El Catoblepas · número 213 · octubre-diciembre 2025 · página 12

El mito de la eficiencia
Olaf Domínguez Prada
Ideología neoliberal y fundamentalismo de mercado
Varios mitos juegan un papel importante en la conjugación del fundamentalismo del mercado que caracteriza la ideología neoliberal. En este artículo analizamos el mito de la eficiencia, una de sus bases principales, a través de la historia del vocablo eficiencia y la teoría de la eficiencia neoclásica. En la discusión se plantean varias objeciones, incluyendo algunas desde el materialismo filosófico, como rechazo del fundamentalismo y en defensa de la eutaxia.
Presentación
El neoliberalismo, ideología o sistema imperante en las últimas cuatro décadas, nos presenta un fundamentalismo economicista centrado en el mercado, ente que posee características divinas: lo puede todo, lo sabe todo; está en todos lados; es eterno e inmutable, y además es justo al otorgarle a cada individuo lo que le corresponde verdaderamente en un mundo de recursos escasos; lo cual a su vez lo hace benevolente, al mercado, pues las capacidades personales convertidas en presunto capital humano nos convierten a todos en capitalistas, desde el mendigo al rico. Para que no haya dudas, todo se refuerza a través del discurso del emprendimiento, el trabajo duro, y los nuevos héroes, los multimillonarios como Elon Musk o Jeff Bezos, pues ¿acaso puede una religión prescindir de sus dioses?
Nos enfrentamos a una mitología en el sentido que le da Gustavo Bueno al mito,{1} atribuyéndosele al mercado “sin perjuicio de dar por supuesta su irrealidad, […] algún tipo de logos, alguna razón de ser, en función de sus servicios prácticos”, en este caso ideológicos, políticos y gnoseológicos. Desde el materialismo filosófico se ha abordado el tema, un ejemplo el libro “El mito del capitalismo” de Luis Carlos Martín Jiménez publicado en 2020.{2} Aquí yo deseo centrarme en el mito de la eficiencia, dada su importancia como justificación ¿moral? de la llamada economía de mercado, o sea, cual parte fundamental de la mitología en cuestión.
El vocablo eficiencia
La filosofía aristotélica, como sabemos, juega un papel primordial en la recuperación de la tradición filosófica griega durante la Edad Media. En su teoría de las cuatro causas,{3} Aristóteles nos presenta, sin utilizar el término, el concepto de la causa eficiente: “el principio primero de donde proviene el cambio o el reposo, […] en general el que hace algo respecto de lo hecho, y lo que hace cambiar algo respecto de lo cambiado”, aproximándose así al sentido de causa que conservamos hoy. Tomás de Aquino, dándole un giro teológico, equipara luego la primera causa eficiente a Dios:
En las causas eficientes no es posible proceder indefinidamente […] Si en las causas eficientes llevásemos hasta el infinito este proceder, no existiría la primera causa eficiente; en consecuencia no habría efecto último ni causa intermedia; y esto es absolutamente falso. Por lo tanto, es necesario admitir una causa eficiente primera. Todos la llaman Dios.{4}
Santo Tomás pone así al adjetivo “eficiente” en el centro de la metafísica cristiana, una dignidad intelectual que no se pierde con el transcurrir del tiempo.
El salto hacia la connotación moderna lo encontramos en Francis Bacon, que considera la causa eficiente y la causa material como objetos de la física, y reserva la causa formal y la causa final para la metafísica al ser inútiles para el conocimiento científico. Con Bacon, la causa eficiente deja de nombrar sólo al agente de cambio para convertirse en regla de operación: conocer es poder (scientia = potentia), y la física se redefine como el estudio de materia y eficientes, con sus límites operativos y procesos latentes. En el siguiente fragmento la eficiencia se conecta a los resultados:
La reflexión de los rayos solares en las regiones polares resulta ser débil e ineficiente para producir calor… Los rayos directos del sol parecen tener poca potencia […] a menos que se multipliquen y condensen, lo cual ocurre cuando el sol tiende más a ser perpendicular… [mi traducción].{5}
De ahí que hable de hacer la práctica “more extensive and efficient (más extensiva y eficiente)”, identificando los alcances finitos de las fuerzas y ampliándolos mediante instrumentos:
Pues los poderes y movimientos de los cuerpos no actúan ni producen efecto a través de espacios indefinidos y accidentales, sino dentro de espacios limitados y ciertos; y es de gran importancia para la práctica que estos límites se entiendan y se registren en toda naturaleza investigada, no sólo para evitar decepciones, sino para hacer la práctica más extensa y eficiente. Porque a veces es posible extender esos poderes y, por decirlo así, acercar la distancia, como en el ejemplo de los telescopios [mi traducción].{6}
La eficiencia pasa a significar capacidad de producir efectos bajo condiciones controladas, un salto decisivo hacia su acepción moderna.
Cuando James Watt patenta su máquina de vapor titula la patente “Un método para reducir el consumo de vapor y de combustible en las máquinas de fuego (máquinas de vapor)”.{7} El foco práctico era gastar menos carbón para un mismo trabajo y monetizar el ahorro, es decir, hacer el motor más “económico”: Boulton (el inversionista) & Watt cobraban una regalía igual a un tercio del valor del carbón ahorrado frente a una máquina Newcomen equivalente.{8} A partir de 1811, algunos empresarios de la minería en Cornwall, Inglaterra, apoyaron la publicación mensual del Lean’s Engine Reporter, una compilación detallada del funcionamiento de los motores, medido en ‘duty” (no en eficiencia), o los millones de libra de agua elevada un pie de altura por bushel de carbón.{9}
A partir de la experiencia acumulada con motores, Sadi Carnot (1824) formula la eficiencia teóricade las máquinas de calor (límite de Carnot) y abre la vía a la termodinámica de Clausius y Kelvin. Carnot estudia la potencia motriz del calor y las condiciones para su uso más efectivo. No define ni utiliza, sin embargo, el término eficiencia (η), ni la fórmula que aparece posteriormente en los libros de texto η = 1 − T₍f₎/T₍c₎. El concepto de “eficiencia de Carnot” y su expresión precisa como relación de temperaturas aparecen después, tras el trabajo de Clapeyron en la década de 1830, y Clausius, que proporciona el marco moderno.{10}{11}
En la década de 1850 el concepto de Carnot ya había tomado definitivamente el nombre de eficiencia. El matemático y físico escocés William Rankine, quien acuñara el término de energía potencial, escribe dos artículos en su “Tratado de Mecánica Aplicada”, los números 660 y 664:
La eficiencia de una máquina es la fracción que expresa la razón entre el trabajo útil y el trabajo total realizado, que es igual a la energía gastada (T. M. A, 660 [mi traducción]).
Eficiencias de las piezas de un tren – El trabajo útil de una pieza intermedia en un tren mecanizado consiste en mover la pieza que la sigue, y es menos que la energía ejercida sobre ella por la cantidad de trabajo perdida al superar su propia fricción… La eficiencia de una máquina es el producto de las eficiencias de las series de piezas movibles que transmiten energía desde punto motor hasta el punto trabajador. (T.M.A, 664 [mi traducción].{12}
Las connotaciones económicas y estatales (imperiales) de la eficiencia aparecen esa misma década en publicaciones con un marcado sentido económico-práctico del concepto. En la revista Mechanic’s Magazine, por ejemplo, el capitán J. Gardiner, en su artículo “El efecto del cañón de Armstrong en la arquitectura naval” expresa:
Economía – Al investigar esto, debido a su mayor eficiencia, sería imposible establecer el costo de cañón contra cañón…
Conveniencia - …se ha dicho lo suficiente para demostrar la necesidad de su introducción, y que hacerlo tempranamente le costará al país mucho menos. La eficiencia de la armada se incrementará proporcionalmente a la rapidez con que [la introducción del cañón] sea aplicada, siempre que su valor no sea contraproducente por la ausencia de adaptación en la forma de los barcos [mi traducción].{13}
En la década de los 1890s, Vilfredo Pareto propone una teoría (matemática) de la optimalidad, que devendría en el concepto de eficiencia-paretiana, sobre el criterio de que una asignación es eficiente si nadie puede mejorar sin que alguien empeore. Este es el concepto clave para el desarrollo de la economía del bienestar moderna (neoclásica).
Teorema 1: todo equilibrio competitivo es Pareto-eficiente, lo cual da una justificación formal (condicionada) a los mercados de libre competencia (se asume que perfecta).
Teorema 2: cualquier asignación Pareto-eficiente puede lograrse con mercados más una redistribución de suma fija: primero corregir la dotación, luego dejar que el mercado asigne.{14}
Así se legítima hablar de eficiencia como objetivo autónomo y medible, independiente de juicios distributivos explícitos. La teoría y la política liberal poseen ahora un marco elegante de cientificidad, una dignidad intelectual, para afirmar que la competencia puede ser socialmente eficiente: la escuela neoclásica de economía.
La eficiencia económica teórica
La teoría de Pareto identifica una frontera en la quese cumple la igualdad de las tasas marginales de sustitución (TMS).{15}
TMSAxy = TMSBxy = px / py
(y, con producción TMS = TMT (tasa marginal de transformación del producto) = px / py). TMSAxy representa la tasa marginal de sustitución del bien X por el bien Y para el consumidor A, y así sucesivamente para el consumidor B, etcétera. Las tasas marginales de sustitución (TMS)de todos los consumidores se igualan entre sí y corresponden al precio relativo px / py, como muestra la ecuación anterior. El precio de equilibrio (bajo supuestos estándar: competencia perfecta, no saciedad local, convexidad, sin externalidades ni bienes públicos)asegura que la asignación sea Pareto-eficiente: nadie puede mejorar sin perjudicar a otro.
Esa valoración marginal común coincide con la tasa de intercambio objetiva en el mercado (los precios): px / py. En conjunto, la condición expresa el equilibrio competitivo eficiente:
- Todos los agentes igualan, a través de la competencia, sus preferencias marginales (TMS) a la relación de precios.
- Los precios reflejan y coordinan esas valoraciones.
- Nadie puede mejorar su situación mediante un intercambio adicional, y entonces se cumple la eficiencia de Pareto.
A través del intercambio voluntario, y la intermediación de la competencia, se llega a un precio en el que la demanda agregada es igual a la oferta agregada en los márgenes. En este punto:
- Los consumidores con una utilidad marginal más alta que el precio de equilibrio compran,
- Los consumidores con una utilidad marginal más baja que el precio de equilibrio se abstienen,
- Los vendedores conun costo menor al precio de equilibrio venden.
Así el precio de equilibrio no es una utilidad marginal individual, sino el punto de intersección de muchas utilidades y muchos costos marginales, independientemente de lo que ocurra en posiciones alejadas de los márgenes.
Estamos ante un modelo competitivo en el que una operación de arbitraje asegura que se llegue al precio de equilibrio. En la teoría del equilibrio general es una condición conjunta de limpieza de todos los mercados. Ello requiere de premisas extremas: competencia perfecta, ausencia de poder de mercado, información completasobre:
- el producto en sí mismo: todo el mundo sabe exactamente en qué consiste el producto, su calidad y sus características, sin defectos escondidos e incertidumbre,
- los precios: instantáneamente todo el mundo conoce el precio del producto en todos los mercados,
- los compradores y los vendedores: cada participante en el mercado sabe lo que los demás compradores y vendedores están dispuestos a hacer, o sea la voluntad de los otros consumidores a pagar qué y cuánto, y los costos y decisiones de oferta de los otros productores; en otras palabras, un mercado perfecto es un mercado sin trucos.
- el futuro (en algunos modelos): los participantes poseen un conocimiento completo de los estados futuros de tal forma que puedan formarse “expectativas racionales” sobre los contratos de plazo largo.
La teoría del equilibrio general de Arrow–Debreu (1954) prueba matemáticamente la existencia del equilibrio competitivo, con precios que vacían o limpian todos los mercados (bajo preferencias convexas, continuidad, no saciedad local).{16} En condiciones ideales (competencia perfecta, mercados completos, sin externalidades), todo equilibrio competitivo es Pareto-eficiente.
Pareto-eficiencia y equilibrio competitivo son dos conceptos relacionados, pero no son sinónimos. La Pareto-eficiencia es un criterio de resultado: una asignación de recursos es Pareto-eficiente si nadie puede mejorar sin empeorar a otro. Es un concepto estático y normativo: sirve para juzgar si una situación es “eficiente” en el sentido de Pareto. No dice cómo se llega a esa asignación, ni garantiza unicidad: puede haber muchísimos estados eficientes, incluso muy desiguales. Asimismo, existen asignaciones Pareto-eficientes que no son equilibrios competitivos.
Por otro lado, el equilibrio competitivo es un mecanismo particular que genera un subconjunto de esas asignaciones eficientes, es una forma de llegar a un estado Pareto-eficiente (bajo supuestos fuertes), y una economía puede estar en equilibrio, pero no ser Pareto-eficiente (por externalidades, poder de mercado, información asimétrica). El equilibrio competitivo es un mecanismo de coordinación: conjunto de precios y cantidades tal que cada consumidor maximiza su utilidad dado su presupuesto, cada productor maximiza su beneficio dado su tecnología, y los mercados “limpian”: la oferta es igual a la demanda.
Discusión
Si asumimos que, en física, la cadena que conecta la teoría con el laboratorio experimental y el mundo real implica amplios márgenes de error, en economía estos márgenes son extraordinariamente mayores. La física del siglo XIX se benefició de una ola de matematización que funcionó de forma espectacular, ya que las leyes se probaban en laboratorios mediante experimentos repetibles y se basaban en restricciones estrictas (energía, momento, carga). Incluso allí, la idea de que las matemáticas son igual a la realidad resultó ser ilusoria: las teorías del éter se derrumbaron, el caos (Poincaré) destrozó el determinismo laplaceano y la mecánica cuántica derrocó la continuidad clásica. Las matemáticas eran poderosas, pero la realidad se opuso al absolutismo matemático. En la sección de referencias proporciono algunas críticas y alternativas a la teoría neoclásica, así como otra relacionada a la cuestión del realismo y el instrumentalismo desde la escuela del materialismo filosófico.{17-27}
La economía amplifica la brecha en la escala de errores que van del modelo a la realidad. Donde la física tiene un recorrido acotado y cuantificable, la economía tiene un deslizamiento abierto:
No existe un límite universal: La economía del bienestar tiene muchos puntos de eficiencia, dependientes de la distribución, y no existe un medidor de pérdidas universal.{28}
El dinero/crédito importa: Son instituciones, no cantidades conservadas. Modificarlos modifica el propio conjunto factible.{29}{30}
Reflexividad humana: Los agentes aprenden, anticipan, coluden, arbitran y presionan, convirtiendo la «ley» de ayer en el truco de hoy.{31-33}
El Primer Teorema del Bienestar afirma que, si se cumplen supuestos fuertes (competencia perfecta, mercados completos, información perfecta, convexidad y ausencia de externalidades), el equilibrio competitivo es Pareto-eficiente: no hay distribución factible que mejore a alguien sin empeorar a otro. Pero esto no dice nada sobre justicia, libertad, ni garantiza estabilidad social, y además los supuestos fallan con frecuencia: externalidades, bienes públicos, poder de mercado, asimetrías, efectos de red, mercados incompletos. En esos casos, el equilibrio puede ser ineficiente. Por eso, invocar eficiencia como sello ético resulta ideológico: convierte un criterio técnico y limitado en una defensa del statu quo distributivo.
Como diría Gustavo Bueno,{34} los sistemas económicos no son meras materialidades distributivas, sino atributivas: el conjunto adquiere propiedades y restricciones propias. El óptimo de Carnot está basado en cantidades medibles como un gradiente de temperatura, la energía, y es válido para diferentes motores, independientemente de las opiniones personales o las formaciones sociales. Como sistema físico está constituido por sistemas repetibles simultánea y sucesivamente; aislables de otros sistemas; y reiterativos.
En consecuencia, podemos en este campo construir ‘modelos internos’ es decir, modelos físicos que son, ellos mismos, sistemas físicos («aparatos») homogéneos con los sistemas que se analizan. Los modelos internos son el caso límite de los modelos iconográficos. El concepto de ‘experimentación’ adquiere un sentido peculiar cuando se combina con el concepto de los modelos internos. Porque ahora ‘experimentar’ no es simplemente interrogar a la Naturaleza, ni siquiera «obligándola responder», como decía Kant, sino que es también ‘construirla’, de suerte que la reconstrucción esté en nuestras manos.
Todo lo cual se halla bien alejado de los sistemas económicos:
a) Sus variables no son aislables… No podemos separar (‘neutralizar’) a una empresa de las restantes empresas del entorno, ni aislar la conducta de un grupo de consumidores de la conducta del grupo de productores.
b) Los sistemas económicos no son reiterativos en un contexto simultáneo. El conjunto de los Estados comerciales cerrados no es un Estado; el conjunto de las empresas o de las familias, no es una empresa o una familia. Las semejanzas entre los diferentes sistemas son siempre abstractas, en el sentido lógico (y no en el sentido de la abstracción real). La reiteración aparece ahora más bien en la perspectiva de la sucesión (del tiempo: rotaciones, ‘reproducción simple’, reproducción ampliada, etcétera).
En consecuencia, la Razón económica no puede construir ‘modelos internos’, no puede experimentar en el sentido de la «experimentación constructiva». Sus modelos serán ‘modelos externos’ analogías casi metafóricas.{35}
El resultado de Carnot nos dice que ningún motor de calor dentro de un gradiente de temperatura puede ser más eficiente que un motor reversible, o sea que
η(máxima) = 1 − T₍f₎/T₍c₎.
Para ello se realizan varias idealizaciones del sistema:
- Dos reservorios termales con temperaturas fijas, Tc, Tf,
- Proceso reversible,
- No escape de calor,
- Una sustancia (universal).
Las objeciones son limitaciones reales: la existencia de la fricción, escapes de calor, tiempo finito, etcétera. Aunque se puedan anticipar, catalogar y cuantificar –un motor no es reversible-, el límite, sin embargo, no deja dudas, y se acepta experimental e industrialmente.
El modelo neoclásico de elección racional basado en preferencias individuales requiere de:
- Elecciones coherentes (completitud, transitividad),
- Curvas suaves, de buen comportamiento (continuidad, convexidad),
- No saciedad (más es mejor),
- Separabilidad y estabilidad de preferencias en el tiempo,
- Competencia perfecta,
- Información perfecta,
- Tomador de precios,
- Expectativas racionales.
Todo lo cual invita a “objeciones” bien fundadas en el comportamiento humano e institucional, que lleva a todo un campo de especulación en torno a las premisas: ¿cuáles sobreviven al modelo cuando hablamos de seres humanos y sociedades reales? Y es que una vez se reconoce la irrealidad de las premisas desaparece el límite: tenemos un modelo cuya conexión con la realidad económica resulta sumamente dificultosa. Entre las críticas más severas a la teoría de la eficiencia neoclásica algunas llegan desde trincheras afines al neoliberalismo, por ejemplo, desde la escuela austriaca, Hans-Hermann Hoppe:
Al final, todos los argumentos de eficiencia son irrelevantes porque no existe ninguna manera no arbitraria de medir, ponderar y agregar utilidades individuales que resulten en una asignación determinada de derechos de propiedad. Por tanto, todo intento de recomendar cualquier sistema de asignación de derechos de propiedad en términos de su supuesta maximización del “bienestar social” es una patraña pseudocientífica.{36}
En el paso al equilibrio general, la eficiencia de Pareto adquiere su versión fuerte por los teoremas del bienestar: si hay competencia perfecta, mercados completos e información perfecta, todo equilibrio competitivo es Pareto-eficiente. Este es un cierre analítico: las decisiones se coordinan vía precios y restricciones. El riesgo aparece cuando ese cierre analítico se confunde con una totalización del mundo económico (añadiendo el político) y, a la vez, con un reduccionismo que centra lo económico en el contrato (las transacciones), dejando en la periferia el poder, la coerción (por ejemplo, dentro de los centros de trabajo), las instituciones o la cultura, como si fueran meras “externalidades”. Además, ni la unicidad ni la estabilidad del equilibrio están garantizadas, y la igualación de Pareto no es una definición “desde el equilibrio”, sino una propiedad de asignaciones factibles.
Frente a los extremos –atomismo (nada conecta) y holización (todo conecta)– la symploké recuerda que lo real se entrelaza con conexiones materiales y limitadas. Una economía mitificada por la eficiencia viola esa symploké: o totaliza (maximización universal) o reduce (solo contrato). Incluso si postuláramos una “maximización total”, careceríamos de un criterio científico único: las utilidades son ordinales y no comparables entre personas; cualquier función de bienestar exige supuestos normativos. En ese sentido, convertir la eficiencia/maximización en principio absoluto la eleva a causa final inverificable: más que conocimiento, es decir, un mito oscurantista.
La eficiencia dentro de las sociedades políticas
Mientras conceptos como la eficiencia paretiana facilitan el desarrollo de la ciencia económica, cabe preguntarse, dada su gran influencia, qué efecto producen en lo político. Aquí cabe señalar que el mismo Vilfredo Pareto nos prevenía al respecto:
La presentación del fenómeno económico en su totalidad permite una comprensión clara de los efectos de todas las organizaciones económicas concebibles involucradas; pero debe tenerse presente que este conocimiento siempre será solo aproximado. La ciencia no intenta establecer ningún método particular de organización económica, y no es su cometido hacerlo.
Dice Gustavo Bueno:
La vida política en su núcleo es una actividad –una praxis– que busca la supervivencia del sistema social mediante operaciones con términos que aseguran la recurrencia de la sociedad de referencia; esta praxis es análoga a la del científico que busca la construcción cerrada de los términos dados en su campo categorial. Según esto podría verse en la praxis política algo así como una construcción con términos nuevos, procedentes de un campo social dado, de suerte que los resultados de tal construcción aseguren la permanencia, coherencia, eutaxia social, a la manera como la praxis (o ποίηις) científica tiende a la construcción de términos nuevos que aseguren la permanencia, coherencia y verdad (identidad sintética) gnoseológica. La eutaxia es la verdad de la política.{37}
La teoría de la eficiencia económica no nos dice ni “el qué” ni “el quién”. Es un criterio de veto, no un objetivo que, por ejemplo, pueda incluirse en los planes y programas de un partido político. Te ubica en una frontera en la que hay muchos puntos posibles. No explica:
Cuál punto elegir en la frontera (necesitas pesos/función de bienestar o reglas de justicia).
Cómo llegar: mecanismos, instituciones, compensaciones.
Quién gana/pierde: silencio distributivo.
Cuánto falta para “ser eficiente”: no hay medidor universal de pérdida.
Horizonte temporal y dinámica: innovación, riesgo, irreversibilidades.
Dinero/crédito, poder y contratos: liquidez, costos de sustitución, cumplimiento.
Externalidades: si no están internalizadas; el “óptimo” depende del objetivo institucional.
El culto a la eficiencia del mercado descansa en la paciencia del inversor, la minimización de los costos, y en última instancia la santidad del ahorro privado: la acumulación de capital es bien merecida. Sin embargo, en una economía monetaria, en el capitalismo realmente existente, el ahorro neto no se sostiene en sí mismo, sino que requiere un déficit público y comercial (para una crítica de la economía desde la idea de moneda véase el antes señalado libro de Luis Carlos Martín Jiménez, “El mito del capitalismo”). El Estado se convierte en el auténtico “salvador” del mercado, proveyendo inversiones seguras (bonos), estabilización macroeconómica, protección jurídica (propiedad intelectual, rescates), y como está de boga, lanzando guerras comerciales proteccionistas.
La teoría marginal de la eficiencia en principio parece brillante, y sin dudas en un ambiente competitivo, una empresa que no persiga la tasa de beneficio más alta posible versus el costo de la inversión hace peligrar su supervivencia, pero desde el ámbito social nos toca observar qué ocurre verdaderamente en los bordes. Y desde la política bien podríamos preguntarnos si estamos dispuestos a aceptarlo (¿acaso tanto énfasis en la eficiencia no se trata de ello, de que lo aceptemos tal cual?), sobre todo cuando la presunta eficiencia del mercado, como ocurre comúnmente, depende de una transferencia de costos: contaminación, congestión del tránsito, ruido; obsolescencia programada; mantenimiento diferido; economía “gig”; desempleo; paraísos fiscales; emigración descontrolada, etcétera… sin contar la ideotización y el barbarismo. Bien podríamos atribuir a la eficiencia del mercado, y las preferencias individuales, el descenso en la natalidad que hace peligrar la reproducción de las sociedades desarrolladas y toda la tensión generada por la inmigración ilegal en estas sociedades.
En contra del fundamentalismo economicista podemos proponer una alternativa naturalista (¿acaso nos somos entes naturales?). Contra el equilibrio general, en la práctica inexistente, se me ocurre la homeostasis, o por su capacidad anticipatoria… ¿prudencia natural?, la alostasis: los organismos vivos no “persiguen” ni la eficiencia ni el equilibrio, aunque estos se puedan dar como óptimos locales, sino que “seleccionan” lo que mejora la aptitud bajo restricciones, produciendo una suficienciarobusta. El objetivo real es sobrevivir y reproducirse, no minimizar costos, lo cual conlleva que muchas soluciones sean lo bastante buenas y queden atadas a la historia del linaje. Por acercarlo a la filosofía política, los “intereses” del grupo están por encima de los intereses individuales, y por ello se favorece la compensación, la redundancia, la ampliación de los márgenes, la exploración, la amortiguación, la disipación, la tasa de flujo, la retroalimentación: robustez y flexibilidad.
En claves eutáxicas lo que importaría en política es el buen orden y sostenibilidad del cuerpo político, un régimen de flujos y correcciones que sostengan rangos objetivos, no la eficiencia abstracta. Un sistema sano no busca un “óptimo”, sino seguir funcionando bajo perturbaciones: medir bien, comparar con metas claras, actuar rápido, sostener amortiguadores y aprender. Es verdad que las sociedades políticas incorporan el conflicto interno, en el que unas partes se enfrentan a otras sin necesariamente trabajar por el todo. Pero el conflicto caracteriza también a la vida biológica, desde la lucha y la competición entre especies a la muerte programada, la apóptosis, sin que por ello tenga que peligrar la existencia de las especies o los ecosistemas. Una sociedad política, sin embargo, trasciende la biología, aunque esta forme parte de ella por el hecho de que seamos seres vivos y lo social sea biológico (hormigas, abejas, hienas, leones, homo sapiens), precisamente debido a la eutaxia:
Como modelo o contra modelo ideal, en el sentido dicho, definiríamos la eutaxia como una relación circular, propiamente como un conjunto de relaciones entre el sistema proléptico (planes y programas) vigente en una sociedad política en un momento dado y el proceso efectivo real según el cual tal sociedad, dentro del sistema funcional correspondiente, se desenvuelve. (El carácter circular de la relación significa que las posiciones reales cumplidas por la sociedad política son valores de variables que han de incorporarse al sistema proléptico o, dicho de otro modo, que hay una re-alimentación entre el sistema proléptico y el curso efectivo de la sociedad política).
En concordancia, la eutaxia requiere de planes y programas políticos que junto a un buen aparato institucional mantenga las variables claves -incluso las económicas- dentro de rangos adecuados mediante retroalimentación y corrección continua, no buscando un “punto de equilibrio”:
Sensores (monitorización): estadísticas fiables (INE, Bureau of Labor Statistics), censos, contralorías, prensa independiente, encuestas, tribunales de cuentas, servicios de inteligencia.
Comparadores (reglas/objetivos): metas (inflación, desempleo, deuda/PIB, seguridad), estándares industriales, derechos, poder legislativo.
Ejecutores (políticos): poder ejecutivo, presupuesto y “estabilizadores automáticos”, banco central, agencias reguladoras, políticas sanitarias/educativas, justicia administrativa, ejército, policía.
Bucles de retroalimentación: elecciones, auditorías, revisiones presupuestarias, evaluación de impacto, libertad de información, poder judicial, banco central, mercado de divisas, mercado bursátil.
Amortiguadores y redundancias: sindicatos, organizaciones empresariales, ONGs, reservas fiscales/externas, seguros de desempleo, fondos de estabilización, sistemas federales/municipales (diversificación), separación de poderes, garantías jurídicas.
La suma de decisiones “eficientes” privadas en el mercado no asegura la cohesión del todo. La eutaxia exige reajustar metaso mantener trayectorias estables, planes y programas políticos,no fundar la política en mitos oscurantistas.
Conclusión
En el neoliberalismo, la eficiencia funciona como pilar doctrinal que legitima la liberalización, las privatizaciones y la competencia, presentándose como criterio técnico neutral. Al extrapolarse el lenguaje de la termodinámica a la vida social, no solo plantea serios problemas metodológicos, sino que borra irreversibilidades como externalidades, crédito y poder en el capitalismo realmente existente, y fomenta la fe en el mercado. Así viola la symploké: totaliza un principio (eficiencia) como si conectara con todo, y lo resolviera todo, y, a la vez, desconecta dimensiones cruciales, volviéndose un mito oscurantista útil para el poder económico, no para comprender las sociedades con honestidad. Presentada como paradigma de solución y progreso, podemos preguntarnos si el mito de la eficiencia favorece la eutaxia, criterio para la evaluación de las sociedades políticas desde el materialismo filosófico.
——
{1} Gustavo Bueno, El mito de la izquierda, Ediciones B, Barcelona 2003, pág. 12.
{2} Luis Carlos Martín Jiménez, El mito del capitalismo, Pentalfa Ediciones, Oviedo 2020, pág. 286.
{3} Aristóteles, Física, Editorial Gredos, Madrid 1995, págs. 54 – 58.
{4} Tomás de Aquino, Suma Teológica, parte 1ª, Cuestión 2: Sobre la existencia de Dios, en: hjg.com.ar.
{5} Francis Bacon, Novum Organum, P. F. Collier & Son, New York 1902, en: amazonaws.com, pág. 59.
{6} Ibid., pág. 110.
{7} Una copia se puede obtener en: powerhouse.com.au
{8} Robert H. Thurston, A history of the growth of the steam-engine, Appleton & Company, New York 1886, pág. 114, en: gutenberg.org
{9} Alessandro Nuvolari & Bart Verspagen, “Unravelling the Duty”: Lean’s Engine Reporter and Cornish Steam”, Eindhoven Centre for Innovation Studies, Netherlands, agosto 2025, pág. 3, en: tue.nl
{10} Donald Cardwell, From Watt to Clausius; the rise of thermodynamics in the early industrial age, Cornell University Press, Ithaca, NY 1971, págs. 336
{11} Enrico fermi, Thermodynamics, General Publishing Company, Toronto 1936, pág. 39, en: uba.ar
{12} William Rankine, A manual of applied mechanics, Richard Griffin and Co., Glasgow 1858, pág. 610.
{13} J. Gardiner Fishbourne, “The effect of the introduction of the Armstrong gun in naval architecture”, The mechanics’ magazine and Journal of engineering, agricultural machinery, manufactures and shipbuilding, Robertson, Brooman & Co., Londres Junio 1959, págs. 332-334.
{14} Mark Blaug, The Fundamental Theorems of Modern Welfare Economics, Historically Contemplated, History of Political Economy 39:2 (2007)
{15} Walter Nicholson, Teoría microeconómica. Principiosbásicos y ampliaciones. 9a. ed., Cengage Learning Editores, S.A., México D. F. 2009, 671.
{16} Kenneth J. Arrow and Gerard Debreu, Existence of an Equilibrium for a Competitive Economy, Econometrica, vol. 22, nº. 3 (Julio 1954), págs. 265-290, en: jstor.org
{17} Steve Keen, Debunking Economics (Digital Edition - Revised, Expanded and Integrated, Zed Books, 2011, pág. 496.
{18} Maria Cristina Marcuzzo, Annalisa Rosselli, Sraffa and his arguments against 'marginism', Cambridge Journal of Economics, vol. 35:1 (Enero 2011), págs. 219-231, en jstor.org
{19} Piero Sraffa, Production of Commodities by Means of Commodities: Prelude to a Critique of Economic Theory, en: nuevatribuna.es
{20} M. Kalecki, The Determinants of Distribution of the National Income, Econometrica, vol. 6:2 (Abril 1938), pp. 97-112. jstor.org
{21} Michal Kalecki, Essays in the Theory of Economic Fluctuations, G. Allen & Unwin, Limited, Londres 1939, págs. 154.
{22} M. Kalecki, Political Aspects of Full Employment, The Political Quarterly, 14(4), 1943, Págs. 322–330, en: huji.ac.il
{23} Michal Kalecki, Theory of Economic Dynamics: An Essay on Cyclical and Long-Run Changes in Capitalist Economy. G. Allen & Unwin, 1954, págs. 178.
{24} Hyman P. Minsky, The Financial Instability Hypothesis: An Interpretation of Keynes and an Alternative to "Standard" Theory, Challenge, Vol. 20: 1 (Marzo/ Abril 1977), págs. 20-27.
{25} Santiago Armesilla, Trabajo, utilidad y verdad, Tesis Doctoral, 2014, en: unirioja.es
{26} Diego Guerrero, Utilidad y Trabajo, en: nodo50.org
{27} Carlos M. Madrid, “Hiperrealismo materialista”, El Catoblepas, 23:13, enero 2004.
{28} Kenneth J. Arrow, Social Choice and Individual Values3ra. ed., Yale University Press, New Haven 2012, Págs. 192: “If we exclude the possibility of interpersonal comparisons of utility, then the only methods of passing from individual tastes to social preferences which will be satisfactory and which will be defined for a wide range of sets of individual orderings are either imposed or dictatorial.” Si excluimos la posibilidad de comparaciones interpersonales de utilidad, entonces los únicos métodos de pasar de los gustos individuales a las preferencias sociales que sean satisfactorias y que se definan para un conjunto amplio de escalas individuales es imponiéndolas o dictatorialmente [mi traducción] (Pág 59). En otras palabras, no existe una regla de agregación que satisfaga simultáneamente todas las condiciones “razonables” (incluida Pareto) para producir un orden social completo; no existe una métrica universal socialmente aceptable sin relajar los axiomas.
{29} Frank H. Hahn, The Foundations of Monetary Theory, en: Marcello Cecco & Jean-Paul Fitoussi (ed.), Monetary Theory and Economic Institutions, capítulo 2, Palgrave Macmillan 1987, Págs. 21-43. “To the pure theorist, at the present juncture the most interesting and challenging aspect of money is that it can find no place in an Arrow-Debreu economy. This circumstance should also be of considerable significance to macroeconomists, but it rarely is. Much of current macroeconomics is written as if the ‘real’ economy could be looked at as an equilibrium of an Arrow-Debreu economy. It is true that these economists have given the economy a sequential characterization, but they believe that the postulate of rational expectations renders this inessential: the underlying economy could just as well be that described by Debreu. In this, I believe, they are not only careless (since the matter is never given proof) but also mistaken.” Para el [economista] teórico puro, en el momento presente el aspecto más interesante y problemático del dinero es que no encuentra su lugar en una economía [que se acople al modelo de] Arrow-Debreu. Esta circunstancia debería tener una significancia considerable para los macroeconomistas, pero raramente lo es. La mayor parte de la macroeconomía actual se escribe como si la economía “real” puede ser vista como un equilibrio de Arrow-Debreu… En esto, es mi opinión, no solo actúan sin cuidado (dado que la materia jamás es probada) sino que también están equivocados [mi traducción].
{30} Joseph Schumpeter, 2016. Bank Credit and the “Creation” of Deposits, Accounting, Economics, and Law: A Convivium, De Gruyter, vol. 6(2), July 2016, págs.151-159.
La banca “crea crédito (depósitos) al prestar”. El financiamiento bancario permite innovación e inversión más allá del ahorro previo, cambiando el espacio de opciones reales.
{31} George Soros, General Theory of Reflexivity, Open Society Foundation, New York 2012 en: opensocietyfoundations.org
{32} Hyman P. Minsky, The financial instability hypothesis, Levy Economics Institute, Mayo 1992, en: levyinstitute.org “The financial instability hypothesis has both empirical and theoretical aspects. The readily observed empirical aspect is that, from time to time, capitalist economies exhibit inflations and debt deflations which seem to have the potential to spin out of control. In such processes the economic system's reactions to a movement of the economy amplify the movement--inflation feeds upon inflation and debt-deflation feeds upon debt-deflation. Government interventions aimed to contain the deterioration seem to have been inept in some of the historical crises. These historical episodes are evidence supporting the view that the economy does not always conform to the classic precepts of Smith and Walras: they implied that the economy can best be understood by assuming that it is constantly an equilibrium seeking and sustaining system”. La hipótesis de inestabilidad financiera tiene aspectos empíricos y teóricos. El aspecto empírico observado fácilmente es que, de cuando en cuando, las economías capitalistas exhiben inflaciones y deflaciones de deuda que tienen el potencial de irse fuera de control. En tales procesos las reacciones del sistema económico al movimiento de la economía amplifican el movimiento: la inflación alimenta la inflación y la deflación de deuda alimenta la deflación de deuda. Las intervenciones gubernamentales dirigidas a contener el deterioro parecen inadecuadas in algunas de las crisis históricas. Estos episodios históricos son evidencia de que la economía no siempre cumple con los preceptos de [Adam] Smith y [Leon] Walras que implican que la economía se entiende como un sistema que busca y sostiene constantemente el equilibrio [mi traducción]
{33} Charles Goodhart, (1975) "Problems of Monetary Management: The UK Experience". Papers in Monetary Economics. Papers in monetary economics 1975; 1; 1. - [Sydney]. - 1975, p. 1-20. Vol. 1. Sydney: Reserve Bank of Australia. “Any observed statistical regularity will tend to collapse once pressure is placed upon it for control purposes.” Cualquier regularidad estadística tiende al colapso una vez se le aplica presión por objetivos de control [mi traducción].
{34} Gustavo Bueno, Ensayo sobre las categorías de la economía política, La Gaya Ciencia (nº 6), Barcelona 1972, Págs. 203.
{35} Ibid., págs. 65 -67.
{36} Hans-Hermann Hoppe, Economía y ética de la propiedad privada, En: mises.org, pág. 15.
{37} Vilfredo Pareto, The new theories of economics, Journal of Political Economy , Sep., 1897, Vol. 5, No. 4 (Sep., 1897), pp. 485-502 Published by: The University of Chicago Press, p. 499; En: https://cooperative-individualism.org/pareto-vilfredo_the-new-theories-of-economics-1897-sep.pdf.
{38} Gustavo Bueno, Primer ensayo sobre las categorías de las 'ciencias políticas', Cultural Rioja, Logroño 1991, pág. 289.
{39} Ibid., Pág 183.
Separata de la revista El Catoblepas • ISSN 1579-3974
