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El Catoblepas
  El Catoblepasnúmero 4 • junio 2002 • página 8
Economía

La teoría del valor
como filosofía y como economía

Diego Guerrero Jiménez

El autor, profesor titular de economía aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, presenta diez tesis polémicas sobre la teoría laboral del valor

1. La filosofía de Marx es su Economía; no es ni el materialismo dialéctico ni el materialismo histórico, que no son ni filosofía ni ciencia, sino su teoría laboral del valor (Marzoa, 1983, F. Liria, 1998), única teoría científica del valor mercantil coherente –es decir, no ecléctica (véase qué entiendo por eclecticismo, en Guerrero, 1997)– que existe hasta ahora. En Marx, esta teoría está incompleta, por lo que debe ser completada, y lo ha sido parcialmente desde su muerte, no siempre por parte de los marxistas, y a veces en contra de los marxistas.

2. Marx comenzó a crear el sistema conceptual apropiado para dar cuenta del funcionamiento de la sociedad capitalista. Para ello, construyó un modelo de economía capitalista pura, usando el método único y común que comparten todos los científicos (como opuestos a los ideólogos, los literatos y los filósofos especulativos) en su modestia ferlosiana. Dicho método (en su pluralidad de prácticas concretas) sólo puede consistir en el pensar por sí mismo que recomienda Kant, hasta proponer leyes o teoremas o conceptos que superen el triple criterio universal de aceptación provisional en el ámbito científico: la contrastación lógica, la confrontación teórica (o diálogo científico) y la comparación de los concretos pensados con los concretos reales externos y preexistentes.

3. El objeto de análisis científico de Marx fue la sociedad capitalista (o moderna o burguesa), cuya estructura o ley quería descubrir con la misma exactitud matemática o física que pretendieron Platón (y aun más, Eudoxo) o Galileo o Newton. Para ello, Marx se enfrentó con los ideólogos socialistas de todas clases, anteriores a él o contemporáneos suyos, desde el anarquista individualista Stirner (a quien, junto con Engels, criticó en su juventud) hasta el socialista de cátedra, o catedrático, Adolph Wagner (a quién criticó en su vejez), pasando por tantos otros (Proudhon, Lassalle, Vogt, Bakunin, Dühring, por citar sólo a algunos). En cambio, se apropió y metabolizó las enseñanzas de muchos científicos burgueses, cogiendo de cada uno de ellos los elementos que su materialismo identificó y fue capaz de integrar en un sistema conceptual nuevo, que no sólo rompía con los sistemas anteriores, sino que se convirtió en el sistema sobre el cual los científicos actuales de la sociedad están obligados a construir, salvo que renuncien a toda pretensión de conocimiento y se acomoden, ya sea a la pereza de la filosofía dialéctica hegeliana, ya al interés de la pura ignorancia ideológica.

4. La teoría del valor de Marx pretende dar cuenta de la dinámica del capitalismo, la forma social donde las cosas realmente existentes se han convertido universalmente en mercancías. Para comprender esa dinámica, son de especial importancia el análisis de la explotación del trabajo y el de la competencia de los capitales. Conjuntamente, la comprensión de ambos fenómenos lleva a la concepción de los precios efectivos y su movimiento como la manifestación sintética de dicha dinámica. Dichos precios son la expresión monetaria o indirecta de las cantidades ponderadas de trabajo que la reproducción social exige emplear para la reproducción futura de cada tipo de mercancía (en las condiciones técnicas marginales de producción). Cada precio individual es el que es debido a las interrelaciones de todas las mercancías –incluida la fuerza de trabajo humana– entre sí, y a los movimientos de cada unidad de capital en busca de la máxima ganancia posible, libre movimiento sólo plenamente posible desde el momento en que la libre y comunista explotación del trabajo por el capital es un hecho universal.

5. Al fijar precios por el método de prueba y error, los capitalistas aprenden de la práctica de los mercados realmente existentes qué precios son adecuados y cuáles no, qué inversiones son convenientes o desaconsejables, cuáles de ellos mismos tiene que cerrar o van a engullir al rival más próximo. Pero éste es un conocimiento precientífico y práctico. El conocimiento teórico que nos interesa a los científicos sociales nos empuja a descubrir la ley del movimiento de esos precios. Marx descubrió esa ley, pero no la pudo exponer de la forma completa y perfeccionada en que hoy en día es posible hacerlo. Marx la expresó en un lenguaje hegeliano poco apropiado, que se entiende mejor si se parte del cuadro 1, donde se pretende sintetizar su esquema conceptual (aunque no siempre uso los mismos términos que él).

Cuadro 1
Esquema conceptual de Marx sobre precios y valores
(Fuente: elaboración propia)

  A
Precios o Valores Absolutos
(en horas)
B
Precios o Valores Relativos
en términos de...
oro mercancía j dinero crediticio
C
Precios o Valores Teóricos
1 Individuales Yi yio = Yi/m0 yij = Yi/Yj Yib = Yi/mb
2 Directos di dio = di/m0 dij = di/dj dib = di/mb
3 De Producción pi pio = pi/m0 pij = pi/pj pib = pi/mb
D
Precios o Valores Reales
4 Efectivos mi mio = mi/m0 mij = mi/mj mib = mi/mb

En la lectura del cuadro se imponen tres movimientos, uno en horizontal (de A a B), y dos en vertical (de D a C, y de C a D). Cada uno de estos movimientos de lectura es de naturaleza diferente. El primero significa que las cantidades de trabajo (es decir, los precios o valores absolutos) se expresan, no directamente, sino relativa o indirectamente (como ocurre con otras muchas variables físicas), comparándose con las cantidades de trabajo correspondientes a otras mercancías y, en especial, con las correspondientes a la mercancía específica singularizada (y puesta aparte en la práctica mercantil) como equivalente general y medio de cambio universal de las otras mercancías (es decir, el dinero). El movimiento vertical ascendente refleja el modo de proceder del conocimiento científico. Partiendo de la intuición o representación inmediata de los reales concretos que son los precios mercantiles efectivos, la razón cognoscente elabora los conceptos teóricos apropiados (en el recinto teórico representado por el área C). A continuación, Marx desarrolla los conceptos que exige su teoría para integrar explotación y competencia, pero lo hace de forma hegeliana, contribuyendo él mismo a oscurecer el entendimiento de su propia teoría (por otra parte incompleta e inacabada, como lo demuestra el estado de los manuscritos de los libros II y III de El Capital).

6. Marx consideró necesario elaborar 4 conceptos distintos de valor (o precio), que yo llamo en el cuadro 1, sucesivamente, valores individuales, directos, de producción y efectivos. El último es el valor o precio que ofrece de hecho la realidad mercantil (podría llamarse precio de mercado si el modelo prescindiera de la realidad del Estado y su impacto sobre la fijación de ciertos precios). El primero –el valor individual– sólo sirve de piedra de contraste para comparar los dos valores teóricamente más relevantes: el valor directo (que sólo tiene en cuenta la competencia intrasectorial) y el valor de producción (que tiene en cuenta también la competencia intersectorial). La diferencia cuantitativa entre estos dos tipos de valores fue analizada correctamente en el libro III de El Capital, tanto en lo referente a sus razones (el hecho de que unos se conceptúen para tener en cuenta la circulación de mercancías como simples mercancías, y los otros, para dar cuenta de esa misma circulación de mercancías en cuanto porciones determinadas del capital social) como en cuanto a su propia naturaleza (se trata de una desviación puramente cuantitativa, o de magnitud, no de un cambio de unidad ni de un cambio en el espacio, o mundo, en que se ubican dichos precios).

7. Marx dejó incompleto el análisis matemático del problema. A pesar de sus estudios de Matemáticas en los años de vejez (véanse Smolinski, 1973; Alcouffe, 1985), no podía resolver adecuadamente la cuestión con la exactitud que buscaba, fundamentalmente debido a que en su época no se había desarrollado el álgebra matricial hasta el nivel requerido. Los teoremas de Perron-Frobenius, difundidos sólo en el siglo XX, la elaboración a partir de las décadas de 1920 y 1930 del análisis input-output por parte de Leontief (incluida la obtención posterior de la ya famosa inversa de Leontief), la programación lineal desarrollada por Kantorovich, Koopmans y otros a partir de los años treinta, las aportaciones matemáticas de von Neumann y su insistencia en el problema de la dualidad matemática, la reelaboración de estas cuestiones por su discípulo marxista, András Bródy, el desarrollo del concepto de integración vertical por parte de Pasinetti (1973), el descubrimiento de la solución iterativa a la cuestión de la transformación (primero por Bródy, luego por parte, casi simultáneamente, de G. Abraham-Frois, M. Morishima y A. Shaikh), el comienzo de los trabajos empíricos para el cómputo de las cantidades de trabajo verticalmente integradas necesarias para la reproducción mercantil, el desarrollo del concepto de composición en valor del capital verticalmente integrada (Shaikh, 1984) y su cálculo empírico a partir de tablas de insumo-producto reales de los Estados Unidos (Ochoa, 1984, Chilcote, 1997), &c.; todo eso ha hecho posible que hoy pueda concluirse, a mi juicio, que los auténticos valores-trabajo son los valores de producción.

8. Desde el punto de vista marxista, el argumento teórico puede rastrearse desde el propio Marx, pasando por Rubin (1929) y Bródy (1970), hasta llegar al filósofo español Felipe Martínez Marzoa, que, en un libro que no cita su discípulo F. Liria (1998), argumenta que estamos llenos de razón si queremos acusar de incoherencia a toda la tradición marxista que no ha puesto reparos a la hora de ponderar los valores individuales en un valor social promedio llamado valor directo, y en cambio se ha sumergido y empantanado en los debates más miserables sobre la supuesta imposibilidad o inconveniencia de hacer otro tanto con los valores directos para socializarlos (intersectorialmente o, mejor, globalmente) en los auténticos valores que corresponden a la economía capitalista en su conjunto (que, no lo olvidemos, constituye el verdadero objeto de análisis de esta teoría del valor): los valores de producción.

9. En mi opinión (Guerrero, 2000), la explicación de que esta minoritaria línea de pensamiento dentro de la tradición marxista no haya conseguido aún la relevancia que merece estriba en la posición de autoderrota infligida por la defensa ideológica y pseudocientífica que han llevado a cabo la mayoría de los marxistas que han seguido apoyando la teoría laboral del valor (que, por lo demás, siguen siendo una minoría dentro de la llamada tradición marxista), fomentada y exacerbada por la actitud timorata o vergonzante de muchos exmarxistas que, en busca de un rápido reconocimiento académico, han percibido enseguida la rentabilidad personal de pasar por juiciosos y maduros científicos capaces de reconocer y renegar de sus pecados (ideológicos y/o revolucionarios) de juventud. Una vez premiados por la Academia con los diplomas y honores correspondientes, todos parecen ahora tan contentos, al menos hasta que el marxismo se vuelva a poner de moda (que se pondrá).

10. Por mi parte, y como marxólogo, he de confesar que tuve la inmensa suerte de ser acusado de marxista dogmático por el padre de todos los conversos exmarxistas (Manuel Castells), que calificó de esa guisa mi Tesis Doctoral de 1988, que comenzaba afirmando: «Esta Tesis utiliza el instrumental metodológico y analítico de la economía política marxista, para estudiar las relaciones existentes entre acumulación de capital, distribución de la renta nacional y crisis de rentabilidad, tanto desde el punto de vista teórico, como en referencia al caso español (1954-1987)». Con su voto negativo, Castells no sólo me ahorró generosamente el coste de un cubierto en el conocido y gastronómico ritual iniciático de los nuevos doctores, sino que me hizo el honor de colocarme, aunque sólo fuera durante un minuto, al lado de Jean-Paul Sartre, que, como dice Liria, defendió frente a Hegel, el mínimo e imprescindible dogma de que «el ser es y la nada no es», mientras que Castells, en su hegeliano e ideológico frenesí antidogmático y vacío, no necesitará nunca de Hegel para dejar de ser nada siéndolo permanentemente todo (en la Academia).

Ver anexo gráfico
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Referencias bibliográficas

Alcouffe, A. (1985). «Marx, Hegel et le calcul. Quelques repères», en Les manuscrits mathématiques de Marx. Étude et Présentation, Paris: Économica, 1985, pp. 11-109.

Bródy, A. 1970. Proportions, Prices and Planning. A Mathematical Restatement of the Labor Theory of Value, Budapest: Akademiai Kiadó.

Chilcote, E. 1997. «Interindustry structure, relative prices and productivity: an input-output study of the U.S. and O.E.C.D countries», Tesis doctoral , Depto de Economía, New School for Social Research, NuevaYork.

Fernández Liria, C. (1998): El materialismo, Madrid: Síntesis.

Guerrero, D. (1997); Historia del pensamiento económico heterodoxo, Madrid: Trotta.

― (2000): La teoría del valor y el análisis input-output, VII JEC, Albacete, 3-5 de febrero.

Marzoa, F. M. 1983. La filosofia de El Capital, Madrid: Taurus.

Ochoa, E. 1984. «Labor values and prices of production: an interindustry study of the U.S. economy, 1947-1972», Tesis doctoral, Departmento de Economía, Nueva York: New School for Social Research.

Pasinetti, L. L. 1973. «The notion of vertical integration in economic analysis», Metroeconomica, 25: 1-29.

Rubin, I. I. 1929. Ensayo sobre la teoría marxista del valor, Buenos Aires: Pasado y Presente, 1974.

Shaikh, A. 1984. «The transformation from Marx to Sraffa», en Mandel y Freeman (eds.): Marx, Ricardo, Sraffa, Londres: Verso, pp. 43-84.

Smolinski, L. (1973). «Karl Marx and mathematical economics», Journal of Political Economy, septiembre-octubre, pp. 1189-1204.

 

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