El Catoblepas · número 213 · octubre-diciembre 2025 · página 15

De la filosofía cristiana y sus periodos
Luis Stalin Tobar Bastidas
Comentario sobre la Historia de la filosofía de Zeferino González

La Filosofía cristiana es aquel movimiento que supo armonizar el Cristianismo (fe) con la Filosofía pagana (razón). En líneas generales, la Filosofía cristiana inició en el siglo I-II d. C. y finalizó a mediados del siglo XV o caída del Imperio de Constantinopla. Si habría que dividir por periodos a la Filosofía cristiana, hemos de nombrar tres momentos decisivos, el periodo patrístico, el escolástico y el moderno; sin olvidar que cada uno de estos periodos poseen subdivisiones internas, según las vicisitudes y evoluciones del proceso histórico-doctrinal que ellos comprenden. En este comentario me propongo estudiar los dos primeros periodos de la Filosofía cristiana, puesto que el periodo moderno, propio de la transición de la Escolástica a la Modernidad, &c., lo examinaré en otro comentario del volumen 3 de la Historia de la filosofía del cardenal fray Zeferino González.
La Filosofía esencialmente cristiana reconoce y profesa cuatro verdades fundamentales:
I. La existencia de un Dios personal, infinito en esencia y atributos, que es trascendente, anterior, superior e independiente del mundo, el cual está gobernado por su Providencia.
II. Que, en virtud de esta Providencia, Dios prueba y ejercita al hombre, para que se salve, con bienes y males en su vida presente o temporal.
III. El alma del hombre es inmortal y está destinada a la felicidad eterna en unión íntima con Dios.
IV. El mundo y el hombre existen en virtud de la creación ex nihilo a causa de la acción de Dios.
Negar alguna de estas verdades, implica una Filosofía accidentalmente cristiana, puesto que, a raíz del nacimiento de la Filosofía cristiana, los sistemas filosóficos de todos los tiempos (v. gr., panteísmo, racionalismo, positivismo, materialismo, &c.) poseen ideas que se originaron con y en la Filosofía cristiana.
1. Filosofía patrística
La Patrística es el primer periodo de la Filosofía cristiana. Va desde el siglo I-II hasta mediados del siglo V. Después de esto viene la transición de la Patrística a la Escolástica. La Patrística se divide, en sus cuatro primeros siglos, en tres escuelas o movimientos bien definidos: a) la Escuela Africana o separatista, b) la Escuela de Alejandría o conciliadora y c) la Escuela Media. A partir del siglo IV la Filosofía cristiana o patrística se fijará en cuestiones teológicas a causa de la irrupción herética, influirá grandemente la Filosofía areopagítica atribuida a San Dionisio y se llegará a San Agustín de Hipona (siglo V). En suma: la Patrística enfrentó una triple lucha: 1ª) Contra la corrupción de costumbres, 2ª) contra el politeísmo y el cesarismo y 3ª) contra la herejía. Esta triple lucha originó, en la Filosofía cristiana, una triple literatura, a saber: a) la didáctica o moral, b) la apologética y c) la dogmática.
a) Escuela Africana o separatista
Esta escuela se caracterizó: a) por su hostilidad y repulsión contra la Filosofía greco-romana o pagana y b) por haber desarrollado una ciencia psicológica imperfecta por su materialismo. Entre sus representantes están los africanos Minucio Félix, Tertuliano, Arnobio y Lactancio. No obstante, Fray Zeferino reconoce, a pesar de los defectos que encierra esta escuela, el mérito de haber enfatizado en el valor científico de la Filosofía cristiana. Esta escuela demostró que la Iglesia Católica lleva en su seno los elementos de una regeneración religiosa y filosófica. A su vez, enfatiza Fray Zeferino que la tendencia separatista, que supo ver a la Filosofía pagana como inútil, no terminó en este periodo, sino que puede verificarse su doctrina como representada en los misticismos y tradicionalismos históricos.
b) Escuela Alejandrina o conciliadora
Esta escuela, por su parte, concilió el Cristianismo con la Filosofía pagana. Su objetivo era instruir en la fe y preparar a los gentiles para el bautismo. Pese que esta escuela tuvo a mediados del siglo II cierta reputación por la doctrina de San Panteno, lo cierto es que llegó a su verdadero apogeo por las enseñanzas de Clemente de Alejandría y de Orígenes. En opinión de Fray Zeferino: Clemente de Alejandría habría sido el creador de la Filosofía cristiana propiamente dicha, i.e., en cuanto sistema; puesto que, planteó y resolvió científicamente los problemas de la Filosofía cristiana.
c) Escuela Media
Esta escuela tomó una dirección intermedia entre las dos escuelas arriba mencionadas. No rechazó absolutamente a la Filosofía pagana y reconoció su inutilidad. Entre sus representantes están San Justino, Atenágoras y San Teófilo.
Ahora bien, y por la irrupción del arrianismo y la herejía en general, en el siglo IV la Filosofía cristiana puso sus fuerzas en tratar cuestiones teológicas o dogmáticas. Así como los Padres de la Escuela Alejandrina introdujeron el elemento platónico a la Filosofía cristiana, los Padres del siglo IV introdujeron el elemento aristotélico. Esto permitió asentar bases fundamentales en la Filosofía cristiana y significó la conciliación definitiva entre el Cristianismo y la Filosofía pagana que tanto engorro dio a la Escuela Africana. Entre los representantes de este periodo están Atanasio, San Gregorio Nazianceno, San Basilio, San Gregorio de Nissa, Nemesio, Cirilos, Juan Filopón, &c. A su vez, en este periodo se constata la influencia que tuvo la Filosofía areopagítica, la cual está contenida en los libros que se le atribuyen a San Dionisio Areopagita. Estos libros, especialmente el De Divinis Nominibus, el cual fue comentado por Sto. Tomás de Aquino, representa la conjugación entre la Filosofía neoplatónica y la Filosofía cristiana.
En el siglo V aparece San Agustín de Hipona, cuyo mérito fue haber introducido en la Filosofía cristiana las cuestiones que se relacionan con su objeto y esencia, i.e., la psicología y la teología. El Doctor de la Gracia construyó una doctrina sólida, y, desde este momento, la Filosofía cristiana llevará consigo una especie de refluencia recíproca o de marcha paralela e independiente entre Ciencia humana o filosofía y Ciencia divina o teología. Fray Zeferino arguye que, a partir de San Agustín, la Filosofía cristiana no necesitó de la filosofía semiracionalista de Descartes para expresar la importancia científica de la observación psicológica, ni para plantear ni resolver el problema de la certeza. San Agustín fue el primero en plantear y resolver dicho problema, y en poner atención en los hechos de conciencia o psicológicos, lo cual le permitió combatir el escepticismo de la época. Tampoco necesitó la Filosofía cristiana de la filosofía cartesiana para conocer y afirmar, como lo hizo siglos atrás San Agustín, que en el problema psicológico y el teológico se hallaba el problema del objeto esencial de la Filosofía. Entre las principales obras de San Agustín se cuentan: –Retractaciones, –Confesiones, –Adversus Academicos, –De Ordine, –De Vita beata, –Soliloquorum, –De Immortalitate Animae, –De Quantitate Animae, –De Libero arbitrio, –De Anima, –De vera Religione, –De Genesi ad litteram, –De Natura boni, –Ad Orosium contra Priscillianistas et Origenistas, –De Trinitate, –Ciudad de Dios. Esta última dio origen al género de la Filosofía de la historia: verdadera ciencia nueva que fue traída al mundo por el Cristianismo y que el racionalismo moderno no quiso reconocer.
Finalmente, la transición de la Patrística a la Escolástica se dio desde mediados del siglo V hasta el siglo VIII-IX. Entre los representantes de esta transición están Marciano Capela y Mamerto Claudiano (siglo V); Boecio y Casiodoro (siglo VI); San Isidoro de Sevilla y su Escuela, Beda y Alcuino (siglos VII-VIII-IX). No hay que olvidar que la schola palatina, protegida por Carlo-Magno, preparó el advenimiento de la Escolástica.
2. Filosofía escolástica
La Escolástica es el segundo periodo de la Filosofía cristiana. Va desde el siglo IX hasta mediados del siglo XV. Caracterizo a este periodo como la conciliación entre la razón humana o natural (Filosofía racional) con la revelación divina o sobrenatural (Teología cristiana) y la incorporación progresiva de la Filosofía aristotélica a la Filosofía cristiana. Fray Zeferino afirma que la Filosofía escolástica fue un todo orgánico y vivificado por el Cristianismo y la lógica y metafísica de Aristóteles. Sin embargo, no ha de olvidarse que el elemento platónico fue importante en la Escolástica, sobre todo, en su momento de origen y desarrollo. Entre los elementos internos y generadores de la Escolástica se cuentan:
I. La noción cristiana entraña la solución de los problemas trascendentales de la ciencia.
II. La doctrina aristotélica (lógica, física, psicología y metafísica).
III. La doctrina platónica y neoplatónica (teodicea y teoría del conocimiento).
IV. La ascética o mística cristiana.
Fray Zeferino sostiene que estos cuatro elementos internos y las dos características de la Escolástica, dieron paso a la diversidad de sistemas filosóficos. La Escolástica se clasifica o subdivide en cuatro períodos bien definidos, a saber, el periodo incipiente, el periodo de incremento o desarrollo, el periodo de perfección y el periodo decadente. De aquí mi análisis:
a) Periodo incipiente
Va del siglo IX hasta mediados del XI. Entre sus representantes están Juan Escoto Erigena, Rabano Mauro, Enrique de Auxerre, Gerberto de Aurillac, Fulberto de Chartres, San Pedro Damiano, Lanfranco de Pavía, &c. Erigena se formó en la schola palatina y entre sus obras filosóficas destacan De divisione naturae; el tratado De divina praedestinatione es de carácter teológico. Sin embargo, y sin faltar a la erudición de Erigena, incurrió en dos errores, 1º el panteísmo y 2º el racionalismo. Erigena asentó las bases del moderno ocasionalismo. Mauro fue el iniciador de la controversia de los universales y entre sus obras filosóficas se encuentra De Universo, una especie de enciclopedia de las ciencias. Enrique de Auxerre fue el precursor del conceptualismo y escribió el tratado de las Categorías donde expone el problema de los universales. Gerberto de Aurillac se destacó por sus conocimientos científicos en ciencias naturales, física y matemáticas. Gerberto después de ser arzobispo de Reims fue papa en el 999 bajo el nombre de Silvestre II. San Pedro Damiano fue el precursor de la reforma gregoriana y Lanfranco escribió el primer ensayo de una teología informada por la dialéctica de Aristóteles que lleva por título Elucidarium sive Dialogus summam totius theologiae complectens.
b) Periodo in crescendo
Va de mediados del siglo XI hasta principios del siglo XIII. Este periodo se caracterizó: 1º por la importancia que adquirió el problema de los universales y 2º por la diversidad de direcciones o teorías filosóficas, (v. gr., el nominalismo rígido y mitigado, el realismo moderado o aristotélico, el realismo absoluto o platónico, &c.), que buscan solucionar, según su fórmula, el problema de los universales. Enseña Fray Zeferino:
La fórmula escolástico-científica del nominalismo, tanto del rígido como del mitigado o conceptualismo, es universale post rem; porque, en efecto, la universalidad de las palabras y de los conceptos se forma, o después, o en virtud del conocimiento de la cosa existente fuera del entendimiento, que son los individuos. El realismo aristotélico es significado por la siguiente fórmula: universale in re, en atención a que la realidad objetiva denominada universal existe efectivamente en los individuos, aunque no con el modo o forma de universalidad. Finalmente, universale ante rem, es la fórmula del realismo platónico o absoluto, según el cual la realidad objetiva representada y denominada universal, existe fuera de los individuos y es anterior a ellos. (Zeferino González, Historia de la filosofía, tomo 2, 33, 2ª ed., Agustín Jubera, Madrid 1886, págs. 137-138.)
En el caso del nominalismo rígido sus mayores representantes fueron Roscelin y su discípulo Abelardo. Sin embargo, el maestro de Roscelin, conocido como Juan el Sordo, fue el fundador del nominalismo sistemático. Los representantes más destacados del realismo moderado o aristotélico (tendencia que impugnó el nominalismo de Roscelin y el optimismo de Abelardo) fueron San Anselmo y Guillermo de Champeaux. Los representantes de la tendencia del realismo absoluto o platónico fueron Bernardo de Chartres, su discípulo Gilberto de la Porrée y Adelardo de Bath. Ahora bien, en este periodo se encuentran las tendencias del misticismo ontológico de la Escuela de San Víctor de Marsella, el eclecticismo independiente y el panteísmo racionalista. En el primer caso, el misticismo ontológico tiene por representantes a Hugo de San Víctor y su discípulo Ricardo de San Víctor: ambos reaccionaron contra el nominalismo y el realismo absoluto. A esta tendencia se lo ubica indirectamente a San Bernardo de Claraval. Los representantes de la Escuela ecléctica e independiente fueron Guillermo de Conches, su discípulo Juan de Salisbury, Pedro Lombardo y Alano de Lisle. Finalmente, los representantes de la Escuela panteísta fueron Amaury de Chartres y David de Dinant. La tendencia panteísta originó en los siglos XIII y XIV una irrupción herética que fue refutada por San Alberto Magno y Sto. Tomás de Aquino.
Durante la segunda mitad del siglo XII y primera del siglo XIII surgió un movimiento intelectual que, gracias al esfuerzo de filólogos o traductores, polemistas y naturalistas, fueron el auxiliar de la Filosofía escolástica. Entre los representantes más genuinos de este movimiento están el español Domingo González, Miguel Escoto, Roberto Greathead de Lincoln, Santiago o Jacobo de Venencia, Guillermo de Moerbek, Gerardo de Cremona, Arnaldo de Villanova y el dominico Vicente de Beauvais.
c) Periodo de perfección
Comprende todo el siglo XIII y parte del siglo XIV. Si cabe caracterizar de algún modo a este periodo, diría que en él se establece la sólida alianza entre la Filosofía y la Teología. La fundación de las Órdenes religiosas de los franciscanos y dominicos tuvo como fin la lucha contra el racionalismo-panteísta y la crisis moral, científica y social de la Europa cristiana. Sin embargo, dicha crisis y tendencia filosófica fue hormonada por algunos religiosos de las órdenes mencionadas. Sea como fuere, los representantes de este periodo de perfección de la Filosofía cristiana fueron Alejandro de Hales o Doctor irrefragabilis, Guillermo de París, San Alberto Magno o Doctor universalis, Roger Bacón o Doctor mirabilis, Santo Tomás de Aquino o Doctor angelicus, San Buenaventura o Doctor seraphicus, Juan Duns Escoto o Doctor subtilis, Ricardo de Midletown, Pedro Hispano y Enrique de Gante o Doctor solemnis, &c.
Cabe tener presente que en este periodo los Escolásticos que sentaron doctrina fueron Sto. Tomás de Aquino y Juan Duns Escoto. El primero tuvo por discípulos al autor de la Divina Comedia Dante Alighieri, a Siger de Brabante, a Gerardo de Bolonia y al agustino Egidio Romano o Doctor fundatissimus. No obstante, quienes conformaron la Escuela tomista en rigor fueron Pedro de Tarantasia (Inocencio V), Egidio de Lessines, Bernardo de Trilia, Guillermo de Hottum, Tomás Sutton, Bernardo de Auvernia, Juan de París, Guillermo de Tornai y el fecundísimo Hervé de Nédellec. En el caso de la Escuela escotista, sus representantes fueron Francisco Mayronis o Doctor acutus, el aragonés Antonio Andrés o Doctor dulcifluus, Gerardo Odon, Juan Dumbleton, Juan Bassolis o Doctor ornatissimus y Pedro Oriol o Doctor facundus.
d) Periodo decadente
Comenzó en el primer tercio del siglo XIV y finalizó a mediados del siglo XV o caída de Constantinopla. Caracterizo a este periodo como la ruptura entre Filosofía y Teología. Las causas o tendencias que prepararon la decadencia de la Filosofía cristiana fueron la doctrina crítico-escéptica de Juan Duns Escoto y su formalismo sutilizador, los métodos cabalísticos de Raymundo Lulio o Doctor illuminatus, las opiniones atrevidas y la tendencia innovadora de Durando o Doctor resolutissimus, la tendencia naturalista y racionalista del averroísmo o romanticismo jurídico del Derecho romano (cesarismo) que influenció en la Escuela de Padua.
En todo caso, el nominalismo y el escepticismo fueron los principios generadores de la decadencia de la Filosofía escolástica. Estas dos tendencias hicieron brotar el escepticismo, el panteísmo y el misticismo exagerado. Llamo nominalismo a un sistema esencialmente materialista y sensualista que influyó en la corrupción de las costumbres y relajación de la moral. Llamo criticismo escéptico al sistema que provocó las exageraciones del misticismo. Ambos sistemas o tendencias inficionaron la filosofía y la ciencia, y, con ellas, la moral y las costumbres y viceversa.
El mayor representante de este periodo fue Guillermo Occam u Ockam (Doctor invincilis). Tuvo por maestro a Juan Duns Escoto, y del cual heredó su criticismo. Occam supo combinar la doctrina escotista con el nominalismo de Roscelin. Esta combinación le permitió a Occam desembocar en un materialismo. La doctrina de Occam entraña un sensualismo materialista y un ateísmo positivista que se confunde con las teorías utilitarias y evolucionistas de los modernos. En el terreno político-eclesiástico y jurídico, Occam tropieza con el regalismo exagerado para desembocar en la omnipotencia estatal, el derecho moderno o revolucionario y el cesarismo avasallador. No hay que olvidar que Occam fue condenado y rechazado por su Orden cuando se mostró partidario de las ideas de Miguel de Cesena.
Si hay que retratar de algún modo a este precursor del virus pernicioso de la modernidad, dígase como nuestro autor:
La Filosofía del franciscano inglés representa y entraña, no solamente la degeneración y el falseamiento de la Filosofía escolástica, sino el origen primero, los antecedentes lógicos más o menos latentes de la moderna Filosofía anticristiana, considerada en sus tendencias crítico-escépticas, en sus conclusiones positivistas y ateístas, en su moral utilitaria y variable, en su psicología materialista, en su política secularizada y cesarista, y hasta en su elemento revolucionario y en su levadura anárquica. […] En el fondo de la doctrina de Occam sobre esta materia, palpita y resuena la voz de Proudhon, proclamando la anarquía universal: a la palabra del antiguo enemigo de la potestad pontificia, responde como eco y corolario legítimo, aunque lejano, la del autor de las Contradicciones económicas cuando escribe: Je suis anarchiste. (págs. 379-380).
La Escuela occamista tuvo por representantes a Ricardo Suisset, Juan Buridan, Alberto de Sajonia, el agustino Gregorio de Rimini y Gabriel Biel. No obstante, la Escuela realista se rebeló briosamente contra los seguidores de Occam, entre sus representantes están Tomás Bradwardin, Walter o Gualterio Burleigh y el gran Roberto Holkot. La Escuela dogmático-realista intentó continuar con la tradición de los grandes escolásticos del siglo XIII cuyos representantes fueron Pedro de Ailly o Alliaco, Domingo de Flandria y Raymundo Sabunde. La Escuela mística se dividió en una tendencia exagerada y otra moderada. En el primer caso el misticismo exagerado tuvo por representantes al maestro Eckart, a Juan Tauler, a Enrique Susón, a Juan Ruibrok o Ruibroek y Tomás de Kempis. En el caso del misticismo moderado se cuentan a Nicolas Clemengis, a Juan Gerson y a Nicolas de Cusa. De estos últimos fueron contemporáneos los escolásticos españoles Juan de Torquemada y Alfonso de Madrigal.
3. Conclusión
Cuando hablo de la decadencia de la Escolástica, no me refiero a su desaparición definitiva, sino solo de la desaparición de escuelas o universidades. La Escolástica al llegar el último tercio del siglo XV tuvo que luchar contra el Renacimiento pagano, el racionalismo religioso (representado por el protestantismo) y el racionalismo científico (representado por la Filosofía moderna). La Escuela escéptico-nominalista de Occam preparó, por un lado, el terreno al protestantismo de Lutero que heredó sus principios teológicos, y, por otro, a la aparición de la Filosofía racionalista y pagana del Renacimiento. Sin embargo, este neopaganismo no reinó completamente, puesto que el cardenal Cayetano y algunos teólogos del siglo XVI restauraron la Escolástica en general y la Filosofía de Sto. Tomás de Aquino en particular. El tomismo es la mayor y más perfecta antítesis de la Escuela occamista. De este modo, surge en el siglo XVI una regeneración en el campo religioso y filosófico gracias al Concilio de Trento, el cual representa la conclusión natural de la doctrina del Doctor angelicus.
La Escolástica «es la indagación racional y el conocimiento científico de las cosas por medio de la razón humana, ensanchada en sus horizontes, dirigida en su movimiento, y vigorizada en sus fuerzas por la fe cristiana, por la razón divina.» (pág. 421.)
27 de agosto de 2025
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