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El Catoblepas, número 96, febrero 2010
  El Catoblepasnúmero 96 • febrero 2010 • página 16
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Alá y su Profeta iluminan a la izquierda española
y al nacionalismo gallego

Enrique Prado Cueva

La deriva ideológica del «progresismo»

iluminados por Alá y su Profeta

Los excesos dialécticos se transforman siempre en podredumbre retórica. El padre de la patria andaluza, Blas Infante, se convirtió al Islam el 15 de septiembre de 1924 para huir del nacionalismo español y convertirse así en un primum inter pares, en un mundo del que él mismo era un fiel representante de la mediocridad política e intelectual (ver al respecto «Un musulmán va a ser reconocido en referéndum como Padre de la Patria andaluza», Gustavo Bueno, en El Catoblepas, Rasguños, nº 60, febrero 2007). Sigrid Hunke (1913-1999) en su Allahs Sonne über dem Abendland (1960) rechaza las raíces cristianas de Europa y coloca, en su lugar, al Islam como fuerza regeneradora de una raza aria en peligro por la contaminación de la cultura judeocristiana. Amiga de Himmler y miembro que fue del NSDAP (el Partido Nacionalsocialista alemán) se ha convertido, como apunta Sylvain Gougueheim en su libro Aristóteles y el Islam. Las raíces griegas de la Europa cristiana, «en un mascarón de proa de una determinada extrema izquierda». Chávez –conspicuo izquierdista, dictador por vocación y golpista contumaz– tiene unas inmejorables relaciones con los persas, con Irán. El líder bolivariano fue, en su día, ensalzado como un liberador de las masas obreras por el libro de texto Filosofía y ciudadanía publicado por Akal. Unas masas a las que, por cierto, conduce directamente a la ruina económica, gracias a la hiperinflacción desbocada, causada por corromper, con su ideario izquierdista, las reglas del juego económico. Se trata del líder internacional mejor valorado por el mundo árabe, como bien explica Ignacio Álvarez Osorio que, en su artículo del diario El País (23 de enero de 2010), desgrana con detalle su filo-arabismo. A Hugo Chávez sólo de falta aplicar la ley islámica, sharia, en su territorio. El cambio le resultaría fácil, bastaríale, teniendo en cuenta sus «reformas», con blandir durante sus discursos El Corán en lugar de ese otro librito al que llama Constitución bolivariana. Chávez y el presidente iraní Ahmadineyad intercambian cromos y proezas verbales propias sólo de orates. Para Ahmadineyad no hubo exterminio judío y para Chávez el terremoto de Haití fue provocado por la Marina estadounidense (ABC, miércoles 20 de enero de 2010).

Pero estos dislates aparecen también en la historia reciente de Galicia, durante el bipartito PSG-BNG, cuando los nacionalistas equipararon la Shoah judía con el padecimiento del pueblo palestino. Esto derivó, como es natural, en una protesta formal del embajador de Israel. En realidad, casi todas las decisiones políticas del BNG forman parte ya de la antología del disparate. Falsificando la historia, logran mezclar churras con merinas. Usan, por ejemplo, la palabra «diáspora» para calificar la emigración gallega, haciendo así un juego macabro con un vocablo que, de suyo, se aplicó al pueblo judío y, por extensión, a todo pueblo perseguido y diezmado que acaba perdiendo su patria originaria, caso de los armenios y de los propios judíos. Cada cierto tiempo, además, suelen mover, en procesión, cadáveres exquisitos (siempre tienen la cultura sobre los hombros) para que no olvidemos, ni tampoco ellos (los nacionalistas) olviden el fascio que constituye sus verdadera y señera raíz. Hablan del gallego como si se tratara de una reliquia o de un cadáver en olor de santidad, pero olvidan sistemáticamente que el decreto que introdujo las lenguas vernáculas en la educación fue firmado por Franco (Decreto 1433/1975, de 30 de mayo; BOE, Madrid, 1 de julio de 1975). Decreto que regula la incorporación de las lenguas nativas en los programas de los Centros de Educación Preescolar y General Básica. A este le siguió el Decreto 2929/1975, de 31 de octubre, en el que se ampliaba el anterior, firmado esta vez, por Don Juan Carlos. A partir de ellos, por ellos guiados y bajo su sombra, las Comunidades Autónomas de Cataluña, País Vasco, País Valenciano e Islas Baleares elaboraron sus propias regulaciones (todas ellas Reales Decretos que pueden ser consultados en el Proyecto Filosofía en español). Ningún país da saltos en el vacío ni hay en su sistema jurídico lagunas oscuras. Todas las leyes son fruto de un proceso histórico que no entiende de cortes abruptos. Los nacionalistas y el PSOE han convertido el Decreto de Franco, claramente moderado y no impositivo, en un conjunto de disposiciones legales de corte estalinista. Sólo para comprobar su benignidad y magnanimidad, reproduciré aquí los artículos primero, segundo y tercero (Decreto 1433/1975, 30 de mayo):

«Artículo primero.- Se autoriza a los Centros de Educación Preescolar y Educación General Básica, con carácter experimental, y a partir del curso mil novecientos setenta y cinto-setenta y seis, para incluir en sus programas de trabajo, como materia voluntaria para los alumnos, la enseñanza de las lenguas nativas españolas.
Artículo segundo.- Las enseñanzas en estos Centros tenderá a asegurar el fácil acceso al castellano, lengua nacional y oficial, de los alumnos que hayan recibido otra lengua española como materna, así como a hacer posible el conocimiento de esta última y el acceso a sus manifestaciones culturales a los alumnos que la soliciten.
Artículo tercero.- La inclusión de una lengua nativa en los programas de Centros no excluye la obligación de introducir en el momento establecido el estudio de un idioma extranjero.»

Asistimos, pues, por parte del BNG y del PSG a una tergiversación ideológica de las palabras y los hechos que ya fue ejercida por la propaganda nazi, capaz de colocar en las hebillas de los cinturones de los guardias de la SS, en los campos de exterminio, frases tan bien sonantes como enigmáticas, a saber, Arbeit macht frei («el trabajo te hace libre»). La misma frase que, forjada en hierro, daba la bienvenida en el campo de concentración de Manhausen a los miles de judíos que verían sus cuerpos convertidos en humo.

El borrador sobre la convivencia amable de gallego y castellano de la Xunta de Galicia, no satisfará seguramente a nadie pero tiene, al menos, la virtud de recoger, de la fuente de la que manó, la cara más amable de un plurilingüismo que intenta salvar el dramático escollo de la imposición. No obstante, Feijoo obtuvo en las pasadas elecciones una mayoría clara y contundente que le cualifica para realizar una reforma lingüística de mayor calado. Una reforma en la que la ley no ampare la obligatoriedad del gallego en la enseñanza. Todos parten, pues, del Decreto de Franco –no podría ser de otro modo– pero PSG y BNG lo interpretan al más puro estilo fascista, de corte estalinista, como sus hermanos catalanes de Esquerra Republicana, Convegencia i Unió y PSC.

Al nacionalismo gallego sólo le falta adoptar al Islam para rematar su faena. Profetas no le faltan e ideología totalitaria tampoco. Entre los profetas vivos, tenemos a Xosé Luís Méndez Ferrín, independentista y burgués de mano izquierda, autor de un bodrio insuperable, Regreso a Tagen Ata, que ha sido nombrado recientemente director de la Real Academia de la Lengua Gallega. Entre sus muchas bravuconadas políticas, tiene en su haber el presentarse, en sexto lugar, a las últimas elecciones europeas por el partido Iniciativa Internacionalista encabezado por el dramaturgo vasco Alfonso Sastre, de ideología claramente pro-etarra. Este Ferrín acusó a los asturianos, en un artículo publicado en El Faro de Vigo, de falta de identidad por no defender la oficialidad del bable y por no acordonar no sé que variante de la fala para que, en una suerte de cordón sanitario, se ejerciera sobre nuestro territorio una profilaxis filológica.

Será su compañero de viaje un reciente miembro, Manuel Rivas, que cada vez que escucha una palabra altisonante como paz, libertad, identidad... echa a correr tras ella para hilarla en su guión victimista. Se ve que le ponen en trance poético, aunque para quien sea capaz de leerlo, comprobará que su jerigonza no es sino una milonga insufrible. Todos ellos y otros muchos defienden la inmersión lingüística en gallego para la enseñanza que no es otra cosa que la versión actualizada del estalinismo político: mover a las masas a territorios de penumbra para satisfacer sus disparates políticos y su idea delirante de Galicia (Galiza) como nación. Las Galescolas fueron el último invento del bipartito: escuelas infantiles, al margen del sistema educativo, que sólo educaban en gallego a los hijos e hijas del obrero. El independentismo catalán ya tiene experiencia de esto mismo. El cantaor Miguel Poveda explicó muy bien lo que aconteció con barrios obreros enteros en Barcelona que vieron como sus hijos –él por aquel entonces era un niño– de un curso a otro pasaron de tener todas las asignaturas en castellano a serles impartidas en catalán. Con humilde resignación, y sin un ápice de rencor, le dijo a Baltasar Magro (en una de esas entrevistas tan interesantes que hacía en la 2) que el fracaso escolar se extendió entre ellos como una epidemia. El presidente de la Generalitat, Montilla, ha matriculado en el colegio Alemán a sus hijos para evitar que les suceda lo mismo.

La idea islámica y delirante de un dar-al-islam frente al dar-al-harb aparece actualizada en el nacionalismo gallego (con apoyo explícito de PSG) en su cruzada contra el castellano en las escuelas e institutos de educación secundaria. Estos dos partidos buscan que sean estos espacios educativos su «territorio de la guerra», precisamente porque la enseñanza es el lugar con los órganos de gobierno menos democráticos. Los directores son elegidos, de facto, por la administración y, muchas veces, sin presentar programa alguno. El derecho de los alumnos menores de edad a la huelga resulta esperpéntico. Cualquier profesor que tiene que lidiar, que educar, a adolescentes y niños sabe lo fácil que es darles argumentos para no asistir a las clases. El derecho a la huelga ha sido una conquista histórica del movimiento obrero que los partidos de izquierdas, con la connivencia de los sindicatos, han dilapidado, diluyendo su profundo y dramático significado. La huelga es un derecho de alguien que al ejercerlo ve cómo por cada día no trabajado se le descuenta de su sueldo una buena cantidad de dinero que necesitaría –ante la falta de ahorro de la mayor parte de los trabajadores– para alimentar y vestir a la familia y educar a sus hijos. ¿Qué circunstancias de este tipo concurren en un alumno de la ESO o de Bachiller? Cierto que es un derecho consolidado, pero que, a mi juicio, no se merecen porque lo han adquirido sin habérselo ganado moralmente. Con esta masa social, los profesores, al tiempo funcionarios, se permiten hacer huelgas de un sólo día, lúdicas –como la del pasado 21 de enero en Galicia–, apostando por decretos, aun vigentes, que conculcan el derecho de otros funcionarios, profesores, a hablar en castellano y a dar las clases, los materiales didácticos y a elegir los libros de su conveniencia en el idioma del Estado. Es importante que se sepa que los profesores funcionarios son nombrados por el Ministerio de Educación, son funcionarios del Estado español no de las Comunidades Autónomas.

Este es el territorio abonado para intentar implantar las ideas más estrambóticas. Para justificar que Galicia es o debe ser un país he escuchado de colegas –autoproclamados izquierdistas y marxistas– discursos delirantes que se remontaban al levantamiento de los Irmandiños que pasan así de ser nobleza levantisca a trasuntos o propios de los Bolcheviques cuando en 1912 tomaron el Palacio de Invierno. Sospecho que mis colegas no saben mucha historia y los que dicen saberla se dedican a falsificarla.

A Europa, afirman, le recorre por su columna vertebral un escalofrío llamado, por los progresistas del PSOE, islamofobia. Si Luis Díez del Corral (1991-1998) habló del rapto de Europa, en clara referencia al mito clásico, ahora el referente ya no es Grecia sino El Corán y la sunna o hadices del profeta Mahoma, de un modo que explicaré más tarde. Este vuelco esperpéntico deja muy en la sombra el intento de Hölderlin por construir una nación alemana con la ayuda de un lenguaje tamizado por el dios Apolo, es decir, por las traducciones que hizo de las obras de Sófocles al alemán, Edipo Rey y Antígona. Hölderlin contribuyó a configurar una nación que impuso como lengua común el alemán de Lutero.

En España las lenguas autóctonas, vernáculas, tienen que subvencionarse a fondo perdido porque no hay lectores y los autores suelen ser de pésima calidad. Cuando el Grupo de Trabajo de Filosofía de la Comunidad autónoma de Galicia –encargado de elaborar el nuevo decreto y la prueba para la PAU– decidió proporcionar al profesorado unos textos de referencia, hizo el esfuerzo de traducir de la lengua original al gallego a Platón, Aristóteles, Descartes, Kant... Ante la imposibilidad de entregar los textos traducidos a tiempo, fueron enviados a los institutos de secundaria en castellano, a la espera de las traducciones. El resultado, el premio, fue una interpelación del BNG en el Parlamento gallego por tal incuria. El fundamentalismo de estos partidos nacionalistas es una variante de la islamofilia que ve regulada toda la vida del creyente o del sectario por un sólo libro, descendido del cielo, y escrito en un sólo idioma. A los comunistas debería de guiarles El Capital de Marx, pero, como hace no mucho demostraron, no lo leen. Esto se supo cuando un internauta avispado descubrió que el secretario de Cayo Lara sacaba las citas para sus discursos de internet. Es lógico que para gente así la filosofía no tenga ningún valor ni la ciencia tampoco. Les basta con el popular traductor castellano-gallego «Apertium» que de un sólo golpe de teclado soluciona toda veleidad ilustrada. En realidad, este popular traductor de internet ha resultado ser una quinta columna en el seno del galleguismo militante.

Entonces, ¿educación para qué? Seguramente para que medre una nueva clase ociosa de funcionarios que nunca despertará de su sueño dogmático hasta el día en que, de verdad, vea peligrar su trabajo y sus privilegios. Una clase que hace mucho tiempo dejó de llamar a las cosas por su nombre; a la vagancia del alumno la llaman falta de motivación; pasar con siete suspensas de segundo de la ESO a tercero no es otra cosa que promocionar al menesteroso que, por vago, es digno de conmiseración; la promoción interna para cobrar más recibe el nombre de «condición de catedrático», a la que se llega con mayor rapidez y facilidad por años trabajados y puestos ocupados en la dirección de los centros o en los sindicatos. En definitiva, la calidad docente del profesorado es una pura quimera. La huelga del pasado día 21 en Galicia no fue sino para seguir confundiendo la semántica de las palabras, para seguir llamando con nombre equívoco a las cosas, para escribir en el libro del nacionalismo retrógrado un nuevo pasaje de autocomplacencia. Una profesión en la que las palabras terminan por significar cosas muy diferentes y alejadas de su campo semántico habitual, es una profesión que sólo vive de metáforas, muchas de ellas ociosas e inoperantes. El sistema educativo, muy a menudo, no es otra cosa que un cúmulo de metáforas.

El referente ya no es Grecia. ¿Cómo podría serlo si el griego y el latín son asignaturas aparcadas en el rincón oscuro y apartado de las asignaturas optativas? Cierta vez, una alumna de la Universidad de Vigo calificó de «chorrada» (sic) el trabajo que debía realizar sobre la relación entre polis y eros en El Banquete de Platón y propuso, en su lugar, un resumen de los diferentes discursos sobre el amor en el mismo diálogo platónico. Esto es un claro ejemplo de mala educación, por desgracia muy extendida en la Universidad. Pero este desaire a un profesor es muestra de un síntoma de algo más grave que está ocurriendo en nuestra juventud universitaria, aparentemente formada: Grecia es incomprensible para los alumnos de letras. En el lugar de Grecia, muchos profesores de Universidad, de Ciencias Políticas, de Historia, de Filosofía, han optado por colocar la propaganda progresista del PSOE y su increíblemente estúpida e inoperante Alianza de Civilizaciones. Con esta ideología es posible diluir la idea de nación o de Estado en beneficio de unos ideales abstractos que permiten alimentar las ideas delirantes de nación gallega, vasca o catalana, socavando, al tiempo, la idea de Estado nación española.

Un autor como Antonio Elorza, catedrático de Ciencia Política, hace suya, en carne propia, la peor de las expectativas que ya apuntara Luís Díez del Corral en su libro El rapto de Europa. Ante una Europa a punto de encontrarse arrebatada y desquiciada –como a algunos pudiera parecerles a mediados del siglo pasado, dice del Corral– con sus élites intelectuales expatriadas y enajenadas, pone, sin embargo, al otro lado de la balanza a una Europa capaz de generar las ideas que incluso pudieran apuntar a su decadencia. Pero la Europa en la que piensa Díez del Corral no está ni expatriada ni enajenada de sí misma. Además su referente es siempre Grecia o Roma. Mucho menos admitiría, como hace Elorza, que lo ajeno, lo islámico es la vara por la que hayamos de medir nuestros propios valores. Este punto absurdo al que ha llegado el pensamiento llamado «progresista» coloca al Islam en el centro de nuestra vida, una vez más, como referente moral en una civilización, la nuestra, de claras raíces griegas y cristianas. Elorza en un artículo de opinión titulado «El año del racismo» (El País, jueves 31 de diciembre de 2009) acusa a los Suizos de ser un pueblo con tendencias xenófobas, no les reconoce mayor mérito que haber inventado el reloj de cuco y todo por «haber humillado al colectivo musulmán» tras votar democráticamente que no querían minaretes en sus ciudades. Acaba su análisis –o lo que fuera que haga Elorza– con estas palabras, propias de un converso:

«Como paso previo para una imprescindible proyección del conocimiento sobre la sociedad, el Gobierno debe empezar por enterarse, de un lado, qué es Islam (una religión monoteísta cuya construcción teológica la hace merecedora de pleno reconocimiento), qué es islamismo (considerar vigente la sharía, con la posible desviación en el tema mujer hacia usos y prácticas punitivas incompatibles con el Estado de derecho) y qué es yihadismo (hoy con el punto de mira en al-Andalus). La normalidad cultural y religiosa, partiendo de la construcción de suficientes mezquitas y espacios de sociabilidad (y de con-sociabilidad) debería de ser una tarea razonada y explicada, tanto a los inmigrantes creyentes como al conjunto de los españoles.»

Para empezar, el Islam carece de desarrollo teológico. Hay teología cristiana pero no teología musulmana. De la sharía lo único que le preocupa es el papel de la mujer en el Islam, por lo que he de deducir que el resto de usos y costumbres le parecen bien. Desconoce que el yihad forma parte del derecho islámico y es regulado por él. El yihadismo le parece un problema serio y para solucionarlo propone la construcción de más mezquitas. ¡Guay! (del árabe way ¡lástima! ¡Ay!). Elorza acaba su artículo con la cuadratura del círculo. No es nada extraño que en la facultad de Ciencias Políticas de la Complutense de Madrid –de la que, por cierto Elorza es catedrático– hayan recibido de rodillas al presidente indigenista de Bolivia, Evo Morales, para pedirle perdón por el descubrimiento de América y la conquista posterior del continente Iberoamericano.

Casi un mes después, el 21 de enero de 2010, Abdelhamid Beyuki (representante del ECRI, Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia) y Esteban Ibarra (Presidente del movimiento contra la Intolerancia) publican en El País un artículo titulado «Suiza, Italia, Vic: xenofobia institucionalizada». Este artículo es digno del yihadismo más sombrío y amenazador. Dicen los firmantes lo siguiente:

«Pues bien semejante barbaridad (se refieren al referendum democrático de los suizos sobre los minaretes) acaba regalando a los radicales de Al Qaeda argumentos para expandir su terrorismo, además de debilitar a los muchos millones de musulmanes moderados que quieren vivir en paz y seguridad y creen en los valores universales de la democracia y la libertad.»

Esta amenaza en toda regla ya había sido blandida por un musulmán suizo al que se le había hecho una entrevista en televisión sobre el asunto. Que Esteban Ibarra firme un escrito yihadista, y que El País, en su supina ignorancia, lo publique, sólo significa una cosa: el progresismo en sus múltiples vueltas de tuerca ha encontrado en el Islam el acomodo para sus delirios éticos. La Alianza de Civilizaciones de Zapatero, ante la deriva ideológica del PSOE y los nacionalistas, ha logrado una reconquista ideológica del Islam sobre Europa, algo inimaginable siquiera para Díez del Corral.

El Islam no ha conquistado nuestro territorio pero sí, por lo visto, las mentes de muchos con la inestimable ayuda de unos partidos políticos y unos mal llamados intelectuales, mohosos y miserables, que, por alejarse de la idea de Nación española, y, por consiguiente, de los referentes culturales griegos y cristianos que la sustentan, atraen para sí cualquier ideología que la diluya.

El nacionalismo fascista y excluyente del BNG y el nacionalsocialismo del PSG ya tienen bandera e ideal, sólo les falta el idioma, ¿por qué no el árabe?

 

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