de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA): «Yo tengo una seguridad grande de que Franco no tuvo ningún disgusto en que desapareciera José Antonio […] porque José Antonio nunca quiso una sublevación militar. De esto tengo noticias exactísimas. Quería un golpe falangista. Podía admitir como un instrumento necesario la colaboración de militares, pero un golpe militar estructurado para dar lugar a una dictadura militar, ¡jamás! Esto es segurísimo{61} (La cursiva es mía).

Queremos terminar, reformulando una serie de preguntas:

a) ¿Por qué Bergua no se refirió nunca a Nueva Aurora? ¿Por qué nadie –si exceptuamos la circular de Yzurdiaga– ha relacionado a su autor con la Falange?

b) ¿Quién autorizó la publicación de Nueva Aurora? Ya he dicho que es del todo increíble que un libro que lleva en la cubierta el escudo y en la contracubierta la bandera de Falange no tuviese la aprobación de la jerarquía falangista o de las autoridades del Estado. Sobre todo, si tenemos en cuenta el subtítulo de la obra (Exégesis de la doctrina sobre la que resurge la verdadera España). ¿Es de creer que un preso, con antecedentes comunistas, se atribuyese la autoridad de pontificar, en nombre de Falange, sobre la doctrina nacionalsindicalista? No olvidemos que el libro no es clandestino, sino que lleva el nombre de la imprenta. ¿Estaba enterado el general Mola del contenido de la obra? Todo indica que sí. De ahí la dedicatoria del libro.

c) ¿Es posible que hubiese algún tipo de acuerdo entre Mola y Hedilla? Después de lo expuesto, creemos que sí.{62}  ¿Trataba Mola de dar cumplimiento a lo pactado con Primo de Rivera? Sin duda, la coincidencia de los programas es una prueba de ello. Así como la desaparición de la correspondencia entre el general y el líder falangista ¿Tuvo algo que ver todo eso con la muerte del general Mola? ¿Eso explicaría el exilio de Bergua? ¿Es ese el motivo por el cual Bergua se refiere al «asesinato» de Mola?

Es cierto que Serrano Suñer rechaza enérgicamente el sabotaje: «Algunos, que nunca faltan, apoyaban esta hipótesis en la noticia de la que poquísimos sabíamos, que en aquel viaje Mola venía a pedir para él la jefatura del Gobierno, quedando Franco con la del Estado, el ejército y el partido, que ya daban lugar a grandes preocupaciones y problemas.»{63} (La cursiva es mía). Seguramente, entre los poquísimos que lo sabían, se hallaba Bergua y por eso hablaba de asesinato. Su fuente de información pudo ser el coronel Moreno Calderón, cuando lo sacó de la cárcel y, temiendo por su vida (sabía demasiado), lo mandó al exilio. Es muy significativo que Serrano reconozca (¿o, más bien, se autodelata?, en 1994, cuando ya tenía 93 años), antes nunca lo había hecho, que Mola no viaja para visitar el frente, como siempre se había dicho, sino que lo hacía pedir para pedir la jefatura del Gobierno ¿Fue la muerte de “El director” un caso más de la famosa baraka de Franco, como asegura la versión oficial?{64} El lector discreto responderá a esta pregunta que le hacemos, sin que afirmemos por nuestra parte en uno u otro sentido, pues podrían algún día resultar nuevas pruebas que demostrasen que el Generalísimo tuvo algo más que baraka.

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{1} Samet Letichevsky, S.: «Juan B. Bergua y la novela antigua», El Catoblepas, núm. 176 (octubre 2016), pág. 11.

{2} La beca, concedida por la Junta de Ampliación de Estudios, consistía en 400 pesetas mensuales (6 meses) y 300 pesetas para viaje. Como curiosidad, a Manuel Azaña, en la misma fecha, le fue concedida una beca, también para ir París, por la misma cantidad mensual, pero 350 pesetas para el viaje.

{3} Antes de la Guerra Civil, el nombre de la firma era Librería-Editorial Bergua; después de 1939, Ediciones Ibéricas. La última denominación que tuvo la editorial, que despareció en 2011, era Crítica Literaria, que regentaba Ana Bergua, nieta del fundador.

{4} «El PCLE llegaría a tener más de 12.000 afiliados, superando en número al Partido Comunista prosoviético oficial existente. Su carrera política no duró mucho, después que estos últimos le amenazaran de muerte, viéndose obligado a esconderse en Getafe», cf. «Resumen de la vida del crítico y editor Juan Bautista Bergua» en criticaliteraria.com (02.03.2011).

{5} Bergua escribe: «Asesinado».

{6} Cuando estalló la guerra, José Bergua se encontraba en la zona nacional, de vacaciones en el pueblo de su mujer, Aranda Del Duero.

{7} Martínez Rus, A.: Expolios, hogueras, infiernos. La represión del libro (1936-1951) represura.es.

{8} España, Juan Bautista (pseudónimo de Juan Bautista Bergua): Nueva Aurora (Ávila 1937), pág. 8.

{9} Las Memorias de mi paso por la Dirección General de Seguridad de E. Mola, fueron publicadas en tres volúmenes: Lo que yo supe…; Tempestad, calma, intriga y crisis, y El derrumbamiento de la Monarquía. Además, en 1934, Bergua le publicó El pasado, Azaña y el porvenir.

{10} Estos datos proceden de la nota biográfica «Nuestro origen», publicada en la web de Ediciones Ibéricas (11.11.2009) criticaliteraria.com

{11} Bergua, J. B.: «Noticia biográfica…»; ob. cit.

{12} Maíz, B. F.: Mola frente a Franco. Guerra y muerte del General Mola (Pamplona 2007), n. 77, pág. 145.

{13} Ibídem, pág. 575.

{14} Andres-Gallego, J. y A. M. Pazos: Archivo Gomá. Documentos de la Guerra Civil (Madrid 2004), Vol. 6, pág.  221. Tomo la cita del libro MUÑOZ BOLAÑOS, R.: Guernica. Una nueva historia (Barcelona 2017), pág. 224. Este mismo autor recoge del testimonio oral del falangista Ángel Alcázar de Velasco, «encarcelado en Salamanca cuando se produjo la muerte del general, afirmó que conoció allí a los asesinos de Mola con los que habló.», n. 42, pág. 279.

{15} Serrano Suñer, R.: Memorias. Entre el silencio y la propaganda, la Historia cono fue (Barcelona 1977), pág. 159.

{16} Con ese mismo título, Asesinos de España, se publicó en 1936 otra obra, que era un resumen de las otras tres, y de la cual se distribuyeron gratuitamente 100.000 ejemplares, especialmente entre los oficiales del Ejército, y que era sufragada, según se dice, por los conspiradores monárquicos. Aunque figura editada por Ediciones Hispanismo, no eixste duda alguna de que es la misma editorial que Ediciones Bergua.

{17} Sobre Carlavilla, existe un interesante trabajo de Connolly de Pernas, E.: «Mauricio Carlavilla: el encanto de la conspiración», Hybris, núm. 23 (Alcoy 2004), pág. 4-19.

{18} Según el jefe del Servicio de Información de FE de las JONS, el capitán José Chamorro García: «Ese mismo día por la noche fue el atentado […] contra Mauricio Karl, del que consiguió escapar; habiéndose dado órdenes posteriormente para averiguar dónde estaba y terminar de una vez con él.» Lo tomo de Thomàs, J. M.: El gran golpe. El caso Hedilla o cómo Franco se quedó con Falange (Barcelona 2014), pág. 34. El hermano de José Chamorro, Ángel, era el piloto del general Mola y murió en el mismo accidente.

{19} Comentando las palabras de Largo Caballero: «El fusilamiento de Primo de Rivera fue motivo de profundo disgusto para mí, y creo que para todos los ministros del Gabinete»; escribe: «Otra razón hay para que Largo trate por todos los medios de eludir la responsabilidad en el asesinato de José Antonio. Su hijo Francisco ha estado en poder de los falangistas desde principios del mes de septiembre de 1936 –en ese mes, a disposición de quien esta nota escribe– y su padre no puede alegar que fuese fusilado ni siquiera que sufriese malos tratos jamás, aunque oculte que este hijo y otro que tenía en Monforte de Lemus fueran canjeados.»; véase Largo Caballero, F.: Correspondencia secreta (Madrid 1961), nota 5, pág. 265. Eso es todo. Ninguna explicación del porqué del fracaso de un canje que, según Salvador de Madariaga, «hubiera podido cambiar el rumbo de la historia de España»; cf. Madariaga, S.: General, márchese usted (Madrid 1992), pág. 62.

{20} Karl, M.: Sodomitas, (Madrid 1956), pág. 11 (cito por la edición de 1973). Una muestra de la categoría intelectual y moral del personaje: «Anotemos también esa coincidencia entre Comunismo y Sodomía; una coincidencia plenamente histórica y absolutamente demostrada.» (pág. 15).

{21} Hay una referencia de Nueva Aurora en Díaz Nieva, J. y E. Uribe Lacalle: El yugo y las letras. Bibliografía de, desde y sobre el nacionalsindicalismo (Madrid 2005), pág. 326. Pero los autores de la exhaustiva recopilación bibliográfica no identifican a la persona que se esconde detrás del pseudónimo; sino que se limitan a decir: «Libro redactado antes de la Unificación y publicado justo después de la misma.» Pérez Monfort, R.: Breve antología de documentos hispanistas (1931-1948) (México 1990), reproduce un capítulo de Nueva Aurora («Nosotros y el imperialismo»), pero tampoco menciona al autor real del libro.

{22} Serrano Suñer escribe sobre Mola: «Había escrito un libro de memorias muy estimable que publicó el editor Bergua tenido por anarquista y a quien él dispensó luego el amparo que necesitaba.»; cf.: Serrano Suñer, R.: Memorias…, ob. cit., pág. 212. Parece claro que Serrano Suñer, que en aquellos momentos era el factótum político del Cuartel General del Generalísimo (de ahí que fuera conocido como el «cuñadísimo»), conocía que Bergua era un protegido de Mola y, por supuesto, hubo de tener conocimiento de la existencia de Nueva Aurora, pero ¿por qué no menciona el libro?

{23} Así escribe: «Tal ocurre muy especialmente con el Comunismo, doctrina y tendencia, a mi juicio, la más perfecta entre las diversas en que ha proliferado el socialismo; la más justa, la de más ilustre abolengo […]  y la única capaz de resolver la cuestión social con la justicia y rapidez que los más elementales deberes de humanidad quieren y las clases obreras reclaman.»; Los credos libertadores, pág. 140. La cursiva es del autor.

{24} Esos tres discursos eran los pronunciados, en Madrid, el 29 de octubre de 1933, el 19 de mayo y 17 de noviembre de 1935.

{25} Laín Entralgo, P.: Descargo de conciencia (1930-1960) (Barcelona 1976), pág. 180. Un novelista tan escéptico como Llorenç Villalonga, autor de Bearn, anota en su Diario, el mes de septiembre de 1937: «Yo he amado mucho a la Falange. Los escritos de José Antonio –poesía, razón y pragmatismo– me han seducido.»; cf. Villalonga, L.: Diario de guerra (Valencia 1997).

{26} Llorenç Villalonga anota en su Diario de guerra (noviembre de 1937): «De dónde procede nuestra debilidad mental –nuestra histórica debilidad mental– es cosa que no es para examinarla al correr de la pluma ni en un diario como éste, donde me he propuesto pensar poco. Pero tal vez procede de tres o cuatro siglos de clericalismo, siendo el clericalismo el único sistema por el que puede regirse España.»

{27} El fundador de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS), Ledesma Ramos, fue el dirigente que más se acercó a posiciones anticlericales: «De todas formas, no seremos nosotros los que neguemos cierta eficacia rotunda a las llamas purificadoras. Pero no se trata de esto […] Saciar el entusiasmo revolucionario quemando conventos es el más claro indicio de la limitación revolucionaria de las turbas.»; cf.  Ledesma Ramos, R.: ¡Hay que hacer la Revolución Hispánica! (Madrid 1931), pág. 38-39.

{28} El 1 de diciembre de 1934, el marqués de la Eliseda, que eran el sostén económico del partido, anunció que se apartaba de la Falange, ya que «el movimiento nacionalsindicalista adopta una actitud laica ante el hecho religioso, y de subordinación de los intereses de la Iglesia a los del Estado». El trasfondo de todo eso era el intento de ahogar económicamente el partido para que se integrase en el Bloque Nacional, que acaba de crear Calvo Sotelo. Para evitarlo, Primo de Rivera pidió ayuda económica a Mussolini. Una vez desligado de las «derechas», comenzó la radicalización de José Antonio (antimonarquía, anticapitalismo y reforma agraria).

{29} Bergua, J. B.: Los credos libertadores (Madrid s f), pág. 172.

{30} Primo de Rivera, J.A.: «Cuaderno de notas de un estudiante europeo», en Obras completas (Madrid 2007), t. II, pág. 1562. En la conferencia pronunciada en el Círculo de la Unión Mercantil e Industrial de Madrid (9 de abril de 1935), ya había dicho: «Esto del Estado corporativo es otro buñuelo de viento […] Este recurso mantiene hasta ahora intacta la relación del trabajo en los términos en que la configura la economía capitalista; subsiste la posición del que da trabajo y la posición del que arrienda su trabajo para vivir.» O. C., pág. 945.

{31} El introductor del personalismo comunitario en España fue José Bergamín, a través de la revista Cruz y Raya. En esta revista colaboraron, entre otros escritores izquierdistas, falangistas como Sánchez Mazas, Luys Santa Marina, Luis Felipe Vivanco, Luis Rosales y Leopoldo Panero. Bergamín, que permaneció fiel a la República y que durante la Transición dio apoyo a Herri Batasuna, era amigo de José Antonio. Según el profesor Legaz y Lacambra, «El nacionalsindicalismo […] resulta la forma más seria de ser personalista y humanista.» y que «José Antonio es uno de los más bellos ejemplos de humanismo integral realizado egregiamente en su persona»; Legaz y Lacambra, L.: Introducción a la Teoría del Estado Nacionalsindicalista (Barcelona 1940), pág. 252 y 257. No deja de sorprender que, en plena hegemonía de los fascismos en Europa, Legaz relacione el pensamiento de Primo de Rivera con el personalismo cristiano de Mounier i Maritain.

{32} Imatz, A.: José Antonio: entre odio y amor. Su historia como fue (Barcelona 2005), pág. 316-317.

{33} Ibídem, pág. 40.

{34} Los servicios de Propaganda de Falange habían establecido la costumbre de imprimir y hacer circular los discursos de José Antonio Primo de Rivera en las fechas de su primera alocución. En febrero de 1937, cuando quisieron difundir el pronunciado en el Cine Europa, los monárquicos instalados en la Dirección de Prensa y Propaganda del Estado lo prohibieron; cf. Ridruejo. D.: Casi unas memorias (Barcelona 19676), pág. 87.

{35} Discurso del Círculo de la Unión Mercantil, O. C., pág. 94

{36} Intervención parlamentaria en el debate sobre la reforma de la Ley de Reforma Agraria (23 de julio de 1935); O. C., pág. 1087-1088. Este discurso provocó que «las derechas» calificasen a José Antonio de bolchevique; cf. Primo de Rivera, J. A.: «Palabras de un bolchevique», ABC (Sevilla, 31 de julio de 1935); O. C., pág. 1096-1097.

{37} Ledesma Ramos, R.: ¡Hay que hacer la Revolución…!, ob. cit., pág. 25.

{38} Primer discurso en el cine Madrid (Madrid, 19 de mayo de 1935); O. C., pág. 994 y 1001. Como dejó escrito el monárquico antifranquista Juan Antonio Ansaldo: «José Antonio no era monárquico»; cf. ¿Para qué…? (De Alfonso XIII a Juan III) (Buenos Aires 1951), pág. 79.

{39} Alocución pronunciada el 14 de marzo de 1937. cf. Jerez Riesco, J. L. (comp.), La Falange del silencio. Escritos, discursos y declaraciones del II Jefe Nacional de Falange (Madrid 1999), pág. 130-131.

{40} Discurso pronunciado por Inter-Radio Salamanca, día 24 de diciembre de 1936; ibídem, pág. 82.

{41} Ruiz Vilaplana, secretario judicial, se hace eco de los rumores que había en Burgos sobre la formación de un Gobierno presidio por Mola, que se constituiría al ser conquistado Bilbao; cf. Ruiz Vilaplana, A.: Doy fe… Un año de actuación en la España nacionalista, (s. l. 1937), pág. 53.

{42} La circular que publicamos es una reproducción de la que fue insertada en el diario falangista Odiel, de Huelva, de 26 de enero de 1938.

{43} Cf. Martínez Sánchez, S.: El Dios y el César de Fermín Yzurdiaga, 1936-1939. En un discurso pronunciado en noviembre de 1937 dijo: «Ahí tenéis los tres fundamentos del Nuevo Estado, Imperialismo, Fe, Nacionalsindicalismo.»

{44} Se podrá objetar que Onésimo Redondo (fundador, con Ramiro Ledesma, de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista) también era miembro de la ACNdP; pero Redondo siempre representó, a pesar de su elevado sentido de la justicia social, el sector ultraderechista de Falange. Se podría decir que, en los temas de carácter político, estaba más cerca de Calvo Sotelo que de Primo de Rivera.

{45} Del folleto existe una traducción en lengua catalana de 1938, editado por el Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya.

{46} Cf. Southworth, H. B.: Antifalange (París 1967), pág. 188. Con posterioridad, Alcázar de Velasco, sin decirlo expresamente, da a entender de forma diáfana que Garcerán es el autor; cf. Alcázar de Velasco, A.: Los 7 días de Salamanca (Madrid 1976), pág. 241-242. Es cierto que Garcerán nunca negó esta autoría, a diferencia de Vicente de Cadenas (Jefe Nacional de Prensa y Propaganda de Falange, que se exilió a raíz del Decreto de Unificación; cf. García Serrano, R.: La gran esperanza, Barcelona 1983, pág. 227.) Pero Garcerán siempre fue un personaje controvertido dentro de Falange, que no dejó, que sepamos, nada escrito sobre su actividad política.

{47} Zugazagoitia, J.: Guerra y vicisitudes de los españoles (cito por la edición de 1978), Barcelona, T. I, pág. 60.

{48} Como se verá a continuación ese «antifalangismo» no era cierto; sino todo lo contrario.

{49} «En su cuaderno escribía el general Mola: “¿Golpe de Hedilla? Ni por asomo. Todo amañado. El ‘golpe’ ha sido mortal para carlistas y falangistas”.»; cf. MAÍZ, B. F.: Mola frente a Franco…, ob. cit., pág. 432.

{50} Maíz, B. F.: Mola frente a Franco…, ob. cit., pág. 564.

{51} Serrano Suñer, R.: Memorias…, ob. cit. pág. 213.

{52} Thomàs, J. M.: El gran golpe..., ob. cit., pág. 141-142. En mi opinión, el que el documento haya desaparecido del sumario es una prueba de su autenticidad.

{53} Compárese con lo que dijo José Antonio en el discurso pronunciado en Mota del Cuervo (Cuenca), el día 30 de mayo de 1935: «Muchos habrán venido a prometeros cosas que no cumplieron jamás. Yo os digo esto: nosotros somos jóvenes; pronto –lo veréis– tendremos ocasión de cumplir o incumplir lo que predicamos ahora. Pues bien, si os engañamos, alguna soga hallaréis en vuestros desvanes y algún árbol quedará en vuestra llanura; ahorcadnos sin misericordia; la última orden que yo daré a mis camisas azules será que nos tiren de los pies, para justicia y escarmiento.» Obras completas, ob. cit., pág. 1028.

{54} Del Burgo, J. I.: «Introducción» a Maíz, B. F.: Mola frente a Franco…, ob. cit., pág. 140.

{55} Maíz, B. F.: Mola frente a Franco…, ob. cit., pág. 396-397. En cambio, el discurso del 28 de febrero de 1937 obtuvo la aceptación de José María Gil Robles: «Como simple ciudadano, permítame le exprese una total conformidad con sus ideas.» Ibídem, pág. 142.

{56} Ibídem, pág. 463.

{57} Merino, I.: Serrano Suñer. Historia de una conducta (Barcelona 1996), pág. 224.

{58} Escrito de Miguel Primo de Rivera, sin datar, recogido por su sobrino en Primo de Rivera y Urquijo, M.: Papeles póstumos de José Antonio (Barcelona 1996), págs. 221 y 233. Hay una nota del recopilador que dice: «Este testimonio de Miguel Primo de Rivera, de cuyo original mecanografiado falta una página, está inconcluso». Es decir, que el relato de Miguel se interrumpe con el golpe de estado. ¡Vaya, ya es mala suerte! Nos quedamos sin conocer el trasfondo de las gestiones que hizo José Antonio, a principios de agosto, para parar la guerra ni de la propuesta de un Gobierno de Reconciliación Nacional integrado por republicanos moderados y el socialista Prieto;  tampoco nos da información del bombardeo que sufrió Alicante, a principios de noviembre, por parte de aviones italianos que procedían de Mallorca, y que fue determinante en el fusilamiento del líder falangista, como dejó escrito Manuel Azaña, hasta el punto que las masas intentaron asaltar la prisión para asesinar a los hermanos Primo de Rivera.

{59} Los únicos detalles que cuenta es que José Antonio, después del asesinato de Calvo Sotelo, transigió en que, en lugar de la camisa azul, «aceptaba el uniforme militar como muy honroso traje para sus camaradas». Y en que le apremiaba para la sublevación «¿Es que el hecho de un diputado a cortes asesinado por orden del Gobierno no es motivo que justifique y disculpe toda violencia?» (pág. 223). Parecer ser, pues, que transigió sólo en una cuestión formal y accesoria, la indumentaria de las milicias (y eso debido a la impresión que le produjo asesinato de Calvo Sotelo); pero no en temas de calado político o doctrinal.

{60} «Pero creo que eso se evitará [el falso fascismo conservador]: mediante una negociación delicadísima que llevo en persona y que me permite casi asegurar que no se hará nada sin acuerdo previamente concertado con nosotros […]  No siendo así ocuparíamos un mero papel de comparsas, que es el que se aspiraba a adjudicarnos», carta de José Antonio a Onésimo Redondo, de día 3 de julio de 1936, recogida en Martínez de Bedoya, J.: Memorias de mi aldea (Valladolid 1996), pág. 90-91. (La cursiva es mía).

{61} Gibson, I: En busca de José Antonio (Barcelona 1980), pág. 237.

{62} Según Maíz: «Recordaba Mola la última visita del jefe de la Falange, en que pedía a Mola su intervención. Asimismo, recordaba el consejo de los comisarios carlistas celebrado en Valladolid. En ambos sobraba la razón para la adopción de una postura que pudiera solucionar de una vez un problema tan vital para la vida del Movimiento.»; Maíz, B. F.: Mola frente a Franco…, ob. cit., 459.

{63} cf. Serrano Suñer, R.: Política de España (1936-1975), (Madrid 1995), pág. 30. Se trata de unas conferencias impartidas en los Cursos de Verano de El Escorial 93-94. La fiabilidad del «cuñadísimo», al menos en algunas cuestiones (por ejemplo, la versión que dio de la reunión de Franco y Hitler en Hendaya), ha sido puesta en duda por diversos autores, entre ellos podemos citar a Ángel Viñas.  No hay que olvidar que Serrano, que era diputado de la CEDA, fue el cerebro y muñidor del Decreto de Unificación, que significó la muerte de la Falange de José Antonio (aunque, en realidad, la Falange auténtica estaba virtualmente muerta desde el 19 de julio, cuando el golpe de estado degeneró en guerra civil). En opinión de Vicente de Cadenas, Serrano fue un personaje funesto para la Falange.

{64} Es sabido que el general José Sanjurjo tenía que asumir la jefatura de las Fuerzas Armadas y del Gobierno que se constituyese por los sublevados, pero falleció el 20 de julio de 1936 al estrellarse, en Estoril (Portugal), la avioneta que lo tenía que trasladar a Burgos. «No cabe duda [de] que a Franco se le han ido muriendo todos aquellos que le estorbaban, y se han muerto precisamente cuando más necesaria era la muerte, y ninguno de muerte natural.», escribe Bravo Morata, F.: Franco y los muertos providenciales (Madrid 1979), pág. 11-12.

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