
El Catoblepas • número 59 • enero 2007 • página 10

Graciano Martínez Suárez (1869-1925):
una aproximación a su vida y a su obra
Vida y obra de este fraile agustino español, famoso orador en su tiempo,
que estuvo en Filipinas, pasó por Alemania, Argentina y Cuba,
e impulsó y dirigió la revista España y América
Graciano Martínez Suárez nació el martes 23 de marzo de 1869 en Pola de Laviana (España), localidad situada en la parte media de la cuenca del río Nalón, en Asturias. Hoy es la «bisagra» entre la zona antes muy industrial y ahora en decadencia del bajo Nalón y la zona verde y ganadera de la parte alta; pero a finales del siglo XIX su aspecto era bastante diferente. Si bien ya se intuían en el horizonte los males que Palacio Valdés nos muestra en La aldea perdida, no llegaron a verlos los ojos del pequeño Graciano. Nació de madrugada, cerca de las cinco de la mañana, en la casa conocida como La Portalada, en el callejón de la capilla de San José. Ese mismo día lo bautizó en la ermita de Santa María del Otero de Pola de Laviana, por cuya Virgen sentiría Graciano una especial predilección toda su vida, el coadjutor Wenceslao García del Riego{1}.
Fueron sus padres Josefa Suárez Pérez y Valentín Martínez García-Noriega, ambos naturales de Pola de Laviana. Su padre trabajaría en el Juzgado Municipal de esta localidad como Secretario durante más de treinta años. Los abuelos maternos se llamaron Bernardo Suárez y María Pérez; los paternos Manuel Martínez y María García-Noriega, todos de Laviana menos su abuelo materno, que era natural de Lorío, a pocos kilómetros de la cuna del P. Graciano.
Su infancia fue muy normal. Quien le enseñó las primeras letras fue Don Pedro García Morán, que también sería maestro de Maximiliano Arboleya y de Emilio Martínez, un hermano menor del P. Graciano. Don Pedro, aunque a regañadientes, participó en el homenaje que se le hizo al P. Graciano poco después de su muerte. Lo hizo con una breve nota dirigida al cura de Laviana en la que afirmaba que Graciano había sido su mejor alumno y que siempre había mostrado hacia su primer maestro respecto y atención{2}.
También hizo de las suyas siendo adolescente. Cuenta su hermano Emilio que, en una ocasión, por comer más de lo que debía de la finca del notario para el que trabajaba como escribiente, su padre le propinó una soberana paliza{3}.
A los 17 años, en agosto de 1886, ingresa por voluntad propia en la Orden de San Agustín, marchándose al colegio de los Agustinos Filipinos de Valladolid. Un año después, el 18 de septiembre de 1887, hará la profesión de votos dentro de la Provincia del Santísimo Nombre de Jesús de Filipinas de Valladolid. Los ocho años siguientes serán años de estudio. Cursó la carrera eclesiástica en el monasterio de La Vid, en Burgos donde «ya se dedicaba a leer y comentar relatos y poesías con gran entusiasmo a sus compañeros»{4}. En El Escorial de Madrid, el 12 de mayo de 1895, contando veintiséis años, se ordena presbítero y celebra su primera misa. Por aquellas fechas estaba de Rector del Real Colegio de El Escorial otro ilustre lavianés: el padre agustino Francisco Javier Valdés y Noriega, que llegaría a ser obispo de Salamanca.
Los datos son contradictorios en lo que se refiere a si el P. Graciano estudió la carrera de Leyes o no. Mi opinión coincide con la de Españolito, que afirma que no concluye la carrera por tener que marcharse a Filipinas, a la que llega el día 2 de febrero de 1896{5}.
Al llegar lo asignaron a la provincia de Abra para pasar el 16 de febrero de 1897 a regentar una misión en Ilocos. Sólo estaría allí ocho meses, ya que tendría que abandonar el lugar y marchar a su nuevo destino en octubre de ese año: una misión, esta vez, entre los igorrotes de las montañas de Sapao, en la isla de Luzón. Estando en la Paz (Abra) de misionero estalla la revolución de 1898. Huye, pero cae prisionero el 26 de agosto de 1898. A Graciano le tocó vivir en sus carnes toda la crudeza la revolución Filipina ya que soportó sus cárceles por un período de dieciséis meses: fue liberado el once de diciembre de 1899. Parece ser, según nos cuenta su hermano Emilio, que en su puesta en libertad Monseñor Plácido Luis Chapelle jugó un papel decisivo al interceder por él. Monseñor Chapelle sería luego Arzobispo de Nueva Orleans y Delegado Apostólico de Filipinas, Cuba y Puerto Rico{6}.
No vuelve a España nuestro P. Graciano al ser liberado. Al contrario, el treinta de diciembre sale desde Aparri en el vapor «Uranus» hacia Manila. Tiene treinta años y permanecerá en las islas, desempeñando labores evangélicas y literarias, por espacio de dos años. Es durante su estancia en Manila cuando, en el año 1900, publica su primer libro: Memorias del cautiverio. (Páginas de la revolución filipina){7}. Mucho de lo que aparece en el libro lo había escrito su autor durante su «cautiverio» en la cárcel «entre soldadotes grotescos, sufriendo hambre y sed, continuas vejaciones y malos tratos», dice González Blanco. De ahí que en ocasiones se disculpe el P. Graciano por el tono duro de su pluma. Y es cierto. Aunque para algunos autores el P. Graciano mantuvo siempre su ecuanimidad e intentó no «alborotarse» demasiado, muy pocas veces ecribiría nuestro autor como en este libro. Estaba enfadado y muy dolido. Había visto morir a muchos de sus compañeros, notaba que los políticos españoles los habían abandonado y que los gobernantes filipinos no habían sabido prever lo que todo el mundo sabía. Disculpa de toda aquella locura al pueblo filipino. Cree que la razón de su adhesión a la revolución está en su particular forma de ser, sobre todo en su timidez, «atributo consustancial al indio, que lo induce siempre á ponerse siempre del lado del poderoso»{8}.
Su crítica a los gobernantes es muy dura. Al gobernador de la zona en esos momentos, Enrique Polo de Lara, lo acusa en el libro de no dejar embarcar a los Padres en la huida, de pretender abandonar el barco dejando a la tripulación a su suerte, incluso de cobrar por el viaje en el pontín setenta y dos pesos por persona, cuando en condiciones normales su precio era de tan solo dos... El P. Graciano resume con crudeza la opinión que se tenía de Polo de Lara: «¿cómo era posible que tantos peninsulares juntos sufriesen tantas cabronadas de un mandria semejante?»{9}.
Por supuesto, Polo de Lara respondió a las acusaciones. Lo hizo con otro libro, no menos grueso que el del P. Graciano, que tituló: En justa defensa. (Refutación documentada de las falsas aseveraciones de un fraile agustino). Por el último gobernador civil español de ambos Ilocos.{10}
El autor ve en el libro un «libelo escrito con premediación y alevosía; impreso para facilitar su reparto, realizado entre sombras y encrucijadas» y distribuido de forma que se le causara el mayor daño personal. Porque Polo de Lara no ve en el libro unas memorias de un cautivo, sino una sarta de mentiras para desacreditarle. «Figuro en su evangélico trabajo predilectamente y muy en primera línea; y con tal de hablar de mí, prescinde de los grandes problemas, no aporta datos para la Historia, no ilustra á la opinión y sólo parece obedecer a la consigna de perseguir al escritor liberal que habló claro al país», sobre todo al «haber insistido durante mi último mando, en 1898, en que fuesen relevados de sus curatos, como lo fueron, varios compañeros y hermanos de hábito del padre Graciano», al decir «que el fraile nos arrastraba á la pérdida del Archipiélago» y que «el fraile filipino era el mayor peligro colonial». Por eso se ve en el libro del P. Graciano «desde los primeros párrafos hasta qué punto son el bárbaro egoísmo y la mezquina pasión los únicos inspiradores del libelo»{11}.
Graciano, evidentemente, tampoco se amilanó y respondió{12}. Llegó a escribir que «lo mejor, á ser posible, para el nombre del autor y para los lectores, á quienes quepa la desgracia de leerlo, sería verter en todas las páginas un ácido detergente que llevase por delante toda la tinta. Solamente así dejaría de ser el folletejo, en que me ocupo, una almáciga verdadera de mezquindades y pequeñeces»{13}. En las cartas analiza pormenorizadamente el libro de Polo de Lara, sacando a la luz sus errores y contradicciones.
Estando en Manila, en 1901, también saldría a la luz su primer y único libro de poesías que tituló Flores de un día{14}. Recibió el libro encendidos elogios, sobre todo en los diarios de Manila, tales como El Noticiero, Libertas o el Heraldo de Ilo-ilo, en alguno de los cuales había publicado parte de sus poemas el P. Graciano. También se incluyen en el libro algunos que había enviado a su tierra natal desde Filipinas, firmando como Zenit-mar, el anagrama de su apellido, para que fueran publicados en El Porvenir de Laviana y en la Revista Lavianense.{15}
Llega a España el año 1902 con un nombramiento bajo el brazo: redactor de la revista de los padres agustinos España y América, una revista que entrará a formar parte de la vida del P. Graciano hasta su muerte.
España y América comenzó a publicarse por los Padres Agustinos el 1 de enero de 1903 en la Imprenta del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, que también imprimiría, por otra parte, muchos de las obras del P. Graciano. Tenía una periodicidad quincenal y como empresa fundamental consagrar «todas nuestra fuerzas á defender los grandes y sagrados intereses de la religión y de la fe, á difundir y propagar las enseñanzas del Romano Pontífice, y á reivindicar enérgicamente los derechos de la Iglesia Católica».Veían los agustinos como un deber seguir la tarea emprendida por su fundador en el convencimiento de que los errores que él combatió «vuelven á resurgir de su sepulcro», errores, en esta ocasión, «engendrados por cerebros desequilibrados y enfermos». Había que «regenerar» España social y cristianamente. Para ello saltan esperanzados a la arena del combate donde tendrán como lema evitar los ataques personales y como asuntos de interés prioritario las cuestiones de actualidad tanto sociales como políticas, sin dejar de mirar para los pueblos hermanos de América{16}.
En cuanto a las cuestiones de actualidad, afirman que «no serán directamente objeto de nuestra modesta publicación las investigaciones científicas», ya que hay revistas que cumplen sobradamente esta misión. Conviene decir, no obstante, que sí publicarán artículos de contenido científico o divulgativo, aunque de forma muy escasa{17}.
En lo político la revista, decían, «no tendrá color político de ninguna clase», pretendían estar apartados de las luchas de los partidos políticos y buscar, así, la «imparcialidad», tampoco siempre conseguida. Cuando abordaran cuestiones sociales buscarán siempre su inspiración en la encíclica Rerum Novarum, publicada el 15 de mayo de 1891 por León XIII -del que incluyen un retrato en el primer número de la revista- y que tanto influyó en muchos de los escritos del P. Graciano.
Por último, la inclusión en su revista, en un lugar preferente, de los asuntos concernientes a las «repúblicas americanas» tenía como objetivo fundamental no sólo informar de lo que allí ocurría en los ámbitos político, social o religioso, sino que había un interés especial de informar también del estado de la industria, de la agricultura y del comercio. Querían que España y América sirviera no sólo para «las personas de honrado corazón y cristianos sentimientos», sino también «para el industrial y el comerciante, que encontrarán en ella datos preciosos y seguros para sus empresas y especulaciones mercantiles»{18}.
El P. Graciano no aparece en el primer número de la revista, aunque el número de artículos, críticas de libros, breves reseñas bibliográficas, poesías o cuentos que escribió para la misma es impresionante. En todos los volúmenes incluirá siempre algún escrito suyo, salvo en los años que, como veremos, estuvo en América.
Su laboriosidad y su buen hacer en la revista son tan grandes que, dos años y medio después de la aparición del primer número, el 27 de octubre de 1905, se le nombra director de España y América. Sustituiría al asturiano de Villoria (Laviana) P. Benigno Díaz, que iría como Superior a Tapia de Casariego al tener que marcharse su anterior director, el P. Santiago García, al convento de La Vid como catedrático de Teología. Un año antes, el 9 de octubre de 1904 y «previos los ejercicios literarios ordenados por nuestras leyes» había obtenido el título de Lector de Provincia{19}.
Su primera etapa como director de la revista tendrá un paréntesis el año 1906. Este año, para ponerse al día de la moderna Apologética cristiana (escribiría tres artículos para su revista en torno a la obra de Armando Shell{20}), para «enterarse sobre el terreno de las controversias religiosas que en aquellos días tanto excitaban la atención de los pensadores»{21} y para estudiar el idioma, se marchó a la Universidad de Wurzburgo, en Alemania. Conocemos poco de este viaje. Sabemos que desde allí enviaba artículos para que se incluyeran en España y América. Algunos, como los dedicados a la vida religiosa en Alemania, tan importantes que se creyó en la conveniencia de que salieran de la revista y se formara con ellos un libro{22}. En otros artículos nos cuenta, aunque son ligeras pinceladas, sus impresiones de los lugares y de las gentes por donde pasaba{23}.
Regresa a España, dirigiendo de nuevo la revista, pero por poco tiempo ya que el 4 de diciembre de 1907 se le ordena ir a Buenos Aires{24}.
El año siguiente tendrá que ir a Cuba. Su estancia en La Habana a partir del año 1908, como profesor del colegio San Agustín, colaborando con la labor formativa que los agustinos americanos llevaban en La Habana, será de dos años. Aquí, como en todos sus viajes, nunca quiso ser el P. Graciano sólo un cura de celda y biblioteca (que lo era) sino que también procuró salir y relacionarse con las gentes de su entorno. Por este motivo, y gracias a sus dotes personales que lo hacían ser una persona verdaderamente entrañable, hizo en La Habana grandes amigos, como el director del Diario de la Marina, el español Nicolás María Rivero. Su labor en todos los órdenes es intensa. Con los sermones y discursos pronunciados en La Habana publicará el autor en un libro tres años después. En él puede comprobarse cómo lo requerían de muchos sitios para que hablara: en la Catedral, en la iglesia de Santo Domingo o en la de Nuestra Señora del Pilar, pero también en el Centro Asturiano, en el colegio «Hogar y Patria» o en la Asociación de Dependientes de Comercio de La Habana{25}.
Tiene el P. Graciano cuarenta y un años cuando, en 1910, regresa a España. No vuelve a Madrid, sino que lo envían a un pequeño pueblecito de la costa asturiana: al colegio Santa Isabel de Tapia de Casariego. En la relativa tranquilidad que le proporciona su estancia en este lugar sigue escribiendo{26}, continúa siendo requerido para pronunciar sermones{27} o para pronunciar oraciones fúnebres{28}.
La estancia de los agustinos en Tapia, fruto de la donación del antiguo Instituto a esta Orden en 1904, duró hasta 1924. Su labor está bien documentada, ya que de ellos hablaba a menudo la prensa de la zona (como Las Riberas del Eo o Castropol) y los propios agustinos –ya se ha mencionado– editaban cuadernos resumiendo sus ideales pedagógicos, los resultados académicos, las plantillas, &c. Los autores coinciden en admitir que, frente a la etapa anterior, los agustinos se relacionaron menos con el pueblo: los muros del colegio fueron levantados, los alumnos no podían salir a jugar fuera, sus visitas tenían un régimen muy estricto, el correo y los paquetes pasaban por las manos del Director, &c.{29}
Según nos cuenta el P. Jesús Delgado, compañero suyo en el colegio, fue en este ambiente donde el P. Graciano «cumplida la obligación diaria del sacerdote, a las horas de clase explicaba las suyas; en los intermedios de las clases preparaba sermones y conferencias; en las horas de recreo, el suyo era enseñar el alemán a los compañeros que querían aprenderlo, y ponía la cátedra en su celda; y en las horas de la mesa daba o recibía la información diaria periodística; de suerte que sin interrupción, dentro de un mismo día, en sucesivas horas, estudiaba, escribía, enseñaba y se preparaba para serias empresas»{30}.
Su regreso, ya definitivo, a la capital de España se realizará cuando el 11 de junio de 1914, contando cuarenta y cinco años, se le confía de nuevo (y lo será hasta su muerte) la dirección de la ya mencionada revista España y América. Es en esta segunda etapa cuando la revista se coloca en un lugar privilegiado dentro del panorama literario del momento, gracias sobre todo al impulso que le dará el P. Graciano. De esta manera se convertirá esta revista, para muchos, en la mejor publicación de su género.
Aunque su residencia habitual está en Madrid, se desplaza nuestro Padre por muchos puntos de la geografía nacional: Avilés, Llanes, su natal Pola de Laviana, Barcelona, Zaragoza, Toledo... Estos continuos requerimientos del P. Graciano, como veremos, terminarán a la larga pasando factura de su cada vez más débil salud.
Pero por el momento Graciano sigue escribiendo y publicando con una fertilidad y un rigor verdaderamente excepcionales. Sobre todo centra sus energías en artículos que luego recopila y edita en forma de libro. De esta forma, y casi al ritmo de uno por año, va publicando lo que serán sus mejores obras: el año 1916 publica Hacia una España genuina; en 1918, La objeción contemporánea contra la Cruz; al año siguiente Semblanza del primer superhombre o Nietzsche y el nietzschismo; el año 1920 la ya mencionada segunda edición de su libro de poesías Flores de un día y en 1921 De paso por las Bellas Letras, dos volúmenes donde recoge sus críticas literarias y El libro de la mujer española{31}.
Conviene que nos detengamos un momento en este último libro ya que es el único que «sufrirá» una reedición al comienzo de la dictadura.
El P. Graciano siempre había tenido una sensibilidad por el papel de la mujer en la sociedad española, sensibilidad que se habría agudizado, sin duda, debido a sus largas estancias en varios países del mundo. Creía que sobre el feminismo, y desde el enfoque que él pensaba adecuado, se había escrito en España poco y mal. Pensaba, además, que no podía pasar más tiempo en abordar de cara este problema y darle solución. Sabía que nuevas causas económicas, culturales y políticas lo habían sacado de su letargo y que era un problema candente a comienzos del siglo XX.
El libro, en su primera edición, aborda en trece capítulos desde la historia feminista hasta el pretendido antifeminismo en la Iglesia, pasando por los derechos naturales, culturales, civiles y políticos de la mujer. Con gran erudición y haciendo un repaso a las opiniones de antiguos y modernos elabora unos principios para la regeneración de España que harían posible que la mujer ocupara su lugar. «La actual constitución social está lejos de ser perfecta: cuando lo sea, la vida femenina tendrá sus ideales marcados y definidos, y el feminismo habrá dejado de existir, esto es, habrá dejado de existir como lucha y como aspiración; pues habrá llegado a realizar el ideal cristiano de nivelar los dos sexos, haciéndolo vivir en un estado progresivo y armónico de derechos y deberes, sin más diferencias que las impuestas por la naturaleza y requeridas por las diversas aptitudes y por los diversos papeles providenciales que hombre y mujer han de ejercer en el drama de la vida y de la humanidad»{32}.
Como hemos dicho, el libro volvió a publicarse en 1942 aunque ahora con importantes modificaciones. Se añadieron breves apartados en algún capítulo y se suprimieron los dos que abordaban los derechos políticos de la mujer, como veremos poco acordes con los rumbos que tomaba el nuevo régimen{33}.
El P. Graciano repasaba en los capítulos suprimidos el movimiento sufragista en varios países del mundo (Noruega, Finlandia, Holanda, Francia, Bélica, Italia, Estados Unidos, ...) y defendía este derecho, desde una óptica cristiana, para las mujeres españolas. Pensaba que el voto femenino iba a propiciar la necesidad ineludible de «sanear» la política española. Ahora bien, antes de ejercer plenamente este derecho eran también convenientes «un par de años de formación de ciudadanía consciente» para que la mujer entienda «lo que significa el derecho de ir a depositar su voto en las urnas los días de elecciones»{34}. Afirmaba con rotundidad: «que las mujeres votarán en España, como votan en otras naciones es evidente. Temprano o tarde, votarán.» Las corrientes sociales se movían en esa dirección, «son de día en día más favorables a la concesión de los derechos políticos a la mujer, y lo serán más y más, a medida que se la vea desenvolver sus energías intelectuales y morales». En este sentido, comenta la excelente labor que estaba llevando a cabo la Acción Católica de la Mujer, fundada en 1919{35}.
Como hemos dicho, las tesis del P. Graciano no eran las más adecuadas para la nueva ideología imperante tras la Guerra Civil y, con el ánimo de aclarar las dudas que de la lectura del libro pudieran surgir en las mentes (de las mujeres sobre todo), se añadió al final de la segunda edición un nuevo apéndice que llevaba por título «La mujer española en el nuevo Estado». Lo escribió en diciembre de 1941 la Señorita María Rosa Vilahur Bellestar, de la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid. En él resumía el papel que a la mujer le tocará jugar en España durante los años siguientes como «ayuda semejante» al hombre, y les indicaba, como sus virtudes fundamentales, la fe, la obediencia, la disciplina, la humildad, la fortaleza, la austeridad y la alegría, para asumir el deber de convertirse en el pilar fundamental de la nueva familia española{36}.
El último libro que el P. Graciano pudo publicar antes de su muerte, exceptuando la ya mencionada tercera edición de Regionalismo y patriotismo, llevaba por título Hacia la solución pacífica de la cuestión social{37}. Saldría a la luz en el año 1923 y, si antes había sido el Cardenal Guisasola el «culpable» de su elaboración, en este caso será el Nuncio de Su Santidad en España Francesco Ragonesi, entre otras personas, quien le «rogó instantemente que escribiera, acerca de la cuestión social, algo sanamente orientador, por el estilo de El Libro de la mujer Española. Y heme aquí que ya lo estoy pergueñando y en forma de conferencias para aprovechar algunas de las pronunciadas y, para que, así, pueda servir mejor a los señores curas párrocos que quieran utilizarlas en el púlpito»{38}.
El libro lo forman once conferencias que abordan lo más «candente e inquietante» de este asunto y una conferencia-introducción en la que resume la génesis del libro y las posiciones de partida, que resumimos a continuación: inspirarse ante todo en la Encíclica Rerum Novarum de León XIII; aclarar tanto los derechos como los deberes de los ricos y de los pobres («a unos y a otros les voy a decir la verdad y nada más que la verdad», aunque «sí que, en general, mi labor habrá de ser en defensa de las clases populares, sí que mi voz habrá de vibrar, acalorada, en pro de los obreros injustamente oprimidos», todo esto procurando armonizar las clases sociales y no ser un «enemigo de las clases acomodadas» ya que su lema será «apostolado, no sectarismo»; «a los ricos prediquémosles nuestro socialismo, que es un socialismo al revés, pues los socialistas quieren despojar a los ricos de sus riquezas, y nosotros queremos que los ricos se desprendan de parte de ellas en beneficio el proletariado (...) a los pobres prediquémosles el sacrificio (...) ante la imposibilidad absoluta de extirpar en la tierra el dolor, ¿qué hemos de hacer sino predicar la resignación cristiana?»); defenderá el trabajo obligatorio para todos, incluso para los ricos («para que sus riquezas sean hijas del trabajo, no del fraude ni la usura, y para que no se pueda decir de ellos lo que de tantos ricos de nuestro tiempo se puede decir: que son no solamente seres inútiles, sino también nocivos a la sociedad»); demostrará que es necesario para la paz social que el capitalismo deje de explotar la miseria y «que los principios sanos tornen a echar hondas y fuertes raíces en el corazón del pueblo», atajando las «predicaciones antipatrióticas y antimilitaristas» instruyendo al pueblo ya sea mediante una agresiva campaña de extensión universitaria por toda la geografía nacional ya sea mediante «la creación de sindicatos que no aspiren sólo al mejoramiento económico de las clases trabajadoras, sino también y aún principalmente, a su mejoramiento intelectual y moral»; aclarará que la religión ha estado siempre unida a la libertad y a la democracia, ya que éstas «en su sentido sano, son dogmas del cristianismo, teórica y prácticamente irreconciliable con toda tiranía y con toda opresión. Jamás se ha visto ni se verá a la Iglesia al lado del despotismo y de la tiranía»; por último, propondrá el retorno al cristianismo como la única vía posible para la solución pacífica del conflicto social («la cuestión social es una cuestión moral y religiosa. El más empedernido socialista no se atreverá a negar que los pueblos más felices son aquéllos en que mejor se conservan las tradiciones santas de familia, trabajando honradamente la semana y santificando, como la Iglesia manda, el domingo, cumpliendo, en fin, con los hombres y con Dios»){39}.
La última tarea que realizaría el P. Graciano en vida y en la que, como en todas las que abordaba, puso todo su entusiasmo y energía fue la participación en la Tercera Asamblea Nacional de Prensa Católica, celebrada en Toledo del 12 al 15 de junio del año 1924. La Presidencia estuvo a cargo del Cardenal Arzobispo de Toledo y Primado de las Españas, Enrique Reig y Casanova. El P. Graciano fue el encargado de formular la ponencia sobre el Tema Tercero de la Asamblea, que tenía como título «Qué nuevas publicaciones conviene crear»{40}.
Su tarea consistía en leer las memorias que sobre el tema mencionado se presentaron de forma previa a la celebración de la Asamblea, resumirlas y presentar una ponencia con las conclusiones, ya fueran inspiradas en las memorias leídas o fueran de cosecha propia. Analizó las 48 memorias que el Secretario de la Asamblea le entregó, presentó su ponencia con sus conclusiones y todas fueron aprobadas en la sesión privada general{41}.
Todas las conclusiones que presentó a la Asamblea proponían contrarrestar el abandono de la religión católica y el desinterés cada vez más generalizado de amplios sectores de la población por los temas de la Iglesia. «El catolicismo languidece, entre nosotros, de día en día (...) Más que la impiedad, la ignorancia religiosa ha dejado vacíos los templos parroquiales», decía no sin cierta amargura el comienzo de su ponencia{42}. Pero no había que desfallecer. Entre las publicaciones que él creía había que realizar o modificar para contrarrestar dicha irreligiosidad, mencionaba las siguientes: relanzar las hojas parroquiales, con un diseño y formato más modernos; fundar en Madrid una revista infantil nacional; crear en los centros de Enseñanza Media revistas escolares escritas por los propios alumnos; realizar una gran revista gráfica católica y una novela semanal «barata, amena y galanamente escrita»; era necesaria también una revista de cultura donde pudiesen escribir los recién Licenciados; otra revista gráfica y doctrinal dedicada a la mujer y, por último, defendía como muy conveniente fundar un rotativo gráfico nocturno en Madrid.
La tarea del P. Graciano no sólo consistió en presentar la ponencia sino que, una vez aprobadas sus ideas, el Cardenal Reig constituyó una Comisión Ejecutiva que tenía como principal misión «realizar en lo posible los acuerdos de la Asamblea». Y el presidente de dicha Comisión fue nuestro P. Graciano, colocándose de esta forma al frente del periodismo y de la publicidad católica en España. Había, pues, que llevar las conclusiones aprobadas a la práctica. Y lo intentó. En tres meses de trabajo vieron la luz un semanario infantil, la revista para jóvenes y la orientada a la mujer estaban muy avanzadas y la novela semanal salía de la imprenta cuando, de repente, cayó como un mazazo la noticia de su repentina muerte.
Falleció el P. Graciano Martínez el viernes, dos de enero de 1925, poco después de las seis de la tarde, víctima de un fallo cardíaco. Ocurrió en la Residencia de Colmuela, en Madrid, actualmente en el número 12 de la calle del mismo nombre, junto a la iglesia de San Manuel y San Benito regentada todavía por los Padres Agustinos Conocía desde hacía tiempo que su corazón era demasiado débil pero, como hemos visto, no dejó de trabajar por la prensa católica, ni de escribir artículos, ni de dar sermones ni conferencias...{43}
El Padre agustino Jesús Delgado, asturiano, su amigo del alma, que había estado cautivo con el P Graciano en Filipinas, que convivió con él en Tapia de Casariego y que, tras su muerte, se haría cargo de la dirección de la revista España y América, nos narra sí el momento de su muerte: «la ocupación última suya fue la de consolar al triste: a una pobre hija de Alemania que hacía dos meses que había perdido a su padre, precisamente de forma repentina: en una pequeña sala de visitas estaba ella hablando de su inmensa pena al P. Graciano, y éste le respondía que pensase en los misericordiosos designios de Dios, que no por ocultos y al parecer rigurosos, dejan nunca de ser misericordiosos. Dicho esto, quedó como recostado en el respaldo del sillón y vuelto el semblante hacia arriba, y en esta al parecer natural actitud dejó de hablar, si bien no de vivir y respirar. ¡Providencia de Dios! La cristianísima joven avisó del peligro con la celeridad que es de suponer; inmediatamente acudió un Padre que en la próxima estancia providencialmente se encontraba; asistió al paciente y la administró la santa absolución; a los pocos minutos eran un médico y tres Padres los que rodeaban al moribundo; fue de parecer el doctor, en vista de la gravedad del accidente, que se le suministrase la sagrada Extremaunción, y así se hizo, aunque con la rapidez que las circunstancias exigían{44}.
Al cuarto de hora de haber interrumpido el diálogo de la humana conversación, el P. Graciano estaba sentado y como dormido con tranquilo sueño en su sillón: ya no respiraba: ¡había muerto!». Tenía 55 años{45}.
Gracias a las necrológicas y a los diarios de aquellos días sabemos que sus restos descansan en el mausoleo que la orden de San Agustín aún posee en el cementerio de La Almudena, que su entierro se celebró a las tres y media de la tarde del día 3 de enero y que «su cadáver no ha llevado al cementerio ni una sola corona mortuoria (...), pero ceñía la humilde carroza una fuerte, escogida y silenciosa tropa de hermanos de hábito, de religiosos de diferentes Órdenes, de sacerdotes y de seglares amigos, entre los cuales se destacaban los caudillos y los bravos capitanes de la Prensa Católica»{46}.
Poco después de su muerte aparecen iniciativas para que al P. Graciano se le dé el reconocimiento que se merece. Así, en El Carbayón del día 4 de enero de 1925 y firmando con las iniciales C. G. pueden leerse las propuestas que hacía tanto a los sacerdotes como al Ayuntamiento de Laviana el autor del artículo: «los sacerdotes del archiprestazgo de Laviana, al hacerle solemnes honras fúnebres y estimar la inmensa labor y valía del P. Graciano. El Ayuntamiento de Laviana debe también demostrar que reconoce el indiscutible y extraordinario mérito del poeta, del polemista, del orador, del sociólogo, del apologista, del crítico y del escritor castizo y afiligranado que vio la luz en el mismo corazón de esa excelentísima villa, y debe honrar la ilustre memoria de tan preclaro hijo dedicándole, al menos, una calle o una plaza»{47}.
Un par de días después, en una carta al Alcalde de Pola de Laviana Don Arturo León, hacía la misma petición el padre agustino Aurelio Martínez, natural de este pueblo, y profesor por aquellos años en el Colegio Santa Isabel de Tapia de Casariego{48}. Respondiendo a la petición de Fray Aurelio, la Comisión Permanente del Ayuntamiento, en Sesión de 14 de enero, insta al Pleno del Ayuntamiento a que dé el nombre de una calle al Padre Graciano. En Sesión de 16 de enero se acuerda por unanimidad dar a la Calle Nueva el nombre de Padre Graciano Martínez.
Esto ocurría en enero. Pero no era suficiente. El Presbítero-Regente de Pola de Laviana, Don Manuel Valdés Gutiérrez inicia una suscripción entre los «admiradores» del P. Graciano para hacer algo que recuerde su nombre. Recauda una cantidad importante pero, creyéndola insuficiente, escribe una carta al Alcalde el doce de junio de 1925 para que nombre a alguien que, junto a él y a otra persona que represente a la familia del P. Graciano, constituyan una Comisión que dé a la suscripción el uso más adecuado. Le pide también que contribuya económicamente con alguna cantidad. En Sesión de 7 de julio, la Comisión Permanente del Ayuntamiento le pide más datos. El Padre Valdés escribe una carta de contestación en la que les envía un modelo de la lápida que piensan dedicarle al P. Graciano, indicando que se publicará, además, un álbum en gran formato con su fotografía, biografía, obras y nombres de las personas que colaboren en el homenaje. En Sesión de 5 de agosto de ese año, la Comisión Permanente del Ayuntamiento decide nombrar al concejal y maestro nacional Don Aurelio Cañedo como representante del Ayuntamiento en la Comisión del Homenaje.
Muchas personas se adhirieron al Homenaje que tuvo feliz término el catorce de agosto de 1926 con el descubrimiento de la lápida del P. Graciano que, aún hoy, se conserva en un lateral de la Ermita del Otero. El «álbum en gran formato» prometido se quedó en una publicación de treinta páginas, aunque en él sí aparecen tanto una fotografía de la lápida como una lista de los «cooperadores» al Homenaje{49}.
Los difíciles años siguientes también tuvieron al P. Graciano como protagonista. Así, el año 1932, en plena Segunda República, un grupo de concejales del Ayuntamiento de Laviana (concretamente José Fernández Gonzáles, Ruperto García Prado y Marcelino González Magdalena) presentan una moción para que las calles Fray Graciano Martínez y Norberto del Prado se difundan en una sola que pase a llamarse Rosario Acuña. Proponen además que la Plaza de la Encarnación pase a llamarse catorce de abril. ¿Los motivos? Responder «a la intensa campaña de obstrucción que en la actualidad está desarrollando toda la fauna clerical y capitalista contra el actual régimen de libertad y justicia, y teniendo en cuenta la cruenta persecución de que en vida y aún después de su muerte fue objeto la librepensadora Doña Rosario Acuña por parte de todas estas huestes tan nefandas para la pobre España»{50}.
En Sesión de 30 de enero de 1932, la Comisión Permanente del Ayuntamiento da su voto afirmativo a la moción, «haciendo constar que si los hijos de Laviana estiman conveniente que el nombre del Padre Graciano Martínez debe continuar, que lo pidan por escrito al Ayuntamiento». No tenemos noticia de que hubiera un movimiento vecinal de esta dirección. Lo cierto es que, pasado el tiempo, el P. Graciano Martínez volvería a tener su nombre en una calle y en una plaza, pero su obra sigue estando en el cuarto oscuro de los injustamente olvidados.
Bibliografía cronológica{51}
1900
Memorias del cautiverio. (Páginas de la revolución filipina), Manila: Imprenta del Colegio de Santo Tomás, IX+232 págs.
- «Al que leyere» (págs. III-IX)
- «Capítulo I. Preludios de la desgracia. La Providencia no olvida. Grandeza de nuestra raza. Pueblos así no mueren» (págs. 1-12)
- «Cap. II. Vergüenzas y despedidas. Al través de la montaña. De un pueblo catipunesco. D. Enrique Polo de Lara en escena» (págs. 13-30)
- «Cap. III. Las lindezas de á bordo. Caricias de un baguio. ¡A la mar!» (págs. 31-43)
- «Cap. IV. Por huir de Escila... Rendición de Apari. Los mausers de nuestros soldados. Pesadillas y realidades» (págs. 44-60)
- «Cap. V. Un acta de martirio. Valentía de la religión. Farsa diabólica. El primer día de hambre» (págs. 61-73)
- «Cap. VI. Vía dolorosa. Un hombre que era un oro... Los Misioneros de Batanes. El capitán lavandero. Recuerdo del claustro» (págs. 74-89)
- «Cap. VII. Adiós a Alcalá. Una verdadera madre. Odisea famosa. Episodios semi-impertinentes» (págs. 90-104)
- «Cap. VIII. Insolación. Frase de un yankee. Cultura revolucionaria. Esbozo de una tragedia» (págs. 105-123)
- «Cap. IX. ¡Otra vez al río! Historias á vuela pluma. Una filipina heroica. Aguinaldos navideños» (págs. 124-138)
- «Cap. X. Orgullo de nación. Recuerdos y nostalgias. Dolor cristiano. ¡Filipinas!» (págs. 139-152)
- «Cap. XI. Agradable sorpresa. Esperanzas desvanecidas. Filosofías rancias. ¡Alcalá, otra vez! ¡Sin nombre!» (págs. 153-168)
- «Cap. XII. La prensa revolucionaria. Todo por los frailes. La campaña. Aglípay. ...De un folletón ilegible. Ataques inesperados» (págs. 169-184)
- «Cap. XIII. ¡Un año de cautiverio! (páginas escritas en la prisión). Augurios realizados. Los asesinos de una hermosa» (págs. 184-192)
- «Cap. XIV. Decaimiento de ánimo en los filipinos. Ecos de guerra. ¡Volverán! Llegó el día suspirado. D. Paulino Pomar» (págs. 193-205)
- «Cap. XV. A guisa de epílogo. Pecado original de la revolución. Politiqueo. ¡Emilio Aguinaldo! España á Filipinas» (págs. 206-224)
- «Apéndice I. Acta de rendición del pueblo de Aparri» (págs. 225-226)
- «Apéndice II. Distribución de los padres prisioneros según orden de Villa, Comandante Militar de la Isabela» (págs. 227-231)
El tiro por la culata: (Cartas abiertas á un gobernador de dos ínsulas); Manila: Imprenta del Colegio de Santo Tomás, 1900, 35 págs.
1901
El tiro por la culata: (Cartas abiertas á un gobernador de dos ínsulas), Segunda edición, Manila: Imprenta del Colegio de Santo Tomás, 1901, 52 págs.
- «Algo á guisa de prólogo» (págs. 5-9)
- «I. El aguinaldo de Don Enrique» (págs. 11-16)
- «II. Un paso por alto» (págs. 17-22)
- «III. Cómo se escribe la historia» (págs. 23-29)
- «IV. ¡Pobre Clío!» (págs. 31-38)
- «V. Obras son amores...» (págs. 39-44)
- «VI. Consummatum» (págs. 45-50)
- «Apéndice» (págs. 51-52)
Flores de un día. Poesías, Manila: Imprenta del Colegio de Santo Tomás , 1901, XVIII+245 págs.
1902
Filipinas ante Nuestra Señora del Consuelo. Sermón predicado en San Agustín, Manila: Imprenta del Colegio de Santo Tomás, 1902, 10 págs.
1903
Panegírico de Santa Rita de Casia pronunciado en la iglesia del Beato Orozco de esta Corte, Madrid: Imprenta del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, 1903, 19 págs.
1909
Enseñanza y religión. Discurso pronunciado el día 18 de abril de 1909 en la inauguración del Colegio de las Escuelas Pías de Guanabacoa, La Habana: Imprenta «La Moderna Poesía», 23 págs.
Nuestra Señora la Bien-Aparecida. Patrona de la provincia de Santander, La Habana: Imprenta Solana y C. Mercedes, 1909, 23 págs.
Santo Tomás de Aquino. Panegírico pronunciado en la iglesia de Santo Domingo de la Habana el día 7 de marzo de 1908, La Habana: Imprenta Cubana, 1909, 20 páginas.
1911
Sermones y discursos (de mi labor evangélica en La Habana), Madrid: Imprenta del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, 1911, 239 págs.
- «Enseñanza y religión: Discurso pronunciado el día 18 de abril de 1909 en la inauguración del colegio de las Escuelas Pías de Guanabacoa» (págs. 3-26)
- «Nuestra Señora de la Bien-Aparecida, Patrona de la provincia de Santander: Discurso pronunciado ante la colonia montañesa de la Habana» (págs. 27-45)
- «Santo Tomás de Aquino: Panegírico pronunciado en la iglesia de Santo Domingo, en la Habana, el día 7 de marzo de 1908» (págs. 47-72)
- «Por Calabria y por Sicilia: Oración pronunciada en la Asociación de los dependientes de comercio de la Habana» (págs. 73-86)
- «En el Centro Asturiano: Discurso pronunciado con motivo del vigésimotercero aniversario de la fundación del Centro Asturiano de la Habana» (págs. 87-103)
- «La Purísima Concepción: Panegírico pronunciado en la quinta de dependientes «La Purísima Concepción», de la Habana» (págs. 105-128)
- «Nuestra Señora del Pilar: Panegírico pronunciado en la iglesia de Nuestra Señora del Pilar, de la Habana» (págs. 129-151)
- «San Cristóbal: Panegírico pronunciado en la Catedral de la Habana» (págs. 153-173)
- «Oración fúnebre pronunciada en la Habana con motivo de la conmemoración anual de la catástrofe de los bomberos» (págs. 175-188)
- «San Rafael: Panegírico pronunciado en la Habana en la parroquia del Angel» (págs. 189-206)
- «En la Covadonga: Discurso pronunciado en la bendición del pabellón «Maximino F. Sanfeliz»» (págs. 207-223)
- «La mujer reina: Discurso pronunciado en la distribución de premios del colegio «Hogar y Patria» de la Habana» (págs. 225-237)
Si no hubiera cielo... Novela, Madrid: Imprenta del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, 1911, 248 págs.
- «I. Preludio» (págs. 3-12)
- «II. El primer hombre» (págs. 13-23)
- «III. Nocturno» (págs. 24-37)
- «IV. Epifanía» (págs. 38-52)
- «V. La página de oro» (págs. 53-64)
- «VI. Al grano» (págs. 65-79)
- «VII. El triunfo de una Embajada» (págs. 80-91)
- «VIII. En plena Corte» (págs. 92-103)
- «IX. La canción de las estrellas» (págs. 104-115)
- «X. Al través de unas vísperas nupciales» (págs. 116-126)
- «XI. Luz y sombras» (págs. 127-139)
- «XII. En torno del hogar» (págs. 140-152)
- «XIII. Las tonterías de Luz» (págs. 153-166)
- «XIV. Un ramo de violetas españolas» (págs. 167-178)
- «XV. Temple de armas» (págs. 179-194)
- «XVI. Música celestial» (págs. 195-207)
- «XVII. Asomos de pueblo» (págs. 208-217)
- «XVIII. En las trincheras» (págs 218-224)
- «XIX. El drama» (págs. 225-235)
- «XX. Si no hubiera cielo...» (págs. 236-248)
1912
La Batalla de Covadonga. (Reflexiones piadosas y patrióticas). Sermón predicado en la Basílica de Covadonga el día 8 de Septiembre de 1912, Gijón: Tipografía de «La Reconquista», 1912, 32 págs.
1913
Los talleres de Santa Rita de Casia en Madrid, Madrid: Imprenta del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, 1913, 39 págs.
1915
Las prodigalidades del Ministerio de Instrucción Pública y la Institución Libre de Enseñanza, Madrid: Imprenta del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, 1915, 24 págs.
La Institución Libre de Enseñanza y la gestión de los dos primeros Directores Generales de Instrucción Primaria. Artículos de palpitante actualidad publicados en la excelente revista España y América, Madrid: Imprenta del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, 1915, 45 págs.
1916
Hacia una España genuina. (Por entre la Psicología nacional), Madrid: Imprenta del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús (Biblioteca de «España y América»), 1916, xvi+393 págs.
- «Por vía de prólogo» (págs. VII-XVI)
- «I. El fanatismo, alma de nuestras luchas menguadas» (págs. 1-8)
- «II. ¡Fuera todo fanatismo! La que debe ser nuestra bandera» (págs. 9-16)
- «III. El Politiqueo y... otras zarandajas» (págs. 17-31)
- «IV. Nuestras luchas parlamentarias» (págs. 32-40)
- «V. El caciquismo y el fracaso del régimen» (págs. 41-48)
- «VI. La cuestión regionalista» (págs. 49-65)
- «VII. A propósito de nuestra campaña en África»:
«1. Militaristas, no» (págs. 66-75)
«2. Patriotas, sí» (págs. 75-83)
«3. ¡No se hable de llaves para el sepulcro del Cid!» (págs. 84-92)
- «VIII. La Entente y los desaciertos de nuestra Entente» (págs. 93-109)
- «IX. ¡Entendernos con Francia!» (págs. 110-128)
- «X. Por vía de epílogo a nuestra entente con Francia» (págs. 129-137)
- «XI. La cuestión casi única en España»:
«1. [Sin título]» (págs. 138-148)
«2. La industria y el comercio» (págs. 148-157)
«3. ¡No se hable de emigración!...» (págs. 157-166)
- «XII. De la enseñanza pública»:
«1. La escuela y el maestro» (págs. 167-181)
«2. La escuela neutra, el Poder docente y la «Revolución de las Mantillas»» (págs. 181-194)
- «XIII. Las prodigalidades del Ministerio de Instrucción pública y la Institución Libre de Enseñanza» (págs. 195-217)
- «XIV. Hablemos de Altamira y de Bullón» (págs. 218-235)
- «XV. La libertad universitaria» (págs. 236-254)
- «XVI. Por América y por España» (págs. 255-271)
- «XVII. El culto del carácter» (págs. 272-291)
- «XVIII. El Bordoncillo eterno de nuestros radicales» (págs. 292-305)
- «XIX. Se impone la unión de los católicos» (págs. 306-314)
- «XX. ¡Antijaimista! ¿Por qué?» (págs. 315-322)
- «XXI. Hacia la franca regeneración» (págs. 323-345)
- «XXII. El ideal gobernante español» (págs. 346-361)
- «XXIII. A guisa de epílogo» (págs. 362-391)
1917
En el Séptimo Centenario de la Orden de los Predicadores, Madrid: Imprenta del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, 1917, 61 págs.
- «Santo Domingo y la fundación de su Orden. Discurso pronunciado en la iglesia de los dominicos de Ocaña, en el Séptimo Centenario de la fundación de la Orden» (págs. 7-34)
- «La ciencia en la Orden Dominicana y el genio de Santo Tomás de Aquino» (págs. 35-61)
Religión y patriotismo. (Sermones, discursos y conferencias), Segunda edición notablemente aumentada, Madrid: Imprenta del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús (Biblioteca de «España y América»), 1917, 526 págs.
- «Nuestra Señora de la Consolación. Sermón predicado en la iglesia de San Agustín, de Manila, en 1902» (págs. 1-14)
- «Nuestra Señora de Monserrat. Sermón predicado en la iglesia de San Sebastián, de Manila, ante la colonia catalana, 1902» (págs. 15-30)
- «Panegírico de Santa Rita de Casia pronunciado en la iglesia del Beato Orozco, de Madrid, y dedicado a las Damas de los Talleres de Santa Rita» (págs. 31-48)
- «Panegírico de Santa Teresa de Jesús pronunciado en Alba de Tormes el día de la fiesta de la Santa, 1904» (págs. 49-67)
- «Panegírico de Santa Mónica pronunciado ante la Asociación de Madres Cristianas en la iglesia del Pilar (la Recoleta) de Buenos Aires, 1908» (págs. 69-90)
- «Panegírico de San Pedro predicado en la Catedral de Buenos Aires el día de la solemnidad del Príncipe de los Apóstoles, 1908» (págs. 91-112)
- «Enseñanza y religión. Discurso pronunciado el día 18 de abril de 1909 en la inauguración del Colegio de las Escuelas Pías de Guanabacoa» (págs. 113-135)
- «Nuestra Señora de la Bien-Aparecida, Patrona de la provincia de Santander. Discurso pronunciado ante la colonia montañesa de la Habana» (págs. 137-154)
- «Santo Tomás de Aquino. Panegírico pronunciado en la iglesia de Santo Domingo, en la Habana, el día 7 de marzo de 1908» (págs. 155-179)
- «Por Calabria y por Sicilia. Oración pronunciada en la Asociación de los Dependientes de Comercio de la Habana» (págs. 181-193)
- «En el Centro Asturiano. Discurso pronunciado con motivo del vigésimotercero aniversario de la fundación del Centro Asturiano de la Habana» (págs. 195-210)
- «La Purísima Concepción. Panegírico pronunciado en la Quinta de Dependientes «La Purísima Concepción», de la Habana» (págs. 211-234)
- «Nuestra Señora del Pilar. Panegírico pronunciado ante la colonia aragonesa, en la iglesia de Nuestra Señora del Pilar, de la Habana» (págs. 235-256)
- «San Cristóbal. Panegírico pronunciado en la Catedral de la Habana» (págs. 257-276)
- «Oración fúnebre pronunciada en la Habana con motivo de la conmemoración anual de la catástrofe de los bomberos» (págs. 277-290)
- «San Rafael. Panegírico pronunciado en la Habana, en la parroquia del Ángel» (págs. 291-307)
- «En la Covadonga. Discurso pronunciado en la bendición del Pabellón «Maximino F. Sanfeliz», apadrinado por la distinguida señora del presidente del Centro Asturiano, y por D. Rafael Altamira» (págs. 309-325)
- «La Mujer Reina. Discurso pronunciado en la distribución de premios del Colegio «Hogar y Patria», de la Habana» (págs. 327-338)
- «Los talleres de Santa Rita de Casia en Madrid. Conferencias predicadas a las Damas de los Talleres, en la iglesia de San Manuel y San Benito, 1912» (I: págs. 339-361 y II: 362-384)
- «Oración fúnebre de Menéndez y Pelayo pronunciada en las exequias celebradas por la Real Academia Española en la iglesia de San Manuel y San Benito, Madrid» (págs. 385-399)
- «Panegírico de Nuestra Señora de Covadonga pronunciado en la Basílica de Covadonga el día de la solemnidad, 1912» (págs. 401-420)
- «Excelencias de la Eucaristía. Sermón predicado en la iglesia de San Francisco de Avilés el día del Congreso Eucarístico internacional de Madrid» (págs. 421-439)
- «San Juan de Sahagún. Panegírico pronunciado en la solemnidad celebrada en la Parroquia del Santo, en Salamanca, 1916» (págs. 441-465)
- «Santo Domingo y la fundación de su Orden. Discurso pronunciado en la iglesia de los Dominicos de Ocaña, en el séptimo centenario de la fundación de la Orden» (págs. 467-496)
- «La Ciencia en la Orden dominicana y el genio de Santo Tomás de Aquino. Discurso pronunciado en la iglesia de Santo Domingo el Real, de Madrid, en el séptimo centenario de la fundación de la Orden dominicana. Diciembre 30 de 1916» (págs. 497-523)
1918
La objeción contemporánea contra la Cruz. Conferencias culturales pronunciadas en la Iglesia de San Manuel y San Benito, Madrid: Librería Religiosa Hernández de la Viuda de M. Echeverría (Biblioteca «España y América»), 1918, XXIII+ 360 págs.
- «Al que leyere» (págs. VII-XXIII)
- «I. El valor de los ataques a la Iglesia»: Luz, más luz. Las conferencias de Nuestra Señora de París. Los «dos excelentes doctores» de Bossuet. Tiempos de vértigo. Nuestros pusilánimes. Ganivet y la Santa Sede. Intrépidas frases de Brunétière. Período constituyente de la iglesia. Los fuegos artificiales de Nerón. El reto de los Césares a Jesucristo. Los triunfos de Arrio y el gemir de San Jerónimo. Fatídica noche secular. La Cruz y la media Luna. El himno de Lepanto. ¡Lutero y Voltaire! El siglo XIX y sus pomposos responsos fúnebres. «El movimiento de Oxford y «la reforma de la reforma» de Newman. El «ansia desesperada de creer». Las Puertas del Infierno... ¡Dios no muere! El «Papa peregrino». De Napoleón a Bismark. Inspiradas frases de Montalembert. Visiones de esperanza (págs. 1-30)
«II. ¿La inutilidad de la Redención?»: Realización del sueño de los sueños. Arrogante frase de Tertuliano. La dulzura de la verdad. Ozanam y San Agustín. La «justicia intelectual» de Marcos Sagnier. El gran deber de la hora presente. Clericalismo de Montesquieu. Una sociedad sin ideales. Las casas de Sardanápalo. Admirable teoría de la felicidad. Dos águilas sublimes, siempre la una en pos de la otra. La ciencia del Estado de la doctrina cristiana. La cultura y la mortalidad de los pueblos. Hablan Grecia y Roma. Los placeres y los honores. Jugoso cuento oriental. El mensaje de Jesús al Bautista. Sabias palabras de León XIII. El termómetro graduador de la dicha, de Palacio Valdés. Simbolismo sugestionador del leño arrojado por Moisés en las aguas de Mara. ¡Todos apóstoles! (págs. 31-60)
- «El catolicismo y la alegría de vivir»: Leopardi y Job. Feliz osadía de un insigne obispo alemán. Cándidos ilustres. Escenas enfrente de la muerte. Los puritanos del tiempo de Cromwell. Ni con Schopenhauer ni con Tolstoi. Único optimismo racional. Viejas y nuevas calumnias de pesimismo contra la religión: Tácito, Nietzsche, Vadier de Laponge. El dolor sobre la tierra. Una frase pesimista de San Pablo. Las fuentes del sufrimiento. El pesimismo de los ascetas. El verdadero ascetismo cristiano. San Paulino de Nola y Bossuet. El «Buen combate» y la «Corona de la justicia». El «muero porque no muero» de Santa Teresa. Un retruécano agudo de San Francisco de Sales. ¡Lindo odio a la vida el de nuestra Religión! El verdadero manantial del pesimismo. Los gozadores del vivir, pintados por sí mismos. Buda y su meditación-sueño. Las gentes de los claustros y su presunta fuga del vivir. Bella frase de Montalemberg. ¡»Bello es vivir»!... La consolación de «El genio alegre». Magnífico optimismo de San Agustín y del Crisóstomo (págs. 61-91)
- «El catolicismo y el progreso»: Valera y el misticismo español. San Luis Gonzaga y la vida triple que hace vivir la Religión. El cristianismo y la civilización de Europa. Los esclavos y los gladiadores. Los caminos de la dignidad humana. San Eligio comprando jóvenes patricias. Los municipios y las nacionalidades de Europa retoños de la Iglesia. «El mejor de los príncipes» inmolando a diez mil gladiadores. Símaco y el gran poeta aragonés Prudencio. El monje Telémaco ante las muchedumbres de los circos. El miedo a los bárbaros a pesar de los treinta mil dioses. La ironía de Luis Veuillot y el olfato de Taine. San Jerónimo y Vigilancio. Bello ejemplo de San Gregorio Magno. La gran epopeya de los monjes medioevales. La objeción modernista contra la estabilidad de los dogmas. La evolución y la verdad. El tren humano marchando siempre hacia delante por los raíles de la Cruz (págs. 92-120)
- «El catolicismo y el saber»: Graciosa ironía de Newman. Desfile de antítesis fantásticas. Desde Quintana a Draper. El «difunto abad» de Rabelais. Frase admirable de Santa Mónica a San Agustín. El Concilio Vaticano y los conflictos de la razón y la fe. Por los fueros de la razón. Las definiciones dogmáticas. El «Doctor Angélico» de Palacio Valdés y la pequeña hoja del saber humano. Absurdidad de «el libre pensamiento». Brillante descubrimiento científico. La ciencia y la teología. Los himnos de la ciencia y los himnos de la fe. El primer cablegrama del mundo. ¡Bendigamos a la ciencia! Tertuliano y los errores tradicionalistas. La filosofía y los Santos Padres Alejandrinos. Apoteosis agustiniana de la razón (págs. 121-148)
- «Un vistazo a la labor cultural de la Iglesia»: El misterio y la luz en las religiones. Altas sentencias de San Agustín y San Anselmo. En loor de la palabra humana. El Ágora y el Foro. El altar del pensamiento. La Iglesia y el idioma del Lacio. Bello testimonio de Thiers. La ciencia antigua avara de sí misma. Epopeya de la Iglesia en pro de la enseñanza. Carlo Magno y «la Atenas de Cristo». Inmarcesible gloria de España en la difusión de la cultura. El arca de Noé de las letras grecolatinas. Los fundadores de las primeras Universidades. Un párrafo elocuente de Pérez Bueno. Los tiempos de las Sumas. Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura. El profeta de los ferrocarriles y de los trasatlánticos. Desfile mágico de conquistas científicas. Dos siglos de oro. ¡Loor al genio católico francés! El Índice y el afán dogmatizador del Vaticano. Dos linajes de conquistas y dos géneros de santidad. Carlyle y San Agustín. El mejor género de apologías (149-176)
- «El catolicismo y la libertad»: Una palabra que es un himno. De una manifestación política en Barcelona. Gráficos epítetos del príncipe de los Apóstoles. Coincidiendo con Castelar. La libertad y la Cruz. Bello triunfo del metodista Whitefield. La Roma de Tácito y de Juvenal. ¡Todo bajo pena de muerte! La irrupción del espíritu cristiano. Los primeros agustinos. Calumnias de Tolstoi. Remembrando las intemperancias apostólicas. Origen humanitario de las fiestas medioevales. El Pontificado y las libertades populares. De las puertas de la Basílica de Milán a Canosa. El asilo eclesiástico y la redención de cautivos. Los obispos del tahalí de oro. A quién se debe el Quijote. Los oropeleros del periodismo. García Montero y la política histórica de la Iglesia. Faguet, Taine y Montesquieu. De la leyenda negra española. Bordoncillos eternos. Lo que el cardenal Manning decía de Gladstone. Los anhelos de Roma (págs. 177-206)
- «Catolicismo y democracia»: La iglesia y el pueblo. ¿Es la Iglesia opuesta a la democracia? La democracia según Monseñor Ireland. Los mimos de León XIII a las repúblicas. El voto, arma de todos los ciudadanos. ¡Admirable espíritu democrático de la Iglesia! Jesús y las turbas. Enorme desilusión de los judíos. Una frase de Marcos Sagnier. Estrenuas palabras del Papa a los obreros. San Agustín y la democracia. Lo que la democracia ha menester. Un triste augurio de Lacordaire. Las monarquías de derecho divino y los leguleyos de Luis de Baviera. Un Salomón inglés refutado por el Doctor Angélico de la Compañía de Jesús. Clásica doctrina democrática de Santo Tomás de Aquino. La soberanía nacional y Masillón. Al polo contrario del sofista de Ginebra. Lactancio a los Rousseaus de su tiempo. Lo que es el pueblo, según San Agustín. La genuina soberanía popular. La soberanía popular en los estados paganos. La Iglesia y las soberanías absurdas. Los revolucionarios de nuestros días. Una confesión dolorosa. Los púlpitos vivientes. Instinto democrático del alma española (págs. 207-234)
- «El catolicismo y la tolerancia»: La descontentadiza estrechez espiritual. Inquisidores fantásticos. Tolerrancia dogmática y tolerancia política. Tolerancia e indiferencia. Los derechos sagrados de la verdad. Los microbios y las bacterias del espíritu. Hermosas máximas de San Agustín. Bellas frases de San Gregorio Nacianceno. ¿Y las excomuniones? Dos barajas y dos balanzas. Bello sentir de León XIII. Base fundamental del Estado y de la sociedad. Deber elementalísimo de los Estados católicos. La necesidad de los Concordatos. Los «rebelles lúmini». Para juzgar rectamente de las cosas pasadas. Anarquismo viejo y anarquismo nuevo. Vindicaciones españolas. El paraíso de los judíos. Los sembradores de odios. Loores a León XIII (págs. 235-264)
- «El catolicismo y el arte»: ¿Despreciamos los católicos la belleza? Acusaciones de Renán y de Gómez Carrillo. Acertado sentir de Ganivet. El arte y la moral. El arte por el arte. El sabio y el artista. El sectarismo en el arte. Frase gráfica del Apóstol. El P. Weis y la pintura moderna. Lo feo en el arte. Shakespeare y Victor Hugo. Fuerza mágica del arte. Los mejores amadores del arte. El primer Artista. Los manantiales más abundosos de inspiración. La «passarinha» de las Cantigas. Las visiones de la fe. María y Jesús. El arte en las Catacumbas. La Corte Pontificia, plantel de todas las artes. El Pontificado y el Renacimiento. Las Catedrales góticas y los templos romanos, griegos y egipcios. Los órganos y los rituales. El Genio del Cristianismo (págs. 265-296)
- «El catolicismo y la literatura»: Canto de cisne, del P. Conrado Muiños. La «serenidad de ignorancia». San Agustín y Juliano el Apóstata. La literatura y la civilización de la humanidad. Mi definición de la literatura. Las diferencias divinas. La Literatura de Roma. Las literaturas cristianas. Taine y su concepción de la literatura. La literatura y el alma de los pueblos. Dónde gustaba Bossuet de encender su lámpara. El placer de escribir bien. Frases robustas de Mella y del conde de Mun. La belleza y la delectación, según el Ángel de Aquino. Engaño pueril de Balzac. Una gran verdad de Voltaire y una bella frase de Maeztu. Lo tendencioso en la estética. El hontanar de las literaturas cristianas. Adónde van nuestros anatemas. El oro y la literatura. La literatura y los Santos Padres. La Revolución de las flores (págs. 297-328)
- «La sobrenaturalización de la vida»: Oteando desde la cumbre. Lo que Jesús vino a traer a los hombres. Cómo el Católico destruye lo tétrico de la muerte. Bellos ensueños de la ciencia y de la fantasía. El árbol que vio San Juan. Viendo morir a un justo. El «buen combate» del Apóstol. Recordando una página inmortal de Pereda. La mejor apología del cristianismo. Rastreando la vida del cielo. Lo que dicen los teólogos. Los ángeles de Fra Angélico. Brillante página de Bougaud. Una frase notarial del Evangelista. Derroche de opulencias de su imaginación oriental. Altas sentencias de San Gregorio y de San Agustín. Desfile de grandes alegrías. En pleno cielo (págs. 329-355)
1919
Semblanza del primer superhombre o Nietzsche y el nietzschismo, Madrid: Casa Editorial Zarzalejos, 1919, 361 págs.
- «I. Un estudio que se impone» (págs. 1-14)
- «II. Biografía de Nietzsche» (págs. 15-28)
- «III. Rasgos idiosincrásicos de Nietzsche» (págs. 29-42)
- «IV. Nietzsche y la gran guerra actual» (págs. 43-58)
- «V. Cómo se ponen los soles en el cielo de Nietzsche» (págs. 59-72)
- «VI. Las grandes negaciones de la filosofía de Nietzsche» (págs. 73-90)
- «VII. La filosofía del Superhombre» (págs. 91-110)
- «VIII. Andando hacia el Superhombre» (págs. 111-122)
- «IX. Nietzsche, moralista» (págs. 123-136)
- «X. La Moral de los Señores y la Moral de los Esclavos» (págs. 137-148)
- «XI. El odio más grande de Nietzsche» (págs. 149-172)
- «XII. Nietzsche y la cuestión feminista» (págs. 173-184)
- «XIII. Nietzsche, aristócrata» (págs. 185-200)
- «XIV. Nihil sub Sole novum» (págs. 201-212)
- «XV. La originalidad de Nietzsche» (págs. 213-230)
- «XVI. La lógica de Nietzsche» (págs. 231-244)
- «XVII. Valía cultural de la obra de Nietzsche» (págs. 245-258)
- «XVIII. Por vía de apéndice: Dios no ha muerto» (págs. 259-294)
- «XIX. La existencia de Jesús» (págs. 295-308)
- «XX. La divinidad de Jesús» (págs. 309-340)
- «XXI. La resurrección de Jesús» (págs. 341- 360)
1920
Flores de un día. Poesías, Segunda edición aumentada, Madrid: Imprenta del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, 1920, XXXII+291 págs. La misma edición en Madrid: Bruno del Amo, s. f.
- «Prólogo» (págs. V-XXXII)
- «Mi infancia» (págs. 1-3)
- «El poeta» (págs. 4-6)
- «Martirio de amor» (págs. 7-8)
- «Peña Mayor [Para mi amigo de la infancia Manuel de Jesús Rodríguez]» (págs. 9-17)
- «Al Nalón» (págs. 18-20)
- «A la Virgen del Otero» (págs. 21-24)
- «¡Adiós!» (págs. 25-27)
- «Junto a la playa» (págs. 28-29)
- «Ante un Crucifijo» (pág. 30)
- «Al dolor cristiano» (págs. 31-34)
- «Al claustro» (págs. 35-36)
- «La tarde en la aldea» (págs. 37-39)
- «Los ángeles del claustro [Para mi hermano Manuel]» (págs. 40-41)
- «Asturias [Para el brillante escritor Eladio García Jove]» (págs. 42-51)
- «Adiós a la patria» (págs. 52-55)
- «Fantasía crepuscular» (págs. 56-60)
- «Recuerdo» (pág. 61)
- «Plegaria a María» (págs. 62-63)
- «La Barcelona del Vate» (págs. 64-66)
- «El Castillo del Condado (Fantasía)» (págs. 67-69)
- «A la Musa de los profetas» (pág. 70)
- «A un amigo» (pág. 71)
- «Al Cantábrico [Para mi amigo el reputado escritor D. Maximiliano Arboleya y Martínez]» (págs. 72-76)
- «Flor de un día» (pág. 77)
- «Post Núbila» (págs. 78-79)
- «Vae Victis» (pág. 80)
- «Alborada» (págs. 81-85)
- «Tránsito» (pág. 86)
- «La romería [A Pola de Laviana, mi pueblo natal, en la inauguración de su nuevo Templo]» (págs. 87-92)
- «A mi lira» (págs. 93-94)
- «Tu libro de memorias» (págs. 95-96)
- «Soledad [Para el Ilmo. y Rvdmo. Sr. D. Fr. Francisco Valdés, Obispo de Jaca]» (págs. 97-102)
- «...De una mujer» (pág. 103)
- «Aérea» (págs. 104-105)
- «A España en sus derrotas coloniales (Fragmento)» (págs. 106- 111)
- «¡Filipinas!» (págs. 112-119)
- «Ayes del cautivo» (págs. 120-128)
- «Sus» (págs. 129-133)
- «El cautivo abandonado» (págs. 134-135)
- «Las naves» (págs. 136-137)
- «Aniversario» (págs. 138-140)
- «Añoranzas [Para mi buen amigo el P. Jesús Delgado]» (págs. 141-146)
- «Desaliento (En la muerte de mi padre)» (págs. 147-149)
- «El caer de las hojas [Para mi amigo del alma el R. P. Isidoro Martín]» (págs. 150-158)
- «La poesía» (págs. 159-161)
- «Nostalgias» (págs. 162-164)
- «Penumbras» (págs. 165-168)
- «¡Minalábag!» (págs. 169-171)
- «A la Virgen de mis «penumbras»»(págs. 172-175)
- «A Monseñor Chapelle en el día de su cumpleaños» (págs. 176-179)
- «Rimas malayas» (págs. 180-185)
- «Adelante [A los Sres. Socios del Centro Católico]» (págs. 186-189)
- «Estrofas (Ante el templo de San Agustín)» (págs. 190-194)
- «Getthsemaní» (págs. 195-200)
- «La España moderna» (págs. 201-205)
- «Moderno Atila» (págs. 206-207)
- «¡Siempre en la brecha! [Para mis amigos de Filipinas]» (págs. 208-216)
- «El Pilar de Zaragoza» (págs. 217-222)
- «Resurréxit [Para el naturalísimo poeta Miguel R. Seisdedos]» (págs. 223-228)
- «Albores (En la coronación de S. M. Alfonso XIII)» (págs. 229-232)
- «En la cumbre» (págs. 233-234)
- «Santa Rita [Para la bondadosa y virtuosísima Sra. Dª Sabina Ibarra, que ha sido para mí como una segunda madre]» (págs. 235-240)
- «Mi saludo a la Argentina» (pág. 241)
- «España a Cuba [Para mi admirado amigo don Nicolás Rivero, gloria de Cuba y de España]» (págs. 242-248)
- «A Cuba [Para mi carísimo escritor y poeta Cabalín]» (págs. 249-253)
- «La violeta tropical [Para la virtuosa y nobilísima Josefina de Maqua]» (págs. 254-258)
- «Hojas rasgadas» (págs. 259-265)
- «El guajiro [Para mi caro amigo el más insigne y popular publicista cubano, señor don Joaquín N. Aramburu]» (págs. 266-271)
- «En la flecha» (págs. 272-275)
- «La Cruz de la Victoria» (págs. 276-279)
- «La prez de la raza [Para mis lealísimos compañeros y amigos los PP. Pedro M. Vélez y Maximiliano Estébanez]» (págs. 280-288)
Si no hubiera cielo... Novela, Segunda edición, Madrid: Imprenta de los Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, 1920, 252 págs.
- «I. Preludio» (págs. 1-10)
- «II. El primer combate» (págs. 11-22)
- «III. Nocturno» (págs. 23-36)
- «IV. Epifanía» (págs. 37-51)
- «V. La página de oro» (págs. 52-64)
- «VI. Al grano» (págs. 65-79)
- «VII. El triunfo de una Embajada» (págs. 80-92)
- «VIII. En plena Corte» (págs. 93-105)
- «IX. La canción de las estrellas» (págs. 106-118)
- «X. Al través de unas vísperas nupciales» (págs. 119-129)
- «XI. Luz y sombras» (págs. 130-142)
- «XII. En torno del hogar» (págs. 143-155)
- «XIII. Las tonterías de Luz» (págs. 156-169)
- «XIV. Un ramo de violetas españolas» (págs. 170-181)
- «XV. Temple de armas» (págs. 182-197)
- «XVI. Música celestial» (págs. 198-211)
- «XVII. Asomos de un pueblo» (págs. 212-221)
- «XVIII. En las trincheras» (págs 222-228)
- «XIX. El drama» (págs. 229-239)
- «XX. Si no hubiera cielo...» (págs. 240-252)
1921
El libro de la mujer española. Hacia un feminismo cuasi dogmático, Madrid: Imprenta del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, 1921, XVI+394 págs.
- «Por vía de prólogo» (págs. VII- XVI)
- «Capítulo I. Un poco de historia feminista»: Cuatro especies de erudición barata. Raigambre feminista española. Viejas batallas entre feministas y misóginos hispanos. Primeras feministas radicales francesas. Una insigne feminista gala. En loor de las mujeres de Roma. Un alto hecho de las druidesas. El feminismo en el Edén. El feminismo y la Revolución francesa. Olimpia de Gouges y Rosa Lacombe. Las calceteras de París. Alboreos de la actual revolución feminista. Inmensa valía social de la mujer en los Estados Unidos. Principales causas del movimiento feminista contemporáneo. Una idea del Dr. Juarros y un pensamiento de Sertillages. La causa más eficiente del movimiento feminista. Crítica justipreciadora de la obra de Stuart Mill. Bella frase de Concepción Arenal (págs. 1-28)
- «Capítulo II. Las exageraciones antifeministas»: La mujer y las sociedades primitivas. Galanterías femeninas de Platón y de Aristóteles. Aun los deja tamañicos Séneca. Cómo pensaban de la mujer el pseudo Renacimiento y la pseudo Reforma. Lutero enfrente de Vives. Lindezas de Schopenhauer al bello sexo. La mejor refutación del antifeminismo schopenhaueriano. Matemáticas de Proudhón. Ridiculeces materialistas. Una afirmación gratuita de nuestro Huarte. Gall y los sombrereros parisienses. Único ideal de la mujer en la vida, según Rousseau. Gimnasia corporal y gimnasia intelectual. Un delirio proudhoniano. ¡Oh los sabios embriólogos! La clave misteriosa del sexo. Los sexos y la moral social. Estadísticas contundentes. Rápida refutación de la obra antifeminista de Moevius. ¿Son iguales el hombre y la mujer? Sabia frase de Sertillanges. Tenía razón la reina Cristina de Suecia (págs. 29-58)
- «Capítulo III. En plena revolución feminista»: Relampagueos de tempestad. El socialismo pirata. Cálculo nada equivocado. Ciegos que no quieren ver la luz. Sabia frase de Gambetta. Bébel sabía bien adónde iba. Hay que ser feminista, no por moda, sino por persuasión. Las calzas azules. Una afirmación de Sertillanges. Ideología utópica. Buena definición del feminismo dada por un jesuita. Las que se casan y las que no se casan. Como las moscas. Egoísmo refinado. Doctrinas gérmenes. Lo que es en substancia el feminismo. Por el triunfo de la justicia. No se tira a matar, sino a vivir. Lucha, pero pacífica. Un refrán que hay que borrar del diccionario. Proporcionalidad, no igualdad, de derechos y deberes. Justo recelo de los hombres de la iglesia. Una legión de demagogas alemanas. ¡Lindo ideal de la mujer! Nada de alianzas socialistas. El siglo de la mujer (págs. 59-86)
- «Capítulo IV. Los derechos naturales de la mujer»: Monopolio irritante. El tópico más usado. Lo que se podría decir de mil madres. La vestidura de Dª Emilia pardo Bazán. Un feminismo santo y redentor. Papel social y papel individual de la mujer. El reinado del madrigal. La cultura y los encantos femeninos. La hetaira y la mujer del gineceo. La meretriz y la matrona romana. Sentir de Madama de Remusat y de Concepción Arenal. La cultura y el amor casero. Pensar justísimo de una feminista italiana. Nada de bachillerismo. La marisabidilla de Juvenal. ¡Uf la mujer librepensadora! (págs. 87-106)
- «Capítulo V. Matiz especial de la cultura femenina»: Lo que sería la mujer sólidamente culta. El silbido de la Serpiente. Los saberes indispensables de la mujer. Sentir de Ganivet y de Fenelón. Nuestra colegialesca enseñanza femenina. Como en Rusia en los tiempos de Manilova de Gógol. Influencia de la cultura en la vida casera. El miedo a las preciosas. La ciencia en la mujer. Injustificada ojeriza de muchos contra la mujer sabia. Lo que debe hacer el Clero católico por la cultura femenina. ¡Que no se blandan nunca contra él argumentos de valor positivo! (págs. 107-124)
- «Capítulo VI. El feminismo y las diversas profesionales y carreras»: Sentir de Platón. Un vistazo a la historia. La mujer y el trabajo muscular. La mujer y el trabajo mental. La mujer y la guerra. Palabras de Tácito. Las francesas y las españolas en los campos de combate. Las norteamericanas en la Guerra de Secesión. La mujer en la gran Guerra de nuestros días. Injusticias de Proudhón. Sentir del feminismo cristiano. Falta de lógica en la sociedad. Hombruno, demasiado hombruno. Hacia el asalto redentor. Revisión de aptitudes y distribución de prebendas. La mujer en las escuelas. Hermoso ejemplo de los Estados Unidos. La mujer, médica, farmacéutica, abogada, jueza. La mujer en las cátedras universitarias. Sentir encontrado de feministas y antifeministas. ¿Por qué las españolas no rayan a la altura intelectual de inglesas, francesas, alemanas? Lo que dice Concepción Arenal (págs. 125-156)
- «Capítulo VII. La mujer y la cultura»: La gran ley del trabajo. Prejuicios y rutinas. Las rusas contemporáneasde San Vladimiro. Doble injusticia de Montaigne. Las epístolas sermonarias de José De Maistre. Cuestión ridícula. Frases de Santo Tomás de Aquino. El «entendimiento amoroso» del Dante. Una máxima hermosa de Ganivet. Otra vez De Maistre y sus hijas. Un argumento especioso reducido a silogismo escolástico. ¡Más lógica, más lógica! La mujer en el campo de la ciencia. La enaguas y la literatura. Los siglos de oro de Francia y de Alemania. Una frase inicua de Jorge Sand. Grandes yerros entre lluvias de flores, de Rostand y de Palacio Valdés. Pléyades de poetisas. Paradojas de Salazar, de Palacio Valdés. La Iglesia y la cultura femenina. Tres ilustres contemporáneas de San Pablo. Bello desfile de santas sabias. Las colaboradoras de San Jerónimo en su magna obra de la traducción e interpretación de la Biblia. Por los claustros femeninos medioevales. ¡Qué magnífico resplandor de ciencia, de arte y de literatura! (págs. 157-192)
- «Capítulo VIII. La cultura y la mujer española»: El mejor broche de oro. La cultura femenina en Grecia. Imperio maloliente. Las reinas de Roma y las grandes liras latinas. Las madamas Lucifer. Bellísimo contraste. La mujer culta española. Desfile de reinas cultas. Una pausa de respeto ante Isabel la Católica. Eclipse de diademas y de cetros. Nuestro primer rey. Proudhón y las mujeres reinas. Desfile de ilustres mujeres hispanas. La Doctora mística. Bellas frases de D. Alejandro Pidal. Las españolas en El laurel de Apolo, de Lope de Vega. Una mujer excepcional: Doña Oliva Sabuco. Una trinidad de monjas excelsas. La «décima Musa». La mujer española en nuestros días (págs. 193-216)
- «Capítulo IX. La mujer y los derechos civiles»: ¡Abajo los señoríos absurdos! Lo que debe ser la ley. La mujer en los pueblos antiguos. La jurisprudencia francesa. El sueño dorado de Napoleón. La huella del déspota. La mujer casada, ante la ley. ¿Comunidad de bienes o separación de bienes? ¡Oh la sabiduría de los legisladores! Un ejemplo que clama al cielo. Conquistas del feminismo. Un consejo a las mujeres feministas. La mujer testigo. Dolorosa injusticia legal contra la madre. La patria potestad. Es necesario reformarla. La infidelidad conyugal ante la ley. Hermosura igualitaria de la doctrina redentora. Un hecho altamente feminista de Jesús. Odiosa injusticia de los códigos respecto del adulterio. Bella frase de Concepción Arenal. Las dos morales de Nietzsche. La investigación de la paternidad. Un vistazo a nuestro Código. Su lindo espíritu de igualdad. Donosa anomalía de los códigos civiles inglés y español. La lucha que se impone (págs. 217-244)
- «Capítulo X. Los derechos políticos de la mujer»: En el espinar del feminismo. Pretensiones ridículas. El «Senado» de las matronas romanas. Una réplica de Madama Stäel a Napoleón. Por bordar una bandera. La primera sufragista. Los prelados católicos de los Estados Unidos y el sufragio femenino. Otra vez Stuart Mill. Primeros triunfos sufragistas en Europa. El sufragio femenino por Australia y Nueva Zelanda. Una bandera gloriosa de Juana de Arco. Brillante movimiento feminista católico. Unos cuantos feministas españoles. Titubeos de Concepción Arenal. El feminismo de las «Cartas Trascendentales». Chistes manidos. Sentir de los preclaros jesuitas. Un feminista de verdad: el P. Sertillanges. Lo que debe constarles a los católicos. Una tontería de Bébel. Refutando objeciones. Risueño optimismo. El mejor Congreso de la Haya. Un saludo a lo porvenir (págs. 245-290)
- «Capítulo XI. La mujer española y los derechos políticos»: Un aluvión de histerismo. Las sufragistas inglesas y galas. Feminismo epiléptico. Hermosos imposibles españoles. Las vírgenes rojas. Humilde deshoje de flores a los pies de las mujeres hispanas. Los Chaumettes españoles. Un gran acierto del Cardenal Primado. «Acción católica de la mujer». La mujer española y los mítines. Escándalos farisaicos e hipocresía social. Un par de años de preparación y... a las urnas. La mujer elegible. Con pies de plomo. Lo exige la esencia actual de nuestra política. ¿Apóstata de mí mismo? Un vistazo al hemiciclo de nuestro Congreso y de nuestro Senado. Certera pupila de la Salazar, de Palacio Valdés. Un mote honroso. Idiosincrasia española. Estamos en la tierra de Don Juan Tenorio... Lógica divina de la sangre. Mientras no se sanee muy mucho la política. Nada de exageraciones utópicas. Feminismo contra feminismo. La ciencia de las ciencias y la política de las políticas. Sabias palabras de Benedicto XV. Siempre adelante, persiguiendo ideales sublimes (págs. 291-327)
- «Capítulo XII. El Amor y las grandes aberraciones feministas»: Una de las principales raíces del feminismo. El ideal femenino, según distinguidas feministas. Lo que es el alma de la mujer. Egoísmo masculino. Más que en los tiempos de Augusto. La historia de todas las mujeres desgraciadas... Tristes necesidades sociales. El feminismo y el amor libre. La verdad una y cien veces; no me lo explico. La primera teoría sociológica del amor libre. ¡Tenía que ser francesa! Imprudencias de Jorge Sand y de Girardin. La patria de los catecismos revolucionarios. Como en la Roma de las Leyes Julias. El eunuquismo femenino. Los matrimonios de ensayo. Justas increpaciones de Roosevel. ¡Misérrimos sociólogos! El verdadero ideal del amor. Himno al amor. La sombra del divorcio. Espantosa ciénaga de ignominia. Por decencia ciudadana. La mujer y la indisolubilidad del matrimonio. Bellas palabras del dominico francés P. Didón. No disolubilidad, sino más cristianismo. Nesciencias archiestultas (págs. 326-358)
- «Capítulo XIII. El antifeminismo de la Iglesia»: Feministas superficiales y antifeministas católicos. El antifeminismo en el Antiguo Testamento; en los Santos Padres; en los místicos y en los ascetas. Hermenéutica sabia de un Agustino insigne. Involuntario incienso en loor de la mujer. El antifeminismo de San Pablo. Pastorisas y predicadoras en los Estados Unidos. Primer Congreso de «eclesiásticas». Aspiraciones sacerdotales en las feministas inglesas. Altos pareceres de la iglesia anglicana. La cuestión del sacerdocio femenino en nuestra patria. Las «matriarcas» de Luis Veuillot. Un bello consejo de Santa Teresa de Jesús. Vindicando a San Jerónimo. En el Palacio de los Marcelos. Pléyade de excelsas amigas. ¡Cómo se escribe la Historia de la Pedagogía! Fervoroso panegírico jeronimiano de una mujer. Dos objeciones tontas, para concluir (págs. 359-390)
De paso por las Bellas Letras. (Críticas y critiquillas), Madrid: Bruno del Amo, Editor, 1921, 2 tomos, 364 y 351 págs.
TOMO I
- «Mi sentir acerca de la crítica. Por vía de prólogo» (págs. 5-18)
- «Literaturas que mueren. El naturalismo, o sea la novela experimental» (págs. 19-82)
- «La última novela de Blasco Ibáñez» (págs. 83-99)
- «Enrique Menéndez Pelayo. La Golondrina. Cuentos y Trazos» (págs. 100-111)
- «Revista Literaria. El Destino, por el P. Jerónimo Montes, Agustino. La cueva de Hércules, por el P. Esteban Moréu, S. J. La tonta, por D. R. Solano y Polanco. Bagatelas, poesías de Vital Aza» (págs. 112-130)
- «Francisco Acebal. Dolorosa. Huellas de Almas» (págs. 131-144)
- «Revista Literaria. La Hija del Director del Circo, por la Baronesa Fernanda de Brackel; Herder-Friburgo. Memorias de un estudiante, por Aurora Lista, Sevilla, Imprenta de la Divina Pastora» (págs. 145-157)
- «Eugenio Veuillot» (págs. 158-167)
- «Revista Literaria. Ángel Guerra: Cariños. Dos poetas jóvenes. Laudemaro y Reyes Huertas. Un poeta bable» (págs. 168-191)
- «Gabriel y Galán» (192-225)
- «Revista Literaria. La ilustre casa de Ramires, de Eça de Queiroz, traducida por Pedro González-Blanco. El Buen Sentido, por D. Alfonso Pérez de Nieva. Engracia, por R. Pamplona Escudero. Dios me valga y En la costa, por Teodoro Baró» (págs. 226-251)
- «Armando Palacio Valdés y Tristán o el Pesimismo» (págs. 252-277)
- «El Solitario de Polanco» (págs. 278-291)
- «Desde Alemania con vistas a España: El profesor Schneegans; Divagaciones literarias» (págs. 292-306 y 306-337, respectivamente)
- «Gerardo Hauptmann (págs. 338-362)
TOMO II
- «A través de un libro y de un alma» (págs. 5-28)
- «Fernando Brunetiere: El crítico y el apologista» (págs. 29-45)
- «Crítica de un crítico: (Andrés González Blanco)» (págs. 46-58)
- «La decantada revisión literaria» (págs. 59-74)
- «La poesía modernista» (págs. 75-86)
- «Revista Literaria. Mirando al cielo. Himnos y cánticos religiosos, por el Padre Restituto del Valle Ruiz, agustino. El Romance en Cuba, por Carolina Poncet y de Cárdenas» (págs. 87-101)
- «Crisis de la literatura francesa» (págs. 102-112)
- «¿Crisis de la literatura española?» (págs. 113-124)
- «La estética de los Fuertes...» (págs. 125-135)
- «Revista Literaria. Novelas ejemplares con notas de Francisco Rodríguez Marín, de la Academia Española. Menosprecio de corte y alabanza de aldea, por Fr. Antonio de Guevara. Apología cristiana: la Religión y la Historia o ciencia de las religiones, por el Dr. D. Diego Tortosa. Necrología de D. Benito Pérez Galdós, por el Excmo. Sr. D. Antonio Maura» (págs. 136-147)
- «La novela más trascendental de Pablo Bourget» (págs. 148-200)
- «El movimiento literario en Cuba» (págs. 201-216)
- «Poetas cubanos: Lucas de Cigarral. Guillermo de Montagú. Manuel Serafín Pichardo. Bonifacio Byrne» (págs. 217-230, 231-242, 243-250 y 251-259, respectivamente)
- «Habaneras: El público y las revistas. El estilo. Paso a los genios. ¡Quién supiera escribir! Don-no-entiende-ni-jota. Alrededor de una nonada. La labor literaria de Concha Espina» (págs. 260-263, 264-267, 268-271, 272-275, 276-279, 280-283 y 284-349, respectivamente)
Lo que nos ha de traer la pacificación de España. Oración, Madrid: Bruno del Amo, Editor, 1921, 14 págs.
1922
Matrimonio, amor libre y divorcio. Conferencia pronunciada el día 5 de Diciembre de 1921 en el Instituto Agrícola de San Isidro, en Barcelona, Madrid: Bruno del Amo, Editor, s. f., 37 págs. [Esquema de la conferencia, incluido en la pág. 5]: «Las hijas de Cataluña y la revolución de las mantillas. Una flor a «Mujer y madre». La Pardo Bazán y la misoginia de Quevedo. El primer matrimonio. Sueño de verdadera felicidad. Un vistazo al matrimonio en la historia. El matrimonio-sacramento. Cómo lo ha poetizado la Iglesia. Bella sentencia de Don Quijote. La joven en el risueño mayo de la vida. Sesudas frases de Concepción Arenal. Delicadísima labor de las madres. Lo que es el amor. El amor y la voluptuosidad. La Venus de Siracusa. Las profanaciones del templo del amor. La Amalia de Los Buhos de Benavente. La Carita de los hermanos Quintero. Lo que es el matrimonio cristiano. En él no se pone nunca el sol de la ventura. ¡Viva Carlo Magno! La lucha por el amor libre. Intrusiones cesaristas. Los socialistas y el matrimonio. Los anarquistas aún van más lejos. Insania de Octavio Mirbeau. La poligamia y el amor libre. Adónde lleva el menosprecio del matrimonio. Combates urgentes. A quién compete la jurisdicción del matrimonio. Lutero y Enrique VIII. La valla de las incompatibilidades teológicas. El divorcio y el Derecho Divino. El divorcio y la naturaleza del matrimonio. Las gallardías del non póssumus. Espectáculo de los pleitos de divorcio. El divorcio en España y Ruiz Zorrilla. Una escena de Divorçons! Acción deletérea del divorcio. El matrimonio a la usanza de nuestros padres. Todo lo pueden hacer las mujeres españolas»
Santa Teresa de Jesús (La Doctora y la Escritora). Discurso pronunciado en la Academia de Jurisprudencia en la sesión de clausura de la segunda Asamblea general de «Acción Católica de la Mujer», Madrid: Imprenta del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, 1922, 30 págs.
En pro del reflorecimiento misional español. El sacerdote español y las vocaciones de misioneros. Discurso pronunciado en el teatro de las Damas Catequistas, con motivo del Primer Congreso de la Unión Misional del clero de Madrid-Alcalá, Madrid: Bruno del Amo, Editor, 1922, 27 págs.
1923
Hacia la solución pacífica de la cuestión social, Madrid: Editorial Voluntad, 1923, xxxi+384 págs.
- «Conferencia-Introducción»: La génesis de este libro. Ante un serio examen de conciencia. Por qué no se conjuró la Revolución francesa. El hablar en cuartos y el hablar en doblones. En plena edad de castas. El infierno de los modernos ingleses. El cuervo Bushanda de los Vedas. Los aliados del colectivismo. El relampagueo de las armas enemigas. La reprensión de Jesús a Santiago y a San Juan. Las bestias áureas de César. Males peores que encarnizados enemigos. Apuntando el plan de la obra. La Iglesia en sus relaciones con los poderosos. La esencia de la Historia de la Iglesia. Amplificando los caminos del cielo. Lo único que puede hacer sonreír a la felicidad de la vida (págs. V-XXXI)
- «I. El trabajo y el cristianismo»: El origen de la grandeza inglesa, según el cardenal Manning. La Iglesia y el trabajador. Lo que hubiera sido el trabajo sin el pecado original. Bella frase de San Agustín. El trabajo como ley divina. Su nobilísimo papel moral. Sabia observación de Horacio. El trabajo del cuerpo y el trabajo del espíritu. También hay sudor intelectual. La sangre del cuerpo y la sangre del espíritu. Por los campos del pensamiento. Lo que era el genio de los grandes hombres. Una frase de Newton. Locura de Tolstoy. El trabajo a la aparición de Jesucristo en el mundo. El trabajo en Grecia. Da pena leer en Platón... El trabajo en Roma. Angustia leer en Marco Tulio... Bárbara inhumanidad de los romanos. ¡Ni derecho a religión! Lógicas sublevaciones obreras. Jesucristo obrero. Cómo trabajaba el Apóstol. El trabajo y los cristianos primitivos. Una ligereza de Ganivet y un alto pensamiento de Montalambert. Maravillosa transformación del trabajo llevada a cabo por el Cristianismo. Himno al trabajo (págs. 1-30)
- «II. Concepto cristiano de las riquezas»: El gran autócrata de nuestros días. Las glorias negras del oro. Los ideales del alma y los ideales del cuerpo. Resurrección del becerro de oro. Bellas palabras del agustino Fonseca. Un pensamiento de Schopenhauer. El maldito absentismo. Desenfrenos y provocaciones de lujo. El drama de una buhardilla. Lo que sabemos los adoradores de la cruz. Utopías tolstoyanas. Gran pensamiento de San Agustín. Las riquezas que la Iglesia maldice. El oro que bendice la Iglesia. ¡Bienaventurados los pobres! Excelsa frase de Bossuet. Un bando de Moisés a los israelitas. Jesús y los pobres. Panegírico de la limosna. La mejor oración fúnebre. La impiedad y el egoísmo. La moral de los egoístas. Naturales frutos de esa moral. El divino papel del oro. ¡Ay de ciertos acaudalados! La parábola amenazadora (págs. 31-54)
- «III. Historia y doctrina del socialismo»: Paso libre a las ideas. Individualismo de Nietzsche, Helvecio y Rousseau. Chispazos socialistas. Los «Jefes de los santos». Remedios sacrílegos. Semblanza de Carlos Marx. ¡Vaya un redentor de los trabajadores! Hacia la entrada del marxismo. «El cerebro pensante de los trabajadores rojos». Fundamento de la teoría de Marx. Su crítica desapasionada. Otro de los grandes descubrimientos marxistas. Socialización de las fuentes productoras. Su crítica. El Estado empresario. Magna ilusión de Marx. La piqueta revisionista. Semblanza de Lasalle. Lasalle y Bismark. Crítica de la «Ley de Bronce de los trabajados». La esencia del salario. Análisis del socialismo de Bébel. Fantasías risueñas. Ríos de leche y miel. Bébel poeta. El Dios Estado. La religión del socialismo. Su moral. Su mesianismo (págs. 55-110)
- «IV. Realidad de la cuestión social»: Resumiendo la conferencia anterior. La fuerza de la ironía. Un vaticinio de Ganivet. Génesis de la cuestión social. Gérmenes desperdigados. Los crímenes del Liberalismo económico. La nueva esclavitud. El estallido de la lucha de clases. El origen del proletariado. Un polvorín de odios. Lo que dice Proudhón de la revolución francesa. Cuando llega la hora de los castigos divinos... Unas frases de Enrique George. Libros donde se aprende a odiar. El obrero de ayer y el de hoy. Mazini haciendo rechifla de Marx. El único socialismo admisible. Tiempos de odio y tiempos de amor. La oligarquía de superhombres de Nietzsche. El anhelo de Enrique IV de Francia. La figura sublime de León XIII. La página más bella de la historia contemporánea. Lo que hay que decir a los explotadores del sudor obrero. La caridad cristiana y la justicia social. Los obreros y las sotanas. Dos grandes prelados de los Estados Unidos acusan... (págs. 111-138)
- «V. Los obstáculos al triunfo del pueblo trabajador»: Los grandes pleitos de la Iglesia. El verdadero ideal del capitalista. Retrato viviente del redentor del pueblo. De demagogos a burgueses. Nada de radicalismos exagerados. Lo sagrado del derecho de propiedad. Hipótesis absurdas. El pacto social y el hecho social. Los Santos Padres y el comunismo. Los latifundios y los Cresos. Hermosas palabras de Monseñor Bonomelli. No revoluciones violentas, sino transformaciones pacíficas. La igualdad socialista y la igualdad cristiana. Labor inmensa de Proudhón por la causa del orden. El internacionalismo marxista y el internacionalismo de los Papas. Enorme absurdo de Tolstoy. El progreso necesita mártires. El proletariado y la monstruosa guerra europea. Patentísimo fracaso del internacionalismo marxista. Victor Hugo profeta. El anarquismo de Bakunin y el anarquismo de Tolstoy. La plaga del alcoholismo. Frases humoristas de Johnson y de Diógenes. «El primer Destilador». La invención de alcoholes y el deber de los gobiernos. Espantoso crimen. La famosa teoría de Malthus. Enrique George y el malthusianismo. España mil veces bendita (págs. 139-164)
- «VI. Enrique George y el colectivismo agrario»: ¡Lástima de ensueños irrealizables! El profeta de San Francisco de California. Críticas injustas. Romántico sí, perverso no. La teoría georgiana. Falsos puntos de partida. George y Laveleye. Civilización primitiva. Los hombres de las cavernas. La propiedad de la tierra en la Historia y en la Sagrada Escritura. La lógica georgista y el hombre primitivo de Rousseau. Lindo espectáculo humano. Los salarios y el georgismo. Bernstein refutando a Marx. El impuesto único. Soñar y más soñar. Justos temores de Garriguet. Las fincas rústicas y el sudor humano. Luminoso pensar de León XIII. Absurdos georgianos. ¡Duro en las riquezas muertas! Mella y la pléyade de salvadores agrarios. Costa y los foros gallegos. La mejor solución a los latifundios. Puerilidades e inconsistencias (págs. 165-194)
- «VII. Apuntando medidas y remedios»: El valor de las ilusiones. Siguiendo a León XIII. Quién debe fijar el salario. Sabio sentir de Bonomelli. El sudor humano y la mercancía. El capital monetario y el capital energético. Se impone el espíritu de asociación. El salario familiar. La ley de la oferta y de la demanda. ¡Todavía en los umbrales del cristianismo! El salario familiar y el Cardenal Guisasosla. El salario familiar y la conveniencia pública. Cajas de sobresalario familiar. Medidas de prudencia conservadora. Más conciencia en los patronos y más conciencia en los obreros. La abolición del salario. Sociología romántica. Justo concepto del trabajo. Obra admirable del P. Volpette. Lo que deseaba León XIII. Paraísos fantásticos. El primer paraíso que se ha de conceder al pueblo. Tristes forzosos éxodos. Los políticos y la emigración española. Capitales vivos y capitales muertos. Felipe II y la jornada de ocho horas. Extensión universitaria obrera. El ideal de la vida humana. ¡Todos trabajadores! Escuelas sanas y bibliotecas civilizadoras. Palabras sesudas de Vandervelde. El fracaso de todos los liberalismos (págs. 195-247)
- «VIII. Sana doctrina sobre los sindicatos»: Licitud de la sindicación. Sabio sentir de Toniolo y del Cardenal Guisasola. La sindicación y el liberalismo económico. Jugosa síntesis del Cardenal Manning: la «Coraza de oro» y la «libertad de morir de hambre». León XIII y la Revolución francesa. Lo que son los Institutos de Reformas sociales. Necesidad actual de la sindicación. Una gran verdad del sindicalista Pestaña en el Teatro de la Comedia. Los antiguos gremios. La confesionalidad de los sindicatos. Las «Normas de Acción social católica» en nuestra patria. Pío X y el Cardenal Aguirre. Sindicatos puros y sindicatos mixtos. Luchas estériles. Labor del inolvidable P. Gerard. El P. Rutten, apóstol providencial de Bélgica. La federación de sindicatos. Lo que urge en nuestra patria. ¡A ganar el tiempo perdido! El ideal de la sindicación y Severino Aznar. Hacia la legítima representación en Cortes. Padre nuestro que estás en los cielos (págs. 247-278)
- «IX. Sobre la licitud e ilicitud de las huelgas»: El clero y las huelgas. La libertad en los contratos de trabajo. Las huelgas de los empleados públicos. «El asco al trabajo», producido por las huelgas. El justo uso de la riqueza y el justo uso del trabajo. El Gobierno y los sindicatos perturbadores. La conciliación y el arbitraje. Borrando prejuicios. El Tribunal de conciliación y la opinión pública. Un buen ejemplo del Canadá. Las formalidades de las huelgas. Un crimen monstruoso: el saboteo. La libertad de la huelga y la libertad del trabajo. Cobardías de los Gobiernos. Causas postradoras de las industrias de nuestra patria. ¡Malditas aquellas huelgas! Lo que debe hacer nuestro Instituto de Reformas sociales. Las huelgas y el viscoso áspid de la política. La Casa del Pueblo, de Madrid. La huelga general y el bien del pueblo. Cómo debe entenderse la solidaridad obrera. El trabajo dignificado. Imperando el catolicismo (págs. 279-310)
- «X. O solución pacífica o disolución social»: Magna equivocación del socialista italiano Turati. Divinas enseñanzas de León XIII. Los trabajadores de ayer y los trabajadores de hoy. El mal ejemplo burgués. La providencia salvadora de los ricos. El único pacificador. Luz del cielo. Siembra urgentísima. Imitando a los hijos de las tinieblas. Más alegría de la vida popular. La alegría y la tradición. El moderno Leteo. La recristianización de los hogares. Trascendental papel femenino. Las madres-maestras. La única fuerza moralizadora. Los nietzschianos de nuestros días y los del tiempo del Profeta. Desfile de apóstoles del odio. «¡Abajo lo existente!». El «grito de amor» de Lasalle. Hosco vaticinio de Carlos Marx. Los Estados y la Iglesia ante la tempestad que se avecina. Cuando la invasión de «las bestias rubias»... En la hora de la justicia de Dios. Un vistazo a Rusia. La realidad rugiente (págs. 311- 339)
- «XI. La ida al pueblo»: Conducta extraviada de los católicos. Toniolo acusa. Palabras reprochadoras de Monseñor Ireland. Lo que decía León XIII al Obispo de Grenoble. Último grito de dolor del Cardenal Guisasola. Ozanam a los veinte años de edad. Gallardía del Cardenal Manning. Vagando por los Estados Unidos. Lo que no debió haber sucedido nunca. Se impone el ir al pueblo. El hogar de Nazaret. Sabias palabras de Monseñor Bonomelli. Reforma de estudios en la carrera eclesiástica. León XIII y la solución satisfactoria de la cuestión social. Religión, mucha religión católica. El imperio de la conciencia cristiana. En una sociedad así... (págs. 340-380)
Regionalismo y patriotismo. Conferencia pronunciada en el teatro Palacio Valdés, de Avilés, el día 27 de julio de 1923, Madrid: Editorial Voluntad, 1923, 46 págs.
Conferencias feministas: pronunciadas en la Universidad y en el Fomento del Trabajo Nacional de Barcelona, Madrid: [Imprenta del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús], Librería Católica de Hijos de Gregorio del Amo, 1923, 88 págs.
- «La cultura de la mujer en el hogar» (págs. 3-29)
[Esquema, de la pág. 3:] Pidiendo al cielo su rocío de luz. Lo que podría y debía ser «Lucha contra la Mortalidad infantil». Redentora labor de «Mujer y Madre». Un aplauso por vía de paréntesis a los doctores Puig, Mirabell y Buxó Izaguirre. Lo que se hace por los niños pobres en los Estados Unidos y en Inglaterra. En pro de los padres de numerosos hijos. La mejor de las contribuciones. El pestífero malthusianismo. Venalidad punibilísima de la ciencia médica. El día del recién nacido. Los mejores adornos de la mujer. En pleno tema. La ignorancia femenina. Bella protesta de Santa Teresa de Jesús. El saber y la alegría de vivir. Rutina milenaria. No se puede inculpar a la Iglesia. Un hecho de Bossuet, un gesto de Inocencio XI y un rasgo de San Agustín. Lo defectuoso de la educación femenina. Lo que les sucede a las muñecas. Dos tipos de sabidillas: la esposa del Crysalo, de Molière y la señora del alcalde de Torremar, de Concha Espina. Radicalismos feministas y antifeministas. Una sentencia del Sabio. Papel familiar y social de la mujer culta y buena. Los hombres de hoy y los maridos griegos de la antigüedad. Frase atinadísima de Monseñor Dupanloup. La verdadera reina del hogar. Entre ciertas jóvenes recién casadas. Los maridos de las mujeres instruidas. La cultura femenina en las moradas humildes. La necesidad de cultura en las madres. La madre ignara ante el hijo impío. Bellísima labor de la madre docta. Cultura, cultura y cultura. Robos santísimos...
- «Santa Teresa: la mujer y la Santa. Conferencia pronunciada en el paraninfo de la Universidad de Barcelona» (págs. 31-59)
- «La escultora de almas santas. Conferencia pronunciada en el Palacio del Fomento del Trabajo Nacional, de Barcelona» (págs. 61-87)
1924
San Roque. Panegírico pronunciado en el templo parroquial de Llanes. 16 de agosto de 1923, Madrid: Imprenta del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús, 1924, 23 págs.
Hacia una España genuina. (Por entre la Psicología nacional), Segunda edición, Madrid: Editorial Voluntad, 1924, xvi+408 págs. Los artículos nuevos o que han sufrido modificaciones respecto a la primera edición son:
- «Por vía de prólogo» (págs. VII-XVI)
- «¡Alto ahí!...» (págs. 393-408)
Religión y patriotismo. Sermones, discursos y conferencias, Tercera edición, notablemente aumentada, Madrid: Editorial Voluntad, 1924, 2 volúmenes: 454 y 438 págs. Los artículos nuevos o que han sufrido modificaciones respecto a la segunda edición son:
TOMO I:
- «La muerte de Jesús. Sermón pronunciado el Jueves Santo en la iglesia del Pilar (La Recoleta), Buenos Aires, 1908» (págs. 53-79)
- «La verdadera agonía de Jesús. Sermón pronunciado en el templo de las Monjitas de la «Preciosa Sangre», de La Habana» (págs. 331-343)
TOMO II:
- «Alocución pronunciada en Pola de Laviana la víspera de la Asunción de María, tras la poética procesión de la Virgen del Otero» (págs. 87-99)
- «La Asunción de María. Sermón pronunciado en el templo parroquial de Pola de Laviana, el día de la Romería de la Virgen del Otero» (págs. 101-120)
- «El Inmaculado Corazón de María y su amor a los hombres. Sermón pronunciado en la Catedral de Madrid el 12 de junio de 1921, en la solemnidad de la Archicofradía del Inmaculado Corazón de María» (págs. 121-138)
- «La Solemnidad del Rosario. Sermón predicado en el templo parroquial de Ribadeo (Galicia)» (págs. 139-158)
- «La Inmaculada y el pueblo español. Sermón predicado en la Iglesia de San José en la solemnidad dedicada por la Academia de Jurisprudencia a su Excelsa Patrona» (págs. 159-174)
- «La Soledad de María. Sermón predicado en la Iglesia de San Manuel y San Benito (Madrid)» (págs. 175-193)
- «Panegírico de Santa Teresa de Jesús. Pronunciado en Alba de Tormes en día de la fiesta de la Santa, 1904» (págs. 195-212)
- «Alocución pronunciada en la primera Solemnidad de la Congregación de Nuestra Señora de los Dolores y Santo Entierro. Noviembre de 1918» (págs. 213-231)
- «El dolor humano. Sermón pronunciado en la primera fiesta aniversaria de la Congregación de Nuestra Señora de los Dolores y Santo Entierro. Noviembre 1919» (págs. 233-248)
- «Lo que nos ha de traer la pacificación de España. Oración sagrada pronunciada en 20 de noviembre de 1921 en la solemnidad anual de la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores y Santo Entierro» (págs. 249-263)
- «El Sacerdote español y las vocaciones de Misioneros. Discurso pronunciado en el teatro de las Damas Catequistas, con motivo del Primer Congreso de la Unión misional del Clero de Madrid-Alcalá» (págs. 265-291)
- «En el día del Sacratísimo Corazón de Jesús. Sermón pronunciado en la Iglesia de San Francisco de Avilés» (págs. 293-310)
- «El Sacratísimo Corazón de Jesús. Sermón predicado en la Iglesia de San Manuel y San Benito (Madrid)» (págs.