El CatoblepasSeparata de la revista El Catoblepas • ISSN 1579-3974
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El Catoblepas · número 213 · octubre-diciembre 2025 · página 14
Cine

La ambivalencia crítica en la filmografía de Steven Spielberg (1982–2005)

Leoncio González Hevia

Desde la inocencia de E. T. hasta el desencanto de Múnich, Spielberg oscila entre el sentimentalismo y la profundidad ética, encarnando las contradicciones del cine moderno, un arte que busca conmover sin renunciar a la complejidad

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Pocos cineastas han definido tanto el imaginario cinematográfico contemporáneo como Steven Spielberg. Desde los años setenta, su nombre se ha convertido en sinónimo de espectáculo, emoción y virtuosismo técnico. Pero también ha sido, paradójicamente, un director sometido a un escrutinio constante: acusado de sentimentalismo, de manipular la emoción del público o de simplificar dilemas morales complejos. Su figura encarna la tensión entre el arte y la industria, entre la emoción pura y la mirada ética.

Este artículo explora esa ambivalencia crítica en su filmografía entre 1982 y 2005, un periodo que abarca desde la dulzura fantástica de E. T. hasta la gravedad política de Múnich. Son más de dos décadas en las que Spielberg se consolida como autor global a la vez que se convierte en objeto de sospecha estética. Cada película de este periodo revela una pugna interna entre la sensibilidad popular y la aspiración artística.

Esa ubicuidad ha generado una confusión entre repercusión popular y densidad expresiva. Spielberg domina la emoción del público como un técnico de laboratorio: provoca más que emociona. Su aparente empatía se apoya en fórmulas previsibles que sustituyen la complejidad por un sentimentalismo de diseño. Su dominio técnico, más que instrumento de lucidez, se convierte con frecuencia en una herramienta de anestesia emocional.

 
E. T., el extraterrestre (1982): la emoción como mito moderno

Sinopsis: Un niño solitario descubre a un ser extraterrestre abandonado en la Tierra y entabla con él una amistad que desafía el miedo y la incomprensión de los adultos.

E. T. fue un fenómeno cultural inmediato y una obra que definió la noción moderna de «película familiar». Spielberg convirtió una premisa de ciencia ficción en una parábola sobre la soledad y la empatía. La crítica de la época –desde Vincent Canby en The New York Times hasta Pauline Kael en The New Yorker– celebró su capacidad para conjugar fantasía y ternura sin perder verosimilitud emocional.

Sin embargo, también se señaló un riesgo: el exceso de sentimentalismo. Algunos críticos advirtieron que la emotividad del final, reforzada por la música de John Williams, rozaba la manipulación. Aun así, E. T. consolidó la faceta más luminosa de Spielberg: su don para narrar desde la inocencia sin perder ambición estética. Fue su gran síntesis de emoción, técnica y mito.

E. T. inaugura el modelo emocionalmente prefabricado que Spielberg nunca abandonará: cada lágrima parece coreografiada, cada gesto de ternura planificado. Su mirada sobre la infancia se convierte en una fórmula eficaz, aunque carente de verdadera inquietud.

 
El imperio del sol (1987): la infancia ante el trauma

Sinopsis: Durante la Segunda Guerra Mundial, un niño inglés queda separado de sus padres en Shanghái y sobrevive en un campo de prisioneros, donde descubre la brutalidad y la belleza contradictoria del mundo.

Basada en la novela semiautobiográfica de J.G. Ballard, El imperio del sol marcó un punto de inflexión en la carrera del director. Spielberg abandonaba el confort de la fantasía infantil para explorar el trauma histórico desde la mirada de un niño. Visualmente majestuosa, con ecos de David Lean, fue elogiada por su escala épica y por la interpretación de un joven Christian Bale.

No obstante, la crítica se dividió: algunos vieron una epopeya poderosa; otros, un despliegue de imágenes bellas pero carentes de hondura. Spielberg parecía debatirse entre la elegancia formal y el sentimentalismo, entre la memoria de la guerra y la necesidad de impacto visual.

El imperio del sol convierte el trauma histórico en postal: transforma la guerra en espectáculo complaciente, donde la belleza visual anestesia el horror. Spielberg estetiza el sufrimiento hasta volverlo cómodo. La tragedia se disuelve en una fotografía impecable, síntoma de su tendencia a embellecer incluso la devastación.

 
Always (1989): el sentimentalismo sin rumbo

Sinopsis: Un piloto fallecido regresa como espíritu para guiar a su sucesor, que también se enamora de su antigua pareja.

Con Always, remake de Dos en el cielo (1943), Spielberg rindió homenaje a un romanticismo clásico ya anacrónico. El resultado fue una película cálida pero excesivamente melosa, donde el tono sobrenatural se mezcla sin convicción con la comedia romántica.

La crítica coincidió en que el director, tan hábil para la emoción infantil, se mostraba torpe en el amor adulto. La cinta carece del nervio y autenticidad de sus obras previas. Fue, en muchos sentidos, un traspié que reveló los límites de su sentimentalismo.

Esta obra muestra a un Spielberg complacido con su propia sensibilidad. Su búsqueda de emoción deriva en un sentimentalismo agotado: un cineasta que se contempla a sí mismo, incapaz de renovar su lenguaje afectivo.

 
Hook (1991): el espectáculo desbordado

Sinopsis: Peter Pan ha crecido, ha olvidado el País de Nunca Jamás y lleva una vida de ejecutivo hasta que debe regresar para rescatar a sus hijos de Garfio.

La premisa era irresistible, pero Hook se convirtió en una superproducción caótica. Los decorados monumentales y el reparto estelar (Robin Williams, Dustin Hoffman, Julia Roberts) no lograron ocultar un guion disperso.

Algunos críticos valoraron la ambición y el tono melancólico, pero la mayoría vio un exceso de artificio que ahogaba la magia. Spielberg, que había reinventado la infancia cinematográfica en E. T., parecía aquí perdido entre nostalgia y autoparodia.

Hook muestra el agotamiento del imaginario spielbergiano: el asombro se convierte en ruido. La infancia, antes símbolo de libertad, deviene simulacro publicitario. Spielberg empaqueta la nostalgia como producto y vende el recuerdo de la inocencia como si fuera un efecto especial más.

 
Parque Jurásico (1993): la fascinación tecnológica

Sinopsis: Un multimillonario crea un parque temático con dinosaurios clonados, pero el experimento se descontrola.

Parque Jurásico revolucionó el cine de efectos visuales y consolidó a Spielberg como el gran arquitecto del espectáculo moderno. Su dominio del ritmo y la tensión la convirtieron en un referente del blockbuster contemporáneo.

La crítica, sin embargo, señaló que el virtuosismo técnico eclipsaba los personajes y las inquietudes éticas presentes en la novela de Michael Crichton. El propio Spielberg reconoció que era una película más «instintiva» que «intelectual». No obstante, su impacto cultural fue innegable: un triunfo de la tecnología como mito cinematográfico.

El espectáculo sustituye la mirada. Spielberg no observa a los dinosaurios: los exhibe. Parque Jurásico encarna la ideología del espectáculo puro: la fascinación tecnológica reemplaza la distancia crítica. En su aparente advertencia sobre la ciencia desbocada late una celebración inconsciente del poder técnico del propio cine.

 
La lista de Schindler (1993): el arte y la memoria

Sinopsis: Oskar Schindler, empresario alemán, salva a cientos de judíos durante el Holocausto al emplearlos en su fábrica.

Estrenada el mismo año que Parque Jurásico, La lista de Schindler reveló la otra cara de Spielberg: el narrador moral. Filmada en un sobrio blanco y negro, fue saludada como su obra más madura y obtuvo siete premios Óscar.

Aun así, algunos críticos –como Stanley Kauffmann o David Denby– señalaron cierta tendencia a la simplificación moral y a la emotividad programada (el célebre abrigo rojo, símbolo tan eficaz como discutido). Pero, más allá de esas licencias sentimentales, la película marcó el momento en que Spielberg equilibró emoción y juicio, alcanzando una madurez expresiva inédita.

El riesgo más inquietante de La lista de Schindler es que transforma el sufrimiento en icono. Su virtuosismo formal roza la complacencia moral: la limpieza del blanco y negro, la partitura exaltada, el pathos del héroe redentor convierten la tragedia en ceremonia de expiación más que en memoria incómoda.

A.I. Inteligencia Artificial (2001): dos visiones, un conflicto

Sinopsis: En un futuro donde los robots conviven con los humanos, un niño androide busca convertirse en «real» para recuperar el amor de su madre.

Nacida de una colaboración póstuma con Stanley Kubrick, A.I. es quizá la película más ambigua de Spielberg. Oscila entre la frialdad conceptual del autor de 2001: Odisea del espacio y la ternura melancólica del autor de E. T.

El resultado desconcertó: una fábula filosófica envuelta en sentimentalismo. Críticos como Peter Bradshaw la consideraron un «experimento fallido», mientras que otros, como Roger Ebert, la reivindicaron como una obra maestra trágica sobre la soledad y la artificialidad del amor. Hoy se percibe como una pieza esencial para entender la tensión entre razón y emoción que define a Spielberg.

A.I. evidencia la imposibilidad del director para sostener una visión verdaderamente incómoda. Cuando el relato se aproxima al abismo existencial, Spielberg retrocede hacia la ternura, incapaz de asumir el vacío que su historia anuncia. Su melancolía final no es valentía emocional, sino miedo: el temor a abandonar el refugio de la empatía programada.

 
Múnich (2005): el desengaño moral

Sinopsis: Tras la masacre de los Juegos Olímpicos de 1972, un comando israelí busca vengar la muerte de los atletas asesinando a los responsables palestinos.

Con Múnich, Spielberg se adentró en un territorio ético complejo: la violencia como espejo de la culpa nacional. La película combina el pulso del thriller con una mirada amarga sobre el ciclo infinito de la venganza.

Aunque recibió críticas por su tono «equidistante», la mayoría reconoció su madurez narrativa y su contención emocional. Aquí, Spielberg renuncia al sentimentalismo para observar con inquietud la fragilidad moral de sus personajes. Es quizá su película más sombría y políticamente ambigua.

En su intento de neutralidad, Múnich disuelve el conflicto en una tibieza discursiva. Disfraza su cautela política de equilibrio moral. Es un filme que teme tomar posición, atrapado en la comodidad de su propio humanismo ambiguo. La lucidez ética se diluye en un humanismo genérico.

 
Conclusión: el arte de conmover y comprender

La trayectoria de Spielberg entre 1982 y 2005 es un viaje de ida y vuelta entre la emoción y la lucidez moral. Su cine se mueve en un territorio donde la lágrima y la idea se disputan el centro del plano.

Los críticos que lo acusan de manipular sentimientos suelen olvidar que su arte consiste precisamente en construir emoción como forma de conocimiento. Spielberg no es ingenuo: su sentimentalismo es consciente, y en esa tensión reside su fuerza.

Desde el niño que vuela con E. T. hasta el agente que duda en Múnich, su cine traza un arco que va de la inocencia al desencanto, del asombro al conflicto ético. Su legado no se mide solo en taquilla o premios, sino en su capacidad para convertir el espectáculo en experiencia de humanidad.

El cine de Spielberg, con su apariencia de pureza emocional, oculta un dispositivo de control afectivo. Su obra enseña menos a sentir que a reaccionar: impone la emoción antes de permitir el juicio. Esa eficacia sentimental es, paradójicamente, su mayor límite.

Spielberg encarna el triunfo de la emoción manufacturada: un cine que aparenta sensibilidad, pero teme al análisis. Su ambivalencia no es un conflicto, sino una estrategia de control emocional perfectamente calibrada.

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Ballard, J. G. (1984). El imperio del sol. Minotauro.

Canby, V. (1982, 11 de junio). E. T. The Extra-Terrestrial. The New York Times.

Crichton, M. (1990). Jurassic Park. Alfred A. Knopf.

Denby, D. (1993). The Schindler’s List debate. The New Yorker.

Ebert, R. (2001, 29 de junio). A.I. Artificial Intelligence. Chicago Sun-Times.

Kael, P. (1982). E. T. and the limits of wonder. The New Yorker.

Kauffmann, S. (1993). Schindler’s List: Questions of sentiment. The New Republic.

Spielberg, S. (Director). (1982–2005). Filmografía seleccionada [E. T., El imperio del sol, Always, Hook, Parque Jurásico, La lista de Schindler, A.I., Múnich]. Amblin Entertainment / DreamWorks Pictures.


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