El CatoblepasSeparata de la revista El Catoblepas • ISSN 1579-3974
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El Catoblepas · número 206 · enero-marzo 2024 · página 7
Artículos

Proselitismo feminista en centros de investigación

Martín López Corredoira

Crónica desde el Instituto de Astrofísica de Canarias


motivo

1. Marco legal dentro de la Constitución española

La Constitución española (CE) ordena la neutralidad de los poderes públicos como una de las señas de identidad de nuestro modelo político y jurídico. La neutralidad se conforma como un presupuesto para la convivencia pacífica de aquellos que tienen diferentes convicciones, ideas y opiniones, en una sociedad plural y democrática. En concreto, el texto constitucional prohíbe la arbitrariedad de los poderes públicos (art. 9.3 CE), señala que la Administración Pública “sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la ley y al Derecho” (103.1 CE), y establece que los empleados públicos deben ejercer sus funciones imparcialmente (103.3 CE). Asimismo, el artículo 14 CE señala que “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

Las instituciones que fomentan la investigación y/o tienen una función docente, también deben preservar esa neutralidad. Por ejemplo, en el caso de la escuela de titularidad pública, el Tribunal Constitucional ha señalado que: “en un sistema jurídico político basado en el pluralismo, la libertad ideológica y religiosa de los individuos y la aconfesionalidad del Estado, todas las instituciones públicas y muy especialmente los centros docentes, han de ser, en efecto, ideológicamente neutrales” (STC 5/1981, de 13 de febrero, FJ 9).

Esta neutralidad en los centros públicos ha de sostenerse pues 1) se trata de evitar la discriminación de algunos trabajadores por razón de opinión; 2) son centros pagados con los impuestos de todos los españoles y no pueden estar en manos y al servicio solamente de un único grupo ideológico; 3) sería contraproducente para la educación y el trabajo de investigación que se cambie de orientación ideológica de un centro con los cambios de color político del Gobierno; 4) existe el riesgo de caer en totalitarismos de pensamiento único donde se supriman derechos fundamentales de libertad de cátedra. Los funcionarios de carrera no deben su posición al enchufismo político, sino a sus méritos independientes de sus orientaciones políticas, y por tanto no es admisible que un funcionario deba ser adoctrinado en función de las modas ideológicas que quiera imponer el Gobierno de un Estado o alguno de los centros públicos adscritos a un ministerio en un momento dado.

En la misma sentencia del Tribunal Constitucional antes citada se establece que la libertad de cátedra está amparada y garantizada por el art. 27 de la Constitución. El grado de madurez personal de los destinatarios de la enseñanza y el nivel científico de los conocimientos que a ellos se han de transmitir condicionan la amplitud de la libertad que cada profesor puede ejercer. El art. 20.2 establece que el ejercicio de la libertad de cátedra “no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa”. El legislador constituyente ha establecido aquí un rotundo y genérico favor libertatis. Esta libertad de expresión comprende la crítica de la conducta de otro, aun cuando la misma sea desabrida y pueda molestar, inquietar o disgustar a la persona a quien se dirige, siempre que no comporte algún otro tipo de delito.

Las organizaciones públicas o privadas no forman mundos separados y estancos del resto de la sociedad ni la libertad de empresa que establece el art. 38 del texto constitucional legitima que quienes prestan servicios en aquéllas, por cuenta y bajo la dependencia de sus titulares, deban soportar despojos transitorios o limitaciones injustificadas de sus derechos fundamentales y libertades públicas, que tienen un valor central en el sistema jurídico constitucional. Las manifestaciones de feudalismo industrial repugnan al Estado social y democrático de Derecho y a los valores superiores de libertad, justicia e igualdad a través de los cuales ese Estado toma forma y se realiza (art. 1.1 CE; STC 88/1985, de 19 de julio, FJ 2). En un Estado social de derecho, como el que consagra el artículo 1 de la Constitución Española, no puede sostenerse, con carácter general, que el titular de tales derechos no lo sea en la vida social (SSTC 18/1984, de 7 de febrero, y 177/1988, de 10 de octubre). Las instituciones o empresas no son territorios inmunes a los derechos fundamentales y libertades públicas de los trabajadores. La celebración de un contrato de trabajo no implica la privación, para el trabajador, de los derechos que la Constitución le reconoce como ciudadano (STC 88/1985, de 19 julio; 106/1996, de 12 de junio; 204/1997, de 25 de noviembre; 197/1998, de 13 de octubre; 80/2001, de 26 de marzo, y 20/2002, de 28 de enero). La jurisprudencia constitucional exige al trabajador el ejercicio según la buena fe de los derechos fundamentales y, en especial, de las libertades de expresión e información (SSTC 120/1983, de 15 de diciembre; 88/1985, de 19 de julio; 6/1988, de 21 de enero; 4/1996, de 16 de enero; 106/1996, de 12 de junio; 204/1997, de 25 de noviembre; 1/1998, de 12 de enero; 197/1998, de 13 de octubre; 90/1999, de 26 de mayo, y 241/1999, de 20 de diciembre). Cuando la materia tiene una relevancia pública, el Tribunal Constitucional da una clara preferencia a la libertad de expresión con respecto al principio de la buena fe (STC 1/1998, de 12 de enero).

La Constitución en su artículo 20 no reconoce un pretendido derecho al insulto (SSTC 6/2000, de 17 de enero; 49/2001, de 26 de febrero; 204/2001, de 15 de octubre, y 20/ 2002, de 28 de enero). Por lo tanto, la libertad de expresión de un autor expresando ideas generales, que no atropellan a ningún sujeto de derecho en particular ni entran en ilegalidad alguna, no puede ser contestada con insultos hacia tal autor. Es de considerar además la humillación de un trabajador en una empresa como un modo de acoso laboral, en tanto que va contra la integridad moral, como recoge el Código Penal. Se entiende por tal: “El hostigamiento psicológico u hostil en el marco de cualquier actividad laboral o funcionarial, que humille al que lo sufre, imponiendo situaciones de grave ofensa a la dignidad”. En junio de 2011, en virtud de la resolución del Ministerio de Política Territorial y Administración Pública, de 05/05/2011, el Gobierno aprobó un reglamento para regular el acoso laboral en la Administración. De acuerdo con dicha resolución, actuaciones como reprender a un funcionario reiteradamente delante de otras personas; difundir rumores falsos sobre su profesionalidad o vida privada; tomar represalias si ha protestado por la organización del trabajo, &c., serán consideradas acoso laboral.

2. Perspectiva de género, ¿ideología o información sobre igualdad de derechos?

Ideología es un conjunto estructurado de ideas provenientes de creencias, interpretaciones, emociones, valores u otros, que son compartidos por una colectividad de individuos (Etecé, 2022). Cuando las ideas son de carácter político, tienen por objeto describir la realidad social y proponer un método para incidir en ella. Son ideologías por ejemplo el comunismo, el fascismo, el catolicismo, el feminismo, &c., y muchos sustantivos con el sufijo -ismo (Pérez Porto y Gardey, 2018), en cuanto nombres que designan corrientes de pensamiento efímeras. Lo que diferencia las ideas de la ideología de las del conocimiento es que en el conocimiento se da un consenso casi universal, objetividad, perennidad, mientras que las ideologías son compartidas solo por una parte de la sociedad en una época y lugar dados. La ciencia persigue conocimientos, no opiniones perecederas, es por ello que es el sitio menos adecuado para albergar ideologías, aun cuando el propio método científico pueda contener consideraciones filosóficas discutibles.

Ciñéndose a la cuestión de las perspectivas de género y la igualdad, cabe preguntarse cuándo una difusión de ideas supone promoción de una ideología o cuándo bajo tal lema se apunta a una mera información sobre los derechos constitucionales. La respuesta es sutil para el promotor de ideologías, porque no ve una distinción clara entre ambos conceptos. Para los promotores de ideas del nacionalcatolicismo en la España de los años 50, no se trataba de hacer proselitismo de una ideología, sino de abrir los ojos al ignorante ante una verdad evidente, a saber, la existencia de Dios, Cristo y el Espíritu Santo, la Virgen María y demás contenido bíblico, verdad que, según estos, solo un condenable hereje o pérfido rojo no sería capaz de reconocer. Para el feminista convencido, tampoco se está haciendo en ningún momento proselitismo de una ideología, sino difusión de un conocimiento de una verdad absoluta que solo los machistas y misóginos no reconocen. En general, los defensores de algún tipo de ideología no se reconocen como tales, sino que creen que en su verdad está, no solo la verdad absoluta, sino el bien, y que es tarea de la gente de buena voluntad contribuir a la difusión de tales ideas para erradicar el mal de la sociedad. Sin embargo, no se da tal consenso absoluto, habiendo un muy significativo número de ciudadanos con diversidad de puntos de vista contrarios a las opiniones de los feminismos y sus interpretaciones de la historia o la presente realidad social.

Desde un punto de vista legal, no cabe hablar del bien y del mal, o de la verdad o falsedad de hipótesis sobre la estructura del mundo o la sociedad, asuntos que no conciernen al Derecho. En cuestión de perspectiva de género, lo único que le está permitido a una institución recordar a su trabajadores para no salirse de su neutralidad ideológica es que hombres y mujeres tienen los mismos derechos y que no se tolera ningún tipo de discriminación en la evaluación o contratación de personal; ni se tolera, obvio es, ninguna acción ilegal que pueda afectar a cualquiera de los géneros en el ejercicio de su profesión. Todo lo que sea pasarse de estas líneas es promoción ideológica feminista. Las campañas que proclaman la victimización de la mujer en el pasado o en el presente, al tiempo que acusa a la sociedad de patriarcal o sexista, entran en el terreno de la promoción ideológica, lo cual no viene amparado por la Constitución. Cualquier discurso que muestre que las mujeres han estado o están en desventaja por una suerte de injusticia sistemática de género a la que se impele a poner fin, la mención de techos de cristal, rompen la neutralidad para promocionar un tipo de visión política y social y sus propuestas de cambio ajustadas a un ideario político. Asimismo, la promoción del uso del lenguaje inclusivo, la incitación al seguimiento de manifestaciones feministas, los símbolos asociados a ideologías de género (banderas o emblemas feministas, LGTB u otros), la prohibición de hablar de las diferencias intrínsecas entre ambos géneros (más allá de los derechos que se les confieren), el homenaje o promoción de mujeres por encima de la media de los ofrecidos a hombres, la exclusión de hombres y niños en las campañas de promoción por la aventura del conocimiento, las muestras de condolencia por asesinatos de mujeres y nunca por asesinatos de hombres en el entorno doméstico, &c. forman parte de un movimiento ideológico, y se salen de la neutralidad. Y es que en todos estos temas hay diversidad de puntos de vista, y no compete a la Ley decidir qué filosofía es la correcta.

El lema “diversidad, inclusión, igualdad” es el caballo de Troya con el que insertar ideología política identitaria (López Corredoira, Todd y Olsson, eds., 2022). Su uso está muy extendido en casi todos los países del occidente colectivo. El lema es un disfraz de neutralidad de lo que son claras políticas que no forman parte del consenso social y pertenece más bien al orden de las ideologías progresistas woke, entre las que se incluye el feminismo en sus múltiples variantes más o menos radicalizadas.

El truco para hacer propaganda feminista sin que se vea en ello promoción ideológica consiste en llamarle igualdad en vez de feminismo. Es evidente sin embargo cuál es el mensaje que resuena detrás de la palabra aparentemente neutral “igualdad”, que va más allá de la igualdad de derechos: se parte realmente de la premisa de que las mujeres han sido y siguen siendo en cierta medida víctimas de los abusos de la sociedad patriarcal, lema central del feminismo, para reinterpretar semánticamente la palabra “igualdad” como la acción de eliminar aquellos abusos. Se da por sobreentendido que la lucha por la igualdad es la lucha de la mujer por conseguir los privilegios del hombre, no viceversa. Así pues, seleccionando los significados del término “igualdad” que cuadran con los intereses del feminismo, se promociona esta ideología camuflada en una palabra que en principio no debería estar asociada a interpretaciones.

Resulta tentador decir que lo que hacen instituciones académicas o centros de investigación públicos lo hacen también los demás, y, como lo hacen los demás y no sufren penalizaciones por ello, bien ha de estar entonces. No obstante, independientemente de lo que ocurra en otras naciones o en otros ámbitos, España tiene una serie de leyes y derechos constitucionales que deberían cumplirse, y ni el propio Estado puede o debe saltarse tales preceptos ni empujar a centros públicos de investigación a saltárselos.

3. La Justicia no resuelve el problema

Hasta aquí la teoría. La cuestión práctica es menos clara. No se nos dice claramente en la Ley qué hacer cuando observamos una falta de neutralidad en las instituciones. ¿Qué debe hacer un ciudadano si ve que las instituciones no siguen el espíritu de las leyes? Denunciar. Sí, denunciar, pero reclamando qué y ante quién.

Aquí es donde comienza el problema práctico y se tropieza con la realidad social más allá de los libros. Y es que los principios son bellos sobre el papel, o en textos electrónicos, pero no se sostienen por sí solos. Más allá de lo que nos han contado en nuestra época de estudiantes, donde se describe un mundo donde las buenas ideas racionales estructuran el orden social, lo que sucede con frecuencia es que el poder irracional impera e impone cómo han de ser las cosas. Los poderes económico, político, mediático, o los tres coligados tal cual Santísima Trinidad, están en ocasiones más allá del bien y del mal y se erigen como cosa en sí en la cuestión social. Se llama corrupta a una sociedad en la que el dinero impone su criterio por encima de los ideales de justicia, pero no se restringe a la coacción económica el ejercicio del poder, sino que, a través de múltiples grupos de interés o lobbies, se erige en la constitución de grupos que dominan la propaganda e infunden temor a quien se sale de lo políticamente correcto.

Los órganos de administración de Justicia no son inmunes a la presión de las élites, so pena de caer en desgracia algún letrado o juez que se atreva a contradecir los sagrados principios de la nueva religión. Además, los partidos políticos dominantes luchan para colocar a los suyos en los altos puestos de la administración de Justicia, y esos partidos políticos se han plegado previamente a la ideología de género.

El poder legislativo está aún más enfangado que el poder judicial al respecto. El tartufeo de los políticos es palpable en materia de igualdad de género. Al igual que en el tema de las pensiones, no es el bien general de la sociedad lo que anima sus políticas, sino el afianzarse una buena parte del voto procedente de sectores de la población muy numerosos que solo votan a quien les ofrece ventajas. Se da esta situación en países como el nuestro, donde el censo de votantes femeninos es de un millón de individuos más que el de los hombres, y además con menos abstención, y donde una parte importante de estos votantes femeninos son muy sensibles a cualquier discurso que prometa una protección y privilegios extraordinarios a las mujeres más allá de la igualdad. Utilizan un discurso moral rasgándose las vestiduras sobre el machismo preponderante en nuestra sociedad para lucrarse de unos codiciados votos: partidos de diferente signo ideológico han visto un gran negocio en estar poniendo leña al fuego con sus discursos que enfrentan hombres y mujeres para luego ofrecerse ellos como soluciones, tal cual pirómanos bomberos.

La realidad cotidiana no difiere mucho de sonoros casos televisivos. La realidad que los letrados conocen bien es que el gremio de la judicatura camina en la cuerda floja tensada por distintos poderes, y hacer equilibrios en la misma resulta harto difícil. Bastante bien y heroicamente que lo hacen muchos jueces y fiscales y letrados, intentando mantener la integridad e imparcialidad de su oficio. Constituyen el mayor dique de contención ante las mareas de irracionalismo e insensatez en nuestra sociedad actual, pero tienen un poder limitado. No existe algo así como la independencia del poder judicial. Además, los juzgados están saturados, y si abriesen las puertas a demandas contra instituciones públicas que no mantienen su neutralidad ideológica, o atentan contra la libertad de expresión, se colapsaría el sistema y no habría tiempo para dedicarse a otros asuntos más importantes.

¿A quién denunciar y qué reclamar? Si hasta los máximos órganos a nivel planetario o nacional como la ONU, la Unión Europea, el Gobierno de España y su Ministerio (en el sentido orwelliano; Orwell, 1949) de Igualdad, &c. han caído uno tras otro en las redes de la ideología de género camuflada tras la palabra igualdad, y estos a su vez interfieren en la administración de Justicia, ¿qué cabe pues esperar de las altas instancias cuando se les señala el exceso de proselitismo en el sistema? Muchos o casi todos los organismos públicos están politizados, aunque no debieran. Lo está el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), la televisión pública RTVE, &c. y nadie se rasga las vestiduras por ello. Centros educativos públicos se aúnan a la tarea del adoctrinamiento ideológico en materia de perspectiva de género. Centros sanitarios distribuyen propaganda en el mismo sentido. ¿Acaso vamos a denunciar a todos los organismos públicos que están politizados y actúan como agentes en interés de grupos políticos? Poco recorrido tendrían tales denuncias.

Es un fantástico negocio el feminismo. Como señalara De la Puerta (2019), “para un grupo/colectivo, no hay nada mejor, en la sociedad posmoderna, que ser poderoso (hegemonía mediática, cultural e institucional) sin dejar nunca de ser víctima (superioridad moral: la sociedad me debe). El mejor de los mundos posibles: poder fáctico desde arriba (el lobby mesocrático)+superioridad moral desde abajo (oprimidas por el patriarcado)”. Los feminismos ganan porque controlan desde arriba todos los resortes que les permiten favorecer sus políticas y la propaganda que los sostiene, y ante la población se presentan no como poderosos abusando de su poder, sino como víctimas del sistema patriarcal.

Es tan extensa la bestia con sus múltiples tentáculos de ideología invisible (Benegas, 2020) que se hace imposible acabar con ella atacando uno solo de sus miembros. Si se denuncia a un organismo, éste se refugiará en un “yo solo recibía órdenes”, al estilo de los juicios de Núremberg, y se diluye la culpa entre los muchos órganos intercomunicados. Es lo que sucede en regímenes totalitarios, donde el conjunto social está impregnado en su totalidad y resulta difícil depurar responsabilidades porque todo el mundo hace lo que hacen los demás, y no se puede condenar a toda una sociedad. Así, impunemente vemos como, día sí y día también, aparecen banderas LGTB o de Ucrania en los balcones de muchos Ayuntamientos, clara acción de propaganda ideológica en la que las Administraciones, cuyo trabajo es administrar y no promover ideas políticas, se salen de sus funciones. Pero nadie hace nada, nadie se atreve a denunciar a un Ayuntamiento por tal acción por el temor a ser tachado de homófobo o términos similares, y si lo hace de poco sirve porque se encuentra la manera de hacer la vista gorda, lo que redunda en que más y más instituciones se apunten al carro del proselitismo.

¿Qué hacer pues cuando vivimos en un régimen ideológico totalitario, con su cultura de la cancelación o censura sobre sus críticos? Es la misma pregunta que nos podríamos hacer en la España de los años 50, dominada por la ideología del nacionalcatolicismo, donde las sotanas y los crucifijos impregnaban todo el tejido social. Y la respuesta es la misma que siempre la Historia ha dado ante este tipo de situaciones: nada se puede hacer por el momento, pero las ideologías mueren por sí solas y con el paso del tiempo se ven en la distancia todas esas historias de fanatismo y opresión. Dejemos pues que pase el tiempo, y esperemos que próximas generaciones cambien su modo de pensar. Lo único que podemos hacer ahora es dejar constancia, para que no caiga en el olvido. Y cuando esto de la perspectiva de género pase, veremos al rey desnudo y recordaremos con tono de sorna cuán patética fue nuestra época y cuántos hombres y mujeres se han dejado arrastrar por los cantos victimistas de las sirenas, hoy menos femeninas y encantadoras que las imaginadas en los tiempos de Homero.

Como muestra un botón, aquí dejo al lector una crónica de mis andanzas en mi lugar de trabajo y algunas reflexiones, que pueden ser útiles en un futuro para entender qué se cocía en nuestra época en centros de investigación científica.

4. Crónica desde el Instituto de Astrofísica de Canarias

Soy funcionario de carrera desde 2011, investigador titular del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), un centro público de investigación con unos 300 trabajadores entre investigadores, ingenieros y administrativos con sede central en La Laguna (Santa Cruz de Tenerife). A este instituto debo muchas cosas, aparte del sueldo que cobro cada mes. Aquí he desarrollado desde los años 90 la mayor parte de mi carrera científica, he podido gozar desde los inicios de mi carrera de una gran libertad en la elección de temas de investigación, con flexibilidad de horario de trabajo, con un entorno competitivo y de colaboraciones internacionales que ha colocado este centro dentro de lo mejor que tiene este país en investigación. No en vano está dentro del selecto grupo de Centros de Excelencia Severo Ochoa.

Si escojo este instituto como caso ejemplificador de las tesis de este artículo es porque conozco este centro mejor que ningún otro, pero no porque sea un caso único. No obstante, no es cuestión aquí de señalar con el dedo a un centro y considerar su conducta excepcional y anómala para su perjuicio con respecto a otros, sino de ilustrar con un caso concreto un mal sistemático global, algo que sería deseable que hiciesen también otros investigadores desde sus propios centros. No es pues éste un testimonio con intención de perjudicar a un centro, o de ánimos anticientíficos, del mismo modo que un español que critique al Gobierno de España no es necesariamente un antiespañol. Bien al contrario, este tipo de análisis críticos debieran ser realizados por quienes aman la ciencia y aprecian el centro donde trabajan, pues solo con la crítica se corrigen las imperfecciones.

Es también de señalar que este escrito no tiene intención de acusar o juzgar sobre la ilegalidad de unos hechos. Eso debe hacerlo la Justicia, aquí solo se invita a una reflexión sobre el tema.

4.1. Propaganda feminista en un centro público de investigación

Se ha dado en este centro un continuo posicionamiento ideológico a nivel institucional, así como uso de los recursos del centro para propaganda ideológica. Sus acciones van más allá de la mera información de los derechos de los trabajadores, bajo la excusa de promover políticas de igualdad, desviándose de sus cometidos como lugar de investigación científica y su administración, y actuando como altavoz de consignas de ciertos partidos políticos que proclaman un victimismo histórico y presente de la mujer en la ciencia, al tiempo que se promocionan ideas feministas para el cambio social.

La propaganda institucional ocupa todos los medios de comunicación con los trabajadores del IAC y también en la imagen que proyecta hacia el exterior. Resulta una labor ardua coleccionar la inmensa cantidad de eventos o mensajes que se envían constantemente sobre esta temática. Como ejemplo, indico a continuación algunos de los relacionados con el tema, que tuvieron lugar en el IAC o bien fueron promovidos por aquel en el periodo de cinco años 2017-2021 (hay documentación disponible a quien la requiera para probar los hechos apuntados en toda la sección 4):

1. Celebración y organización por parte del IAC del congreso de título Gender in Physics Day. Políticas de igualdad de género en física: de la escuela a la carrera investigadora, celebrado el 23 y 24 de octubre de 2017 en La Laguna (Tenerife).

2. Participación del IAC en la organización de obras de teatro de propaganda feminista, por ejemplo “El honor perdido de Henrietta Leavitt”, donde se pretende resaltar el papel de víctima de las mujeres a lo largo de la historia de la ciencia.

3. Promoción y participación dentro y fuera del centro de charlas sobre el tema “Mujer y Ciencia”: por ejemplo “Habla con ellas. Mujeres en Astronomía”. Algunas de estas charlas se han dado a título particular y no representando institucionalmente al IAC, pero su promoción fue soportada por la institución. Así, ante la solicitud de su suspensión cautelar por caer dentro de la propaganda ideológica, la respuesta fue que esa ponencia estaba “dentro de las directrices y principios marcados por el Gobierno sobre este tema” y por lo tanto no ven necesidad de suspender cautelarmente nada.

4. Publicación de revistas por parte del IAC con monográficos dedicados a discutir el papel de las mujeres en la ciencia, históricamente y en la actualidad, desde un enfoque feminista.

5. Notas de prensa producidas por el gabinete de comunicaciones del IAC con propaganda feminista, con abundancia de términos como “techos de cristal” y similares.

6. Reuniones periódicas dentro del IAC para debatir sobre temas que tienen que ver con el papel de las mujeres en la astronomía y temas sobre género y ciencia: “Café con astrónomas” o “Every other Thursday”.

7. Cursos con propaganda de ideología feminista bajo los títulos de “cursos de igualdad de género”.

8. Un continuo flujo de e-mails institucionales con anuncios sobre el “día de la mujer”, “día de la mujer y la niña en la ciencia”, “día contra la violencia machista”, llamadas a minutos de silencio con frecuencia con motivo de algún asesinato en cualquier lugar de España de alguna mujer en manos de su pareja o expareja (sin embargo, nunca una víctima masculina asesinada por una mujer pareja o expareja, de los diversos casos anuales que existen, es homenajeada), &c. Algunas comunicaciones resultan en cierto modo insultantes al conjunto de los trabajadores que no comulga con los credos feministas, como la consigna “¿Eres sexista? Haz el test y averígualo”. ¿Acaso se consideraría apropiada la pregunta “¿Eres un progre? Haz el test y averígualo”? Va más allá de las labores de un instituto de investigación sobre astrofísica señalar con el dedo a quienes piensan que hay diferencias entre hombres y mujeres y etiquetarlos como si fuesen unos apestados con consignas políticas tipo de las utilizadas en tal e-mail “Sexismo: Detéctalo, Ponle nombre, Páralo”. Este tipo de consignas son usuales en páginas web de organismos de propaganda política como el Ministerio de Igualdad en España o el organismo en el e-mail “Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades” del Consejo de Europa, pero no tienen relación con la astrofísica en un centro políticamente neutro.

9. Un continuo flujo de propaganda a través de las redes sociales (Facebook, X –antes Twitter–). Por ejemplo, en la página oficial de Facebook del IAC, durante los tres primeros meses de 2021, un 19% (32 de 165) de las noticias publicadas en el portal de ciencia son reivindicaciones generales del papel de la mujer en la ciencia u otras consignas feministas.

10. Propaganda por medio de la página web interna de acceso de los trabajadores del IAC. Como ejemplo de la densidad de comunicados de tono feminista que reciben los trabajadores del IAC, la página web interna del IAC a fecha 9 de febrero de 2021 contenía lo siguiente: entre las primeras informaciones en la columna de la derecha y de forma permanente y resaltada: “prevención de acoso” y listado de declaraciones y protocolos que el IAC ha establecido, dando pues la impresión de que el acoso (de hombres hacia mujeres siempre, nunca se contempla lo contrario) es quizá el problema más importante que tiene el instituto. Más llamativo aún: de los últimos siete comunicados del IAC a su personal (números 34 al 40 en las columnas centrales de la página web; 10-9-2020 al 9-2-2021), el 71% (cinco de ellos: 34, 36, 37, 38, 40) contienen proclamas en relación con temas de género, con insistentes consignas del tipo “incorporación de la perspectiva de género”. Es de señalar que, desde el último cambio de Gobierno en 2018, el Ministerio de Ciencia está utilizando con mayor asiduidad los centros de educación e investigación para desplegar su ideario político feminista, contraviniendo así la supuesta neutralidad de estos centros en materia política.

11. Código Ético. El IAC se ha unido a la moda actual de crear las normas de la casa, algo que, como señalaba anteriormente, tiene resonancias de feudalismo industrial. Los códigos por los que se regula la conducta los trabajadores de una empresa o entidad han de ser los mismos que rigen el resto de la nación; a saber, la Constitución, el Código Penal, Estatutos de los trabajadores, y demás legislación. Crear un código ético que dice lo mismo que dice la Ley es redundante, y por lo tanto sobra. Y si se dice algo diferente de los que dice la Ley al pie de la letra, se estará proponiendo algo que está fuera de la ley, y que no tiene por tanto validez legal; o dicho de otro modo, es papel mojado. Un código ético no es una herramienta legal que permita sancionar (López Zorzano, 2018; Rosal, 2018) a un trabajador en caso de su incumplimiento, salvo en aquello que ya esté contenido en la Ley. No tienen poder legal los códigos éticos salvo que se amparen en leyes de más amplia cobertura dentro del derecho laboral y la negociación colectiva de trabajadores y empresas. Los derechos y obligaciones de los trabajadores vienen establecidos por el cumplimiento de la función laboral para la que se ha sido contratado y no por una ética arbitraria ajena al derecho de los trabajadores.

El IAC ha aprobado y publicado su código ético el 10-11-2021. En él se mencionan textualmente términos que llaman la atención tales como “igualdad efectiva”, “lealtad al IAC”, “de obligado cumplimiento para todo el personal del IAC”,… Preocupan los posibles métodos por los que puedan hacerse efectivos los planes de igualdad, porque no se especifica a qué tipo de igualdad se refiere. Yo he sugerido que se dijera “igualdad de derechos” en vez de “igualdad”, pero se me ha hecho caso omiso. Entonces, si un alto cargo del IAC entendiera que la “igualdad efectiva” consiste en conseguir que el 50% de los investigadores contratados sean mujeres, podría agarrarse a este pseudo-código ético para discriminar a hombres con mejor currículum profesional, lo cual es contrario a la Ley (la de verdad). También preocupan las ínfulas de poder intocable que se arroga quien manifiesta que debe haber “lealtad al IAC”, que podría interpretarse como un “aquí se hace lo que yo diga y criticar o posicionarse de otro modo va contra las reglas del código”. Ni siquiera el Gobierno de España puede hablar de tal lealtad, pues la crítica al Gobierno siempre es posible mientras haya libertad de expresión. Mas, como veremos en las descripciones a continuación, este ejercicio del poder mencionado en el código ético refleja lo que se da en la práctica. A la postre, no sirve este código para penalizar al trabajador que no siga estas normas, pero sirve para infundir temor a quienes desconocen sus derechos y escuchan que hay un poder supremo vigilando en pos de la ideología impuesta.

Dicho sea de paso, aunque esto ya son eventos posteriores a 2021: con el fin de ahondar en los conceptos básicos de ética que aborda el Código Ético del IAC, su comité ha encargado una ponencia a una académica cuya carrera ha estado mayormente ligada a los estudios de género, lo que nos puede dar una idea de la intención de este Código. He estado en esa ponencia y, efectivamente, como imaginaba: propaganda feminista sin disimulo alguno.

Es discutible si estos ejemplos constituyen promoción ideológica no-neutral o se corresponden al mero ánimo de informar repetitiva y machaconamente al ciudadano sobre igualdad de derechos. En cualquier caso, es de constar que un instituto de investigación en astronomía en el que una parte muy significativa de sus recursos informativos se dedica a discutir sobre temáticas propias de estudios de género no puede luego alegar que esos temas no son discutibles en el centro, como de hecho hace, tal y como se verá en la próxima sección.

4.2. Prohibiciones y limitaciones a la libertad de expresión de puntos de vista críticos con la ideología que promueve el IAC

La predisposición del IAC a difundir propaganda ideológica sobre cuestiones de género contrasta con los obstáculos que surgen cuando un investigador desea exponer sus opiniones a título particular desde un punto de vista contrario al que promueve la institución, mostrando una vez más su no-neutralidad sobre ello. Numerosas veces de hecho he sido objeto de reprensión por sus intentos de contestar a la propaganda oficialista:

A principios de julio de 2017, diversos comentarios en redes sociales que tergiversaban los contenidos de un capítulo de un libro que había publicado en 2015 provocaron cierta polémica. El libro (López Corredoira, 2015) versaba sobre filosofía, otra de mis actividades académicas, y no tenía ninguna relación con las actividades del IAC, ni tampoco se hizo ninguna promoción del mismo dentro de la institución. El capítulo polémico versaba sobre la condición femenina vista por diversos filósofos clásicos (Rousseau, Kant, Nietzsche, Freud, &c.), así como con observaciones propias en la línea de estos autores clásicos, con argumentaciones dialécticas desde distintos enfoques. El IAC, sin haber leído el libro ni siquiera el polémico capítulo y basándose solo en frases sueltas sacadas de contexto que circulaban por Internet y prescindiendo de aclaraciones posteriores a esas frases que se daban en los mismos párrafos, decide eliminar ipso facto mi página web personal, donde no estaba el contenido del libro pero sí se mencionaba la existencia de tal como parte del currículum de publicaciones junto con algunas reseñas del mismo, y hacer también una proclama pública condenando las opiniones del libro por ser contrarias al compromiso de políticas de igualdad de género a la que el Instituto se ha adscrito. Todo ello sin haberme preguntado mi opinión al respecto. Es propio de los trabajadores del gremio científico ponerse a discutir un texto sin haberlo leído, pensando que, como sucede con los artículos científicos, basta con leerse el resumen o alguna cita del texto en otro trabajo para entender de qué va. Si hubieran leído el texto íntegro, verían que no hay nada en él contra las políticas de igualdad (de derechos), pero, ante el ruido producido en las redes sociales, decidieron actuar rápidamente. Esto alimentaría la prensa sensacionalista, destacando en titulares que el IAC hubiera eliminado una página web de un investigador por ser misógino. No obstante, la página web sería posteriormente restablecida, y los malentendidos sobre el libro aclarados en medios de prensa digital y en papel (Plasencia, 2017; López Corredoira 2017, 2019b). El libro sería luego retirado en 2018 del catálogo de la editorial tras ser vendida ésta a un nuevo dueño (y reeditado posteriormente por otra editorial). La primera editorial fue demandada y tendría que pagar al autor por saltarse las condiciones del contrato sin motivo justificado (López Corredoira, 2019b; Franco, 2019).

Algún investigador propagaría posteriormente el bulo de que el libro fue retirado por machista y misógino. Lo cierto es que no tengo yo el mérito de que se me haya secuestrado una publicación; en los 40 años de democracia y Constitución española entre 1978 y 2018, solo ha habido seis libros secuestrados por orden judicial (Heraldo.es, 2018) y mi libro no tiene el honor de figurar en tal lista. Un editor no puede secuestrar una publicación a su antojo, ha de ser bajo orden judicial. Lo que sucedió con mi publicación es simplemente que la editorial (Áltera) cambió de dueño (en marzo de 2017), y el nuevo editor destruyó las copias de los libros existentes, tanto de éste como de otras decenas de títulos de la editorial, para ahorrarse gastos de transporte y almacenaje, y, cuando se agotó el libro en librerías después de la polémica (en julio de 2017), reclamé al nuevo editor el cumplimiento del contrato de publicación. Cuando en febrero de 2018 recibió un Burofax de mi abogado invitándole a hacer el debido cumplimiento del contrato, el nuevo editor enojado publicó en marzo de 2018 un escrito en la página web de su editorial en el que proclamaba que retiraba el libro por “misógino”, agarrándose a la polémica habida. Sin embargo, ya había destruido el libro un año antes de publicar tal nota. La editorial fue demandada y tendría que pagar por saltarse las condiciones del contrato sin motivo justificado (López Corredoira, 2019b; Franco, 2019). El libro sería reeditado póstumamente en otra editorial (Ed. EAS).

A lo largo del mes de agosto de 2017, en varias puertas del IAC aparecieron colgados carteles con proclamas sobre “No al sexismo” o definiciones de feminismo, que directa o indirectamente se referían a la polémica habida. Consideré pertinente aclarar a mis compañeros que yo mismo soy un defensor de la no-discriminación por sexos y de la igualdad de derechos. Para ello, colgué un cartel en la puerta de mi despacho el 29 de agosto de 2017, aclarando muy resumidamente mi posición con respecto al tema. Decía lo siguiente:

No al sexismo. Definición de “Sexismo” (Diccionario de la Real Academia Española): “Discriminación de las personas por razón de sexo”. No por tanto a la discriminación, y aboguemos por que un individuo humano de cualquier sexo, raza, grupo étnico o ideología sea valorado académicamente únicamente por sus méritos y potencialidades.

No al proselitismo. La ocupación de este instituto es la investigación en astronomía, física, matemáticas o historia o filosofía de la ciencia y de la naturaleza. No es aquí lugar para divulgar ideologías de género, feminismo de progres o similares. El único compromiso del IAC debiera ser defender la igualdad de derechos, no amparar el victimismo de ciertos colectivos, ni promover discriminaciones positivas, ni respaldar doctrinas que especulan que cualquier diferencia de conducta en diferentes individuos se debe únicamente a factores culturales/educativos. Como científico, me opongo a que las ideologías se impongan automáticamente sin una carga demostrativa que dé validez a sus estamentos. Y si se va a dar espacio para el proselitismo de una ideología, ofreciendo charlas de adoctrinamiento, organizando congresos sobre el tema, enviando emails propagandísticos, haciendo convocatorias de manifestaciones, &c. debiera al menos dejarse también espacio para la expresión de visiones contrarias. O todos podemos opinar o ninguno.

No a la difamación y el acoso mediático. No enriquecen nuestro panorama cultural quienes opinan sobre una compleja obra de carácter dialéctico, o incluso la condenan, sin habérsela leído, en base a rumores o por haberse leído algunas frases sesgadas o sacadas fuera de contexto en redes sociales. Utilizar además los medios de comunicación públicos para difamar o avergonzar con adjetivos descalificatorios a un autor por no seguir las ideologías dominantes no es una forma adecuada de convencer sobre lo apropiado o inapropiado de unos argumentos.

El día 31 de agosto, recibí una orden por e-mail del coordinador de investigación en ese momento (I1), diciendo, entre otras cosas: “no puede tolerarse que se viertan criticas u opiniones sobre cuáles deberían ser las políticas del IAC en distintos temas, más si pueden dar lugar a ofender a los compañeros de trabajo (…) retira el cartel de forma inmediata”. Retiré el cartel de la puerta de mi despacho y solicité a I1 que se diese la orden por escrito con sello y firma, lo que nunca sería cumplido. En su lugar puse otro cartel que venía a decir que se había retirado el cartel anterior por orden del coordinador de investigación, ante lo cual recibí el día 1 de septiembre otro e-mail de I1 diciendo “…retira el nuevo cartel de tu puerta. Y no cuelgues ninguno más. Por favor, no me hagas perder más tiempo”.

Con fecha 29 de septiembre de 2017, hice llegar al Comité de Dirección del IAC un documento por el que manifestaba mi insatisfacción sobre cómo se estaba gestionando la libertad de expresión de los trabajadores de este instituto y mi percepción de sesgos, reclamando más espacio para poder ejercer este derecho que todo individuo de nuestra nación posee y del que no se puede sustraer ningún centro público. La contestación a tal documento llegó casi medio año más tarde, con fecha 22 de marzo de 2018, motivada también por un intercambio de e-mails y estableciendo básicamente que la dirección del Instituto puede imponer a sus trabajadores su modo de ver las cosas sin que estos puedan replicar públicamente.

También, solicité a la Comisión de Seminarios del IAC poder ofrecer una charla sobre cómo ciertas ideologías políticamente no neutrales, en particular el feminismo, estaban amenazando nuestros derechos de libertad de expresión. Tal charla no fue permitida por el nuevo coordinador de investigación, I2, por excederse estrictamente de la temática astrofísica, ante lo cual manifesté mi disconformidad, pues el IAC está constantemente ofreciendo charlas sobre este asunto, claramente sesgadas en torno a una ideología dada (ver sección anterior).

Pasado un tiempo, se solicitó directamente al Comité de Dirección (CD) poder ofrecer un seminario para hablar del tema del feminismo en la ciencia desde un punto de vista crítico, pues todas las actividades del IAC dedicadas a tratar el tema han sido enfocadas desde un único punto de vista, y no conviene a una sociedad democrática encasillarse en el pensamiento único. El Comité de Dirección se reúne el 15 de mayo de 2019 y emite un comunicado como respuesta a mi solicitud de ofrecer una ponencia sobre “Feminismo en la Ciencia”, diciendo textualmente (punto cuarto de Comité de Dirección (CD) del IAC 17/19): “Ante la petición recibida, el CD indica que cualquier miembro del IAC, a título personal, puede reservar una sala para reunirse con personal del IAC, para tratar los temas que considere oportuno, siguiendo los cauces ordinarios que se sigue para ello. Siempre, en todo caso, deberá mostrarse el máximo respeto al Código de Conducta y a la legalidad vigente”.

Anuncio pues mi charla para impartirse el día 3 de julio de 2019. Con fecha 26 de junio de 2019, el coordinador de investigación I2, en connivencia con la dirección del IAC, anuncia a toda la plantilla del IAC que se cancela la charla por el cariz de la misma y añade un párrafo con la resolución del CD17/2019 destacando en negrita: “máximo respeto al Código de Conducta y a la legalidad vigente”. Simultáneamente, el coordinador de investigación me envía un e-mail privado anunciándome que se cancela la charla por ser “evidente que en el resumen de la actividad planteado se incurre en difamaciones varias, se hacen graves acusaciones a colectivos y se acusa de manera implícita a los centros de investigación de actuar fuera del marco de la ley”. Con fecha 23 de agosto de 2019, asesorado por mi abogada, envié un requerimiento por Burofax al coordinador de investigación del IAC I2, quien había enviado el pasado 26 de junio los e-mails con acusaciones de ilegalidades, uno de ellos públicamente, requiriendo que se aclarase que no ha habido ninguna ilegalidad por mi parte. Tal Burofax tenía un plazo de cinco días hábiles desde su recepción para seguir las pautas requeridas o dar contestación al mismo. El asunto fue totalmente ignorado sin dar contestación alguna ni adoptando ninguna de las medidas requeridas. Un alto mando del IAC, I3, fue informado de estas quejas y tampoco hizo nada por dar debido cumplimiento al requerimiento del Burofax.

Con fechas 24 de julio y 2 de agosto de 2019, I3 se reunió conmigo para hablar sobre las soluciones a este asunto. En estas reuniones, manifestó que la charla podría llegar a aceptarse si se suprimiesen algunas líneas en el resumen anunciador, que a él le parecen inaceptables, dando a entender que es preciso hacer una censura previa de la propuesta para poder tener lugar, alegando el poder de la dirección del IAC para permitir o no que se realice una exposición de ideas según cuáles sean éstas, y comparando la discusión sobre las críticas al feminismo en la ciencia con la discusión sobre si la Tierra es plana o esférica.

Una vez eliminadas algunas frases en el resumen, la charla “Feminismo en la Ciencia” pudo finalmente ser impartida el 6 de noviembre de 2019 (también impartida en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla; López Corredoira, 2019a), si bien con muy baja presencia de investigadores en la audiencia, con solo siete asistentes. Según rumores no confirmados documentalmente, habían circulado por redes y mensajería instantánea entre los trabajadores del IAC consignas para que no se asistiera a tal ponencia.

Un nuevo episodio de represión de la libertad de expresión tuvo lugar en la charla invitada en el IAC (sugerida por mí) del catedrático de filosofía de la Universidad de Lund (Suecia) Erik J. Olsson, el día 18 de noviembre de 2021, sobre la libertad de expresión en el mundo académico. La ponencia repasó las normas académicas más importantes sobre la libertad de expresión, basándose en las recomendaciones de la UNESCO de 1997 sobre el estatuto del personal docente de la enseñanza superior, y las grandes amenazas para la libertad académica en el mundo occidental actual, entre ellas la transición de los valores académicos tradicionales a un enfoque excesivo en las relaciones humanas y los valores blandos, indicando cómo las políticas radicales de género en nombre de la integración de la perspectiva de género han tenido un efecto amedrentador sobre la expresión en las universidades suecas. El vídeo grabado de la ponencia estuvo en Youtube solo unas dos horas antes de ser retirado. La decisión final de su censura definitiva fue anunciada el 24 de noviembre de 2021. No se dio ninguna razón en términos de contenidos ilegales en la charla que justificaran la censura, sino que se limitó a indicar que tal vídeo de la conferencia era censurado porque era contrario a las políticas de igualdad del instituto (The Objective, 2021; López Corredoira, Todd y Olsson, eds., 2022, cap. 26).

Hubo reacciones de diversos compañeros del IAC ante la descarada e inconstitucional censura acometida por la directiva del IAC, pero la cobardía se impuso al final, y el dejar hacer lo que imponen los poderosos. Hubo un investigador, I4, que se levantó en principio con valentía proclamando en un intercambio interno de e-mails “¿Dónde ha desaparecido la sabiduría de Voltaire ‘Estoy en desacuerdo contigo [en lo que dices,] pero defenderé a muerte tu derecho a decirlo’?” (realmente, la cita literal no es de Voltaire, sino de una autora que escribió una biografía sobre Voltaire y utilizaba esta frase para ilustrar su pensamiento). Posteriormente, al ver que no convencía a la mayoría, ante quienes proclamaban que dejar hablar a los críticos sobre las políticas de igualdad es como dejar a alguien exponer una teoría sobre la Tierra plana, I4 reculó y terminó diciendo “a pesar de mi comentario que ha levantado comentarios en contra de lo que dije, no quiero dar la impresión de que encontré la charla de Olsson de mi agrado. Todo al contrario”, abandonando cualquier referencia al “defenderé a muerte el derecho a decirlo”.

Estos continuos episodios de censura injustificada, previa o posterior, y represión de la libertad de expresión, unido a la propaganda parcial sobre los mismos temas que son censurados, muestran claramente una falta de neutralidad ideológica en las cuestiones sobre la temática de género.

4.3. Ostracismo y oídos sordos ante las quejas de quienes no comulgan con la ideología promocionada

Un aspecto más difícil de argumentar es la presión en el entorno de trabajo hacia quienes no comulgan con los credos ideológicos que enarbola la institución. Son presiones que no suelen dejar rastro en forma de textos escritos, sino que se traducen en aislamiento, dejar crear un mal ambiente que resulte asfixiante para los disidentes, mirar hacia otro lado cuando se ven tratos denigrantes hacia éstos, &c.

Gran parte de los compañeros de trabajo y los altos cargos jerárquicos han tenido un trato correcto conmigo, aunque las diferentes acusaciones habidas y la continua promoción ideológica en materia de género, tal y como han sido referidas en las secciones anteriores, han alimentado hostilidades entre algunos grupos, y tampoco el IAC ha hecho nada para frenarlas.

Ejemplos: como se ha referido en la sección anterior, tras el escándalo del libro en 2017, muchos compañeros de trabajo pusieron carteles en sus puertas que dimanaban hostilidad hacia quien no es feminista convencido. En una ocasión en 2017, incluso alguien colgó un recorte de periódico en la puerta de mi despacho (obviamente, sin mi permiso) donde había una noticia sobre un asesinato tipo violencia de género, presumiblemente con la intención de señalar a quien estaba dentro del despacho como cómplice de tales asesinatos. El IAC no ha hecho nada al respecto para frenar esas actitudes de sus trabajadores, y no fue hasta que coloqué un cartel en la puerta de mi despacho diciendo lo que pensaba sobre el feminismo (ver sección anterior) que se empezó a hacer algo, empezando por prohibir mis carteles y no los de los demás.

Indicios de un trato desigual aparecen también en la conversación en Twitter en el cual, a colación de la existencia del libro polémico mencionado, una usuaria externa pregunta al IAC “Hola @IAC_Astrofisica supongo que no tenéis a Martín López Corredoira en ninguna comisión de contratación, ni comisión juzgadora ni nada”, a lo cual, en representación oficial del IAC, se responde el 5-7-2017 en Twitter: “Martín López Corredoira no forma parte de ninguna comisión de contratación de personal en el @IAC_Astrofisica”. Aparte de la violación de confidencialidad, parece revelarse aquí un propósito de no incluir a Martín en ningún comité a partir de entonces. De hecho, en el periodo 2017-2023, no se me ha invitado a formar parte de ninguna comisión en el IAC, algo que no es normal entre investigadores del mismo rango profesional.

El número de ataques recibidos en público o en privado de trabajadores del IAC ha sido considerablemente alto, no solo con el evento del libro en 2017, sino en años posteriores con motivo de mi seminario de 2019 o el de 2021 por Erik J. Olsson invitado por mí (ver sección anterior), y el IAC no ha hecho nada para frenar esas oleadas de denigración hacia un trabajador o un ponente invitado: por ejemplo, acusaciones de usar los medios del IAC ilícitamente, o llamar pseudociencia a la ponencia de Olsson o comparando con terraplanistas a quien se atreve a criticar los principios feministas. Sin embargo, en caso contrario sí han actuado de inmediato. Por ejemplo, cuando el 7 de marzo de 2018 —día previo a la celebración del día de la mujer; y tras haber circulado cascadas de e-mails propagandísticos sobre tal fecha— envié un e-mail a varios usuarios del IAC con un texto donde se bromeaba con los excesos de la propaganda feminista. La parodia fue la siguiente:

Compañeros, compañeras, compañeres,

Mucho se ha dicho sobre la igualdad de condiciones laborales de hombres y mujeres, reivindicando hacer desaparecer las brechas salariales y los techos de cristal. Alguna voz miserable dentro del infausto sistema dominado y dirigido por los hombres ha querido insinuar que esta brecha salarial se debe fundamentalmente a que las propias mujeres no eligen en media las profesiones mejor pagadas, o que se promocionan menos que los hombres o que trabajan en mayor proporción a tiempo parcial.

http://www.eleconomista.es/firmas/noticias/8347601/05/17/Machismo-salarial.html

Son cortinas de humo y confusión que se quieren soltar para no dejar ver claro lo que tan claro aparece en todos los medios de comunicación importantes, en lo que algunos llaman despectivamente post-verdad: Las mujeres cobran menos y punto, y buscar explicaciones sociológicas al asunto que no sea un decir que la culpa la tiene esta sociedad machista son ganas de estropearnos la fiesta y es atentar contra la buena fe de quienes nos agarramos a ese sentir popular sin pensarlo dos veces.

Mas no se ha de vencer en esta lucha contra el heteropatriarcado opresor y machista hasta que no se alcance una igualdad plena en todos los ámbitos, no solamente en los puestos con retribuciones salariales más elevadas. ¡Ya está bien de que a las mujeres se las trate como seres desvalidos que necesitan protección! Las mujeres deben estar presentes en todos los ámbitos laborales con una representación de al menos un 40% en todas las profesiones, aún las más peligrosas; no necesitan de una protección paternalista.

En verdad, son de escándalo las cifras de siniestros laborales en España: unos 500 muertos al año, y las mujeres sólo son un 5-8% de esa cifra:

https://blog.e-coordina.com/los-accidentes-laborales-matan-mas-hombres-mujeres/

http://www.aseguravida.com/prensa/los-hombres-suponen-el-95-de-las-muertespor-accidente-laboral.php

http://www.cuv3.com/2013/12/31/los-hombres-tienen-19-veces-mas-accidentes-de-trabajoque-las-mujeres/

¡Verdaderamente vergonzoso!, lo que muestra lo mucho que queda por luchar para conseguir la plena igualdad.

¿Acaso no es una ofensa sexista que se nos pase solamente por la cabeza que las mujeres en media tienen menos arrojo que los hombres para escoger profesiones peligrosas, que tienen menos testículos (por no utilizar la palabra que empieza con c)? Tal es de una falsedad ruin. Las mujeres de nuestro tiempo sí quieren estar en todos los terrenos que pisan los varones, y resulta ofensivo y sexista poner en cuestión que deba existir un solo ámbito laboral donde las mujeres no llenen al menos un 40% de los puestos. Y si no hay suficientes mujeres que por su propia voluntad quieran llenar esos espacios es por ser víctimas de la opresión cultural a la que han estado sometidas desde su infancia para adulterar sus preferencias prístinas, iguales a las del sexo opuesto, en pos de otras que las conviertan en féminas dóciles y sometidas al varón, con lo cual sus deseos no son suyos, con lo cual están enajenadas y privadas de su auténtica voluntad, con lo cual se hace lícito privar a muchas de ellas de su libertad y obligarlas a elegir y ejercer profesiones que sus débiles mentes corrompidas por el despótico sistema heteropatriarcal no eligen. Se llaman feministas quienes defienden un sistema de cuotas para algunas profesiones. ¡Aficionadillos! El verdadero feminismo de la era postmodernérrima aspira a un sistema de cuotas obligatorias en todos y cada uno de los ámbitos humanos. No descansaremos hasta que veamos que el número de siniestros laborales en hombres y mujeres es similar (que sea bajo en números absolutos es también deseable, pero no es la cuestión aquí), y que haya el mismo número de hombres y mujeres a los que les revienta un explosivo en la cara, o se caen desde un andamio de una obra. Y nada de mandar a las mujeres en el Ejército, en la Guardia Civil, en la Policía, a blandengues puestos de cuello blanco en oficinas; han de estar en igual proporción a los hombres donde está la acción, donde se reciben golpes y balazos, ¡qué menos!

Todo sea por la causa,

Martín, disfrazado de feministo y solidarizándose con el movimiento popular

Inmediatamente al día después de enviar este e-mail fui llamado al despacho de un administrador para advertirme de que no podía utilizar el correo del IAC para ese tipo de mensajes, que resultaban ofensivos a ciertas personas, habiendo algunas de ellas expresado sus quejas. En comunicación oficial se haría mención también a esta prohibición de usar equipos informáticos del IAC para desprestigiar el feminismo institucional. No obstante, a quienes ridiculizan públicamente, en listas para todos los trabajadores del IAC, planteamientos no-feministas no hay reprensión alguna y se los tolera haciendo la vista gorda.

El caso del investigador I2 es destacable: desde su cargo de coordinador de investigación, en 2018 y 2019 hace censura previa de una ponencia, me acusa públicamente de intento de cometer delito y rehúsa pedir disculpas o desmentir su proclamación pública cuando la letrada que me representaba se lo notifica por Burofax (ver sección anterior). Una vez cesó en su cargo de coordinador de investigación, envió un e-mail a todo el personal del IAC acusándome de utilizar de modo inapropiado los medios del IAC por haber invitado al catedrático Erik Olsson para dar una ponencia sobre libertad de expresión en la academia. También me envió en privado desde una cuenta de gmail un e-mail lleno de descalificaciones tanto hacia mí, como hacia el ponente censurado Erik Olsson, la letrada que le había enviado previamente un Burofax con un requerimiento y otros. Algunas frases significativas: “Tu basura misógina nunca te es propia, son meras citas a dichos de otros personajes tan despreciables como quien los difunde. (…) Puedes volver a amenazarme con tu abogada y las estupideces que quieras. No me afectó entonces, ni me afectará ahora. Le di buen uso al papel en el baño del IAC (…) las amenazas de tu abogada ... qué manera de hacer el ridículo la buena señora“. I3, alto mando del IAC, fue informado de la recepción de tal e-mail, y se desentendió de la responsabilidad de amonestar a I2, por entender que es un asunto privado que no concierne al IAC. Los ataques contra mí son también frecuentes en las redes sociales por parte de algunos compañeros de trabajo en el IAC (de nuevo por I2 y otros trabajadores del IAC; con términos como “misógino”, “acomplejado”, “mostrarle la puerta”), o en chats de astrónomos, sin que la dirección del IAC haya hecho nada para tratar de detenerlos a pesar de las reiteradas quejas expresadas.

I5, catedrática de Astrofísica y miembro hasta entonces del comité de “Mujeres y Astronomía” de la Sociedad Española de Astronomía (SEA), denunció ante la fiscalía de Santa Cruz de Tenerife las diversas descalificaciones vertidas por los miembros del comité contra mí o Erik Olsson. En la comisión se encontraban también algunos compañeros del IAC o visitantes habituales del mismo. En dicho intercambio de palabras de los miembros de la comisión, se distribuyeron diversos bulos sobre mí: por ejemplo la frase de I6 “Martín seguramente tiene expedientes abiertos entre otras cosas por declarar en su libro que hay mujeres inferiores, &c.… lo cual en realidad le inhabilitaría como evaluador”. Lo cierto es que ni tengo ningún expediente abierto, ni he dicho o escrito nunca que las mujeres sean inferiores (a los hombres) ni estoy inhabilitado como evaluador. I7 expresó: “Le persiguen por ser un machista, un misógino y con un libro retirado por su editorial.” Lo cierto es que nadie me persigue, como no sean mis propios compañeros con este tipo de comentarios, y el libro retirado por la editorial se retiró por razones diferentes al machismo y misoginia, como se indica en el párrafo anterior.

Además, es notable cómo la comisión de “Mujeres y Astronomía” presionó al alto mando del IAC, I3, en sus decisiones de imponer la cultura de la cancelación en la charla de Erik Olsson; esto se puede ver en otra frase de I6: “el objetivo de fondo es que [I3] se sienta lo más incómodo posible por todo esto”. La fiscalía, en reunión conmigo el día 25 de enero de 2022, decidiría archivar el caso, por no estar la denunciante I5 directamente afectada.

En resumen, hay indicios de ostracismo y menosprecio por mis compañeros tanto hacia mí como hacia otros investigadores próximos, y el motivo por el que esta situación se da se deriva de motivos ideológicos, por ir en contra de la ideología promovida e impuesta en el IAC impulsada por sus altos cargos, salíéndose por tanto de la neutralidad a la que están debidos como institución pública. Dicho en pocas palabras con tono coloquial, el Instituto de Astrofísica de Canarias se ha convertido en un nido/secta de progres. Se da pues justamente la situación que se trata de evitar mediante la imposición a las instituciones académicas del corsé de la neutralidad, que no es sino otro nombre para defender la convivencia pacífica.

5. Reflexiones sobre la situación actual de proselitismo feminista en los centros de investigación

Habida cuenta de que casos como los que se describen las secciones anteriores son norma general, en mayor o menor medida, en una buena parte, sino la mayoría (faltaría hacer estadísticas sobre el asunto) de los centros de investigación, departamentos universitarios y otros lugares académicos, cabría preguntarse sobre cómo hemos llegado a esta situación y cómo se puede dar marcha atrás y restablecer una normativa de neutralidad ideológica y respeto a la libertad de expresión efectivos. No cabe en este artículo dar respuesta a ambas preguntas ni proponer soluciones, que más bien corresponde hacer desde el ámbito jurídico y legislativo (ya hay leyes, pero faltan medidas sancionadoras para hacerlas respetar), aunque sí se pueden ofrecer unas ideas generales que pueden ayudar a guiar el asunto entre quienes tengan por cometido restablecer el orden.

La amplia variedad de ejemplos de ideología impuesta y caza de brujas en relación con el feminismo impuesto en la ciencia (López Corredoira, 2021) delata una presencia creciente de lo político en lo científico. Las causas son múltiples y no corresponde aquí hacer un análisis pormenorizado. Pienso que las siguientes observaciones de Alessandro Strumia, físico que también sufrió persecución y censura por atreverse a hacer públicas unas estadísticas con conclusiones contrarias a las opiniones feministas predominantes (Hanson, 2018), son pertinentes (traducción propia al español de: Strumia, 2022):

Tras el descubrimiento del bosón de Higgs, la polvareda se asentó y el resultado fue una pesadilla: nada de nueva física mientras el potencial de descubrimiento del LHC (Gran Colisionador de Hadrones) estaba casi agotado.

El CERN (del francés ‘Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire’; en español: ‘Organización Europea para la Investigación Nuclear’) se encontraba en una situación doblemente difícil, ya que había alcanzado al mismo tiempo el fondo de su interés científico (los científicos empezaban a sentirse atraídos por otros campos) y el pico de su visibilidad mediática (que empezaba a atraer a personas con intereses extracientíficos). En lugar de intentar una innovación científica al estilo Rubbia, el CERN empezó a hablar de un futuro lejano, un colisionador de 100 km. más grande que necesita más dinero y, por tanto, buenas relaciones públicas.

Esto sucedió mientras muchos izquierdistas occidentales se pasaban a la política de la identidad, con su cultura de la cancelación y sus narrativas de victimización sistémica. El CERN se dotó de una ‘oficina de la diversidad’, su director asistió a reuniones de Bilderberg, Davos y el G7, y las causas ‘progresistas’ empezaron a influir en la ciencia.

Este relato es extrapolable a lo que sucede en muchas otras áreas científicas fuera de la física de partículas. Allá donde son necesarias ingentes cantidades de dinero para la construcción de nuevos instrumentos que permitan el avance de la ciencia, allá se encuentra uno con la gestión y contacto con la política, resultando en una mengua de la libertad de expresión y una subversión de los valores científicos de búsqueda de la verdad sin prejuicios (Coyne y Maroja, 2023).

Es pronto para prever qué dirección tomará la política científica en España o en otros países. Cabe pensar que rectificar y corregir los errores es de sabios, pero no abunda la sabiduría en el gremio científico en la actualidad, más bien, como en la política, está dominado por el cortoplacismo de seguir la corriente dominante en el reparto de fondos. En una futura (y lejana por el momento) reposición de valores científicos en los centros con tal nombre, si es que sobrevive la ciencia y no terminan diluyéndose sus instituciones al amparo de su apuesta por unos valores ideológicos perecederos, pudieran darse dos vías posibles:

– O bien se declara a las organizaciones científicas como promotoras de valores ideológicos políticos, y por tanto se les exime del cumplimiento de una supuesta neutralidad que debieran de tener. Serían pues comparables a la Iglesia Católica en España, y la financiación de estas organizaciones debería venir dada como una opción entre los declarantes en el IRPF, al igual que se hace con la Iglesia, pues no es lícito que la promoción de ideología política se sufrague con los impuestos de todos los españoles, incluyendo aquellos que no están de acuerdo con la ideología de género promocionada.

– O bien se disuelven todos los chiringuitos de promoción ideológica dentro de las instituciones científicas, empezando por las malllamadas “comisiones de igualdad” (uno se pregunta también por qué no hay “comisiones de libertad de expresión”, si de lo que se trata es de informar solamente sobre derechos constitucionales). Hay precedentes en otros países: en Hungría, por ejemplo, se eliminaron los estudios de género en las universidades por considerar que su fin es la propaganda ideológica (Fiamengo, 2022).

Como la Historia se repite una y otra vez, es de esperar que en el futuro se cometan los mismos errores, y se promocione alguna otra ideología en la academia. Mientras haya dinero por el medio y políticos que lo repartan, no cabe esperar otra cosa. ¿Volverán los crucifijos en las aulas? ¿Nos iremos al extremo contrario con credos creacionistas o negacionistas del cambio climático? Es inimaginable la cantidad de aberraciones que se pueden introducir en el gremio de la investigación y enseñanza científicas si abrimos la caja de Pandora de dejar introducir ideología a los lobbies correspondientes.

¿Acaso no son los científicos gente inteligente y capaz que sabe pensar más allá de la política y buscar la verdad sin que nadie les diga cuál es la respuesta? Pues no, parece ser que no. La ciencia ya no es lo que era, lo científicos ya no son lo que eran, y lo que queda es una ciencia totalmente dócil y sometida a los poderes políticos, una ciencia que se pone del lado del poderoso, una ciencia adocenada, que repite como un loro las consignas de los prejuicios que la casta de la cultura oficial establece a priori. La ciencia ha dejado de ser un faro que ilumina la verdad para convertirse en cómplice de poderes oscuros, sed de status, sinrazón del capital, y los buenos de sus trabajadores consienten con tal de seguir sosteniendo la vida burguesa que llena sus estómagos.

Bibliografía

Benegas, Javier (2020). La ideología invisible: Claves del totalitarismo que infecta a las sociedades occidentales. Amazon: publicación independiente.

Coyne, Jerry y Maroja, Luana S. (2023). La subversión ideológica de la biología. En: Pensar, 3-7-2023. Disponible en: https://pensar.org/2023/07/la-subversion-ideologica-de-la-biologia/

De la Puerta, Javier (2019). Refutación del feminismo radical. Córdoba: Almuzara.

Etecé, De: Argentina. equipo editorial (2022). Ideología. En: Concepto.de. Disponible en: https://concepto.de/ideologia/

Fiamengo, Janice (2022). Let’s Imitate Hungary and Make a Bonfire of Women’s and Gender Studies. En: López Corredoira, Martín, Todd, Tom y Olsson, Erik J., eds. (2022), eds., cap. 8.

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